Y se fue, por fin, el Gabo. / Miguel Iturria Savón.

22 abril 2014 às 8:38 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

García Márquez 2

Ha muerto, por fin, el narrador colombiano Gabriel García Márquez. La pelona lo sorprendió a los 87 años en México, donde vivía entre libros, placeres y viajes, además de Mercedes, su “cocodrilo sagrado”. Lo despidieron ayer a ritmo de ballenatos y flores amarillas en el Palacio de Bellas Artes, como antes a los escritores Carlos Fuentes y Octavio Paz, el actor Mario Moreno –Cantinflas- y la cantante Chavela Vargas.

En Colombia hoy le dicen adiós en la Catedral Primada de Bogotá. Adiós Gabo, que Dios te bendiga si despierta. Basta de tiranos y libertadores solitarios, selvas y guerrillas, ruinas y fusilamientos, amores primigenios y nonagenarios folladores. Vete tranquilo. Viviste para contar y ganaste mucha pasta con tus relatos y fanfarronadas literarias.

El Gabo se fue en la primavera del 2014. No nos veremos en agosto ni en diciembre, pero tus editores seguirán vendiendo tus agridulces novelas rosas – El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, Memorias de mis putas tristes-, y volverán a Macondo, resucitarán a Aureliano Buendía y le otorgarán la chequera a su alter ego, aquel pobre coronel que envejeció esperando su jubilación. Tranquilo hombre, hasta El otoño del Patriarca y El general en su laberinto serán reeditados.

Se fue el Gabo. Ya era hora. Había pasado de moda, pero seguía emborronando cuartillas como si tuviera algo nuevo que decir. ¿Acaso no conocíamos su recurrente utilería del trópico y la miseria; su pasión por los cuadros, los vinos carísimos, el caviar y los amigotes célebres –tiranos incluidos-?

Ya imagino a los críticos escrutando a los símbolos de este genio. A los profesores de literatura explicando las claves de Cien años de soledad, a los periodistas de Colombia, México y Cuba hablando de la “deuda de gratitud” contraída con el “creador del realismo mágico”, como si ese método no fuera esbozado siglos atrás por Homero y los cronistas de Indias, o en la década del treinta del siglo XX por la poetisa Dulce María Loynaz en su novela Jardín.

Si tuviera que releer algunas obras de García Márquez, el más sobredimensionado de los escritores mediáticos, escogería Crónica de una muerte anunciada y El coronel no tiene quien le escriba. Hay que tener tiempo y paciencia para aguantar hasta el final las cientos de páginas de su libraco más célebre –Cien años de soledad-, apropiado para el comic o el cine de aventuras para niños y adolescentes, como Harry Potter o los cuentos de Gulliver.

Si Gabo, perdona mi franqueza, fuiste bueno pero no tanto como Borges, Carpentier, Juan Rulfo –creó Comala antes que Macondo-, Cabrera Infante y otros escritores que murieron sin recibir el Premio Nobel. Tranquilo viejo. Descansa en paz en un rincón del panteón literario y desde allí, si el ego te lo permite, ábrele la puerta a los nóveles y viejos escritores colombianos apocados por la sombra de tu fama y por la manía de los editores de apostar por los elegidos y tirar a los demás.

La Guerra de Cuba. / Miguel Iturria Savón.

15 abril 2014 às 0:04 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

 

Cespedes-1

Amigos de Valencia, Zaragoza y San Sebastián me han preguntado sobre la guerra de Cuba y las pérdidas de España en esa contienda. Apenas he respondido pues casi todos mis anfitriones ibéricos repiten frases acuñadas por políticos, historiadores y literatos de épocas pasadas. Detrás de tanta pasión infiero el deseo por ajustar lo dicho a las ideas y apetencias de una época, es decir, a la narrativa del poder que justificó el envío de millares de jóvenes armados a defender en Cuba “hasta el último hombre y la última peseta”.

A un amigo de San Sebastián, nieto de un donostiarra enriquecido en la isla, le aseguré que  escribiría acerca del viejo diferendo hispano cubano, previa revisión de uno de mis libros inéditos en el que expuse estadísticas al respecto. Pero recuerdo que hay tanta atadura “a nuestros puntos de vistas” que apenas nos vemos con objetividad. Peor aún si el hecho nos implica de manera personal o si enrolló a grupos en pugnas, ejércitos y escenarios distantes, como la nostálgica “Guerra de Cuba” (1868-1878 y 1895 a 1898), en la que mis anfitriones perdieron tíos y abuelos; o la más cercana Guerra Civil Española (1936 a 1939), tan incivil que aún palpita en el imaginario político de generaciones que ven sus consecuencias como fardo del presente.

Es difícil analizar la participación de grupos étnicos en los avatares históricos de una nación de inmigrantes como la cubana, donde la ruptura comenzó medio siglo después que en el resto del continente, con el levanta­miento de la Damajagua, el 10 de octubre de 1868, a solo unos días del Grito de Lares, en Puerto Rico y de La Gloriosa en España, que depuso a la Monarquía y entregó el poder a un gabinete liberal, cuyos líderes estaban conectados con la realidad insular, aunque no compartían los anhelos de libertad de los criollos.

