Dilema escolar. Por Miguel Iturria Savón.

29 agosto 2008 às 17:49 por Ancla insular | Postado em: crónicas,Cuba.,Iturria,M. Iturria.
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Dilema escolar. / Miguel Iturria Savón.

Comienza el curso escolar en Cuba. Las madres de los niños compran o reparan los uniformes, mochilas, lápices y libretas; visitan las escuelas para ayudar a resolver los problemas inmediatos, pues desde el preescolar al sexto grado el nexo entre padres y maestros es decisivo.
No sucede lo mismo en las secundarias básicas, en los tecnológicos ni en los institutos preuniversitarios. Las secundarias están cerca del hogar de los estudiantes, a excepción de las ubicadas en los campos del país, en las que se dificulta el control de las familias, tan sólido en la primaria como distante en otros niveles, lo cual deja a los adolescentes en manos del colectivo pedagógico, cuyo éxodo preocupa a los padres y a las autoridades docentes.
La euforia de los familiares empieza apagarse en séptimo grado, lo que favorece la deserción escolar, muy notable en los institutos preuniversitarios que combinan el estudio con el trabajo, en base al principio marxista que aleja a los estudiantes del entorno hogareño, pero no logra los resultados pedagógicos y productivos deseados.
Solo dos o tres planteles de segunda enseñanza quedaron en la capital de Cuba. El del Vedado y el célebre Instituto de La Habana, donde estudió José Martí, fueron los últimos. Algo similar ocurrió en Güines y en otros municipios, cuyas tierras acogen a una red de preuniversitarios para los jóvenes que “aspiran a estudiar y trabajar” antes de ingresar en la enseñanza superior.
Converso al respecto con dos profesores de preuniversitarios en el campo, una metodóloga municipal de Extraescolar y becas y tres estudiantes de onceno grado. Los pedagogos reconocen que “el propósito ha sido superado por el tiempo y por las limitaciones del país para mantener un sistema tan costoso y alejado de la familia”.
En la práctica, dice la metodóloga Pilar, “los estudiantes ni estudian ni trabajan en el campo pues la mayoría de las escuelas están en pésimas condiciones y carecen de lo imprescindible. Tal vez por eso, los padres se llevan a sus hijos y los incorporan a cursos de computación, idiomas, culinaria o a la Facultad para adultos que equivale al doce grado”.
María de los Ángeles, Yadira y Yoani terminaron el décimo en “República de Panamá”, de Güines, pero no van a continuar. Según María, “Aquello es un oeste, hay problemas con el agua, la comida, la ropa y las herramientas de trabajo. La escuela está cerca de Bizarrón, un caserío de orientales que venden de todo y entran por la noche; los varones los persiguen por los aleros…”
Aunque aún no se habla de reformar la enseñanza, los funcionarios del Ministerio de educación buscan soluciones a los problemas principales de cada nivel de instrucción, pero las deserciones siguen en ascenso en las escuelas en el campo. Quizás haya que revisar el principio que castiga a millares de estudiantes y profesores. Cerca de casa estudian mejor. Ya tendrán tiempo para trabajar.

Crónica de una pena anunciada. Por Miguel Iturria Savón.

às 17:43 por Ancla insular | Postado em: crónicas,Cuba.,Iturria,M. Iturria.
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Crónica de una pena anunciada. / Miguel Iturria Savón.
Al escuchar a la madre de Juan Coba pensé que los familiares de los delincuentes necesitan auto engañase para soportar la vergüenza y el sacrificio de atender a un hijo encarcelado. A esta mujer de sesenta el cielo le cayó encima cuando le informaron que su primogénito cumpliría doce años tras las rejas.
Es cierto que Juan no era un ladrón; en tres décadas de vida nadie lo señaló, trabajaba y sostenía a su familia, se llevaba bien con sus vecinos de Alberro, en El Cotorro, donde conoció a dos tipos de Lotería con mala reputación social. Allí, entre tanta marginalidad, comenzó a pensar en dar el gran salto para salir de la pobreza y volver sobre sus pasos de hombre tranquilo.
Junier y Jennis, dos jóvenes con experiencia delictiva y más fantasía que Robín Hood, lo ayudaron a decidirse y lo incluyeron en un plan de robo con violencia e intimidación de las personas.
El arma y la información la puso Jennis, quien no participaría en el atraco pero ofreció los datos y la dirección de Chávez, un negociante de Lotería que sostuvo relaciones íntimas con su prima, la cual le habló del dinero y las pertenencias del amante. Juan, Junier y otro bandido no enjuiciado precisaron los detalles del asalto. Actuarían sorpresivamente con una pistola, dos cuchillos y unas bolsas.
La pistola estaba abollada y no podría disparar, carecía de gatillo y no le funcionaba la aguja percutora ni el martillo; pero esto no lo supieron las víctimas hasta el día del juicio.
Tampoco supieron porqué Juan llevaba la pistola, una gorra azul y una media negra en la cabeza a modo de máscara, mientras Junier y el otro actuaban con cuchillos y el rostro descubierto, registrándolo todo y exigiendo más dinero.
Los tres jóvenes abandonaron la casa de Chávez sin maltratarlo a él, al niño ni a la mujer. Tomaron mucho menos de lo esperado. La frustración personal y la algarabía de los afectados los obligó a correr. En su nerviosismo, Juan cayó al piso en medio de la calle y al levantarse dejó la pistola, la gorra y la media que cubría su rostro.
La denuncia y la captura no demoraron mucho. La prisión preventiva, el juicio y la sentencia fueron un suplicio para Juan y su madre, quien empieza a justificar a su hijo y lo convierte en víctima de las malas compañías.
Junier fue condenado a 18 años de prisión, Jennis a 15 y Juan a 12. El primero tenía como antecedentes dos robos con violencia a mano armada y un robo con fuerza; el segundo era autor de diversas jugarretas en El Cotorro y otros lugares de La Habana.
Juan, el novato de treinta años, tendrá que esperar tras las rejas antes de imaginar otro gran salto. Tal vez aprenda que la violencia no es la mejor garrocha para brincar la pobreza. Su madre será testigo.

