El ruso. Por MIguel Iturria Savón.

10 junio 2009 às 21:19 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (2)

A Denis Torres Sokurenko le decían el ruso, pero era ucraniano; nació en Kiev, donde su padre fue a estudiar a fines de los años setenta, cuando Cuba giraba en la órbita de la Unión Soviética y Moscú era el centro de atracción de los países socialistas. El becario habanero regresó con su título universitario, una esposa bellísima y un niño de brazos que creció en un barrio de San Miguel del Padrón, entre las malas palabras de los vecinos y los susurros nostálgicos de la madre eslava, a quien conocí en agosto de 1998 en una Unidad antiaérea de Santa María del Rosario, mientras cada uno esperaba al hijo, convertidos en amigos por obra y gracia del Servicio militar obligatorio.
La amistad entre los jóvenes uniformados convirtió a Denis en visitante ocasional de mi casa, centro de fugas y coordinación de fechorías hasta que ambos ascendieron a sargentos, lo cual implicó ciertas ventajas para tolerar las órdenes absurdas, el encierro y el hambre de los cuarteles, especie de barracones sin cañaverales.
El ruso es un rubio alto, fuerte, velludo, de pelo amarillo y ojos claros, un típico ejemplar eslavo bajo el sol tropical. A sus rasgos físicos sumaba el espíritu romántico de la madre ucraniana y la vocación militar del padre cubano. Como se convirtió en el mejor flechero del Ejército occidental, creíamos que aceptaría un curso para oficiales, pero su inteligencia, carisma y jovialidad, lo ayudaron a buscar otro horizonte al concluir el Servicio militar.
Como sargento y jefe de pelotón de una batería de cohetes se sintió decepcionado por la incompetencia, el desvío de recursos, la soberbia y el maltrato de los soldados por parte de los oficiales. La falta de equidad en el plano de las relaciones y su sentido de la amistad lo inclinaron al bando de sus compañeros, lo cual le creó problemas con el mando.
Al finalizar sus días en el regimiento el ruso se fugaba como los demás. En la postrimería fingió una lesión en la rodilla, se inyectó miel, empezó a cojear y obtuvo un certificado médico. Entonces alternó las guardias con un empleo en la cafetería de un vecino; luego incursionó en pequeños negocios, compraba autos viejos, los reparaba y revendía; invirtió su ganancia en la cría de cerdos y hasta especuló con corales.
Cuando obtuvo la baja ya había cambiado su estatus de vida y estaba preparado para sobrevivir de su esfuerzo personal en cualquier sociedad. Como en ese momento nuestros jóvenes buscaban el horizonte fuera de las costas cubanas, Denis se acordó de su condición natural y obtuvo el pasaporte de Ucrania o Rusia con la ayuda de la madre, que vivía en Cojímar con un mulato.
La corriente migratoria que predominó en la isla entre los años 2001 y 2002 pasaba por la obtención de una Carta de invitación a Rusia, cuya embajada en La Habana concedía la visa con facilidad. El avión iba a Moscú pero se quedaba medio vacío en Madrid. El éxodo se interrumpe por la protesta de la Cancillería española cuando todos los pasajeros de una aeronave cubana pidieron asilo al llegar a Barajas; solo el piloto y sus asistentes continuaron el viaje.
Desde ese escándalo internacional nadie ha visto Denis Torres Sokurenko, “el ruso” de Kiev que creció en La Habana, de donde partió en busca de otro paraíso. Sus amigos del Servicio militar no saben si pasa frío en Kiev, vende jamón pata negra en Madrid o se baña en Miami Beach. Tampoco conocen si la madre se fue tras él, o se acostumbró al calor y al mulato de Cojímar.

El indomable. Por Miguel Iturria Savón.

