Por una cultura sin custodios. / Miguel Iturria Savón.

31 octubre 2011 às 12:20 por Ancla insular | Postado em: General
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En Cuba, apenas evocamos el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, ocurrido el 12 de octubre de 1492, y su llegada a nuestras costas el 24, como si la conquista y colonización por España fuera una cuenta pendiente y no un hecho del pasado de trascendencia histórica y cultural. Oficialmente se festeja el inicio de la gesta independentista -10 de octubre de 1868- y la entrada de los patriotas a Bayamo, el 20 del mismo mes y año, como Día de la Cultura Nacional.

Tan belicosa percepción distorsiona el legado cultural del país, lastrado por el burocratismo de estado, la ideologización política y la creación de un sistema de estrellas supeditado a la red de monopolios que controlan la producción artística y literaria.

En la cultura que precede al desestructurador proceso revolucionario de 1959 incidieron  el rediseño de las relaciones con los Estados Unidos a partir de 1902, y las oleadas migratorias de españoles y caribeños que vinieron en busca de trabajo e impulsaron la producción y el comercio de la isla, convertida en una de las naciones más prósperas del continente.

A mediados del siglo XX Cuba enfrentaba cambios socioeconómicos que ponían en quiebra los valores tradicionales. Avanzaba la denominada cultura de masas, basada en la expansión de la radio, la TV, el cine, la enseñanza y los medios de comunicación. La arquitectura urbana fue impulsada por entidades públicas y privadas, principalmente en La Habana y Varadero, sedes de inversiones turísticas, donde el sector hotelero e inmobiliario marchaba a la cabeza, lo cual generaba empleos y alternativas colaterales.

Con los cambios sociopolíticos se interrumpió el avance espontáneo de las manifestaciones de la cultura. La filiación al modelo socialista de Europa del Este dio paso al sistema de entidades oficiales que monopolizan las esferas de la creación artística. El Instituto Cubano del Libro, el Centro Nacional de la Música, el Instituto de Arte e Industria Cinematográfica, el Consejo de las Artes Escénicas, el Instituto de la Radio y la Televisión, el Centro de Artes Plásticas y Diseño y agrupaciones como el Ballet Nacional, Danza Contemporánea o el Conjunto Folklórico dirigen la producción artística en función de intereses políticos y gubernamentales.

El ICAIC, fundado en marzo de 1959, ejemplifica el control ideológico sobre la cultura. Su fundador, Alfredo Guevara, devino castrador del intelecto creativo de los cineastas cubanos. Este personaje fue esencial en la larga película de la tiranía, en cuyo polémico camino impuso el estatismo y excluyó a los críticos del Nuevo Cine, dentro del cual sobrevivieron Gutiérrez Alea, Humberto Solás y otros.

La burocratización supeditó a los creadores a la red de centros estatales. Los funcionarios dictaron normas, instituyeron la censura y acentuaron la sumisión a través del sistema de premios, ediciones de libros, grabaciones de discos y viajes al exterior, lo cual favoreció el oportunismo y desató persecuciones y éxodos de quienes desafiaron los cánones del poder. En ese contexto, la filiación a la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) o a la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), devino garantía, pues los artistas y literatos son despojados de personalidad jurídica  y atados al esquema.

Del coloquialismo poético pasamos a la poesía bajo consigna, la narrativa de la violencia, el realismo socialista y la grisura escritural de quienes mitificaron al Líder y a su legión de “héroes”. Hubo purgas, epifanías, comercio de alabanzas y hasta un Movimiento Nacional de la Nueva Trova para negar la tradición trovadoresca iniciada por Pepe Sánchez en el siglo XIX y continuada por Sindo Garay y Miguel Matamoros.

Hubo que marcharse o bailar en torno a las normas y los preceptos del Líder y su Partido, al menos hasta 1990, momento de quiebra por la caída del bloque soviético, cuando la carencia de recursos económicos aceleró la crisis de las instituciones monopolistas y el éxodo de artistas hacia otras naciones.

Tal vez lo mejor de la cultura oficial sea el sistema de enseñanza artística, pues favoreció la formación de instructores y triplicó las escuelas de artes. La promoción de la cultura comunitaria y los festivales de aficionados estimularon el surgimiento de casas de cultura, museos, galerías y bibliotecas municipales, instalados en viejos cines, liceos clausurados y nuevas locaciones.

La imposición de reglas y reverencias al poder sometió a músicos y actores, bailarines y artistas plásticos, escritores y periodistas. La dependencia se acentúa en los medios de comunicación y en las instituciones provinciales y comunitarias, supeditadas además a los órganos locales de gobiernos.

