Ciudad en rojo. Por Julio Aleaga Pesant.

4 mayo 2009 às 21:45 por Ancla insular | Postado em: Aleaga Pesant.,Cine
| Comments (1)

La disciplina me llevó al Cine Yara, en el céntrico 23 y L del Vedado, a visualizar la primera película de ficción de Rebeca Chávez. Las historias contadas por mi madre, miembro del M-26-7, detenida varias veces en el Vivac de Santiago de Cuba y de mi padre, un lector de Carta Semanal, el periódico interno de los comunistas originarios, me hacían cercana la historia.
Además, la lectura obligada por el plan de estudio de mi adolescencia de Bertillón 166, la única gran obra de Soler Puig, apuraron mis pasos hasta la sala oscura, donde descubrí un filme violento, aburrido, retórico y en blanco y negro. Referencia a la forma de escribir la historia, de Xenia Riverí y de ponerla en pantalla por Rebeca.
Salvan los largos minutos de la duración, de una película corta en el tiempo pero larga y aburrida en su visionaje, las actuaciones, la fotografía y Santiago de Cuba. La ciudad fue captada por la cámara de Jorge Alderete en toda su exuberancia tropical, sus luces y sus silencios. Sin embargo, su constante movimiento y el abuso de ángulos cooperan en el desequilibrado maniqueísmo de una película que narra la historia de manera monocromática.
Mario Guerra (el sastre Quico), Eman Xor Oña (un miembro del Partido socialista popular encargado de contactar con los terroristas) y Patricio Wood (capitán del ejercito nacional, esbirro desalmado), son los baluartes actorales de la obra.
El carisma y la versatilidad de Mario Guerra, puesto a prueba en el musical Benny, roba aquí el alma del espectador con la gracia propia de los santiagueros y su tendencia al choteo como conducta. Otro es el tema con Oman, el actor negro por excelencia del cine cubano de estos tiempos (Los dioses rotos, Frutas en el café), quien aporta la madurez y sobriedad propia al personaje. Por ultimo, el caricaturizado personaje del jefe del ejército, en las manos de Patricio, le suma complejidad y sorpresa a la obra en la tesitura que quiso ser contada.
El trabajo de arte, dirigido por Lesbia ven Dumois, se reciente por dejadez. La década del 50 del siglo XX no solo se refleja en nuestros “dignos y aguerridos” almendrones (popular taxi cubano), o por ser el último momento de la arquitectura moderna en la isla, hoy destruida por el paso del tiempo. Es mucho más que eso y a la película le falta precisamente “eso”, para reflejar la época.
Además, el incomprensible epílogo, con el video clip de X Alfonso, deja boquiabierto a los espectadores, que si bien asimilan la violencia propuesta, sujeta a acciones súbitas y no preparadas, como la incompresible muerte de Quico y su esposa (que deja vacio el filme), se convierte en el sumun de la incoherencia narrativa.
Rebeca Chávez no se metió en camisa de once varas al hacer una película ficción sobre héroes y villanos. Fue victima de su labor como documentalista de la dictadura, cuyos arquetipos se dan sin matices. Su obra sirve para amplificar el mito de la violencia de una época y la necesidad de la revolución, en momentos en que su ocaso es cierto.
Por suerte, al estreno de Ciudad en Rojo le antecedieron El cuerno de la abundancia y Los dioses rotos. aleagapensant@yahoo.es

Filmes de abril. Por Miguel Iturria Savón.

15 abril 2009 às 21:51 por Ancla insular | Postado em: Cine,M. Iturria.
| Comments (0)

