Abrigos, colchas y chocolate. / Miguel Iturria Savón.

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Desde los últimos días de diciembre los cubanos andamos entre abrigos, colchas y chocolate caliente. Las mujeres apenas lavan. Nadie abre las duchas. Ahorramos agua y derrochamos colonia. Los adolescentes no se reúnen en los parques. Las calles están casi vacías. Es posible sentarse en los ómnibus. Los meteorólogos vuelven a ser profetas.

El cambio de hábitos se debe a las bajas temperaturas. Las oleadas de frío llegan del norte como las remesas de los familiares exiliados. Aún no cae nieve pero los termómetros no oscilan entre 21 y 33 grados sobre cero; bajan a 15, 12 y algo menos en lugares como Playa Girón (4,5 el jueves 7 de enero), Ciego de Ávila (5,2), Fallas (5,4), Caibarién (10,7) y Bainoa, donde el 18 de febrero de 1996 se registró el frío más agudo de Cuba (0,6 grados); todavía imbatible según el doctor José Rubiera, Jefe del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología.

El experto considera que los registros son normales al período invernal y que están por debajo de estadísticas anteriores, pero los cubanos tenemos la memoria frágil y estamos tan acostumbrados al calor y la humedad, que el más mínimo descenso nos pone a temblar. Asegura que en invierno las noches son más despejadas, menos nubosas y las temperaturas tienden a bajar, mientras ascienden por el día.

Advierte que lo poco común radica en que las temperaturas bajas se han extendido muchos días; ha influido la sucesión de varios frentes fríos que obedecen a bajas temperaturas registradas en el hemisferio norte, donde bajó a menos de cero en La Florida, Estados Unidos; hubo fuertes ventiscas en Europa y nevadas en un país de sur como Rumania.

El meteorólogo aclara que esto no obedece al calentamiento global del planeta, pues el cambio climático es un proceso que se da en largos períodos, un fenómeno a largo plazo, ajeno a las variaciones registradas entre un año y otro, o dentro de la misma temporada.

Coincido con el doctor Rubiera. No hay que alarmarse ni hacerle demasiado caso a los profetas del desastre, pues con el calentamiento global se registra un aumento de la temperatura del planeta, no solo con veranos más calientes, sino con inviernos menos fuertes.

Nuestro invierno es delicioso. En esta isla un canadiense o un europeo del norte se sienten ahora como en el verano de su país. Para ellos, el clima tropical es un paraíso en diciembre, enero, febrero y marzo. El turismo asciende en esos meses. Dentro de unas semanas, cuando los termómetros suban a 25 o 30 grados Celsius, evocaremos con nostalgia el frío de enero.  Entonces guardemos las colchas y los abrigos.

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Comentarios

¿Rumanía al sur? Creo que te has equivocado de país. Allí 23 bajo cero es una temperatura normal en invierno.

Gracias Corina, es un error, parece que no revisé, había leido una nota sobre el invierno allí y no revisé al generalizar, en aras de la brevedad. Saludos desde La Habana, Miguel.

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