El Cristo de la cubanía. Miguel Iturria Savón.

1 agosto 2008 às 17:47 por Ancla insular | Postado em: Héroes de Cuba.
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En los años ochenta traté de leer Camilo, señor de la vanguardia, publicado en 1979 por el general William Gálvez, miembro de la columna guerrillera del comandante Camilo Cienfuegos, desaparecido en extrañas circunstancias, el 28 de octubre de 1959, momento que inicia su mitificación oficial y la elevación de su figura al santuario revolucionario, cuyos apologistas exaltan su valor, su lealtad a Fidel Castro y su “corazón de comunista”.
La trágica desaparición de Camilo Cienfuegos Gorriarán (La Habana, 1932-1959) multiplicó su leyenda popular. Su nombre identifica al sistema de escuelas vocacionales de las Fuerzas armadas revolucionarias. Su imagen prestigia al billete de veinte pesos y corona el logotipo de la Juventud comunista. Decenas de calles, plazas, barrios, cooperativas agrícolas, centrales azucareros y centros estudiantiles llevan su nombre y apellidos. Cada 28 de octubre los niños lo evocan con flores en las orillas de ríos, mares y lagunas. Los textos historiográficos lo colocan casi al nivel de José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.
En el imaginario colectivo, la figura del héroe de vida aventurera, amplia sonrisa, melena y sombrero tejano, conserva los misterios y las especulaciones sobre su muerte. Camilo, relámpago de breve duración, era un hombre solar, un ciclón, un desafío en aquella fiesta de la esperanza y la libertad de los primeros meses de 1959.
Tal es la tesis principal del libro Camilo, el héroe desaparecido, de Carlos Franqui, uno de los protagonistas de la revolución de 1959. “Estas páginas –dice el autor- son un breve retrato de su vida y sus hazañas guerrilleras, así como de las circunstancias dramáticas que precedieron a su muerte, origen de una serie de acontecimientos y situaciones que cambiaron el destino de Cuba”.
Carlos Franqui, exiliado en Europa desde 1968, fue reportero televisivo, redactor de Unión Radio, fundador de Radio Rebelde en la Sierra Maestra y director del periódico Revolución (de 1959 a 1963). Mantuvo contactos directos con Fidel Castro, Ernesto Guevara, Huber Matos, Camilo Cienfuegos y otros líderes guerrilleros. Fue un testigo excepcional de la lucha contra Batista y de la gestación del Castrismo. Es autor de El libro de los doce, Retrato de familia con Fidel y de otros textos en los que reescribe nuestra historia, ofrece una visión de cubanía y analiza los grandes momentos, caídas y pasiones de la nación.
Su libro sobre Camilo es un aporte historiográfico serio, creíble, ameno y bien escrito. En el mismo utiliza testimonios, entrevistas, discursos, declaraciones, informes y fotos de la época, obtenidos personalmente o donados por figuras relevantes. Franqui combina la leyenda del héroe con la investigación histórica, el cotejo de la prensa escrita y su monumental conocimiento de la etapa.
En 219 páginas de formato pequeño y un apéndice de 28 ilustraciones, el autor entreteje el retrato vigoroso de un héroe que reta a sus propias circunstancias personales: emigra a los Estados Unidos en busca de una vida mejor, pero regresa y participa en las luchas urbanas; marcha a México y retorna como expedicionario; se interna en las montañas y escribe proezas guerrilleras que ayudan al triunfo de la revolución cubana, la cual desató las pasiones, las luchas internas y acabó por devorarlo casi todo.
Carlos Franqui maneja diversos ángulos y perspectivas e inserta fragmentos de cartas, diarios, discursos y relatos puntuales del mismo Camilo, y de protagonistas de sus luchas como Ernesto Guevara, Dariel Alarcón (Benigno), Fidel Castro y Huber Matos.
El libro describe, además, los primeros meses de la revolución cubana, algunos sucesos, reuniones, tendencias contrapuestas, informes secretos y el quehacer de personajes como Fidel Castro, Osvaldo Sánchez, Ramiro Valdés y Raúl Castro, “el brazo largo y extendido de Fidel Castro que va quitando a Camilo sus mandos militares, paso a paso, desplazando a sus hombres y sustituyéndolos por los suyos…” (p. 215).
El escritor sacude el velo de las apariencias, traza con maestría la visión del pueblo sobre los comandantes principales, la vibración de “los de abajo”, las intrigas de “los de arriba”, los conflictos y las tácticas de Fidel Castro, quien “conmovía, estremecía y paralizaba todo y a todos”(p133).
Presenta a Camilo en el panorama de euforia nacional, al margen de las intrigas, como los cubanos de entonces “…admirado no de abajo a arriba, sino de tu a tu”. Cita sus declaraciones sobre “fundir dos ejércitos en uno solo, que respalde los derechos y la democracia de esta nación…”; la necesidad de “convertir los cuarteles en escuelas técnicas”, pues “Aquí no hace falta más arma que la Constitución”.
“Camilo era equilibrado en todo: no era procomunista ni anticomunista, estaba por la unidad de todos, sin excluir a nadie”. Según Franqui, esa posición lo enfrentó a Raúl y a Guevara. Agrega que “fue siempre independiente: no encontramos en su vocabulario las frases y consignas clave de los marxistas, comunistas, izquierda radical y otros sobre el capitalismo, el proletariado, la Unión Soviética, antiyanquismo y declaraciones de odio y violencia social”. Y aclara: “Camilo identifica a la revolución con el pensamiento martiano, el anti caudillismo, la cubanía y la libertad”.
Finalmente, el autor valora el desenlace de octubre y las circunstancias contradictorias de su desaparición física, desde el nombramiento de Raúl Castro como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la renuncia y detención del comandante Huber Matos, acusado de traición por Jorge E. Mendoza y Fidel Castro. “Todo esto es una metedura de pata”, dice Camilo, quien investigaba el caso para testificar en el juicio, pero desaparece durante el vuelo de Camagüey a La Habana.