Baby Brack. Miguel Iturria Savón.

30 julio 2014 às 12:14 por Ancla insular | Postado em: General
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Era un negro alto de facciones finas. Vivía en una cabaña de piedra y piso de tierra, entre árboles frutales que lo ayudaban a sobrevivir. Cultivaba lechuga, tomates y viandas bajo la sombra de los árboles. Era esencialmente vegetariano. Masticaba hierbas, salcochaba papas y boniatos, a los que añadía una ración de insectos y, a veces, un trozo de pollo hervido que devoraba en presencia de chiquillos curiosos y adultos indiferentes.

Se llamaba Luis. Le decían el loco. No se bañaba ni se cortaba el pelo ni la barba. Usaba chancletas de palo. Hacia pipas y aspiraba en ellas el humo de hierbas secas. Se entretenía con objetos rústicos construidos con trocitos de madera, chapas de botellas y latas vacías. Dormía con la puerta abierta pero ni los perros se acercaban a su covacha, situada en la esquina de la calle 221, frente a la carretera que conduce al cementerio de Santa María del Rosario, al sudeste de La Habana.

Caminaba despacio apoyado en un bastón. Su olor era imponente. Cuando entraba al mercado le abrían paso y lo atendían con urgencia. En la panadería suplicaba un panecillo adicional al de la cuota estatal. En el puesto de vegetales le obsequiaban legumbres y frutas desechables. Mostraba su gratitud inclinando la cabeza como un dios africano caído en desgracia.

Los vecinos más viejos lo saludaban al cruzarse con él en las aceras. Los niños los miraba con asombro y temor. Solo la madre y una hermana asmática que pintaba por encargo a domicilio lo visitaban a veces con algo de comer, o le obsequiaban una sábana vieja para su camastro de paja y madera.

Dicen que Luis no tuvo necesidades complicadas. Solo luchó por la comida. Nadie lo llevó al médico ni le ofreció medicinas. No se enfrentó al ejército de fantasmas que lo convirtió en una sombra de su sombra. Fue feliz en la locura.

Hubo en su vida un período de luz antes de naufragar en la demencia. Fue profesor de inglés en una escuela secundaria. Vestía de blanco impecable en contraste con su piel. Usaba zapatos de dos tonos. Se rasuraba y perfumaba con esmero. Decoraba su cabello con moñitos. Los miércoles, viernes y domingos bajaba al parque del Cotorro donde era aclamado por un grupo de jóvenes con quienes charlaba en la lengua de Shakespeare. Cantaba para ellos baladas de los Beatles, Tom Jones y otros intérpretes de moda de la década del sesenta en la que siguió anclado.

“Los pepillos de entonces los queríamos”, dice Edilia García, enfermera y vecina de Luis, quien estudiaba piano y hablaba con él sobre música. “Le decíamos Baby Black porque cantaba como un tenor y entonaba una melodía pegajosa: Baby, baby, te voy a contar / las fibras de marfil / si yo te digo baby tu te estás quieta…”

Otros jóvenes de ayer evocan al carismático ermitaño, cuya muerte y la demolición de su cabaña desatan la nostalgia del pasado inmediato. “Huyó hacia si mismo sin rezos ni sueños”, advierte Octavio Capote, el mecánico que asistía a las tertulias del parque.

Luis el loco, alias Baby Black, habita en cada piedra amontonada y en la memoria frágil de quienes reconstruyen su leyenda en un barrio de La Habana.

Peñíscola, historia y placer. Miguel Iturria Savón.

25 julio 2014 às 9:36 por Ancla insular | Postado em: General
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peniscola vista aerea

Si Morella reina majestuosa en una colina interior, Peñíscola respira el mar y su castillo vigila las costas mediterráneas entre  Alcossebre y Benicarló, como si aún salvaguardara al poblado medieval, bastión de enfrentamientos entre moros y cristianos.

En Morella es posible perderse entre plazas y callejuelas, en Peñíscola no, salvo en las dependencias del enorme castillo fundado por los caballeros Templarios en el siglo XIV y modificado después por el Papa Pedro de Luna –Benedicto XIII-, quien estableció su residencia al lado del patio de armas y su estudio-biblioteca en la planta superior, desde donde “miraba hacia Roma”, en manos de intrigantes y herejes con puñales.

Cuando el viajero asciende por Peñíscola apenas piensa en los detalles urbanos y paisajísticos de la mini ciudad costera cuyos habitantes mercadean el valor simbólico del lugar. Hasta quienes se quedan a veranear están fascinados por el Castillo, sus monjes guerreros y las leyendas sobre el Papa irredento que vivió y murió entre sus murallas, alejado del esplendor del Vaticano y acosado por los emisarios de Roma que devaluaban sus debates teológicos con hebreos y musulmanes.

Si no fuera por el inexpugnable castillo de los Templarios y el enérgico Papa Luna, Peñíscola sería una playa más de la provincia española de Castellón, donde otra ciudad costera –Gandía- fue cuna de los célebres Borja –Borgia en italiano y catalán- que aportaron dos Papas a la Iglesia Católica: Alfonso de Borja, alias Calixto III (1455-1458), quien derrotó a los turcos en Belgrado en julio de 1456, y su sobrino Rodrigo Borja, encumbrado como Alejandro VI (1492-1503) y padre de los notorios César y Lucrecia Borgia, todos de vasta leyenda negra, además de los duques de Gandía. Pero esas son otras historias, sigamos con Peñíscola y su Castillo, ahora museable.

