Evocación de Caturla. / Miguel Iturria Savón.

Entre el miércoles 3 y el domingo 7 de marzo la Asociación Hermanos Saiz realizó la XXIV edición del evento A Tempo con Caturla, que reunió a jóvenes instrumentistas en instituciones culturales de la provincia de Villa Clara, a unos 300 kilómetros de La Habana.

Participaron en el encuentro solistas y agrupaciones de música de cámara que evocaron al gran compositor Alejandro García Caturla (1906-1940), renovador del pentagrama insular y fundador de la Orquesta de cámara de Remedios (1927) y de la Orquesta sinfónica de Caibarién (1932).  

La Orquesta Solistas de La Habana inauguró la jornada en el Teatro La Caridad de Santa Clara, el miércoles 3 a las 9:00 pm; mientras el Cuarteto Chalumeau se encargó de la Descarga en el patio de la Galería de arte provincial. Actuaron además Metales Cuba, Maikel Cuartet, el trío Trovarroco, Ruy López Nussa, el Coro de Clave espirituano, Carlos Mora y bandas municipales de música como la de Remedios, cuyo Museo lleva el nombre de García Caturla.

El jueves 4 intervino en la sesión teórica la musicóloga Elizabet Hernández. El domingo en la mañana la Banda de Remedios actuó en ese municipio, junto a Chalumeau y el Coro de Clave. En la noche, a modo de despedida, hubo retretas con otras bandas en Santa Clara.

Alejandro García Caturla, natural de Remedios, donde inició sus estudios musicales con Fernando Estrems en 1914, fue pianista, violinista, cantante ocasional y director de orquestas y agrupaciones corales en la región central y en La Habana. A partir de 1924 recibió clases de canto con los italianos Tina Farinelli y Arturo Bari, y de fuga y contrapunto con el compositor y director español Pedro San Juan. Viajó a París, Barcelona y otras ciudades de Europa y los Estados Unidos, en las que interactuó con instrumentistas y directores que difundieron su obra creativa.

Caturla trasciende por su enorme legado coral y orquestal. Entre sus composiciones más conocidas tenemos Dos poemas afrocubanos, Tres danzas cubanas, Danza lucumí, Danza del tambor y Bembé. A pesar de la fuerza y el frenesí de sus ritmos no fue un músico de moda, si no un renovador ajeno a capillas privadas y comparsas estéticas.

La Jornada artística A Tempo con Caturla evoca sus contribuciones al pentagrama nacional y la inclusión de algunas de sus obras en el repertorio de orquestas y agrupaciones corales de Cuba, América y Europa.   

  

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Aniversario controversial. / Miguel Iturria Savón.

Si algún astrólogo predijera con certeza el fin de la dinastía castrista, yo creería en la Astrología. Pero el problema de los cubanos sobrepasa a quienes hacen vaticinios a partir de los astros, pues la política no es el lugar de los profetas, ocupados en cuestiones más cercanas a dioses y humanos. El caso de Cuba se extiende demasiado.

El tema viene a cuento porque en la última semana varios corresponsales acreditados en La Habana y algunos comunicadores independientes, comentaron las promesas incumplidas por Raúl Castro Ruz, designado por su hermano en julio del 2006 y ratificado como Presidente por la Asamblea Nacional el 24 de febrero del 2008.

La buena fe de los reporteros y politólogos que pensaron que el nuevo Castro ventilaría la sociedad cubana tropezó con la tozudez, las tácticas dilatorias para ganar tiempo y la concreción de acuerdos con aliados como Brasil, China, España y Venezuela, cuyos gobiernos apuestan por preservar la tiranía insular, concederles créditos y hasta serviles de interlocutores en la escena mundial.

La realidad revela que Cuba es una sociedad muerta. Raúl Castro fue el segundo hombre del régimen, llevaba 47 años como Ministro de las fuerzas armadas y Vicepresidente primero de los Consejos de Estado y de Ministro, además de ejercer como Segundo del Partido Comunista y ser el General de mayor rango. ¿Cómo esperar cambios de un personaje con tales credenciales?

Las reformas fueron cosméticas, se redujeron a la concesión de tierras improductivas, la venta de computadoras y teléfonos móviles y la concesión de permiso para que los trabajadores expresaran los problemas que afectaban su desempeño. Tras el cómputo de las dificultades, el mandatario hizo promesas pero se limitó a sustituir al sector más renovador dentro de la nomenclatura.