15 mayo 2009 às 17:19 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (2)

Cada vez que veo a Didier me acuerdo del Paul Newman en La leyenda del indomable. El joven cubano es trigueño, delgado y narizón, pero evoca al personaje de Hollywood por la astucia y la voluntad al escapar de las prisiones mientras cumplía el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento antiaéreo que colinda con el Combinado del Este, donde lo conocí en 1999 al visitar a mi hijo, retenido por “faltarle el respeto al Jefe de Estado Mayor”.
Didier era una leyenda entre los soldados y oficiales, algunos de los cuales fueron sancionados por su culpa. El político no sabía qué hacer con él y el coronel extremaba las medidas para conducirlo a juicio por evasión continua y trasladarlo al penal. No imaginaban que al final nuestro Papillón sería más sutil que ellos.
Inicialmente fue soldado del Cuerpo de Seguridad de la Unidad militar 2369, fusionada con la 1700, ubicada en Santa María del Rosario, al sudeste de Ciudad Habana, donde dicen que robaba gasolina antes de ir al calabozo por primera vez. Escapó cuando un posta abrió la reja para darle la comida. Corrió como un venado y se internó en un bosque cercano.
Fue capturado por el Cuerpo de prevención de las Fuerzas Armadas y conducido al cuartel de estos en Reloj Club, municipio Boyeros. Allí se rebeló contra los abusos aplicados a los soldados. Volvió a fugarse durante el traslado a su Unidad aunque iba en calzoncillos y con las manos atadas a la espalda. Se tiró de la camioneta en una intercepción y corrió hasta la casa de un campesino, a quien le contó que fue asaltado y despojado de sus bienes.
Al mes siguiente lo apresaron otra vez y lo condujeron al Centro de Entrenamiento Intensivo de Managua, prisión militar provisional en la que obligan a los reclusos a hacer ejercicios con fusil, casco y botas antes de ser juzgados. De esta también escapó de forma espectacular pero lo sorprendieron en la casa de la novia, que lo visitaba cada día en el calabozo de su Unidad, de donde logró fugarse a través de un hueco hecho con cabillas en la pared, por lo cual castigaron al resto de los detenidos y el mando ordenó un ejercicio demostrativo con el soldado más flaco del regimiento.
Al terminar los dos años de Servicio Militar Didier no había cumplido ni tres meses con sus deberes de soldado. Mientras esperaba el trasladado a la Prisión de Ganuza coincidió en la celda con un chico operado de apendicitis, quien le explicó los síntomas de la enfermedad. Inmediatamente empezó a fingir los achaques de esta y convenció a los médicos que lo examinaron. Fue operado en el Hospital Naval. Durante la convalecencia le dieron la baja.
A diferencia del mago Houdine, rey de las fugas, Didier no murió de apendicitis. Cambió esa porción de su cuerpo por la libertad. Nuestro indomable contrasta con el personaje de Paul Newman, que muere al final del filme.

Paranoia popular. Por Miguel Iturria Savón.

25 marzo 2009 às 21:42 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (0)

Un amigo que finaliza los estudios de inglés en una escuela de nivel medio de Ciudad Habana, me decía que su profesor orientó como tarea de fin de semana una composición sobre una personalidad de las ciencias, las letras o la vida política de notable influencia social. Hubo quien escogió a Newton, Einstein, Shakespeare, Hemingway, Gandhi, Gorbachov.
Alguien mencionó a Fidel Castro. Al profesor le pareció bien, pero se puso en guardia. “Cuidado con lo que dicen de Fidel. Ya no es el Jefe de Estado, pero sigue al frente del Partido y es la máxima figura de Cuba. Recuerden que esta escuela es una institución del gobierno, al cual yo represento ante ustedes”.
Me dice el amigo que “la temperatura del miedo no subió entre los alumnos; sentimos pena por el profesor, un hombre apagado de casi sesenta años, que lleva treinta en la docencia, en el mismo lugar. Pensó que una simple composición sobre un líder mutilado le crearía problemas. Imaginó fantasmas entre nosotros…”
El tema es recurrente. Hay ejemplos puntuales en otros centros de enseñanza. Los maestros, como los funcionarios, tienen miedo. El miedo paraliza la expresión de los alumnos y profesores. Imaginan que detrás de cada pupitre hay un delator encubierto, capaz de denunciar las opiniones divergentes. El adoctrinamiento ideológico desata suspicacias. La represión del pensamiento comienza en las escuelas primarias y llega a las universidades.
Recuerdo a un amigo de El Vedado que habló con la maestra y con el director de la escuela cuando su hijo comenzó la primaria. “Ustedes obligan a los niños a gritar consignas y decir mentiras; en casa le vamos a explicar las verdades al ayudarlos en las tareas. No quiero que mi hijo sea como el Che, el Che fue un guerrillero con mentalidad de asesino, un ministro incompetente e irresponsable; igual que Fidel Castro, el gran dictador de Cuba…”
-“Papá, por favor, no nos cree problemas; su propio hijo lo va a enfrentar; no podemos navegar contra la corriente. Si les dijéramos esas cosas nos botarían de la escuela”-
Mi amigo se mantiene en sus trece. El director y la maestra lo tratan con respeto y recelo. Ellos saben que él tiene razón, pero están paralizados por la paranoia colectiva. No piensan, repiten las mentiras de los programas escolares; más no se sienten cómplices de la dictadura comunista. Prefieren hablar de la tiranía de Batista. Creen que los problemas del presente serán analizados en el futuro.
Es evidente la mentalidad codificada. Predominan los conceptos preestablecidos, como en la escolástica medieval. La gente ajusta sus opiniones a la moral media. Saben que hay figuras intocables y temas tabúes. Hacerse el sueco es una forma de sobrevivir. Poner la luz verde evita los enfrentamientos.
Tales actitudes son lamentables. La obligación de expresar lo que sentimos, sin miedo ni recelos, es un derecho y un deber de las personas. Los maestros y profesores deberían saberlo.

