El fonógrafo M.H. Por Luis Cino.

27 marzo 2009 às 17:41 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Periodsmo
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El fonógrafo MH. Luís Cino.

No salgo del asombro luego de leer el ataque contra los periodistas independientes (sin derecho a réplica) que apareció el 18 de marzo en el oficialista y oficioso órgano digital de la Unión de Periodistas de Cuba. La estupefacción no es por los insultos, que en definitiva son los viejos epítetos gastados por el abuso y las sandeces de siempre, sino por quien firma: Lagarde.

Tanto disparate da pena. No puedo creer que este M. H sea el mismo Lagarde que hace muchos años escribía artículos costumbristas. No tanto por la avanzada edad que debe tener ahora, sino porque aquel era un periodista serio. Este de ahora (debe ser el hijo) parece un fonógrafo RCA Víctor. O mejor aún: el perrito que escucha la voz de su amo.

No calculaba cuan tenebrosos son los súper periodistas que prepara y adoctrina la CIA en la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana. Tal vez sepa poco del tema porque sólo frecuento la SINA, con escalofríos de aprensión en el espinazo, cada una o dos semanas para poder enviar mis trabajos al exterior. No tengo otra forma de acceder a Internet. Tampoco de publicar en la prensa escrita de mi país.

Distraído que soy, nunca se me había ocurrido averiguar por el funcionario yanqui que da las órdenes, tampoco por quien lleva la nómina y reparte los cientos de dólares que corresponden a cada “mercenario”. Averiguaré con alguno de los que asistieron a las letales video-conferencias con que pretendieron entrenarlos.

A propósito, Oscar Mario González es uno de ellos. Como Lagarde, suele escribir artículos de costumbrismo. El diploma de la Universidad de la Florida que calza como testimonio gráfico el artículo de la UPEC, lo robaron un par de segurosos la última vez que detuvieron a Oscar Mario. Al utilizarlo, Lagarde se hace cómplice de los ladrones. El robo de un título universitario, ni mejor ni peor que otros, sólo prueba que el régimen odia la inteligencia. Que a M. H Lagarde le preocupe ese diploma me hace sospechar que teme la competencia.

A los periodistas independientes (por las condenas desmesuradas que desafiamos por escribir con libertad, creemos firmemente que somos independientes) nos gustaría que aquellos que nos acusan de calumniadores nos demostraran la viabilidad del comunismo verde olivo.

La mayoría (que por cierto, estamos contra el embargo norteamericano y cualquier otra forma de injerencia extranjera y a favor de la justicia social, aunque Lagarde y sus jefes prefieran pensar que son tácticas camaleónicas), nos conformaríamos siquiera con “el socialismo democrático y participativo” de que hablan Félix Sautié y otros en kaosenlared. El capitalismo salvaje nos asusta. Al fin y al cabo, sólo hemos vivido el socialismo, aunque sea en la peor de sus variantes.

El artículo firmado por M. H Lagarde fue el modo de la UPEC de conmemorar el encarcelamiento de más de una veintena de periodistas independientes hace exactamente seis años, durante la ola represiva de la primavera de 2003. Las cosas no han cambiado demasiado. Es palpable el tonillo amenazante, ahora también contra los blogueros. A estos, en futuras razzias no los podrán acusar de ser empleados de la SINA. O vaya usted a saber, que por Villa Maristas tienen más imaginación que Julio Verne.

Claro, la represión no va por Lagarde. Escapa de las telarañas de su catacumba. M.H se limita a repetir las pendejadas que le soplan y encargan amplificar desde el Comité Central del Partido Único, la oficina de Tubal Páez en la UPEC y el Departamento de Seguridad del Estado. ¡Infeliz!
Arroyo Naranjo, 2009-03-19
luicino2004@yahoo.com

Bachelet vino a La Habana. Por Luis Cino.

