Mirar al pasado. Por Miguel Iturria Savón.

23 enero 2009 às 18:35 por Ancla insular | Postado em: Cuba.,M. Iturria.,Opinión
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Los medios de comunicación de Cuba estuvieron ocupadísimos durante diciembre del 2008 y la primera semana de enero del 2009, “Año del gorila” según la ONU, lo cual debió provocar suspicacias en Hugo Chávez Frías, Raúl Castro y otros gobernantes del continente ajenos a la fauna y la flora, pero atentos a las campañas de distracción orientadas por ellos a la prensa de sus respectivos países.
El tío Raúl, como llaman al Castro menguante, aún es noticias en los diarios y la televisión insulares. Lo seguirá siendo mientras sus voceros atrapen algo más atractivo que la cantaleta del cincuenta aniversario de la revolución, suceso que nadie celebra –excepto los mandatarios- pues hasta los fantasmas de los combatientes fueron ocupados por la búsqueda del pernil de cerdo, el mazo de yuca, el arroz moro y las botellas de ron; mientras las abuelas atendían la cocina y el arbolito de navidad y las madres inventaban los dólares para comprar los juguetes del Día de reyes, tradición que renace como el Ave fénix pese a los precios y el desdén de los funcionarios comunistas.
Los viajecitos de Raúl a Venezuela y Brasil, donde habló muchísimo y se fotografió con sus homólogos de Latinoamérica, fueron reseñados por la prensa cubana y extranjera, que dieron también cobertura a sus palabras ante las sesiones de fin de año de la silenciosa Asamblea Nacional del Poder Popular, cuyos diputados no contaron con el histrión mayor pero votaron por unanimidad y enseñaron la conveniencia de ser mudos, sordos, ciegos y estar prestos para aplaudir al “general presidente”, quien mira al pasado desde el presente, incapaz de comprender que rige a una nación cansada.
Como Raúl no entiende la complejidad del país que gobierna por designación dinástica, se dio un saltico el 31 de diciembre al memorial del II Frente oriental, donde reposan los restos de su compadre Antonio Gades, su ex mujer Vilma Espín y varios compañeros de su columna guerrillera. Desde allí exaltó las “glorias del pasado”, mientras los camarógrafos hacían un paneo del sitio que guardará sus cenizas dentro de unos años.
Y como si fuera poco, el 3 de enero la televisión lo mostró en la periferia de Santiago de Cuba, donde inauguró un caserío de cien petrocasas donadas por el Presidente venezolano. Entre funcionarios y campesinos Raúl habló de viejos problemas y nuevos proyectos constructivos en el tono militar de siempre, como si la realidad no se moviera y tuviéramos condenados por la sombra de los caudillos que gobiernan a la isla como una hacienda personal.
Como el discurso es el mismo y empeora la situación, nadie celebra los hechos del pasado. Quizás por eso el régimen perdió la brújula con los millares de trabajadores que abandonaron sus puestos en cada provincia. No basta con subir el salario y aumentar la edad de jubilación. Para modificar la percepción del país y volver a la senda del desarrollo es necesario jubilar a los demonios santificados desde el poder.

Casos violentos. Por Miguel Iturria Savón.

3 septiembre 2008 às 16:15 por Ancla insular | Postado em: Cuba.,Iturria,Miguel,Violencia
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Casos violentos. / Miguel Iturria Savón.

El robo con violencia e intimidación de las personas es, probablemente, el delito más cometido en Ciudad de La Habana y, tal vez, en otras regiones del país. Basta con aguzar el oído en cualquier barrio capitalino o asistir al Tribunal provincial para informarnos de sucesos que quiebran el orden social.
El viernes pasado, en la calle 221 del reparto Cruz Verde, municipio Cotorro, tres enmascarados entraron con una pistola y dos cuchillos en la vivienda de un señor que cambiaba dólares. Ante la negativa del hombre le dieron una golpiza delante de la mujer y cogieron al hijo de ambos por el cuello. Se llevaron el dinero por la puerta de entrada. Algo similar sucedió meses atrás en la otra cuadra, donde sorprendieron al anciano Miguel Martínez Ávila, a quien los enmascarados anestesiaron antes de registrarlo todo.
Un día antes asistí, casualmente, al juicio de dos ladrones que asaltaron a una vecina de Monte y Rayo, en La Habana Vieja. La víctima tenía 76 años y comercializaba objetos artesanales en la Feria de Monte. Uno de los delincuentes vivía en los bajos de su apartamento. El otro era su amigo de prisión y vino a preguntarle por alguien con dinero para “darle un palo”. Los dos poseían antecedentes penales y estaban bajo libertad condicional.
Acordaron los detalles del robo. El día de los hechos, el aliado del vecino de la anciana llegó al edificio con uniforme de inspector de Salud pública, lo cual favoreció la entrada al domicilio. Ataron a la vieja y le taparon la boca, lo que provocó su muerte por asfixia pues al marcharse la dejaron inmóvil y sin posibilidad de respirar.
El bandido de los bajos se enteró enseguida de la defunción, el otro al visitarlo dos o tres días después, en que decide huir con lo poco que le quedaba del saqueo, ya que la víctima tenía menos de lo esperado. Su cómplice guardó silencio y lo mandó a un escondite de El Cotorro, donde sería sorprendido posteriormente.
Durante el juicio, la esposa del maleante de Monte y Rayo testificó en su contra. Habló de los encuentros previos de los atracadores y ratificó que su marido, de quien está embarazada, no fue un simple encubridor sino un participante; ella lo vio subir al domicilio de la difunta.
Al exponer lo sucedido, el fiscal habló de asesinato y evocó al respecto el artículo 263, inciso J del Código penal cubano. Pidió veinte años de prisión para cada uno de los inculpados, pues en caso de muerte violenta se agrava la responsabilidad de los agresores.
El proceso analizado es uno de los robos con violencia presenciados por este reportero en la Sala de lo penal del Tribunal provincial de Ciudad Habana, el jueves de la semana anterior. En un próximo artículo volveremos sobre un tema que constituye un flagelo para la vida de las personas.