La primera y fallida guerra de Cuba obedeció al largo forcejeo económico y político que existía entre la Isla y la Península. La metrópoli frenaba el desarrollo capitalista de la colonia y explotaba las contra­dicciones esclavistas como recurso de sobrevida, pues la sacarocracia criolla seguía atada a la mano de obra esclava, lo cual le impedía ejercer la violencia. La contradicción colonia-metrópoli atravesaba el tejido de los patrones culturales que ponían en juego el sentido de patria, presente desde fines del XVIII en la obra de Arrate. Se palpaba un conflicto de identidad nacional sintetizado como oposición entre lo cubano y lo peninsular, el cual tenía su expresión doméstica y cotidiana entre el hijo criollo y el padre español. Se sumaba el an­tagonismo amo-esclavo y la barrera de prejuicios de un régimen que exaltaba las diferencias entre blancos y negros.

Le correspondió al sector más radical de los terratenientes criollos desatar y sostener la contienda liberadora, utilizando expediciones procedentes de los Estados Unidos. Pronto se incorporaron las masas de esclavos, campesinos y artesanos. Tanto Céspedes, como Ignacio Agramonte, el Marqués de Santa Lucía y otros jefes independentistas poseían propiedades e influencias en la estructura colonial, pero antepusieron las tareas de la época a sus intereses personales.

Ante el enfrentamiento y la ruptura no cabía neutralidad de ningún tipo: o se compartía la causa cubana o se estaba contra ella al lado de España. La mayoría de los inmigrantes españoles se afiliaron, de hecho o de palabra, al bando del integrismo peninsular. No faltaron, por supuesto, quienes procuraron mantenerse al margen desde la rutina familiar y la lucha por la subsistencia. Y algo insólito, de los 36 generales extranjeros que lucharon por la independencia de Cuba, diez fueron españoles.

En la contienda les correspondió un papel predominante a oficiales y soldados de Asturias, Cataluña y Galicia, terri­torios desangrados por el embarque habitual de millares de jóvenes enganchados como «voluntarios» en las fuerzas que iban a enfrentar a los separatistas. Hubo, por supuesto, personajes vascos de gran protagonismo, como el Capitán General Francisco Lerzundi Ormaechea –nacido en Valencia-, y el General Blas de Villate, Conde de Balmaseda, natural de Sestao, y comerciantes enriquecidos: el alavés Julián Zulueta y Amondo y el vizcaíno Manuel Calvo y Aguirre.

Casi todos creían en el derecho de España a regir los destinos de Cuba y actuaron de acuerdo con las circunstancias y con las órdenes recibidas desde Madrid en una época de exaltación nacionalista y patriotera. Algunos se com­portaron como militares dignos y respetuosos del contrario. Muchos como bárbaros contra el movimiento insurreccionar, con la complicidad de las autoridades metropolitanas que les concedía ascensos y distinciones.

Hallamos, por otra parte, a los grandes comerciantes, hacendados y funcionarios locales involucrados en la contienda, quienes compartían intereses comunes con los círculos del poder colonial. Tales vínculos exigieron siempre un compromiso ideológico que implicó la defensa de la «integridad de la Patria», entendida esta como el dominio de España sobre la Isla.

Se ha dicho que durante la primera guerra independentista el conglomerado étnico cubano se transformó en nación, a pesar de España que situó en la Isla a 208.597 soldados, de los cuales se quedaron 80.686, junto a 163.176 civiles que arribaron en el período como inmigrantes. El sujeto étnico, cualquiera que fuera su procedencia, se vio enrolado en las acciones del bando integrista o separatista, quienes pactaron la paz en 1878 ante la imposibilidad de la victoria por una u otra parte.

Finalizada la guerra grande, Cuba siguió siendo una colonia de España, pero en condición de provincia, una provincia dividida en seis provincias en 1879, cuando se puso en prác­tica un sistema político que permitió la creación del Partido Unión Constitucional y el Partido Liberal Autonomista, ambos con programas, periódicos y una cuota de poder atados al Gobernador colonial.

En el orden social se abolió la esclavitud (1886) y se inició la lucha contra el estigma del color. El Gobierno colonial trató de ganarse al negro mediante medidas concretas: la eliminación de los obstáculos legales para el acceso a la enseñanza, el cese de la segregación en lugares públicos (trenes, cantinas, teatros, oficinas) y la prohibición de los libros de carácter racial en las iglesias y en el Registro Civil. Se quiso crear el Casino para españoles de color y hasta un Partido negro, a los cuales se opuso el sector más consciente de la propia población discriminada.

Estas medidas coincidieron con el incremento de la inmigración peninsular y canaria. Se intentó españolizar a toda costa a las principales ciudades del país como freno a los ideales separatistas de los cubanos. Los inmigrantes y soldados se sumergieron en la sociedad insular como empleados del comercio, el transporte y como obreros de la industria azucarera y tabacalera. Crearon numerosos centros regionales de carácter étnico y benéfico como recurso cultural de sobrevida. La propaganda independentista, sin embargo, no estuvo dirigida contra el español sino contra el Gobierno metropolitano y sus representantes en la Isla.

En el período de entreguerras se produjo el auge inusitado de la industria azucarera, que alcanzó un millón de toneladas al año a partir de 1880. En 1890, el 90% de la exportación de las zafras se dirigía al mercado norteamericano. La distancia y el atraso de España favorecieron los nexos con los Estados Unidos, a solo 180 kilómetros de distancia.

Al iniciarse la nueva guerra, organizada por José Martí en el exilio, el Gobierno español trasladó a la Isla entre 1895 y los primeros meses de 1898, unos 220.285 soldados. A esa cifra se sumaron millares de movilizados en el territorio insular. El enorme esfuerzo por aplastar la insurrección contrastaba con la táctica del modesto Ejército Libertador, que evitaba el encuentro frontal pues su objetivo era extender las acciones mediante pequeñas columnas de gran movilidad, que dividían y desgastaban a las bien equipadas tropas coloniales con maniobras de acosos y retiradas para mantenerlas en jaque. El clima y las enfermedades tropicales hacían estragos entre los bisoños soldados peninsulares, cuya edad promedio se aproximaba a los veintiún años.

