El chico Suchel. / Miguel Iturria Savón.

30 mayo 2011 às 21:18 por Ancla insular | Postado em: General
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Le dicen Suchel pero nada en él recuerda al actor Orlando Fundicheli, quien interpretó al joven bonitillo, perfumado y carismático en el serial televisivo Su propia guerra, en una de cuyas escenas es captado en la cárcel por el Tabo (Alberto Pujol) y convertido en delator al servicio de la policía, que luego lo incluye en su nómina de uniformados.

Este Suchel tiene 48 años, es alto, negro y reservado. Nadie se cuida de él pues no es chivatón, no persigue a los socios de Lawton, ni trabaja en la fábrica de perfumes del Cerro, sede de los ninjas de La Habana que roban jabones, desodorantes, colonias, cremas y champuses que venden por debajo del precio oficial en el mercado alternativo.

A Joaquín López, alias Suchel, el Suchel legítimo de la guaracha de la orquesta Dan Den; le gusta el perfume pero su profesión es la música, aunque se recicló hacia el comercio libre de gorras cubanas y souvenirs de clubes de fútbol como el Inter de Milán, el Milán FC –propiedad de S. Berlusconi-, Real Madrid, Barça, Bayer de Múnich, Manchester United, Liverpool y otros con fans en la isla, a quienes les ofrece camisetas, medias, chores y hasta afiches.

Suchel se inició en el trombón con el maestro Juan Pablo Torres, cuya banda ensayaba cerca de su casa en la Avenida Porvenir. A duras penas logró que el padre le gestionara el ingreso en un conservatorio de la ciudad. El talento, la tenacidad y el estímulo le abrieron las puertas de agrupaciones profesionales. Actuó, grabó y alternó en escenarios de la isla con bandas populares como Dan Den, Monumental, Original de Manzanillo y Revé.

Tras una gira a Puerto Rico en 1993, donde sufrió un accidente automovilístico que le costó la vida a su amiga borinqueña, fue inhabilitado por orden ministerial para continuar en la música. A J. L., el Suchel del estribillo musical, lo acusaron de intentar quedarse en otra orilla del paraíso.

Con la exclusión de la música y la crisis del sector por otras crisis, el trombonista negro  inició su propia guerra hacia la sobrevida, la del día a día para llevar un plato de comida a la mesa y ayudar a la familia. El fútbol, su otra pasión, vino en auxilio del hombre que bajó del escenario.

El Suchel de la música no sabe hasta cuando tendrá que regatear con los clientes y con los suministradores de souvenirs deportivos. Tal vez el otro Suchel de La Habana (Fundicheli) tampoco sepa cuando dejará de actuar en las telenovelas mexicanas y retornará a la isla, sin chivatería ni uniformes, por supuesto.

Torbellino de colores. / Miguel Iturria Savón.

27 mayo 2011 às 12:09 por Ancla insular | Postado em: General
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Según Dannys Montes de Oca Moreda, curadora de Torbellino II, exhibida del 9 de mayo al 9 de junio en la Galería Habana, “está en orden aquel objeto al cual no hay que contar antes una historia”, máxima desmentida por los creadores jóvenes que continúan en la capital el Torbellino del otoño pasado en el Centro cultural Antonio M. Claret, de Santiago de Cuba, donde la lógica promocional mostró a un grupo de emergentes que miran la naturaleza y la realidad desde las expresiones del arte.

Torbellino II trae diversos “juegos intelectuales, transitivos e intercambiables, representativos de una u otra orientación”, a modo de “espacios de fricción de un artista con otro, una obra con otra y de las posibilidades de interacción” entre artífices, aunque la producción de cada uno posee sus propias pautas y una poética individual que se integra al conjunto y “abraza un tipo de sensibilidad epocal y maneras diferentes de construirse sus imaginarios”.

