Encrucijadas de la Feria del libro. Por Miguel Iturria Savón.

20 febrero 2009 às 18:52 por Ancla insular | Postado em: Libros,M. Iturria.
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El martes 10 de febrero el canal Cubavisión dedicó la Mesa redonda informativa a difundir la Feria internacional del libro de La Habana, que será inaugurada el jueves 12 en la antigua fortaleza de San Carlos de La Cabaña, y abierta al público entre el 13 y el 22, en que circulará por 16 ciudades del país hasta el 8 de marzo.
En el espacio televisivo intervinieron el ensayista Roberto Fernández Retamar, Director de la Casa de las Américas; Iroel Sánchez, Presidente del Instituto Cubano del libro; el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II y el periodista chileno Hernán Uribe, quienes hablaron del 50 aniversario de la revolución y de la Casa de las Américas, a las cuales se dedica la Feria del libro, que honrará a la poeta Fina García Marruz y al ensayista Jorge Ibarra, y tendrá a Chile como invitado de honor, con la presencia inaugural de la doctora Bachelet, Presidenta de ese país, que visita la isla del 10 al 13 de febrero.
Los panelistas y el moderador de la Mesa redonda informaron sobre el recinto ferial, los expositores, algunos títulos, autores, personalidades invitadas, actividades colaterales y aspectos organizativos. Hablaron, por supuesto, de sucesos que inciden en Latinoamérica y serán analizados en La Cabaña a través de debates y obras de inmediatez.
A la Feria de La Habana asistirán 43 países y 266 editoriales, incluidas las cubanas, agrupadas en el oficialista Instituto del libro. Los organizadores esperan vender mil títulos de autores nacionales y casi seis millones de ejemplares, que pasarán de la sede capitalina a las mini ferias de otras ciudades. Entre las obras de autores chilenos figuran Neruda y Cuba, de Vladimir Ferro; Gabriela Mistral, pública y secreta, de Volodia Teitelboim; El libro mayor de Violeta Parra, de Isabel Parra, y Víctor, un canto inconcluso, de Joan Jara.
Como la Feria es organizada y financiada por el Estado cubano, la misma ajusta el ámbito literario-comercial a los intereses políticos del gobierno, lo cual justifica la edición de decenas de títulos sobre Fidel Castro y Ernesto Guevara, paradigmas de la revolución y el socialismo, suceso que planea en los stands del país, en los que no figura ni una obra de los autores que partieron al exilio ni de los escritores censurados en la isla, cuyas editoriales aplican la estética del aplauso.
Los lectores insulares tendrán acceso a algunos clásicos universales, a un montón de libros infantiles, a los poemarios y novelas de los literatos galardonados con el Premio nacional de literatura, el Premio de ciencias sociales y otros concursos auspiciados por el Ministerio de cultura, la Unión de artistas y escritores y el Instituto cubano del libro.
La censura es un dilema pendiente. Ni en los stands de la Feria ni en ninguna librería del país hallaremos el arsenal historiográfico que desmitifica la historia contada por los vencedores. Se nos niegan los ensayos de Carlos A. Montaner y Rafael Rojas; las narraciones de Cabrera Infante, Reinaldo Arena, Guillermo Rosales, Zoe Valdés y Benítez Rojo; los poemarios de Heberto Padilla, María Elena Cruz Varela y Manuel Díaz Martínez, y un inventario de obras universales que resultan incómodos para quienes escogen lo que debemos leer los cubanos.
La Feria del libro de La Habana, dedicada al 50 aniversario de la revolución y de la Casa de las Américas, nos convoca a otra cita con la cultura oficial.

Desde mi orilla. Por Miguel Iturria Savón.

11 febrero 2009 às 19:14 por Ancla insular | Postado em: Libros,M. Iturria.
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A fines de diciembre acompañé al escritor y periodista Frank Correa al Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto del libro, donde mi colega charló unos minutos con el director de la editorial Letras cubanas, quien le devolvió su colección de cuentos Desde mi orilla con la nota del censor que valoró la obra, no publicada por “razones formales” luego de un año de espera.
