LISTEN TO LISANKA

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Primero el drenaje./ Miguel Iturria Savón
Mientras Bill Gates, Warren Buffett y otros multimillonarios desarrollan una campaña para donar a sectores sociales al menos el 50 % de sus fortunas, el gobierno del general Castro acelera el fin de los beneficios otorgados a la población cubana durante medio siglo de promesas y dominación estatal.
En la medida en que se bambolea la nave del totalitarismo, la promesa de dar es sustituida por la de quitar. Al fin sobran las “gratuidades”, los “precios subvencionados” y los subsidios para ancianos y desvalidos. Se mantienen, sin embargo, las batallas ideológicas, las profecías apocalípticas del ex gobernante parlanchín y el catálogo de prohibiciones que impide a los ciudadanos desatar las iniciativas propias y vivir de su esfuerzo sin la tutela gubernamental.
Sí, ya es hora de ponerle fin a la quimera igualitaria; de utopías, ofrendas, miserias y desinformaciones estamos hasta el pecho. Pero también es hora de eliminar el monopolio estatal sobre los medios de producción, el comercio, la agricultura, el transporte, la pesca y otras esferas de la economía y la vida social, bloqueadas por el verticalismo del partido único y sus caciques aferrados al poder.
¿A quien se le ocurrió normar el consumo individual de alimentos, la ropa que usábamos, los juguetes de nuestros niños o decidir desde un ministerio los precios de las mercancías? ¿Cómo es posible que una red de funcionarios imponga la voluntad de un caudillo uniformado a millones de personas, o que el Parlamento apruebe por unanimidad las “propuestas del líder”?
Si los esquemas de distribución ya no son sostenibles y es necesario desecar el pantano, hay que retomar los afluentes obstruidos y normalizar las relaciones entre quienes crean riquezas y los que la administran. La ley del embudo no resolverá los problemas. Si no se privatizan las obsoletas estructuras productivas y comerciales en manos de Papá Estado seguiremos en el charco.
Ahora se habla de eliminar los cigarros subsidiados desde 1971, pero recordemos que alguien del gobierno subió los precios de 5 y 10 centavos la cajetilla hasta 8 y 10 pesos. Tal vez los mismos que multiplicaron los importes del arroz, los frijoles, el pollo, el cerdo y otros productos de primera necesidad, incluidos en la ridícula Cartilla de racionamiento, la cual está en trance de extinción como el régimen que la instituyó.
El fin de las subvenciones no debería traer consigo el aumento de la pobreza. Se trabaja por necesidad, no por consignas. Si el estado monopolista carece de materias primas para producir y no puede –o no quiere- pagar a los obreros y empleados lo necesario para vivir, tendrá que timonear la situación a través de cambios y maniobras descentralizadoras. Pagar con la devaluada moneda nacional y vender en divisas equivale a una tomadura de pelo.
No se trata de hacerles una cena a los idiotas ni de excluir a quienes necesitan protección. Dejemos que corran las aguas para desecar el pantano, lo demás viene poco a poco.
Paranoias urbanas
Imagen: Su carnet, ciudadano, por Erick Jorge Mota Pérez
De acuerdo a la ley universal de las líneas telefónicas cubanas, después del aguacerón del miércoles mi teléfono se murió. No line, fue la nota post-morten que quedó en la pantallita del auricular. El jueves reportamos varias veces la avería pues, según los expertos, mientras más informes se hagan de la misma rotura, más rápido vienen los de ETECSA.
Cancelé para el viernes todos mis planes y me dispuse a esperar la llegada del técnico. Pasaban las horas: leí, escribí, fregué, limpié, no hablé con nadie durante todo el día y tuve tiempo para especular. Llegué a la conclusión de que había un alto por ciento de probabilidades de que el técnico que me tocara tuviera también un puestecito en el DSE. A las seis de la tarde mi teoría era una certeza absoluta. Salí a la calle y llamé al servicio de usuarios para que me informaran, si no de la hora, por lo menos del día previsto para la reparación: Lo siento, aquí no tenemos esa información, puede ser cualquier día, entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde.