Al someter a la intelectualidad a las reglas del poder mediante castigos y recompensas que estimulan el oportunismo y envilecen a los privilegiados, se creó un mercado de prebendas en base a dogmas y filiaciones.  El rejuego se extiende a los nuevos soportes tecnológicos y a las cuotas de poder asignadas a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, cuyas filiales condicionan la viabilidad de proyectos, ediciones y viajes al extranjero sin mucha sutileza.

A pesar del tiempo, del éxodo de creadores y de la involución del país, el régimen insiste en imponer  límites a la cultura, convirtiendo a sus élites en apéndices de la burocracia de estado. El silencio y la complicidad favorecen la supuesta unanimidad en detrimento de las diferencias y de la libertad que caracterizan las expresiones del arte.

Las civilizaciones prehispánicas de América. / Miguel Iturria Savón.

26 octubre 2011 às 11:03 por Ancla insular | Postado em: General
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Tras 519 años del inicio del descubrimiento, conquista y colonización de América por España y Portugal, hay quienes ironizan el “encuentro de culturas” y hablan de las “víctimas aborígenes del viejo continente”, como si los belicosos mayas, aztecas e incas no hubieran sometido antes a decenas de pueblos de la  región, a los cuales impusieron vasallaje, impuestos y sacrificios humanos.

Medio milenio después debería predominar el análisis histórico y antropológico sobre especulaciones en torno a cómo América cambió a Europa o viceversa. Retomar el victimismo aborigen o santificar las conquistas coloniales resulta poco serio. Hubo aportes compartidos, flujos humanos y reordenamiento estructural y político.

Si de 1492 a 1520 la población de América se aproximaba a 100 millones de habitantes y la de Europa a 60, vale preguntar ¿cómo fue posible conquistar tan vastos dominios en apenas tres décadas? La respuesta pasa por el mayor nivel de desarrollo de los europeos, las guerras sostenidas por mayas, aztecas e incas y el estadío mesolítico de las tribus de Norteamérica y el Caribe, cuyas islas sirvieron de plataforma a la conquista del  continente.

Las civilizaciones de América eran diversas y complejas. Migraciones y guerras contribuyeron al apogeo, la regresión, fusión y/o desaparición de pueblos primigenios como olmecas y toltecas, de los cuales quedaron vestigios en la península de Yucatán y áreas limítrofes. Descollaron los mayas, los incas en los Andes y el imperio azteca, que se expandió del lago Texcoco al valle de México y sometió a 371 tribus en total.

Más que un imperio, los mayas, con casi tres mil años de andadura, disponían de ciudades estados teocráticos que organizaban la economía y la sociedad en torno a sus dioses, lengua y cultura. Se expandieron de Yucatán a Campeche, Tabasco, Chiapas, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. Desconocían el hierro y carecían de instrumentos precisos, pero construyeron una arquitectura magistral, con centros ceremoniales, anchos caminos, plazas y enormes esculturas. Crearon el calendario solar de 365 días, el sistema numérico vigesimal, el concepto del cero y una escritura jeroglífica muy avanzada. Su esplendor es palpable en poblaciones como Tikal, Palenque, Bonampak, Copán, Chichén Itzá, ocupada del 987 a 1017 por los toltecas y desplazada por Mayapán, arrasada antes de llegar los españoles, que someten a los mayas de 1527 a 1546, aunque los itzáes siguieron en El Petén hasta 1697.

El imperio de los incas, cuyo centro era la ciudad del Cuzco, se formó a partir de 1150 d.n.e sobre civilizaciones anteriores ubicadas en las márgenes del lago Titicaca, como Tiahuanaco. A pesar del alto y frío entorno andino, el “pueblo del Sol” conquistó 4888 kilómetros e impuso un extremo control económico, político y social, basado en una religión de estado que momificaba a sus funcionarios, no dividía la riqueza, exigía pago de tributos, organizaba la fuerza de trabajo e implantó su lengua –quechua- en los territorios sojuzgados. Carecieron de escritura pero usaron los quipus como medio de cómputo y recurso mnemotécnico. Canalizaron los ríos, construyeron grandes templos, puentes, caminos, almacenes, fortalezas y perfeccionaron la orfebrería. La lucha por el poder entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, sucesores del Inca Huayna Cápac (1493-1527), favoreció la conquista española (1532).