Dos años después de forjar expectativas predomina el silencio y la inmovilidad. Las instituciones son las mismas, crecieron el deterioro de las condiciones de vida y la represión de la sociedad civil alternativa. Desde Palacio se vende el escudo de nación asediada y se dinamitan los senderos de la posible apertura a la democracia. La resignación, el tedio y la desesperanza gravitan sobre la sociedad insular, atada aún a la economía estatal centralizada que depende ahora del presidente venezolano, socio totalitario de los Castro.

Raúl Castro no es más que un clon, el piloto automático que salva el equilibrio de la nave creada por su hermano. La contrapartida de su ineficaz gestión radica en la corrupción y en la galopante economía de subsistencia. Sería en vano esperar reformas de este personaje, cuyo segundo mandato coincide con la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo, quien sacrificó su vida mediante una huelga de hambre en protesta contra las condiciones inhumanas del encierro.

La intolerancia y la incapacidad para impulsar los cambios que necesita el país convierten al menor de los Castro en el eco de su antecesor, esa sombra que agoniza desde un sillón de ruedas, como un fantasma que propaga el sobresalto y lacera el cuerpo amorfo de la nación.

      

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Los muertos de Mazorra. / Miguel Iturria Savón.

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Circulan por Internet desde hace días algunas imágenes que ilustran las muertes de los enfermos mentales del Hospital Mazorra, principal manicomio de La Habana. El suceso ocurrió entre fines de enero y los primeros días de enero. El frío, el hambre y los maltratos ocasionaron más de treinta víctimas en solo unos días.

Yo estuve allí en septiembre del 2009; fui a visitar a al hermano de una amiga que sobrevivió al desastre. Ahora me solidarizo; entonces me horrorizó aquel hospital sin ventanas, duchas al aire libre y pacientes famélicos y mal vestidos, cual mendigos en la antesala del infierno.

A los muertos y sus familiares mi pesar. Adjunto dos imágenes; ojalá sirvan de ejemplo del desmadre de nuestro sistema sanitario.

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Aquellos rusos. / Miguel Iturria Savón.

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Culmina la Feria del libro en las librerías del interior de Cuba, pero la prensa cubana todavía exalta a Rusia y su cultura, como en los tiempos en que marchábamos abrazados con la “indestructible Unión Soviética”. Los bolos, sin embargo, ya no hablan de socialismo, no recuerdan al “gran Lenin”, ni envían barcos con alimentos, armas y petróleo a su traspatio del Caribe. Ahora retornan a través de algunas obras literarias, decenas de filmes y exposiciones sobre la Segunda Guerra Mundial y el 50 aniversario de las relaciones entre Moscú y La Habana. Del lobo un pelo.

En Cuba la gente de a pie también padece de amnesia. Ni los millares de ingenieros que estudiaron en ese país evocan los abrazos del oso siberiano. Las casas de los técnicos y asesores soviéticos y hasta las bases militares de los antiguos aliados fueron recicladas. Al cesar la tubería de recursos y los consejos para construir el comunismo, acabó la admiración por la grandeza del alma rusa.  

La melancolía anida, sin embargo, en los círculos del poder. Raúl Castro evocó días atrás sus años de aprendizaje en las academias militares de Moscú, a donde solía volver en busca de orientaciones antes de 1990. Otros generales y ministros expresan  nostalgía por las décadas de encuentros, viajes y vodkas.

Aquellos rusos no tienen mucho que ver con los funcionarios que presiden ahora la Delegación que vino a la Feria del libro de La Habana. En las fotos exhibidas por la prensa el señor Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores, sonríe al lado del general Raúl Castro y del canciller cubano, con quienes firmó documentos y habló de relaciones estratégicas. Detrás de las palabras hay un montón de diferencias. Los mandarines de la isla son hombres del pasado que coquetean, hacen negocios y piden créditos que endeudan al país.

Gracias al apoyo de aquellos rusos desmantelaron a nuestra nación. A los camaradas de Moscú les deben el poder que aún detentan a sangre y fuego. Los hijos del imperio soviético fueron el soporte técnico, militar, académico y filosófico del socialismo voluntarista e impositivo de los hermanos Castro. Hasta los manuales de instrucción para reprimir a los opositores cubanos eran elaborados en los cuarteles secretos de la Patria de Lenin. Los oficiales de las Fuerzas armadas y del Ministerio del interior son los alumnos más aventajados de la troika eslava.