Un joven historiador sintetiza con agudeza y humor los hechos y leyendas del castillo, su construcción, los mecanismos de defensa, los salones y deberes de los Templarios y la tenacidad del Papa Luna en medio del cisma que erosionó a la Iglesia en Europa. Revela, por ejemplo, que la puerta principal, en arco de medio punto, está flanqueada por torres cuadradas y salientes que la protegen. Sobre ella corre una faja de sillares con emblemas heráldicos esculpidos de los primeros comendadores del Temple.

Al atravesar dicha puerta los visitantes descubren, a la derecha, las primeras dependencias del castillo, como el aljibe; a la izquierda resurge el gran salón rectangular, antiguo establo, de bóveda ligeramente apuntalada, y habitaciones al fondo. Les sigue la plazoleta o patio de armas, a cuya derecha instaló Benedicto XIII su reducido palacio papal.

En el lado opuesto al patio de armas está la iglesia del Castillo, minimalista en sus imágenes y espacios: una sola capilla rectangular o nave con bóveda de medio cañón y ábside semicircular, dedicada en su inicio a la Virgen María y a los Tres Reyes Magos. Entre la iglesia y el palacio pontificio se extiende un amplio salón gótico, abovedado y con muros de sillería labrada; en su puerta de medio punto están blasones del comendador Cardona, amplios ventanales iluminados y otros que recaen a patios interiores, además del testero y su puerta conectada al palacio.

Existe, por supuesto, una escalera empinada que desciende a un amplio salón iluminado por una claraboya y reducidas aspilleras; en un costado se abre el acceso a las primitivas mazmorras de la fortaleza. Fuera del castillo quedan residuos de una escalera labrada en roca viva que baja hasta un embarcadero natural al borde del mar, por donde podía escapar el Papa, lo cual acentúa las leyendas sobre sus amantes y emisarios secretos.

Al alejarse de Peñíscola, embriagados y felices, los viajeros piensan en el privilegio de quienes viven en ese enclave rodeados de agua, playas, monumentos, historias y leyendas medievales.

Morella, ciudad amurallada. Miguel Iturria Savón.

22 julio 2014 às 19:26 por Ancla insular | Postado em: General
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Morella_Panorama

Desde la carretera, entre laderas y montañas, se visualiza Morella –muralla en catalán-, señorial en la cúspide sobre un paisaje de ensueño modelado por bosques, valles, lomas y vaguadas. Un pueblo amurallado colmado de historia y calles estrechas que ascienden hasta su viejo y sólido castillo, atalaya con cañones y vigías. Abajo la naturaleza, arriba la urbe y sus gentes, la Basílica Mayor de estilo gótico, casas y plazas, comercios y hoteles.

Situada en la comarca de Els Ports, en el Maestrazgo de Castellón, Morella se eleva majestuosa sobre un monte coronado por su castillo, a 1.070 metros de altura. Fundada por los árabes y conquistada por los cristianos que avanzaron desde el Reino de Aragón a Cataluña y luego hasta Valencia, la ciudad conserva sus murallas y calles intramuros adoquinadas, su entorno de azules, ocres y verdes empapados de aire y susurros de vientos. Morella estuvo ligada a episodios y personajes del pasado como El Papa Luna –Benedicto XIII- y Blasco de Alagón, nombre de la calle central bordeada de pórticos y centro de comercios y artesanías desde la Edad Media.

Al recorrer este pueblo medieval los visitantes se adentran en la impresionante Basílica Arciprestal de Santa María de Morella, cuya  fachada principal acoge el Portal de los apóstoles, la Virgen María con el niño y escenas de la infancia de Jesús. Una gran puerta de madera reforzada con contrafuertes de estilo plateresco y llaves que evocan el mudéjar, más el Portal de las vírgenes y mártires  veneradas del Medioevo presidido por Santa Úrsula. En su interior, de arquitectura fascinante y lienzos y retablos que “hablan” a los feligreses, se aprecian el Coro, las escaleras de caracol, el órgano descomunal del siglo XVIII, el Altar de la Virgen del Carmen, la Capilla de la Virgen de Vallivana –Patrona de Morella-, el Altar de San José y la Exposición catedralicia: obras que destacan a San Pedro Apóstol, el probable retrato del Papa Benedicto XVIII, la Visitación, tablas góticas de Joan Reixach, la Adoración de los pastores, orfebrerías y tejidos de los siglos XVI al XIX.

El pasado gravita aún en las fachadas de sus macizas edificaciones, objetos artesanales y mercaderías típicas. Morella es fiesta para bautizar a los gigantes de la ciudad, música medieval y renacentista, recreación de hechos y procesiones que involucran a la comarca en mitos y sucesos de la Iglesia y de la Reconquista contra los moros entre Aragón, Cataluña y Valencia.

El disfrute es mayor si el turista coincide con las escenas del pasacalle que recrea la estancia del Papa Luna –Benedicto XIII- en Morella, donde se reunió durante más de un mes con el Rey Fernando de Antequera y Sant Vicent Ferrer para solucionar la crisis que dividía a la Iglesia Católica en Europa. En julio del 2014, como en 1414, la corte papal recorrió la plaza de la Basílica arciprestal, obispos, escuderos, caballeros, estandartes, músicos, vecinos y visitantes, caballos y actores que combaten sobre los adoquines mientras avanzan hacia el Castillo.

Morella, la ciudad amurallada del siglo XIV, no es un culebrón infinito para turistas, sino la perla arquitectónica de las alturas que invita al retorno.

 

Ciudadanos de Internet. Miguel Iturria Savón.

