Balada de fin de año. / Miguel Iturria Savón.

31 diciembre 2012 às 15:00 por Ancla insular | Postado em: General
| Comments (0)

Tras un mes en España apenas me atrevo a opinar sobre esta nación de mi padre y abuelos que comparto desde el 20 de noviembre con mi esposa y los suyos, residentes en La Vall d’ Uixó, provincia de Castellón, a media hora de Valencia, 300 km de Barcelona y 400 de Madrid; ciudades que conozco desde el imaginario y la literatura aunque sus calles y monumentos son todavía una referencia visual y libresca para mí.

Solo he recorrido el trayecto vial de Madrid a La Vall y de esta a Valencia, Castellón y sus pueblos colindantes -Villa Real, Villa Vieja, Xilxes y Moncofa-; además de atravesar la meseta castellana y detenerme en algunos pueblitos medievales de Murcia, Toledo y la comunidad de Madrid. Insuficientes, ¿verdad?

Sí, pero me arriesgo a opinar pues cada día leo El Pías, veo los noticieros, un par de programas humorísticos -El Intermedio y el Club de la comedia- y converso con gentes de varios estamentos sociales que juzgan desde su experiencia y emociones la situación política y las posibles causas de la crisis económica y sus consecuencias-. En mi entorno predominan quienes calgan las culpas del actual desastre al “boom inmobiliario promovido por Aznar”, como si Zapatero no le hubiera sucedido 8 años en la presidencia del gobierno y el Rey, las Cortes y otras personalidades e instituciones no tuvieran que ver con el asunto, inherente a su vez a las representaciones autonómicas y sus instancias provinciales y locales.

En España se habla desde el corazón y el posicionamiento ideológico. Generalmente escucho  horrores sobre Esperanza Aguirre -ex presidenta de la Comunidad de Madrid-, el ex gobernante  Aznar” y su mujer Ana Botella, actual alcaldesa de Madrid, Rajoy y las medidas antipopulares que adopta desde el Gobierno. Las flores se extienden con matices variopintos a la banca, la Unión Europea y la Canciller de Alemania. Al parecer casi nadie se ubica en la piel del otro ni piensa en la culpa propia, como si los de abajo fueran angelitos obligados a endeudarse y condenados ahora al despido por obra y gracia de los de arriba.

Escucho estos y otros puntos de vistas, algunos muy agudos; pero trato de no opinar para evitar contrapunteos. Es otra mi circunstancia aunque la situación nacional me afecte… En mi caso, lo más difícil es evadir las preguntas sobre Cuba pues mis anfitriones me perciben como una fuente de datos, casi como un Ulises a punto de ahogarse en el oleaje de la sinrazón totalitaria, rescatado del naufragio por su Penélope española.

Sobre Cuba no me hago el tonto, digo lo que pienso y a veces hiero la sensibilidad de quienes creen en el mito del castrismo como proceso liberador. Comparan aquella dictadura de medio siglo con el franquismo y hasta preguntan qué legado positivo deja a la nación caribeña. Como es casi imposible satisfacer tal curiosidad he tenido la tentación de invertir la pregunta: ¿qué logros obtuvo España bajo la dominación de Francisco Franco?

No sigo por ese camino sin fin pues, hasta ahora -y a pesar de la crisis y los ingenuos-, he recibido mucho cariño y bondad de España y los españoles. Percibo a España como una balada de fin de año. España es tragicómica pero no es ni será un tango, tampoco ese lamento escatológico que desgarra la voz de los cantaores de flamenco, tan peculiares en las ciudades andaluzas. Al parecer, todavía la crisis no toca fondo en la vieja Hispania. Si la comparamos con Cuba, esto es un paraiso lleno de coches, calles limpias y sin perros, mercados abarrotados, trenes medio vacíos y personas que celebran en familia o rodeados de amigos, con vinos, carnes, frutas y otros manjares, mientras hacen chistes y maldicen a los políticos.

 

Plaza mayor de Salamanca