Los censores que en nuestras editoriales determinan los libros que leemos en la isla son párvulos de aquellos expertos del socialismo real. La herencia cultural de los rusos todavía gravita sobre los creadores que no se ajustan a las normas excluyentes fijadas en las oficinas del Partido comunista, heredero de su homólogo soviético.

El cinismo gravita sobre el capítulo de la gratitud a la antigua Unión Soviética. Si de rusos se trata prefiero los filmes de Einsenstein, el arte de Konstantin S. Stanislavski o leer los retratos épicos de Tolstoi, la agudeza psicológica de Dostoievski, la ironía de Chejov y la crítica mordaz de la sociedad soviética recreada por Mijaíl Bulgákov en sus novelas.      

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Señales de muerte. / Miguel Iturria Savón.

 

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En Cuba, los medios masivos de comunicación omitieron la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo, uno de los 75 defensores de los derechos humanos encarcelados en la primavera del 2003. La noticia, sin embargo, circula por el mundo desde el atardecer del martes 23 de febrero, gracias a los comunicadores independientes y a las páginas del exilio que seguían su estado de salud.

Orlando Zapata Tamayo, natural de Banes, provincia de Holguín, tenía 41 años. Llevada 80 días en huelga de hambre en protesta por las golpizas de sus carceleros, quienes le ocasionaron un coágulo en el cerebro el año pasado. En estado de gravedad fue trasladado de Camagüey al Combinado del Este de La Habana, de cuya enfermería lo enviaron a morir al Hospital Amejeiras.

Días antes, medio centenar de prisioneros políticos cubanos solicitaron a Luis Ignacio Lula, presidente de Brasil, que intercediera por la vida de Zapata Tamayo con el mandatario insular, con quien se reunió durante la Cumbre del Grupo de Río, celebrada en México. Paralelamente, Ileana Ros-Lehtinen, legisladora estadounidense de origen cubano, pidió la intervención del Papa Benedicto XVI. Hasta el gobierno de España, interlocutor de los Castro en Europa, expresó su preocupación en el encuentro efectuado en Madrid con funcionarios de la isla.

El sacrificio de Zapata Tamayo es otro mensaje de muerte del régimen de los hermanos Castro, cuya intransigencia política vapulea los esfuerzos del presidente Obama por normalizar las relaciones entre Washington y La Habana y desacredita al gobierno español, empeñado en retirar la Posición Común, adoptada en 1996 por la Unión Europea ante el auge represivo de la dictadura comunista.

Las señales de violencia contra los opositores pacíficos caracterizan al gobierno de Cuba, donde existen 200 cárceles y casi cien mil prisioneros, entre los que figuran centenares de defensores de los derechos humanos. La represión sistemática es paralela al discurso del peligro externo y el comercio de consignas revolucionarias, que encubren la erosión nacional por parte de los aventureros que detentan el poder.

Aunque en enero fueron excarcelados cuatro prisioneros políticos, tres de ellos por cumplir su sentencia, las acciones represivas confirman la violencia de un gobierno que se niega a ratificar los pactos de Derechos Humanos emitidos por la Organización de Naciones Unidas. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional documentó 93 detenciones en diciembre del 2009 y 113 en enero del 2010.

La intransigencia es un mensaje de muerte y desesperanza. Orlando Zapata Tamayo es la última víctima. El gobierno opta por imponer el miedo dentro de la isla y desafiar a la comunidad internacional, pues está acostumbrado a sobrevivir desde el aislamiento y la ausencia de comunicación con el mundo. Les bastan algunos aliados y el control de los medios masivos de información.   

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Palabra viva y voces olvidadas. / Miguel Iturria Savón.

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En uno de los stands de la Feria del Libro de La Habana, que sesionó en La Cabaña entre el 11 y el 21 de febrero, encontramos el resultado de un proyecto testimonial de gran interés para la cultura cubana. Me refiero a la Colección Palabra Viva del Centro Pablo de la Torriente Brau, integrada por 21 casetes y 23 discos compactos con las voces de personalidades que prestigiaron las letras insulares.

