Un lindo concierto. Por Luis Cino.

15 septiembre 2008 às 21:33 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,musical
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Un lindo concierto. Luís Cino.

Finalmente, el rockero Gorki Águila no fue a prisión. Parece que el régimen hizo sus cálculos y comprendió que no valía la pena pagar el costo político de encarcelar en estos momentos a un cantante punk de Marianao por muy contestatario que sea. Se conformaron con imponerle una fuerte multa. Fue una suerte, porque si hubiera sido por la solidaridad que artistas e intelectuales le pidieron a Pablo Milanés, Gorki estaría tras las rejas.

La noche del día 28 de agosto, Pablo Milanés, imperturbable, acompañado por sus invitados, hizo su multitudinario concierto en la Tribuna Antiimperialista y lo dedicó a la juventud cubana. No se lo pudo estropear el cielo nublado que amenazaba tormenta, la abrumadora presencia policial ni los que sacaron carteles por la libertad de Gorki Águila.

La lluvia no cayó. Los que pedían que Gorki no fuera a prisión (entre ellos la bloguera Yoani Sánchez, su esposo, el periodista Reinaldo Escobar y músicos de Porno para Ricardo) recibieron una oportuna y discreta paliza.

Los raperos de Los Aldeanos no importunaron demasiado. Puede que rapearan contra el racismo y el abuso policial, como de costumbre, pero esta vez fue sobre un background tan alto (el único problema de sonido que tuvo el espectáculo) que apenas se entendió lo que cantaron. El público sólo vio el manoteo agresivo de los raperos y el abrazo del aliviado Pablo cuando terminaron su actuación.

Por lo demás, el concierto fue todo un éxito. Pablo Milanés es como el vino: mientras más viejo, mejor. ¿Alguien lo duda? Cantó como siempre, como nadie. Hizo dúos con su hija Haydee, Omara Portuondo, Haila, Andy Montañés, Polito Ibáñez, David Blanco, Raúl Torres y Santiago Feliú.

Pero se quedaron con las ganas los que luego del concierto en el teatro Mella, esperaban en el Protestódromo palabras de solidaridad de uno de los padres fundadores de la Nueva Trova con Gorki Águila. En lugar de ello, Pablo Milanés explicó a los periodistas de la televisión cubana la significación que entraña para él que el concierto hubiera tenido lugar justamente en la Tribuna Antiimperialista, porque sigue siendo, dijo, “aunque no lo proclame todos los días, antiimperialista y revolucionario”.

Pablo es generoso y sabe, además de donde dice peligro, perdonar a los Jefes. Ya olvidó su estancia en las UMAP y el dinero que le robaron cuando cerraron el negocito de la PM Records (él tiene más en su casa)…Las declaraciones contestatarias que le ha dado por hacer últimamente son como las oraciones a Dios, cuando están en aprietos, de los tipos que habitualmente dicen ser ateos: por si acaso…

Después de todo, pensará Pablo, si a él lo enviaron a las UMAP, Gorki Águila, en 1966, sólo por cantar la primera estrofa de El Comandante, se hubiera podrido en La Cabaña o lo hubieran fusilado. Una señal alentadora de que estos son otros tiempos. Sólo hay que ser comprensivos, tener paciencia y esperar por los cambios para perfeccionar el socialismo. Si acaso, y sobre todo afuera, hacer alguna que otra declaración audaz de vez en cuando. No más. Por las impertinencias de un cantante de freakies, no vale la pena correr riesgos. Mucho menos echar a perder un lindo concierto.
luicino2004@yahoo.com

La decepción de Fito. Por Luis Cino.

às 21:24 por Ancla insular | Postado em: Luis Cino.,musical
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La decepción de Fito. Luís Cino.

Aún recuerdo el multitudinario concierto del rockero argentino Fito Páez en la Plaza de la Revolución de La Habana en 1993. Fue la primera vez que pisé la Plaza 8. La segunda (y última) fue cuatro años después, en enero de 1998, cuando vino a Cuba el Papa Juan Pablo II y miles de habaneros nos dimos el gusto de gritar a voz en cuello: ¡Libertad!

Han pasado más de 14 años del concierto, pero me parece que fue la semana pasada. Mientras el bajo y la batería atacaban los primeros compases de “El amor después del amor”, un mar de cuerpos jóvenes se movía y agitaba los brazos al cielo, como si imploraran en vano por la esperanza y la felicidad que parecían estarles eterna y definitivamente vedadas…

Guardo pocos recuerdos gratos de los años 90. Eran tiempos de hambre y apagones, de amigos que se iban en balsas y se los tragaba el mar. En un anuncio que trasmitía la televisión, Fito Páez sonreía, levantaba el pulgar y nos invitaba a resistir para salvar la revolución. Parecía un chiste de mal gusto.

Desde hacía varios años, además de Fito Páez, cantautores argentinos como León Gieco, Charlie García y Juan Carlos Baglietto eran muy populares en Cuba. Su forma de cantar y componer influía tanto a los rockeros como a los cantores de la novísima trova que llamaban “los topos”. Tal vez fuera porque parecía infalible su fórmula para cantar en clave bajo una dictadura.