Cataluña, Canarias y Galicia aportaron millares de soldados y recursos a las tropas españolas. La bur­guesía catalana tenía mayores intereses económicos en Cuba, aunque el sector liberal centralista y monárquico de Vizcaya llamó a los vizcaínos de la Isla a luchar contra los insurrectos.

Ante la evidente perdida de control, el Gobierno español sustitu­yó al Capitán General Valeriano Weyler, antecesor de los nazis en la creación de centros de concentración. En octubre de 1898 España estableció el régimen autonómico, rechazado entonces por las fuerzas separatistas. A la precaria situación existente en la Isla se sumó la decisiva intervención militar de los Estados Unidos, en abril de 1898. Las maniobras conjuntas entre las fuerzas cubanas y norteamericanas obligaron a España a firmar el armisticio, el 12 de agosto de ese año, un mes después de la destrucción de la escuadra del Almirante Cervera y de la rendición de Santiago de Cuba. Los representantes del pueblo en armas fueron excluidos de las Negociaciones de paz (Tratado de París) y del reordenamiento institucional que sobrevino con la aplicación de sus cláusulas y del cese del dominio colonial de España sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Según el coronel Izquierdo Canosa, en los pueblos de la Isla se registraron las defunciones de unos 37.657 militares españoles. El autor revela en su Censo de defunciones de militares hispanos, que las provincias más afectadas por las muertes fueron León (2.290), Valencia (1.557), Zaragoza (1.298), La Coruña (1.298), Barcelona (1.090), Lugo (1.080), Málaga (1.018), Granada (980), Murcia (894), Sevilla (877), Alicante (835) y Burgos (815).

Por su parte, el Mayor General Carlos Roloff, en Índice alfabético y defunciones del Ejército Libertador de Cuba. Guerra de 1895-1898, publicado en La Habana en 1901, asegura que los muertos del Ejército Libertador ascendían a 69.782 combatientes a fines de 1898.

Hubo otras pérdidas y ganancias para España y Cuba relacionadas con la presencia de los Estados Unidos en la isla. Cientos de españoles murieron en la mar durante la travesía de regreso, asegurada por la flota naval americana, cuyo gobierno reconstruyó la isla en cuatro años y realizó decisivas inversiones en la salud pública, la enseñanza y el saneamiento de pueblos devastados. Los estadounidenses, denigrados por los gobernantes ibéricos, impusieron el respeto a las propiedades de los vencidos y reconocieron la independencia de Cuba, que nace como República el 20 de mayo de 1902. A esa república cordial llegaría casi un millón de inmigrantes peninsulares y canarios en solo tres décadas.

CHAPELGORRIS-EN-LA-GUERRA-DE-CUBA-1

El sueño de la razón… / Miguel Iturria Savón.

10 abril 2014 às 19:40 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

ceuta-and-melilla

Se desplazan desde Nigeria, Senegal y otros países subsaharianos hacia las puertas de África con Europa: Mauritania, Túnez y Marruecos. Cual colonia de hormigas empujada por el hambre o el calor viajan sin nada, solo lo puesto. Atraviesan ríos y valles, cordilleras y desiertos, carreteras y fronteras, playas y muros. Muchos son atrapados en la franja terrorista de Mauritania, Mali y Níger, al sur de Argelia. Ya en zona, se adentran en las periferias urbanas de Marruecos, como zombies en fuga hacia el centro de sus obsesiones: Ceuta y Melilla, dos ciudades autónomas de España en ese país con costas al océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.

Ceuta, ubicada en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, solo mide 19 km cuadrados habitados por 84 mil habitantes. ¿No es suficiente? Pues no, en la región de Tánger y Tetuán casi todos miran a la añorada urbanización compartida por cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. El estatus de puerto franco y la pertenencia a España convierten a Ceuta -y a Melilla- en la frontera sur de Europa, aunque las vallas de contención las pone España. Los “muros de la vergüenza” según políticos y locutores al margen del dilema migratorio.

Melilla, la antigua Rusadir, sigue frente a las costas de Granada y Almería como en la época romana. Es pequeña -12,5 kilómetros cuadrados- y superhabitada -83,679-, pero atrae a los turistas por su modernista patrimonio cultural y a los inmigrantes que la acosan para entrar a España, puerta de la Unión Europea, centrada en sus crisis del sur y enfrentada a los rusos que avanzan sobre el este.

Estas ciudades enclaves, como las Islas Canarias en el Atlántico, son puntos de tensión. Muros frente a invasores con hambre que ascienden montes y peñones costeros, saltan sobre “vallas infranqueables”. No miran hacia adentro ni hacia atrás. Solo al futuro. Sueñan con el ruido de ecos escuchados en su aldea. Se juegan la vida por vivir en España, Grecia, Italia o Alemania. No han visto el mapa de España ni conocen sus costumbres y problemas, pero gritan Viva España al saltar el muro. Bailan en los campamentos de refugiados, sin saber que el Gobierno agiliza la posible expulsión hacia Marruecos, de donde regresarán a Ceuta o Melilla o pensarán cómo llegar a Islas Canarias.

Apenas piensan pero existen, sienten y padecen. Expulsados por el hambre, las guerras tribales, las amenazas terroristas y la inviabilidad de sus naciones de origen, sueñan con cambiar sus vidas en Europa. Un sueño tan difícil como el sueño americano de quienes atraviesan el estrecho de La Florida o llegan a México e intentan ingresar en los Estados Unidos. La vida soñada y la muerte como espejo de las vanas gesticulaciones humanas acompañan por igual a los inmigrantes subsaharianos, latinoamericanos y asiáticos.