El Centro cultural Pablo promueve desde su fundación (1996) el testimonio y la historia oral entre investigadores, periodistas, escritores y sociólogos residentes en Cuba. Con ese propósito otorga el Premio Memoria y creó el Fondo de la Palabra, que cuenta con más de cien grabaciones de poetas, narradores y artistas, algunos de otras latitudes pero vinculados a la isla.

Muy bien el rescate en cualquier soporte del legado expresivo de nuestros creadores, pero al revisar las decenas de casetes y compactos nos percatamos de omisiones lamentables. Bastaría el paneo de una cámara o el listado de los homenajeados para percatarnos de las voces olvidadas. Y no se trata solamente de quienes alzaron el vuelo en busca de mayor libertad creativa, si no de poetas, narradores, periodistas e historiadores que escriben dentro de Cuba. Citemos, por ejemplo, a Rafael Alcides o Lina de Feria.

La colección Palabra Viva del Centro Pablo fue un proyecto fraguado por uno de sus colaboradores, el periodista Orlando Castellanos (1930-1998), quien entrevistó a cientos de intelectuales y quiso conservar la memoria de nuestros creadores. Las grabaciones se iniciaron en el 2000 con los casetes donados por Castellanos y fuentes eventuales como Raúl Roa habla sobre Pablo, tomado de la banda sonora del documental Pablo (1977), y el de Emilio Roig de Leuchsenring, producido gracias al Archivo del Historiador de la Ciudad. La compilación cambió al soporte de compacto a partir de 2004, con el volumen dedicado al español Federico García Lorca.

Entre los casetes figuran, además, los consagrados a los poetas Luis Rogelio Nogueras, Fayad Jamis, Eliseo Diego, Nicolás Guillén, Roberto Fernández Retamar, Félix Pita Rodríguez, Miguel Barnet, Rafael Alberti, Carilda Oliver, Dulce María Loynaz y Pablo Armando Fernández. Las grabaciones rescatan la voz de narradores como Onelio Jorge Cardoso y Alejo Carpentier; el humorista Enrique Núñez Rodríguez y el pintor René Portocarrero, quien habla del ritmo y el color de La Habana.

Los discos compactos evocan a Federico García Lorca en las voces de creadores cubanos y extranjeros (Rafael Alberti, Ian Gibson, Benedetti, Gabriel Celaya y García Márquez), y “reviven” a personajes de las musas como José Soler Puig, Víctor Casaus, Thiago de Mello, Cintio Vitier, Julio Cortázar, César López, Guillermo Rodríguez Rivera, Tomás Gutiérrez Alea y los citados Orlando Castellanos, García Márquez, Alejo Carpentier y Rafael Alberti.

En la Feria Internacional del libro La Habana 2010 podemos adquirir dos nuevos compactos de Palabra Viva. Ambos dedicados al centenario de personalidades de varios contextos. Uno del cubanoamericano José Juan Arrom y otro sobre el poeta-pastor Miguel Hernández, quien murió en una cárcel de Alicante, España, a los 31 años. El amor y la guerra son los temas del bardo hispano, en cuya voz escuchamos ahora la Canción del esposo soldado, junto al homenaje de músicos y escritores cubanos.

Hay voces olvidadas en la Colección Palabra Viva, poetas, ensayistas, narradores, historiadores y otros artífices de la escritura que viven dentro o fuera del país, cuyo testimonio oral aportaría nuevos matices a la creación insular. No es lógico pedirle a una institución subvencionada por el Estado que asuma un reto tan grandioso, pero la censura resulta evidente, pues entre los homenajeados ninguno desliza una crítica al absurdo cotidiano de esta sociedad regida por la burocracia y el centralismo.        

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¿Avatar en La Habana? / Miguel Iturria Savón.

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El gobierno de China prohibió la exhibición de la última película de James Cameron, pues teme que las alegorías de Avatar estimule la revuelta de millones de personas contra los sucesores de Mao Tse Tung. Los mandarines de La Habana no vieron fantasmas similares en la espectacular narración del creador de Terminator y Titanic, ya la disfrutamos en la televisión y circula en copias de soporte digital, de mano en mano.

Así acabo de verla, sin lentes 3-D (tridimensionales) como en New York o Beijing, gracias a una copia pirata que circula en CD. La primera impresión es fascinante. La segunda más sosegada. Aquí va mi lectura.

