Alineados frente a La gran pantalla. / Miguel Iturria Savón.

29 marzo 2011 às 22:28 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

En estos días de marzo y hasta el 9 de abril, quienes se adentran en los oscuros salones de la Galería Habana, situada en Línea entre G y F, Vedado, son sorprendidos por la instalación de un objeto metálico multiplicado en idénticas proporciones y color, que contrasta con la ausencia de luz y nos deja en la incertidumbre. La exposición se titula El gran picnic y fue montada por Los carpinteros, integrado por los creadores Dagoberto Rodríguez y Marcos Castillo.

Unas cuadras más abajo, en Villa Manuela –H entre 17 y 19-, otra exposición nos invita a pensar en el sentido crítico del arte, capaz de percibir las fisuras de los medios de comunicación. La gran pantalla, de Inés Garrido Ramos, se adentra con sarcasmo lúdico en esa zona de la tecnología contemporánea e invita a interactuar a los espectadores, obligados a ver y reflexionar sobre el rejuego mediático derivado del uso de soportes como la televisión, interesados en controlar al rebaño social.

La instalación que sirve de título es un video interactivo de dimensión variable que nos acompaña al recorrer los salones restantes. Las demás instalaciones completan el filtraje de luz que dinamitan “ese gran teatro de operaciones que nos engaña” y engancha a la visión ofrecida sobre sucesos tamizados por el intento de control.

En Comentario (óleo-lienzo), Cuento contado (óleo-lienzo-fotografía), Patrón de prueba (metal y soldadura) y Déjame contarte (óleo-lienzo-madera-sonido), la artista selecciona fragmentos pictóricos que parecen fotogramas –o foto dramas- de la realidad brindada o montada por los medios, algunos con textos que acentúan el rejuego desmitificador.

Las 20 imágenes subtitulas de Déjame contarte, el discurso visual repetitivo de los 12 “fotogramas” de Cuento contado, las tres siluetas de Comentario y el video proyección de La gran pantalla (con la efigie del locutor principal del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana), nos invita a mirar con cautela y pensar en la posible construcción virtual ofrecida por los medios de comunicación.

Cito los títulos de las inquietantes obras de Inés Garrido para favorecer su búsqueda, estimular su visualización en Villa Manuela o entrar en contacto con la creadora, nacida en Holguín en 1966, quien estudió de 1981 a 1985 en la Escuela Nacional de Arte de La Habana y se graduó en 1990 en el Instituto Superior de Arte (ISA). Inés combina el pincel con la docencia, desde 1993 es profesora de pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes (San Alejandro).

Algunas de sus obras “reposan” en museos y galerías de Cuba y los Estados Unidos. Entre sus muestras personales figuran Para Cal-mar mi Mar-tirio (Casa de Venezuela en Tenerife, España, 1999), On Line (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana, 2002), Zapping (C.D.A.V, 2007) y Giroscopio (Bienal de La Habana del 2009). Piezas suyas integraron exposiciones colectivas dentro y fuera de la isla, como La mirada ausente (C.D.A.V, 2002), A tender (Bienal de La Habana, 2006), Glocalizados (Tunja, Colombia, 2008) y CODEMA (Bienal de La Habana, 2009).

Amolar el machetín. / Miguel Iturria Savón.

28 marzo 2011 às 23:38 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (1)

Días atrás, al conocer a Girón, un negro alto y fibroso de más de ochenta años, creí estar ante uno de los personajes de Pedro Juan Gutiérrez. Mientras lo escuchaba en presencia de un amigo común, recordé a Cholo Bandera, el viejo ex boxeador de uno de los cuentos de Trilogía sucia de La Habana. Ambos son huéspedes insólitos de la marginalidad.

Casi sin cejas, medio encorvado de hombros y siempre en guardia, Girón es un personaje respetado en Centro Habana, donde reside en un cuarto medio desvencijado que compró al llegar de Holguín, sin pensar en los complejos mecanismos establecidos por los funcionarios de la Dirección municipal de vivienda, quienes tocaron a su puerta en nombre de la ley, palabra extraña para un ex boxeador que tiene su propio código de vida y sobrevive del juego de dominó, cartas, gallos u otro entretenimiento que le aporte unos pesos.