Previendo que cualquier día podría extenderse hasta septiembre, traté de cubrir el mes de agosto en guardias de media mañana y media tarde con mis amigos. En caso de salida del hogar por asuntos de emergencia, habría que informar a mi madre para que a toda velocidad cubriera el puesto y no se quedara la casa vacía. La vida es así, sólo hay que dejar de esperar para que lo esperado llegue, y dejar de buscar para que lo perdido aparezca.
El tiempo de El Ciro y mío fue el más afectado, por supuesto. Le comenté mi teoría del técnico pluriempleado del DSE y me miró con esa cara que pone cuando se cree que estoy paranoica. Hay quienes piensan que en Cuba todos son de la Seguridad del Estado, pero El Ciro es único, para él nadie es de la Seguridad del Estado, incluso si se demuestra lo contrario.
Me equivoqué. El sábado a las ocho y media de la mañana llegó el hombre en cuestión. No nos dio tiempo a hacer apuestas sobre su origen seguroso. Tenía mucha cara de susto, el pobre. Entró y antes de decir buenos días preguntó:
—¿No tendrán un modem conectado?
La cajita de mi línea está en el cuarto, detrás de la cama. Estuvo trasteándola bajo mi mirada escrutiñadora. Me parece que no puso ningún micrófono, aunque nunca se sabe. Igual las cosas que hablo acostada en la cama son intrascendentales. Dijo que el problema no era en la cajita y que tenía que hacer un recorrido por todo el cablerío de la casa. Yo puse cara de no me lo creo cuando la voz de El Ciro llegó desde la sala:
—Ya está arreglado.
Salimos del cuarto. Me estaba entrado culpabilidad con el tipo. Al fin y al cabo me había arreglado el problema y mis elucubraciones, pensé, parecían tan fantásticas como las reflexiones del compañero Fidel.
—¿Quiere un café? —pregunté con ánimo de bajar la guardia.
No pude llegar a la cocina porque él decidió hacer una llamada. Posición anterior: ¡En guardia! Me ubiqué a tres centímetros con la evidente intención de escuchar lo que hablara. No entendí nada. Creo que utilizó una jerga y colgó rápido. Debo haber abierto mucho los ojos, estaba realmente sorprendida. ¿Cómo es posible que uno no entienda lo que se habla en español a menos de un metro de distancia y en ambiente sosegado? Con la satisfacción de haber comprobado que tenía razón, y la inquietud provocada por tener a un seguroso en la sala, me fui a poner la cafetera. En eso comenzó el diálogo:
—¿Viste la Mesa Redonda de ayer? —le soltó al Ciro.
—Nuestro televisor se ve muy mal.
—Un hombre habló sobre el colapso mundial de la economía.
Pero El Ciro no se dejó amedrentar:
—Bueno, según Karl Marx en el futuro no habrá dinero, ni líderes.
El tipo se desconcertó un poco. Yo le planté su tasa de café delante y no dije ni media palabra:
—Siempre habrá líderes.
—¿Ah sí? ¿Cómo se llama el presidente de Suecia, el de Dinamarca o el de Finlandia?
Eso fue lo último que capté. No tenía ganas de participar, además me daba mucha gracia. De pronto todo se había vuelto extremadamente hilarante. Se tomó el café rapidísimo y se fue. Las apuestas las hicimos después y aun siguen en pie: ¿seguroso o no-seguroso?
“Papá” cuida de nosotros
Según se dice, el pan nuestro de cada día, ya no será más por la libreta ni valdrá los cinco centavos actuales; como responsable de hipertensión y sobrepeso el que quiera –y pueda-, tendrá que comprarlo a razón de ochenta centavos. Donde antes se gastaba un peso y cincuenta centavos mensuales por persona en comprar pan, ahora se gastarían 24 pesos para el mismo fin. Los cigarros, sobrevivientes de la época en que fumar era un placer, pues sólo los asignaban a los nacidos antes de 1958, como dan cáncer, también se van del racionamiento. Y hasta el café, donde nos cambiaron el café mezclado de 10 centavos el paquete de cuatro onzas, a un café diz que puro a cinco pesos el mismo paquete, ahora también se rumora que causa baja en la veterana libreta de abastecimientos por sus efectos en el insomnio y la gastritis.