18 febrero 2009 às 19:19 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Opinión
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Lo más positivo del viaje a Cuba de la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue su participación en la Feria del Libro de La Habana. Al menos, tendremos el gusto de darnos un atracón con la poesía de Huidobro, Neruda y otros. Por ser Chile el país invitado este año, la editorial Arte y Literatura puso a la venta antologías con lo mejor de la literatura chilena y el Libro Mayor de Violeta Parra.
La Presidenta chilena asistió a la inauguración de la Feria el 12 de febrero en la fortaleza de La Cabaña. También estuvo, entre otros sitios del tour que preparan los anfitriones para estas ocasiones, en Casa de las Américas, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y el Aula Magna de la Universidad de La Habana. En todos los casos, pronunció discursos en los que habló de la integración latinoamericana, de las ventajas de la cooperación entre los países de la región y de los desafíos comunes.
En cambio, no se entrevistó con líderes disidentes ni habló de derechos humanos. Bachelet nos dejó con las ganas de escuchar sus experiencias de cómo Chile afrontó el tránsito de una sanguinaria dictadura militar a la democracia. Luego de la visita en enero de la Presidenta argentina, ni siquiera la información de la doctora Bachelet de que Fidel está bien, fue sorpresa. La Presidenta vino también a Cuba, sabrá Dios por qué, a poner su granito de arena en la legitimación del régimen de sucesión. A hacer al General Raúl Castro otro par entre sus primos, como cualquier otro presidente latinoamericano democráticamente electo. ¿Acaso no entró Cuba al Grupo de Río? No es que los cubanos nos creamos el ombligo del mundo y esperemos más de lo que realmente merecemos de la solidaridad internacional. Pero esperábamos algo a favor de nuestra libertad de la Presidenta con nombre de canción que alguna vez se enfrentó a una tiranía y luchó por los derechos humanos.
Durante la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile admiré el desempeño de Bachelet. Vociferaban un puñado de energúmenos disfrazados de presidentes y el monarca español perdía la paciencia y mandaba a callar a Hugo Chávez. Bachelet logró salvar la Cumbre. Luego, cantó con un grupo de niños y con Inti Illimani.
El 11 de febrero, Michelle pasó revista a la guardia que formó filas en su honor en el Palacio de la Revolución. Junto al General Raúl Castro lució marcial. Después de todo, la señora, que además de médico y ministra de Salud, lo fue también de Defensa, está acostumbrada a tratar con militares. Incluso a tolerar, Pinochet mediante, a los militares represores de los que su padre, que era General, fue víctima. Los mismos milicos fascistas que la forzaron, como a otros millares de chilenos, a marchar al exilio. El perdón, el olvido y la tolerancia son cosas de las transiciones democráticas. Los cubanos tenemos mucho que aprender al respecto, pero Michelle Bachelet no parece dispuesta a enseñarnos. Es una lástima que el tiempo sea largo y la memoria tan corta. Puede que eso o algo parecido lo haya dicho alguno de los buenos poetas chilenos que podremos leer gracias a la Feria del Libro.luicino2004@yahoo.com

Tropezando con la misma piedra. Por Luis Cino.

13 febrero 2009 às 18:31 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Opinión
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Es sumamente curioso. Precisamente ahora que el régimen pide por señas un conteo de protección, la disidencia interna, contra toda lógica, se afana en hacer exactamente todo lo que el sentido común aconseja no se debe hacer en estas circunstancias.

Se duplican las organizaciones opositoras. Estallan crisis en el seno de proyectos que parecían consolidados. Aumentan los conflictos entre la disidencia interna y el exilio. Se exacerban las ansias de protagonismo. Se dispara la paranoia. Llueven las descalificaciones contra los que difieren un centímetro de nuestros puntos de vista.

Pareciera, a juzgar por las frecuentes acusaciones de “segurosos” intercambiadas entre opositores, que aumentó notablemente en los últimos meses la nómina secreta de los agentes de penetración del Departamento 21 de la Seguridad del Estado.

Algunos opositores, dentro de Cuba o en el exilio, siguen renuentes a auto-regularse y aplicar, con respecto a sus hermanos de lucha, la democracia por la que dicen luchar. En su lugar, trasladan a las filas de la disidencia la intolerancia y el voluntarismo que heredaron del régimen.

La oposición pro democracia sigue, por disímiles factores, lejos de convertirse en una alternativa de poder. Si ahora mismo el gobierno cubano se desplomara o aceptara dialogar con la oposición, tal como andamos por la disidencia (ojala me equivoque), sólo puedo avizorar un vacío de poder de incalculables consecuencias.

Los disidentes tropezamos (¡ay Julio Iglesias!) una y otra vez, con la misma piedra. Y la dictadura gana con cada uno de nuestros errores, a los que no es ajena de ningún modo la mano de su policía política. Como se dice en mi fangoso barrio, “está ahí, gozando la papeleta, echándose el prisma”.

Conflictos que brotan como hongos amenazan la estabilidad y supervivencia de algunos de los frentes que más preocupan al régimen: las Damas de Blanco, el Proyecto de las Bibliotecas Independientes, la campaña de la FLAMUR por una sola moneda.

Agenda para la Transición boicotea el suministro de informaciones a Radio Martí. La coalición opositora tiene razón en muchos de sus cuestionamientos. Pero, ¿será ahora el mejor momento para ventilar viejos agravios con la emisora?

TV Martí no se puede ver en Cuba. OK. El caso de Radio Martí es muy diferente. Su programación no es la mejor, repite demasiado los programas y la interferencia electrónica le mete un ruido infernal. Pero se oye en Cuba. Quizás no tanto como en 1985 cuando millares de cubanos seguían la novela Esmeralda y el horóscopo de Rudmini.