Como Girón apenas ha visto un documento en su larga existencia, tiró al rincón el papel en que lo citaban a la Dirección de vivienda y olvidó el asunto. Al marcharse el empleado, echó en su jaba los objetos de cada día: el juego de cartas, la cajita con las fichas de dominó, la botella de ron, el jarro de aluminio y el machetín para que nadie lo sorprenda en su deambular por bares y solares del Casco histórico, el Cerro o Centro Habana, donde es venerado por prostitutas, bandidos, policías y jugadores.

Meses después, dada su situación de ilegal en el cuarto adquirido, y ante los infructuosos requerimientos de la Dirección de vivienda de Centro Habana, Girón fue declarado por una resolución de esta como ocupante ilegal, a lo cual no le hizo caso y dejó transcurrir el término de 30 días hábiles para establecer el recurso de apelación ante la Dirección provincial de vivienda de la capital.

“¿Para qué legalizar el cuarto si yo apenas duermo?, dormiré cuando muera”, le dijo al vecino que le informó sobre el empleado que trajo la orden de emplazamiento para que abandonara el inmueble, con la aclaración de que si incumplía, sería desalojado de forma forzosa con el apoyo de la policía, según consta en el artículo 115 de la Ley general de la vivienda.

Ante la inminencia del desalojo, Girón se acordó de un abogado holguinero que trabaja en un bufete capitalino. El letrado le explicó que desde el punto de vista legal no había nada que hacer por haber transcurrido el plazo de apelación. Le aseguró que en casos como el suyo, hay personas que “se ponen duras y no salen de la habitación; a veces los dejan en paz y con el tiempo hasta los legalizan…”

Girón reflexionó hasta que el abogado volvió a preguntarle: “¿qué vas a hacer?”

-“Por el momento, voy a ir amolando el machetín”.

Ante una respuesta tan sui géneris, resulta fácil imaginar lo sucedido. Girón sigue en su cuarto de Centro Habana.

Foto de :Nicolas V. Hemelryck

El sensato, guía. El tirano, somete. / Miguel Iturria Savón.

27 marzo 2011 às 0:21 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

La semana pasada el Dalai Lama (Tenzin Gyatso), pidió al Parlamento tibetano el inicio de una reforma democrática que le permita desligarse del poder político y garantizar a su muerte las instituciones en el exilio.

Al conmemorar el 52 aniversario de la insurrección contra China, el líder espiritual y político del Tíbet expresó que “el gobierno de una sola persona es anacrónico e indeseable”, lo cual acredita su vocación democrática pese a encabezar un sistema aún teocrático con sede en Dharamsala, India, desde 1959.

Evoco la declaración del patriarca budista no sólo por su prestigio internacional y sus esfuerzos para solucionar pacíficamente la situación de su país, si no porque su enfoque difiere de gobernantes que en nombre de la libertad le niegan a su pueblo los derechos propios de los sistemas democráticos. Pienso en el coronel libio Muamar el Gadafi, en el trono desde 1969, y  en el comandante Fidel Castro, auto titulado máximo líder de Cuba desde enero de 1959.

Los nombres de Gadafi y de Castro resuenan en la prensa internacional. El primero por enfrentar con tanques, aviones y mercenarios a los libios sublevados contra sus desmanes. El segundo porque apoya al primero, a pesar de estar semi retirado desde mediados del 2006, cuando traspasó sus cargos al hermano menor, quien lo consulta como al dios tutelar de la tiranía cubana.

Desde la sombra Fidel Castro actúa como una figura mediática que se inmiscuye en casi todo a través de las “reflexiones” que le escriben sus amanuenses. A diferencia del Dalai Lama, distinguido con el premio Nobel de la Paz en 1989, Castro habla de la guerra, profetiza catástrofes mundiales, aconseja a sus aliados militares y, cuando se acuerda de Cuba, propone parches para taponar los descosidos del régimen edificado a su imagen y semejanza.

