Tornatore en La Habana. / Miguel Iturria Savón.

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Para los cinéfilos de La Habana, el 2010 comenzó con una programación motivadora, original y diversa como el mundo que refleja. Mientras las salas Payret, Yara y el multicine Infanta exhiben El premio flaco, estrenado en diciembre; el Riviera presentó del 8 al 14 de enero, un ciclo que repasa la filmografía de Giuseppe Tornatore, desde El profesor (1986) y Cinema Paradiso (1988) hasta Baaria (2009), incluidas, además, Están todos bien (1990), Pura formalidad (1994), El hombre de las estrellas (1995), La leyenda del pianista en el océano (1998), Malena (2000), La desconocida (2006) y el documental sobre Sicilia La pantalla de tres puntas.

La Sala Chaplin de la Cinemateca de Cuba trajo cintas multicontinentales, como Rómulo, mi padre, del australiano Richard Roxburghn; De fosa en fosa, filme esloveno-croata de Jan Cvitkovic; Algo parecido a la felicidad, del checo Bohdan Slama; Casi nada, del brasilero Sergio Rezende, y Machuca, de Andrés Wood, facturada por Chile, España y Reino Unido.

En ese templo del buen cine, la Sala de video Charlott desempolvó, entre el 1 y el 12 de enero, algunos filmes del mítico Joseph Losey en su centenario; y del 13 al 18 una muestra del soviético Andrei Tarkovski, de cual apreciamos La infancia de Iván, Solaris, Andrei Rublikov, El espejo y Stalker.

Pero volvamos al director y guionista Giuseppe Tornatore (Bagheria, Palermo, 1956), una de las figuras más representativas del cine italiano y europeo, cuyos filmes recrean la atmósfera de su natal Sicilia, de donde tomó personajes populares que galopan en sus obras, fieles al melodrama, el suspense, la nostalgia del pasado, la reflexión sociopolítica y un elevado histrionismo colmado por la belleza de imágenes y partituras sobrecogedoras.

En Baaria, la puerta del viento, filme epocal y autobiográfico, retoma a la fabulosa Mónica Bellucci, protagonista de Malena, donde encarnó a una muchacha bellísima de un pueblito costero de Sicilia, cuyo marido va a la guerra (años 40), mientras ella, víctima de envidias y prejuicios, deviene la obsesión erótica de los pobladores, quienes convierten los paseos de la joven en espectáculo local. Baaria es un relato épico de tres generaciones, desde la década de 1930 a la actualidad.

La memorable Cinema Paradiso, galardonada con el Oscar y el Premio especial del Festival de Cannes, es un tributo al viejo cine pueblerino que aún conmueve a los espectadores, capaces de soportar dos horas de nostalgia y situaciones tragicómicas –a lo Fellini-, gracias al pulso narrativo y un guión que sugiere diversas lecturas.

El hombre de las estrellas también mezcla la ambientación aldeana con los sueños del cine; mientras El profesor retoma el tema de la mafia, tratado en El camorrista, exhibida anteriormente en La Habana.      

La leyenda del pianista en el océano y La desconocida impactaron al público habanero. La primera cuenta la historia de un niño abandonado en un buque trasatlántico, donde se convierte en un notable intérprete musical. La gran actuación del actor británico Tim Roth, el virtuosismo fotográfico del húngaro Lajos Koltai y la música de Ennio Morricone dimensionan el drama.

En La desconocida Tornatore analiza el tema de la prostitución entre las jóvenes emigradas de Europa del Este. Este drama obtuvo cinco premios David de Donatello y el favor de la crítica internacional.

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