¿Buscar un abogado? / Miguel Iturria Savón.

La semana pasada una caricatura del diario Juventud Rebelde desató reuniones de análisis en los bufetes colectivos de Ciudad Habana, convocados por la directiva provincial para analizar la parodia gráfica de un tipo vestido de torero que buscaba a un abogado.

Las reuniones son tan absurdas como la sátira a estos operadores del derecho, quienes pagan la inconformidad de los clientes que contratan los servicios ofrecidos por la red de bufetes municipales, sin pensar que el abogado interactúa con instituciones burocráticas estatales que demoran los trámites y determinan las decisiones.

Más que torear al abogado hay que banderillear a la desidia del sistema jurídico cubano, tan dependiente del gobierno como las empresas, las escuelas y los hospitales de la isla, donde todo gira en torno al grupo de ancianos que norman la vida desde el poder.

Ante un pleito penal el abogado de bufete es el operador jurídico más interesado en el cumplimiento de los deberes y derechos procesales del acusado. Es el único que rinde cuenta al cliente por los trámites realizados, pero el hecho de influir y dar la cara no determina la celeridad en los fallos; los jueces y fiscales son más decisivos.

El abogado asesora a empresas, tramita divorcios, declaraciones de herederos, litigios administrativos, laborales y jurídicos. Es el letrado más integral y, paradójicamente, el único que no decide nada. Puede actuar con la mayor diligencia posible, más no es corresponsable de la determinación tomada por las entidades estatales, cuya dinámica está marcada por órdenes y decisiones del nivel superior y por órganos menos visibles como el Partido único y la Seguridad del Estado.

A veces se es injusto con los abogados. Casi nadie recuerda que para ejercer la abogacía en Cuba hay que pertenecer a la Organización Nacional de Bufetes Colectivos, que es autofinanciada y en teoría constituye un Organismo No Gubernamental, más rinde cuentas al Ministerio de Justicia y funciona como una entidad más del enorme aparato estatal.

El abogado tiene que ajustarse a lineamientos estatales y a las normas del bufete, que le exige permanencia y soluciones. Su salario depende de los asuntos terminados, pero el pago recibido es inferior a lo abonado por el cliente que lo contrató en el bufete colectivo, el cual no le garantiza almuerzo ni transporte para sus gestiones en las unidades de instrucción policial, cárceles, fiscalías, tribunales, direcciones de vivienda o notarías. A esas dificultades se une la lucha contra las detenciones arbitrarias de muchos policías y la complicidad de jueces y fiscales, quienes se limitan a sugerirles a los familiares de los acusados que se busquen un abogado.

Tal vez un usuario toree a un abogado de bufete, pero a nadie se le ocurre torear al juez que dicta sentencia seis meses después de celebrado el juicio, al un notario que emite una declaratoria de herederos con casi un año de retraso, al fiscal que demora semanas una solicitud de cambio de medidas o al funcionario de vivienda que dictamina cuando se acuerda.

La voz populi comenta que los abogados engañan a la población, piden dinero y a veces estafan, lo cual no abarca a la mayoría pero muestra los hilos de la corrupción que salpica por igual a notarios, jueces y fiscales, quienes sobreviven de la “búsqueda colateral”. Más que caricaturizar este problema valdría la pena que la prensa oficial lo abordaría de frente sin omitir las culpas del sistema que lo genera.

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Comentarios

Comparto plenamente, lo que Ud. expone en ¿Buscar un, Abogado?,lo sé por la experiencia personal de tener un familiar procesado, y logica y necesariamente, llevamos al abogado a la Fiscalia, a la cárcel, al Tribunal, y despues de cansarse de traginar, por la miseria de 40ps.que le correspondian del contrato con el Bufete, SÍ, lo invitabamos a comer.Que hay de inmoral o que viole normas éticas?? Una tirania corrompida carece de moral alguna, no para sancionar, ni siquiera para criticar, estas acciones de los familiares, que puedan hacerlo.Vi en el Bufete, cuando visitamos al Abogado infelices,llevandole un paquetico de la cosa esa que llaman café, porque era lo único que tenian, a costa de no tomarlo en una semana, y vimos con sano orgullo, ser rechazado por el Abogado con delicadeza, allí no está la corrupción, la real corrupción está en los jueces y fiscales que actuan violando todos los principios de justicia a los supuestamente que solo deben obediencia absoluta.Tirania, tribunales, fiscalia y todos los que la conforman e integran, absolutamente TODOS sin excepcion alguna,dan asco, y algun dia se arrepentiran de todo el mal que han hecho y causado.No habrá venganza, pero si VERDADERA JUSTICIA. Ramón Perea.

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