Se trata de otro thrillers de ciencia ficción, una superproducción con grandes efectos especiales, sobre encuentros entre humanos y alienígenas del planeta Pandora, donde un grupo de científicos investiga a los nativos, mientras los militares de la expedición proyectan la ocupación a partir de los resultados. Una doctora (Grace), un sargento mutilado (Jack) y el coronel son los protagonistas foráneos. La hija del jefe tribal y sus parientes completan la trama. El enlace depende de una traslación virtual mediante un equipo (tipo somatón) que “produce” el avatar, ser viviente que funciona por el otro e interactúa con los nativos.

Avatar es un relato visual entretenido y agradable, con escenas bellísimas y montajes pirotécnicos que reviven algunos mitos del pasado y desvelos del presente, como el tema ecológico, las fuentes energéticas y las pesquisas espaciales. Las maquinarias terrestres contra la tribu de los Na’vi, seres azules y atléticos en armonía con la naturaleza, evoca al “buen salvaje de J.J. Rousseau” y recarga las pilas de “nuestra culpa” por el avance humano en detrimento de civilizaciones que no dieron el salto.

Pero el guión del propio James Cameron, amigo de la ambigüedad, logra una solución conciliadora. El amor entre el avatar y la chica Na’vi cambia la misión de este, quien toma partido por la tribu y enfrenta a la tropa que intenta apoderarse del alusivo planeta azul. En el último momento, el joven Jack gana el favor de Toruk (Dios del cielo) y une a otros clanes de Pandora que ayudan a la liberación.

Pese a discursos y refritos conocidos, la película derrocha creatividad y genera polémicas de interés político, religioso y social. El uso de cámaras especiales de alta definición, capaces de varias filmaciones al unísono, confiere sensación de profundidad a las imágenes y a las espectaculares acciones, generadas en ordenadores (más del 50%) lo que abarató el costo a 237 millones de dólares, recuperados en los primeros días de exhibición en las salas de Estados Unidos.

Vale la pena disfrutar de Avatar, otro regalo de la industria del cine norteamericano. No sabemos si llegará a las salas oscuras de nuestra isla, pero la nueva entrega de James Cameron ya circula en videos y computadoras. Un poco de arte nos viene muy bien en esta Pandora insular.        

 

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Libros y homenajes en la Feria de La Habana. / Miguel Iturria Savón.

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El martes 9 de febrero, el Canal Cubavisión ofreció su espacio estelar a funcionarios del Instituto del libro, quienes brindaron detalles sobre la Feria Internacional del Libro de La Habana, que sesionará del 11 al 21 en los predios de las fortalezas Morro-Cabaña y del 22 al 7 de marzo en las librerías de 15 ciudades del país.

Según Edel Morales, vicepresidente de la institución, ya se comercializan 300 títulos en 48 librerías de la capital, incluidos el céntrico Pabellón Cuba y el recinto ferial de Rancho Boyeros. El Pabellón dedica sus salas al cine y las artes plásticas de Rusia, invitada de honor, cuya presencia implica la reapertura de los lazos entretejidos entre la isla y su ex metrópoli a partir de 1960.

Los rusos dispondrán de un stand de 430 metros en La Cabaña, donde 300 editoriales mostrarán 3 500 títulos de autores clásicos y contemporáneos, algunos dedicados al idioma, las artes, historia, ciencias y la mayoría a géneros como  poesía, narrativa y literatura infantil y obras fantásticas. Entre los escritores traducidos figuran Chejov, Dostoievski, Tolstoi, Pushkin, Gogol, Bulgákov y Eugene Tushenkov.

Entre los títulos de esa nación se anuncia Yo hablo el ruso, Basilisa la hermosa, El soldado de la muerte y antologías sobre narrativa y poesía preparadas por la editorial Arte y Literatura. Rusia trae, además, exposiciones sobre el 150 aniversario de Chejov, el centenario de la muerte de A. Tolstoi, carteles de cine y actividades interactivas sobre dibujos infantiles y celebraciones históricas y políticas, como el 65 aniversario de la victoria sobre el fascismo y el 50 de la alianza de la URSS con Cuba.