Los aztecas son herederos de pueblos antiguos como los olmecas, mayas y toltecas, cuyos aportes favoreció su impetuoso avance sobre Anáhuac, del 1200 a 1300 d.n.e Desde su capital –Tenochtitlán- se extendieron del Atlántico al Pacífico. Usaron códices o “pinturas parlantes” y el calendario solar de 18 meses -de 20 días y 4 semanas-. Fueron agricultores y guerreros, hábiles artesanos, arquitectos y escribanos; construyeron puentes, acueductos, templos ceremoniales y mercados enormes. Los  impuestos favorecieron su esplendor.

Con el descubrimiento de América el mundo se triplicó, surgió el mercado mundial y millares de personas cruzaron el mar en busca de oportunidades negadas en la estratificada Europa, donde finalizaba la Edad Media con el Renacimiento, proceso de renovación social, económica y cultural que coincidió con la caída del Imperio Bizantino (1553) y la expulsión de los árabes en España, mientras Colón exploraba nuevas rutas marítimas (1492).

La conquista y colonización fue un cambio desestructurador que afectó las costumbres y tradiciones, mitos y ceremonias de dichos pueblos. Los europeos redistribuyeron la tierra, fundaron iglesias católicas, puertos y ciudades, organizaron la explotación minera, agrícola y mercantil acorde a los intereses de la monarquía hispana –y portuguesa en Brasil-, cuyo monopolio dejó fuera del botín a franceses, ingleses y holandeses, dedicados al corso y la piratería antes de apoderarse de varias islas del Caribe y porciones de Norteamérica.

El Caribe y Norteamérica requiere otro espacio. En Cuba, por ejemplo, la población oscilaba entre 200 y 300 mil habitantes, entre quienes prevalecieron los agricultores taínos, que sometieron a los siboneyes y formaron cacicazgos con límites definidos.

La colisión entre culturas tan diversa aportó a Europa mano de obra barata, nuevos productos agropecuarios –maíz, papa, cacao y tabaco, denominado en Cuba cóhiba, génesis del patronímico insular-, además del oro, la plata y otros metales preciosos. Los conquistadores y colonos impusieron su cultura, religión y formas productivas, pero trajeron plantas como el plátano, la caña de azúcar y el café; aves de corral, ganado vacuno, porcino y caballar, e instrumentos y técnicas novedosas.

Aquel proceso inevitable no anuló al indígena, aun predominante en México, Centroamérica y el sur del continente; no así en el Caribe, diezmados por la colonización y por enfermedades endémicas previas como la sífilis congénita, el cáncer bucal y el cólera morbo; lo cual determinó la emigración forzosa de millares de africanos esclavizados, tal vez la consecuencia más horrible de la presencia europea en América, aunque los reyezuelos de África esclavizaban y vendían a sus paisanos como botín de guerra.

Por encima de supuestos “resentimientos” y “vacío de civilizaciones”, en América se triplicó el mestizaje y la transculturación de pueblos que llevaban siglos de desarrollo antes de 1492. Como Grecia, Egipto, Persia, la India o China,  la presencia foránea alteró el orden socio económico, mas no anuló a los nativos.

A quebrantar el silencio le llaman “linea dura”./ Miguel Iturria Savón

21 octubre 2011 às 10:42 por Ancla insular | Postado em: General
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Llama la atención, por reiterado, el divorcio entre el manejo de la información y la realidad cubana, al menos en la prensa oficial, especializada en dulcificar la situación del país, exaltar a los aliados del régimen, denigrar a supuestos enemigos internos y externos y repetir las aleluyas del gobierno en torno a las reformas, sobredimensionadas también por los corresponsales extranjeros, como si hubiera un pacto entre el normativo Centro de Prensa de La Habana y las agencias representadas en la isla.

A veces vemos en la televisión el rostro de algunos opositores pacíficos, en especial las Damas de Blanco, que a partir de ahora desfilarán sin la presencia de Laura -alma máter del movimiento-; la blogger Yoani Sánchez, el periodista independiente Guillermo Fariñas Hernández, el comunicador laico Dagoberto Valdés y otros demócratas demonizados como “agentes del imperio”. Tal reducción enmascara a los represores, amparados en la impunidad, la tradición del terror y la indolencia de la mayoría sobre los sucesos nacionales.

Como si fuera poco para una nación desconectada del libre flujo informativo y de las libertades esenciales que favorecen el desarrollo individual y colectivo, no solo el gobierno reniega de los sectores emergentes de la sociedad civil, aún minoritaria, si no los corresponsales acreditados en La Habana y hasta un sector del exilio que los asocia a la “reacción de Miami”, como dicha “reacción” no fuera fruto de la exclusión y la intolerancia de quienes llevan medio siglo gobernando a Cuba contra viento u marea.