Como la Cinemateca celebra el 50 aniversario de la fundación del Instituto cubano del arte y la industria cinematográfica, la cartelera de cine y video del mes de abril transcurre entre reposiciones, estrenos, homenajes y la Séptima edición del Festival de Cine Pobre de Humberto Solás en Gibara, que exhibirá 250 obras de producción reciente del 13 al 19.
Quemar después de leer y El extraño caso de Benjamín Button son los platos fuertes de la cinematografía internacional, que trae a las salas de estreno de La Habana el suspenso Vida de casados, de la realizadora norteamericana Ira Sachs; el filme mexicano Arráncame la vida, de Roberto Sneider sobre la novela homónima de Ángeles Mastretta; La duquesa, coproducción de Gran Bretaña, Francia e Italia inspirada en una historia de amor del siglo XVIII bajo la batuta de Saul Dibb; Mongol, de Sergei Bodrov acerca del legendario y temible Genghis Khan; el policíaco de Gavin O´Conor Código de familia y los dramas Una sombra al frente y Jugando sucio, de Perú y Estados Unidos; así como ciclos del cine español y coreano, la retrospectiva por el centenario de Joseph L. Mankiewicz en la Sala Charlott y la Semana de cine chino en el Riviera.
Coinciden en nuestros cines de estreno la comedia satírica Quemar luego de leer, de Joel y Ethan Coen, y el drama retro El extraño caso de Benjamín Button, de David Fincher con las actuaciones de Brad Pitt, Cate Blanchett y Julia Ormond, basada en un cuento de Scott Fitzgerald, autor de El gran Catsby y El último magnate. Estas producciones llegaron precedidas por los elogios de la prensa especializada, los galardones de festivales y academias durante el 2008 y la fama de sus actores, en especial el célebre Brad Pitt, quien hace un enorme esfuerzo actoral en el filme -largo y lacrimógeno-, que revela su inteligencia y sensibilidad para escoger personajes y directores.
La cinematografía cubana estrena el thriller político Ciudad en rojo, de Rebeca Chávez, y el documental Una historia en blanco y negro, dirigida por Gloria Arguelles y dedicado al laboratorito Restituto Fernández Lasa, cuyo trabajo es comentado por los cineastas que laboraron con él.
Ciudad en rojo es una reescritura fílmica de la novela Bertillón 166, de José Soler Puig, quien se inspiró en la lucha insurreccional de Santiago de Cuba durante la dictadura de Batista. Rebeca Chávez y Xenia Rivery seleccionaron algunos conflictos y personajes corales de la novela, la cual reflexiona sobre la violencia y sus consecuencias en jóvenes arrastrados por pasiones y circunstancias extremas a mediados del siglo XX. La historia y la política gravitan en la ficción, aunque no se cuenta la historia de nadie en particular, sino el clima de enfrentamiento que sacudió al pueblo oriental, cuya geografía se reconstruye en la película.
La realizadora retoma la épica que caracterizó a la filmografía insular en décadas atrás. Hay imágenes de archivo y un tono documental que contamina la ficción, lo que es lógico en una cineasta que procede del documental. Las actuaciones de Rafael E. Hernández, Eman-xor Oña, Yori Gómez, Carlos E. Almirante y Mario Guerra inclinan la balanza a favor de la ficción, que mitifica la violencia y exagera la represión en Santiago de Cuba.
En la cartelera de cine y video de abril hay propuestas para niños por la semana de receso escolar; se repondrá La primera carga al machete por su 40 aniversario y filmes del panorama internacional como la checa Mandrágora (1997), la española Una palabra tuya y la inolvidable Gánster contra charros.

Europa en el Festival de La Habana. Por Miguel Iturria Savón.

15 diciembre 2008 às 22:44 por Ancla insular | Postado em: Cine,M. Iturria.
| Comments (0)