Buscándote Habana. Por miguel Iturria Savón.

às 16:11 por Ancla insular | Postado em: Cine,Cuba.,Miguel Iturria.
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Buscándote Habana.

Si en el pasado Festival internacional de cine de La Habana se hubiera exhibido el documental Buscándote Habana, de Alina Rodríguez Abreu, creo que le habrían concedido, al menos, el Premio de la popularidad, aunque éste galardón casi siempre se entrega a los filmes de ficción.
En la televisión no ha sido estrenado. Tal vez lo mostraron en la Cinemateca y lo retiraron con urgencia, como sucede con las cintas que revelan verdades incómodas para un régimen que guarda los trapos sucios para el futuro. Felizmente circula en CD de mano en mano, como tantas películas y programas prohibidos.
¿De qué trata el documental, qué lo hace diferente? ¿Por qué no circula si ninguno de los protagonistas identifica sus angustias con la revolución?
Buscándote Habana es un testimonio fílmico de alto nivel estético sobre los emigrantes del interior del país que sobreviven en seis asentamientos marginales de la capital cubana. La Habana -tierra de promisión de estos sin tierra del socialismo- pasa del sueño a la pesadilla en la voz desgarradora de cada entrevistado y en las imágenes patéticas de las casuchas de El Cuncuní y Los Mangos, en San Miguel del Padrón; los arrabales de Casablanca, en el municipio Regla; Santa Fe, en Playa; la Planta de asfalto de Guanabacoa, y el antiguo hotel Bristol, en Centro Habana, donde hasta la piscina fue convertida en apartamento por un matrimonio que vino de Camagüey.
El documental logra un equilibrio eficaz entre música, fotografía, testimonios y carteles. Los planos y encuadres visuales son reforzados por dos guarachas de valor alegórico: “Un pariente en el campo”, de Adalberto Álvarez, y “Lucha tu yuca”, de Raimundo Fernández, que matizan la desesperación de Lisbet, Fidel, Reinaldo, María, Sandra, Asteris, Adonis, Onelia, Pascual y María -la de la piscina del hotel Bristol-.
A la crónica aportada por los entrevistados de esas villas miserias, los realizadores añadieron, a modo de equilibrio, el análisis de los sociólogos Pablo Rodríguez y Claudio Estévez, quienes contemporizan el “síndrome de las yaguas” con las limitaciones del socialismo para resolver el problema de la vivienda y evitar la exclusión de individuos que quemaron las naves en su lugar de origen, pero no disponen de medios para resolver su situación.
El filme, ameno, conmovedor y de gran valor antropológico y testimonial, presenta el desarraigo y la incertidumbre de esas personas excluidas por la ley, a las cuales el Estado les niega un puesto de trabajo, la tarjeta de productos alimenticios y se les amenaza con la deportación a la zona oriental del país.
“No somos gente contraria al Gobierno; los orientales tenemos la revolución en pie”, dice en su covacha de Casablanca el santiaguero Fidel, padre del pequeño Elián. “Si no somos cubanos, ¿qué somos nosotros?”, pregunta Pascual en El Cuncuní. “Ilegales no, somos indocumentados por la Dirección de Vivienda”, responde en otra secuencia la habanera Sandra, huésped de la antigua Planta de Asfalto de Guanabacoa. Mientras Onelia-otra capitalina- habla de un derrumbe detrás del Bristol y compara a los orientales con la roya.
En Buscándote Habana hablan los parias alojados en los llega y pon de la capital cubana. Hablan también las imágenes de esas favelas, los niños que juegan entre zanjas y fosas destapadas y hasta las consignas políticas de los carteles que desatan carcajadas. Ellos hablan de los planes y los sueños que dependen de las cosas, pero no piensan volver a la miseria que dejaron atrás, porque “sería perder la esperanza de vivir y trabajar en la capital de todos los cubanos”.
El documental que reseñamos aborda una arista de la vida cubana. Su prohibición parece contrarrestar el mensaje paródico de la música que despide las escenas. Ahí les va, sin audio ni guitarra. Lucha tu yuca, taíno / forrajea la manigua / trilla el monte / no abunda el taparrabo y no alcanza el casabe / Está cara la magia y más la medicina. / Y la tribu vive al margen del delito. / Y luego pagar en fula el areito. / Van a censar el bohío que tu ocupa, / prepara el ritual, no sea que lo declaren ilegal. / Pero lucha tu yuca, taíno. / Forrajea la manigua. / Trabaja. / Como suda el indito.