El torbellino de la Galería Habana deviene pretexto que “alza en medio del caos, la posibilidad de un orden posterior”, a modo de “partículas dispersas, revueltas, que luego se asientan en una nueva y diferente estructuración”. Incluye a noveles, a treintañeros conocidos en provincias y otros de temporalidad intermedia, cuya diversidad metodológica niega las “lógicas sectarias” entre la pintura, el video, las nuevas tecnologías y lo post conceptual, indicador de un reclamo de promoción y asociación.

Todo cabe en esta cartografía o imaginario visual, menos la posibilidad de clasificar. Son obras que reúnen intensidad y despliegue técnico de escenas artísticas originales, sentido poético, filosófico y humano, marcadas por las dinámicas sociales de la creación, ajenas a posiciones extremas en torno a la “autonomía de lo estético” o la “repotilización del arte”.

Como “solo el arte puede aceptar sin reparos el desorden”, convergen en Torbellino II artistas contrapuestos como Pavel Acosta (Camagüey, 1975); Yunior Acosta (Villa Clara, 1978); Nadal Antelmo (Cárdenas, 1968); Kevin Beovides (La Habana, 1978); Carlos Caballero (Camagüey, 1978); Alejandro Campins (Manzanillo, 1981); Susana P. Dalahanate (La Habana, 1984); Lisandra I. García (La Habana, 1989); Marianela Orozco (Sancti Spíritus, 1973); Levi Orta (La Habana, 1978); Michel Pérez Pollo (Manzanillo, 1981), Adislen Reyes y Harold Vázquez, ambos nacidos en 1984 en La Habana.

Pavel Acosta expone fotos de las series Talento robado y Espacios robados, en las cuales condensa una noción del tiempo y la historia que parecen trasladarse al cine o el video, lo que altera o trastoca la identidad apresada. Se vale además de la fotografía Harold Vázquez, quien estructura procedimientos analíticos y deconstructivos mediante  la imagen como documento recreado con slogans en la serie X-Places y Jeló mai frén, impresas en digital. La impresión fotográfica ligada al acrílico gravita en las entregas de Lisandra I. García, amiga del retrato como pretexto de reflexión artística en Siete días, donde se infiere mesura y equilibrio.

Yunior Acosta resalta la preocupación por lo ecológico como elemento esencial de la subsistencia humana. Su mirada cáustica sobre nuestra condición natural anida en Buena suerte (yeso, pata de conejo y plumas de aves), Buscando alturas (taxidermia y huesos de aves) y la xilografía Caballo retozando en la pradera.

El video y lo audiovisual configuran las propuestas de Susana P. Dalahanate, capaz de filosofar sobre los rituales de la vida, apreciable en el metafórico Sin título (28 minutos), donde alguien retira tierra de una cama con una pala. Chela, de Lisandra García; Autogestión y días libres, de Levi Orta con la española Nuria Güell; más el memorable Sueño dirigido, de Marianela Orozco, quien incursiona en lo cotidiano desde el video. La Orozco sorprende con Asentamiento, de impresión digital y factura poética.

Nadal Antelmo y Kevin Beovides parten de las nuevas tecnologías. El primero con Redes (2007-2010). Word in progres, instalación fotográfica para espacio físico y para la web. El segundo expone Greca, narrativa digital o cyber-literatura; paisaje Zen y Deadh, las tres del 2008.

Las inquietudes filosóficas y el placer estético gravitan en las ofertas de Carlos Caballero, artífice de los lienzos Al otro lado de la pradera y Sin título (Ray); Alejandro Campins, autor de El hijo, Keep out y Monte Suo Chang (óleo-lienzo del 2010 y 2011); Michel Pérez Pollo, cuya mirada paródica y animista figura en La orilla de la playa y Modelo para la orilla de la playa. En tanto Adislen Reyes ofrece escenas sobre la infancia como límite entre lo cándido y lo retorcido, dada en la serie Ligas, confeccionada con acrílico, tempera y collage en cartulina.