El Festival del Nuevo cine latinoamericano de La Habana, incluye en su programación del 2 al 12 de diciembre, la pluralidad temática y estilística del cine europeo, representadas por 6 filmes alemanes, 10 de España, 8 de Francia, 6 de Italia, 9 de los países nórdicos (Dinamarca, Noruega y Suiza), 4 de Rusia y una vasta retrospectiva de animados polacos, nación que exhibió un ciclo de Andrzej Wajda en noviembre pasado.
Cada muestra constituye en si misma una opción diferente para los cinéfilos cubanos, ávidos de cintas que reflejen las inquietudes de otro contexto social y creativo. En su conjunto, acreditan el espectro de identidades y generaciones que expresan la riqueza artística del viejo continente.
Los realizadores alemanes exhiben Am ende komen touristen, de Robert Thalheim, sobre un joven que descubre el Auschwitz promovido por el turismo; Un amigo mío, de Sebastián Schipper; Flores de cereza, melodrama de Doris Dörrie; Warchild – Stille Sehnsucht, acerca de una mujer de Bosnia que busca a su hija después de la Guerra de los Balcanes; Nube 9, de Andreas Dresen, y el documental Piscina de princesas, de Bettina Blümner.
España, presente en coproducciones de Cuba y otros países latinoamericanos que compiten en nuestras salas, está representada por Amanecer de un sueño, de Freddy Mas Franqueza; Camino, de Javier Fesser; El silencio antes de Bach, de Pere Portabella; Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda; Sexy killer, de Miguel Martí; Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Alarcón; Una palabra tuya, de Ángeles González-Sinde; Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia con Gran Bretaña y Francia; Elegía, de Isabel Coixet, y el documental Historia de un grupo de rock, de Juanma Bajo Ulloa.
La cinta de Gutiérrez Aragón genera expectativas, pues aborda el dilema de Josu, joven etarra herido antes de ser apresado, quien pierde la memoria en el hospital de la cárcel, donde las monjas lo convierten al cristianismo; mientras Xabier, profesor universitario que coquetea con la psicóloga del penal, es amenazado por los compañeros de Josu.
El cine francés, muy apreciado en nuestra isla, trae obras de Jean Becker (Deur jours á tuer), Laurent Cantet (La clase), Serge Bozon (La france), Robert Guédiguian (Lady Jane), Christophe Honoré (Canciones de amor), Laurent Tirard (Las aventuras amorosas del joven Moliére), Céline Sciamma (El nacimiento de los pulpos) y Mia Hansen-Love (Todo está perdonado).
Convergen en La Habana cineastas italianos de varias generaciones y propuestas, como los veteranos Giuliano Montaldo, con Los demonios de San Petersburgo, y Ermanno Olmi (Cien clavos); el napolitano Pappi Corsicato (1960), realizador de La semilla de la discordia; el turco nacionalizado Ferzan Ozpetek (1959), autor de Un día perfecto; el romano Mateo Garrone (1968), quien trae Gomorra, sobre seis historias enlazadas por el crimen y la violencia organizada, y el célebre Antonello Grimaldi (Caos tranquilo).
La cinemateca nórdica trae, de Dinamarca, a Kristian Levring (Fear me not), Ole Christian Madsen (Flame and citrón), y Peter Schonau Fog (El arte de llorar). De Noruega, los filmes Mirush, de Marius Holst; Gone with the woman (Petter Naess), y Reprise, de Joachim Trier en coproducción con Suecia; nación representada por Darling, de Johan Kling; Heaven’s heart, del realizador Simon Staho, y Tu que estás vivo, del célebre Roy Andersson, con el apoyo de Francia, Alemania, Dinamarca y Noruega.
Mosfilm, una cierta mirada rusa, retoma dos clásicos del cine soviético: El tío Vania (1970) y Espartaco (1975), y dos obras recientes: Estrella (2002) y La desaparición del imperio (2007); todas de ficción.
De Europa se exhibe, además, una excelente retrospectiva de animación polaca. Se trata de un puñado de obras maestras del período moderno, entre estas El cambio de guardia (1958), de Holina Bieliñska; Laberinto (1961), de Jan Lenika, maestro de la metáfora; Escalera (1968), de Stefan Schbenbeck, artífice del chiste filosófico; Sopa (1974), de Zbigniew Rybeyñski; Banquete (1976), de Zofia Oraczewska; Reflejos (1979), de Jerz Kucia; El viaje, de D. Szcechura y otros creadores de fina ironía, agudeza y gran elaboración plástica.

Filmes cubanos al festival de La Habana. Por Miguel Iturria Savón.