Todos ellos, en mayor o menor medida, se mostraban solidarios con la revolución cubana, como si no repararan que, signo ideológico aparte, no era más que otra dictadura. Y nosotros, resignados a la indiferencia de casi todo el mundo, convencidos que de todos modos “los dinosaurios van a desaparecer” (como decía Charlie en tiempos de las Malvinas) los seguíamos oyendo cantar a todos… también a Fito Páez.

Fito Páez, con sus greñas, sus gafas de miope y su banda rock, llegó por primera vez a Cuba a un festival de Varadero, a finales de los años 80. La última vez que estuvo en La Habana fue el pasado diciembre, para tocar en la ceremonia de inauguración del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Primero fue el ambiguo discurso de Alfredo Guevara. Luego, Fito Páez, sólo al piano, tocó las viejas canciones. Sonaron nostálgicas, supieron a despedida.

Fito Páez acaba de expresar su decepción con la revolución cubana detenida. Reparó en que más de 49 años es demasiado tiempo para que los mismos tipos sigan aferrados al poder. Los sueños cuando no terminan nunca, se convierten en pesadillas. Si lo sabremos nosotros…

El cantautor argentino nos desea buena suerte y mejores tiempos. Es su forma de desagraviarnos por la vez aquella en que, en un errado anuncio televisivo, se burló de nuestra desgracia y nos aconsejó resistir.

Al menos por mi parte, estamos en paz. Aquello de “quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón” sigue siendo una de mis canciones preferidas.
luicino2004@yahoo.com

Bailar timba. Por Luis Cino.

22 agosto 2008 às 17:34 por Ancla insular | Postado em: Crónica,Cuba.,Luis Cino.,musical
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Bailar timba: no hay más na. / Luis Cino.

Le llaman timba. Dicen que es otra forma de tocar la salsa. Tiene de Rhythm and Blues, de reggaeton y de hip hop. Pero la timba, brava o Light, es más son que otra cosa.

La timba es el tallo áspero, procaz y con espinas, que parió el son del cautiverio. La música dura de alegría falsa que trató de poner sabrosura a las penas más recientes. La banda sonora del hambre, los balseros y la desesperanza.

Quisieron enmascararla con caras bonitas, poses charangueras, ropa sexy, meneo de caderas de mulatas de vértigo…

La timba, sin proponérselo, se convirtió en la crónica de las vidas precarias del que creyeron sería el hombre nuevo. O de sus hijos. Bisneros, ambientosos, jineteras y chivatos. Todos están en sus canciones. La comedia humana, sincopada y con tumbao, de la Cuba de ahora mismo. La de los barrios. La isla en pesos… no convertibles.

Su filosofía marginal habla el idioma de las calles. Advierte, sin reparos que “el Bonny está pasmao”. No hay casualidad. “El Bonny es una pasta, pero pasmao para qué.” Aconseja a las niñas que se busquen “un temba que las mantenga, un papirriqui con guaniquiqui”. Para que tengan lo que tenían que tener. Además, alertan sobre “Yuya la de la patrulla, la que no hace bulla, la que te vela y te echa pa la candela”.

Los muchachos crecieron con los Van Van y el pop latino que escuchaban sus padres, pero la timba es su música.

Sus ídolos son la Charanga Habanera, Paulito FG, Manolito Simonet y Bamboleo. Son lo que hay. La especulación de La Habana. La tiran en estereo. A pagar allá.

Cadenas de oro, ropas de marca, video clips deslumbrantes y viajes al extranjero, simbolizan las vidas de sueño que quisieran vivir. “Tú puedes llegar, tú puedes llegar, pero no te pases”, les previenen.

Persiguen sus actuaciones por bailables populares y casas de la música, si tienen dinero. En La Piragua, la Plaza Roja o la Tropical. Son los nuevos templos de la gozadera.

Allí “se ponen buenos” con cerveza de pipa ligada con amitriptilina o parkisonil. Si aparece “un prajo” –un pito de marihuana- es lo máximo.

Cuando llega el estribillo, ya están “en talla”. Ellos no están en nada. Lo suyo es el baile y “las jebitas”.

Siguen el coro erotizados. Insinuantes, mueven la pelvis y se pegan a sus parejas. Alzan los brazos al cielo. Como si imploraran gozar. Las caderas se mueven en círculos de lujuria. Es el despelote. La catarsis colectiva.

Si esta noche no hay botellazos, chavetas ni bengalas, todo estará “tocao”. No acabarán en la unidad de la policía.

Volverán “arrebatados” y hambrientos a sus barrios oscuros y ruinosos. A pie o en la confronta. De madrugada, no hay camellos. El aire nocturno refresca la nota.

Para ellos, sólo hay consignas en las paredes, discursos en la televisión, escombros y basuras sin recoger, redadas policiales, botellas de chispa de tren y el humo risueño de los cigarros de hierba de parque.

“No hay mas ná”, repiten la antífona tribal, sentados en la esquina. Siempre alguno responde: “No es fácil, asere, no es fácil”.