Entre absurdos y desalojo./ Miguel Iturria Savón

25 mayo 2011 às 18:10 por Ancla insular | Postado em: General
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Sólo a veces, cuando un rayo de lucidez penetra en sus neuronas, Francisca Herrera Cuéllar, de 95 años, reconoce a su nieta Cruz Maritza León Pérez, quien enfrentó en su nombre una orden de desalojo y un juicio oral en el Tribunal Municipal del municipio Plaza, por intentar protegerla del derrumbe inminente del pequeño apartamento familiar, en los altos de Línea 1060 entre 12 y 14, Vedado, de donde la trasladó a las habitaciones desocupadas por el oficial Francisco Martínez Blanes, beneficiado por el Ministerio del Interior con una casa nueva en Ayestarán entre Capdevila y Concepción.

Antes de trasladarse a un espacio en mejor estado, Cruz Maritza León Pérez, de 50 años, residía en dos piezas con barbacoa en unión de su abuela, la madre de 72 años, un tío de 68 y la hija de 21. El inmueble data de 1920 y fue declarado inhabitable a mediados de los años ochenta por la Dirección Municipal de Vivienda, cuya comisión de albergues no dispone de medios para acoger a los inquilinos de la antigua residencia, una entre las tantas del Vedado que debe ser demolida, previo abandono de cada familia, obligadas a apuntalar su área mientras esperan el derrumbe o el traslado a otra casa, pues en Cuba el gobierno controla las viviendas y prohíbe su compra-venta.

La historia del acoso institucional contra Cruz Maritza y los suyos pasa por reclamaciones previas ante la Dirección de Vivienda y la comisión de albergues del municipio Plaza; continúa con el emplazamiento legal de Francisco Martínez Blanes, quien meses después de su partida acusa a la anciana Francisca Herrera Cuéllar de usurpación del inmueble desocupado; le sigue con el peloteo de los funcionarios locales, porque el edificio pertenece a la llamada “zona congelada” del Ministerio del Interior; se enreda con el hermetismo de ese ministerio; se dilata con la citación para juicios pospuestos y con el intento de detención y la orden de desalojo, que el policía consideró improcedente.

Francisca Herrera Cuéllar, de 95 años

El desafío habitacional entre la nieta de la anciana apopléjica  y los guardianes del espacio que quedó vacío, tuvo su final en el juicio realizado el 18 de mayo. Cruz Maritza León fue con los documentos que demostraban el estado de necesidad de sus parientes, el certificado médico de la abuela vegetativa, el dictamen técnico del inmueble y las solicitudes realizadas ante la coyuntura de mover a los suyos a dos habitaciones menos deplorables. Felizmente, el tribunal dictaminó que no hubo delito en este caso.

Si las autoridades que no respondieron a sus reclamos ni revelaron interés en el apartamento vacío ordenaran el retorno al lugar de origen por “ejercicio arbitrario del derecho”, la alternativa sería esperar la muerte bajo derrumbe; episodio lamentable, pero frecuente en la realidad insular.

Conducta impropia. / Miguel Iturria Savón.

17 mayo 2011 às 23:22 por Ancla insular | Postado em: General
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Hay quienes piensan que la historia solo se escribe desde el poder, mediante manuales escolares, testimonios, biografías, medios de comunicación y otros soportes de dominación que certifican la versión de los vencedores. La historia de Cuba del siglo XX confirma la regla, pero en forcejeo con la historia de los protagonistas que saltan los bordes del ángulo sociopolítico.

En esa historia paralela se inscribe el documental Conducta impropia, de la Colección de cine cubano Dador, concebido a mediados de los ochenta para Antena 2 de Francia por Margaret Menegoz y Barbet Schroedr bajo la dirección de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, con guión de Michel Dumoulin, montaje de Michel Pion Mon y Alain Tortevoix, Dominique Merlin tras las cámaras y Nicole Flipo en la producción.

Conducta impropia, basado en entrevistas a exiliados cubanos en ciudades de Europa y América, ofrece otra mirada del país en contrapunteo con la historia oficial, recreada a través de testimonios, imágenes de desfiles y declaraciones de Fidel Castro en torno a sucesos desatados por el grupo que se adueño del poder en la isla e impuso el terror. La obra conserva frescura y actualidad aunque narra hechos de 1959 a 1980.

