Pie forzado. Por Miguel Iturria Savón.

11 febrero 2009 às 19:17 por Ancla insular | Postado em: M. Iturria.,Política
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Adular a los déspotas cubanos parece la señal de entrada de los pregoneros del socialismo del siglo XXI. El coronel Hugo Chávez Frías, presidente de Venezuela, lleva diez años exaltando a Fidel Castro Ruz, a quien imita y adula desvergonzadamente, además de ponerle la chequera de dólares para que restaurara la maltrecha economía cubana y le ajustara los tornillos a quienes se encausaban por la autonomía económica en la isla.
La red de negocios entre La Habana y Caracas traspasa los intercambios comerciales y la cooperación en salud y educación. Los asesores cubanos juegan un papel decisivo en la reestructuración de la policía, las fuerzas armadas, los servicios secretos, los medios de comunicación y otras esferas sensibles para la administración chavista, interesada en reformar la Constitución para reelegir a Hugo Chávez, quien ya se considera el sucesor del nefasto Fidel Castro en Latinoamérica.
En la misma frecuencia escuchamos a Evo Morales, mandatario de la compleja y empobrecida Bolivia, quien dispone del dinero de Hugo Chávez y de asesores cubanos en diversas esferas, lo cual incrementa su dopaje ideológico. Para Evo, Fidel Castro es “el abuelo sabio”, el “gran líder de América”. Tal vez por eso copia al envejecido Castro y a su escudero venezolano. Los elogios del presidente indigenista son un pie forzado, un ejercicio retórico de complicidad.
En un tono menos agudo escuchamos al tercer tenor de las Américas, el señor Rafael Correa, Presidente de Ecuador, que acaba de afirmar que su gobierno no imita a Cuba, aunque admira a sus “heroicos líderes”. Se refiere, por supuesto, a los hermanos Castro, quienes en medio siglo al frente de Cuba la convirtieron en uno de los países más pobres y endeudados del continente.
Como Correa dispone de una oratoria más académica que Hugo Chávez y Evo Morales, encubre sus aplausos y su admiración por las momias cubanas, puestas de moda por los populistas que envidian a los patriarcas del poder.
“Los pueblos de América Latina estamos haciendo camino al andar y eso molesta mucho porque significa una ruptura con el pasado y con la democracia de plastilina, de entreguismo”, dijo Correa hace unos días en Cumaná, junto a Hugo Chávez.
¿Sabrá el gobernante ecuatoriano que Castro repitió antes que él los versos de Antonio Machado? ¿Qué democracia pretende construir Correa? ¿Creerá que la autocracia insular ha resuelto los problemas de Cuba?
Tal vez el Presidente de Ecuador no sea tan manipulador como su admirado Fidel Castro o no pretenda reelegirse como su homólogo de Venezuela; pero hablar de “reelección continua” en Estados Unidos y de “la doble moral internacional” para justificar el totalitarismo en Cuba es puro cinismo.
En su pie forzado el apasionado Correa afirmó: “No seré yo quien diga a Cuba que tiene que cambiar. Cuba ha sobrevivido 50 años con sus logros admirables y sus dirigentes heroicos.” ¿Cuáles serán esos logros? ¿En qué consiste el heroísmo de los hermanos Castro? ¿Por qué no cambiar la dictadura más vieja del continente?
Parece que las mentiras continuadas del castrismo han calado hondo en la izquierda latinoamericana. Rafael Correa como Hugo Chávez, Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega encontraron en Fidel y Raúl Castro el paradigma equivocado o, tal vez, el modelo para dominar a sus respectivos países como a una hacienda. ¿Será eso el socialismo del siglo XXI?