Hay una manifiesta preocupación de papá Estado por la salud de nosotros, y si lo duda, revise además estos datos:
A los tres años le quitan a los bebés las compotas, cuya azúcar predispone a la diabetes. A los siete, les sustituyen la leche, causante de calcificación, por yogur de soya. A los trece, la cuota mensual de picadillo de carne de res, instituida hace unos dos años luego de un estudio de talla y peso en niños, pero que conduce por el camino de la gota; junto al yogur de soya, lo quitan también.
Ahora han disminuido las asignaciones de azúcar y sal, venenos, como se sabe. No dan carne de res por la libreta; sólo picadillo de soya, muslo y encuentro de pollo y alguna vez jurel (pescado).
Todo eso y más puede encontrarse en las tiendas en divisas, pero al gobierno le interesa la salud del pueblo, no la de potentados solventes en CUC. Moriremos sanos.
El corralito digital.

Miro el mapa de Cuba y no puedo creer que en pleno siglo XXI una isla tan cerca del país que ostenta desarrollo digital supremo, viaje en dirección contraria. Desde Villa Clara hasta la punta de Maisí solo hay dos hoteles que ofrecen servicios de internet para cubanos sin pasaporte de extranjeros, o sea cubanitos de carnet de identidad. Están ubicados en Santiago de Cuba y Guantánamo al precio de 6 c.u.c la hora. Tienen baja conectividad y algunos sitios de la web que el gobierno considera nocivos poseen candados electrónicos.
Las atentas recepcionistas de los hoteles en el afamado polo turístico de Guardalavaca en Holguín me explican que en la decena de hoteles y Villas Bungalow de mi provincia no tengo oportunidad de conectarme sin ser huésped. Pero en caso de hospedarme tendría, con el mágico pasaporte y carnet de residente en el exterior, que desembolsar no menos de 50 c.u.c en una jornada.
Tampoco hay caso con los hoteles Club Amigos, Las brisas o Costa Verde, símbolos de la hostelería internacional que excluyen olímpicamente el derecho de los ciudadanos cubanos a las cálidas arenas, a una sala de computación o a un simple servicio de cafetería.
Todas las ciudades de la isla tienen Puntos de Tele Selección de las compañías de ETECSA. Son oficinas comerciales donde igualmente se reservan el derecho de admisión para aquellos que posean el documento de residentes en el exterior. Sin embargo hace más de un año abrieron unos locales asombrosamente concurridos. En ellos una larga fila de chicas y chicos esperan su turno para intercambiar correos con amigos y amigas extranjeros que han conocido en los hoteles antes mencionados.
Les explico: Por 1 c.uc les permiten abrir una cuenta de correos desde un servidor nacional que no tendrá una extensión de las más conocidas como gmail, yahoo ni mucho menos pero si a .cu, por lo que solo podrán leer y redactar respuestas a sus requiebros casi siempre amatorios. Allí no se les permite utilizar dispositivos periféricos como memorias flash, ni discos compactos. Por 0.50 centavos c.u.c pueden estar una hora carteándose con el exterior bajo la estricta vigilancia de los funcionarios informáticos que ETECSA y el G-2 ponen a trabajar en esas dependencias. Esas chicas pueden pasar con sus novios y amigos extranjeros a los hoteles, hacerles gastar una fortuna en los servicios internos pero cuando aquellos se marchan, tienen que volver al rigor del apartheid turístico
La jugada está apretada dice el refrán. Ahora Cubacel se guarda el derechos de permitir quién utiliza los servicios de twitter a través de cuentas de teléfonos móviles en Cuba. Los inconformes y protestones en esta cruzada también llevamos las de perder.
Diario en la cárcel V (La madre)
Ahora, ella busca entre decenas de presos con sus familiares, sin encontrar a su hijo; es imposible no reconocerlo, los guardias debieron equivocarse y y dejarlo entrar de la galera. Va hasta la puerta a preguntarle a los oficiales; su hijo no está. Ellos insisten en que sí, y le enseñan la foto en la tarjeta que todos tienen como identificación.
