Los perritos de la Bienal. Por Miguel Iturria Sav’on.

10 abril 2009 às 17:51 por Ancla insular | Postado em: Arte,M. Iturria.
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El viernes pasado caminaba con Juan Antonio Madrazo hacia el Centro de Arte Wilfredo Lam, cuando en la esquina de O’ Relly y Tacón nos interceptó un suboficial de la policía que conocía a mi acompañante. El agente nos pidió el carnet de identidad e intentó registrarnos en plena calle. Como no accedimos a sus estupideces pidió orientaciones a la Unidad por el walking – talking. Le ordenaron que nos dejara tranquilos pues se disculpó entre dientes.
-“Es un perro bien entrenado, me detuvo meses atrás y quiso repetir el atropello. Además de policía fue impuesto como Delegado del Poder Popular en Cambute, donde se ensaña con los opositores”-, dijo Madrazo, quien es vicepresidente del Comité de integración racial.
Ese día, mientras recorríamos las exposiciones del “Wilfredo Lam”, el Castillo de la Fuerza, la Fototeca de Cuba, el Convento de San Francisco de Asís, el Palacio de Bellas Artes y la galería del antiguo Centro gallego de La Habana, fuimos testigos de varias detenciones en el casco histórico. Jóvenes con mochila, hombres con portafolios, muchachas con extranjeros y hasta los mendigos que merodeaban por las plazas y las instalaciones de la Bienal eran acosados por policías que ven fantasmas entre los transeúntes.
Hay una atmósfera de tensión y represión en medio de un evento artístico internacional. Debe haber 100 policías por cada uno de los 300 artistas que vinieron de medio centenar de naciones. Los agentes de la Seguridad del Estado patrullan las calles en sus motos japonesas. Son menos visibles en las 16 instalaciones que atesoran las obras, donde predominan los vigilantes de sala y los cansados especialistas de museología.
La X Bienal de arte de la Habana, como las Feria del libro, forma parte de las maniobras de distracción de la cultura oficial, marcada por la censura y la vigilancia. Pero algunas obras y performances crearon expectativas que asustaron al Comité organizador y a los militares que controlan el evento, aunque la prensa acreditada difundió por igual a las Cucarachas de Favelo, quien puso su rostro en la cabeza de cada bicho para evitar suspicacias; el espectáculo de Mendive, cuyos lienzos surrealistas dulcifican el dualismo y las leyendas de origen africana; las muestras del japonés Shigeo Fukuda, el uruguayo Luis Camnitzer y la cubana Tania Bruguera, que expuso “Estado de Excepción” con creaciones de los alumnos de la Cátedra arte de conducta, la cual estimula espacios de discusión sobre temas de la realidad insular.
Parece que los guardianes de la estética castrense se irritaron con las alegorías políticas, el humor y la imaginación de los jóvenes del Taller de conducta, creadores de una Máquina de feria para extraer muñecos de Fidel Castro, una urna de cristal con titulares del diario Granma y otras metáforas de la situación cubana que desataron el miedo de los comisarios de la Bienal, quienes escribieron párrafos de insultos contra las personas que gritaron libertad cuando Tania Bruguera concluyó su performance en el Centro Wilfredo Lam.
Pero no hay que temerle al arte. Los organizadores de la Bienal debieran explicarles algunas cosas a los jerarcas del Ministerio del interior, cuyos policías patrullan las calles de La Habana como si los artistas amenazaran con sus pinceles al gobierno más viejo e intolerante de América.
Los gobiernos pasan, el arte perdura.