Mente codificada. Por Miguel Iturria Savón.

18 marzo 2009 às 18:22 por Ancla insular | Postado em: Crónica
| Comments (0)

Un abogado de Mayarí que ejerce en un bufete municipal de La Habana, me contó que antes de establecerse en la capital asumió la defensa de un joven del pueblito de Levisa que un día festivo vociferó algunas palabrotas en plena calle contra Fidel, por lo cual fue detenido por un policía que lo acusó de denigrar al Comandante en Jefe.
Meses después, en el juicio, el abogado asumió como tesis de defensa que el joven no se refería a Fidel Castro Ruz, sino al mecánico de igual nombre, un tipo de su barrio con fama de borracho y mentiroso. El juez pospuso la sentencia para verificar la versión del letrado pues en la acusación no aparecía el apellido del ofendido.
En la otra sesión del tribunal el juez, que “en los pueblos de oriente se comporta como un alcalde de barrio”, escuchó a los testigos, al detenido y al letrado de la defensa antes de dictar sentencia. El magistrado dijo:
-“Hemos comprobado que existe en el pueblo un vecino del acusado que se llama Fidel, el cual es mecánico de televisión y actúa con deshonestidad; pero estamos seguros que usted es responsable porque en Cuba hay un solo hijo de puta con ese nombre. Eso se penaliza con privación de libertad de uno a tres años por la figura agravada de desacato, prevista en el artículo 144 (incisos 1 y 2) del Código penal”-
La anécdota del abogado y el juez vienen a cuento porque días atrás asistí a un juicio similar en un tribunal de Ciudad Habana, que juzgó a dos jóvenes que llevaban seis meses de prisión preventiva por el delito de desacato a las figuras del Comandante Fidel y su hermano Raúl Castro, actual Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba.
Supe en el juicio que los acusados bailaron en las aceras de su barrio, mientras cantaban “Abajo Fidel, abajo Raúl, nos vamos pá la Yuma”. La fiscal presentó como testigo a la presidenta del CDR de la cuadra, quien bailó y canturreó la misma estrofa para ilustrar la denuncia. Según la abogada, los jóvenes solo demostraron su alegría por la partida y su descontento con el gobierno de los Castro. “La euforia de estos muchachos no constituye amenaza, calumnia, difamación, injuria ni ofensa a los mandatarios. Las palabras abajo… es, en todo caso, expresión de desacuerdo; no implican incitación a nada”.
Pero la fiscal se mantuvo en sus trece, no pensó en los argumentos de la defensa, en los meses cumplidos en prisión por los jóvenes acusados, ni en la alegría desatada por la partida. Para ella, lo expresado fue una herejía prevista y sancionada en el artículo 144, incisos 1 y 2, de la Ley 62 del Código penal.
El juicio reciente y la anécdota del viejo abogado oriental integran nuestro folklor jurídico, pero demuestran la mentalidad codificada de muchos jueces y fiscales de Cuba, donde hay nombres y cargos que limitan hasta el pensamiento.

