Lección de ética. / Miguel Iturria Savón.
El narrador Ángel Santiesteban, cuyo blog fue premiado por el Concurso Una Isla Virtual como la Mejor bitácora literaria de Cuba, reabrió en diciembre pasado Los hijos que nadie quiso en Blogspot.com, luego del cierre del portal Encuentro en la Red.
Una de sus últimas entradas fue considerada la crónica más completa sobre la protesta ocurrida el pasado 22 de octubre en el Instituto Superior de Arte, ubicado en Playa, Ciudad Habana, donde los jóvenes creadores canalizaron su enfado por las malas condiciones del centro en un video colocado en Internet.
A raíz del suceso del I.S.A, Ángel Santiesteban publicó un post de gran valor ético y literario en el cual defiende el derecho al blogueo frente a los temores de nuestra censurada intelectualidad, tan recatada y simuladora.
Como el texto de Ángel ha sido ignorado por la prensa oficial, los amigos del narrador lo difunden a través de memory y otros soportes. Para contribuir con esa lección de principios comento algunas oraciones del autor.
· Mis amigos escritores me aseguran que hacer este blog es hacer política, que debo mantenerme en mi literatura…sobrevivir con el estatus de escritor. Que andar metido en Internet es una forma de irme a la manigua, evadir, ser ilegal, convertirme en cimarrón.
· Mis amigos creadores piensan que hacer público lo que piensa, es meterse en política. Aseguran que mis libros denuncian más que un partido político en la oposición…
· Mis amigos literatos me crean contradicciones: no quiero hacer política… ¿Pero cómo amordazo mi boca?… ¿Callar el grito espontáneo?…
Ángel habla de la realidad sumergida en el secreto; de los amigos letrados que reciben publicidad, reeditan sus libros, conforman jurados de concursos que jamás ganaron, aplauden cuando las cámaras del noticiero se acercan y viajan a las Ferias del libro de países distantes.
Comenta que los amigos eruditos le aconsejan callar, soportar que lo marginen por su literatura contestataria, demostrar agradecimiento, clamar perdón y facilitarles el trabajo a los funcionarios, en una especie de complicidad y cinismo que protege al escritor, como “han hecho ellos para cuidar su propia existencia”.
El cuentista que bloguea como espectador y crítico admira a sus amigos ilustrados y los acepta como son, pero aclara no poseer “la capacidad que ellos tienen de callar” ni “su resistencia de soportar el silencio”. Advierte que “A veces los envidio, porque solo yo sé las prebendas que rechazo, y a cambio todos los desprecios que recibo”.
El post colocado por Ángel Santiesteban en su blog es un testimonio de reafirmación ética ante el oportunismo de los creadores que aplauden y simulan. Gracias Ángel por sacudir las máscaras de quienes aconsejan prudencia en el baile de la cultura oficial.
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