Aquella tampoco era una programación ideal. Apenas había denuncias desde Cuba de violaciones de derechos humanos. Por entonces no había periodistas independientes, sino sólo un puñado de valientes activistas, muchos de ellos en prisión.

Si Radio Martí no se oyera en Cuba, el régimen no invertiría millones de dólares en interferirla por medios electrónicos. Es algo significativo.

La desaparición de Radio Martí nos haría retroceder casi 25 años atrás, a los tiempos en que la disidencia interna no tenía voz. Ni en Washington ni en Miami. Ni mala ni regular. Ninguna. Es algo que no debemos perder de vista antes de seguir hablando de boicot. Tal vez haya modo de llegar a un acuerdo. Después de todo, es más lo que hay en común que las diferencias.
Arroyo Naranjo, 2009-02-05
luicino2004@yahoo.com

Los cuarenta años de Abbey Road. Por Luis Cino.

às 18:23 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Música
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Luego de una especie de suite de rock sinfónico que te dejaba sin aliento, la aguja parecía llegar al último surco del lado B del disco. Pero no. La irrupción de Her Majesty nos sorprendía. Sólo un toque de ligereza luego de la verdad elemental de los versos de The End “Al final, el amor que das es igual al amor que recibes”.

Abbey Road fue un maravilloso modo de terminar. Ojala las rupturas entre amigos siempre tuvieran un final así. Pero, también en eso, los Beatles fueron únicos.

Recuerdo que a inicios de 1970, cuando escuché en Radio Cordón de La Habana la noticia de que los Beatles habían anunciado oficialmente su separación, sentí que se acababa la música. Pasó igual a todos mis amigos. Por suerte, pronto hallamos consuelo en Blood, Sweat and Tears, Chicago, Santana, Led Zeppelin y Credence Clearwater Revival. Escuchábamos a los sucesores de los Beatles, tarde en la noche por Radio Rebelde, en el programa De. Pero nunca fue igual. Desde entonces empezamos a incubar la nostalgia. Sólo que no sospechamos que sería tan larga.

En Cuba, donde hacía sólo un par de años que habían levantado la prohibición sobre la peligrosa música de los Beatles, nunca supimos bien cual disco fue primero, si Abbey Road o Let it be. No sé cuantas veces discutí al respecto con Juanito Beltrán y Carlos Ubieta. Con todos los inconvenientes que ello acarreaba para nuestra corrección ideológica, los tres éramos los mayores fanáticos de los Beatles en Lawton, La Víbora y un poco más allá

El Abbey Road nos llegó sólo unos meses después de salir al mercado británico. No sé como nos arreglábamos a veces para que nos prestaran con tanta presteza los discos que introducían en el país algunos de los afortunados que viajaban al exterior. Parece que poníamos mucho interés en el empeño.

Escuché el Abbey Road por primera vez en casa de los hermanos Ubieta, en la calle Delicias. Lo escuchamos con la misma devoción que antes mostramos con Sgt. Peppers, Magical Mistery Tour y el Álbum Blanco.

Fue el primer disco que grabé, a mediados de los años 70, con un rudimentario plug que inventó Carlos, en la primera grabadora de cassettes que tuve: una Sanyo de teclas que trajo de Damasco el marido de mi hermana. Como oficial de las fuerzas armadas cubanas, fungió como asesor de los tanquistas sirios durante la guerra del Yom Kippur.

Abbey Road, aunque fuera sólo por Because y Something, es mi disco preferido de todos los tiempos. Lo he escuchado en disímiles circunstancias. Me trae recuerdos gratos y tristes. Creo que son más los últimos. A veces también resulta útil saborear la tristeza. Por suerte, el disco contiene una de las canciones más optimistas que haya escuchado jamás: Here comes the sun. La oigo una y otra vez cuando el invierno dura demasiado y parece que el mundo se viene abajo.

Abbey Road cumple 40 años, pero no lo podré celebrar con mis amigos de entonces. Dispersos por Estados Unidos, Polonia, España o México, esperan que cambie la fortuna en su patria.

El año pasado, luego de mucho tiempo sin noticias suyas, recibí por e-mail una foto de Agustín Gordillo, un amigo de Alta Habana que ahora vive en el sur de la Florida. Él y su esposa caminaban en fila sobre la cebra londinense de Abbey Road. Mi amigo, como McCartney en la famosa portada, iba vestido de negro y descalzo. El mensaje sólo contenía tres palabras y dos signos de admiración: ¡Al fin llegamos!

Carlos y yo solíamos tener una broma recurrente con Juan Beltrán. Decíamos que pasados 20 años, Juanito seguiría comiendo mierda con los Beatles. Ha pasado el doble del tiempo y la vida demostró que no fue solo Beltrán el del asunto con los Beatles.

Desde Miami, Carlos Ubieta, mi hermano de tiempos difíciles, me pidió una crónica sobre los 40 años que cumplirá Abbey Road en el 2009. No puedo hacer menos que complacerlo. De veras se merece la primicia.
luicino2004@yahoo.com

¿Robaron o no la guantanamera? Por Luis Cino.