El título retoma la expresión usada por los oficiales para justificar las redadas masivas de los años sesenta y setenta contra hippies, homosexuales e “inadaptados al proceso revolucionario”, víctimas de delaciones y escarnio público en los barrios y centros estudiantiles y de trabajo, quienes fueron enviados a las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), versión tropical de los campos de exterminio creados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Devenido clásico de nuestra cinematografía, Conducta impropia es un documental de lujo por la excelencia fotográfica, el montaje de imágenes, el paneo de los rostros, la interacción entre preguntas y respuestas, el desenfado de los entrevistados y  autenticidad sin didactismo de sus testimonios; en contraste con lo expresado por F. Castro, quien enmascara la intolerancia y la represión con razones de estado.

Predominan los testimonios de artistas, escritores y ex funcionarios sumergidos en la atmósfera de una época desde la historia individual de cada uno. Desfilan en pantalla personalidades como Carlos Franqui, fundador de Radio Rebelde y ex director del periódico Revolución; Guillermo Cabrera Infante, creador del semanario cultural Lunes de Revolución; el poeta Heberto Padilla, el narrador Reinaldo Arenas Fuentes, el teatrista René Ariza, el ex prisionero político Armando Valladares e intelectuales como Lorenzo Monreal, Jorge Lazo, José Mario, Rafael De Palet, Héctor Aldao, Mireya Robles, Juan Abreu, Elaine del Castillo, Susan Sontag, Ana María Simo y Martha Frayle, entre otros que probaron ese fragmento de horror nacional no agotado aún.

Conducta impropia evoca la “Noche de las tres P” (recogida de putas, proxenetas y “pájaros”), las humillaciones colectivas y familiares desencadenadas con los procesos de depuraciones políticas y morales realizadas en la Universidad de La Habana y otros centros de enseñanza del país, previos listados y asambleas de insultos que llevaron a miles de inocentes al presidio. Detalles sobre interrogatorios, sospechas absurdas, las recogidas de hippies, homosexuales, putas, vagos y testigos de Jehová; los lugares de reclusión urbana; los ómnibus tapiados hacia los campos de Camagüey, con cercas de púas electrificadas y las jornadas agrícolas, maltratos, hambre y suicidios.

Casi nada escapa a la mirada de los protagonistas del infierno terrenal. Uno muestra los dibujos de las barracas, las celdas de castigo y las alambradas. Otro evoca el slogan del campamento: “El trabajo os hará hombres” (Lenin), parecido a “El trabajo os hará libres” (Hitler), escrito a la entrada de Auschwitz.

El filme revela el círculo vicioso de perseguidores y perseguidos e indaga el por qué de tanta paranoia, en especial la preocupación de Raúl Castro y Ramiro Valdés acerca del problema gay; recuerda al respecto el viaje de Raúl a Bulgaria y la entrevista de Ramiro con el alcalde de Shanghái (China), quien le contó como los mataron a palos en una fiesta tradicional y los tiraron al río a modo de escarmiento.

Desde las imágenes y testimonios de Conducta impropia retorna la nueva prostitución con el Estado como proxeneta, el turismo al servicio del poder, el engranaje de control a nivel de barrios y el éxodo masivo del Mariel a la Florida (22 de abril al 16 de septiembre de 1980), verdadero plebiscito contra el despotismo gubernamental.

Al visionar otra vez ese fragmento audiovisual sobre la Cuba soterrada por la represión, la censura y la indolencia colectiva, vale preguntarnos ¿qué hacíamos mientras pasaban esas cosas? o, ¿qué hacemos ahora con las variantes del horror? El por qué es imprescindible para recuperar la memoria, sanar las heridas y rediseñar la nueva nación.

Granma, Napoleón y los insurrectos. / Miguel Iturria Savón.