Se habla con desdén de los opositores de “línea dura”, de “la encrucijada de la disidencia”, del empeño de las Damas de Blanco en desfilar en las calles a pesar de “quedar sin causa y sin algunos de sus personajes más conocidos”, como resultado de la excarcelación de los prisioneros de la primavera del 2003. Desde Miami se comentó, por supuesto, el aumento de las detenciones breves y continúas, demostradas por el exhaustivo Informe de Elizardo Sánchez Santa Cruz, líder de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

Al margen del respeto por las opiniones contrapuestas, validadas en el derecho a la libertad de expresión, tan vilipendiado en Cuba como la libertad de prensa, asociación y otros que se violan diariamente, creo que exageran quienes hablan de línea dura dentro de la oposición insular. Insistir en reunirse, celebrar el aniversario de ciertos hechos, exigir el cese del acoso policial, desfilar pacíficamente por las calles, conceder entrevistas a Cubanet y Radio Martí o difundir documentos con propuestas al gobierno no tiene nada de duro, lo que ocurre es que al fin hemos vulnerado el “pacto de silencio” inoculado con la maquinaria del terror. ¿Es duro el lenguaje? Tal vez, pero menos rabioso que las campañas del Granma contra los Estados Unidos.

Desde el golpe de estado de Batista en 1952 la línea dura marcó la política cubana. El forcejeo entre el déspota y los opositores culminó con la huida del tirano el 31 de diciembre de 1958, ante la ingobernabilidad provocada por las bombas, los “ajusticiamientos” urbanos y las acciones guerrilleras del Escambray y la Sierra Maestra. Los revolucionarios de la época llegaron al poder desde la violencia, fusilaron a miles de personas e impusieron el terror hasta dentro de sus propias filas. Gracias al terror y la alianza con la desaparecida Unión Soviética acabaron con las instituciones republicanas y liquidaron a quienes enfrentaron a la nueva dictadura, la de los Castro; la cual sigue jugando al duro para preservar la entelequia revolucionaria.

Jugar al duro pasa por la violencia, al menos para el gobierno. Los opositores saben que tras medio siglo de retórica “revolucionaria”, involución económica y desmoralización de la población, la violencia carece de horizonte. No hay que confundir las declaraciones mediáticas con las acciones posibles.

La última odisea de Laura Pollán. / Miguel Iturria Savón.

20 octubre 2011 às 0:24 por Ancla insular | Postado em: General
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Al morir el viernes 14 de octubre en la sala de terapia intensiva del Hospital “Calixto García”, Laura Pollán Toledo llevaba tres semanas sin desfilar con las Damas de Blanco por las calles de La Habana, escenario de su odisea cívica por la libertad de los prisioneros políticos de aquella oleada represiva del 2003.

Días antes de ingresar Laura recibió la última agresión física del grupo paramilitar organizado por oficiales de la Seguridad del Estado frente a su casa de Neptuno 963, en Centro Habana. Una policía vestida de civil la mordió con rabia en el brazo derecho, mientras varios delincuentes le gritaban groserías ante los segurosos enmascarados.

Es fácil imaginar las consecuencias del estrés provocado en esta mujer de 63 años, tras casi dos lustros de persecuciones, amenazas, ofensas y golpizas para que desistiera de sus visitas dominicales a la iglesia de Santa Rita de Casia, en Miramar, de donde salía acompañada por decenas de madres y esposas de prisioneros, que modificaban el paisaje capitalino con sus gladiolos, batas blancas y reclamos de libertad.

Sólo la vocación de servicio público y el coraje personal de Laura Pollán, Berta Soler y otras mujeres justifica la constancia de estas damas cubanas. Ellas alzaron sus voces en medio del terror, la censura y la indolencia impuesta por el despotismo uniformado.

Laura surgió como líder de la resistencia cívica en circunstancias extremas. Convirtió su casa en cuartel de las Damas de Blanco, al frente de las cuales su imagen recorrió el mundo. La humilde profesora de español y literatura sorprendió a los corresponsales extranjeros en la isla, a la prensa independiente y al régimen militar cubano, que organizó el asedio e intentó asociar su rostro y su voz apacible a supuestos enemigos externos.

El coraje de esta mujer y sus compañeras ya es un capítulo en la historia de luchas por los derechos humanos en Cuba. Su prestigio creció en relación proporcional con la intolerancia del régimen. No en vano les fue concedido el Premio Sajarov del Parlamento Europeo y otras distinciones internacionales.

Laura no salió con vida de su última odisea en la sala de terapia intensiva del hospital “Calixto García”. Allí se multiplicaron sus malestares  orgánicos. La adquisición de una cepa viral  incrementó el descenso de la hemoglobina, la presión arterial y los problemas respiratorios que causaron su ingreso. En la noche del viernes su corazón dejó de latir.