15 julio 2014 às 10:41 por Ancla insular | Postado em: General
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Niños frente a internet 1

En el verano del 2014 se habla del proyecto O3b, iniciativa empresarial de enorme impacto informativo para países de las tres A –América Latina, África y Asia- cuyos gobiernos- apenas invierten en conexión satelital y mantienen a millones de habitantes al margen de las tecnologías que revolucionan los medios de comunicación. Se habla asimismo de las bondades y excesos de ese Padre Nuestro llamado Internet, amado por infinidad de fieles y denostado por grupúsculos de herejes que actúan como los antiguos sacerdotes que escondían los papiros del saber.

Con Internet no hay secretos ni crisis de ausencias, el ciberespacio aproxima las costas de islas y continentes, calles y plazas, aleja horizontes y atrae los cuadrantes de rebeldes y tiranos. Casi todo es posible en ese país universal sin fronteras, provincias, municipios, parlamentos, partidos ni elecciones donde las industrias y el comercio se articulan desde un ordenador, una tablet o un teléfono móvil con soportes tecnológicos que “producen y venden” mercancías ofrecidas por agencias de viajes, bibliotecas virtuales, sitios de arte, periódicos online, fundaciones, gobiernos y ciudadanos que crean, difunden o interactúan a través de Facebook, Twitter, blog, páginas Web y programas que atraen, asustan, amenazan o enriquecen la imaginación de niños, jóvenes y adultos con acceso a las redes sociales, pantalla y clic mediantes.

Internet es un país con habitantes de doble nacionalidad, hijos legítimos y bastardos, padres fundadores, madrastras, huérfanos, hermanos, primos, sobrinos, tíos, novios (as), esposas (os), amigos y personajes con perfiles de ensueños. No es el país del nunca jamás pues cada día se acerca más al Medio Oriente y sus guerras, al Islam y sus fantasmas, a los mitos culturales de China, la India y Europa. Es un país-mundo adscrito a la Sociedad de la Información, sin ONU, OTAN, OEA, banderas, partidos e ideologías aunque no faltan filias y fobias diseñadas por poderes, etnias y proyectos ciudadanos.

Internet es una tierra encantada con mitos, monstruos, bosques, ríos y avatares. Un país gigantesco y laberíntico, sin mapas, pasaportes ni carné de identidad. Sus habitantes son originarios de una isla, una península o tierra adentro, países reales que les suministran lenguajes, creencias, leyes y normas trucadas en imágenes metafóricas que a veces activan los monstruos de la razón y desata pesadillas como el intento de homicidio de las adolescentes de Wisconsin que apuñalaron en un bosque a su amiguita de clases para demostrar la existencia del Slender Man –hombre delgado-, un personaje de Internet inspirado en la literatura de horror.

Tras el atávico intento criminal de Morgan Geyser y Anisa Weier el ficticio Slender Man ganó popularidad, visitas y poder entre niños y adolescentes que crecen con Internet en las manos. El fallido sacrificio humano del mes pasado prefigura lo nocivo del “enganche” a un medio que enseña y entretiene, comunica y descubre, fascina y hasta engaña, según uso y sensibilidades.

El caso citado preocupa tanto como la ausencia de conexión por falta de oportunidades a ese país virtual lleno de espejos, narcisismos, colecciones extravagantes, mutaciones tecnológicas, miradas críticas y acríticas sobre realidades que hieren y laceran en naciones concretas –India, Siria, Cuba, Norcorea-.

Porque Internet es también para sus lectores y espectadores un escaparate de estrellas humanas que buscan espacios nucleares, semidioses del deporte, el cine, las empresas y el poder político. Saltos y sobresaltos, ampliación del campo de batalla en los medios informativos, protagonismos frente a la inocencia infantil, denuncias y manipulación, ciudades visuales, leyendas, desnudez de discursos, burbujas y pinchazos. Todo con un clic desde el móvil, la tablet o el ordenador.

Libros sobre la Guerra Civil española. / Miguel Iturria Savón.

11 julio 2014 às 11:11 por Ancla insular | Postado em: General
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En la Cábala el número 14 simboliza movimiento y desafío, advierte peligros, incendios, inundaciones, terremotos y huracanes; mientras el 18, representado por los antiguos con la imagen de una Luna radiante que gotea sangre en la boca de un lobo, significa el conflicto entre lo material y lo espiritual y se asocia con las peleas familiares, las guerras y las revoluciones.

De todo eso hubo a pesar de los números entre 1914 y 1918, pero al evocar el centenario de la Primera Guerra Mundial a cuyos libros me referí, salta un suceso intermedio que enlaza esa contienda de horror con la Segunda Guerra Mundial -1939 a 1945-, la Guerra Civil Española –julio de 1936 a marzo de 1939-, finalizada seis meses antes de que Hitler arrollara militarmente a Polonia, ocupada también por los ejércitos rusos.

Tal vez la Guerra Civil Española sea la más prolífica en la difusión de carteles, discursos, artículos, reportajes, libros y mitos durante el siglo XX. Según el historiador británico Paul Johnson, la G.C.E “ha sido el acontecimiento del siglo XX sobre el que más mentiras se han escrito”. No en vano Pío Moa publicó Los mitos de la Guerra Civil, en la que valora las pasiones desatadas, las circunstancias políticas, el papel de los dirigentes de ambos bandos –Azaña y Franco- y las versiones y leyendas popularizadas durante ese conflicto de casi tres años.