Los pies sobre la tierra. Por Miguel Iturria Savón.

29 agosto 2008 às 17:51 por Ancla insular | Postado em: "reformas,Cuba.,M. Iturria.
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Los pies sobre la tierra. / Miguel Iturria Savón.

En su reportaje El grano nuestro de cada día, María Elena Martín González revela en Juventud Rebelde, el domingo 17 de agosto, los desafíos técnicos y productivos que enfrentan los campesinos y las entidades gubernamentales dedicadas al cultivo del arroz. Los cosecheros, investigadores y funcionarios entrevistados plantean los problemas y los planes de un sector que en el 2008 producirá 223 mil toneladas, por lo cual se importa más del 80% del consumo nacional, pero vaticinan cerca de 485 mil toneladas para el 2013, a fin de reducir el 50% de las adquisiciones del cereal, cuyo costo por tonelada asciende a 1.100 dólares.
Los escollos del país en la producción del arroz tienen puntos comunes con otros cultivos agropecuarios. La obtención de alimentos transita por la extensión de las áreas de siembra, los sistemas de riegos, la renovación de las máquinas y los instrumentos agrícolas, la adquisición de semillas, fertilizantes e insecticidas; así como el rescate de la vitalidad de los suelos, la disciplina tecnológica y la adopción de medidas organizativas que estimulen el retorno de los campesinos a sus parcelas, a las granjas o las cooperativas.
En ese sentido se inscribe el Decreto-ley 159, expedido en julio por el Presidente Raúl Castro Ruz, quien ordenó hace tres años un Levantamiento de la tierra en cada municipio de Cuba. De las medidas dictadas por el gobernante, quizás esta sea la de mayor calado, pues implica la entrega de hasta 13,42 hectáreas de tierras en usufructo a las personas que quieran dedicarse a la agricultura; mientras los poseedores podrán ampliarlas a 40,26 hectáreas. Las granjas estatales y las cooperativas tendrán el mismo derecho y mayor tiempo de arrendamiento.
Aunque el contrato a los arrendatarios naturales es intransferible, deben pagar impuestos y ajustarse a la regulación de precios, la entrega de tierras ociosas es un paso importante en la liberación de las fuerzas productivas del país, maniatadas por el control estatal, el burocratismo y la corrupción.
No sabemos aún los detalles de la implementación del citado decreto, pero es lógico suponer que las entidades oficiales dicten medidas para que no sea letra muerta.
“Me parece que ya es hora de enfrentar los problemas agropecuarios con los pies en la tierra, pero la suerte de esta reforma depende de quién pone el capital, ya que se trata de tierras baldías que exigen el desmonte y la recibirán gentes sin recursos”, afirma el arquitecto Esteban de Armas, quien estuvo al frente del Levantamiento tierras en un municipios del sudeste de la capital, donde numerosos parceleros dedican sus energías al cultivo de viandas, frutas de estación y animales domésticos.
Los pequeños agricultores entrevistados consideran imprescindibles la entrega de tierra, pero muestran recelos sobre las concesiones a las empresas estatales, “en las que reina la improductividad por el desinterés de los obreros, el abandono de los productos en el campo por falta de transporte, el desvío y el robo”.
A casi todos les parece bien el equivalente a una caballería para el que empieza y tenga voluntad de trabajar duro. “Con media caballería vive una familia de 5 ó 6 personas; de manera que 13,42 hectáreas es suficiente para el autoconsumo de los padres, los hijos casados y los nietos. Quien posea 40 hectáreas podrá comercializar parte de los productos y sembrar cañas para alimentar el ganado. El problema radica en poner las tierras en condiciones provechosas porque casi todas están cubiertas de marabú”.
La afirmación es de Dámaso Pérez Quincoces, agricultor de El Cotorro, quien cuestiona la corrupción en las cochiqueras de La Habana, señala la necesidad de adquirir implementos agrícolas a precios asequibles, eliminar las trabas burocráticas y el centralismo que afectan la distribución, el cobro, el transporte y el traslado del ganado vacuno. “¿Cómo vamos a cercar si un rollo de alambres que se produce en Nuevitas y se exporta al Caribe vale más de 500 pesos?
Rolando Céspedes, pequeño agricultor del mismo municipio capitalino, dice que “durante el Cordón de La Habana, años 1968 al 1973, acabamos con la ganadería y con los frutales. Ahora es difícil atraer a la tierra a los hijos de esos campesinos, casi todos se hicieron técnicos y obreros. Ya no hay amor al cultivo. Lo que hay es mucho robo y precios astronómicos”.
Todos coinciden en que el robo puede poner en peligro cualquier reforma agraria, pues “se ha generalizado por el país y convierte a los agricultores en víctimas de los bandidos del campo y de los especuladores de las ciudades, quienes sobornan a la policía, desvían los camiones y revenden las mercancías como les da la gana”.
“El guajiro tiene que vivir en su finca, hay que darle créditos para hacer la casa, cercarlo todo, construir los corrales, el pozo y otras dependencias que le de cierta seguridad”, afirma la anciana Migdalia Barrueta, esposa de un parcelero de Madruga que falleció hace poco y ninguno de los nietos continuó con los cultivos.
Un funcionario del municipio Boyeros habla de personas que ya solicitaron tierras en Santiago de las Vegas, El Guajay y otras zonas rurales de La Habana, Pinar del Río, etc. Piensa que los otorgamientos pueden atajar el éxodo de los jóvenes que abandonan el campo. “Si les va bien en el trabajo agrícola no tendrán necesidad de irse para la capital. Tal vez algunos retornen”.
Al dialogar sobre la “nueva reforma de la tierra” fluyen las expectativas. Muchos hacen catarsis. Algunos la comparan con la Reforma agraria de 1959 o la de 1963. Otros muestran su escepticismo y hay quienes empiezan a soñar con hacienda propia y alimentos a precios módicos en los desaparecidos mercados libres campesinos.