Resultó sospechosa la premura de las autoridades al incinerar sus restos y entregárselos de madrugada al esposo y la hija. El fin de su vida no debe ser interpretado como una victoria del gobierno y una derrota de la oposición pacífica. Nadie sabe qué pasará en Neptuno 963 sin su presencia, pero basta con mirar los rostros afligidos de quienes le rindieron homenaje entre el sábado 15 y el lunes 17, para saber que Laura Pollán Toledo ya está de regreso. Ella es un símbolo de luz en la noche del castrismo.

Ilustres desconocidos en Cuba. / Miguel Iturria Savón.

13 octubre 2011 às 12:23 por Ancla insular | Postado em: General
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En París, Madrid, Bucarest y otras capitales de Europa fue homenajeado meses atrás el pensador Emil Cioran (Rumania, 1911-París, 1995), cuyos libros fueron reeditados en ocasión del centenario del “filósofo aullador”, quien influyó en generaciones de jóvenes. Cioran fue evocado por Clément Rosset, filósofo galo de origen hispano, y    Fernando Savater, su traductor y discípulo español.

Cioran y Rosset transitaron por las zonas más ásperas de la realidad e hicieron un diagnóstico trágico de la condición humana, aunque Rosset, nacido en París en 1939, celebra la alegría de vivir, el gozo de la sexualidad, el carácter decisivo de las ilusiones en los humanos, la importancia de la risa y el peso del azar en los sucesos; mientras Cioran “parte de la pequeñez del ser humano”, suscribiendo en su día,  la frase del escritor catalán Josep Pla, “No somos nada, pero cuesta admitirlo”.

Como los libros de Emil Cioran, exiliado en París; Clément Rosset y Fernando Savater, son ignorados por las editoriales cubanas, aferradas al marxismo hace medio siglo, conviene compartir datos y frases sobre estos pensadores ilustres y desconocidos en la isla.

Al hablar de Cioran, Rosset afirmó: “Su pesimismo se desencadena al constatar que la paradoja de la existencia es la de ser algo y, al mismo tiempo, la de no contar para nada. Es un pesimismo atípico…, resultado de saber la condición efímera del hombre, la pequeñez del ser humano”.

Rosset reivindica el “pensamiento trágico” frente al perfeccionismo y se contrapone al pesimismo radical de Cioran, aunque reconoce la lucidez de sus argumentos y las razones de su escepticismo. Para Rosset “No hay ningún bien en el mundo al que un examen lúcido no le haga parecer, en última instancia, irrisorio y desdeñable”.

La obra de ambos ensayistas, de rara originalidad, fue difundida en Francia, España y otras naciones de Europa y América. Entre los libros de Clément Rosset editados en España figuran La antinaturaleza (Taurus, 1974); La lógica de lo peor (S. Barral, 1976); Lo real y su doble (Tusquets, 1983); El principio de crueldad (Pre-Textos, 1994), y  La fuerza mayor (2000).

No vamos a detenernos en los textos de Rosset, definido por Emil Cioran como “…un bon vivant al que la filosofía no ha estropeado”. Veamos, sin embargo, algunas consideraciones de Fernando Savater sobre Cioran, expresadas en su artículo “Un hombre asombrado…y asombroso”.

El ensayista español recuerda que Cioran “se convirtió en gran escritor francés, pero se mantuvo apátrida. España fue su segunda patria espiritual, la tierra nativa del desengaño, donde fue a veces más popular que en Francia. Sus lectores eran jóvenes de la izquierda antifranquista, pero para él “la izquierda era un semillero de ilusiones vacuas y de un optimismo infundado”.

Señala que “el asombro nos aproximaba. Sentía implacable animadversión a cualquier creencia movilizadora y absoluto rechazo a las promesas de futuro…”

Describe sus encuentros con el filósofo rumano y advierte: “…nunca logré convencerle ni engañarle…, aceptamos cauces pragmáticos: “se trataba de vivir mejor, no de alcanzar el paraíso”. Tras la caída de Ceaucescu, Cioran se inclinaba por una especie de pragmatismo escéptico; le vi celebrar acontecimientos históricos, sin arrebatos triunfales”.

Savater lo califica de “incurablemente escéptico en la teoría pero capaz a veces de un asombro casi infantil ante los mecanismos eficaces del mundo y los milagros de la amistad. Cioran permanecía en la tierra del asombro…Se asombraba sobre todo de que en la vida la maravilla coexistiese con el horror…”

Algunos títulos de su obra  tienen voz propia. Extraeremos los siguientes: En las cimas de la desesperación (1936), Breviario de podredumbre (1949), Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1966), Del inconveniente de haber nacido(1973) y el último libro que data de 1983, Ese maldito yo.

