Otro caso violento. Por Miguel Iturria Savón.

7 noviembre 2008 às 18:37 por Ancla insular | Postado em: M. Iturria.,Violencia
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Cuando asisto a la sala de lo penal del Tribunal provincial de Ciudad Habana salgo alterado por la estupidez humana. Cada juicio reafirma la creciente pérdida de control sobre las emociones. La marea de actos violentos constituye una crónica de la rabia y la desesperación, principalmente en la periferia de la capital, donde la marginalidad salpica la vida de las personas, en especial de las mujeres, víctimas esenciales de la irracionalidad. Si resumiéramos las vistas orales podríamos escribir un catálogo de agresiones, arrebatos, fracasos y sentimientos contrapuestos.
Como la prensa insular no se refiere al tema, voy a esbozar el caso que presencié a mediados de octubre. El acusado, Miguel Chávez Guillén, de 39 años, natural de Villa Clara y vecino de La Guinera, municipio Arroyo Naranjo, Ciudad Habana, comparecía ante el Tribunal por violación de domicilio, atentado y coacción, por lo cual estaba preso preventivamente desde su detención. El mismo penetró en el domicilio de Idalmis Alfonso Reyes, con quien mantuvo relaciones amorosas, y le exigió a esta que le retirara la denuncia por lesiones que le formuló días atrás; ante la negativa de su ex amante, Miguel la golpeó, la violó y la amenazó.
Casi un mes después la hija de Idalmis, al visitar a la madre y conocer lo sucedido, denunció al violador en la estación policial del Capri, barrio colindante de La Guinera. La detención favorecieron las investigaciones. Miguel, de pésima conducta social, había sido sancionado en Matanzas, por hurto en 1993 y robo en 1999; por las mismas causas posteriormente, en el municipio habanero de Caimito; por lesiones, en Arroyo Naranjo, en el 2005 y en julio del 2007; por coacción, en Marianao, en el 2004, y por delitos similares que lo llevaron a prisión o al pago de multas.
Cabe preguntarnos si Idalmis Alfonso Reyes conocía los antecedentes de este personaje antes de relacionarse con él, pero no viene al caso; en el juicio mostró la torpeza de sus emociones y la fragilidad de sus sentimientos. Su rostro expresaba miedo y frustración. El testimonio de la hija giró en otro ángulo.
Según el fiscal, lo acaecido encierra tres delitos: violación de domicilio, previsto en el artículo 287.1.2 del Código penal; de atentado, refrendado en el 142.1.2, y de coacción, basado en el 286.1. Al citado Chávez Guillén, autor de los hechos imputados, le pidió una sanción conjunta y única de 4 años de privación de libertad, conforme al artículo 56.1b del Código de referencia, más la pena accesoria prevista en el 37.1.2.
Si bien el abogado de la defensa impugnó el delito de atentado e hizo algunas precisiones con la víctima y los testigos presentados, la vista oral quedó lista para la sentencia que dictarán los jueces.
El litigio, como tantos sucesos cotidianos llevados a los tribunales, me hizo pensar en la curva creciente de la violencia, especialmente la que acontece de puertas hacia dentro, en la soledad del hogar. La pérdida de valores dispara las pasiones.

Desventuras de un violador. Por M. Iturria Savón.