Dilema escolar. Por Miguel Iturria Savón.

às 17:49 por Ancla insular | Postado em: crónicas,Cuba.,Iturria,M. Iturria.
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Dilema escolar. / Miguel Iturria Savón.

Comienza el curso escolar en Cuba. Las madres de los niños compran o reparan los uniformes, mochilas, lápices y libretas; visitan las escuelas para ayudar a resolver los problemas inmediatos, pues desde el preescolar al sexto grado el nexo entre padres y maestros es decisivo.
No sucede lo mismo en las secundarias básicas, en los tecnológicos ni en los institutos preuniversitarios. Las secundarias están cerca del hogar de los estudiantes, a excepción de las ubicadas en los campos del país, en las que se dificulta el control de las familias, tan sólido en la primaria como distante en otros niveles, lo cual deja a los adolescentes en manos del colectivo pedagógico, cuyo éxodo preocupa a los padres y a las autoridades docentes.
La euforia de los familiares empieza apagarse en séptimo grado, lo que favorece la deserción escolar, muy notable en los institutos preuniversitarios que combinan el estudio con el trabajo, en base al principio marxista que aleja a los estudiantes del entorno hogareño, pero no logra los resultados pedagógicos y productivos deseados.
Solo dos o tres planteles de segunda enseñanza quedaron en la capital de Cuba. El del Vedado y el célebre Instituto de La Habana, donde estudió José Martí, fueron los últimos. Algo similar ocurrió en Güines y en otros municipios, cuyas tierras acogen a una red de preuniversitarios para los jóvenes que “aspiran a estudiar y trabajar” antes de ingresar en la enseñanza superior.
Converso al respecto con dos profesores de preuniversitarios en el campo, una metodóloga municipal de Extraescolar y becas y tres estudiantes de onceno grado. Los pedagogos reconocen que “el propósito ha sido superado por el tiempo y por las limitaciones del país para mantener un sistema tan costoso y alejado de la familia”.
En la práctica, dice la metodóloga Pilar, “los estudiantes ni estudian ni trabajan en el campo pues la mayoría de las escuelas están en pésimas condiciones y carecen de lo imprescindible. Tal vez por eso, los padres se llevan a sus hijos y los incorporan a cursos de computación, idiomas, culinaria o a la Facultad para adultos que equivale al doce grado”.
María de los Ángeles, Yadira y Yoani terminaron el décimo en “República de Panamá”, de Güines, pero no van a continuar. Según María, “Aquello es un oeste, hay problemas con el agua, la comida, la ropa y las herramientas de trabajo. La escuela está cerca de Bizarrón, un caserío de orientales que venden de todo y entran por la noche; los varones los persiguen por los aleros…”
Aunque aún no se habla de reformar la enseñanza, los funcionarios del Ministerio de educación buscan soluciones a los problemas principales de cada nivel de instrucción, pero las deserciones siguen en ascenso en las escuelas en el campo. Quizás haya que revisar el principio que castiga a millares de estudiantes y profesores. Cerca de casa estudian mejor. Ya tendrán tiempo para trabajar.