En España el Centenario de la Primera Guerra Mundial no emborrona el 75 aniversario del fin de la incivil Guerra Civil Española, aquel conflicto experimento que precede a la Segunda Gran Guerra y enfrentó algo más que dos bandos, dos maneras de pensar diferentes que marcaron una época e involucraron a miles de personas venidas de medio mundo. Esas dos maneras de ver y entender las relaciones políticas, sociales y económicas se vieron la cara otra vez en la II G.M y durante las décadas de Guerra Fría.

El prólogo comenzó en 1931 al triunfar la República, embrión de pasiones, desbordes partidarios y medidas extremas para aquella España adormilada en el tiempo hasta que los “militares africanos” con el general Francisco Franco al frente se sublevaron “contra el caos”, ocuparon ciudades y enfrentaron “a los rojos” organizados en frentes y trincheras de resistencia. Y los “rojos” –republicanos-  recibieron ayuda internacional al igual que los rebeldes franquistas. Y no solo hablaron los cañones, el verbo brilló en la radio y las trincheras al igual que la prensa y las editoriales en las ciudades dentro y fuera de España, sobre todo en México, Cuba, Argentina y otros rincones de América que enviaron combatientes y acogieron después a los exiliados.

Las investigaciones de archivo y la revisión de libros post bélicos revela cifras de horror: de 200 a 300 mil hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, 300 mil perdieron la vida en los combates y 20 mil fueron ejecutados tras la victoria de Franco, a cuya dictadura se le achaca miles de muertos por hambre y enfermedades en las prisiones y campos de concentración, entre ellos el poeta Miguel Hernández, mitificado al igual que Federico García Lorca, asesinado en su natal Granada.

Si la Guerra incivil de España aún nutre de mitos y utopías a los herederos del bando derrotado no solo se debe a la brutalidad de los vencedores, sino a los libros sobre ese conflicto de enorme impacto internacional. Veamos algunos títulos que glosan esas Españas enfrentadas a pesar de Unamuno, Machado y Ortega y Gasset:

  • Paul Preston. El holocausto español.
  • Antony Beevor. España. La Guerra Civil Española.
  • George Orwell. Homenaje a Cataluña.
  • Juan Eslava Galán. Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie.
  • Luis E. Tagores. Historia de la Guerra Civil Española.
  • Carteles de la Guerra Civil Española. Atlas ilustrado.
  • Gabriele Ranzato. El gran miedo de 1936.
  • Julio Aróstegui. Combatientes requetés en la Guerra Civil Española.
  • Antoine Giménez. Los Gimenólogos. En busca de los hijos de la noche, la guerra y la revolución.

A esos títulos que circulan en el mercado editorial pudiéramos agregar decenas de novelas, biografías, testimonios y películas inspirados en la tragedia de combatientes y exiliados, espías y guerrilleros, muertos y sobrevivientes. Obras literarias sobre un conflicto, libros contra el olvido.

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¿Censura en revistas científicas? / Miguel Iturria Savón.

6 julio 2014 às 22:25 por Ancla insular | Postado em: General
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DSalud N73

El mundo no es una novela ni una sinfonía, hay realidades diversas, conflictos étnicos,  políticos y religiosos, precariedad social y desórdenes desatados por intereses contrapuestos que parten de mitos y crean espejismos que rebotan en las personas, atadas a su entorno y circunstancias.

Donde quiera hay problemas y pronósticos, ruidos y señales, críticas y crispación no solventados por la elevación de los índices económicos, la sobreabundancia de datos y la proliferación excesiva de blogs, twitters y teléfonos con Internet, Whatsapp y otros soportes que multiplican las redes sociales y empoderan a millones de ciudadanos frente a gobernantes y empresarios.

Pero a veces un comercial o un discurso desatan nuestra suspicacia y activa la sospecha ante la evidente reiteración del mensaje visual o auditivo. ¿Qué esconde la propaganda de tales productos alimenticios, de modas o farmacéuticos? O, si el país funciona de maravilla, ¿por qué no sale de la crisis y ofrece alternativas a las personas que naufragan en sus problemas cotidianos?

Pensando en los retos y frustraciones que agobian a gentes con rostros, recuerdo el correo electrónico que me envió el año pasado un científico cubano que investiga en un laboratorio universitario de Canadá. Mi amigo es doctor en ciencias, ha publicado  varios artículos en revistas especializadas y presentado ponencias en eventos científicos internacionales, pero enfrenta ahora el sutil rechazo de las mismas revistas que acogieron sus trabajos anteriores.

“Este es mi mejor trabajo pero sorprende que no ha tenido el mínimo logro comparado con otros. Sospecho que como aporta más y va más directo a problemas reales, algunas fuerzas mayores están haciendo lo posible porque no salga, pero eso es difícil de demostrar. No hay otro remedio que insistir pese a que ya se le ha bajado el valor y el impacto considerablemente”.

El dilema de mi amigo parece intrascendente si lo comparamos con la inmersión de millones de personas en la rutina y la desesperanza en medio mundo, mas lo colectivo se nutre de individualidades y en especial las ciencias cuyos resultados repercuten en esa mayoría. Quien ha padecido la censura sabe que para un intelectual con aportes el silencio o la desidia frena y lastra la creación.

Al responderle al abnegado investigador, uno de los más consultado en su especialidad a nivel mundial, le sugerí leer en la revista Discovery D Salud número 168 el artículo “Manipulación, falsificación y censuras en las revistas científicas de élites”, un texto que ofrece alternativas ante el predominio de ciertos medios académicos que difunden resultados beneficiosos para los laboratorios que financian investigaciones y en ocasiones aplican “la censura a discreción”, la “autoría fantasmal” y otras formas de corruptelas en un sector complejo y competitivo.