8 diciembre 2008 às 22:18 por Ancla insular | Postado em: Cine,M. Iturria.
| Comments (0)

Cuando el año termina, comienza en La Habana la fiesta de imágenes y sonidos. La XXX edición del Festival internacional del nuevo cine latinoamericano, a realizarse del 2 al 12 de diciembre, trae una programación diversa que circula en el Diario de festival, el cual enumera las obras de ficción, la “Hora del corto”, las series Latinoamericanos en USA y Los latinoamericanos, el Programa de obras fantásticas y de horror del continente, las exhibiciones de países africanos, Nórdico, alemán, italiano, español, francés y canadiense, y Cine del Sur (del Festival de Granada) y Cine experimental norteamericano de 1960 a 1970.
Se incluye, además, un Panorama contemporáneo con obras de Asia y Medio Oriente, un sugerente Panorama documental, homenajes al brasileño Eduardo Coutlinho y el británico Mike Leigh, las retrospectivas Éxitos del cine latinoamericano, Ayer y hoy de Argentina Sono Film y Animación polaca. Se anuncian libros, exposiciones dedicadas al pintor Raúl Martínez y al creador español Luis Buñuel, los Carteles en Concurso, el nuevo Sector industria, que otorga el Premio Latinoamericano Primera copia; así como el Foro de la niñez y el audiovisual y las Presentaciones especiales.
La industria fílmica de Argentina, Brasil, Chile, México, Colombia y Venezuela estarán representadas en casi todos los géneros; mientras Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Ecuador, Panamá, Perú, Puerto Rico, Uruguay y República Dominicana traen películas puntuales, algunos coproducidos con España, Francia, Estados Unidos, Alemania y Cuba, quien también se vale del capital foráneo para impulsar su deprimida cinematografía.
Cuba compite con tres largometrajes de ficción: Kangamba, de Rogelio París; Omerta, de Pavel Giroud, y El cuerno de la abundancia, de Juan C. Tabío; ambas en coproducción con España. En ese género presentamos, fuera de concurso, El viajero inmóvil, de Tomás Piard, que evoca a Lezama Lima y su obra mayor –Paradiso-. El listado de ficción incluye a Argentina (5 filmes), México (4), Brasil (3), Chile y Venezuela (2) y Perú; mientras El mito y el agua, de Panamá, acompaña a la cinta de Piard.
Los cubanos cineastas no concursan en cortometrajes, donde prevalecen Brasil, México y Argentina; pero presentan Los dioses rotos, de Ernesto Daranas, en Óperas primas; género copado por los brasileños (6) y los argentinos en coproducción con Francia, Alemania y Chile; seguidos por México, Venezuela, Colombia y otros vecinos.