15 septiembre 2008 às 21:17 por Ancla insular | Postado em: Miguel Iturria.,Violencia
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Desventuras de un violador. / Miguel Iturria Savón.
Alain Garcón Torres, un mulato oriental de 27 años, detenido el 9 de marzo y asegurado con la medida de prisión provisional, fue llevado a juicio días atrás en una de las salas de lo penal del Tribunal provincial de Ciudad Habana.
El acusado es vecino de Contramaestre, pero cometió sus últimas fechorías en la Guinera, Arroyo Naranjo, donde obtuvo refugio en noviembre del 2007, al escapar de la prisión La Caoba, ubicada en Palma Soriano, provincia Santiago de Cuba, en la cual cumplía siete años desde enero del 2004 por el delito de violación.
La vista oral de Alain Garcón fue un ejemplo de los hechos violentos cometidos casi a diario por los delincuentes que convierten a la Guinera en uno de los lugares más inseguros de la capital y, quizás, del país.
El citado Alain irrumpió en una fiesta el 9 de marzo del año en curso. Se encontraban allí Nilda Yisel y Thomas Díaz en compañía de las menores Yinet R. Álvarez y Claudia E. Cuello, a quienes siguió cuando se marcharon del lugar. Las alcanzó en la Calzada de Bejucal, entre Álamo y Mendoza, Arroyo Naranjo, pero solo pudo forcejear con T. Díaz pues las demás corrieron. Alain la despojó de los zapatos Adidas y regresó a los alrededores de la fiesta en busca de otras víctimas.
Se fijó entonces en Mónica Gort, Yasiel Ojeda y en la menor Yeilis Beatriz Rodríguez, a la cual agarró por el cuello, le puso un cuchillo en la espalda y le exigió a sus acompañantes que los dejaran solos. Mientras Mónica y Yasiel buscaban a la policía, Alain introdujo a Yeilis en un pasillo e intentó desnudarla, pero la chica lo golpeó en los testículos y escapó; en el forcejeo previo él le arrebató la cadena de plata y una joya rectangular valorada en 200 pesos.
Esa noche Alain persistió en sus asaltos. En otro lugar de Arroyo Naranjo observó a Dianeyvis Tejera Suárez, la siguió con su cuchillo y, sorpresivamente, trató de arrebatarle la cadena de oro Goldfish que llevaba al cuello. La muchacha lo enfrentó como una fiera, lo mordió y empezó a gritar hasta que salieron los vecinos. Él se marchó sin cumplir su objetivo. Un rato después fue detenido por dos policías.
Al día siguiente, en las presentaciones para el reconocimiento, Alain Garcón Torres fue identificado por varios afectados. Le ocuparon el cuchillo que utilizó en sus atracos y algunos de los objetos robados.
La sarta de desventuras del prófugo oriental es más risible que patética. Sus confesiones ante el Tribunal fueron tan burdas como los asaltos que protagonizó para violar y apropiarse de las prendas de varias muchachas en lugares públicos. En el juicio quedó demostrada la violación en grado de tentativa, con coacción y otras tropelías. El fiscal le pide 18 años de prisión.

Casos violentos. Por Miguel Iturria Savón.

3 septiembre 2008 às 16:15 por Ancla insular | Postado em: Cuba.,Iturria,Miguel,Violencia
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Casos violentos. / Miguel Iturria Savón.

El robo con violencia e intimidación de las personas es, probablemente, el delito más cometido en Ciudad de La Habana y, tal vez, en otras regiones del país. Basta con aguzar el oído en cualquier barrio capitalino o asistir al Tribunal provincial para informarnos de sucesos que quiebran el orden social.
El viernes pasado, en la calle 221 del reparto Cruz Verde, municipio Cotorro, tres enmascarados entraron con una pistola y dos cuchillos en la vivienda de un señor que cambiaba dólares. Ante la negativa del hombre le dieron una golpiza delante de la mujer y cogieron al hijo de ambos por el cuello. Se llevaron el dinero por la puerta de entrada. Algo similar sucedió meses atrás en la otra cuadra, donde sorprendieron al anciano Miguel Martínez Ávila, a quien los enmascarados anestesiaron antes de registrarlo todo.
Un día antes asistí, casualmente, al juicio de dos ladrones que asaltaron a una vecina de Monte y Rayo, en La Habana Vieja. La víctima tenía 76 años y comercializaba objetos artesanales en la Feria de Monte. Uno de los delincuentes vivía en los bajos de su apartamento. El otro era su amigo de prisión y vino a preguntarle por alguien con dinero para “darle un palo”. Los dos poseían antecedentes penales y estaban bajo libertad condicional.
Acordaron los detalles del robo. El día de los hechos, el aliado del vecino de la anciana llegó al edificio con uniforme de inspector de Salud pública, lo cual favoreció la entrada al domicilio. Ataron a la vieja y le taparon la boca, lo que provocó su muerte por asfixia pues al marcharse la dejaron inmóvil y sin posibilidad de respirar.
El bandido de los bajos se enteró enseguida de la defunción, el otro al visitarlo dos o tres días después, en que decide huir con lo poco que le quedaba del saqueo, ya que la víctima tenía menos de lo esperado. Su cómplice guardó silencio y lo mandó a un escondite de El Cotorro, donde sería sorprendido posteriormente.
Durante el juicio, la esposa del maleante de Monte y Rayo testificó en su contra. Habló de los encuentros previos de los atracadores y ratificó que su marido, de quien está embarazada, no fue un simple encubridor sino un participante; ella lo vio subir al domicilio de la difunta.
Al exponer lo sucedido, el fiscal habló de asesinato y evocó al respecto el artículo 263, inciso J del Código penal cubano. Pidió veinte años de prisión para cada uno de los inculpados, pues en caso de muerte violenta se agrava la responsabilidad de los agresores.
El proceso analizado es uno de los robos con violencia presenciados por este reportero en la Sala de lo penal del Tribunal provincial de Ciudad Habana, el jueves de la semana anterior. En un próximo artículo volveremos sobre un tema que constituye un flagelo para la vida de las personas.