La madre regresa al salón y pacientemente busca uno por uno. Al llegar al final y no encontrarlo
comienza a llorar, pero comprende que pierde tiempo y que luego los guardias no se lo tendrán en cuenta, así que supera su nerviosismo y reinicia la búsqueda, también infructuosa.
Cuando la vuelven a ver angustiada, los guardias se enfurecen, le dicen que su hijo sí está, que por favor, si ella no lo crió que busque a la persona que lo hizo para que le indique dónde está.
Prefiere callar, sin aclarar que crió a sus hijos sola y nunca tuvo quien la ayudara. Y repasa nuevamente cada rostro. Cuando revisa y no lo encuentra, le da vergüenza molestar otra vez a los sargentos.
En el salón, sólo hay un muchacho que duerme, solitario, con el rostro escondido entre sus brazos, pero por mucho que lo mira, nada le indica que sea su hijo. Esta pelado a rape, su cabeza es demasiado pequeña, los brazos flacos, la piel muy blanca y la espalda estrecha. Su hijo es alto y fuerte. Aunque le llama la atención que todos los presos estén con su familia y él no. Se acerca, desconsolada, a pesar de saber que lo hace por gusto.
Con temor, lo toca por el hombro; el muchacho levanta la cabeza y la abraza.
Nosotros, las viandas
Hay un par de periodistas del Noticiero de la tv que parecen ser las únicas autorizadas para hacer reportajes críticos, pueden verse lo mismo en una construcción que en un hospital.
En el noticiero de ayer martes por la noche, el objeto de la indagación de una de ellas era la distribución de productos agrícolas por parte de la entidad designada (Acopio). Un paneo sobre una impresionante cantidad de viandas deterioradas o podridas. Pero lo mejor fueron las entrevistas. Los campesinos protestando pues Acopio les dijo que no podían seguir cosechando; los ejecutivos aducen que hay problemas con el transporte, y lo mejor viene ahora, añadieron que existía una saturación en el mercado.
Como el mercado estatal no se regula naturalmente, la saturación de productos se da por los altos precios.
Miraba el reportaje. Las viandas… nosotros… y siempre un jefe con las justificaciones.
Similitudes
Dicen que las comparaciones nunca son buenas. Esto puede ser muy cierto, pues al comparar, casi siempre se pierde la noción de tiempo y espacio. Cada fenómeno debe ser visto, según el contexto en que se manifiesta el mismo. Pero existen las similitudes, esto tampoco se puede negar.
De nuevo conectada a la onda corta me entero de la triste noticia: muere, en un hospital militar de Caracas, tras meses de huelga de hambre, defendiendo sus tierras y sus derechos, el agricultor de 49 años de edad Franklin Brito.
Inmediatamente, sin proponérmelo, me viene a la mente Orlando Zapata Tamayo, muerto en circunstancias muy similares.
¿Cómo es posible que el gobierno de un país que se considera democrático, próspero y justo se encandile tanto con la política de mi planeta, y que trate de imitarlo en todo, a pesar de los visibles resultados? Ahora, para parecerse aún más, deja morir de hambre a un padre de familia que simplemente pedía se hiciera justicia.
Si estas no son similitudes, por favor, dígamelo usted.
La Iglesia Católica cubana y la oposición: un conflicto innecesario
El diálogo entre el gobierno del General Raúl Castro y la alta jerarquía de la Iglesia Católica sigue suscitando debates entre diferentes grupos opositores y sectores de la sociedad civil independiente. Era de esperarse que medio siglo de inmovilismo trajera como primera consecuencia el chirriar de todos los goznes oxidados al tratar de poner en marcha cualquier mecanismo de esta vieja maquinaria obsoleta, como también resulta lógico que, a fuerza de trabajar en reversa, ahora cueste mucho andar hacia adelante.