De los treinta documentales a exhibir, seis son de Cuba y siete de Argentina. El resto corresponden a México, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, etc. La industria insular nos entrega Tacones cercanos, de Jessica Rodríguez Sánchez, sobre el dilema estético y humano de un travesti habanero; el controversial Fuera de liga, de Ian Padrón; Él, ustedes y nosotros, de Léster Hamlet, que recrea la obra del citado Raúl Martínez; Barrio nuevo, de Roberto Jiménez Hernández; Cuarenta años después, de Aram Vidal, y The illusion, de Susana Garriga, en coproducción con Gran Bretaña.
Los artistas del patio concursan en animación con Cablefaction, de Jaral Cuéllar; Rendijas, de Hansel Leyva Fanego; El agradecimiento del Jíbaro, de Alexander Rodríguez González, y El negrito cimarrón y la rifa de los pigmeos, de Tulio Raggi. Los principales rivales en este género vienen de Brasil, Argentina y Chile.
Argentina se impone con diez Guiones inéditos, seguida por cinco de escritores cubanos, cuatro de México, tres chilenos e igual números de colombianos, entre otros. Los seleccionados por Cuba son Boleto al paraíso, de Gerardo Chijona y Francisco García González; El balcón, de Abel Arcos Soto; Ficción, de Daniel Díaz Torres y Eduardo del Llano; La trama, de Enrique Álvarez, y Mosaico, de Juan Carlos Tabío y Arturo Arango.
Nuestros realizadores no presentan obras al Panorama latinoamericanos, filmes que optan por el Premio de la Popularidad. Concursan, sin embargo, en La Hora del corto, con Intermezzo, del humorista Eduardo del Llano, y Oda a la piña, de Laimir Fano Villaescusa.
Los creadores insulares capitalizan con 32 documentales, seis animados y seis coproducciones, la Sección Hecho en Cuba, que incluye a cineastas de Chile, Guatemala, Perú, Venezuela y España. Los títulos cubanos exaltan a figuras del arte, las letras, la música popular y temas como la censura (Zona de silencio, de Karel Ducases Manzano), la urbanística (Ciudad del futuro, sobre Alamar), la emigración y el problema racial, todo dentro de los límites impuestos al arte desde el poder.
La mayor de las Antillas exhibe, en Presentaciones especiales, Los 100 sones de Cuba, de Edesio Alejandro y Rubén Consuegra; Titón, de La Habana a Guantanamera, de Mirtha Ibarra, y La indócil pupila de adentro, de René Arencibia. En la misma sección disfrutaremos títulos novedosos de Argentina, Brasil Alemania, Canadá, España, Estados Unidos y la coproducción de Steven Soderbergh sobre Ernesto Guevara, cuyo mito es alimentado desde la capital cubana.
En la Retrospectiva del cine latinoamericano, dominada por clásicos de Argentina, Brasil y México, la cinematografía insular retorna con Hasta cierto punto, de Tomás Gutiérrez Alea; Un hombre de éxito, de Humberto Solás, y Suite Habana, de Fernando Pérez.
La fiesta de imágenes y sonidos que ofrecen las principales salas de cine de La Habana, desde 2 y hasta el 12 de diciembre, recorre las preocupaciones y esperanzas de Latinoamérica y recrea los sueños de una isla singular que mira al mundo.

