Los mitos de abril. Por Miguel Iturria Savón.

29 abril 2009 às 21:45 por Ancla insular | Postado em: Historia,M. Iturria.
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Como enero, julio, octubre y diciembre, abril es un mes cargado de fechas y consignas en la mitología bélica del castrismo, cuyos medios de comunicación nos bombardean con sucesos del pasado que secuestran el presente y entorpecen las autopistas del futuro.
Las contorsiones retóricas sobre ataques, desembarcos, batallas y victorias acaecidas entre 1961 y 1968 reiteran el discurso histórico del grupo gobernante, como si no bastara con la distorsión de los hechos, el comercio de los desafíos simbólicos contra los Estados Unidos, el tópico de la soberanía humillada y las leyes draconianas del régimen contra la población insular.
Si bien es cierto que el bombardeo del 16 de abril de 1961 a los aeropuertos de Columbia, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba fue el preludio de la invasión del día siguiente por Bahía de Cochinos, también es innegable que los pilotos y los expedicionarios eran tan cubanos como los hermanos Castro, a quienes enfrentaron por discrepancias ideológicas con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente aceptó la intromisión sin permitir el desembarco de las tropas de su país, lo que hubiera dado al traste con la dictadura comunista que desde entonces cercena la libertad y los derechos de nuestro pueblo.
La denominada Victoria de Girón –Bahía de Cochinos es un nombre inapropiado- no fue un combate entre las tropas de los Estados Unidos y las fuerzas del gobierno revolucionario, el cual enfrentó otros desembarcos y alzamientos de compatriotas durante la Guerra civil contra el castrismo. Los invasores no fueron mercenarios al servicio de una potencia extranjera. Ellos, como los independentistas del siglo XIX y los luchadores contra Machado y Batista, utilizaron el escenario y los recursos del vecino contra una revolución que ya devoraba a sus propios protagonistas y se aliaba a la antigua Unión Soviética y al Bloque socialista.
Girón no es la primera derrota del imperialismo en América Latina. Ni entonces ni ahora el gobierno de los hermanos Castro hubiera resistido la invasión de los Estados Unidos. El fracaso de los cubanos que desembarcaron por la Bahía de Cochinos fue, cuando más, un error de la política norteamericana hacia la isla. El suceso ha sido sobredimensionado por la historiografía y la propaganda del castrismo.
Entonces como ahora teníamos excelentes propagandistas, capaces de convertir el forcejeo nacional en un hecho de trascendencia mundial, involucrar a terceros en nuestros asuntos, presentar a los opositores como agentes del enemigo y hasta justificar las intromisiones del gobierno cubano en Argelia, Angola, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, El Congo, Etiopia, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Panamá, Venezuela o los Estados Unidos, donde los agentes de Castro realizan espionaje y penetran a las organizaciones del exilio.
Nuestros propagandistas entretejieron el mito de un pueblo iletrado y alfabetizado durante Campaña de 1961, obviando que antes de 1958 más del 70 % de los cubanos sabían leer y escribir. Algo similar sucede con el embargo comercial aplicado en 1962 por el gobierno de los Estados Unidos. En vez de resolver el diferendo bilateral encubren los problemas del totalitario con las cortinas del embargo.
Mitificar la historia desde una visión unilateral y simplista es un método manido. Ya es hora de reescribir la cronología de abril y otros meses. El almanaque de la violencia y el mesianismo es una etapa fallida.

La constitución de Guáimaro. Por Miguel Iturria Savón.

13 abril 2009 às 21:03 por Ancla insular | Postado em: Historia,M. Iturria.
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Cuando el primero de julio de 1940 los delegados de la Constitución se reunieron para firmar la nueva Ley de leyes de la República no lo hicieron en el Capitolio de La Habana, sede del poder legislativo, sino en Guáimaro, un pueblecito de la provincia de Camagüey donde el 10 de abril de 1869 los independentistas que desafiaban al colonialismo español rubricaron el primer texto constitucional de la República en armas.
Esa primera Carta constitucional fue una quimera; el sueño republicano de nuestros independentistas reflejaba la influencia de la Revolución francesa y de la Unión Americana. La República mambisa estuvo en las acciones y en el amor por la libertad; los “territorios liberados” volvían a caer en manos enemigas. Hubo otras constituciones de 1868 a 1878 y en la Guerra de 1895 a 1898, cuando cesó el dominio de España.
En aquella ocasión histórica del 10 de abril de 1869, solo 15 delegados presididos por Carlos Manuel de Céspedes dieron a la nación emergente sus normas jurídicas. La ponencia fue encomendada a Ignacio Agramonte y Arturo Zambrana, abogados al igual que Céspedes, quien inició la lucha armada en la zona oriental sin contar con el resto de los conspiradores.
La Constitución de Guáimaro fue un consenso, un acto de unión de las huestes independentistas, divididas entre Oriente, Camagüey y Las Villas, que recibían apoyo desde La Habana y de los patriotas exiliados en los Estados Unidos, principal centro de expediciones. La fecha, el lugar, los acuerdos adoptados y los 29 artículos rebasaron las expectativas de los delegados. Céspedes, Agramonte, Honorato del Castillo, Cisneros Betancourt, M. G. Gutiérrez, E. Machado, J. M. Izaguirre, Antonio Zambrana y otros legisladores iniciaron una tradición jurídica que trasciende las circunstancias.
En abril de 1869 la revolución estaba en sus inicios, era una guerra precaria y casi sin organización, predominaban el caudillismo y los antagonismos entre los departamentos, pero los líderes de cada región comprendieron la necesidad de unir los fines y los mandos. En Guáimaro designaron a un Presidente de la República en armas y a una Cámara de Representantes en la que radicaban los Poderes del Estado, por encima del Presidente y del General en Jefe; como si la República fuera una realidad y no el espejismo de sus lecturas y convicciones previas. No comprendieron que lo primero era la guerra, lo segundo la victoria y después la República.
La impaciencia de los delegados de Guáimaro reencarnó en la prisa y en la incertidumbre de otras constituciones mambisas y republicanas. Todas estuvieron signadas por las pasiones de sus artífices y los retos de la época. Ninguna fue obra de un partido o de una tendencia ideológica contra el resto de la sociedad, como la Constitución socialista de 1976, modificada en 1992, la cual refrenda los supuestos intereses de la clase obrera y su partido pero excluye a los demás grupos y sectores sociales.
Si la Constitución de Guáimaro de abril de 1869 plasmó el ideal romántico de nuestros libertadores, la que rige en Cuba desde 1976 niega el sueño de los héroes independentistas y pone a la Patria de rodillas ante una élite burocrática que suplanta los derechos de la nación.