Los caminos patriarcales del interior, lo premoderno frente a lo contemporáneo. El desarrollo y las oportunidades pregonadas. Los escándalos de los medios de prensa frente a los muros de la exclusión. Si “el sueño de la razón produce monstruos”, el miedo y el desarraigo crea éxodos y expectativas difíciles de conciliar. Basta observar a los subsaharianos por las calles de Barcelona, Madrid, Valencia o Zaragoza, verlos caminar con sus mochilas al hombro vendiendo baratijas para suponer cuán difícil es la “asimilación” en países muy estructurados y competitivos, donde hay exceso de casas y automóviles, alimentos y medicinas, colegios, parques y autopistas, pero el desempleo oscila como una ola que margina y enajena. A diferencia de los chinos -sumergidos en sus comercios y restaurantes-, los africanos deambulan por ferias y bares, estaciones y parques. No sonríen ni se quejan, caminan y a veces se reúnen y hablan en sus lenguas.

Tal vez no sea lo esperado después de tan larga travesía. Quizás sea el comienzo, solo el comienzo tras la fuga y el silencio.

Octavio Paz en su cumplesiglo. / Miguel Iturria Savón.

3 abril 2014 às 0:22 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Octavio Paz 3

Octavio Paz, ese torrente de palabras, ideas e imágenes poéticas de resonancia alegórica, atravesó casi todo el siglo XX –nació en 1914 y murió en 1998- y vuelve por sus fueros líricos en ocasión de su primer cumplesiglo. Regresa en su doble condición de poeta y ensayista, libros mediantes. Al intelectual mexicano de más renombre universal le tienden la alfombra en el Congreso y el Senado, en el Ministerio de Cultura, en las universidades y autobuses, revistas y editoriales de su país y en instituciones de Estados Unidos, Europa y capitales de centro y sudamérica que reeditan sus poemarios y ensayos.

“Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes”, dijo Octavio el prolífico, el oceánico e intuitivo descubridor de ideas y palabras, el transgresor cosmopolita distinguido con los premios Nobel y Cervantes, el ex embajador en París, Tokio y Nueva Delhi, cargo al que renunció en 1968 tras la masacre gubernamental en la plaza de Tlatelolco, hecho que lo indujo a dedicarse por completo a su obra, amplificada en las revistas Taller, Plural (1971-1976) y Vueltas (1976- 1998), desde las que renovó el panorama literario mexicano y lo enlazó con temas y autores de hondura crítica, poética, ensayística, artística y filosófica que reanimaron la lengua desde el pasado prehispánico, nutridos por la soledad, el tiempo, el erotismo, el amor y la poesía como vehículos de trascendencia del hombre, temas recurrentes de “su pensamiento incómodo y disidente”, capaz de “transformar la palabra en visión y reflexión”.

“La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida”, advirtió en su ensayo más reeditado y conmovedor –El laberinto de la soledad-. La sangre como talismán verbal desde su primigenio Raíz de hombre, aquel “poemario torpe, una tentativa fallida de búsquedas”, al que siguen textos medulares: Piedra de sol, Poesía de soledad y poesía de comunión, El arco y la lira, Ladera este, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, entre otros poemarios, ensayos y conferencias recogidos en sus Obras completas.

Octavio, el clásico contemporáneo, el intelectual complejo que incursionó en la política, el arte, la historia y la antropología; el “menos mexicano”, el más universal de los creadores mexicas, tan vivaz y simpático, el curioso e insaciable palabrista retorna al ruedo y penetra en la memoria colectiva mediante un torrente de actividades que pretende actualizar su legado lírico y reflexivo.

El intelectual desobediente que transitó del marxismo al pluralismo democrático y criticó el estalinismo y el dogmatismo de la izquierda, creía que a pesar del culto al progreso el hombre “es un animal que fabrica útiles, un animal racional, político, un ser que desea e imagina”. El gran poeta Octavio Paz “generó un sistema de pensamiento que incluía un riguroso elemento especulativo” capaz de enturbia el ruido de sus versos, aunque su poesía, de alta calidad formal, renace como “un culto secreto”, expulsado y consagrado…

El poeta de la exploración y la búsqueda –“el amor, siendo deseo, es hambre de comunión”-; el ensayista que hablaba de “lo que veía suceder y de lo que era posible y deseable…”; el hombre controversial y agnóstico fue –es- el humanista que regresa desde la palabra y sabe que en este instante –y después- muchos deletreamos sus versos.

“Feliz cumplesiglo Don Octavio!

Octavio Paz 1

Byung-Chul Han, filósofo del cansancio. / Miguel Iturria Savón.

29 marzo 2014 às 0:35 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Byung-Chul Han

Los filósofos no suelen ser populares. Hay excepciones, nombres y libros de pensadores que resuenan desde la antigüedad cual ecos de campanas. El hecho de discernir desde una cátedra sobre temas abstractos –el ser, el tiempo, la naturaleza, la sociedad o el pensamiento-, los aleja de esa mayoría ensimismada en sus propias circunstancias. La filosofía presume de ciencia pero se expresa a través del ensayo, lo cual favorece su inserción en el mercado del libro, ávido de novedades y “estrellas” al igual que la industria del cine, la música, las artes visuales, la moda, el fútbol o el béisbol.