Wajda en La Habana. Por Miguel Iturria Savón.

12 noviembre 2008 às 17:18 por Ancla insular | Postado em: Cine,M. Iturria.
| Comments (0)

Como preámbulo de la XXX edición del Festival del nuevo cine latinoamericano de La Habana, a efectuarse del 2 al 12 de diciembre, la Cinemateca de Cuba exhibe desde octubre varios ciclos de la filmografía europea, asiática y latinoamericana. A la excelente muestra de películas húngaras (cine Riviera, 21 al 29 de octubre), les siguió una selección del director polaco Andrzej Wajda (1 al 7 de noviembre en el Chaplin); dos series de cortometrajes belgas (Flandes de Kask y de Hainaut Cinema), del 8 y el 11 en la misma sala; una decena de reposiciones cubanas basadas en obras literarias (13 al 19); un panorama del cine iraní contemporáneo (20 al 26) y estrenos de otras naciones.
Andrzej Wajda, “el más polaco de los realizadores polacos”, es un paradigma del séptimo arte desde la década del sesenta, cuando predominaban autores como el sueco Ingmar Bergman, el japonés Akiro Kurosawa, el italiano Federico Fellini y el indio Satyajit Ray. Por la excelencia de su filmografía ha sido equiparado con el pianista Chopin, el poeta Adam Mickiewicz, el narrador Henrik Sinkiewicz, el dramaturgo Jers Grotowski y el científico renacentista Nicolás Copérnico.
A diferencia de sus antecesores y contemporáneos, Wajda interroga la historia nacional sobre la independencia, la predestinación, la soledad y la dignidad de las personas en situaciones extremas; preceptos que palpan en los ocho filmes escogidos por la Cinemateca de Cuba, el Instituto polaco de arte y la Embajada de la República de Polonia en La Habana, entre los que figuran los multipremiado “Katyn” (2007) y “Don Tadeo” (1999), exhibidas por primera vez en nuestra isla.
En esta ocasión, la Sala Chaplin escogió Canal (1957), Todo a la venta (1969), La tierra prometida (1975), El hombre de mármol (1977), Las señoritas de Wilko (1979) y Crónica de amor (1986). Los filmes, en colores y sonido estereofónico, constituyen un lienzo de la guerra y un reencuentro con la memoria histórica y la incertidumbre del destino político, social y cultural de Polonia durante los siglos XIX y XX.
Katyn, nominada al Oscar a la mejor película extranjera en el 2008, trae a la pantalla la matanza de 22,000 oficiales polacos por parte del ejército ruso en 1940. Como el padre de Wajda fue una de las víctimas de ese crimen, el realizador incorpora detalles autobiográficos que humanizan la tragedia, atribuida a los nazis por la propaganda de la Unión Soviética, cuyo ejército ocupó parte de Polonia previo acuerdo con Hitler y le impuso un régimen totalitario al finalizar la Segunda guerra mundial.
Don Tadeo abrió y cerró la muestra. Es una pieza excepcional por la fotografía, la dirección artística, el montaje y las actuaciones. Se basa en un libro de Adam Mickiewicz, clásico de la literatura polaca, y describe la vida de la nobleza en Soplicowo durante el avance de Napoleón, quien era valorado por muchos como el libertador que necesitaba el país. Wajda es uno de los guionistas de esta superproducción que nos introduce en los entresijos de la vida política y nos hace pensar en el papel del individuo ante su época y su entorno.
En El hombre de mármol, como en El hombre de hierro (1981), asistimos a la creciente agitación política contra la manipulación de la vida bajo el socialismo. Cerca de Cracovia se construía en los años cincuenta Nueva Huta, que respondía al modelo urbano del ideal soviético. Décadas después la joven Agnieska prepara un documental para graduarse en la Escuela de cine de Lodz, por lo cual indaga en la historia de un obrero carismático convertido en figura pública. La muchacha descubre materiales de archivo que la ayudan a desenredar la caída de Birkut, héroe y víctima que nos recuerda a Leed Walesa y al Sindicato Solidaridad.
En estos días apreciamos también La tierra prometida, otro clásico de la cinematografía polaca y europea. Se trata de una excelente adaptación de una novela de Wladyslaw Stanislaw (Premio Nobel, 1924), que recrea la atmósfera de explotación y luchas obreras en Lodz, centro textil de Polonia durante la revolución industrial. La agudeza, sensibilidad y maestría de Wajda hace creíble los conflictos novelados, aunque el cineasta centra la atención en torno a los tres amigos que montan una fábrica para prosperar.
Todo a la venta, Las señoritas de Wilko y Crónica de amor son un fresco de la ternura, la nostalgia y el tiempo perdido. La primera muestra “el cine dentro del cine” al estilo de Fellini, pues evoca desde la ficción al desaparecido actor Zbigniev Cybulski, protagonista de sus primeros filmes. En la segunda, el personaje central retorna enfermo al escenario de sus años mozos y reflexiona sobre el pasado. Crónica fue considerada la mejor película polaca en 1986; es una historia conmovedora basada en una novela de Tadensz Konwicki; un personaje episódico deviene símbolo de la pasión y el idealismo en los días previos a la ocupación de Polonia (1939).
La precariedad de la existencia, el mundo de entreguerras y de posguerra y los grandes problemas de Polonia gravitan en los filmes de Wajda exhibidos por la Cinemateca de Cuba. Las imágenes y sonidos del gran creador oscilan entre el romanticismo, la lucidez y la desmitificación, pero expresan las esencias identitarias de su país. Tal vez por eso tienen impulso universal.

Intentar lo difícil. Por Lucas Garve.

10 noviembre 2008 às 22:23 por Ancla insular | Postado em: Cine,Lucas Garve.
| Comments (2)