El pensador hispano evocó la tumba del maestro, “una lápida gris azulada, de sobriedad minimalista”, en el cementerio de Montparnasse”, como la de un ilustre desconocido; cerca de autores como Sartre y Simone de Beauvoir, Julio Cortázar y Baudelaire.

Al final, Savater ofreció una colección de “zarpazos” de Cioran. Comparto con los lectores cubanos algunas de esas frases sobre la vida, Dios, el tiempo, la muerte o la filosofía. Tal vez contribuyan a nuestro enriquecimiento espiritual.

  • “No siempre nos movemos atraídos por la luz: a veces es la sombra la que nos empuja…”
  • “Un paseo por el cementerio es una lección de sabiduría casi automática”.
  • “El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad”.
  • “Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?”
  • “Dios es una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día”
  • “La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie”.
  • Literatura. “La literatura empieza con himnos y acaba con ejercicios”.
  • “¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas”?
  • “Para vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir.”
  • “Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones”.

Pobres de solemnidad. / Miguel Iturria Savón.

10 octubre 2011 às 18:35 por Ancla insular | Postado em: General
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Al amanecer del lunes pasado, al cruzar la calle 23, entre 10 y 12, Vedado, una señora muy delgada, mal vestida, medio ciega y con bastón, me suplicó la encaminara a la cuadra siguiente, es decir, hasta la esquina de 12 y 21, donde toma café cada mañana pues carece de cocina en el cuarto que comparte con su hijo, quien oscila del manicomio a la vecindad. Mientras la acompañaba le pregunté algunas cosas; al dejarla en la cafetería le di diez pesos para que desayunara; supuse que almorzara y comiera en uno de esos tugurios habilitados para indigentes.

No es agradable tropezar con personas que al caminar exhiben su miseria sin proponérselo. La llevan en el rostro, en la ropa sucia y descosida, en los zapatos, el peinado y hasta en el alma. Salvo excepciones, parecen zombis insepultos, espectros bajo el sol en las calles de nuestras ciudades. Nadie como ellos revela la crisis y la falta de oportunidades del país.

La pobreza es mayor de lo que suponemos. Basta con mirar la presencia gris de quienes caminan sin rumbo. A esa legión de seres alienados por el hambre, víctimas de la desproporción entre el salario y los precios de las mercancías, no solo pertenecen los mendigos, los locos sin apoyo estatal, los borrachos que deambulan de la casa al bar y los viejitos cuya chequera mensual les dura una semana.

Cada día crece el estamento de la pobreza. Existen los pobres de solemnidad, los desamparados totales, parciales y de circunstancias. Todos en interacción gremial, un gremio sin representantes legales, cuya presencia desdice las consignas oficiales y cuestiona las estadísticas, tan solidarias con el papel y limitadas en su aplicación.

Si bien los mendigos, los alcohólicos, los locos y los ancianos que vagan por el día y se esfuman de noche, integran la nómina más representativa, al escuadrón de la pobreza extrema se suman las viejitas de barrio, esas que cuentan las pesetas y maldicen al joven dependiente que altera la balanza. A las viejitas les siguen las nueras y las hijas sin empleo, casi todas amas de casa con maridos “que no inventan los pesos” y las obligan a revender cualquier cosa o putear con el bodeguero, el carnicero o el vendedor del kiosco agropecuario.

Se suman al club no exclusivo de pobres de solemnidad los millares de personas que se acostumbran a sobrevivir del trabajo devaluado y la chequera simbólica: pedigüeños de todo tipo, ladronzuelos de bagatelas, huéspedes de terminales de ómnibus y de trenes, visitantes de bares pestilentes, casas de putas baratas, casas de juegos prohibidos, solares de gentes agresivas y ladrones de almacenes y cafeterías que arriesgan el puesto por un poco de azúcar o arroz, un pedazo de jamonada o unas cajas de cigarros.

Es cierto que a pesar de las tensiones cotidianas los parias de Cuba todavía gozan de “prebendas” en las farmacias, policlínicas y funerarias; aún los entierros son gratuitos aunque los dolientes pagan las flores, el café y los autos que acompañan al difunto en su último paseo; mas resulta conmovedor el panorama creciente de gentes que sobreviven en la precariedad en La Habana y otras ciudades de la isla.