Figuración y erotismo. Por Miguel Iturria

10 noviembre 2008 às 22:27 por Ancla insular | Postado em: Arte,M. Iturria.
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La fachada de una isla son sus costas, pero los pintores desafían el paisaje. Las tonalidades del azul, los matices del verde y las mixturas del rojo han nutrido el panorama pictórico cubano, recreado en lienzos, grabados y litografías desde principios del siglo XIX. El exceso de luz, el colorido tropical, la geografía, el hombre del campo y el entorno urbano son temas recurrentes en nuestra plástica, cuyo camino registra nombres como F. Mialhe, E. Chartrand, Landaluce, V. Sanz Carta, Miguel Melero, Víctor Manuel, Carlos Enríquez y otros ilustres que grafican el paso entre tradición y modernidad.
En la aparente quietud de la plástica insular son notables los dibujos y pinturas de Rubén Rodríguez Martínez (Cárdenas, Matanzas, 1959), quien conjuga su labor creativa con la docencia en el Instituto Superior de Arte, donde es profesor de Serigrafía, especialidad que marca su obra pues fue uno de los fundadores del Taller artístico experimental de serigrafía “René Portocarrero”, en el cual dio clases magistrales e impartió cursos y talleres durante dos décadas.
Rubén ha participado en medio centenar de exposiciones colectivas y en más de diez representaciones individuales, de importantes galerías de La Habana, España, Estados Unidos y Puerto Rico. Desde 1983 sus grabados, lienzos y cartulinas han recibido premios y menciones dentro y fuera de la isla. En 1987 fue distinguido en Barcelona con el Premio colectivo de la Fundación Jaume Guasch; un año después obtuvo mención especial en el Salón de Ciudad Habana y, en el 2000, en el Primer salón de arte erótico.
El erotismo es una constante en la obra del artista, cuyo lenguaje creativo ha dialogado con la crítica y con el público especializado, sin tabúes ni en sentimentalismos. Su discurso visual transita por la combinación de signos, parábolas, alusiones y mensajes gráficos. Se apropia de códigos teológicos y culturales, los mezcla en una imaginería propia. En algunos óleos y cartulinas la cruz católica es acompañada por íconos de origen africano.
Pero el sincretismo que tapiza la cultura cubana es uno de los temas de sus piezas, en las que también se aprecia un pensamiento de lo cotidiano que se nutre del folklor, los proverbios, el sexo y otras aristas de la vida. En sus telas y dibujos sobre cartulina el erotismo ronda por encima de casi todas sus propuestas.
La crítica ha reseñado el dibujo esbelto y la elegancia de la figuración de los cuadros de Rubén Rodríguez Martínez, quien reitera, en diversos soportes y formatos, la figuración antropomórfica, animada de sensualidad y fina ironía. En óleos como “Usted ama como el gallo”, “Un gran susto trae felicidad” y “El que lo tiene adentro es el que se menea”, el pintor reta la imaginación desde una poética del sexo.
Por la singularidad de su obra gráfica este artista merece mayor espacio en los medios. Es difícil encontrar un catálogo o cuadros suyos en la red de galerías y en las tiendas que comercializan el arte contemporáneo de Cuba. Óleos y serigrafías de Rubén yacen en museos y colecciones privadas de Alemania, Brasil, España, Estados Unidos, Kuwait, La Habana, Teherán, Panamá, Uruguay y Venezuela. Tal dispersión exige una nueva entrega al público insular.

Figuración y erotismo. Por Miguel Iturria

27 octubre 2008 às 22:28 por Ancla insular | Postado em: Arte,M. Iturria.
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La fachada de una isla son sus costas, pero los pintores desafían el paisaje. Las tonalidades del azul, los matices del verde y las mixturas del rojo han nutrido el panorama pictórico cubano, recreado en lienzos, grabados y litografías desde principios del siglo XIX. El exceso de luz, el colorido tropical, la geografía, el hombre del campo y el entorno urbano son temas recurrentes en nuestra plástica, cuyo camino registra nombres como F. Mialhe, E. Chartrand, Landaluce, V. Sanz Carta, Miguel Melero, Víctor Manuel, Carlos Enríquez y otros ilustres que grafican el paso entre tradición y modernidad.
En la aparente quietud de la plástica insular son notables los dibujos y pinturas de Rubén Rodríguez Martínez (Cárdenas, Matanzas, 1959), quien conjuga su labor creativa con la docencia en el Instituto Superior de Arte, donde es profesor de Serigrafía, especialidad que marca su obra pues fue uno de los fundadores del Taller artístico experimental de serigrafía “René Portocarrero”, en el cual dio clases magistrales e impartió cursos y talleres durante dos décadas.
Rubén ha participado en medio centenar de exposiciones colectivas y en más de diez representaciones individuales, de importantes galerías de La Habana, España, Estados Unidos y Puerto Rico. Desde 1983 sus grabados, lienzos y cartulinas han recibido premios y menciones dentro y fuera de la isla. En 1987 fue distinguido en Barcelona con el Premio colectivo de la Fundación Jaume Guasch; un año después obtuvo mención especial en el Salón de Ciudad Habana y, en el 2000, en el Primer salón de arte erótico.
El erotismo es una constante en la obra del artista, cuyo lenguaje creativo ha dialogado con la crítica y con el público especializado, sin tabúes ni en sentimentalismos. Su discurso visual transita por la combinación de signos, parábolas, alusiones y mensajes gráficos. Se apropia de códigos teológicos y culturales, los mezcla en una imaginería propia. En algunos óleos y cartulinas la cruz católica es acompañada por íconos de origen africano.
Pero el sincretismo que tapiza la cultura cubana es uno de los temas de sus piezas, en las que también se aprecia un pensamiento de lo cotidiano que se nutre del folklor, los proverbios, el sexo y otras aristas de la vida. En sus telas y dibujos sobre cartulina el erotismo ronda por encima de casi todas sus propuestas.
La crítica ha reseñado el dibujo esbelto y la elegancia de la figuración de los cuadros de Rubén Rodríguez Martínez, quien reitera, en diversos soportes y formatos, la figuración antropomórfica, animada de sensualidad y fina ironía. En óleos como “Usted ama como el gallo”, “Un gran susto trae felicidad” y “El que lo tiene adentro es el que se menea”, el pintor reta la imaginación desde una poética del sexo.
Por la singularidad de su obra gráfica este artista merece mayor espacio en los medios. Es difícil encontrar un catálogo o cuadros suyos en la red de galerías y en las tiendas que comercializan el arte contemporáneo de Cuba. Óleos y serigrafías de Rubén yacen en museos y colecciones privadas de Alemania, Brasil, España, Estados Unidos, Kuwait, La Habana, Teherán, Panamá, Uruguay y Venezuela. Tal dispersión exige una nueva entrega al público insular.