16 mayo 2011 às 0:34 por Ancla insular | Postado em: General
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El martes 9 de mayo, al escuchar por el Noticiero nacional de la televisión la lectura de la Nota oficial del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, recordé el viejo chiste sobre Napoleón, el Granma y la batalla de Waterloo: “Si Napoleón hubiera tenido un periódico como el Granma aún nadie supiera su derrota en Waterloo”.

El elogio tiene una versión hispano-criolla: “Si la monarquía española hubiera contado con los reporteros de Granma aún el mundo desconocería que perdieron en 1898 las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas”.

La evocación del chiste sobre la habitual desinformación del papelucho partidario  viene a cuento pues en la Nota citada, tan grave como la voz engolada del locutor, el diario encubre a los policías que provocaron la muerte del opositor pacífico Juan Wilfredo Soto García, quien recibió una paliza el jueves cinco de mayo en el Parque Vidal de Santa Clara, de donde fue conducido a la estación policial y de esta al Hospital provincial, en el cual murió tres días después.

La versión libre y tendenciosa del Granma no se limita a enmascarar la muerte del ex prisionero político e integrante de la Coalición Central Opositora; como si fuera poco, habla de supuestos antecedentes delictivos del finado y achaca la defunción a sus problemas de salud, que realmente los tenía pero se agravaron con las caricias de los uniformados.

La Nota de Granma no hubiera sido escrita si el suceso no tuviera trascendencia dentro y fuera de la isla. La noche anterior, el reportero español Mauricio Vicent publicó en El País (España): “Muere un disidente cubano tras recibir una paliza de la policía”. El articulista hispano cita el twitter de Yoani Sánchez, quien advirtió que “este hecho de violencia policial no es un caso aislado”

La red de bloggers y comunicadores independientes como Guillermo Fariñas, Martha Beatriz Roque y otros, conocíamos la agonía de Soto García, cuyo delito consistió en negarse a abandonar el parque de su ciudad, situada a 280 km de La Habana.

El hábito hace al monje. Granma distorsiona lo sucedido en vez de denunciarlo y exigir responsabilidad penal a los responsables del deceso de un ciudadano enfermo y pateado en la vía pública. En febrero y marzo del 2010, Granma y el Noticiero nacional de la Televisión cubana denigraron a Orlando Zapata Tamayo, muerto en la cárcel tras una prolongada huelga de hambre para exigir el cese de las golpizas en prisión. Calumniaron también al periodista Guillermo Fariñas Hernández al declararse en huelga de hambre en demanda de la excarcelación de los prisioneros políticos enfermos.

Los reporteros de Granma, como Napoleón, que enviaba informes ficticios a Paris desde los campos de batalla, y como el Gobierno colonial en Cuba, que embellecía los informes a Madrid y calificaba a los independentistas como “pillos, manigüeros y asaltadores de caminos”, se enreda en la mentira en vez de ajustarse a la verdad.

Hampa y mafia en el séptimo arte. / Miguel Iturria Savón.

7 mayo 2011 às 10:33 por Ancla insular | Postado em: General
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Para compensar la triada de desfiles, congresos y discursos políticos del mes de abril los habaneros dispondrán de una programación sui géneris en el cine La Rampa del Vedado, que inauguró el ciclo Gánsters, Mafia y Crimen organizado, del primero al 31 de mayo, con 31 reposiciones de clásicos del género de los Estados Unidos, Francia, Italia y Japón.

El denominado cine negro, surgido en los albores del séptimo arte, revela la traumática inserción de millares de inmigrantes europeos, asiáticos y latinoamericanos en la sociedad estadounidense, donde la búsqueda del sueño americano estuvo salpicada por la violencia, la extorsión y el desafío de las leyes, lo cual implicó la creación de pandillas que se disputaron el control de la prostitución, los juegos ilícitos y las bebidas alcohólicas durante la Ley seca, además de influir en barrios citadinos y en sectores vinculados al comercio y la banca.