Crónica de una pena anunciada. Por Miguel Iturria Savón.

às 17:43 por Ancla insular | Postado em: crónicas,Cuba.,Iturria,M. Iturria.
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Crónica de una pena anunciada. / Miguel Iturria Savón.
Al escuchar a la madre de Juan Coba pensé que los familiares de los delincuentes necesitan auto engañase para soportar la vergüenza y el sacrificio de atender a un hijo encarcelado. A esta mujer de sesenta el cielo le cayó encima cuando le informaron que su primogénito cumpliría doce años tras las rejas.
Es cierto que Juan no era un ladrón; en tres décadas de vida nadie lo señaló, trabajaba y sostenía a su familia, se llevaba bien con sus vecinos de Alberro, en El Cotorro, donde conoció a dos tipos de Lotería con mala reputación social. Allí, entre tanta marginalidad, comenzó a pensar en dar el gran salto para salir de la pobreza y volver sobre sus pasos de hombre tranquilo.
Junier y Jennis, dos jóvenes con experiencia delictiva y más fantasía que Robín Hood, lo ayudaron a decidirse y lo incluyeron en un plan de robo con violencia e intimidación de las personas.
El arma y la información la puso Jennis, quien no participaría en el atraco pero ofreció los datos y la dirección de Chávez, un negociante de Lotería que sostuvo relaciones íntimas con su prima, la cual le habló del dinero y las pertenencias del amante. Juan, Junier y otro bandido no enjuiciado precisaron los detalles del asalto. Actuarían sorpresivamente con una pistola, dos cuchillos y unas bolsas.
La pistola estaba abollada y no podría disparar, carecía de gatillo y no le funcionaba la aguja percutora ni el martillo; pero esto no lo supieron las víctimas hasta el día del juicio.
Tampoco supieron porqué Juan llevaba la pistola, una gorra azul y una media negra en la cabeza a modo de máscara, mientras Junier y el otro actuaban con cuchillos y el rostro descubierto, registrándolo todo y exigiendo más dinero.
Los tres jóvenes abandonaron la casa de Chávez sin maltratarlo a él, al niño ni a la mujer. Tomaron mucho menos de lo esperado. La frustración personal y la algarabía de los afectados los obligó a correr. En su nerviosismo, Juan cayó al piso en medio de la calle y al levantarse dejó la pistola, la gorra y la media que cubría su rostro.
La denuncia y la captura no demoraron mucho. La prisión preventiva, el juicio y la sentencia fueron un suplicio para Juan y su madre, quien empieza a justificar a su hijo y lo convierte en víctima de las malas compañías.
Junier fue condenado a 18 años de prisión, Jennis a 15 y Juan a 12. El primero tenía como antecedentes dos robos con violencia a mano armada y un robo con fuerza; el segundo era autor de diversas jugarretas en El Cotorro y otros lugares de La Habana.
Juan, el novato de treinta años, tendrá que esperar tras las rejas antes de imaginar otro gran salto. Tal vez aprenda que la violencia no es la mejor garrocha para brincar la pobreza. Su madre será testigo.

Bailar timba. Por Luis Cino.

22 agosto 2008 às 17:34 por Ancla insular | Postado em: Crónica,Cuba.,Luis Cino.,musical
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Bailar timba: no hay más na. / Luis Cino.

Le llaman timba. Dicen que es otra forma de tocar la salsa. Tiene de Rhythm and Blues, de reggaeton y de hip hop. Pero la timba, brava o Light, es más son que otra cosa.

La timba es el tallo áspero, procaz y con espinas, que parió el son del cautiverio. La música dura de alegría falsa que trató de poner sabrosura a las penas más recientes. La banda sonora del hambre, los balseros y la desesperanza.

Quisieron enmascararla con caras bonitas, poses charangueras, ropa sexy, meneo de caderas de mulatas de vértigo…

La timba, sin proponérselo, se convirtió en la crónica de las vidas precarias del que creyeron sería el hombre nuevo. O de sus hijos. Bisneros, ambientosos, jineteras y chivatos. Todos están en sus canciones. La comedia humana, sincopada y con tumbao, de la Cuba de ahora mismo. La de los barrios. La isla en pesos… no convertibles.

