Los cuarenta años de Abbey Road. Por Luis Cino.

13 febrero 2009 às 18:23 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Música
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Luego de una especie de suite de rock sinfónico que te dejaba sin aliento, la aguja parecía llegar al último surco del lado B del disco. Pero no. La irrupción de Her Majesty nos sorprendía. Sólo un toque de ligereza luego de la verdad elemental de los versos de The End “Al final, el amor que das es igual al amor que recibes”.

Abbey Road fue un maravilloso modo de terminar. Ojala las rupturas entre amigos siempre tuvieran un final así. Pero, también en eso, los Beatles fueron únicos.

Recuerdo que a inicios de 1970, cuando escuché en Radio Cordón de La Habana la noticia de que los Beatles habían anunciado oficialmente su separación, sentí que se acababa la música. Pasó igual a todos mis amigos. Por suerte, pronto hallamos consuelo en Blood, Sweat and Tears, Chicago, Santana, Led Zeppelin y Credence Clearwater Revival. Escuchábamos a los sucesores de los Beatles, tarde en la noche por Radio Rebelde, en el programa De. Pero nunca fue igual. Desde entonces empezamos a incubar la nostalgia. Sólo que no sospechamos que sería tan larga.

En Cuba, donde hacía sólo un par de años que habían levantado la prohibición sobre la peligrosa música de los Beatles, nunca supimos bien cual disco fue primero, si Abbey Road o Let it be. No sé cuantas veces discutí al respecto con Juanito Beltrán y Carlos Ubieta. Con todos los inconvenientes que ello acarreaba para nuestra corrección ideológica, los tres éramos los mayores fanáticos de los Beatles en Lawton, La Víbora y un poco más allá

El Abbey Road nos llegó sólo unos meses después de salir al mercado británico. No sé como nos arreglábamos a veces para que nos prestaran con tanta presteza los discos que introducían en el país algunos de los afortunados que viajaban al exterior. Parece que poníamos mucho interés en el empeño.

Escuché el Abbey Road por primera vez en casa de los hermanos Ubieta, en la calle Delicias. Lo escuchamos con la misma devoción que antes mostramos con Sgt. Peppers, Magical Mistery Tour y el Álbum Blanco.

Fue el primer disco que grabé, a mediados de los años 70, con un rudimentario plug que inventó Carlos, en la primera grabadora de cassettes que tuve: una Sanyo de teclas que trajo de Damasco el marido de mi hermana. Como oficial de las fuerzas armadas cubanas, fungió como asesor de los tanquistas sirios durante la guerra del Yom Kippur.

Abbey Road, aunque fuera sólo por Because y Something, es mi disco preferido de todos los tiempos. Lo he escuchado en disímiles circunstancias. Me trae recuerdos gratos y tristes. Creo que son más los últimos. A veces también resulta útil saborear la tristeza. Por suerte, el disco contiene una de las canciones más optimistas que haya escuchado jamás: Here comes the sun. La oigo una y otra vez cuando el invierno dura demasiado y parece que el mundo se viene abajo.

Abbey Road cumple 40 años, pero no lo podré celebrar con mis amigos de entonces. Dispersos por Estados Unidos, Polonia, España o México, esperan que cambie la fortuna en su patria.

El año pasado, luego de mucho tiempo sin noticias suyas, recibí por e-mail una foto de Agustín Gordillo, un amigo de Alta Habana que ahora vive en el sur de la Florida. Él y su esposa caminaban en fila sobre la cebra londinense de Abbey Road. Mi amigo, como McCartney en la famosa portada, iba vestido de negro y descalzo. El mensaje sólo contenía tres palabras y dos signos de admiración: ¡Al fin llegamos!

Carlos y yo solíamos tener una broma recurrente con Juan Beltrán. Decíamos que pasados 20 años, Juanito seguiría comiendo mierda con los Beatles. Ha pasado el doble del tiempo y la vida demostró que no fue solo Beltrán el del asunto con los Beatles.

Desde Miami, Carlos Ubieta, mi hermano de tiempos difíciles, me pidió una crónica sobre los 40 años que cumplirá Abbey Road en el 2009. No puedo hacer menos que complacerlo. De veras se merece la primicia.
luicino2004@yahoo.com

La nota y el tono. Por Miguel Iturria Savón.