Frank me entregó sus cuartillas para que las leyera. Se fue por la calle Obispo con otra frustración en la memoria y la ilusión de descubrir un nuevo camino editorial para sus cuentos. Un subdirector del Instituto fascinado por los relatos de Frank le había asegurado la edición, pero nada es seguro en nuestra isla para un autor que se atreve a escribir en publicaciones del exilio.
Leí con deleite las once narraciones de Frank Correa, autor con habilidad para armar historias, maestría en el montaje de los diálogos, capacidad para recrear sus circunstancias personales desde la realidad insular y apropiarse del desarraigo, el lenguaje y la enajenación de personajes tan vitales y mundanos que parecen salir del papel y montarse en un tren, un camión, una balsa o volver a la galera donde el escritor los descubrió cuando estuvo preso por sus contactos con los defensores de los derechos humanos en su natal Guantánamo, pueblo del que emigró a La Habana como constructor y otros oficios menores antes de escribir para Cubanet.
Después de estudiar los relatos de Frank Correa leí la Nota que justifica la censura. Un simple párrafo sin firma sacó de circulación a una obra que debería estar en nuestras librerías, previa presentación en la Feria del libro que comenzará el 12 de febrero en La Habana, a la cual acudirán decenas de países y cientos de autores de diversas editoriales, incluidas las cubanas, tan selectivas y excluyentes como el Estado que las controla.
Como Desde mi orilla no circulará en Cuba quiero compartir con los lectores algunas observaciones sobre los relatos que encierra ese libro prohibido, cuyo título es uno de los textos de la compilación; tan vinculada al perfil existencial del propio Frank Correa, quien obtuvo premios literarios, publicó La elección (cuentos) y La puesta necesaria (poemas) y tiene inéditos la novela Pagar para ver y los poemarios Reverso y Los bomberos están de vacaciones.
Desde mi orilla comienza con “Viaje a Guantánamo”, que narra la angustia de una pareja sumergida en un periplo insular marcado por la atonía de un destino adverso. Incluye tres excelentes relatos breves: “Volver”, fabulación sobre Hemingway y la muerte; “Más absurdo que un día feliz”, especie de contrapunteo sobre un cuento, y “Consorte”, que retoma el hambre y la paranoia de dos cazadores nocturnos en una ciudad devastada.
Con lenguaje claro, diálogos precisos y personajes vigorosos, el creador balancea varios ángulos de la vida cubana desde una atmósfera realista y casi testimonial. Alterna relatos complejos como “Consejo de reclusos”, “Tren”, “Jinetes” y “Desde mi orilla”, con “Fantasmita”, “Espinas” y “Bola de sangre”, en los cuales la fabulación oscila entre el tema militar, la inoperancia del sistema sanitario, la desesperanza de un matrimonio hambreado y el dilema ético de un hombre ante el aborto.
La doble vida, el vacío existencial, el éxodo, la evasión, la locura y otros problemas de la Cuba de nuestros días palpitan en esta colección de cuentos de Frank Correa rechazada por razones extra literarias por la editorial Letras cubanas.

La sangre de la libertad. Por Miguel Iturria Savón.

12 enero 2009 às 22:51 por Ancla insular | Postado em: Libros,M. Iturria.
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Orlando Freire Santana, ganador del Premio “Novelas de gavetas Frank Kafka”, ha recibido varios ejemplares de La sangre de la libertad, financiada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Checa y presentada en La Habana por el Proyecto de Bibliotecas independientes de Cuba, que promueve concursos para difundir a los autores discriminados en la isla.
Freire es conocido por sus artículos, algunos relatos y los ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2006, auspiciado y editado por el Centro cívico religioso de Pinar del Río; La perentoriedad de las dos tareas, premiado ese año por la revista Disidente Universal, de Puerto Rico; Los escritores y la revolución cubana, que prepara la editorial Renacimiento, en Sevilla, España, y Hacia el ocaso de una dicotomía, donde retoma la globalización en el contexto latinoamericano.