Su filosofía marginal habla el idioma de las calles. Advierte, sin reparos que “el Bonny está pasmao”. No hay casualidad. “El Bonny es una pasta, pero pasmao para qué.” Aconseja a las niñas que se busquen “un temba que las mantenga, un papirriqui con guaniquiqui”. Para que tengan lo que tenían que tener. Además, alertan sobre “Yuya la de la patrulla, la que no hace bulla, la que te vela y te echa pa la candela”.

Los muchachos crecieron con los Van Van y el pop latino que escuchaban sus padres, pero la timba es su música.

Sus ídolos son la Charanga Habanera, Paulito FG, Manolito Simonet y Bamboleo. Son lo que hay. La especulación de La Habana. La tiran en estereo. A pagar allá.

Cadenas de oro, ropas de marca, video clips deslumbrantes y viajes al extranjero, simbolizan las vidas de sueño que quisieran vivir. “Tú puedes llegar, tú puedes llegar, pero no te pases”, les previenen.

Persiguen sus actuaciones por bailables populares y casas de la música, si tienen dinero. En La Piragua, la Plaza Roja o la Tropical. Son los nuevos templos de la gozadera.

Allí “se ponen buenos” con cerveza de pipa ligada con amitriptilina o parkisonil. Si aparece “un prajo” –un pito de marihuana- es lo máximo.

Cuando llega el estribillo, ya están “en talla”. Ellos no están en nada. Lo suyo es el baile y “las jebitas”.

Siguen el coro erotizados. Insinuantes, mueven la pelvis y se pegan a sus parejas. Alzan los brazos al cielo. Como si imploraran gozar. Las caderas se mueven en círculos de lujuria. Es el despelote. La catarsis colectiva.

Si esta noche no hay botellazos, chavetas ni bengalas, todo estará “tocao”. No acabarán en la unidad de la policía.

Volverán “arrebatados” y hambrientos a sus barrios oscuros y ruinosos. A pie o en la confronta. De madrugada, no hay camellos. El aire nocturno refresca la nota.

Para ellos, sólo hay consignas en las paredes, discursos en la televisión, escombros y basuras sin recoger, redadas policiales, botellas de chispa de tren y el humo risueño de los cigarros de hierba de parque.

“No hay mas ná”, repiten la antífona tribal, sentados en la esquina. Siempre alguno responde: “No es fácil, asere, no es fácil”.

Final feliz. Por Miguel Iturria Savón.

20 agosto 2008 às 16:16 por Ancla insular | Postado em: Crónica,Cuba.
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Final feliz. / Miguel Iturria Savón.
“Al fin juntos”, dijo Elba días atrás cuando Juan se bajó del avión en Las Palmas de Gran Canarias. Llegaba de Madrid previa salida de La Habana, donde se casaron en la primavera del 2003, fecha memorable para los cubanos que desafiaron al Minotauro del laberinto insular. El matrimonio fue rehén de las circunstancias políticas y de la burocracia hispano-cubana.
Él tenía 55 años y daba clases en una universidad; era autor de libros de cuentos, poemas, ensayos y artículos. Ella empezaba los cincuenta y entonces, como ahora, se dedicaba a la pintura y la artesanía. Coincidieron en una galería de arte de La Habana que exponía algunas piezas; compartieron algo más que el placer estético. Elba lo invitó a visitarla en Canarias, pero la Embajada de España le negó la visa, lo cual les pareció absurdo pues Juan había viajado dos veces a ese país y estudiado Psicoanálisis en la madrileña Escuela Grupo Cero, del célebre Menasa.
Entre Cuba y España predominaba el desencuentro. El gobierno peninsular promovía sanciones diplomáticas contra el régimen de Castro, quien ordenó el fusilamiento de tres jóvenes negros y encarceló a 75 opositores pacíficos. Mientras el caudillo insular embestía a la antigua metrópoli, Juan y Elba decidieron casarse en el Consulado de España en La Habana. Como la unión fue denegada, ella reclamó la legitimidad de la alianza ante los tribunales hispanos. Él la esperaba una o dos veces al año y destejían la angustia con los mensajes de Internet.
Solo un lustro demoró la burocracia española para deshacer el dictamen de su Consulado en La Habana. Entre papeles, mensajes, esperanzas y maleficios, el matrimonio otoñal resistió las pruebas del tiempo.
Al bajar la temperatura del desastre, un nuevo Cónsul le otorgó la visa a Juan F. González Díaz, a quien los agentes de Inmigración y extranjería del Ministerio del interior de Cuba, le concedieron el Permiso de residencia en el exterior, previas verificaciones, pagos y advertencias patrióticas. Elba Ramírez Brandón lo esperaba en Las Palmas de Gran Canarias desde la primavera del 2003.
Ahora que la unión es un hecho, Juan y Elba caminan juntos en otra isla de ensueños, visitan a los familiares y amigos de la nueva Penélope, van a la playa, comparten proyectos y asumen el ritmo de los trámites que a él le impone la burocracia del archipiélago canario.
En Cuba, Juan dejó a sus dos hijos y a un montón de amigos. “Las Palmas no es Madrid ni Barcelona, pero aquí las cosas fluyen mejor que en La Habana”, dice en un correo en el que habla de las comidas, los coches sin parqueos y los choferes de las guaguas casi vacías que saludan al que sube.
Juan y Elba vencieron los obstáculos y las distancias. Finalmente, son felices.