30 enero 2009 às 18:46 por Ancla insular | Postado em: M. Iturria.,Música
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Desde hace una década Pablo Milanés insiste en dar una nota discordante. El cantor hace declaraciones como un ministro disidente sin romper el cordón umbilical con el régimen que lo aupó desde sus años juveniles, cuando pasó de la ranchera al filing y del bolero a la nueva trova, de la cual es un ícono junto a Silvio Rodríguez, quien ejerció como diputado de la monocorde Asamblea Nacional del Poder Popular.
Pablo y Silvio llegaron al invierno de la creación con una basta discografía, algún dinerito y una cronología de viajes que empequeñece a Marco Polo. El tema y las variables de sus canciones han pasado de moda pues la magia revolucionaria que los contagió es historia antigua. Quizás por eso vacían el tintero de nostalgias y pesadillas con declaraciones contrapuestas.
Silvio habla de cambios para preservar la revolución; Pablo cruza el umbral del pasado y critica a los dioses del naufragio insular. Los matices son secundarios. Ninguno de los dos necesita la máscara revolucionaria del castrismo, pero están atrapados por los compromisos con la dictadura que los convirtió en cantores del reino.
La reciente declaración de Pablo Milanés en Vigo, donde anunció la gira por España que comenzará el 16 de febrero en Madrid, fue algo más que un signo musical. El intérprete dio una nota que atraviesa el pentagrama cubano. Su tono, grave y agudo a la vez, expresó el descontento con la realidad nacional, mientras evocaba su nostalgia por La Habana.
Pablo dijo, entre otras cosas, que:
“Hay que dar paso a las nuevas generaciones. / El socialismo cubano se ha estancado… estamos paralizados… / El cubano no puede vivir más de promesas. / Muchos tienen miedo a hablar por la censura y la represión”.
Cuando le preguntaron si confía en que Raúl Castro de un paso hacia delante, respondió: “no confío ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años porque todos… pasaron sus momentos de gloria, pero ya están listos para ser retirados…tenemos que hacer reformas en muchísimos frentes… porque nuestros dirigentes ya no son capaces. Sus ideas de antaño se han vuelto reaccionarias…”
Pablo habló de las glorias pasadas, de “un futuro que no acaba de llegar…”, de los jóvenes que emigran para proyectar lo que estudian…, de las familias divididas, los prejuicios contra los homosexuales, la represión callada y oculta, del valor y la dignidad ante la situación que atraviesa Cuba, y de que “no hacen falta dictadores en ningún lugar para nada”.
El gran trovador habló de temas puntuales como el Buena Vista Social Club, la elección de Barack Obama en los Estados Unidos, el bloqueo y el autobloqueo “utilizado para defendernos de nuestros errores” y de la necesidad de recuperar los valores perdidos.
En la última entrevista ofrecida por Pablo Milanés en España, el cantante sube el tono y eleva su voz al rango de denuncia. Quizás por eso circula de mano en mano entre sus seguidores en La Habana.

Las plegarias de Paulito. Por jorge Olivera Castillo.