1 octubre 2008 às 16:04 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Música
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¿Robaron o no la Guantanamera? / Luís Cino.

El 5 de septiembre se cumplieron 100 años del nacimiento de Joseíto Fernández. Un aniversario tan redondo es buena ocasión no sólo para recordar al cantante de figura desgarbada, sombrero alón y eterna guayabera blanca, que nació y murió en el habanero barrio de Los Sitios, sino también para volver sobre el tema de si por fin robaron o no su Guajira Guantanamera.

La versión oficial cubana es presta al patrioterismo y a culpar de conjuras y robos (de música, atletas o medallas deportivas) a todo lo que no sirva explícitamente a sus planes. Según tal versión, el cantante Pete Seger (yanqui tenía que ser, no importa si “amigo de la revolución”) robó a Joseíto Fernández la agridulce tonada que identifica a Cuba en el mundo.

Raúl Martínez, investigador del Museo Nacional de la Música, culpa al folklorista norteamericano de picardía al grabar la Guantanamera con los Versos Sencillos de José Martí en los años 60. Según él, Joseíto la grabó así “desde mucho antes, a finales de la década de los 50” (entrevista con Ada Oramas, periódico Tribuna de La Habana, agosto 31 de 2008).

Para reforzar su incriminación sobre la picardía de Pete Seeger en tiempos del apogeo de la canción protesta, Martínez señala que en los sellos de sus discos, no aparece el autor, “como si fuera una tonada anónima del folklore cubano”. Martínez infiere “que hubo malas intenciones pues ha sido uno de los cantantes que más han ganado y están ganando a costa de la Guantanamera”.

De tal aseveración, lo único exacto es lo de las ganancias económicas del cantante norteamericano con la Guantanamera. El asunto no es tan sencillo como lo ve el muy mal pensado Raúl Martínez.

Pete Seeger oyó por primera vez la Guantanamera en julio de 1961, junto a la fogata de un campamento de verano en las montañas Catskills. La canción gustaba mucho a los muchachos del campamento, que la aprendieran de su profesor Héctor Angulo, un joven oriundo de Santa Clara. Éste, a su vez, la cantaba tal como la aprendió de su maestro en Cuba, el pianista y compositor español Julián Orbón: con la melodía significativamente reelaborada y el añadido de los versos de Martí.

Cintio Vitier en su libro “Lo cubano en la poesía” acreditó también la Guantanamera cantada con los versos sencillos de Martí, a Julián Orbón. Según Vitier, a fines de los años 50, las tertulias en casa de Orbón terminaban “con un gran coro loco” que cantaba la Guantanamera.

Joseíto Fernández había cantado la Guantanamera desde hacía 4 décadas. Primero, en los años 30, en la emisora Radio Lavín; a partir de 1941 en “El suceso del día”, de la CMQ. Joseíto escribía y a veces improvisaba décimas acerca de hechos de la crónica roja que narraba el programa radial.

Joseíto cantó la Guantanamera con Paulina Fernández, La Calandria, Benny Moré, Ramón Veloz y otros. Nunca la cantó igual. En cada interpretación, cambiaba no sólo las décimas, sino también la melodía.
Pero, a diferencia de lo que afirma el investigador Raúl Martínez, Joseíto no la cantó con los versos de Martí hasta más de dos años después que las versiones de Pete Seeger y The Sandpipers la convirtieran en un éxito internacional, y por carambola, en un himno itinerante de la revolución de Fidel Castro.

Migdalia Fernández, hija de Joseíto, contradice la teoría de Raúl Martínez sobre la picardía de Pete Seeger, al reconocer que cuando el norteamericano popularizó la Guantanamera, “se la consideraba como una melodía de autor desconocido, y por tanto, de dominio público”.

Pero Joseíto Fernández, que desde 1929 poseía la propiedad autoral de la melodía (en realidad, eran sólo los 8 compases del estribillo), autorizó a la disquera estatal cubana EGREM para que lo representara en el litigio internacional por la autoría de la Guantanamera.

A resultas del litigio, en 1965, la partitura de Fall River Music, Inc. de la Guantanamera apareció bajo el extenso copyright: “Música: Joseíto Fernández. Arreglo musical: Pete Seeger. Adaptación del texto: Héctor Angulo, basado en un poema de José Martí”. Así se subsanó el extravagante e inexacto copyright “Martí-Angulo-Seeger” aparecido en el álbum Pete Seeger Greatest Hits (Columbia Records, 1963).