Las “reflexiones” de nuestro caudillo difieren en extremo de los postulados del líder del Tíbet. En sus entregas a la prensa oficial F.C reitera la mística del disparate y glosa la metafísica de la destrucción. Es capaz de defender a ultranza a los déspotas que pierden legitimidad al reprimir a su pueblo; a veces denigra al presidente de los Estados Unidos o al Parlamento Europeo, mientras apuesta por Hugo Chávez, los mandarines chinos, los ayatola de Irán o los terroristas de Hamas y Hezbolá.

El Dalai Lama platica sobre la paz y el respeto a la diversidad étnica, política y religiosa. En su libro El universo en un solo átomo vuelca su sabiduría e inquietudes científicas, mientras reflexiona acerca de la conveniencia de abrir la mente y el corazón de las personas a las conexiones entre ciencia y fe, más unidas de lo que imaginamos, a pesar de las distorsiones políticas y filosóficas.

Al contraponer la declaración del guía tibetano a la insensatez del dictador cubano debo anotar, finalmente, cómo la dialéctica de la opresión les juega una mala pasada a los jefecillos revolucionarios que se aferran al poder. Enmascaran su diatriba populista con consignas obsesivas sobre el progreso, pero terminan como los antiguos tribunos de la plebe en Roma –con más riquezas que los patricios-, o como los comunes del parlamento inglés que maldecían a los lores.

Nada, que los Castro, como los Gadafi y otras vedetes revolucionarias son más reaccionarios que los reyes medievales y los zares,  “ajusticiados” por los bolcheviques que diseñaron el paraíso socialista,  vulnerado a la vez por sus propios constructores.

¿Okupas en Cuba?. / Miguel Iturria Savón.

24 marzo 2011 às 21:41 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Cuando Edgar F. G. llegó de la zona oriental a La Habana no imaginó que, una vez establecido y con empleo, tendría que activar la imaginación y asumir desafíos que lo implicarían en litigios legales. Tomó en serio sus deberes como funcionario de la Dirección Municipal de Vivienda del Cotorro, pero el puestecito casi lo lleva a la cárcel.

En un juicio reciente, Edgar asistió como acusado por abuso de autoridad, aunque su defensora demostró que él no perjudicó a la victima ni perseguía beneficios personales al desalojarla del inmueble, al que entró indebidamente en unión de su hijo pequeño y de su anciana madre.

Como en Cuba el fondo habitacional depende del despojo de quienes levantan velas por concepto de “salida definitiva del país”, a Edgar, en su condición de funcionario de la citada D.M.V, le encargaron la custodia de una “casa abandonada”, es decir, impedir que alguien rompiera el sello oficial y la ocupara antes de ser reasignada a otra familia.

En el juicio se supo que el celoso guardián llegó al extremo de dormir en el inmueble para que ningún astuto le diera la mala. No imaginó que una mujer sin techo aprovecharía un desliz suyo para colarse con el hijo y la madre. Al enterarse, Edgar la visitó y le exigió que abandonara la casa.

Pero la dama no entró en razones, alegando que no tenía lugar de retorno. Edgar lo comunicó a sus superiores, quienes lo inculparon a él. Visitó por segunda vez a los ocupantes y le dijeron lo mismo. Fue entonces a la estación de la policía, donde le advirtieron que era “un problema de vivienda”.

Ante la encrucijada, E.F.G adoptó una solución insólita: entró por una de las ventanas de la vivienda invadida en compañía de su mascota, un perro pastor belga. Coaccionadas por la fiera y su guardián, las mujeres y el niño salieron echando.

Tan peculiar solución tuvo sus pros y sus contras. La casa quedó libre, al funcionario lo acusaron por presunto abuso de autoridad y a la mujer le abrieron un expediente como caso social, siendo enviada a un albergue colectivo, en espera de que algún día le hagan un trasplante de casa, que ocupará si antes otra familia no le usurpa el lugar.

Para Edgar, la historia también terminó de manera feliz: fue absuelto del delito de abuso de poder y reubicado como custodio en la Dirección Municipal de Vivienda, donde le esperan otros desafíos nocturnos.

Voces 6. / Miguel Iturria Savón.

20 marzo 2011 às 18:28 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (1)

Desde el viernes 26 de febrero circula el sexto número de la revista digital Voces, colgada en www.vocescuba.com y en vocesvocesvoces@gmail.com, presentada en la sede de la Academia Blogger de Cuba, donde se entregaron ejemplares impresos a los asistentes.