Aunque el articulista carga la mano contra los laboratorios farmacéuticos y los posibles conflictos de intereses que fluyen entre estos y “revistas de élite” –Nature, Science y Cell-, ejemplifica como los propios padres de las ciencias – Galileo, Pasteur, Gregor Mendel y el filósofo August Comte- manipularon los resultados de sus experimentos y crearon “encíclicas científicas” al estilo de la Biblia, las cuales, pese a ser superadas, se estudian aún como patrón innegable.

Cita el caso de Randy Schekman, Premio Nobel de Medicina 2013, quien anunció que “no volverá a publicar nada en Nature, Science y Cell –las tres más importantes- sumando así su nombre a la larga lista de investigadores que se revelan ante los grupos de poder que pretenden controlar los postulados científicos”.

Advierte acerca de “editores y autores de renombre que confirman anteriores denuncias de analistas independientes sobre la manipulación y falsificación de datos, la censura a través del Peer review, las perversiones metodológicas, las prioridades de investigación y publicaciones de las multinacionales farmacéuticas” como prácticas habituales en importantes revistas científicas.

Al leer el artículo de referencia nos alegra e inquieta la desmitificación –revistas por medio- de santos varones del ámbito académico, algunos convertidos en estrellas de las ciencias aunque no tan bien pagados como las celebridades de Hollywood, los míticos peloteros de las Grandes Ligas y los famosos chicos de los clubes de fútbol de España, Alemania, Holanda y otras naciones de Europa y América.

Nada debe asustarnos, la ética avanza más despacio que las ciencias y la tecnología. El hombre siempre pifia. La sobredimensión de unos afecta a muchos. Ninguna teoría ni descubrimiento debe ser convertida en dogma. Es lamentable “el filtrado de artículos a conveniencia…” para no frenar la comercialización de “productos probados”.

revistas-cientificas

Libros sobre viejas guerras. Miguel Iturria Savón.

30 junio 2014 às 22:58 por Ancla insular | Postado em: General
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Guerra de sucesion

A cien años del asesinato en Sarajevo del Archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía, acaecido el 28 de junio de 1914, ni el joven asesino bosnio ni su ilustre víctima –sucesor de la corona del Imperio Austrohúngaro- imaginarían que dos balazos desatarían la Primera Guerra Mundial que inundó de cadáveres a decenas de ciudades, barrió a cuatro imperios y favoreció el ascenso de sistemas totalitarios en pugna –comunista y fascista- que intentaron rediseñar las fronteras y condujeron a la II Guerra Mundial -1939 a 1945.

Aquellas guerras contemporáneas fueron destiladas en numerosos libros de ensayos, memorias, biografías y relatos. Cien años después diversas editoriales europeas y americanas “actualizan” otros aniversarios bélicos de repercusión internacional: el tricentenario de la Guerra de Sucesión Española -1700 a 1714- y el bicentenario de la derrota de Napoleón en Waterloo -18 de junio de 1814- que marcó el paso del Antiguo Régimen al nuevo modelo mundial y la liberación de España, ocupada por las tropas francesas desde 1808.

Con la toma de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 culminó la contienda que involucró a casi todas las naciones de Europa y a varios continentes por ocupar el trono de España entre Felipe V de Borbón, nombrado sucesor por Carlos II, y Carlos III el Archiduque, de la Casa de Austria. Esa disputa dinástica puso el Imperio español y sus dominios coloniales en mano de los Borbones e implicó una guerra civil entre el Reino de Castilla –fiel a Felipe V- y los territorios de la corona de Aragón –partidarios de Carlos III-, además de las acciones de ingleses, holandeses y franceses enrolados a favor o en contra de uno u otro bando hasta la firma de los tratados de Utrecht.

Los libros de historia resumen la complejidad del conflicto que inauguró el siglo XVIII, recreado en obras de mayor hondura humana y resonancia espiritual de posible adquisición en el verano del 2014. Veamos algunos títulos:

  • La Guerra de Sucesión de España (1700-1714), del catalán Joaquín Albareda Salvadó.
  • Victus, novela histórica de Albert Sánchez Peñol sobre la guerra y el sitio de Barcelona.
  • De Madrid a Versalles, obra epistolar con las cartas inéditas cruzadas en 1707 entre Luis XIV, Rey de Francia, y Felipe V.
  • Felipe V: el rey que reinó dos veces, de Henry Kamen.
  • Donde se alzan los tronos, de Ángeles Caso quien relata las conspiraciones y sucesos de esa época y el papel de la princesa de Ursinos.
  • Las guerras de Cataluña: el Teatro de Marte (1652-1714), de Antonio López Espino.
  • La resistencia de la monarquía hispánica, de Christpher Storrs.

Las editoriales ofrecen diversos volúmenes que evocan el fin de las guerras napoleónicas y el bicentenario de la independencia de España, algunos escritos por protagonistas excepcionales de pugnas y odiseas como el propio Napoleón Bonaparte, quien en la monótona isla de Santa Elena redacto Mi Testamento, exhaustivo y conmovedor reparto de su patrimonio.

Del mítico Joseph Fouché ha sido presentado Memorias de Fouché (1759-1820), interesante relato del ministro de policía francés y genio de la intriga; tal vez el personaje más astuto de su tiempo. De un colega y rival de Fouché, Charles Maurice Talleyrand, circula Memorias del Príncipe Talleyrand, crónica excepcional de las guerras napoleónicas y su final.