Para los que, a pesar de todo, aún alegan que a Joseíto Fernández le robaron la Guantanamera, debe servir de consuelo que las cosas siempre pueden ser peor. El gran ausente, tanto del copyright yanqui como de los reconocimientos oficiales en Cuba, fue Julián Orbón, el músico responsable por la elaboración melódica de la pieza y la incorporación de los versos de Martí. Orbón se había ido de Cuba y vivía exilado en Estados Unidos. Pese a lo que dijera Cintio Vitier, los comisarios culturales del régimen no podían dar el menor crédito de la emblemática canción a un enemigo.

luicino2004@yahoo.com

Ariel, Israel, un catalejo y mucha mala fe. Por Luis Cino.

às 16:00 por Ancla insular | Postado em: Cino.,Luis Cino.,Música caribeña
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Ariel, Israel, un catalejo y mucha mala fe. / Luís Cino.

Arroyo Naranjo, La Habana, septiembre 18 de 2008, (SDP) Una polémica circula por estos días en Internet entre el poco conocido cantautor Ariel Díaz e Israel Rojas, cantante del popular grupo Buena Fe. Los argumentos de ambos han vuelto a poner de manifiesto, entre otras cosas, los vicios, manías, prejuicios, poses y muletillas, de la canción inteligente en Cuba.

En el duelo entre Ariel Díaz e Israel Rojas, sobre todo por parte del primero, hubo zancadillas, golpes bajos, veladas incriminaciones ideológicas, disquisiciones filosóficas, intolerancia y amagos de chivatería. Pero sobre todo, y por parte de ambos, mucha “muela bizca” y “metatrancosa”. Esos son los principales nutrientes del entorno trovadoresco del que ambos proceden.

Israel Rojas en algún momento decidió poner los pies en la tierra. Entonces, como el teniente Mario Conde de los libros de Padura, colgó el uniforme del MININT, viajó de Guantánamo a La Habana, se buscó una banda y empezó a hacer canciones que pudieran un día, por qué no, ser populares.

Pero he aquí la maldita circunstancia de que en Cuba hay que explicarlo todo, hasta el hecho de que los discos se vendan y que las canciones que uno escribe se hagan populares. Son algunos de los extraños complejos de culpa que crearon los mandarines, también a los artistas.

No son sólo los comisarios y burócratas del Estado-patrón que subvenciona el arte los que exigen explicaciones. En algunos casos, también se creen con derecho a dar los vistos buenos, los cantores que tararean salmodias ininteligibles en las tribunas y los escritores que nunca escribieron un libro. A ellos, exponentes epónimos e incomprendidos del arte revolucionario, les repugnan y espantan, como las uvas a la zorra, el mercado, el éxito y la popularidad.

Es así que Ariel Díaz olvida olímpicamente que también es necesaria la música para bailar o romancear. Entonces se pone profundo, frunce el ceño, mira al cielo y aboga por las canciones que no venden, “las que son tan pesadas que no pueden cargar las multitudes”.

¿Qué tipo de canciones tendrían que hacer Bob Dylan, Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Joan Baez, Leonard Cohen, Chico Buarque, Milton Nascimento y hasta los mismísimos padres fundadores de la Nueva Trova, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés? ¿Acaso las multitudes no pueden con canciones como Yesterday o Garota de Ipanema?

Israel Rojas se cree obligado a perder su tiempo en explicar a Ariel Díaz y otros similares, qué tipo de arte (conceptual y a la vez vendible) hace, para qué tipo de público y cuales son sus tratos con las disqueras extranjeras. Por si fuera poco, también opina sobre la izquierda europea, las teorías de Fukuyama y ya de paso, vota por el socialismo del siglo XXI.

Las explicaciones de Israel Rojas son coherentes y hasta sinceras, pero innecesarias. ¿Qué importa al público que abarrota sus conciertos los prejuicios con el marketing y la música pop de ciertos tracatanes con pretensiones intelectuales?
A fin de cuentas, ¿qué quieren probar Ariel e Israel con sus galimatías? ¿Con quien les interesa quedar bien?

Que Ariel Díaz haga, si puede, un arte “profundo, subversivo, experimentador y valiente”. Pero sin codazos ni emboscadas contra los que hacen música más allá del Centro Pablo y otras peñas y cenáculos.

En cuanto a Israel Rojas, que olvide las etiquetas que le cuelguen y disfrute el éxito de Buena Fe. Se lo han ganado. Sólo debe ser un poco más generoso con el arte que se hace hoy en Cuba. A pesar de los pesares, no todo está hecho solo de slogans.

Pero si en definitiva, lo que quiere Israel, para no acomplejarse con el pedante de Ariel, es que no pongan sus canciones en la radio, en vez de exprimirse las neuronas hasta las 3 de la madrugada, sólo tiene que enfocar bien el catalejo. La próxima canción que escriba es posible que la censuren.

luicino2004@yahoo.com

Un lindo concierto. Por Luis Cino.

15 septiembre 2008 às 21:33 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,musical
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Un lindo concierto. Luís Cino.