Mono de feria. Por Miguel Iturria Savón.

2 marzo 2009 às 22:17 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (2)

-Yo te aseguro que todavía no es una momia, las momias no respiran, no reflexionan ni posan para la prensa. El “Caballo” es un Mono de feria vestido de Adidas-
-Quizás sea nuestro Quijote, un Quijote que manda desde la cama y recibe a visitantes ilustres. Pero su hermano, ¿quién es, Sancho Panza?-
-Ni Quijote ni Sancho. Fidel Castro reaparece como un mono amaestrado que se deja retratar y asusta con las estupideces que escribe. Raúl es su fantoche, el segundón de siempre, la Presidencia le queda grande.
Los hombres que conversan estaban sentados a mi lado, el sábado 21 de febrero en un banco del Parque central de La Habana, a unos metros de la estatua de José Martí y de los gritones de la Peña de béisbol que comentaban sobre el Clásico mundial. Al ver que yo leía El Nuevo Herald del día anterior, se acercaron para “echarle un vistazo”.
El “vistazo” fue de media hora. Se fijaron en la victoria del boxeador Yuriorkis Gamboa; en la nota sobre el Mono Jojoy, jefe guerrillero que agoniza en las selvas de Colombia; en el rostro de Arnold Schwarzenegger, Gobernador de California y paradigma de los forzudos. Rieron después con “Colón y el Tigre de la Malasia”, de Adolfo Rivero Caro, quien narra el desencuentro entre el Presidente de Guatemala y Fidel Castro.
El último texto del diario volvió a conectar a Arturo y Manolo con el ex líder cubano, al cual consideran un “Mono de feria” sin pensar en la altura angelical que le conceden los cinco presidentes de América Latina que visitaron La Habana entre enero y febrero.
La catarsis pública de los amigos del parque me estimuló a preguntarle algunas cosas mientras esperaba por la ruta 265 para ir al Cerro, motivo de mi estancia en el lugar.
A mis espaldas el Hotel Inglaterra y el antiguo Centro Gallego de La Habana; a la derecha el Cine Payret; al frente la Manzana de Gómez y el edificio del Centro Asturiano, añadido al Museo Nacional de Arte; a la izquierda el Hotel Parque Central. Hay personas que transitan, leen, discuten o miran las esculturas de las fuentes.
-¿Por qué piensan así de nuestro ex gobernante?
-Le voy a contestar porque usted lee un periódico de Miami que vale más que toda la prensa de Cuba, eso lo hace confiable-; dice Arturo, un mulato de unos 65 años, quien agrega:
– Fui alfabetizador, cortador de caña, profesor de secundaria básica y ahora estoy jubilado. Llevo 50 años bajo la comedia de los Castro, quienes siguen con el jueguito de la revolución y el imperialismo sin pagar los platos rotos del desastre. Es demasiado.-
-Pero esa forma de llamarlo…, digo, y Manolo me interrumpe:
-Yo creo que Arturo tiene razón, Fidel y Raúl no tienen nada nuevo que decir; prometen lo mismo, reprimen, controlan, prohíben, pero no resuelven los problemas de las gentes, que vive del invento. ¿Quién va a creer en el cuento del enemigo y el bloqueo si más de un millón de cubanos vive en los Estados Unidos y les va mejor que aquí?-
Manolo, de 61 años, fue oficial del Ejército y participó en las guerras de Angola y Etiopía. No trabaja desde que se licenció. Dice conocer al régimen por dentro.
-¿Y no creen en un cambio hacia la democracia en Cuba?
-¡El socialismo no cambia, se pudre! Aquí casi nadie cree en los cambios anunciados por Raúl Castro; eso fue una maniobra para ganar tiempo. Mientras el gobierno reciba el petróleo de Venezuela y las armas y dineros de China y Rusia todo seguirá igual. Seguiremos 20 años más entre la mentira y la pobreza-
El que habla es Manolo, el ex militar expulsado del Partido comunista por su negativa a integrar la reserva de las Fuerzas armadas.
-¿Y entonces, qué hacer?
-Mire, dice Arturo, lo peor es que mucha gente roba, inventa, se va en una balsa para los Estados o trabaja para el gobierno. Yo sobrevivo con lo que me envía mi hijo de Miami. Manolo hace negocitos.
La llegada del ómnibus que yo esperaba me dejó con el deseo de preguntarles sobre la oposición interna y las visitas de los presidentes de Ecuador, Panamá, Argentina, Chile y Guatemala, quienes desfilaron por La Habana y abrazaron a los hermanos Castro como a dioses tutelares.
Esta es una historia recurrente entre los cubanos. Hombres que trabajaron duro y están decepcionados. Identifican los problemas personales y colectivos con Fidel Castro, quien deja de ser el paradigma nacional para convertirse en “La Bestia”, “La Momia”, “El Fantasma” y el “Mono de Feria”.