La obra este autor es contemporánea y realista; recrea sus circunstancias personales, sociales y culturales. En sus ensayos y relatos, más reflexivos que intuitivos, se aprecia la síntesis de recursos formales. Los protagonistas de sus cuentos son individuos comunes, creíbles y vigorosos, enfrentados a los retos del presente. En ellos converge el sexo y el amor, la memoria y la muerte, la cotidianidad y la trascendencia, las miserias humanas y la lucha por la libertad. La precisión en los diálogos revela el diseño previo de personajes y situaciones extraídos del entorno insular.
La búsqueda de la libertad filosófica y personal es el tema esencial de las entregas de Freire Santana y gravita en La sangre de la libertad, obra de madurez creativa e intelectual, que rompe la inercia de la literatura cubana pues asume el tema de la oposición y la represión gubernamental.
Está escrita en tres tiempos. Una narración en presente sobre una reunión de opositores, que es el tiempo de la novela; otra en la tercera persona del pasado, en la que el protagonista cuenta los avatares de la revolución desde mediados de los sesenta a la actualidad, y un tercer enfoque a través del monólogo de uno de los personajes.
Quien conoce al escritor corrobora el carácter autobiográfico y testimonial de esta obra. Tanto Osvaldito, protagonista principal, como Tony, el opositor, son el alter ego de Orlando Freire, que ficciona desde sus vivencias y sus contactos con la oposición pacífica, presentada con respeto, gracia y desenfado, sin obviar el desafío de sus representantes, a los cuales identificamos por la caracterización psicológica y los matices ideológicos de los asistentes a la reunión convocada por Tony.
Osvaldito se mueve en la búsqueda de la libertad filosófica, presionado por la necesidad. Comprende, como Sartre, que la acción del hombre es irreductible a los elementos materiales que la condicionan, pero hay un resquicio, una posibilidad de acción para manifestar la libertad. El macro relato abarca al edificio, sus vecinos, las actividades epocales y los hechos retrospectivos. La búsqueda de la libertad política se conecta con la exploración de la libertad filosófica en el sentido especulativo del personaje, quien asume esa lucha en sus tres vertientes: la necesidad histórica, la necesidad emigrante y la necesidad masturbante.
Los capítulos avalan tales búsquedas, principalmente a través del micro relato de Osvaldito, quien monta en la alfombra de sus recuerdos a familiares, amigos, libros, autores, encuentros, fracasos y obsesiones que acentúan su timidez o cubren el vacío de la soledad; mientras Tony, su amigo y vecino, espera con incertidumbre a los opositores que analizarán el documento “Cuba, la reconciliación nacional”, bajo el riesgo de ser apresados por los agentes de la policía política.
Como los personajes están marcados por la experiencia totalitaria, el libro transmite la atmósfera opresiva desde el primer párrafo hasta el último. Al ficcional sobre lo que está ocurriendo, el narrador logra comentarios paralelos a las acciones y al pasado inmediato del país. Freire Santana sacude la somnolencia de un proceso social inacabable. Zarandea la mística revolucionaria y exterioriza el descontento. Hurga en la memoria histórica, pero no explica la nación ni la cronología de una época. Está más interesado en hacerle contrapeso a la historia oficial.
La sangre de la libertad es una novela de género, contestataria y equilibrada, que inaugura un tema que aún es tabú en la literatura insular, el de la política a contracorriente, sin concesiones. No denigra a la oposición, la exalta y recrea el abanico variopinto de sus agrupaciones y representantes. En sus páginas palpita la censura y la intolerancia, el asedio y la represión de los agentes del régimen para aislar y acabar con quienes promueven los derechos humanos y los cambios democráticos en la isla.
Tal vez por eso, desde la ficción, el prosista aborda casi todas las aristas sociales y humanas, desde el control sobre los vecinos del edificio ejercido por Oscar, presidente del Comité de defensa de la revolución, quien lleva el “Cuéntame tu vida” de todos con la ayuda de su esposa Aracely, que encabeza la Federación de mujeres cubanas. No faltan, por supuesto, las reuniones y los círculos de estudio, la vigilancia, la autocensura, la división familiar por razones políticas, el éxodo masivo de 1980, las discrepancias entre guevaristas y pro soviéticos, las escuelas al campo, los juegos prohibidos, la simulación y la corrupción, apreciable en “el invento”, el robo y el soborno.