Retornan desde el celuloide historias reales y ficticias de héroes y antihéroes, psicópatas y policías, capos italianos y bandidos autóctonos, interpretados por actores míticos. La noche y los bares clandestinos, almacenes encubiertos, joyerías y bancos asediados, pistoleros que salen de prisión y vuelven a delinquir; ascenso y caída de grandes mafiosos y planes macabros de bravucones armados, algunos de la Yakusa nipona o la “cosa nostra” de Nápoles, Sicilia o Francia.

De Francia escogieron Rififi entre los hombres, del director Jules Dassin, interpretado por Jean Servais, Carl Mohner y Robert Manul; El clan de los sicilianos, de Henri Verneul con actuaciones de Alain Delon y Jean Gabin. En tanto el célebre Jean Paul Bermondo encarna en Ho, de Robert Enrico, a un expiloto y asaltador.

El crimen organizado en Italia es evocado por El día de la lechuza, de Damiano Damiani, con la estelar Claudia Cardinale y Franco Nero en los roles principales; Romance criminal, de Michele Plácido, con Kim Rossi Stuart, Anna Mouglalis y Pierfrancesco Favino; mas el clásico Lucky Luciano, del reputado Francesco Rossi y actuaciones de Gian María Volonte y Rod Steiger.

De la peculiar filmografía japonesa La Rampa exhibe Sonatine, del actor y director  Takeshi Kitano, con Aya Kokumai y Tetsu Matanabe; Ghost Dog el camino del samurái, de Jin Jarmusch, con Forest Whitaker y John Tormey; más Gonin, de Takashi Ishi y actuaciones del citado Takeshi Kitano y Koichi Sato.

Predomina la prolífica filmografía de Hollywood, avalada por la maestría de directores y actores que impusieron estilos y propagaron la temática criminal, actualizada en las últimas décadas por los narcotraficantes. Entre los realizadores yanquis figuran Stanley Kubrick con Casta de malditos; Quentin Tarantino con Perros de la calle y Tiempos violentos; Sam Méndez en Camino a la perdición; Forajidos de Robert Siodmak; El clan de los irlandeses, de Phil Joanou; Traffic, de Steven Soderberg; Nido de ratas, de Elia Kazán; Dillinger, de John Milius, y El honor de los Prizzi, de John Huston con Jack Nicholson y Kathleen Turner, roles recién recreados por Brad Pitt y Angelina Jolie en Sr y Sra. Smith.

Los cinéfilos redescubrirán en dichos filmes a actores como Sterling Haydin, Harvey Keitel y Tim Roth; John Travolta, Tom Hanks y Paul Newman; Burt Lancaster y Eva Garner; Sean Penn y Ed. Harris; Michael Douglas y B. del Toro; Marlon Brando y Eva M. Saint; así como Warren Oates y Ben Johnson; más interpretaciones memorables de Rod Steiger en Al Capone, dirigida por Richard Wilson; Gene Hackmand en El último golpe, de David Mamet; Bette Davis y Humphrey Bogart en Mujer marcada, de Lloyd Bacón.

Completan la cartelera de mayo en La Rampa las películas A quemarropa (de John Boorman con Lee Marvin), Muerte entre las flores (Joel Cohen con Gabriel Byrne), dos obras de Martin Scorsese: Pandillas en New York (Leonardo Di Caprio y Cameron Díaz) y Casino (Robert de Niro y Sharon Stone); Cotton Club, de Francis Ford Coppola, de quien se excluye El Padrino, y El sindicato del crimen, de Burt Balaban y Stuart Rosenberg y protagónicos de Stuart Whitman y May Britt.

Una biblioteca digital. / Miguel Iturria Savón.

4 mayo 2011 às 19:53 por Ancla insular | Postado em: General
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El joven emigrante Sergio de los Reyes (La Habana en 1978), residente en Toronto, Canadá, donde alterna el trabajo y su pasión por la bibliografía, acaba de lanzar un SOS a los paisanos de la isla y el exilio con acceso a Internet, a quienes solicita ayuda para su proyecto personal sobre una Biblioteca digital especializada en literatura cubana.