El pastor. Por Miguel Iturria Savón.

6 febrero 2009 às 18:37 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (0)

Parece un espantapájaros entre las rocas. Casi nadie sabe su nombre. Le dicen el pastor, el viejo de los chivos, el guajiro de la costa y otros seudónimos irreverentes. Es una figura habitual del paisaje costero del reparto “Camilo Cienfuegos”, al norte de La Habana. Su imagen y su anticuada vestimenta contrastan con la belleza del mar pero humaniza la aridez del entorno.
Lo vi a fines de diciembre desde una ventana del apartamento de una amiga, en La Habana del Este. Ella lo había visto otras veces sin reparar en su estampa. “Parece un paquistaní sin turbante. En verano los muchachos que invaden la costa le espantan los animales y le gritan horrores, pero él nunca responde”.
Hace poco me acerqué con una cámara digital. El viejo pastor se dejó retratar y me contó algunas cosas. Los animales son de su hermano mayor, quien fue combatiente del Ejército Rebelde y estuvo en Angola. Ambos son jubilados de las fuerzas armadas y complementan la chequera con la cría y venta de chivos y carneros. Guardan los animales en una finca cercana.
El pastor de La Habana del Este lleva muchos años en la capital pero conserva sus hábitos y su mentalidad campesina. Por su acento y su forma de vestir parece un guerrillero que envejeció en la Sierra Maestra. A uno de sus hermanos le otorgaron un apartamento en el reparto Camilo en los años sesenta.
El viernes pasado volví a verlo cerca de la costa. Yo iba en la ruta 265 y él pastoreaba detrás de la Villa Panamericana. Alguien me dijo entonces que algunos de los turistas hospedados en los moteles de esa urbanización bajan al mar para retratarlo.
Al mirar las fotos que le tiré al pastor recordé a otros ancianos de la zona que reproducen su cultura rural en medio de plazas y edificaciones. Entre las rocas y los modernos edificios de La Habana del Este es posible encontrar a pescadores diurnos, a jóvenes que desafían las olas, mujeres que tienden ropas a un costado de la carretera que bordea la costa, y a viejos entretenidos con objetos que pudieran reparar en el balcón de su apartamento.
Algo similar sucede en los alrededores de Casablanca, al fondo de la Villa Panamericana y en la zona de edificios de Cojímar y Alamar, donde la urbanización no ha concluido y los espacios enyerbados son cercados por ancianos que siembran plátanos y vegetales para compensar la dieta del hogar o evadir los precios astronómicos del mercado agropecuario.
El pastor de la costa y los viejos que cultivan entre rocas y edificios son una estampa rural en el nordeste de la capital.

Nokia y plátano burro. Por Jorge Olivera Castillo.

2 febrero 2009 às 22:12 por Ancla insular | Postado em: Crónica,Jorge Oliveras.
| Comments (1)

