La literatura de lo extraño. Frank Correa.
Jorge Luis Borges, el más conocido de los escritores argentinos, tuvo una vida literaria repleta de criterios ambivalentes y actitudes contradictorias.
Nació en 1899, en una Argentina abierta a la emigración europea. Fue un niño de puertas adentros, con la única compañía de libros, muchos libros.
Cuando cumplió 15 años su familia se traslada a Suiza. El padre, que padecía una ceguera crónica, (su hijo resultó más tarde víctima de ella también), quiso consultar a los mejores oftalmólogos. De tal manera Ginebra se convierte en su segunda patria.
Estudia en una escuela fundada por el reformista Juan Calvino y comienza su relación mística con la literatura. Goza de una formación cultural amplísima. Conoce múltiples idiomas que utiliza eficientemente como experimentación de los sonidos. Una fragua de estilos depurados: francés, alemán, latín, inglés y castellano.
Sus primeras influencias literarias fueron poetas tan disímiles como: Luis Ménard, Tomás De Quincey, Tomás Carlyle, Gilbert Keith, Chesterton, Stevenson, Becher y Kipling.
En 1918 Borges se declara comunista. Años más tarde apunta en su biografía: El comunismo de entonces significaba amistad entre todos los hombres, el olvido de las fronteras y ahora creo que representa el nuevo zarismo.
Sus impulsos juveniles productos del primer gran conflicto mundial lo incitan a escribir los poemas Rusia y Gesta Maximilista. Más tarde se negará a incluirlos en libros, por considerarlos mediocres, pero sobre todo porque había cambiado su actitud hacia la revolución bolchevique.
En esos años, Jorge Luis Borges pasa velozmente por escuelas y tendencias como las nubes en una ventisca. El Creacionismo, el Dadaísmo, el Ultraísmo, Vicente Huidrobo, César Vallejo, José Ingenieros, intentan fundirlo. Pero en Sevilla encuentra a Rafael Cansinos Assens, quien pronostica al Borges del futuro.
En 1921 regresa a Buenos Aires, vuelta ahora la urbe más populosa de América Latina y le produce al escritor una extraña sensación de inmensidad, con dos nuevos monstruos devoradores ciñéndola: el tango y el fútbol. Su padre le entrega 300 pesos para que publique su primer libro de poemas: Fervor de Buenos Aires.
En los años 30 siente el influjo de dos poetas: Carlos Pezoa Véliz y Evaristo Carriego. Ambos escriben sobre los hombres de abajo, peones de hacienda, estibadores de los puertos, gente fuera de la ley. Es cuando Borges comienza a citar en sus textos a las esquinas de la ciudad, a los ventajeros, hombres sin más rasgos que la seguridad letal de su brazo y una incapacidad perfecta para el miedo.
Escribe tres libros de ensayos: El tamaño de mi esperanza, El idioma argentino e Inquisiciones. Luego en su madurez literaria los autoprohibe, dando muestras inequívocas de los dos Borges que en él existían.
Existe actualmente en Argentina una multiplicación de los textos de Borges como escritor nacional, aunque en Europa no faltan intentos de universalizarlo, restándole dignidad a su ser argentino, tal vez alentados porque lo relegaron en 1931 cuando optó por el Premio Nacional de Literatura con el libro El jardín de los caminos que se bifurcan y ni siquiera recibió una mención. Fue cuando retornó a los filósofos Niesztche, Shopenhauer, Hume y sobre todo Berkeley, que lo convirtieron en un artista fragmentado, con relatos que dan la impresión de estar desprovisto de carnalidad, como si se elaboraran en un laboratorio mental.
Estas influencias fijan la idea recurrente en su obra de la teoría que los astros y los hombres describen una parábola que vuelve a pasar por los mismos puntos, la metafísica de la voluntad, la futilidad de la muerte, el eterno retorno y el tiempo circular que extrapola en el espacio una especie de laberinto.
Borges nunca tuvo hijos. Al respecto dijo: Son incómodos de pequeños. Quisiera haber tenido hijos de 20 años, que fueran mis amigos.
Casi al final de su vida se convirtió en una especie de oráculo. Acuñó muchas frases para la posteridad, pero hay una que resume su esencia con exactitud: El mundo, desgraciadamente es real. Yo, desgraciadamente soy Borges.
Aunque fue propuesto para el premio Nobel varias veces, la academia jamás lo honró con algo que realmente merecía. Murió en Ginebra en 1986, totalmente ciego. Su deseo póstumo fue que lo enterraran allí.
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Comentarios
Acabo de enterarme de que Borges fue comunista en su juventud.
Mucho tuvo que cambiar porque terminó mostrando su apoyo por las dictaduras militares de Argentina y Chile.
Concretamente, el 19 de Mayo de 1076 disfrutó de una comida con el entonces dictador argentino Jorge Rafael Videla. A la salida hizo las siguientes declaraciones a la prensa:
“Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvo al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país”
Eso salió publicado en el diario argentino La Nación al día siguiente.
La historia se puede encontrar con todo detalle en el siguiente enlace:
http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2006/09/08/sabato-el-progresismo-hipocrita/
Sin embargo, creo que le podemos perdonar esos deslices, después de que le regalase al mundo alguna de la mejor literatura del siglo XX.
Lo siento pero están cerrados los comentarios.



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