El personaje de Vladimir, hermano y contrapartida de Osvaldito, ilustra el machismo y el automatismo de los jóvenes que cumplen órdenes absurdas, incluida la guerra en Angola, donde muere.
La Habana y su entorno devienen personajes, al igual que el sexo, presente y liberador, pues Osvaldito, atrapado por la cultura y la timidez; necesita liberarse de la masturbación y acceder al sexo, en el cual lo inicia Mara, su cuñada y amante.
En un ángulo paralelo fluye la reunión de los opositores en el apartamento de Tony, quien invitó a Osvaldito por primera vez. Al final, tocan a la puerta. Es el Deportista, el mismo oficial de la Seguridad del Estado que detuvo a Tony en los alrededores de la casa de Vladimiro Roca “¿Quién ha sido el traidor ahora?…”Así, en el suspenso y la incertidumbre, finaliza la novela, cual metáfora de la realidad cubana de nuestros días.

La paz en Colombia. Por Aleaga Pessant.

8 diciembre 2008 às 22:44 por Ancla insular | Postado em: Aleaga Pesant.,Libros
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LA PAZ EN COLOMBIA. / Aleaga Pesant.
En su constante afán de conocimiento político el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, me llamó por teléfono para saber como adquirir el último libro acreditado al ex presidente Fidel Castro, La paz en Colombia.
Luego de largas pesquisas, solo pude avisarle que el titulo no se encontraba en la isla. Toda la producción fue enviada a la novel Feria del Libro de Caracas. Una forma de levantar las expectativas comerciales del texto. Quienes deseen leerlo en la isla deberán esperar a finales de enero.
Según los comentaristas oficiales, sobre todo el periodista Pedro de la Hoz, el texto goza de la referencia histórica. En ella se realza una supuesta posición del gobierno militar a promover la paz en el país suramericano.
Para lograr el objetivo citado, el libro, del que muchos discrepan fuera escrito por el ex presidente cubano, debe pasar por alto la larga historia de apoyo a los rebeldes armados contra el gobierno democrático, desde sus orígenes en la década del 60, su conversión en un santuario para los rebeldes años mas tarde, muchos de los cuales reciben tratamiento medico, a través del Departamento América del Comité Central comunista, que dirigían Piñeiro, Arbezú y Abreu. También debe obviar las relaciones con las organizaciones delictivas dedicadas al narcotráfico en la década del 80. Donde el General Ochoa y otros tres altos oficiales fusilados en 1989, solo fueron los chivos expiatorios
Se sabe que los grupos insurgentes colombianos, se destacaron como los favoritos entre los movimientos guerrilleros del exterior junto a la insurgencia que en Bolivia dirigió Ernesto Guevara hasta su muerte en 1967.
En los 70, el gobierno militar siguió soñando con desestabilizar a Colombia y le permitió a la guerrilla usar la isla como puesto de escucha. Años acá, la isla asumió un papel de apoyo diferente, a medida que las batallas entre las guerrillas izquierdistas, contra los paramilitares de derecha y la Doctrina de Seguridad Democrática, del Presidente Uribe socavara la estabilidad estratégica de esos grupos armados.
Colombia, que rompió relaciones diplomáticas con Cuba a principios de los 80, decidió cambiar la estrategia para involucrarla en los procesos de paz. De esa manera la convirtió en un presionador de la guerrilla.
La Habana, respondió a esa estrategia convirtiéndose en anfitrión de las negociaciones inacabables de paz entre el gobierno y la guerrilla del Ejercito de liberación nacional (ELN), suministrando a los terroristas la exclusiva área El Laguito, vedado a la población cubana y conservada meticulosamente para ser usada por dignatarios extranjeros; o limitándose a condenar verbalmente la muerte de los lideres de las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia a manos del ejercito colombiano o a llorar la muerte del asesino Marulanda.
Las relaciones entre Bogotá y La Habana están mejorando de manera indudable en los últimos tiempos, sobre todo en el terreno económico. Pero de ahí a que el gobierno comunista trabaje por la paz en Colombia hay un tramo. Aunque los soportes de la dictadura traten de hacernos creer lo contrario.