Otros ensayos, testimonios y ficciones retoman el bicentenario de la debacle del Gran Corso y su época:

  • La Primera Guerra total, de David Bell, quien desarrolla la tesis de que la “guerra total” nació entre 1792 y 1815.
  • España contra Napoleón, del historiador Charles J. Esdaile.
  • Independencia, de José Luis Corral, sobre el sitio de Zaragoza.
  • El rey Felón: de las cortes de Cádiz a Waterloo, del mismo autor.
  • Episodios Nacionales I, del célebre novelista español Benito Pérez Galdós.
  • Álava en Waterloo, de Idelfonso Arenas.
  • El coronel Chabert, del narrador francés Honoré de Balzac.
  • Un día de cólera, El Húsar y Cádiz, 1811, del prolífico Arturo Pérez Reverte.
  • Wellington, de Richard Holmes, sobre el duque Arthur Colley Wellesley y su actuación en Waterloo.

Son algunos libros sobre viejas guerras, relatos y memoriales, testimonios de hechos y protagonistas del horror que ayudan a entender las causas de conflictos trascendentes que devastaron la vida de millones de personas y aún figuran en los programas de estudios. La guerra ante nuestros ojos, siglos después, en papel y en soporte digital.

Episodios nacionales 1 de B. Perez Galdós

 

Ortega y Gasset, el Nietzsche civilizado. Miguel Iturria Savón.

24 junio 2014 às 17:06 por Ancla insular | Postado em: General
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ortega y gasset 1

Resuena otra vez en los medios culturales de España y algunos países de Latinoamérica el nombre del ensayista José Ortega y Gasset (madrid, 1883-1955), ícono de aquella generación literaria de 1914 contraída por los ecos de las guerras y por tres generaciones literarias ruidosas y pasionales: las de 1898, 1927 y 1936.

En la nómina espiritual del catorce reinó Ortega y Gasset junto a los ensayistas Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Eugenio de Ors y Gustavo Pittaluga; los narradores Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala, el célebre poeta Juan Ramón Jiménez y el inclasificable Ramón Gómez de la Serna.

En el imaginario socioestético de tales creadores estuvo la idea de españolizar a Europa o europeizar a España –neutral en la Guerra de 1914 a 1918- difundida por Ortega y Unamuno, promotores del racionalismo y la sistematización frente al ruralismo tradicional, la ciudad y los valores urbanos, el activismo transformador, la controversial  “deshumanización del arte” y el esteticismo como puente de elevación –el minorismo de Juan Ramón- y la urgencia de modernizar a España, atada al catolicismo y sus mitos imperiales.

Ortega entró como un torbellino de ideas avasalladoras en 1914 con sus Meditaciones del Quijote y con la conferencia Nueva y vieja política, textos que elevan el listón y atraen la mirada de los medios académicos y literarios sobre el joven profesor de filosofía. Así empezó su ascenso a la cresta del oleaje, un oleaje “que propina descargas escritas y orales sin freno, sin Dios, sin miedo y sobre todo y contra todos…”como una “descarga de fusilería ideológica” según el historiador Jordi Gracia, autor de la biografía  José Ortega y Gasset, publicada en junio del 2014 en la editorial Taurus (Madrid).

En este libro de 687 páginas regresa Ortega cien años después. Es un retorno crítico sobre un archivo abierto, un repaso de la vida y la obra del mítico ensayista, de su contexto literario, social y político, casi una reconstrucción del personaje más  influyente del pensamiento hispanoamericano de la primera mitad del siglo XX. Al decir de Antonio Elorza, la “biografía sensacional, minuciosa y precisa…no se limita a sus escritos y actuaciones filosóficas y/o políticas, sino que precisa cuidadosamente la complejidad de su formación y relaciones intelectuales, sin olvidar la sensibilidad amorosa de este hombre bajito y cabezón…”

En un artículo previo a la biografía de Ortega, Jordi Gracia anota: “Cuando Ortega se olvida de sí mismo, cuando desiste de ser quien es, desatado y brioso, entonces es un ensayista arrebatado y arrebatador: el mejor antídoto contra el idealismo embaucador, el más sugestivo intérprete de sujetos en movimientos, el más apto para fabricar en silencio, rumiando, personas libres y contingentemente felices, como lo fue él mismo: un escritor del siglo XXI”.

Hemos de suponer que a pesar de la movilidad tecnológica, económica y social, algunas reflexiones de Ortega y Gasset –sobre la crisis orgánica generada por Gran Guerra y sus implicaciones políticas en la mentalidad del sujeto histórico expresado en La rebelión de las masas y ensayos posteriores- conservan valía al igual que su propuesta de articulación entre nación y trabajo.

No olvidemos que su legado no solo fue filosófico aunque se le asoció junto a Manuel Azaña –tras la Guerra Civil Española- como protagonista del fracaso modernizador de España. La biografía de Ortega escrita por Jordi Gracia no olvida esa “cuña de revolución cultural: la Revista de Occidente”, puesta en marcha por el pensador hispano para observar a Europa y chequear la actualidad intelectual mediante tertulias y ediciones que sacudieron el tradicionalismo católico peninsular, amedrentaron y hasta puso en guardia a sectores de la vida política que alimentaron rencores y desdén mientras crecían los discípulos del profesor “auténtico e hiperactivo de prosa vivaz y brillante comprometido y desprejuiciado…”

Ortega, “el Nietzsche civilizado sin tristeza ni amargura”, el pensador que erró “tras leer a Heidegger en 1928 y considerarlo un asteroide filosófico”, supo saltar “del contagio teológico” y ofrecer un cuerpo de ideas progresistas y renovadoras que aún resultan de interés al analizar aspectos esenciales de la convivencia social en España y otras naciones enredadas en sus mitos, tradiciones y problemas.