¿Qué serían los filósofos sin sus seguidores? En la época moderna disponen, además de discípulos, de cátedras, revistas, editores, críticos, lectores y grupos mediáticos que difunden las tendencias de pensamiento afines a ideologías y políticas. El vaivén de la moda mueve también a los filósofos y sus obras, aunque sin la evidente banalidad de muchos modelos, actores, cantantes, futbolistas e internautas adictos a Facebook, Twitter y otros soportes digitales.

En el firmamento filosófico de Alemania, referente europeo y occidental, se habla del coreano Byung-Chul Han, profesor de la Universidad de las Artes de Berlín y autor  de tres ensayos traducidos al castellano: La agonía del Eros, La sociedad de la transparencia y La sociedad del cansancio, valorado en el 2012 en su natal Seúl como el libro más importante del año. En estos escritos critica a la sociedad occidental contemporánea con agudeza y sensibilidad oriental, es decir, con pinceladas zen, chan y tao.

Quien acceda y deguste las frases cortas de los breves y apasionados libros de Byung-Chal compartirá o discrepará de los análisis del nuevo “filósofo de la crisis existencial”, avalado por un crítico como “sucesor de Sloterdijk” y “una de las voces más influyentes del pensamiento mundial”. Otro reseñador lo califica de “estrella” y asegura que ya comparte el trono simbólico con Jurgen, Habermas, David Prech y el citado Peter Sloterdijk. ¿Qué necesidad de descubrir estrellas, eh?

Los elogios preceden a la reedición de uno de sus ensayos en España y sorprenden al tímido y exitoso Han, quien confiesa que al establecerse en Alemania a los 32 años apenas hablaba la lengua de Goethe y no sabía a qué dedicarse, pero “como buen romántico” estudió literatura y luego se doctoró en filosofía (1994), dedicándose a la enseñanza y la reflexión acerca de “la asfixiante competencia laboral, el exhibicionismo digital y la falaz demanda de transparencia política”, aunque su bisturí certifica “la tensión contemporánea entre depresión, catástrofe y empatía…”

Pero, ¿por dónde van los tiros?; ¿qué flechas dispara al escenario de las ideas el discípulo de Martín Heidegger? Veamos algunas de sus ideas:

  • “El hombre contemporáneo ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior; se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión. Es la consecuencia insana de rechazar la existencia del otro, de no asumir que el otro es la raíz de todas nuestras esperanzas… solo el otro da pie al Eros y, es precisamente el Eros, el que genera el conocimiento”.
  • “Ahora el mal está dentro del propio hombre. La depresión es una enfermedad narcisista. El narcisismo te hace perder la distancia…lleva a la depresión…”
  • “La violencia, que es inminente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer…El sistema neoliberal no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada. El hombre moderno es él mismo su propio explotador, lanzado solo a la búsqueda del éxito… a actuar como si fuera un empresario”
  • “El mundo digital es también un camino a la depresión: en el mundo virtual el otro desaparece…La forma de curar la depresión es dejar atrás el narcisismo, no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”.
  • “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse, exhibir lo que eres o lo que tienes… el mundo de la apariencia se nutre de los medios de comunicación…cuanto más informaciones nos llega más intrincado nos parece el mundo”.

Por ahí va el arquero zen de la filosofía alemana. Está inconforme con el orden social de su época, censura el liberalismo “que instrumentaliza el estado de shock…”, al Fondo Monetario Internacional que “da dinero a cambio de almas humanas”,  a la competencia descarnada; la demanda de transparencia política que “genera un vacío que acaba ocupando la intimidad y la vida privada”.

Pudiéramos hacerle preguntas incómodas a Byung-Chal sobre su peculiar visión  de la dialéctica hegeliana de amo y esclavo, cansancio y ensimismamiento. Para él, el hombre se ha convertido en un “animal laborans”, en “verdugo y víctima de sí mismo”, aunque “no llega a la alienación, sino al agotamiento”.

Si preguntáramos, por ejemplo, ¿cuál es la solución?; respondería: hay que “negar el presente represivo y aceptar la existencia del otro y, de su mano, la posibilidad del amor”. Muy romántico, ¿verdad?

Por ahora basta. Le deseo suerte y éxitos a doctor Byung-Chal. Lleva buen paso, lo acompaña el talento, la originalidad y la eterna insatisfacción de los pensadores por el instante vital. Aprendió a bailar en la casa de los trompos filosóficos: Kant, Hegel, Feuerbach, Marx, Nietzsche, Edmund Husserl, M. Heidegger y otras luminarias que se nutren entre sí, se superponen o se niegan, pero han dejado un legado trascendente en el pensamiento occidental.

 

Mea culpa por Adolfo Suárez. / Miguel Iturria Savón.

24 marzo 2014 às 0:47 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

.

Tras once años de involución neurológica y 33 de su dimisión como Presidente del Gobierno de España, falleció en Madrid el célebre Adolfo Suárez González, quien recuerda la soledad del corredor de fondo. El ajedrecista de la transición de la dictadura a la democracia pluralista fue nombrado por el Rey en 1976, legitimado en las urnas en la primera elección libre, obedecido y abandonado, acosado y tirado al costado de la autopista política.