Peón de infantería. Por Miguel Iturria Savón.

5 diciembre 2008 às 18:49 por Ancla insular | Postado em: Libros,M. Iturria.
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Informe contra mi mismo (Alfaguara, Madrid, 1997), de Eliseo Alberto, es un libro viejo pero vigente en Cuba, donde no ha sido editado y circula poco, de mano en mano, como sucede aún con las novelas de Cabrera Infante, los ensayos de Severo Sarduy, la poesía de Gastón Baquero y decenas de obras narrativas, poemarios, biografías y memorias prohibidas u olvidadas por razones extra literarias.
El testimonio de Lichi, como le dicen a Eliseo, es una especie de Mea Cuba que sacudió nuestra inercia literaria. El escritor partió de sus vivencias familiares y personales para activar las teclas del tablero revolucionario desatado en 1959. Quizás por eso recuerda a Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz; La nada cotidiana, de Zoe Valdés y los comentarios sincrónicos de Manuel Cofiño en Tiempo de cambio y en La última mujer y el próximo combate. Pero este autor es más preciso y acude a la historia desde la memoria, la ficción y la nostalgia, matizada con elementos de la crónica, el reportaje, el relato breve, la reflexión sociológica, las cartas de amigos y hasta planos “fílmicos” que evocan su labor como guionista de cine.
Eliseo lo aborda casi todo. Su verdad es amplia y conmovedora. Cuba le duele y la reconstruye desde el exilio sin evadir los temas tabúes, algunos personajes y hechos históricos, sucesos absurdos, consignas y dogmas, verdades a medias, amigos desaparecidos, anécdotas delirantes, listado de lugares memorables de La Habana y de artistas y escritores que huyeron de la intolerancia revolucionaria.
El libro ayuda a entender la crónica de las emociones del creador, quien hurga en la espiral de las últimas décadas del siglo XX cubano e ilustra “el nacimiento, auge y crisis de una gesta que sedujo a unos y maldijo a otros, además de explicarnos… cómo, cuándo y por qué fuimos perdiendo la razón y la pasión…” (p. 23).
Para adentrarse en el drama de la isla en un período convulso e inacabado, Eliseo utiliza un lenguaje coloquial, a veces poético, híbrido, localista, alusivo, irónico y satírico. Recurre al intercambio epistolar con amigos que actúan como sus primeros lectores, pues recibieron el libro y lo valoran desde sus páginas; lo cual es novedoso porque ejercen la crítica y un contrapunteo con el autor, enriqueciendo el arcoíris vivencial del pasado reciente desde otras miradas. Tales amigos también hacen catarsis y juzgan los fantasmas de la memoria individual y colectiva.
Las cartas, firmadas con seudónimos y enviadas desde Miami, Colombia, México y Cuba, integran la estructura compositiva del libro y constituyen piezas literarias con valor propio, incluidas la enviada por Eliseo desde México “a un amigo de Gibara (p. 193-200). Las mismas involucran a los aliados del escritor y complementan la angustia existencial de los cubanos bajo el totalitarismo. Al exorcizar sus espectros sobre las cenizas calientes de la nación, el prosista y sus corresponsales zarandean el telón revolucionario con el claroscuro de las frustraciones. En cierta medida, el libro capitaliza el desplome de una época y exterioriza el descontento sin sermonear al lector.
“…te tragaste el cuento de Cuba…Cuba no existe sino en Cuba…Cargar con ella en la memoria es un peso descomunal…Cuba se complejiza en cada ojo que la mira…La verdadera patria… tiene dos tamaños posibles: el del planeta y el de la vida… (p. 89-92).
“Una amiga desde Cuba” conmueve con su talonario de cansancios (p.168-169), una declaración de lucidez irrebatible.