Con portada alegórica al martirio –escultura fúnebre del Cementerio Colón- y dossier dedicado a Orlando Zapata Tamayo, inmolado el 23 de febrero del 2010, Voces desanda medio año de travesura editorial con la misma libertad de expresión, diseño, diversidad temática y profesionalidad.

Comparten espacio voces exiliadas e inxiliadas, apacibles pero no indolentes ante el terreno minado de la política insular, matizado por supuestos cambios, rejuegos mediáticos desde el poder e involución socioeconómica, aspectos iluminados por los autores que colaboran en sus 64 páginas, balanceadas entre la poesía, la narrativa, ensayos breves, testimonios y la entrevista de Regina Coyula al cineasta Miguel Coyula, realizador de obras experimentales como Red Cockroaches y Memorias del desarrollo.

Abre el telón Hacer nada, de Miriam Celaya, quien coteja los levantamientos contra las tiranías del norte de África y el golfo Pérsico con “la quietud de las masas” en Cuba, donde convergen miradas, preguntas, propuestas de cyber-rebelión desde el exilio y esperanzas que colindan con la necesidad de cambios, pero obvian la historia y la situación del país, marcado por la “escualidez de las redes sociales”, “la proverbial incapacidad de los criollos para discrepar sin ofendernos” y otros factores que “desbalancea la ecuación”.

En la misma línea sociopolítica confluye Disidencia y verdades de Perogrullo, del periodista exiliado Michel Suárez, que expone cómo se “exige cuentas a las víctimas por el aislamiento provocado por los victimarios”, sin reparar en el acoso, la subsistencia y el cerco gubernamental del castrismo, cuyas “mejores armas de destrucción masiva son la prisión y el exilio”.

El tema palpita en Un pueblo en potencia, de Gerardo Muñoz, y La transferencia dinástica, de Rafael León Rodríguez. El primero retoma la posible huella del suceso egipcio como tendencia y “homólogo de la catástrofe”, en tanto “revolución que se divisa como promesa”. El segundo parte del Proyecto de Lineamientos al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, “carta tardía de añoradas intenciones”, que pretende “controlar, remilitarizar la dirección del Estado, ganar tiempo y crear las condiciones para la transferencia del poder”

La poesía, el testimonio, la narrativa y las reseñas críticas están bien servidos en Voces 6. Ileana Álvarez con Noches blancas del emigrante, los 6 poemas de Zurelys López y los fragmentarios versos de Lía Villares, autora de Medio minuto de silencio occidental, encarnan la polisemia de registros femeninos que agitan los cánones escriturales desde la sensibilidad de cada una.

Rivalizan por su belleza y concisión dos relatos testimoniales conmovedores por el desenfado expresivo y la honestidad de sus creadores. En Moriré en París con aguacero la escritora rusa cubana Verónica Pérez Konina convierte su ciclo vital y familiar en objeto de la escritura. El literato avileño Francis Sánchez hurga en la censura en Con permiso del enterrador de la comarca, donde reflexiona en torno a “la economía de la culpa”, la “cosecha del castigo” y el daño auto infligido a autores que, como él, fue obligado a “negociar” la exclusión de “Perro” y “La pesca” a cambio de la edición de su poemario Epitafios de nadie.

La narrativa brilla con las colaboraciones del casi olvidado Octavio Armand, quien ofrece Horizonte de juguete, y Ena Lucia Portela, autora de la hilarante Envuelta en llamas. Antonio José Ponte regala un fragmento del ensayo Villa Marista en plata, evocador de la “guerrita de los email” protagonizada por los intelectuales que olfatearon el retorno de los censores a principios del 2007.

Dos reseñas literarias y cuatro valoraciones sobre la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo completan el índice de Voces 6. Los comentarios críticos son La esperanza del todavía, de Yoani Sánchez, que glosa El chavismo como problema, del ensayista venezolano Teodoro Petkoff, analista de los orígenes y los factores de entronización y permanencia del presidente Hugo Chávez. Mientras Jorge Enrique Lage entrega Diez momento V, acerca de la novela inicial del narrador norteamericano Thomas Pynchon, quien “ha levantado, libro tras libro, una muralla a su alrededor”.