Cosas de alimañas. Por Miguel Iturria Savón.

22 agosto 2008 às 17:28 por Ancla insular | Postado em: crónicas,Habana.,M. Iturria.
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Cosas de alimañas. / Miguel Iturria Savón.

Hay guapos que sofocan a los cobardes y cobardes que asesinan a los guapos. Los ejemplos son evidentes en los tribunales de La Habana, donde los juicios de ese tipo resultan espectaculares por la exaltación de los ánimos, las declaraciones violentas y las amenazas de los familiares de algunos encausados.
Uno de los casos más famosos fue la muerte de Leoni a manos de Oscarito, quien le atravesó un cuchillo por el cuello en un lugar festivo. El Leoni era un chino joven y fuerte, desagradable y peligroso; integraba la preselección nacional de lucha y repartía golpes en cada esquina de El Cotorro. Oscarito es un mulato flaco, tímido y calculador que salió en busca del cuchillo cuando vio a su hermano mayor en las garras del atleta.
En la cárcel, Lázaro Oscar Soto López amplió su currículo de tropelías. Haber matado a un guapo con víctimas y enemigos le dio prestigio entre las fieras. Salió hace poco bajo libertad condicional, pero su apego al cuchillo lo hizo retornar a las rejas. Ahora espera juicio en la prisión de Valle Grande.
Otro joven de instintos violentos resurgió del Combinado del Este, estuvo unos meses en familia y regresó a prisión. José Ramón Martínez, alias Monguito, vecino de Oscar en el reparto Lotería, coincide en el cuchillo, la sangre y la muerte, pero difiere en el móvil y la víctima.
Monguito mutó su condición de alimaña por la de fiera bravía durante una maniobra en Jejenes, Pinar del Río, a donde fue como soldado de la Unidad antiaérea de Santa María del Rosario, en la cual cumplía el Servicio militar.
En Jejenes evadía los tiroteos al quedarse como cuartelero en unión de Zamora, un guapo que lo tenía esclavizado. En una ocasión lo sorprendió por la espalda y le dio una golpiza. Zamora cayó al piso y se enredó con los cables eléctricos. Monguito recuperó su honor entre los reclutas, pero robó unas colchonetas y estuvo un año en la prisión militar de Ganuza, en la cual elevó su expediente de fechorías.
Al salir del Ejército, Monguito volvió a la cárcel, pues en una reyerta hogareña le atravesó el corazón al hermano con el cuchillo más grande de la cocina. Después de ocho años tras las rejas obtuvo la libertad condicional, pero le duró bien poco, una de las hermanas lo acusa de amenaza de muerte. Desde hace un mes espera juicio en una celda de Valle Grande.
El abogado que contrató la madre de José Ramón comenta que su defendido puede ser absuelto, sancionado de seis meses a dos años de prisión o recibir el doble de los límites de esa condena por estar bajo libertad condicional y poseer antecedentes criminales.
“Tiene suerte, pues la madre y dos de sus hermanas botaron de la casa a la que denunció a Monguito, quien parece el líder de la familia a pesar de haber matado a su hermano mayor.”
Aunque los casos de violencia hieren la sensibilidad de muchos ciudadanos, son más comunes de lo que suponemos. Los guapos y las alimañas ostentan su cólera en lugares públicos del país. Para conocerlos no hay que ir a los tribunales, basta con preguntar por los pendencieros que no vemos en el barrio.