28 noviembre 2008 às 18:46 por Ancla insular | Postado em: Jorge,Música,Olivera.
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El cantante Paulo Fernández Gallo ama a la música y al Comandante. Lo ha dicho sin tapujos en Miami, el sitio donde la nostalgia quema y los tormentos del desarraigo aplastan el alma. ¿Se expresó el salsero cubano con honestidad?, ¿Reaccionó ante la suposición de una encerrona?, ¿Respondería, de manera diferente, alguien que todavía es ciudadano cubano, aunque resida actualmente en Italia y además todavía tiene familiares en la Isla?
Por ahora es complicado hallar una respuesta fiable. Primero que nada hay que tener en cuenta las circunstancias que dictan las pautas del comportamiento de cualquier ser humano, en este caso de un músico nacido en La Habana en los primeros años de la década del 60 del siglo XX y sometido a unas normativas existenciales que prescriben actitudes muy afines a la doble moral y a un distorsionado patrón ético, ambas desgajadas de un severo contexto represivo.
El miedo a ponerle letras o palabras a los pensamientos críticos, tiene en Cuba signos de pandemia. Mucho más ante preguntas que impliquen a Fidel Castro o algún alto dirigente y que en este caso se realizaron en un sitio extremadamente sensible a tales temáticas.
Creo que Paulito FG como se le conoce en el ámbito artístico nacional, actuó movido por las emociones. Estoy casi seguro que no esperaba cuestionamientos de tal magnitud.
Solo siguió un modelo de respuestas practicado por quiénes temen contrariar un sistema con infinitas posibilidades de hacer daño. No es de extrañar que otras de las estrellas del firmamento musical autóctono hubieran esgrimido argumentos muy similares, acción que dicta los parámetros de una regla, con pocas excepciones. En algunas oportunidades intervienen matices. No obstante al final se imponen las simpatías, bien reales o ficticias, pero concluyentes al expresar una adhesión categórica a la ideología del partido comunista.
Paulo toma partido por Fidel Castro, en la principal ciudad del exilio. Con esa posición les lanza un cubo de lodo a sus colegas hoy asentados en esta ciudad después de escapar de las políticas impuestas por el personaje al que él le dedica sendas muestras de incondicionalidad. No sé que habrán pensado Donato Poveda, Albita Rodríguez, Isaac Delgado, Manolín (el médico de la salsa), Leonor Zamora, Raúl Gómez, algunos de los cantantes que pusieron pies en polvorosa tras desencantarse del socialismo.
¿Es incierto lo que dijo el popular presentador Carlos Otero, en Miami, hace pocos meses cuando protagonizó una espectacular fuga con su esposa e hijos?, ¿Por qué la actriz Susana Pérez decidió continuar su labor actoral en los teatros y la televisión del Sur de la Florida después de una larga y fructífera carrera en Cuba?
La gente que ha optado por abandonar el país definitivamente, lo ha hecho en correspondencia a un proceso acumulativo de insatisfacciones. Todos se fueron convencidos de que el sistema es obsoleto, represivo y carente de las bases para forjarse un óptimo crecimiento material y espiritual.
Si las palabras de Paulito salieron del corazón, cosa que cuestiono, no hay nada de extraordinario en ello. Es su criterio. Otra cosa es estar o no de acuerdo.
Existe un adagio muy aleccionar para encontrarle el sentido a ese tipo de respuestas: “El hombre piensa como vive” .Dejando a un lado la relativización inherente a la conducta de los seres humanos a partir de influencias culturales, psicológicas, sociológicas y familiares, entre otras, Paulo FG está satisfecho con lo que ha conseguido bajo el paraguas de la revolución. Vive la mayoría del tiempo en Italia, logró alcanzar cierta fama a partir del carisma y el talento, en fin, ha podido-dentro del sistema, crear las condiciones para vivir lo mejor posible.
Su ámbito expresivo permanece condicionado por el medio en que se desenvuelve. Obviamente no ha pensado abandonar la Isla y esa decisión conlleva requisitos impostergables. En su declaración de fidelidad, pienso que se extralimitó. Demasiado sumiso. De ahí mis dudas sobre la autenticidad de las respuestas.
De todas formas todo lo dijo muy claro y eso consta para la historia. Gracias a la noticia publicada en el diario floridano el Nuevo Herald, ya sé cuál es el Dios de Paulo FG. Por suerte no es el mismo que el mío.
En su religión son millones los herejes. Un indicio de que las apariencias engañan.
oliverajorge75@yahoo.com

Estribillo político. Por Miguel Iturria Savón.