Ya circula El Tintero, folleto con las ofertas editoriales, las presentaciones de obras, los encuentros, homenajes, concursos y las personalidades invitadas a la 19 edición de la Feria del libro de La Habana. Se imprimirá El Cañonazo, suplemento informativo de Cubaliteraria.com, el cual relaciona a los escritores galardonados por el sistema de premios de Cuba, incluido el Premio Alba Narrativa 2010, auspiciado por el Fondo Cultural ALBA, de Venezuela, y el Centro Dulce M. Loynaz del Instituto Cubano del Libro.

Como la feria del 2010 se dedica al narrador Reinaldo González y la historiadora María del Carmen Barcia, Premios nacionales de Literatura y Ciencias Sociales, se reeditan las principales obras de estos creadores. De Reinaldo podremos adquirir La fiesta de los tiburones, Siempre la muerte en su paso breve, Conversación en la terraza y El más humano de los hombres, sobre Félix B. Caignet. De  María del Carmen figuran Negros en La Habana colonial, La otra familia, Capas populares en Cuba y Una sociedad en crisis: La Habana del siglo XIX.

La Feria rendirá homenaje a creadores nacionales y extranjeros que arriban a su cumple siglos, como el poeta español Miguel Hernández y los cubanos Gabriel de la Concepción Valdés (Matanzas, 1810-1844), Dora Alonso, José Lezama Lima y el gran historiador Manuel Moreno Fraginals, única figura exiliada que reaparece en los excluyentes stands de La Habana. Por el bicentenario de Plácido se reedita su obra poética y una recopilación de artículos. A Lezama Lima, nacido en La Habana en diciembre de 1910, se consagrarán coloquios, folletos, dos tomos de sus obras completas  y la compilación Lezama disperso, de Ciro Bianchi.

Al centenario de Miguel Hernández (Orihuela, España, 1910-142), homenajeado en Cuba en 1943, se une la Fundación homónima que promueve su obra, auspiciadora de algunos volúmenes a presentar en la Feria de La Habana, incluidos su Poesía, con prólogo de Roberto Fernández Retamar; Sino sangriento, Crónicas de la guerra, la biografía Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte; la antología Miguel Hernández en Cuba (1937-2008), del crítico hispano Aitor Larrabide; un libro acerca de la  musicalización de poemas suyos; el disco Una canción para Miguel, resultado del Concurso convocado por el Centro “Pablo de la Torriente Brau”, y el estreno de Reino dividido, obra teatral de Amado del Pino en torno a la amistad entre Miguel y Pablo, compañeros de trinchera durante la Guerra Civil Española.

La Feria del libro de La Habana ofrecerá más de 400 títulos impresos en Cuba y cinco millones de ejemplares, muchos de los cuales proceden de Rusia, España y naciones de América Latina.        

 

 

                  

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Discursos de Saturno. / Miguel Iturria Savón.

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Si alguien quisiera entender lo sucedido en nuestra isla durante el siglo XX, le bastaría con ver Cuba la bella, documental de 43 minutos del realizador Ricardo Vega, quien hace un montaje de los momentos medulares de 1902 a 1994 a través de imágenes de archivo.

La cámara de Vega, director y productor del Cd, atraviesa la República y se detiene en la revolución de 1959. Los discursos del eufórico Fidel Castro ambientan la atmósfera del período sin interferencias de otros personajes, locutores ni textos aclaratorios. Solo los aplausos de sus seguidores y algunos testimonios y dibujos ilustran la voz del caudillo, quien habla de metas, proyectos y orienta cómo solucionar cada problema.

Una frase del presidente Tomás Estrada Palma –“Ya tenemos república, ahora hacen falta ciudadanos”- inquieta al espectador mientras escucha al delirante Fidel Castro, cuyas poses mesiánicas iluminan el futuro y desmontan la estructura república.

En Cuba la bella Castro es la voz. El país es su escenario. La incontinencia verbal del show man político no necesita comentario. Como percibe la vida desde el poder, propone, juzga y dispone en nombre del pueblo. Pero sus experimentos populistas quedan sin asidero al caer la Unión soviética; la isla queda a la deriva; el artífice de la manipulación toca fondo, más no renuncia, pide entonces “la unidad de acción”.  