El líder de la transición resurge al morir, como el corredor agotado que llega a la meta, rompe la cinta y es aplaudido por los espectadores. La televisión retransmite fragmentos de sus discursos y entrevistas, el enfrentamiento con los gopistas del 23 de febrero de 1981, las declaraciones de secretarios, ex ministros y líderes de todos los partidos. Los periódicos evocan su perfil humano y su trayectoria política. Los vértices del triangulo -el Rey, el Jefe de Gobierno y los líderes de la oposición-; los expresidentes que le sucedieron, el Presidente del Senado y del Congresos, los representantes de cada autonomía del Estado de las autonomías y otras figuras de la circunferencia ibérica: juristas, diputados, historiadores, cineastas, escritores…

Los titulares destacan “su pasión por la política y su simpatía arrolladora”, su “mezcla de fortuna y audacia”, su coraje personal, la “firme defensa de los valores del diálogo y del consenso”, la “extrema velocidad de las reformas que encabezó”, sus “cualidades para el compromiso”. En esa especie de Mea culpa nacional ha dicho el Rey Juan Carlos: “Mi dolor es grande; mi gratitud, permanente”. Y Mariano Rajoy, actual Jefe del Gobierno, exalta “la intuición, habilidad y coraje” de A. Suárez, quien “marcó la vía de la solidaridad entre españoles…”.

Regresa Adolfo Suárez. Es ascendido al pedestal por quienes lo orillaron en los pasillos del poder. Lo sepultaron en vida, lo resucitan al morir. Al fin es reconocido por todos como el Hombre de la Transición. Ya era hora, no hace sombra, irradia luz “el político más solitario de la democracia”, el gobernante que “permaneció impasible ante las bayonetas”, el líder sin séquito que “vivía para la política y no de la política”. Tres días de duelos y homenajes le abren el camino en la historia de España.

 

 

Venezuela, coreografía de la opresión. / Miguel Iturria Savón.

21 marzo 2014 às 20:12 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

 Opposition demonstrators block the city's main highway during a protest against Nicolas Maduro's government in Caracas

Es un tipo serio y gris, sin carisma ni cultura. Se llama Nicolás Maduro y no sabe cómo escapar de los enredos de la contingencia creados por su antecesor en el cargo. Al igual que Hugo Chávez, su voz es rotunda y agresiva, pero sin los matices del esperpéntico ex presidente, esa especie de agujero negro que succionó como un pulpo a los oficiales, empleados, obreros y marginales que desde el público aceptaron el delirio de poner a Venezuela patas arribas para revivir la utopía socialista, un socialismo tan rancio e ineficaz como sus modelos envilecidos -Cuba, China, Norcorea-.

Acecharon la cima y no se bajan de ella. Quince años de chavismo: promesas, diatribas, deriva económica, hostigamiento y fabricación de enemigos. Una realidad sustentada en ficciones. La fantasía del poder absoluto. Simplificación de una doctrina densa condensada en espejismos, derroche de recursos, la corrupción como norma, golpes de efectos, horror administrado, coreografía de la opresión.

El poder y sus cómplices internos y externos. El pueblo de Venezuela frente a la indolencia de la O.E.A, la O.N.U y los gobiernos de Latinoamérica. Desde La Habana un déspota octogenario maneja los hilos a través de sus generales y doctores. El espionaje castrense recicla sus métodos de control en la tierra de Bolívar. El desprecio a la libertad y los derechos ciudadanos en una nación próspera ya bordea la parálisis y la escasez absoluta. La obtusa machaconería de viejas consignas frente a los estudiantes y opositores que exigen en las calles el fin de la arbitrariedad  y el retorno a la cordura institucional. Hasta ahora, la respuesta viste el uniforme negro de la muerte.

Vergüenza propia o ajena hemos de sentir los cubanos. Los millares de médicos y profesores que por un salario mínimo desandan montañas y difunden doctrinas a los “electores” de un gobierno que reproduce la tragedia de Cuba. Vergüenza por los oficiales de la isla que reorganizan y entrenan a las Fuerzas Armadas y a los cuerpos policiales y paramilitares de Venezuela. Pena por los periodistas, censores y burócratas cubenses que trafican su servidumbre por un puesto de asesor en Caracas. Ellos traspolan las técnicas del silencio y la neolengua aprendida en los manuales de Moscú.

Bastan las imágenes de horror para entender a los venezolanos que gritan: “Go home cubanos ya”. Si, que regresen los motoristas cubanos que comandan a los paramilitares que golpean y asesinan a los manifestantes de Caracas, Táchira y otras regiones. El Tribunal Internacional debería procesar a los generales de Castro II que ensayan la coreografía del terror para sostener en Palacio a Maduro, Cabello y a los jueces y parlamentarios que encarcelan a Leopoldo López, Manuel Ceballos e intentan silenciar las voces de Capriles y de la diputada María Corina Machado.

La tragedia de Venezuela, como la ocupación y anexión de Crimea por la Rusia de Putín, confirman la “banalización del mal” profetizada por Hannah Arendt en 1961 durante el juicio en Jerusalén al criminal nazi Adolf Eichmann, el Teniente coronel que organizó el exterminio de millones de judíos. El poder del mal encarnado por Hitler y Stalin, Mao y Castro, Chávez y Maduro, solo necesita a un segmento de la población de cualquier país, a funcionarios anodinos y sin ideas propias que ejecuten la exclusión. En Venezuela, como antes en Cuba, la utopía social ha sido sustituida por una autocracia con delirio de omnipotencia.

La coreografía de la opresión en Venezuela enseña que a ningún gobernante se le debe entregar un cheque en blanco. Cuidado con los líderes mesiánicos y con los tribunos de la plebe. No necesitamos héroes ni mandarines bulliciosos que sólo distribuyan las riquezas, sino derechos y oportunidades para crearlas. El mundo no es una feria ideológica ni un escenario de buenos y malos actores.

 

 

Juan R, Jiménez, el poeta vivo. / Miguel Iturria Savón.