El teléfono celular ya dejó de ser aquel objeto al que el cubano le dedicaba muecas de asombro y aparatosas expresiones orales. Miles de coterraneos hacen gala de su nuevo instrumento. Lo exhiben con donaire como si tuvieran entre la palma de la mano un diamante. Viven sus días de gloria con la tecnología dentro del bolsillo o enganchada en la cintura.
Es una de las últimas modas, la manera de mostrar poder, el juguete preferido, la nave para dar un viaje temporal al desarrollo. No importa que, por llamar, el minuto cueste 0.60 centavos en pesos convertibles (casi un dólar). Para eso hay solución: frases cortas, apego a la síntesis, si es preciso monosílabos para redoblar las medidas de ahorro.
El problema no llega solo para el que inicia la llamada. La compañía que monopoliza las telecomunicaciones en Cuba, le cobra también al destinatario. Un tanto menos, pero no le queda más remedio. Son las reglas del juego.
Existe una vía a tomar con el propósito de extender la eficiencia de las tarjetas prepagadas por valor de 10 o 20 pesos convertibles (aproximadamente 12 y 22 dólares). La opción comunicacional por medio de los mensajes de textos, alivia el peso dela carga económica. Un poco más de 100 dígitos enviados representan 0.16 centavos en pesos convertibles. En este caso el receptor se escapa del pago, de acuerdo a lo establecido a la hora de efectuar el contrato.
El cubano se adapta a las circunstancias. En eso tiene un largo historial que le reporta una buena dosis de experiencia. Cualquiera que no esté familiarizado con el funcionamiento de la sociedad cubana, puede resultarle complicado encontrar una respuesta idónea a la pregunta de: ¿Cómo los cubanos pueden pagar por una línea de telefonía móvil a 60 pesos convertibles, con los subsiguientes desembolsos para mantenerla, si el salario promedio apenas rebasa las 20 unidades en esta moneda?
Entre los principales medios que facilitan el acceso se encuentran las remesas recibidas desde el exterior y por otro lado las ganancias provenientes de las transacciones ilícitas que suceden bajo la cobertura de unos niveles de corrupción, facilitadores del fraude, la especulación, entre otras acciones con sobradas credenciales en todo el país.
El teléfono celular, es hoy en la Isla, un discreto símbolo de la civilización. Un detalle de modernidad entre las imágenes decadentes de un sistema que no acaba de admitir sus fracasos.
La euforia por ser partícipes de esta pequeña y limitada fiesta tecnológica, da las coordenadas para descubrir en que peldaño de la involución nos encontramos.
A través de Nokia y Motorola los clientes insulares se sumergen en un mundo diferente al que le vende el partido comunista. Los sermones ideológicos se tornan más obsoletos que de costumbre. Se salta, con cierta facilidad, por encima de las alambradas del socialismo.
Entre la frivolidad y el orgullo que ese hito de las comunicaciones despierta en muchos jóvenes y adultos cubanos, hay una zona donde crece la necesidad de sentirse libre.
Una realidad que no admite discusión es la convivencia- por mucho tiempo- entre dos Cubas. En una conseguí 10 plátanos burros a 2 pesos en moneda nacional cada uno. Un 300% por encima del precio que tenían anteriormente. Margot, lo vende, a escondidas en su choza de 16 metros cuadrados, empotrada en uno callejones de la capital. Desde el mes de octubre este producto no se oferta en Ciudad de La Habana a causa de su escasa disponibilidad tras el paso de tres ciclones.
La otra es la de los extranjeros y la nomenclatura. Capitalista, exuberante, pletórica en lujos. Nadie nos prohíbe mirar hacia esas instancias. Es uno de pocos derechos inalienables.
Ser propietario de un Nokia nos acerca a las múltiples réplicas del primer mundo que existen a lo largo y ancho de Cuba. Por eso el desespero y las angustias por portar uno de esos aparatos. Definitivamente es bueno ir aprendiendo las lecciones del desarrollo desde la indigencia. Por algo hay que empezar.
oliverajorge75@yahoo.com

La movida. Por Miguel Iturria Savón.

30 enero 2009 às 18:38 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (0)

