Cifras luminosas. / Miguel Iturria Savón.
El martes 20 de octubre Julio Martínez Molina, corresponsal de Juventud Rebelde, publicó una crónica que exalta al sistema de salud cubano. En la misma comparte las cifras que escuchó en el reciente Pleno del Comité Nacional de la Juventud Comunista, donde “el tema fundamental de debate fue el de la Salud”.
Como el comunicador, bajo la emoción del cónclave juvenil, solo quiso ofrecerles a los lectores los datos que revelan el altruismo estatal al asumir el costo de los servicios sanitarios, no se complicó con el origen de las cifras, el estado real de los equipos y de las entidades hospitalarias, ni con las afectaciones desatadas por la ausencia de miles de médicos y enfermeras que “cumplen misiones” en más de 30 naciones, lo cual, según las propias autoridades, ha desestructurado al sistema sanitario insular.
Al revelar las bendiciones del “excelente sistema de salud, como pocos en el planeta”, Julito Martínez nos recuerda que “Cuba invierte cada año más de 200 millones de dólares en medicamentos, y que “El presupuesto de la Salud sobrepasa en la actualidad los 4 000 millones de pesos”, lo cual favorece “la vacunación gratuita contra 14 enfermedades” y el descenso de la mortalidad infantil a 4,7 por cada mil nacidos vivos.
Como el cronista no sospecha sobre la veracidad de las cifras que alguien le dictó, nos dice cuanto le cuesta a Papá Estado cada ciudadano que acude a sus clínicas para un ultrasonido, una consulta estomatológica, un eco cardiograma, la resonancia magnética, la prótesis de cadera o el trasplante de corazón, de hígado o el de córnea. Precisa, además, el costo de un paciente ingresado y los 16 601 pesos promedio que desembolsa el Gobierno para graduar a un médico, algo menos que los 350 000 dólares amortizados por los propios estudiantes de medicina en Estados Unidos.
Gracias al espacio de su columna el periodista se reserva muchas cifras que “atestigua la grandeza de la obra, en hechos, no en palabras”, a modo de “argumento para responder a esos desagradecidos que solo saben mirar las manchas del Sol”.
Es fácil suponer cual es el Sol del articulista y no resulta difícil entender que los “desagradecidos” son los millares de pacientes que padecen y se quejan de nuestro “eficaz sistema de salud”, cuya creciente virtualidad contradice las cifras apologéticas que le dictaron a Julio Martínez en el Pleno de la Juventud Comunista ¿Será el escribano hijo del humorista de igual nombre que abandonó el paraíso sanitario?
No le deseo al colega del Diario de la Juventud Cubana que ingrese o visite a algún familiar en La Benéfica, Hija de Galicia, la Balear u otro hospital de nuestra capital. Si lo hiciera comprendería de inmediato la diferencia entre los números y la realidad.
Sus dígitos coinciden con el intento de Papá Estado por sacudirse las “gratuidades innecesarias” y con la proliferación de enfermedades de gran impacto masivo, como el dengue, la conjuntivitis, la tuberculosis, el SIDA y la pandemia del H1N1, entre otras que crecen con los vertederos colectivos y los problemas alimenticios que aquejan a los trabajadores, cuyo salario promedio oscila entre 12 y 30 dólares al mes.

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