La tradición del suicidio. Miguel Iturria Savón.

8 agosto 2008 às 17:37 por Ancla insular | Postado em: Cuba.,M. Iturria.,Suidios
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La tradición del suicidio. / Miguel Iturria Savón.
A un estudiante de Sociología de la Universidad central de Las Villas le rechazaron hace poco la Tesis de grado sobre el suicidio en una región de Cuba. El tribunal examinador alegó problemas con las fuentes consultadas. Realmente se trata de un tema relegado al silencio. ¿Cómo obtener la licenciatura con un texto que pone al desnudo las causas sociales de la autodestrucción de los ciudadanos y desmiente el estereotipo del cubano como pueblo alegre?
Tal vez los académicos de la Universidad central desconozcan que nuestra isla era “la bella tierra de la muerte” antes de la llegada de Colón, en 1492, y que, casi dos siglos de estadísticas muestran que durante su historia colonial, republicana y revolucionaria, Cuba alcanzó los más altos puestos entre las tasas de suicidios continentales y del mundo.
Un dossier sobre el tema ocupa las páginas 120 a 177 del número 45-46 de la revista Encuentro de la cultura cubana (Madrid, verano-otoño de 1997). La selección fue preparada por el ensayista y psiquiatra Pedro Marqués de Armas, quien incluye textos de historiadores, sociólogos, antropólogos, filósofos y escritores que reflexionan sobre la reincidencia de los cubanos en el suicidio. Fernando Ortiz, Manuel Moreno Fraginals, Juan Pérez de la Riva, Joaquín N. Aramburu, Miguel de Marcos, Jorge Ibarra, Jorge Mañach, Herminio Portell Vilá, Alejandro de la Fuente y Maida L. Donate ilustran los ángulos de un problema social convertido en tradición.
Los autores citados analizan las causas, las estadísticas, las circunstancias socioeconómicas del país en períodos concretos y otros factores que perpetuán el destino trágico de miles cubanos, incluida la herencia de muerte de los indígenas, los negros esclavos y los culíes chinos; así como el mito del esclavo inmolado y el papel de las mitologías nacionalistas que insisten en el sacrificio de la vida ante la imposibilidad de obtener la independencia política o el socialismo.
Entre tantas aproximaciones me detendré brevemente en “El suicidio: ¿una cualidad de lo cubano?”, de Pedro Marqués de Armas, quien enuncia y describe los rasgos casi exclusivos que distinguen históricamente la inmolación en Cuba. Valora las estadísticas que avalan nuestra tradición suicida, calificada por él como “emergencia múltiple y simultánea”, el comportamiento del suicidio durante el largo período revolucionario y las estadísticas del sector femenino y juvenil.
Marqués de Armas señala las elevadas cifras de la autoflagelación insular durante todo el siglo XX, a veces superiores a las de naciones suicidas de Europa, América, África, Asia y Oceanía –a excepción de Japón, China rural y Sri Lanka-; la persistencia de la inmolación femenina (mujeres de 17 a 24 años, fundamentalmente) y su estrecha convergencia con los índices masculinos, ambos por encima de Occidente; la mayor incidencia de la muerte por fuego respecto a todos los países, salvo algunos asiáticos; así como las tasas históricamente altas en todos los componentes étnicos de la nación y la rápida homogenización de las estadísticas regionales, tal como ocurre entre 1902 y 1932.
Analiza las oscilaciones de los países suicidas durante el siglo XX, en cuyo mapa ingresan quienes disponen de más de 20 difuntos voluntarios por cada cien habitantes, cifra sobrepasada entre 75 y 95 veces por Hungría, Austria, Dinamarca, Suiza y Alemania; mientras Rusia, Finlandia, Francia, Checoslovaquia y Japón lo hacen de 30 a 45 y Cuba, sin participar en las guerras, las rebasó en 31 ocasiones, por encima de Suecia.
El suicidio cubano fue el onceno mundial entre 1900 y 1909 y sexto de 1920 a 1929. Alcanzó record en los años críticos de la depresión económica (1930 y 1931), solo superado por Austria y Hungría. Comienza a descender a partir de 1935, pero en 1950 la cifra insular era más alta que la de Chile, Argentina, Costa Rica y México. En 1963 desciende al mínimo desde 1902 (10,6 por cien hombres y 10,2 por cien mujeres). Las tasas vuelven a subir en la década de 1970. En 1982 la cifra se eleva al tope del período revolucionario (23,2), detrás de Hungría y Austria. Hasta 1995 se mantienen encima de 20 x 100.00 hombres. En 1994 Cuba superaba con creces a Uruguay, El Salvador, Argentina, Chile, Ecuador, Brasil, Colombia y Nicaragua.
Las causas están en los factores económicos, sociales y culturales. Los cambios en la industria, la inmigración, el desarraigo, el desarrollo de las ciudades, el éxodo rural, la desesperanza y otros elementos de la modernidad o del establecimiento del socialismo, con sus medidas radicales, la politización de la vida familiar, el estancamiento de las riquezas, la partida de las clases altas y medias, la clausura de las libertades por un Estado totalitario que impone la lógica del compromiso y eleva las tensiones.
Los autores del dossier sobre el suicidio en Cuba revelan datos aterradores, que por cotidianos y endémicos no deben asustarnos. Nada resolvemos con ocultar las estadísticas más recientes y silenciar un problema que viene del pasado. El sentimiento de fracaso individual y colectivo se ha multiplicado bajo el paraíso socialista. ¿Será la autodestrucción uno de los derechos pregonados por el castrismo?