No es fácil buscar y encontrar consensos en un país huérfano de civismo y de libertades por tan prolongado período de tiempo. La mayoría de los cubanos de hoy no hemos participado jamás en auténticas elecciones, no hemos militado en un verdadero partido político, no contamos con espacios no oficiales de debate ciudadano, no tenemos libre acceso a la información y a las comunicaciones, ni hemos gozado de ninguno de los beneficios de la democracia, pero lo peor de todo es que no hemos sido libres. Cual esclavos temerosos e ignorantes, los hay que ni siquiera sabrían qué hacer con sus vidas llegado el día en que tengan libertad para disponer plenamente de ellas. Esa es la triste realidad de Cuba, heredada en gran medida de 50 años de dictadura, pero también consecuencia de 400 años de historia que demuestran cuán caras resultan a los pueblos la ligereza y la irresponsabilidad.
El momento que está viviendo la Isla tiene peculiares ribetes que marcan un antes y un después. Cada análisis puede tomar como pauta lo que considere un hito, ya sea la acumulación de elementos en la crisis socioeconómica y política generalizada, la lucha de la disidencia al interior del país, la muerte de Orlando Zapata Tamayo, la huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, la acción sostenida y valiente de las Damas de Blanco y la actividad creciente del periodismo alternativo en todas sus variantes, entre otros factores que puedan quedar involuntariamente omitidos aquí. Ese “antes y después” podría asumir como referencia cualquiera de estos factores aparentemente aislados; sin embargo, la polea que ha venido a unir algunas piezas y ha ayudado a iniciar el giro del mecanismo ha sido la Iglesia Católica. Es un hecho.
Tal como se presentan las circunstancias –o como están planteadas a partir de todos los factores que han influido en ello–, creo que es más realista sopesar ahora lo incuestionable: se están produciendo cambios y la mediación de la Iglesia Católica es un factor importante en esto. Es así que, lejos de apuntar soluciones idealistas, encaminadas a satisfacer la vanidad de algún que otro líder opositor, o sobrevalorar la importancia de sectores de la sociedad civil emergente (en la cual se inserta mi propio accionar como blogger), y a la vez sin negar la validez de todos los elementos en su propio desempeño, prefiero tomar en consideración cuánto de positivo puede y podría aportar el papel de la Iglesia en este proceso.
Algunas personas critican la mediación en la figura del Cardenal Jaime Ortega, alegando que nunca ha apoyado a la oposición, que no visitó a los presos o que no se pronunció contra los desmanes de la dictadura, lo cual tampoco se ajusta por completo a la realidad (recordemos, por ejemplo, la famosa Carta Pastoral “La Patria es de todos”, documento que tuvo gran resonancia en 1992). Por mi parte, no soy –ni mucho menos– una fanática o siquiera admiradora de Su Eminencia, pero tales descalificaciones se podrían aplicar también a la inmensa mayoría del pueblo cubano, acostumbrado a mirar temeroso hacia otra parte en presencia de un acto de valentía cívica o de la acción de las fuerzas represivas contra ciudadanos indefensos; sería interminable la lista de experiencias de los que pueden atestiguar sobre esto, tanto dentro como fuera de Cuba.
Por otra parte, los que hoy descalifican a la Iglesia como mediadora parecen olvidar cómo a lo largo de todos estos años, aun cuando la mayor parte de los cubanos aplaudían (mos) ante los discursos y las tribunas, cuando tener creencias religiosas era un imperdonable tabú, cuando los religiosos de cualquier tendencia eran excluidos y condenados y cuando la sociedad toda avanzaba galopante hacia la pérdida de valores morales y humanos, la Iglesia Católica fue un reducto de solidaridad entre cubanos de fe sincera, un espacio de conservación de los mejores valores, una verdadera colmena donde nunca se detuvo el trabajo por la familia, por la cultura cubana y por sostener sus principios de virtud en condiciones muy adversas. La Iglesia Católica cubana fue un foco de resistencia contra el totalitarismo comunista de esta dictadura desde el principio mismo, antes que cualquiera de los partidos opositores que hoy conocemos, y fue tolerante e inclusiva cuando en la sociedad cubana se imponían la intolerancia y la exclusión. Muchas parroquias han sido portadoras del discurso de resistencia que pocos se atrevían a escuchar y mucho menos a decir; y se han erigido promotoras de numerosos espacios de instrucción, de intercambios sociales y académicos y de formación de valores. La Iglesia Católica ha estado trabajando callada y pacientemente por la reconciliación de los cubanos mientras el régimen –y otros– se han dedicado a enemistarnos. Negar esto sería, no solo una iniquidad, sino también una falacia.