Finalmente, el rockero Gorki Águila no fue a prisión. Parece que el régimen hizo sus cálculos y comprendió que no valía la pena pagar el costo político de encarcelar en estos momentos a un cantante punk de Marianao por muy contestatario que sea. Se conformaron con imponerle una fuerte multa. Fue una suerte, porque si hubiera sido por la solidaridad que artistas e intelectuales le pidieron a Pablo Milanés, Gorki estaría tras las rejas.

La noche del día 28 de agosto, Pablo Milanés, imperturbable, acompañado por sus invitados, hizo su multitudinario concierto en la Tribuna Antiimperialista y lo dedicó a la juventud cubana. No se lo pudo estropear el cielo nublado que amenazaba tormenta, la abrumadora presencia policial ni los que sacaron carteles por la libertad de Gorki Águila.

La lluvia no cayó. Los que pedían que Gorki no fuera a prisión (entre ellos la bloguera Yoani Sánchez, su esposo, el periodista Reinaldo Escobar y músicos de Porno para Ricardo) recibieron una oportuna y discreta paliza.

Los raperos de Los Aldeanos no importunaron demasiado. Puede que rapearan contra el racismo y el abuso policial, como de costumbre, pero esta vez fue sobre un background tan alto (el único problema de sonido que tuvo el espectáculo) que apenas se entendió lo que cantaron. El público sólo vio el manoteo agresivo de los raperos y el abrazo del aliviado Pablo cuando terminaron su actuación.

Por lo demás, el concierto fue todo un éxito. Pablo Milanés es como el vino: mientras más viejo, mejor. ¿Alguien lo duda? Cantó como siempre, como nadie. Hizo dúos con su hija Haydee, Omara Portuondo, Haila, Andy Montañés, Polito Ibáñez, David Blanco, Raúl Torres y Santiago Feliú.

Pero se quedaron con las ganas los que luego del concierto en el teatro Mella, esperaban en el Protestódromo palabras de solidaridad de uno de los padres fundadores de la Nueva Trova con Gorki Águila. En lugar de ello, Pablo Milanés explicó a los periodistas de la televisión cubana la significación que entraña para él que el concierto hubiera tenido lugar justamente en la Tribuna Antiimperialista, porque sigue siendo, dijo, “aunque no lo proclame todos los días, antiimperialista y revolucionario”.

Pablo es generoso y sabe, además de donde dice peligro, perdonar a los Jefes. Ya olvidó su estancia en las UMAP y el dinero que le robaron cuando cerraron el negocito de la PM Records (él tiene más en su casa)…Las declaraciones contestatarias que le ha dado por hacer últimamente son como las oraciones a Dios, cuando están en aprietos, de los tipos que habitualmente dicen ser ateos: por si acaso…

Después de todo, pensará Pablo, si a él lo enviaron a las UMAP, Gorki Águila, en 1966, sólo por cantar la primera estrofa de El Comandante, se hubiera podrido en La Cabaña o lo hubieran fusilado. Una señal alentadora de que estos son otros tiempos. Sólo hay que ser comprensivos, tener paciencia y esperar por los cambios para perfeccionar el socialismo. Si acaso, y sobre todo afuera, hacer alguna que otra declaración audaz de vez en cuando. No más. Por las impertinencias de un cantante de freakies, no vale la pena correr riesgos. Mucho menos echar a perder un lindo concierto.
luicino2004@yahoo.com

La decepción de Fito. Por Luis Cino.

às 21:24 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,musical
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La decepción de Fito. Luís Cino.

Aún recuerdo el multitudinario concierto del rockero argentino Fito Páez en la Plaza de la Revolución de La Habana en 1993. Fue la primera vez que pisé la Plaza 8. La segunda (y última) fue cuatro años después, en enero de 1998, cuando vino a Cuba el Papa Juan Pablo II y miles de habaneros nos dimos el gusto de gritar a voz en cuello: ¡Libertad!

Han pasado más de 14 años del concierto, pero me parece que fue la semana pasada. Mientras el bajo y la batería atacaban los primeros compases de “El amor después del amor”, un mar de cuerpos jóvenes se movía y agitaba los brazos al cielo, como si imploraran en vano por la esperanza y la felicidad que parecían estarles eterna y definitivamente vedadas…

Guardo pocos recuerdos gratos de los años 90. Eran tiempos de hambre y apagones, de amigos que se iban en balsas y se los tragaba el mar. En un anuncio que trasmitía la televisión, Fito Páez sonreía, levantaba el pulgar y nos invitaba a resistir para salvar la revolución. Parecía un chiste de mal gusto.

Desde hacía varios años, además de Fito Páez, cantautores argentinos como León Gieco, Charlie García y Juan Carlos Baglietto eran muy populares en Cuba. Su forma de cantar y componer influía tanto a los rockeros como a los cantores de la novísima trova que llamaban “los topos”. Tal vez fuera porque parecía infalible su fórmula para cantar en clave bajo una dictadura.