Donde nace el agua. Miguel Iturria Savón.

1 agosto 2008 às 17:42 por Ancla insular | Postado em: Baracoa,Cuba.
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Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa se alza desde 1511 frente al océano Atlántico, al nordeste de Cuba. La primera villa fundada por los conquistadores españoles era una aldea de tablas y guano rodeada de montañas, ríos, manantiales y saltos de agua que colman las olas de la Bahía de Miel.
Los aborígenes asentados en las márgenes de sus ríos y de su exuberante naturaleza le llamaban Baracoa o “lugar de las aguas”. Los colonizadores adecuaron el topónimo a su santuario y avidez urbanizadora, pero la flora, la fauna, la bahía y la existencia de tantas aguas y montañas determinaron el largo sueño de la ciudad primada de Cuba, que renace con los turistas interesados en sus paisajes y leyendas.
Los peregrinos se sienten atraídos por la Cruz de Parra que acompañó a Cristóbal Colón en su primer viaje al “Nuevo mundo”. Además de la insignia cristiana y de la exuberante naturaleza, la villa dispone de los fuertes Matachín, la Punta y el Castillo, el último convertido en hotel.
Al recorrer sus calles, sus plazas y las viviendas de mampostería y techos de tejas, coincidimos con sus extrovertidos pobladores –casi todos mestizos con facciones de negros e indios, más que blanco-; dispuestos a vendernos por dos o cinco pesos una bola de cacao, una libra de café en grano o un cucurucho de coco. Cualquiera nos muestra con orgullo el Yunque de Baracoa, elevación omnipresente de cima plana y laderas escarpadas, que sirve de faro natural a los navegantes y deviene símbolo de un pueblo enclaustrado entre el mar y la montaña.
Hasta principio del siglo XX, el océano era su única vía de comunicación con el resto del país. Cuentan que un grupo de pobladores hicieron una travesía con machetes y automóviles para despojarle una senda al macizo montañoso y enlazar a Baracoa con Guantánamo, cabecera provincial desde 1976, de la cual dista unos 182 kilómetros.
En la década del sesenta fue construido el Viaducto La Farola, asombrosa obra de ingeniería que desafía la jungla tropical, bordea los desfiladeros y reta a los conductores y pasajeros que viajan por la sinuosa carretera, entre helechos, polímitas, manantiales montañosos y bohíos de campesinos.
Baracoa es un lugar de historias y leyendas. Su posición geográfica la distingue y la aísla, pero su clima es atractivo. Desde sus calles accedemos al mar o nos encaminamos al caudaloso río Toa o al pintoresco Miel, donde hallamos a mujeres que lavan en sus aguas y a jóvenes que hacen peripecias en frágiles balsas.
La proximidad de “El Paso de los vientos”, en el estrecho de Colón, convierte a Baracoa en un corredor de nubes, sol y chubascos ocasionales que mojan a cualquiera. Las corrientes fluviales y el paisaje colindante estimulan la inspiración, el ocio, la rutina y algunas costumbres pintorescas que atraen a cubanos y extranjeros.Por su distancia de La Habana y por su peculiar geografía, Baracoa parece una isla dentro de la isla. Como no es posible viajar en barco desde sus costas con rumbo norte o sur, cosa normal antes de 1959, se dice que la ciudad primada está frente al mar pero lo utiliza poco. Su aeropuerto la conecta con la capital del país y con destinos turísticos de otras naciones; sin embargo, los cubanos vivimos de espaldas a este paraíso ecológico. ¿Serán las dificultades de transporte y hospedaje o la manía de buscar el horizonte fuera del contexto insular?

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