En el dossier-homenaje a O.Z.T participan Dagoberto Valdés (Ofrenda de redención), Miguel Iturria (El cuerpo como resistencia e insubordinación), Luis Felipe Rojas (La metáfora del cuerpo como resistencia) y Orlando L. Pardo Lazo (El otro Orlando).

“Cotejo de tiranos”. / Miguel Iturria Savón.

4 marzo 2011 às 0:59 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (1)

“¿Qué pasa con Cuba, cuándo se sublevarán?”, me pregunta una amiga de España que sigue con pasión los sucesos que sacuden a los regímenes antidemocráticos del norte de África. Le respondo que en nuestra isla pueden ocurrir estallidos, pero que el gobierno conserva la gobernabilidad pues aún la oposición es débil y la mayoría de la población dormita bajo el miedo, el adoctrinamiento y la indiferencia.

Según la amiga, millares de personas en el mundo “esperan el despertar de los cubanos”. Le advierto cuan riesgoso es vaticinar sublevaciones desde contextos diferentes, más insiste en posibles comparaciones y me pide “el cotejo de tiranos”. Me limito a “cotejar” al autócrata libanés con su homólogo caribeño.

Es cierto, en menos de dos meses las revueltas pasaron de Túnez a Yemén, a Egipto y el Líbano. Algunos déspotas cogieron el avión. Está por ver qué hará el coronel libanés Muamar Gadafi, en el poder desde 1969, quien culpó a las cadenas de televisión extranjeras que “trabajan para el diablo”, como si él fuera Dios.  “Yo no me voy en esta situación. Moriré como un mártir”.

Como el caudillo libanés no quiere seguir los pasos de Ben Alí y Mubarak, ordenó disuadir a los manifestantes con helicópteros y cazabombarderos, mientras contrataba a mercenarios y denigraba a “los perros que reparten droga, dinero y distorsionan la realidad”.

“No soy presidente, soy líder de la revolución” advertía el Gadafi, como si tal liderazgo lo convirtiera en monarca vitalicio y lo inmunizara contra los cambios exigidos por las multitudes que reclaman derechos y libertades en la antigua Fenicia.

El coronel Gadafi, como el comandante Castro en Cuba, justifica su permanencia en el poder culpando al imperialismo de todos los problemas de su país. Ambos se aliaron a la antigua Unión Soviética y sobrevivieron a su debacle. Llegan al extremo de designar a sus herederos: Fidel Castro nombró a su hermano Raúl a mediados del 2006; en tanto Gadafi escogió a su hijo Saif el Islam, quien ahora trata de calmar a los opositores.

Gadafi es tan excéntrico como su homólogo tropical, pero es pragmático y posee petróleo. El primero llegó al trono en 1959, fusiló a millares de personas, desestructuró la economía y la sociedad cubana, armó guerrillas en Latinoamérica e intervino en los conflictos militares de África. El segundo quiso convertirse en el látigo de Europa y los Estados Unidos, apertrechó a los movimientos guerrilleros que izaron el Corán contra Occidente y promovió el terrorismo antes que Ben Laden.

El déspota libanés dinamitó discotecas en Berlín y derribó aviones en pleno vuelo. El sátrapa cubano cometió desmanes similares, apuesta por los regímenes totalitarios y promueve el éxodo masivo de la población. Ambos penalizan la discrepancia política y violan los derechos humanos de sus pueblos.

El levantamiento popular en Libia pretende sacudir al estado medieval restituido por Gadafi en 1969. Los opositores quieren fundar un estado moderno y democrático que promueva las libertades y derechos ciudadanos. Hasta ahora, Gadafi prefiere “quemar la tierra antes que ceder”. El forcejeo a muerte se libra en varias ciudades del país.

En Cuba, los Castro conservan la gobernabilidad, más el polvorín puede estallar en cualquier momento pues aumenta el desempleo, ascienden los precios de los productos básicos, son reprimidas las expresiones de libertad y se generaliza la desesperanza nacional. La mayoría dormita en la sobrevida y la indolencia, pero en esta isla el carrusel de la historia siempre fue empujado por una minoría audaz e ilustrada; esa minoría existe. Ojalá aproveche el momento.