16 marzo 2014 às 20:48 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Juan R. Jiménez, Retratos líricos.

¿Quién no ha escuchado el nombre del escritor español Juan Ramón Jiménez? ¿Qué niño o adolescente no fue conmovido por su insuperable Platero y yo? ¿En qué programa de literatura hispana no se estudian sus versos y su prosa poética de hondura humana y claridad expositiva? ¿Cuántos jóvenes amantes de principios del XX no sedujeron a su novia con algún poema de Juan Ramón? Al menos en España y en América aquel bardo desterrado por la Guerra Civil fue un referente espiritual para lectores, poetas y profesores de Literatura.

Al “rescate de su memoria” llegan cuatro libros que “reviven” la enorme entrega literaria del gran autor. Cuatro títulos de y sobre el famoso poeta Juan R. Jiménez evocan el conmovedor legado creativo y vital del parodiado Premio Nobel de Literatura de 1956, nacido en 1881 en Moguer (Andalucía) y muerto en 1958 en Puerto Rico, donde ejercía como profesor universitario tras décadas de exilio.

Vida. Días de mi vida, es el volumen I de su autobiografía, un testimonio ético y estético que relata su vida y “deshace la leyenda negra que lo persiguió desde muy joven”; expresión de su cronología íntima, familiar y escritural; casi un diario de creación y pérdidas, miedos e incertidumbres, amores y desesperación, un acta del despojo, calumnias e ingratitudes contra ese “diamante puro” de salud frágil y obra colosal: poemas, ensayos, reseñas críticas, cuentos, cartas, retratos, aforismos y conferencias de registros diversos y calidad sostenida.

Concebido como libro en 1928 y escrito a ratos, entre sus clases, viajes y creaciones, este tomo es una especie de collage de más de ochocientas páginas preparado por dos editoras de Pre-Textos (Valencia, España, 2014): Mercedes Juliá y María de los A. Sanz Manzano, quienes añaden un Estudio introductorio y cientos de notas documentales que completan la entrega y encausan a los lectores en el espléndido laberinto juanramoniano.

Calificado de excéntrico, intransigente, místico e intolerante por poetas y críticos que no le llegaban a los talones, el hombre “que estorbaba a los pícaros” y “no andaba con toreros ni cupletistas” deshace calumnias y reafirma su calado humano: “He sido niño, mujer y hombre; amo el orden en lo exterior y la inquietud en el espíritu; creo que hay dos cosas corrosivas: la sensualidad y la impaciencia; no fumo, no bebo vino, odio el café y los toros, la religión y el militarismo, el acordeón y la pena de muerte; sé que he venido para hacer versos; …admiro a los filósofos, a los pintores, a los músicos; y, en fin…soy poco español”.

La poesía popular española y lo universal y lo moderno integraban el “mundo interior” del exigente y tenaz J.R, autor de la conmovedora epopeya rural de Platero y yo y del desgarrado Animal de fondo. El poeta hipocondríaco de vida doble –“la de mi vida y la de mi muerte”-, fue ajeno a la vida bohemia y amigo de la “inmensa minoría”, creyó volverse loco e ingresó en un sanatorio francés; tras recuperarse vivió en la emblemática Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza hasta conocer a su amada Zenobia Camprubí, “la mujer más completa del mundo…”

Si Vida, publicada medio siglo después de su muerte, desenreda hechos y polémicas que desgarraron al escritor español del siglo XX; Por obra del instante. Entrevistas; presentado meses antes en Sevilla por la Fundación José M. Lara retrata el alma lírica y vital del máximo representante poético de la Generación del Catorce (1914); relegada por los paradigmas intelectuales del Noventa y ocho (1898) y del Veintisiete (1927). Al “rescate” se suman Momentos de amor. Cartas entre Juan R. Jiménez y Zenobia Camprubí; editada por la Residencia de estudiantes (Madrid), y la Biografía de Juan R. Jiménez, escrita por Antonio Campoamor González y publicada próximamente por la Universidad Internacional de Andalucía.

Y hablando de las reediciones de las obras de Juan Ramón Jiménez quiero recordar que, tras el golpe militar que puso fin a la República Española, el poeta se embarcó hacia Cuba en 1936 y permaneció en la isla hasta enero de 1939, dedicado a impartir cursos y conferencias y promover a jóvenes creadores. Muestra de esa entrega fue la compilación La poesía cubana de 1936, editada al año siguiente con un Prólogo suyo e Introducción del escritor y diplomático José M. Chacón y Calvo, quien acogió en Cuba a los intelectuales que huían del franquismo.

La isla de Virgilio Piñera. / Miguel Iturria Savón.

10 marzo 2014 às 20:52 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Foto del escritor Virgili Piñera.

A principios del 2012 escribí varios textos sobre el escritor cubano Virgilio Piñera Llera en ocasión de su centenario vital, aunque murió en 1979 bajo acoso estatal. No se porqué ahora la muerte de otro “poeta maldito” -Leopoldo María Panero- me recuerda al gran dramaturgo, narrador y poeta insular. El loco de la poesía española inició su travesía lírica en 1968, cuando a Virgilio le conceden, a pesar del ostracismo oficial, el Premio Casa de las Américas por Dos viejos pánicos, un drama de hondura existencial, literaria y filosófica. ¿En qué coinciden estos creadores además de la poesía?

Creo que ambos fueron precedidos por su leyenda negra y, fieles a su forma de ser y existir, antepusieron el cuerpo al alma -eran homosexuales confesos-, las palabras a los hechos y rechazaron la solemnidad y la salvación administrada. Los dos tenían la vida resumida en la mirada. Fueron mitos contundentes y proteicos, amantes de la honestidad, amigos de duelos verbales, respuestas sarcásticas y encierros voluntarios o impuestos por las circunstancias que modelaron sus respectivas trayectorias.