19 noviembre 2008 às 16:43 por Ancla insular | Postado em: M. Iturria.,Música
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No soy fan de Paulo FG ni de su Élite, pero reconozco que “el bonitillo” le pisó los talones a Isaac Delgado, “el chévere de la salsa”; a Manolín, “el médico” del género; a Carlos Manuel y su Clan, a David Calzado y su Charanga habanera, a José Luis Cortés, alias “El Tosco” y al mismísimo Juan Formel y sus Van Van, quienes aprovecharon el boom musical de los años noventa e impusieron sus discos, imágenes y preferencias a los turistas y bailadores de Cuba. Ninguno de ellos, sin embargo, puede ser comparado con el Benny Moré, Oscar de León, Juan Luis Guerra o Gilberto Santa Rosa.
Tal vez por eso no le presto atención al mundo de la farándula. Las creencias y excentricidades de nuestros músicos, actores y bailarines me tienen sin cuidado. Casi siempre tratan de llamar la atención a toda costa, generalizan sus puntos de vista y provocan escándalos. Si nos guiáramos por los comentarios de Silvio Rodríguez, Alicia Alonso o César Portillo de la Luz, perderíamos tiempo y energía. Coincido con Tagore en que “la fama es la espuma en la corriente de la vida”.
Pero hay declaraciones que irritan la inteligencia y exigen una réplica. Solo eso.
El viernes pasado leí en El Nuevo Herald que Paulo Alfonso Fernández Gallo llegó a Miami para actuar en tres clubes y, antes de hacerlo, fue entrevistado en el programa televisivo Entre Nos, en el cual elogió al convaleciente Fidel Castro, quien no es músico ni bailarín ni distingue a Paulo con su regia amistad. Como Miami es el centro del exilio desatado por el Castrismo, las palabras del músico hirieron la sensibilidad de muchos cubanos. Algunos lo consideraron como una provocación, ratificada por el estribillo político de Jorge Artiles, promotor de la gira y presidente de Habana Productions Publishing, el cual denigró a los líderes del exilio y habló de incomprensión y censura, como si el régimen que él representa no fuera catedrático en esa asignatura.
No creí necesario referirme a las palabras de Paulito ni a la banderilla política del empresario insular; me parecieron una estrategia cruel para promover sus discos y la venta de entradas a los clubes donde actuaría el fin de semana. Fue la comentarista cultural Loly Estévez, del Noticiero nacional de la televisión, quien me hizo sospechar que el ratón parlante respondía al guión del gato. La vieja locutora convirtió las palabras del salsero en espada ideológica, elogió su valor personal, denigró a “los apátridas” y añadió otras estupideces al pastel servido en Miami.
Más claro ni el agua. Paulo FG es un cantante popular con estilo propio, afinado y carismático, famoso entre las mujeres y los bailadores. Vive bajo un régimen totalitario pero él no lo percibe, pues recibe facilidades inimaginables para grabar, viajar al extranjero, firmar contratos y vivir como un señor en medio de la penuria nacional. Parece que ahora algún comisario de la batalla de ideas le asignó una misión y él la cumplió. ¿Qué ganaría si dice que no o se hace el loco? ¿Le permitirían conservar su casa, autos, cadenas de oro y su permanencia en Italia sin perder sus bienes?
Paulo, el pepillo de 46 años que se renueva con las circunstancias, dice creer en el Comandante y vivir con sus sueños artísticos, sin trabas ni temor. Quizás por eso le toleraron la adquisición de la ciudadanía italiana sin dejar de ser cubano, lo cual es prohibido por el artículo 32 de la constitución.
Si cree bien y si no también, es su problema, pero debería respetar la sensibilidad de quienes no creen y de aquellos que se tiraron al mar para vivir en libertad. Miami es el reverso de La Habana. Allí están Isaac, Manolín y otros artistas insulares que no compiten en la tribuna política sino en el mercado de la música y la cultura. Todos merecen respeto.

¿Robaron o no la guantanamera? Por Luis Cino.

1 octubre 2008 às 16:04 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,Música
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¿Robaron o no la Guantanamera? / Luís Cino.

El 5 de septiembre se cumplieron 100 años del nacimiento de Joseíto Fernández. Un aniversario tan redondo es buena ocasión no sólo para recordar al cantante de figura desgarbada, sombrero alón y eterna guayabera blanca, que nació y murió en el habanero barrio de Los Sitios, sino también para volver sobre el tema de si por fin robaron o no su Guajira Guantanamera.

La versión oficial cubana es presta al patrioterismo y a culpar de conjuras y robos (de música, atletas o medallas deportivas) a todo lo que no sirva explícitamente a sus planes. Según tal versión, el cantante Pete Seger (yanqui tenía que ser, no importa si “amigo de la revolución”) robó a Joseíto Fernández la agridulce tonada que identifica a Cuba en el mundo.