Provincia Artemisa. / Miguel Iturria Savón.

1 marzo 2011 às 19:33 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Si la división política administrativa de 1977 aumentó de 6 a 14 las provincias de Cuba, el reacomodo burocrático del 2011 las eleva a 15, pues reduce a la capital–partida entonces en dos- al entorno citadino y distribuye los 19 municipios de La Habana entre Artemisa y Mayabeque.

Como en reajustes semejantes las razones de estado se imponen al desarraigo de millares de habaneros y pinareños, suponemos que crecen las oficinas, las tensiones y expectativas mientras se configuran los límites regionales. Cambian los gentilicios pero no los municipios.

Como ya expusimos la configuración de Mayabeque, integrada por 11 municipios de La Habana, con San José de las Lajas como cabecera; nos referiremos a Artemisa, cuyo rango provincial se debe al corta y pega de tres municipalidades de Pinar del Rio (Bahía Honda, Candelaria y San Cristóbal), mas las ocho restantes de la extinguida Habana: Alquízar, Bauta, Caimito, Guanajay, Güira de Melena, Mariel, San Antonio de los Baños y la propia Artemisa, que fue pinareña hasta 1976 al igual que Guanajay y Mariel.

La nueva Artemisa, mayor municipio en extensión y población de la vieja estructura, deviene la decimotercera provincia del país por su tamaño (4,004.27 km cuadrados), la oncena en población (502,392 habitantes) y la tercera en densidad poblacional, antecedida por la capital y Santiago de Cuba. Limita al sur con el golfo de Batabanó, al este con Ciudad Habana y Mayabeque, al oeste con Pinar del Río y al norte con el estrecho de La Florida y el golfo de México.

De sus actuales territorio los más antiguos son Alquízar (1616) y Guanajay (1650), seguidos por San Cristóbal (1743), Bauta (1750), Mariel (1768), San Antonio de los Baños (1775), Güira de Melena y Bahía Honda (1799). Artemisa, fundada en 1810, floreció con el desarrollo del café y la industria azucarera regional. La comarca fue escenario de luchas contra el colonialismo y las dictaduras de Machado, Batista y los hermanos Castro.

Desde el punto de vista geográfico predominan la llanura carcásica meridional, la llanura aluvial en el extremo occidental, dada la presencia de varios ríos, la Sierra del Rosario y los suelos rojos, así como accidentes naturales (cuevas, sumideros, lagunas, costas y tres bahías de bolsa). Entre la bahía del Mariel y la ensenada de Majana encontramos el punto mas estrecho de la isla (31 km).

Por sus reservas boscosas, bahías, ríos, embalses y potencial agrícola, ganadero y fabril, la nueva estructura provincial genera expectativas de desarrollo que dependerán de inversiones, iniciativas y libertades imprescindibles para modernizar la industria (cemento, termoeléctrica, textilera, implementos agrícolas), conservar las redes de carreteras y ferrocarriles y promover las atracciones turísticas (parque natural Soroa, las Terrazas, hotel Moka).

La cultura del territorio evoca nombres ilustres, como el novelista Cirilo Villaverde (1912-1894), los compositores María Teresa Vera (1895-1965) y Luis Marquetti (1901-1992), el trompetista Arturo Sandoval, el tresero Pancho Amat, los cantantes Polo Montañés (1955-2002) y Alex Puente; el historiador Manuel Isidro Méndez (1882-192), el geógrafo Antonio Núñez Jiménez y el caricaturista Eduardo Abela (1889-1965). La décima de los repentistas campesinos, el humorismo gráfico y otras expresiones del arte y la literatura anidan en la región, en convivencia con centros de enseñanza militar, pedagógicos, deportivos y científicos.

Si todo territorio es una identidad en marcha con elementos urbanos, geográficos y económicos que lo caracterizan y diferencian de los restantes, está por ver si convergen entre si los municipios de La Habana y Pinar del Rio sumados a Artemisa. Los cambios que necesita la nación pueden dinamitar, reducir o potenciar las intenciones politico-administrativas diseñadas por la actual burocracia militar.