Como reseñé la obra lírica de Leopoldo M. Panero el día de su muerte, obsequio al lector uno de los poemas más alusivos y premonitorio de Virgilio Piñera, el dramaturgo de la estética de la negación y las paradojas absurdas. Lo escribió meses antes de morir, quizás como testimonio de evasión -la evasión como medio de resistencia-. El valor simbólico de Isla ha convertido al poema en una especie de confesión y retrato hablado. Los dejo con esa isla virgiliana de augurios, certezas y fronteras.

Isla.

Aunque estoy a punto de renacer,

no lo proclamaré a los cuatro vientos

ni me sentiré un elegido:

solo me tocó en suerte,

y lo acepto porque no está en mi mano

negarme, y sería por otra parte una descortesía

que un hombre distinguido jamás haría.

Se me ha anunciado que mañana,

a las siete y seis minutos de la tarde,

me convertiré en una isla,

isla como suelen ser las islas.

Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,

y poco a poco, igual que un andante chopiniano,

empezarán a salirme árboles en los brazos,

rosas en los ojos y arena en el pecho.

En la boca las palabras morirán

para que el viento a su deseo pueda ulular.

Después, tendido como suelen hacer las islas,

miraré fijamente al horizonte,

veré salir el sol, la luna,

y lejos ya de la inquietud,

diré muy bajito:

¿así que era verdad?

 

Panero, al fin la muerte… / Miguel Iturria Savón.

8 marzo 2014 às 0:53 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Leopoldo_María_Panero

Al fin la muerte se apiadó del poeta Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), quien falleció ayer en el Psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canarias, donde llevaba una década de penuria existencial, como si fueran poco los catorce años de “hospedaje” en el Manicomio de Mondragón, a merced de la violencia, los electroshock y el haloperidol. La locura se ensañó con el lúcido y paranoico hijo de la ira, culto y sarcástico, transgresor y prolífico.

El último Panero -hijo del Leopoldo Panero arraigado y políticamente correcto- fue un creador compulsivo “devastado tras una vida destilada entre la escritura y la desmesura”. Admiraba a Mallarmé pero clasifica en el “sumidero del poeta maldito” concebido por Baudelaire, y sumergido, como aquellos bardos simbolistas, expresionistas o dadaistas, en un “Averno lírico” signado por “la enfermedad, la ruina, la rebeldía, el dolor sin sentido y la obscenidad del mal”.

Considerado “el penúltimo poeta oficialmente maldito” y calificado por algunos críticos como “retórico y excesivo”, pues hablaba “con salvaje ingenuidad llena de citas de poemas ajenos y suyos, teorías conspirativas, críticas a España, a la OTAN, a sus editores o a sus compañeros del psiquiátrico…” El propio Panero decía en una entrevista: “Soy tan inteligente como Nieztshe… Soy anarcoindividualista, bisexual y sadomasoquista”. Y agregaba: “El loco yerra, pero no miente… Todo ingreso es un secuestro clínico, toda internación es ilegal…”

Sus fotos testimonian la devastación vital -a los 65 aparentaba 85 años-, pero no sus poemas, difundidos por editores y amigos anclados en los circuitos del mercado editorial, lo cual revela la impronta de su obra en la sensibilidad de letrados y lectores, acentuada tras la producción de dos películas acerca de la convulsa historia familiar: El desencanto, del realizador Jaime Chavarri, y Después de tantos años, de Ricardo Franco.

Su despegue en 1968 no pudo ser peor. Fue “el año de su primer libro -Por el camino de Swan-, de su primer intento de suicidio, de su ingreso en el Instituto Frenopático de Barcelona y de su paso por la cárcel de Carabanchel… por consumo de marihuana, le aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes”. Dos años después publicó Así se fundó Carnaby Street, seguido por Teoría (1973), Narciso en el acorde último de las flautas (1979), el memorable Poemas del Manicomio de Mondragón (1987), Contra España y otros poemas no de amor (1990), Locos (1992), Heroína y otros poemas (1992), Guarina de un animal que no existe (1998) y Locos del altar (2010). Esta saga lírica la amplifica con volúmenes de prosa como El lugar del hijo, Dos relatos y una perversión-, los ensayos Aviso a los civilizados y Mi cerebro es una rosa, y Prueba de vida. Autobiografía de la muerte.

Hay muchas miradas sobre la vasta obra del talentoso, desarraigado y desmesurado loco de la poesía española de la segunda mitad del XX, quien “había dejado al aire todas las esquinas de su estilo y el albañal de los temas: suicidio, necrofilia, nihilismo, blasfemias, drogas, alucinaciones monstruosas…”; aunque “desde Poemas del Manicomio de Mondragón sus versos ya no parecen avanzar, sino solo percutir obsesivamente en el mismo yunque… como una proliferación celular desordenada en la que la identidad autoral se disolvía en sus colaboraciones con otros autores”.

La muerte se lleva a Leopoldo M. Panero, el loco más prolífico, provocador e irreverente de lírica española de las últimas décadas. Ni en el Manicomio de Las Palmas saben que hacer con sus restos, pero todo indica que, vencido “el espanto de existir”, continuaremos con esa “letanía de la consumación” escrita por él en cientos de folios y reeditados en su ensimismada España, donde es un mito. Adiós poeta, al fin te adentras en el silencio y te alejas de paranoias y manicomios.

 

Próxima Página »