Voces 10./ Miguel Iturria Savón

7 octubre 2011 às 9:06 por Ancla insular | Postado em: General
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Desde el viernes 30 de Septiembre circula el décimo número de Voces, la revista literaria y de opinión de la Academia Blogger de Cuba, creada por Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, en cuya casa fue presentada entre autores y amigos que promueven la literatura, el periodismo alternativo y otras expresiones de la cultura.

Con su habitual formato digital, diseño heterodoxo, 64 páginas y una portada alusiva a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, podemos localizar a Voces en vocesvocesvoces@gmail.com

Tras un año de continuo bregar en el ciberespacio, 19 autores iluminan el otoño insular con propuestas que fluctúan del artículo de opinión y la crónica periodística al ensayo breve, la crítica literaria y cinematográfica, la poesía, reflexiones sociales, relatos y fragmentos de una novela de Ramón Díaz-Marzo –Cartas a Leandro-.

Con Voces 10, Yoani, Reinaldo, Orlando L. Pardo y una veintena escritores free lance expresan sus percepciones acerca de la Cuba pos socialista, secuestrada aún por el grupúsculo que desde el poder se aferra a la Guerra fría y al discurso tremendista y antinacional.

Como en las ediciones anteriores es difícil diferencial a los colaboradores  “de adentro” con los “de afuera”, todos isleños, lo cual parece una apuesta cyber de integración nacional.

La entrega es iniciada por Yoani Sánchez con su aguda percepción acerca de la disyuntiva que limita a los corresponsales extranjeros acreditados en la isla. Les siguen las reflexiones de Ariel Pérez Lazo sobre la influencia de las iglesias protestantes en la vida nacional; el contrapunteo de Ernesto Morales y Enrique del Risco en torno a la pena de muerte, provocado por el caso de Troy Davis en los Estados Unidos; continúa con La brevísima historia política de la UNEAC, de J. G. Barrenechea; la crónica de Baltasar Santiago Martín, quien mira a Cuba desde su visita ocasional, y otros creadores.

Algunos incursionan en problemas o sucesos del país, como Rolando Alum, que compara las dictaduras de Rafael Trujillo en República Dominicana con la de los Castro en Cuba; mientras Kelvin F. diserta sobre el turismo, y Miriam Celaya recrea un mito aborigen –Historia del enamorado hombre-luna-, con el cual rompe el maleficio que la ataba a la catatónica política insular.

A Belkis Cuza Malé se deben los bellos y luminosos Poemas de la mujer de Lot, escritos en el exilio compartido con su esposo, el lírico Heberto Padilla, quien irritó a nuestra dictadura con el poemario Fuera de juego y la novela Los héroes pastan en mi jardín.

En el menú otoñal de Voces están bien servidos el ensayo literario, la crítica, la narrativa y el cine. El último con dos reseñas, una de Manuel Pereira (Historia del ojo), quien va de la Luna tuerta del francés Georges Méliés al afiche ocular de Alfredo Rostgaart, que en 1969 trasmutó la cámara de cine en cañón político. El segundo corresponde a YOSS, autor de El Príncipe de Miramar y el Mendigo de la Timba, donde glosa la archicomentada cinta de Ian Padrón Habanastation.

Completa el coro polifónico de Voces el conmovedor relato En el principio el verbo, de Abel Fernández Larrea, y valoraciones críticas de Ihoeldis Michael Rodríguez –Desénfesis-, Camilo Ernesto Olivera –El lado oculto de hecho con Metallica-, y Manuel Cuesta Morúa con Boring Home o Itinerario existencial en medio de la nada, sobre el libro de Orlando L. Pardo Lazo galardonado en el 2009 con el Premio Kafka Novela de gaveta.

Cincuentenario del Teatro Lírico Nacional./ Miguel Iturria Savón

5 octubre 2011 às 8:44 por Ancla insular | Postado em: General
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En reciente conferencia de prensa, el maestro Adolfo Casas, director del Teatro Lírico Nacional de Cuba, ofreció la programación de septiembre de 2011 hasta igual mes del 2012 por el cincuentenario de la institución. Dicha programación incluye eventos teóricos, homenajes a personalidades del género, exposiciones, conciertos, talleres de creación y apreciación artística, el Concurso Nacional de Canto de La Habana, estrenos y reposiciones de una ópera, opereta o zarzuela cada mes y la cancelación de un sello alegórico.

El T.L.N.C fue fundado el 11 de septiembre de 1962 en el Gran Teatro de La Habana, donde comparte espacio con el Ballet Nacional y la Orquesta Sinfónica del coliseo, creada por los maestros Félix Guerrero y Fabio Landa, y conducida al presente por el maestro Giovanni Duarte.