Cien años después del despegue de este genio nominado al Premio Nobel de Literatura algunos de sus libros despiertan interés -La rebelión de las masas, El hombre y la gente, En torno a Galileo, Ideas sobre el teatro y la novela, etc- pero solo los estudiosos del pensamiento orteguiano leen sus Obras completas, sugiero pues la reciente biografía de Jordi Gracia sobre el gran ensayista español de la generación literaria de 1914, asequible a quienes accedan a Internet y la soliciten en Taurus en formato electrónico o impreso.

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Norcorea, reino de locuras. Miguel Iturria Savón.

19 junio 2014 às 16:22 por Ancla insular | Postado em: General
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kim jong un

Desde hace setenta años el horror vestido de absurdo cotidiano acuña la vida de  millones de personas en un  país de Asia Central bordeado por el Mar Amarillo. Fue imperio antes de ser conquistado por tropas japonesas tras la guerra con los rusos de 1905. Desalojados los nipones en 1945 llegaron los militares rusos –entonces soviéticos- e impusieron en el poder a un coronel nativo que descartó las elecciones convocadas por la ONU en 1948, desató la Guerra de Corea -1950-1953- y creó una dinastía de nombre ostentoso: la RPDC.

Más que república popular y democrática Norcorea es una especie de sultanato anticuado y residual donde la vida de las personas apenas importa. Allí pensar es un delito, reír una quimera y dudar conduce a la exclusión o la muerte.

Hay que tener imaginación para vislumbrar el reino de los Kim –Kim Il Sung, el abuelo fundador; Kim Jong Il, el hijo y Kim Jong Un, el nieto-, únicos ciudadanos de primera entre veinte millones de seres humanos al servicio del “Querido Líder”; tan temido y revestido de poderes como desnudo en su estupidez.

Al imaginar lo increíble le echo mano a una reseña del periodista catalán Jordi Pérez Colomé quien publicó en World Wide Blog “Diez cosas locas de Corea del Norte según uno de sus poetas más famosos”, el “admitido” y excomulgado en fuga Jang Jin-Sung, autor de un poema épico acogido por el presidente Kim Jong-Il.

Solo desde recuerdos y escapadas, libros en el extranjero como Dear Leader (Querido Líder) del citado Jang Jing-Sung y otros testimonios de exiliados nos aproximamos a ese mundo alucinante de Partido Único, Presidentes eternos y Comandantes Supremos que hilvanan puzles a desenredar por quienes parten después de ser admitidos y aborrecidos.

Imaginemos, por ejemplo, que los poetas, prosistas y periodistas de Norcorea solo escriben plegarias de alabanzas que exaltan la Patria y mejoran la imagen exterior del país, revisados antes de ser publicados por el departamento de propaganda del Partido, el cual “inspira”, asigna y controla la expresión de “su verdad” hasta en la obra más intimista. Similar pero no tanto en Cuba y China, aliados naturales de los Kim.

Imaginemos estaciones de primera para ciudadanos de primera y sus servidores exclusivos; camuflados de verde para evitar la detección de los satélites aunque “a nivel de suelo los edificios no tienen carteles y están rodeados por altos muros” y custodiados por un cuerpo de élite que sobreviven por y para el Líder.

Imaginemos que si eres admitido y a veces recibido llegas y te vas custodiado, esperas durante horas al General, observas en silencio como le echan spray a la silla del Kim y te lavas las manos antes de saludarle, sin mirarle a los ojos sino al segundo botón de la camisa y en espera de sus órdenes, dispuesto a callar, llorar o sonreír en dependencia de su estado de ánimo.

Recuerda Jang que al ser recibido por primera vez escuchó a “una banda con una cantante que tocó en directo una canción tradicional rusa. Kim lloró de presunta emoción”. Y Jang vio de repente cómo los otros invitados también lloraban: “Tengo que llorar. Llevo una vida de lealtad al General. No una lealtad de pensamiento y obra, sino obediencia leal del alma. Debo llorar como mis camaradas…”

Relata, entre otras locuras, el tema de “las lucecitas y el cáliz”, tan gustadas en Oriente.  “Kim Jong-il les da un curioso uso cursi:

Cada vez que traen un plato, las luces de la sala cambian a un fantasmal nuevo color. Cuando sale el plato de verduras, las luces pasan de un verde césped vivo a un morado suave: con la carne, pasan de rosa a rojo fuerte. Es sorprendente descubrir que las luces pueden formar parte de la presentación de una comida. Con el pescado, la bandeja lleva una purpurina tan espectacular que no puedo probar la comida”.

Imaginemos, como él, a los misteriosos hombres que acompañan al Mandarín Supremo y a las chicas de la Sección cinco: “Las jóvenes vírgenes tienen su papel en Corea del Norte…”, seleccionadas desde niñas por su belleza en distritos y ciudades para la División de la Alegría, como el grupo de música del monarca rojo: “Tras la selección las chicas pasan revisiones médicas anuales para enfermedades y comprobar si son vírgenes aún. A los 16 años, se hace una selección entre todas. Las que quedan las enviamos a un curso de un año y luego a las casas de vacaciones o de caza que Kim tiene por todo el país. Reciben sus destinos a los 17 y terminan su servicio a los 24. La mayoría acaba en matrimonios preparados con guardias o con funcionarios con destinos en el extranjero. Otras llegan incluso a ser dirigentes”.