Todos ellos, en mayor o menor medida, se mostraban solidarios con la revolución cubana, como si no repararan que, signo ideológico aparte, no era más que otra dictadura. Y nosotros, resignados a la indiferencia de casi todo el mundo, convencidos que de todos modos “los dinosaurios van a desaparecer” (como decía Charlie en tiempos de las Malvinas) los seguíamos oyendo cantar a todos… también a Fito Páez.

Fito Páez, con sus greñas, sus gafas de miope y su banda rock, llegó por primera vez a Cuba a un festival de Varadero, a finales de los años 80. La última vez que estuvo en La Habana fue el pasado diciembre, para tocar en la ceremonia de inauguración del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Primero fue el ambiguo discurso de Alfredo Guevara. Luego, Fito Páez, sólo al piano, tocó las viejas canciones. Sonaron nostálgicas, supieron a despedida.

Fito Páez acaba de expresar su decepción con la revolución cubana detenida. Reparó en que más de 49 años es demasiado tiempo para que los mismos tipos sigan aferrados al poder. Los sueños cuando no terminan nunca, se convierten en pesadillas. Si lo sabremos nosotros…

El cantautor argentino nos desea buena suerte y mejores tiempos. Es su forma de desagraviarnos por la vez aquella en que, en un errado anuncio televisivo, se burló de nuestra desgracia y nos aconsejó resistir.

Al menos por mi parte, estamos en paz. Aquello de “quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón” sigue siendo una de mis canciones preferidas.
luicino2004@yahoo.com

Cuestión de etiquetas. Por Luis Cino.

12 septiembre 2008 às 17:41 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Música caribeña,Reseña
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Cuestión de etiquetas. Luís Cino.

Hoy en Cuba la música que más difunden es algo sincopado que se parece a la salsa y el hip hop, pero no es ninguna de las dos cosas.

Muchos intérpretes para conseguir el sonido de “lo que más gusta” mezclan reguetón, timba, rap, jazz, reggae, rhythm and blues y merengue. Al híbrido de híbridos que resulta lo llaman de forma indiscriminada, “fusión”.

La cuestión de las etiquetas se ha convertido en otra más de las preocupaciones de los músicos cubanos. Sobre algunos de los nombres con que califican su música pesan estigmas casi inexplicables.

Israel Rojas, cantante del grupo Buena Fe, en una reciente entrevista con la publicación mensual La Calle del Medio, deploró que lo consideren un exponente de la música pop. Hace casi una década, cuando el dúo de trovadores guantanameros empezó a hacerse acompañar por una banda de formato rock y grabó su primer disco, aceptó ( por inocencia o ignorancia) que lo categorizaran como “pop”. Ahora lo lamenta.

“Nada ha hecho más daño a nuestra carrera que esas tres letras. Eso nos ha impedido saltar a una categoría superior, a la de un trabajo más serio”, dice Rojas, quien compone canciones con textos inteligentes, a menudo de crítica social.

“Si tú quieres estar jodido en este país en los altos círculos de legitimación del arte, que te categoricen como pop” expresó el cantante. “Puedes apuntar al arte más excelso, que si es pop, no puedes aspirar a ganar un Gran Premio de Cubadisco o a que el Instituto Cubano de la Música te tenga en cuenta como arte legítimamente cubano”.

Dayani Lozano, Diana Fuentes, David Blanco, David Torrens y Raúl Paz, entre otros, también enfrentan problemas similares de sub valoración por ser caracterizados como intérpretes del pop.

Más allá de sus aspectos estéticos y de su amplio margen creativo, la música pop se ha convertido en el saco sin fondo donde críticos y especialistas echan las manifestaciones musicales sin una clara definición conceptual. Basta con que predominen los instrumentos electrónicos, el ritmo isócrono y ciertas armonías vocales para que rotulen, casi nunca para bien, la música de algunos artistas como “pop”.

Esto de las categorías crea verdaderos embrollos (que a veces lindan con el dislate) a la hora de los premios Lucas y Cubadisco. Ante tanto prejuicio, muchos artistas prefieren evitar el membrete de “pop” y recurrir al comodín en boga: la fusión.

Algunos músicos, como X Alfonso, en la búsqueda de nuevas sonoridades, trabajan con seriedad y talento en fusionar géneros diversos auxiliados por la intertextualidad postmoderna y códigos concretos de la cubanidad. Pero en gran parte de los casos, la fusión se ha convertido en la oportuna coartada de intérpretes que sin encasillarse en un estilo definido, deciden eludir a toda costa que los clasifiquen como “pop” y los metan en el saco.