Señala al respecto que “El objetivo es que todos colaboremos de una manera u otra y logremos crear una biblioteca medianamente decente donde se pueda acceder a nuestra literatura de un modo gratuito. Todos los libros son de dominio público…”

Con ese propósito nos envía un link (http://bibliotecacubana.net) y 8 folios con los autores y libros disponibles, en espera de propuestas y comentarios, sin los cuales no será posible concluir un empeño personal, abarcador, interesante y hasta necesario, pues indaga en una de las manifestaciones más auténticas y fascinantes del imaginario  nacional.

En las páginas enviadas Sergio de los Reyes clasifica la nueva Biblioteca digital en Poesía (9 autores y 16 obras), Teatro (3 y 6), Epistolario (4 y 7), Biografía y autobiografías (3 y 5), Novela (8 y 19), Filosofía (4 y 15), Ensayo y periodismo (8 y 15), Sociología (3 y 9), Historia (9 y 17), Ciencias naturales (1 y 8), Cuento y costumbrismo (3 y 4), Bibliografía (2 y 6), Diccionarios (1 y 2), Geografía (1 y 3) y Revistas literarias (solo El Almendares, del poeta fusilado Juan Clemente Zenea y Estrada).

En sólo unos meses el esfuerzo del joven bibliófilo es considerable, más 60 autores y 113 obras digitalizadas es como una gota en el océano bibliográfico de Cuba, donde después de la música brillan las letras, pero es un buen comienzo. Tal vez con perseverancia y colaboración logre su propósito.

La clasificación demuestra que Sergio sabe lo que hace, mas la amplitud temática y atemporal, la complejidad de las búsquedas dentro y fuera de la isla y la dificultad de acceder a los fondos editoriales e institucionales, exigen un trabajo que pasa por coordinaciones en La Habana, México, Miami, Madrid, New York, Londres, París y otras ciudades que acogieron a autores que crearon en el destierro, como José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí y los numerosos literatos de la diáspora (segunda mitad del siglo XX al presente), entre ellos Gastón Baquero, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, José Triana, Lichi Diego, Raúl Rivero y decenas más.

Sugiero paciencia y contactos, buscar por géneros y etapas, fusionar Novela con Cuento y Costumbrismo (Narrativa), separar ensayo y periodismo, excluir Historia, Ciencias naturales y otras disciplinas de soporte impreso –como casi todas-, pero alejadas de las expresiones literarias. La historia lo obligaría al rastreo casi infinito para obtener y digitalizar los libros de Jacobo de la Pezuela, Ramón de la Sagra, Miró y Argenter, Ramiro Guerra, Moreno Fraginals o Levi Marrero, más los diarios y testimonios de nuestras contiendas bélicas (Figueredo, Céspedes, Máximo Goméz, Torriente Brau, Carlos Franqui o Huber Matos).

Supongo que Sergio, lector voraz, disponga de obras referenciales como el Diccionario de la Literatura Cubana (dos tomos) y la reciente Historia de la Literatura Cubana (3 tomos), ambas del Instituto de Literatura y Lingüística, así como los principales catálogos, las biobibliografías de grandes autores y los índices de revistas, editoriales e instituciones de Cuba y de cubanos fuera de la isla, entre estas los libros publicados por la generación del Mariel y por el Centro de Estudios Cubano-Americano de la Universidad Internacional de La Florida. El contacto es imprescindible pues esas entidades ya digitalizan su patrimonio bibliográfico, especialmente las editoriales.

El esfuerzo por colgar en Internet, al margen del Estado o de instituciones, una Biblioteca Cubana de Literatura, incrementa su valía por la connotación ciudadana y por el rescate de tantos valores espirituales diversos y dispersos. Las propuestas ayudan a sacudir hojarascas, discernir, cotejar y mostrar una de las zonas de mayor creatividad de los hijos de la mayor isla del Caribe.