La movida. / Miguel Iturria Savón.
Los leones del Prado duermen de día y vigilan de noche. Por el día posan para los turistas y observan a los niños que corren o patinan por el centro del paseo. La noche es más movida. Hay parejas de amantes y cazadores de todo tipo. Es difícil pegar los ojos.
Tal vez le pase lo mismo al Tritón ubicado al costado de la bahía, frente al Castillo de la fuerza; o a la India de la fuente, que sonríe desde el mármol en otro ángulo del Prado, escoltada por el hotel Saratoga y por la calle que la separa del Parque de la fraternidad, antro nocturno de La Habana, a pesar de los hieráticos y soberbios caudillos del continente que posan para la eternidad entre bancos, aceras y árboles.
A nuestra capital les falta la escultura del sol, de la luna, del diablo y de otras deidades naturales y divinas que enfrenten, junto a los próceres que proliferan en los espacios públicos, al ejército de noctámbulos, drogadictos, gays, ladrones, mendigos, prostitutas y borrachos que ante la ausencia de clubes, moteles y cabarets convierten los parques y las plazas en sitios de descargas, con sexo, violencia y lenguaje de adultos.
Cada noche, mientras la ciudad duerme, se desatan los linajes del exceso. El Parque central, custodiado por José Martí, héroe nacional y mecenas de la ética, es un lupanar de mancebos que acosan a los turistas homosexuales. El Malecón es el coto de caza de las chicas alegres y de los gigolós que las controlan. Los gay se reúnen frente al mar, entre 23 y 19, al fondo del Hotel Nacional; de donde salen con su presa para el Bosque de La Habana, el Parque de la Fraternidad, el cercano Parque del Curita y otros nidos.
El enorme portal del Palacio de Aldama, sede del Instituto de Historia, es el meadero público más notable de la ciudad y guarida de mendigos y putas baratas, que defienden sus columnas de sueños y placeres. Allí, los borrachos orinan sin mirar a los lados para evitar un trompón o una puñalada disuasiva. Los policías ni se acercan.
Los noctámbulos que merodean desde el amplio y colindante Parque de la fraternidad, ofrecen de todo a los transeúntes que pasan, a los turistas que buscan sus hoteles y a quienes preguntan por la terminal de trenes de La Coubre. Los ingenuos pueden ser despojados al lado de un árbol o de una estatua. Solo ante los gritos y llantos persistentes intervienen los guardianes que pastorean con perros el Capitolio nacional y los hoteles del entorno.
La movida nocturna de La Habana no es tan colorida y agitada como en la seductora Madrid o la violenta Bagdad, pero cada noche los lobos aúllan en nuestras calles, plazas y parques sin tener en cuenta a los leones del Prado, a los generales de las estatuas y a los ángeles y querubines del Cementerio Colón, lugar de rapiñas y orgías macabras.
Los atracos, la violencia y los violentos que se drogan ponen en peligro a los caminantes y a quienes esperan el ómnibus de la confronta en muchos sitios de la ciudad. Los policías, con sus perros y sus miedos, casi siempre llegan tarde. Los ríos de orines, las vomiteras y los traumas de las víctimas no hallan espacio en la tele, la radio ni en los diarios oficiales.
¿Habrá que esperar por la desclasificación de los archivos para conocer la movida nocturna de La Habana en los albores del siglo XXI?

En busca del paradigma. Por Miguel Iturria Savón.

26 enero 2009 às 22:40 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (0)

Un colega de El Vedado recibió el 31 de diciembre a una psicóloga argentina que vino con su hijo a celebrar el 50 aniversario de la revolución. Para él era algo insólito. No compartía la euforia de su visitante, pero la escuchó con respeto y contestó a sus preguntas. Como la psicóloga viajaría por la isla para ver el monumento al Che, en Santa Clara, y el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, mi amigo le deseó buena suerte y declinó la propuesta de acompañarla.
No se si la especialista de Buenos Aires y su hijo encontraron anfitriones locales que los guiaran por el paraíso revolucionario que vinieron a descubrir. Tal vez tropezaron con algún oficial de las fuerzas armadas o con funcionarios del gobierno que repiten el discurso oficial, quienes identifican la ideología con el pragmatismo y al Estado con sus intereses.
Entre los turistas que llegan a la isla entre octubre y marzo, hay una minoría fascinada por los mitos políticos. Más que playa, sol y sexo, desean ver al pueblo elegido, culto, feliz y saludable que diseñan nuestros expertos en marketing turístico.
Supongo el desencanto de los extranjeros que arriban con tales sueños, pues los jóvenes que “coinciden” con los turistas viven de espalda a la retórica que identifica al país con la revolución, de cuya historia nadie se acuerda o la invocan para acceder a un puesto o una carrera “confiables”.
La revolución es cansancio y desvarío. Nadie siente nostalgía por su cadáver, la enterramos hace tiempo en la memoria colectiva. Como hecho social figura en los libros y en las mentes obsesionadas de quienes la concibieron y de los pragmáticos que integran la nómina del poder. Lo demás es ficción, un cuento larguísimo y aburrido que no conmueve a nadie.
Pero diciembre del 2008 estuvo marcado por la faraónica propaganda del 50 aniversario, lo cual atrajo a los nostálgicos de la dictadura del proletariado, ansiosos de acceder al reino del gran caudillo, cuyo hermano y sucesor viajó a Venezuela y Brasil, donde hubo agasajos y rituales simbólicos que no debemos confundir con la realidad insular. La “opción cubana” es un fracaso.
En diciembre vino hasta Patch Adams, el médico-payaso que actuó para niños en los municipios afectados por los ciclones, y aprovechó los espectáculos para criticar a los Estados Unidos y elogiar al gobierno cubano. Vinieron también los barcos de guerra de Rusia, que entraron a la bahía de La Habana como en los buenos tiempos.
Personalmente recibí o visité en los últimos días de diciembre a Beverly García, pianista cubana que vive en Dinamarca; a un economista que vino de Miami, a una amiga que emigró a México y a un joven investigador del Cerro que ejerce en una universidad de Madrid. Todos hablan de temas cordiales, ninguno evoca el fantasma de la revolución ni se pierden en digresiones ideológicas. Ellos y sus familiares no sueñan con paradigmas, ya los perdieron.