Imaginemos también al “otro grupo de hombres que hacían un trabajo raro para él” y “al Instituto de Ciencias Fundacional, el cuerpo académico dedicado al estudio de la salud del Querido Líder. Tres mil investigadores trabajan allí. Planean y preparan medicamentos y platos diseñados para alargar la longevidad de Kim… Para comprobar los efectos de los medicamentos y platos, tienen una unidad de pruebas hecha por hombres seleccionados en todo el país con quienes Kim comparte enfermedades y físico”.

Supone el poeta disidente que “Quizá tanta planificación puede tener algo que ver con el extendido uso de la marihuana entre las élites norcoreanas”.

Y habla de alta traición de quienes desobedecen “el cuadro tradicional de lealtad al régimen”, del acceso a libros prohibidos, de los libros numerados para evitar suspicacias y filtraje de literatura propia o foránea; de algunos autores extranjeros accesibles a los Admitidos en el entorno del Líder, a veces censurados con tinta negra.

Imaginemos los años de hambruna, las delaciones cotidianas a cambio de alimentos, “los edredones hechos de colillas de cigarros para soportar el invierno”, de las mujeres que junto a las estaciones vendían agua para lavarse la cara y la “brigada de los cadáveres” dirigida por funcionarios que iban por el parque para comprobar qué cuerpos que dormitaban estaban muertos”.

O la realidad de eslóganes y bozales para acallar a los fusilados, algunos trágicos y curiosos a la vez:

  • ¡Instalemos mosquiteras para protegernos de los vientos del capitalismo!
    • ¡Instalemos ventanas con rejas!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quien desobedece las normas de tráfico!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes malgastan electricidad!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes diseminan culturas extranjeras!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes cotillean!

En ese mundo de pesadilla nadie sabe quien cree o finge creer, “mejor callar, una duda puede ser fatal, un chivatazo puede ser definitivo…” Dios los proteja de los Kim o les permita llegar a China, Japón o Corea del Sur, la otra mitad del antiguo reino de Corea, más normal y soñada desde el encierro y la tragedia de cada día.

North Korean leader Kim Jong-un cries during a memorial service for his father and former leader Kim Jong-il in Pyongyang

 

Cuba duele. Miguel iturria Savón.

10 junio 2014 às 14:58 por Ancla insular | Postado em: General
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“Apenas leo sobre Cubalandia, no hay noticias de interés, solo represión, colas, hambre, promesas”… Es la respuesta de una amiga de Alicante que a veces comenta la realidad insular en su blog.

La amiga española casi coincide con un colega de La Habana que me escribe: “Ya no es fácil hacer periodismo en Cuba, aquí no sucede nada, las historias son de derrumbes, detenciones, dengue, éxodos. De nosotros, quien desee hacer un buen reportaje tendrá que mudarse para Ucrania o Venezuela…”

Acierta y exagera este comunicador independientes que lleva años reportando las miasmas hipnóticas desatadas por una dictadura sin límite ni proyecto de nación, aunque esgrime el nacionalismo como bandera y la grandilocuencia verbal para enmascarar el absurdo cotidiano.

Sí amigos, Cuba duele, hiede, cansa y asusta a quienes desean conocer esa realidad paralela entretejida desde el poder con pretensiones tendenciosas. Duele porque la vida no es aquello que narramos; la realidad no es la ficción que cada cual elige, ni el haz de historias que fluyen en nuestro entorno. La sociedad es más compleja que el relato de sesgo trágico, heroico, cómico o absurdo ofrecido por un partido, una ideología o un gobierno.

Es lógico el hastío de los reporteros de un país sumergido en la opresión mitificada por las banderías revolucionarias. Si hasta la belleza cansa, ¿cómo no van a estar cansados los cubanos que viven y escriben en un entorno abúlico?, encerrado por normativas estatales sobre la enseñanza, el comercio, la tierra, la ganadería y la vida doméstica de los ciudadanos.

Duele y cansa un Parlamento que no parla y vota por unanimidad las decisiones y propuestas del Gobierno; los tribunales que reciben órdenes secretas antes de dictar sentencias, los generales que se creen dioses, los policías corruptos. Hieden las calles llenas de basura, los hospitales que parecen bombardeados y las zanjas y desechos que adornan el paisaje urbano de la capital y otros pueblos de la isla, cuya “belleza física” contrasta con los “horrores del mundo moral” expresados por J. M. Heredia, el poeta desterrado de principios del siglo XIX.

Cansa la ineficacia del transporte público que impone caminatas bajo el sol y aglomeración diaria en las estaciones de ómnibus y trenes. Duele la espera sin esperanza. Aburren los telediarios que presentan los sucesos del mundo como una pesadilla y los problemas de Cuba como consecuencia de supuestas agresiones enemigas. Hieden la mendicidad planeada desde palacio, los locos y ancianos que hurgan en la basura, las calles rotas y los edificios en ruina.

Duele, cansa y asustan el culto a héroes venidos a menos y la obstinación utópica del grupito de ancianos aferrados a conceptos desfasados para perpetuar pesadillas y justificar el encierro de las voces críticas, ajenas a los espejismos de esa cotidianidad sin alternativas que estimula éxodos y fugas.

Si, Cuba duele y cansa tanto como la desmesura de sus mitos y el paternalismo voluntarista de aquellos jóvenes con uniforme que subieron al pedestal de los héroes y desataron la madeja del horror. Hay penas sin nombre, restricciones y decepciones que desatan llantos, gritos o indiferencia. Pero hay que seguir, nada es eterno. Allí también sale el Sol al amanecer y la Luna al anochecer.

 

 

 

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