Las imágenes del éxodo masivo y los testimonios de los jóvenes que parten en balsas en 1994 permiten al realizador contraponer el presente con lo dicho por Castro en New York en 1955: “Batista está resolviendo el problema del desempleo, millares de cubanos se ven forzados a abandonar su patria…”

Sorprende a los espectadores otras frases del caudillo sobre la democracia, el desarrollo de la ganadería y la agricultura, la educación, los abastecimientos y sucesos como la Crisis de los misiles (1962), la ocupación de Praga por las tropas soviéticas (1968), la fundación del periódico Granma y el terrorismo.  

Al instaurar los Comité de Defensa de la Revolución (1960) señala:

“Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria, y que todo el mundo sepa quien vive en la manzana, y qué hace…y qué relación tuvo con la tiranía, y a qué se dedica, con quien se junta, en qué actividades anda…”

La voz del gobernante renace como un bumerán desde las promesas y consignas olvidadas: “…el alto nivel material y cultural alcanzado por una economía planificada…; el abastecimiento pleno de carnes de aves (1961), de viandas (1962), de peces (1963); la garantía de que con la nacionalización no faltará ropas, zapatos, comidas y medicinas a la población; más las campañas contra el enemigo imperialista, “culpable del atraso” y de enfermedades como el dengue hemorrágico y la fiebre porcina.

En la escena del éxodo, el documental testimonia la orfandad ideológica de las multitudes que escapan del paraíso pregonado por el líder comunista, cuyo demencial protagonismo dividió a la nación, generalizó la pobreza y devoró a miles de cubanos.     

 

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Ni guapos ni cobardes. / Miguel Iturria Savón.

Un turista argentino comentó a unos bloggers en La Habana que los cubanos no luchan contra la dictadura comunista. “Ni luchan ni se unen por sus demandas, no he visto carteles, huelgas ni toques de cacerolas contra el gobierno, como sucedía en Argentina, Chile o Uruguay durante los regímenes militares”.

La percepción tiene su lógica. Los turistas que interactúan con algunos opositores descubren los problemas de la isla, olfatean la represión y la impunidad policial. Casi todos terminan preguntando ¿dónde está el valor de los cubanos?, ¿por qué no luchan por sus libertades?

En principio tienen razón, más no se percatan que el régimen socialista, a diferencia de las dictaduras tradicionales, deja al ciudadano en la total indefensión pues el grupo que se adueña del poder se apropia también de los medios de comunicación y de las fuerzas productivas, lo cual le permite controlar la economía, la cultura y la enseñanza a través de un partido que excluye al resto de las fuerzas políticas e impone su ideología desde el gobierno.

A estas características se añaden las pregonadas “conquistas sociales” (educación, salud y seguridad social), la supuesta lucha contra el imperialismo, el embargo económico y la propaganda sobre la “excepcionalidad” de la revolución cubana, píldora principal del discurso legitimador del régimen, cuyos ideólogos se apropian de los ideales más bellos para justificar la violación de las libertades fundamentales de los ciudadanos.

La pregonada “excepcionalidad” de Cuba es un mito tan engañoso como el valor de los cubanos. La historia demuestra que la represión sistemática mantiene a raya a nuestra población. Hay un terror incorporado desde la década de 1960. Los fusilamientos masivos y las condenas exageradas contra quienes se atrevieron a disentir aún paralizan a la ciudadanía. Tal vez por eso la simulación, el choteo y la tendencia a emigrar en vez de enfrentar a la dictadura, confunde a las personas de buena voluntad que se preocupan por la situación de la isla.

Los cubanos no somos guapos ni cobardes. Quienes nos comparan con los alemanes del este, los checos, los polacos y los rumanos desconocen u olvidan que esas naciones soportaron el totalitarismo comunista hasta que la Unión Soviética –que lo impuso al finalizar la Segunda Guerra Mundial- cayó en crisis a mediados de los ochenta.

El régimen insular ya no cuenta con los recursos y la asesoría de la antigua Unión Soviética, pero recibe la ayuda de otros gobiernos y mantiene intacto el control totalitario a pesar de la inoperancia de su sistema de dominación. Es lógico pensar en la unión de las fuerzas opositoras y en las manifestaciones masivas –como sucedió en Argentina o Chile-, pero eso no florece en Cuba. Aquí hay una transmutación de valores. Estamos tan saturados de consignas y  enemigos que  las personas pasan la página cuando se habla de valor y patriotismo.

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