Raúl Martínez, investigador del Museo Nacional de la Música, culpa al folklorista norteamericano de picardía al grabar la Guantanamera con los Versos Sencillos de José Martí en los años 60. Según él, Joseíto la grabó así “desde mucho antes, a finales de la década de los 50” (entrevista con Ada Oramas, periódico Tribuna de La Habana, agosto 31 de 2008).

Para reforzar su incriminación sobre la picardía de Pete Seeger en tiempos del apogeo de la canción protesta, Martínez señala que en los sellos de sus discos, no aparece el autor, “como si fuera una tonada anónima del folklore cubano”. Martínez infiere “que hubo malas intenciones pues ha sido uno de los cantantes que más han ganado y están ganando a costa de la Guantanamera”.

De tal aseveración, lo único exacto es lo de las ganancias económicas del cantante norteamericano con la Guantanamera. El asunto no es tan sencillo como lo ve el muy mal pensado Raúl Martínez.

Pete Seeger oyó por primera vez la Guantanamera en julio de 1961, junto a la fogata de un campamento de verano en las montañas Catskills. La canción gustaba mucho a los muchachos del campamento, que la aprendieran de su profesor Héctor Angulo, un joven oriundo de Santa Clara. Éste, a su vez, la cantaba tal como la aprendió de su maestro en Cuba, el pianista y compositor español Julián Orbón: con la melodía significativamente reelaborada y el añadido de los versos de Martí.

Cintio Vitier en su libro “Lo cubano en la poesía” acreditó también la Guantanamera cantada con los versos sencillos de Martí, a Julián Orbón. Según Vitier, a fines de los años 50, las tertulias en casa de Orbón terminaban “con un gran coro loco” que cantaba la Guantanamera.

Joseíto Fernández había cantado la Guantanamera desde hacía 4 décadas. Primero, en los años 30, en la emisora Radio Lavín; a partir de 1941 en “El suceso del día”, de la CMQ. Joseíto escribía y a veces improvisaba décimas acerca de hechos de la crónica roja que narraba el programa radial.

Joseíto cantó la Guantanamera con Paulina Fernández, La Calandria, Benny Moré, Ramón Veloz y otros. Nunca la cantó igual. En cada interpretación, cambiaba no sólo las décimas, sino también la melodía.
Pero, a diferencia de lo que afirma el investigador Raúl Martínez, Joseíto no la cantó con los versos de Martí hasta más de dos años después que las versiones de Pete Seeger y The Sandpipers la convirtieran en un éxito internacional, y por carambola, en un himno itinerante de la revolución de Fidel Castro.

Migdalia Fernández, hija de Joseíto, contradice la teoría de Raúl Martínez sobre la picardía de Pete Seeger, al reconocer que cuando el norteamericano popularizó la Guantanamera, “se la consideraba como una melodía de autor desconocido, y por tanto, de dominio público”.

Pero Joseíto Fernández, que desde 1929 poseía la propiedad autoral de la melodía (en realidad, eran sólo los 8 compases del estribillo), autorizó a la disquera estatal cubana EGREM para que lo representara en el litigio internacional por la autoría de la Guantanamera.

A resultas del litigio, en 1965, la partitura de Fall River Music, Inc. de la Guantanamera apareció bajo el extenso copyright: “Música: Joseíto Fernández. Arreglo musical: Pete Seeger. Adaptación del texto: Héctor Angulo, basado en un poema de José Martí”. Así se subsanó el extravagante e inexacto copyright “Martí-Angulo-Seeger” aparecido en el álbum Pete Seeger Greatest Hits (Columbia Records, 1963).

Para los que, a pesar de todo, aún alegan que a Joseíto Fernández le robaron la Guantanamera, debe servir de consuelo que las cosas siempre pueden ser peor. El gran ausente, tanto del copyright yanqui como de los reconocimientos oficiales en Cuba, fue Julián Orbón, el músico responsable por la elaboración melódica de la pieza y la incorporación de los versos de Martí. Orbón se había ido de Cuba y vivía exilado en Estados Unidos. Pese a lo que dijera Cintio Vitier, los comisarios culturales del régimen no podían dar el menor crédito de la emblemática canción a un enemigo.

luicino2004@yahoo.com