Atrapar la imagen sensible de la Isla en una novela de aprendizaje fue la súper tarea de Lezama Lima en Paradiso. Sin embargo, creo que la totalidad de la imagen apresada en el texto literario escapa a cualquier clasificación.
Acaba de estrenarse en La Habana el filme “El Viajero Inmóvil” del cineasta Tomás Piard sobre la obra cumbre lezamiana. En la cinta de 87 minutos, más que a vertebrar una narración lineal característica del género fílmico, se recrean atmósferas al trasladar imágenes literarias al medio cinematográfico.
El realizador de la película cuenta con la actuación de Eslinda Núñez, Jorge Martínez, Herminia Sánchez, Georbis Martínez, Carlos Solar, Sergio Fernández, Jorge Alí. No son protagonistas típicos, siendo los diálogos bien escasos. Los actores son mediadores concretos de las imágenes de los personajes que conforman el mundo lezamiano a través de gestos, miradas, transiciones, actitudes.
Hay varios planos en el discurso audiovisual. Los amigos de Lezama o discípulos del Maestro intercambian criterios sobre su obra y personalidad. La familia centrada en el comedor gracias al almuerzo legendario acoge a algunos de los discursantes.
La primera secuencia de la película muestra una reunión de intelectuales en la hoy casa museo Lezama Lima. Entre los reunidos, se desplaza el actor que representa –de alguna manera- al escritor. Una representación de las tertulias animadas por el Maestro de Orígenes.
En la secuencia del almuerzo familiar de Augusta, la abuela, Reynaldo González, Ciro Bianchi Ross, César López, Pablo A. Fernández comparten sus opiniones sobre Lezama y Paradiso con los comensales a manera de invitados de la anfitriona. Intervienen con sus declaraciones al abordar la obra y la figura de José Lezama Lima, Pablo A. Fernández, Ciro Bianchi Ross, Reynaldo González, César López, Margarita Mateo, etc.
Los espectadores se sorprenden ante la presencia en pantalla de imágenes trasladadas del texto de la novela Paradiso al discurso cinematográfico pues desconocen la obra de Lezama y se torna difícil para ellos profundizar en la comprensión de las mismas. De cierta manera, esos intelectuales invitados- algunos frecuentaron al escritor en vida- ofrecen pautas para comprender la personalidad y la obra del escritor enorme que fue Lezama. Pero, creo que no basta.
Para muchos presentes en la sala de exhibición, las secuencias de desnudos masculinos y el erotismo de ciertas escenas, provocan cierto sobresalto y exclamaciones tan de rechazo como de aprobación.
Evidentemente, hay un público mayoritario todavía no preparado para captar la focalización visual de torsos, muslos, glúteos, piernas y genitales masculinos y aceptarla como ocurre con la belleza femenina sin reacción. Imágenes visuales que identifican escenas y episodios capitales de Paradiso para conformar la etapa de aprendizaje sexual de Cemí, el protagonista principal de la novela.
La oscuridad de la sala invita a algunos de los espectadores a expresar en voz alta opiniones sobre esas secuencias. En la fila delantera, unos adolescentes no paran de comentar sobre las imágenes que pasan en pantalla. A pesar de los criterios de los “amigos de Lezama” y a partir de la ignorancia de la obra reflejada en pantalla, emiten opiniones superficiales. No entienden que la hermeticidad de ciertos símbolos que se manejan en la cinta obedezca quizás al reflejo de los códigos que Lezama manipuló en sus textos. Su percepción se queda en la epidermis de la imagen visual que captan.
La crítica calificó mal la película. Según el especialista del diario oficial Granma, en el filme hay demasiadas imágenes, demasiados efebos, demasiada intensión. Realmente, es harto difícil trasladar un texto literario con la complejidad y hermeticidad lezamiana a imágenes cinematográficas.
Creo que una recreación de la época y de las influencias culturales que el escritor recibió en su período de formación hubiera corrido mejor suerte a los ojos del gran público. Realmente, no es una película de entretenimiento, ni de información biográfica sobre el autor. La voluntad del realizador de permutar imágenes literarias por equivalentes cinematográficas pudo no funcionar.
A mi modo de ver, el director al pretender mostrar las claves de la personalidad de Lezama Lima y de su obra cumbre Paradiso escogió la manera de hacer más difícil. Como tentativa de reconocimiento vale la pena. Quizás, aliente a quienes desconocen la obra del escritor de la calle Trocadero a intentar aproximarse a ella.

Buscándote Habana. Por miguel Iturria Savón.

3 septiembre 2008 às 16:11 por Ancla insular | Postado em: Cine,Cuba.,Miguel Iturria.
| Comments (0)

Buscándote Habana.