El ardor de los guerreros. Por Miguel Iturria Savón.

2 marzo 2009 às 22:30 por Ancla insular | Postado em: Historia,M. Iturria.
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El 24 de febrero de 1895 es una fecha memorable en la historia de Cuba. Ese día comenzó la última contienda contra el colonialismo español. Hubo alzamientos en Baire, Ibarra y otras poblaciones. Los independentistas eran minoritarios, pero disponían de un líder y un partido político que canalizó la unión y los recursos de los emigrados cubanos en los Estados Unidos, donde residían José Martí y muchos oficiales de la primera guerra (1868-1878), quienes se trasladaron a la isla para encabezar las acciones.
El largo forcejeo económico y político entre la isla y la península atravesaba el tejido social y los patrones culturales, expresados en el conflicto de identidad nacional, sintetizada en la oposición entre lo cubano y lo peninsular, que el plano doméstico enfrentaba al hijo criollo con el padre español.
En la guerra anterior el conglomerado étnico cubano se transformó en nación, aunque España situó en la isla a 208, 597 soldados, de los cuales se quedaron 80,686, junto a 163,176 civiles que arribaron en el período como inmigrantes. Al finalizar la contienda, Cuba siguió siendo una colonia pero en condición de provincia, con partidos que competían por el poder dentro de las leyes metropolitanas, lo que favoreció la mecánica del voto y el derecho a elegir senadores, diputados, alcaldes municipales y gobernadores provinciales.
Entre 1878 y 1895 fue abolida la esclavitud (1886), empezó la lucha contra el racismo, se desarrolló la industria azucarera pero aumentó la inmigración española para contrarrestar el separatismo insular.
Más la evolución de la sociedad cubana conducía a la ruptura, pues España no podía seguir imponiendo su esquema de dominación, en crisis desde la firma del Tratado Bill Mac Kinley (1892), que beneficiaba la entrada de las mercancías insulares en el mercado de los Estados Unidos, principal inversionista de la isla y centro de avituallamiento de nuestros patriotas.
Para enfrentar a los independentista el Gobierno de España trasladó a la isla, entre 1895 y principios de 1898, a 220,285 soldados; además de los voluntarios movilizados en Cuba. El esfuerzo por aplastar a la insurrección contrastaba con la táctica del modesto Ejército Libertador, que disponía de casi 70,000 hombres mal armados y evitaba encuentros frontales, pues su objetivo era extender las acciones mediante pequeñas columnas de gran movilidad, que acosaban a las tropas coloniales y, a veces, entraban en los pueblos.
La extensión de la guerra hasta el extremo occidental de la isla, la aplicación de la tea incendiaria y la política de reconcentración de los campesinos en las ciudades condujo a la polarización de los bandos en conflicto, la destrucción de las riquezas y la intervención militar de los Estados Unidos, en abril de 1898, cuyas tropas contribuyeron a la derrota de España, que firmó el armisticio el 12 de agosto de ese año, previa destrucción de la escuadra del Almirante Cervera y la rendición de Santiago de Cuba, hecho que hirió el honor de los combatientes mambises, a quienes no se les permitió entrar a la ciudad ni asistir a las Negociaciones de Paz entre España y los Estados Unidos.
El ardor de los guerreros disminuyó durante la Ocupación militar norteamericana (enero de 1899 a mayo de 1902), cuyo gobierno saneó la isla, construyó acueductos y hospitales, restableció el flujo económico, modificó el sistema de enseñanza y creó el cuerpo jurídico que rigió a la República desde 1902.
Los sucesos desatados el 24 de febrero de 1895 gravitan aún sobre la historia de Cuba. Murieron más de 25 mil cubanos y casi 38 mil militares españoles. Hubo exilios forzosos, viajes sin retornos, industrias devastadas y campesinos que deambulaban como fantasmas. Los avances y retrocesos de la República, el triunfo de la revolución de 1959 y la conversión de esta en dictadura comunista estrangularon el destino de la nación.