Está claro que la Iglesia tampoco es una institución perfecta y no nos representa a todos en todo,que también ha cometido errores y hasta injusticias; pero también ha ofrecido sus espacios como un refugio en medio de las tempestades. Que lo digan si no las Damas de Blanco que acuden cada domingo a la iglesia de Santa Rita; que lo digan los cubanos que han encontrado en la Iglesia el apoyo, la caridad y la solidaridad que les faltaba, que lo digan los miles que se están congregando espontáneamente en las iglesias de Cuba para recibir en su peregrinación por toda la Isla a la Santa Patrona, la Caridad del Cobre, capaz de reunir, por su única condición de cubanos, a creyentes y no creyentes en la simple advocación del amor a Cuba. ¿Qué otra institución en este país sería capaz de ello? Yo no soy una creyente en lo absoluto; apenas soy una agnóstica formada en el más cerrado ateísmo, que ha logrado superar la negación y pretende ser justa. Y como deseo lo mejor para Cuba y para los cubanos, apoyo todo lo que ayude a derribar el muro.
Es por eso que pido a aquellos que hoy se oponen a la mediación de la Iglesia ( hablo de la institución, no de sus jerarcas) y que, además, la acusan de “traidora al pueblo”, “oportunista” y otros epítetos por el estilo, que mencionen las razones en que basan sus acusaciones y que expongan a la opinión pública, objetivamente, quiénes son los actores sociales que consideran suficientemente consolidados en Cuba, con el prestigio y el arraigo necesario para representar a una gran parte del pueblo cubano y cuáles son los programas de cambio y las fases de la transición que dichos actores proponen. Que digan los que se oponen al diálogo Gobierno-Iglesia Católica si creen que este pueblo ahora mismo puede delegar con pleno conocimiento de causa en cualquiera de los partidos opositores y de los grupos de sociedad civil independiente, más allá de la simpatía que pueda despertar nuestra lucha por la democracia. Pero, sobre todo, seamos realistas: la crisis cubana no se va a resolver en un corto plazo; una transición es un proceso largo y complejo al que se van sumando actores en la medida en que vayan ganando influencia y prestigio en la vida pública nacional. En lugar de pugnar por un puesto o por un premio, es momento de aprovechar los espacios que se abran y apoyar las acciones positivas que propicien los cambios para poder potenciar el discurso de los actuales líderes de opinión y el surgimiento de los nuevos, el nacimiento de nuevas ideas, de fuerzas cívicas y de propuestas amplias donde participemos todos (incluyendo a los que hasta hoy no han participado). Nadie piense que va a ser fácil; así pues, tampoco lo hagamos más difícil.
Tomando nota
Hace unos días Fidel se reunió con los integrantes del programa televisivo Mesa Redonda y los animó a hacer las preguntas más difíciles, como un alumno bien preparado para un examen. Terminó la semana, y en el periódico Granma se dio una versión del encuentro, pero me quedé esperando la transmisión en el espacio de la Mesa Redonda. Las conjeturas son variadas; ha llamado la atención de los que se interesan por esas cosas que no hayan televisado el encuentro, hasta hay quien piensa que se ejerce la censura sobre él.
En sus últimos escritos, titulados Reflexiones por la costumbre, Fidel comparte las opiniones de un libro sobre el gobierno mundial, y con su ya habitual procedimiento de copiar y pegar nos entrega unas larguísimas citas del libro de marras de un autor llamado Daniel Estulin, por lo que me pregunto si no sería más sencillo publicar el libro para que nadie tenga que contárnoslo. Podría arreglarse si Fidel, que hasta ha invitado a Cuba al escritor, desviara una parte de los quinientos mil ejemplares de La victoria estratégica, el primero de sus libros dedicado a la lucha contra Batista, para hacer una tirada modesta de ese otro libro que tanto entusiasmo le ha despertado.







