Si en el pasado Festival internacional de cine de La Habana se hubiera exhibido el documental Buscándote Habana, de Alina Rodríguez Abreu, creo que le habrían concedido, al menos, el Premio de la popularidad, aunque éste galardón casi siempre se entrega a los filmes de ficción.
En la televisión no ha sido estrenado. Tal vez lo mostraron en la Cinemateca y lo retiraron con urgencia, como sucede con las cintas que revelan verdades incómodas para un régimen que guarda los trapos sucios para el futuro. Felizmente circula en CD de mano en mano, como tantas películas y programas prohibidos.
¿De qué trata el documental, qué lo hace diferente? ¿Por qué no circula si ninguno de los protagonistas identifica sus angustias con la revolución?
Buscándote Habana es un testimonio fílmico de alto nivel estético sobre los emigrantes del interior del país que sobreviven en seis asentamientos marginales de la capital cubana. La Habana -tierra de promisión de estos sin tierra del socialismo- pasa del sueño a la pesadilla en la voz desgarradora de cada entrevistado y en las imágenes patéticas de las casuchas de El Cuncuní y Los Mangos, en San Miguel del Padrón; los arrabales de Casablanca, en el municipio Regla; Santa Fe, en Playa; la Planta de asfalto de Guanabacoa, y el antiguo hotel Bristol, en Centro Habana, donde hasta la piscina fue convertida en apartamento por un matrimonio que vino de Camagüey.
El documental logra un equilibrio eficaz entre música, fotografía, testimonios y carteles. Los planos y encuadres visuales son reforzados por dos guarachas de valor alegórico: “Un pariente en el campo”, de Adalberto Álvarez, y “Lucha tu yuca”, de Raimundo Fernández, que matizan la desesperación de Lisbet, Fidel, Reinaldo, María, Sandra, Asteris, Adonis, Onelia, Pascual y María -la de la piscina del hotel Bristol-.
A la crónica aportada por los entrevistados de esas villas miserias, los realizadores añadieron, a modo de equilibrio, el análisis de los sociólogos Pablo Rodríguez y Claudio Estévez, quienes contemporizan el “síndrome de las yaguas” con las limitaciones del socialismo para resolver el problema de la vivienda y evitar la exclusión de individuos que quemaron las naves en su lugar de origen, pero no disponen de medios para resolver su situación.
El filme, ameno, conmovedor y de gran valor antropológico y testimonial, presenta el desarraigo y la incertidumbre de esas personas excluidas por la ley, a las cuales el Estado les niega un puesto de trabajo, la tarjeta de productos alimenticios y se les amenaza con la deportación a la zona oriental del país.
“No somos gente contraria al Gobierno; los orientales tenemos la revolución en pie”, dice en su covacha de Casablanca el santiaguero Fidel, padre del pequeño Elián. “Si no somos cubanos, ¿qué somos nosotros?”, pregunta Pascual en El Cuncuní. “Ilegales no, somos indocumentados por la Dirección de Vivienda”, responde en otra secuencia la habanera Sandra, huésped de la antigua Planta de Asfalto de Guanabacoa. Mientras Onelia-otra capitalina- habla de un derrumbe detrás del Bristol y compara a los orientales con la roya.
En Buscándote Habana hablan los parias alojados en los llega y pon de la capital cubana. Hablan también las imágenes de esas favelas, los niños que juegan entre zanjas y fosas destapadas y hasta las consignas políticas de los carteles que desatan carcajadas. Ellos hablan de los planes y los sueños que dependen de las cosas, pero no piensan volver a la miseria que dejaron atrás, porque “sería perder la esperanza de vivir y trabajar en la capital de todos los cubanos”.
El documental que reseñamos aborda una arista de la vida cubana. Su prohibición parece contrarrestar el mensaje paródico de la música que despide las escenas. Ahí les va, sin audio ni guitarra. Lucha tu yuca, taíno / forrajea la manigua / trilla el monte / no abunda el taparrabo y no alcanza el casabe / Está cara la magia y más la medicina. / Y la tribu vive al margen del delito. / Y luego pagar en fula el areito. / Van a censar el bohío que tu ocupa, / prepara el ritual, no sea que lo declaren ilegal. / Pero lucha tu yuca, taíno. / Forrajea la manigua. / Trabaja. / Como suda el indito.