Doce no, diecisiete./Miguel Iturria Savón.

22 agosto 2011 às 16:17 por Ancla insular | Postado em: General
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Desde la excarcelación de los últimos prisioneros políticos de la oleada represiva conocida como Primavera Negra del 2003, los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba se aferran al mítico número doce al referirse a quienes rechazaron el destierro y quedaron en la isla, lo cual es una verdad a medias. Permanecían 52 de aquellos 75 condenados en base a la Ley Mordaza cuando el régimen decidió abrir las rejas para blanquear su imagen exterior tras la muerte del huelguista Orlando Zapata Tamayo y el deterioro físico de otro huelguista –el periodista independiente Guillermo Fariñas Hernández-, íconos de resistencia cívica. De los 53 que salieron anteriormente, casi todos bajo el eufemismo de licencia extrapenal, quedaron en la isla del 2004 al 2006 los periodistas independientes Jorge Olivera Castillo y Oscar Espinosa Chepe, la asambleísta Martha B. Roque Cabello, el político liberal Héctor Palacios Ruiz y Marcelo López Bañobre. Entre quienes marcharon de la cárcel al exilio en ese período figuran los poetas Raúl Rivero y Manuel Vázquez Portal. En el 2010 hubo 12 que dijeron no al destierro, 12 de 52 prisioneros que esperaron en prisión pese a la presión del régimen, las gestiones mediadoras del Arzobispado de La Habana y las facilidades ofrecidas por el gobierno español, devenido en mampara de los Castro ante la Comunidad Europea. Entre los doce que apostaron por vivir en su país en vez de buscar la libertad bajo otra bandera figuran Feliz Navarro, Iván Hernández Carrillo, Arnaldo Ramos Lauzurique, Oscar Elías Bicet, Eduardo Díaz Freitas, Librado Linares, José D. Ferrer García, Guido Sigler Amaya, cuyo hermano recibe tratamiento en los Estados Unidos; Diosdado González Marrero, Pedro Arguelles Morán, Héctor Maceda Gutiérrez y Ángel Moya Acosta. La admiración desatada por estos doce héroes de la resistencia cívica es continuidad de la posición asumida por los cinco ex prisioneros liberados por razones de salud entre el 2004 y el 2006. Todos permanecen en la isla bajo control de la policía política. Todos merecen respeto y cariño como el resto de los 58 que marcharon al extranjero por decisión propia, presión familiar o imposición estatal. En la cábala y en la mitología histórica el 12 es un número mítico. Doce fueron las tribus originarias de Israel, la Tierra Prometida de la antigüedad. Doce apóstoles acompañaron a Jesucristo en la última cena. Doce independentistas quedaron con vida junto al Padre de la Patria –Carlos Manuel de Céspedes- tras el ataque al poblado de Yara, el 10 de octubre de 1868. Y doce expedicionarios se reunieron con Fidel Castro en un caserío de la Sierra Maestra después del fallido desembarco del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956. Muy bien el 12, pero por favor, no más manipulación. No son 12, si no 17, los prisioneros excarcelados de aquella Primavera Negra que permanecen en Cuba. Existen, además, otros luchadores en las cárceles –y en las calles- que cumplen o cumplieron condenas por exigir las libertades secuestradas por los “libertadores de la Patria”.

Hotel Puntarena. / Miguel Iturria Savón.

21 agosto 2011 às 15:40 por Ancla insular | Postado em: General
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El Hotel Puntarena, situado al lado de la Dársena de Varadero, entre la Avenida Kawama y Final, sorprende en verano a los turistas europeos que buscan las arenas blancas del gran balneario de Cuba, trasmutadas por arenillas grises de mayor grosor, en sintonía con  el predominio numérico de los cubanos y con la excelencia de los servicios ofrecida por los empleados, quienes no piden pero esperan pues con “todo incluido” no entran en contacto con la divisa salvo alguna propina personal.

Ubicado en la primera línea de playa, entre palmeras y cocoteros, cerca de la entrada de Varadero, de cuyo aeropuerto internacional dista 25 kilómetros, el Puntarena dispone de 225 habitaciones, 150 de ellas consideradas estándar, 108 comunicadas entre sí, 101 dobles y cuatro suites; todas con aire acondicionado, baño, balcón, teléfono, televisión por satélite, caja fuerte, mini-refrigerador y secador de cabello; en armonía con la decoración general basada en cristales, plantas ornamentales y muebles, mas la red de servicios previstos en el contrato firmado en hoteles o agencias de La Habana y otras ciudades, o en las representaciones de Cubatur en el extranjero.

Los servicios parecen de primera calidad pues el hotel, cuatro estrellas en espera de reparación, conserva toda su infraestructura en funcionamiento, lo cual beneficia a muchos, aunque se nota la involución física en áreas exteriores. A los extranjeros –cuatro chinos, seis españoles, tres italianos, dos mexicanos y algún alemán- les advierten las insuficiencias en La Habana. Si se quejan es del bullicio de los huéspedes nativos, quienes tiran los desperdicios en la arena a pesar de los cestos de basura, además de “comer como alemanes” y gozar del mar, los bares y la piscina hasta el último minuto.