Una raya en el agua. Por Miguel Iturria Savón.

às 22:26 por Ancla insular | Postado em: Crónica,M. Iturria.
| Comments (0)

La historia de María del Carmen, Maby y Jacqueline tiene en común haber sido abandonadas por el esposo, previa negociación familiar y la promesa del reencuentro. Ellos partieron en yate pagado desde La Florida por los parientes de sus cónyuges, quienes los ayudaron a insertarse en los Estados Unidos para que reclamen a la esposa y al niño dejado en Cuba.
María del Carmen vive en Playa con Robertico, Maby en Centro Habana con el hijo de 6 años y Jacqueline en Santa María del Rosario con su pequeña Elianne. Ellas asumieron el hogar y la atención del hijo común. Cada semana reciben la llamada del esposo, quien a veces pospone la comunicación o habla con apuros por razones de costo. Si conversan con el padre, el hermano o el pariente de Miami que ayudó al marido, entonces indagan por el comportamiento de éste.
Cada una lleva tres años de espera e incertidumbre. Piensan en la reunificación y soportan el asedio del vecino, el amigo o el jefe del centro laboral. Pero el reencuentro depende de factores externos, pues es difícil obtener la ciudadanía norteamericana, lo cual facilita la reclamación.
Los jóvenes que presionan a los familiares de la mujer para que les financien el viaje ponen al hijo de ambos por el medio. Si ella parte y no se los lleva pierden la jugada, por eso les niegan el Poder sobre la patria potestad del menor. El esposo de Maby simplificó su táctica en una oración: “yo primero, si no me quedo con el niño y te va sola”.
Como la mujer no es amiga de montarse en una balsa o escapar con el muchacho, admite la riesgosa salida del cónyuge por un tercer país o por vía marítima. Quienes se van con Carta de invitación hacia Costa Rica, Chile o Panamá, como escala hacia los Estados Unidos, no pueden irse con su familia, pues el Estado cubano bloquea tal alternativa y prohíbe la salida provisional de los menores.
Pero en estas historias el final suele ser inesperado. Algunos rehacen su vida en México, Miami o New York y se olvidan del convenio con la esposa y la familia de esta. A veces sucede lo contrario. En ocasiones la mujer se busca un novio que la invite a España y no regresa a la isla ni busca al ex marido. Si el novio extranjero es enviado por el propio esposo, el enroque favorece el reencuentro.
Las mujeres que no soportan la soledad buscan un amante mientras el marido hace los trámites de reunificación familiar. Esto las lleva a la ruptura o la espera apacible. Es la variante clásica de las cubanas que romancean con un italiano o un español casado que no puede llevárselas.
Hasta ahora, María del Carmen, Maby y Jacqueline esperan a su marido como Penélope a Ulises en Ítaca; pero en esta isla del Caribe cuando el marido hace una raya en el agua no pretende volver. El tiempo y las circunstancias desencadenan finales inesperados.

Próxima Página »