Desde el Prólogo, largo y atractivo, el prosista nos engancha a sus nostalgias y a las quimeras y esperanzas de su generación. En los doce capítulos, cartas incluidas, desmitifica los sucesos y los personajes que modelaron nuestras vidas. Cuba y sus circunstancias históricas, sociales y culturales son el protagonista: los planes económicos, los discursos y las consignas, las movilizaciones, la ofensiva revolucionaria de 1968, la institucionalización de los años setenta, las cacerías de homosexuales, el reencuentro entre los cubanos de la isla y el exilio, el éxodo masivo de 1980, nuestra presencia militar en África y América Latina, los balseros del 94, el bloqueo y la supuesta invasión de los Estados Unidos, las estrategias ideológicas, los controles burocráticos, la dependencia de la Unión Soviética, el síndrome de la desconfianza, los archivos comprometedores y la política de desafíos del gobierno revolucionario.
Pero tanto lastre no resulta tedioso, pues Eliseo Alberto es obsesivo y conmovedor. En cada vuelta de página algo nos identifica, nos hace sentir y hasta pensar. La magia está en el lenguaje y en el arsenal de recursos literarios utilizados. Vale anotar, por ejemplo, el empleo, a manera de exergos, de versos de poetas cubanos antes del Prólogo y cada capítulo. Así como las descripciones de La Habana, devenida personaje; la isla como tema; el juego con la muerte para homenajear a Nicolás Guillén, Lezama Lima, Virgilio Piñera y Luis Rogelio Nogueras, o la inserción de historias que humanizan, desde el drama individual, la tragedia social en el período citado.
El autor nos inquieta con los relatos de Paella, “el gordo inexplicable” que quiso irse del país en una balsa desde 1965; el notario retirado Ángel Montoya, vecino homosexual experto en béisbol, quien se suicida después de matar a un gato; la tragedia de Rolando Martínez Ponce, artista gráfico que adquirió el sida y murió en la cárcel por escapar del sanatorio de Santiago de Las Vegas. O las historias del gallego Pedro, luchador revolucionario encarcelado 25 años por tratar de crear un partido opositor, y la sensible Teresa Monte, obligada a tasar las estatuas que los oficiales del Ministerio del interior robaban en el Cementerio Colón para venderlas en las tiendas recaudadoras de divisas.
El libro, en fin, es un certificado literal de cubanía, sus folios son lúcidos, bellos y distantes de la “religiosa militancia partidista” y del discurso del conflicto sin solución ni alternativas. En las páginas 33 a 39 ofrece un catálogo de las consignas oficiales. En las siguientes, analiza la figura del caudillo. Advierte que “las personalidades rectoras de nuestro destino, José Martí en el siglo XIX y Fidel Castro en el XX, no conocieron la isla desde abajo sino desde afuera, o desde arriba,…Distanciados de la realidad por la lejanía del exilio, o por la altura del poder, acabaron por inventarnos una nación a la medida de sus convicciones…” (p. 26-28).
Informe contra mi mismo es una radiografía de un proceso agotador. Impactó al mercado del libro en Europa, Estados Unidos, México y otros países, pero no circula en la red de librerías de Cuba, sino a través de las Bibliotecas independientes. ¡Bienvenido a casa, Eliseo!

Fin de una utopía. Por Miguel Iturria Savón.

17 septiembre 2008 às 16:08 por Ancla insular | Postado em: Libros,Miguel Iturria.
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Fin de una utopía. / Miguel Iturria Savón.

Acabo de leer Fin de una utopía. La mitología y el mesianismo marxista, ensayo monográfico del escritor Juan F. Benemelis, publicado en Miami por el Grupo de apoyo a la democracia. La obra, de gran valor histórico, filosófico e informativo, ofrece un análisis crítico de los vuelcos y distorsiones de una doctrina que influyó en generaciones de académicos y políticos, pero fracasó en su aplicación social.
Como advierte Frank Hernández Trujillo en el Prefacio, Benemelis “nos brinda acceso a un tipo de información que ha sido ignorada por la mayoría de los académicos de…habla hispana, los cuales estando en mucho de los casos influenciados por estas mismas doctrinas fracasadas, persisten en defender lo indefendible, o soslayar del todo la catástrofe creada a nivel mundial por el comunismo y sus principales líderes, desde Vladimir Lenin hasta Pol Pot, con su trágica secuela de ejecuciones sumarias, masivas violaciones de los derechos humanos y millones de prisioneros de conciencia”.