De cualquier modo, los aguardan otras acechanzas. Si quieren aspirar al mercado internacional, tienen que esperar que “los descubra” algún empresario extranjero. Casi siempre bajo contratos leoninos, estos empresarios fungirán como agencia de marketing para su representación y promoción en el exterior. Ya en ese momento, los artistas se habrán visto obligados a hacer un sin número de concesiones en cuanto a repertorio, formato y hasta en el modo de peinar, vestir o moverse en escena.

Estas disqueras introducen en sus mercados una “música cubana” que no es tal, porque redujeron su definición y la diseñaron a su gusto y conveniencia. Es la que llega a España y luego a México y parte de Latinoamérica. No mucho más allá. Los mercados norteamericanos y europeos son casi inaccesibles para cubanos.

Pero en el exterior los aguardan una nueva etiqueta y otro saco sin fondo. Todas las manifestaciones musicales del Tercer Mundo (más o menos “exóticas”) que no se pueden englobar dentro de las clasificaciones al uso de la música occidental, se venden como World Music. Es como si a los músicos cubanos los persiguiera, entre otros maleficios, la maldición de las etiquetas.

La cantante Osdalgia, otra aprensiva con los encasillamientos, resumió hace algún tiempo el panorama de la música nacional: “La creación de ritmos y géneros refresca el quehacer, pero cuando lo nuevo es la mescolanza de un cantante desafinado con una voz mal educada y gesto torpe, un texto vulgar o mediocre, un facilismo armónico, cuando sólo eso es lo que se escucha y cuando para colmo, muchísimos músicos de excelentes condiciones le hacen eco para obtener mayor difusión, es para preocuparse”.

luicino2004@yahoo.com

Hablando de la moña. Por Luis Cino.

5 septiembre 2008 às 17:08 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Luis.,Reseña
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Hablando de La Moña. Luís Cino.

Paralelo al Simposio Cubano de Hip Hop, el Festival de Rap Capital de La Moña se desarrollará en Alamar, al este de La Habana, del 28 al 31 de agosto. Se anuncia que entre los 30 grupos que participarán están Ogguere, Anónimo Consejo, Hermanos de Causa y aún sin confirmar Los Aldeanos.

Ambos eventos contarán con el apoyo institucional del Consejo Nacional de Casas de Cultura, el Instituto de la Música, la Agencia Cubana de Rap y la Sociedad General de Autores y Editores.

Por no dejar de tener apoyo a la hora de teorizar sobre el rap, hasta madrinas “yumas” tendrán. Una es la antropóloga Melissa Rivere, de la Universidad de Minnesota, que cree atisbar en Cuba “un renacimiento del hip-hop”. La otra es huésped forzada del gobierno cubano, en un edificio de Alamar, desde hace más de 20 años. Nehanda Abioudon, fundadora del capítulo habanero de Agosto Negro, promotora de la cultura hip hop y prófuga del FBI desde los años en que dividía su tiempo entre la lucha armada, el robo de bancos y la pasión por la música soul de Marvin Gaye, James Brown y Curtis Mayfield.

Mala cosa para una música cimarrona como el rap que hayan tantas manos institucionales metidas en el asunto, sea para ayudar o para controlar (en la mayoría de los casos).

De hecho, la Agencia Cubana de Rap, de cuya existencia se precian las autoridades culturales de la isla, es un contrasentido. El organismo gubernamental encargado del rap ha hecho al género más daño que bien.

Creada en el año 2001, la Agencia Cubana de Rap fue un intento de institucionalización a la manera del extinto Movimiento de la Nueva Trova. La soberbia intolerante del Poder no podía ocultar su malestar ante la proliferación de raperos que gesticulaban agresivos y se quejaban del racismo, el abuso policial y la pobreza.

La Agencia, al intentar embridar las conductas de los raperos y atenuar la crudeza de sus textos, tuvo un efecto castrador y diluyente. Siete años después, poco más de una decena de grupos pertenecen a la agencia. De ellos, más de la mitad están alejados de la cultura hip hop y hacen reguetón. Los que aspiran a hacer un verdadero rap, se las arreglan como pueden fuera del paraguas estatal.

La cultura oficial se atoró con el rap. No pudieron entender que el hip hop, más que un género musical, es una filosofía de la vida, una cultura que incluye los graffiti, los DJs y las expresiones corporales de las B girls y los B boys. Los comisarios no entienden ni gustan de contraculturas.

Hoy en Cuba, la música que más se oye es algo que suena como rap, pero no lo es. Algunos intérpretes mezclan rap, reguetón, pop, timba y funky, para hacer “la música que más gusta”. A lo que resulta, inevitablemente sincopado, lo llaman con el término-comodín de “fusión”.

Así, es probable que en La Capital de La Moña (así llamaban a fines de los 80 al rap y el rhythm and blues que llegaban de Norteamérica) lo que menos se oiga sea hip hop en estado puro. Más difícil será evitar que las rimas, siquiera de refilón, hablen de racialidad y rebeldía.
luicino2004@yahoo.com

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