El Maestro se refirió a la Escuela de Canto Cubana, surgida en el año 2000 en torno al Teatro Lírico Nacional, la cual “contribuyó al desarrollo técnico de una nueva generación de cantantes, cuyo promedio de edad es de 32 años”. Esta afirmación es palpable en los montajes de la compañía, aquejada por la falta de promoción en los medios y en la industria del disco y videos, a pesar de su labor de rescate de la tradición del arte lírico en nuestro país, lo cual está avalado por “un repertorio histórico que posee más de cuarenta óperas de distintas nacionalidades, nueve operetas, catorce zarzuelas españolas y nueve cubanas”.

En nuestra isla trascienden tres zarzuelas de aliento nacional: Amalia Batista, del maestro Rodrigo Prat; Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig; y María La O, con música de Ernesto Lecuona y libreto de Gustavo Sánchez Galarraga. La zarzuela, no obstante, es considerada un “género chico” en España y Cuba por su proximidad con la comedia y el predominio de la ópera y la opereta en Europa, especialmente en Austria y Alemania.

El Jubileo por el Cincuentenario se inició con la reposición de la zarzuela María La O, del 16 al 18 de septiembre. En la misma, concebida en dos actos y estrenada el primero de marzo de 1930 en el Teatro Payret de La Habana, gravita la atmósfera melodramática de la novela de Cirilo Villaverde, cuyos herederos negaron a Lecuona el permiso para versionar Cecilia Valdés, concedido después a Gonzalo Roig y Agustín Rodríguez. Desde su estreno, María La O logró un éxito asombroso y devino la zarzuela más popular y representada en Cuba, España y países de Hispanoamérica. Su música fue grabada fuera de la isla y algunas romanzas han sido interpretadas por los súper-tenores Luciano Pavarotti y Plácido Domingo.

La versión actual corresponde al tenor y director artístico maestro Humberto Lara, alumno de la finada soprano rusa Mariana de Gonitch y autor de la zarzuela La Malquerida. Lara se circunscribe al contexto del siglo XIX a partir de la música y libreto originales, y en su afán por trasladarnos a la época acentúa los elementos escenográficos y dramatúrgicos, e incorpora chispazos vernáculos como la pelea de los curros del Manglar y la santería afrocubana, lo cual aporta mayor emoción y credibilidad dramática al desenlace, llevado al paroxismo por las interpretaciones de Maité Milián y Yilam Sartorio en el rol de María La O.

En el balance interpretativo, musical y danzario de la puesta inciden el montaje coreográfico de Néstor González, la labor del equipo técnico encabezado por Alberto Matamoros, la dirección coral de la profesora Catalina Ayón, la encomiable conducción orquestal del maestro Giovanni Duarte y la dirección general del maestro Adolfo Casas.

Predomina el talento joven entre los personajes protagónicos. El público distingue desde sus lunetas que la puesta fue fogueada por la seguridad de sus actores, cantantes y coristas, donde destaca el tecnicismo vocal de Irel Pérez, Saeed Mohamed, Yilam Sartorio, Olivia Méndez y Diana R. Cárdenas -estas dos últimas interpretaron la peliaguda romanza del Ruiseñor-; la rítmica chancletera de Dayrelis Laura y Teresa Yanet y otros de mayor madurez como el bajo Marcos Lima, quien impresionó al público con su interpretación de la romanza de José Inocente. Sobresalieron los actores Israel González en Santiago y el simpático dúo de abuelos sordos, a cargo de Valenti Figueredo y Carlos Lara.

Al igual que en otras compañías de teatro, algunos actores atropellan el texto, lo cual dificulta la escucha; aunque en los protagónicos se notó menos, en especial los de más permanencia escénica como María La O, el gallego Santiago, la Niña Tula o Caridad Armenteros (Lourdes San Andrés y Marta Vallín), quienes combinaron gracia y proyección vocal. A veces la articulación depende del plano de los protagonistas y del desplazamiento teatral, donde influye, por supuesto, la mala acústica de la sala “García Lorca”, impedimento surgido tras violarse el proyecto original en el escenario y la superficie de la platea.

Apetece a los amantes del género el propósito anunciado por el director general de la compañía de ofrecer un estreno mensual en la Sala “García Lorca”, además de expandir las óperas de cámara hacia otros escenarios. En los próximos meses subirán al tablado: La corte del Faraón, del 14 al 16 de octubre; La flauta mágica, del 18 al 20 de noviembre; y La Traviata, 16 al 18 de diciembre. A principios de febrero del 2012 se prevé el elenco de la Ópera de Daejeón, de Corea del Sur.

Esperamos que partir de ahora, el arte lírico salga de la oscuridad y cobre más protagonismo en los medios.