En más de 400 páginas el autor repasa las formulaciones esenciales de Marx y Engels, sus continuadores (Karl Kautsky, V.I. Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, N. Bujarin, Gramsci), detractores (F. Lassalle, Pierre J. Proudhon, Max Stirner, Mijaíl Bakunin) y otros que revisaron o aplicaron el marxismo a la sociedad contemporánea, cuyo experimento demostró las limitaciones filosóficas y económicas de una ideología presentada como panacea humana en un período de crisis de las certezas metafísicas y existenciales.
Fin de una utopía es un libro ameno a pesar de su amplitud expositiva. Benemelis demuestre maestría historiográfica, agudeza hermenéutica y honestidad en el análisis de las hipótesis y el manejo de las fuentes. La obra consta de una introducción, treinta capítulos breves estructurados en tres partes, decenas de ilustraciones y un apéndice bibliográfico.
Se trata de un análisis abarcador, incisivo y creíble, que parte de las profecías de Marx, el determinismo de sus postulados filosóficos, el reduccionismo economicista, la deuda y la tergiversación de Hegel, Feurbach y otros antecesores, así como la teoría de la historia, la revolución francesa de 1848 como su prueba de fuego, el intento de aplicar el evolucionismo de Darwin a la historia, la inversión del análisis de la dialéctica, la economía política, las tesis de la lucha de clases, la teoría del estado, la dictadura del proletariado y el forcejeo entre marxistas y anarquistas, continuadores, revisionistas y las fórmulas en torno al estado socialista, el partido, la nueva clase, etc.
Benemelis esclarece lo expuesto por Lenin en detrimento de Marx, la espontaneidad del líder bolchevique, las variedades del marxismo, su aplicación en Rusia, el totalitarismo, la burocracia y el “socialismo real”. Aclara que:
“El marxismo, condicionado a su siglo de nacimiento y expresión, no pudo sobreponerse y reasimilar teóricamente en su totalidad el violento salto técnico-industrial del capitalismo. Luego de su conformación…sus postulados quedaron relacionados solo a las mismas condiciones socio-económicas que le posibilitaron la emergencia como cuerpo ideológico” (página 139).
El ensayista contextualiza su obra, revela la teoría, la depauperación de sus postulados, los criterios en torno a su praxis, la crítica del estado estalinista, las causas del “triunfo del socialismo” en las periferias del capitalismo, las influencias del sistema en los países del Tercer mundo”, el expansionismo soviético, el fantasma del marxismo en los nuevos filósofos, la apelación a lo absoluto y los procesos históricos y económicos que inciden en su colapso, pues “…el marxismo fue cogido por sorpresa, precisamente, en su dogma principal, en la supuesta decrepitud capitalista. El capitalismo renació y sobrepasó todas las expectativas y terminó arrollando al socialismo” (p. 263).
Analiza al respecto como en el capitalismo hubo una profunda revolución sistémica y organizativa que fue dirigida por los gerentes y los tecnócratas, a diferencia del bloque soviético que estaba señoreado por la burocracia.
Expone además, la impronta de la Segunda guerra mundial, el ajedrez atómico, la doctrina de la guerra fría, así como conflictos que involucran a Occidente y al Bloque soviético, la Era Brezhnev, la Guerra de las galaxias y la “Era Reagan” y las reformas iniciadas por Mijaíl Gorbachov, cuya equivocación “fue pensar que el comunismo podía ser reformado, sin estimar que falto de una ideología totalitaria el sistema no podría existir…” (p.444).
En Fin de una utopía. La mitología y el mesianismo marxista, Juan F. Benemelis valora, finalmente, el esfuerzo conceptual de neo marxistas como Max Hokheimer, fundador de la Escuela de Frankfurt, quien “quiso inventar un marxismo no determinista”; Herbert Marcuse, que “no pudo construir un marxismo iconoclasta”; Michel Foucault, “de constructor de todo y constructor del marxismo” y Jurgen Habermas, al cual se debe “el último intento serio por restablecer a Marx”.
El libro de Benemelis que circula en Cuba, donde la Utopía comunista aún es un contrasentido histórico, actúa como un arcoíris de esperanza en las almas que luchan por los cambios.