El hotel posee los restaurantes el “Dragón de Oro”, especializado en comida  internacional, y “La Costa”, caracterizado por la culinaria italiana, previa reservación en base a disponibilidades; más el Buffet “Horizontes” para desayuno, almuerzo y cena; los bares “El Ranchón”, “La Cascada” –24 horas-, “Náutico” y “Arcoíris”; la discoteca “La Salsa” y el snack bar “Take Away”.

Los espacios gastronómicos convergen con la piscina para niños y adultos, las actividades de animación, la sala de juegos, guardería infantil, billar, ping pong, aqua bike, catamarán, snorking, kayak, windsurfing, motocicletas y áreas de voleibol, competencias, club house, show, desfile de modas, gimnasio, sauna, minigolf, sombrillas de playa, casa de cambio y parqueo, no todos funcionando.

Entre los servicios adicionales encontramos la tienda de regalos, telefonía, internet, la atención médica, masajes y peluquería, la renta de autos, el bus para recorrer Varadero y el buró de turismo que ofrece  paquete de bodas, check in privado, cocktail de bienvenida, suite o habitación con vista al mar, bebidas y cena romántica en el Restaurante internacional.

El Puntarena no resalta por su arquitectura –fines de 1980 o principios del noventa-, ni por la arena blanca que atrae a los turistas europeos, sino por su ubicación frente a la Dársena de Varadero, ese canal de antaño que apenas tiene embarcaciones.

Oh, Pablo. / Miguel Iturria Savón.

19 agosto 2011 às 15:39 por Ancla insular | Postado em: General
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El concierto de Pablo Milanés, anunciado para el 27 de agosto en American Airlines Arena de Miami, desata opiniones contrapuestas en la capital del exilio cubano, donde los promotores de Fuego Entertainment colocaron vallas lumínicas, pancartas en las paradas de los autobuses y anuncios televisivos, lo cual pasa inadvertido para algunos pero irrita a centenares de críticos que califican al autor de “Yolanda”, “Para vivir” y “El breve espacio en que no estás” en “emisario del gobierno de Castro disfrazado de músico”.

En el extremo contrario está el empresario Hugo Cancio, organizador de los supuestos intercambios culturales entre artistas de Cuba y los Estados Unidos, quien afirma que “Pablo Milanés es sin dudas un ícono musical seguido por millones de admiradores alrededor del mundo. Estamos tremendamente entusiasmados y orgullosos de tener la oportunidad de producir su primera gira en Estados Unidos en casi una década.”

Como si fuera poco, Hugo Cancio anuncia por Internet que la presentación en Miami del cantautor cubano “es un evento histórico, único, icónico, una prueba contundente de que nuestra ciudad ha cambiado, que hemos madurado, que somos más tolerantes, sabios, que estamos más unidos, que una nueva generación florece, brota, se esparce…”

Al margen de las exageraciones del presidente de Fuego Entertainment y de las razones de los exiliados que ven en Pablo Milanés al vocero musical de la dictadura cubana, vale aclarar que el dilema es resultado del tradicional posicionamiento ideológico impuesto en la isla hace medio siglo.

Es cierto que Pablo Milanés, como Silvio Rodríguez, fue un cantor comprometida con la revolución y el socialismo. Al fundar el Movimiento de la Nueva Trova a fines de los sesenta ambos pregonaron las quimeras oficiales y recibieron muchísimo apoyo en sus “misiones” dentro y fuera de la isla. Silvio sigue sujeto a los círculos del poder, pero Pablo lleva dos décadas de distanciamiento; en su caso, calificarlo de “oficialista”  equivale a desconocer sus críticas al régimen y su honestidad personal.

Pensemos, además, en el derecho de los empresarios del arte a contratar a las figuras que se ajusten a sus espectáculos, y en el derecho de los artistas a actuar donde deseen. No hay que ponerse en guardia porque Pablo Milanés cante en Miami o Puerto Rico. Pablo, como Silvio, Chucho Valdés o Juan Formell son también hijos del mercado, gracias al mercado internacional del disco tienen dinero y libertad para viajar; si fuera por los comisarios del régimen sobrevivirían ataditos a nuestras obsoletas empresas musicales.

Nada nuevo ofrecen estos intérpretes porque el tema y las variables de la “Nueva Trova” es historia antigua, como la “magia revolucionaria” que los contagió en el pasado. En el caso de Pablo, estamos ante un artista que cruza el umbral del pasado y critica a los dioses del naufragio insular; más que un cantor oficial parece un disidente limitado por ciertos credos y compromisos. Aunque Miami es el reverso de La Habana, ¿por qué exigirles otro posicionamiento político?