Libros sobre la Guerra Civil española. / Miguel Iturria Savón.

11 julio 2014 às 11:11 por Ancla insular | Postado em: General
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En la Cábala el número 14 simboliza movimiento y desafío, advierte peligros, incendios, inundaciones, terremotos y huracanes; mientras el 18, representado por los antiguos con la imagen de una Luna radiante que gotea sangre en la boca de un lobo, significa el conflicto entre lo material y lo espiritual y se asocia con las peleas familiares, las guerras y las revoluciones.

De todo eso hubo a pesar de los números entre 1914 y 1918, pero al evocar el centenario de la Primera Guerra Mundial a cuyos libros me referí, salta un suceso intermedio que enlaza esa contienda de horror con la Segunda Guerra Mundial -1939 a 1945-, la Guerra Civil Española –julio de 1936 a marzo de 1939-, finalizada seis meses antes de que Hitler arrollara militarmente a Polonia, ocupada también por los ejércitos rusos.

Tal vez la Guerra Civil Española sea la más prolífica en la difusión de carteles, discursos, artículos, reportajes, libros y mitos durante el siglo XX. Según el historiador británico Paul Johnson, la G.C.E “ha sido el acontecimiento del siglo XX sobre el que más mentiras se han escrito”. No en vano Pío Moa publicó Los mitos de la Guerra Civil, en la que valora las pasiones desatadas, las circunstancias políticas, el papel de los dirigentes de ambos bandos –Azaña y Franco- y las versiones y leyendas popularizadas durante ese conflicto de casi tres años.

En España el Centenario de la Primera Guerra Mundial no emborrona el 75 aniversario del fin de la incivil Guerra Civil Española, aquel conflicto experimento que precede a la Segunda Gran Guerra y enfrentó algo más que dos bandos, dos maneras de pensar diferentes que marcaron una época e involucraron a miles de personas venidas de medio mundo. Esas dos maneras de ver y entender las relaciones políticas, sociales y económicas se vieron la cara otra vez en la II G.M y durante las décadas de Guerra Fría.

El prólogo comenzó en 1931 al triunfar la República, embrión de pasiones, desbordes partidarios y medidas extremas para aquella España adormilada en el tiempo hasta que los “militares africanos” con el general Francisco Franco al frente se sublevaron “contra el caos”, ocuparon ciudades y enfrentaron “a los rojos” organizados en frentes y trincheras de resistencia. Y los “rojos” –republicanos-  recibieron ayuda internacional al igual que los rebeldes franquistas. Y no solo hablaron los cañones, el verbo brilló en la radio y las trincheras al igual que la prensa y las editoriales en las ciudades dentro y fuera de España, sobre todo en México, Cuba, Argentina y otros rincones de América que enviaron combatientes y acogieron después a los exiliados.

Las investigaciones de archivo y la revisión de libros post bélicos revela cifras de horror: de 200 a 300 mil hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, 300 mil perdieron la vida en los combates y 20 mil fueron ejecutados tras la victoria de Franco, a cuya dictadura se le achaca miles de muertos por hambre y enfermedades en las prisiones y campos de concentración, entre ellos el poeta Miguel Hernández, mitificado al igual que Federico García Lorca, asesinado en su natal Granada.

Si la Guerra incivil de España aún nutre de mitos y utopías a los herederos del bando derrotado no solo se debe a la brutalidad de los vencedores, sino a los libros sobre ese conflicto de enorme impacto internacional. Veamos algunos títulos que glosan esas Españas enfrentadas a pesar de Unamuno, Machado y Ortega y Gasset:

  • Paul Preston. El holocausto español.
  • Antony Beevor. España. La Guerra Civil Española.
  • George Orwell. Homenaje a Cataluña.
  • Juan Eslava Galán. Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie.
  • Luis E. Tagores. Historia de la Guerra Civil Española.
  • Carteles de la Guerra Civil Española. Atlas ilustrado.
  • Gabriele Ranzato. El gran miedo de 1936.
  • Julio Aróstegui. Combatientes requetés en la Guerra Civil Española.
  • Antoine Giménez. Los Gimenólogos. En busca de los hijos de la noche, la guerra y la revolución.

A esos títulos que circulan en el mercado editorial pudiéramos agregar decenas de novelas, biografías, testimonios y películas inspirados en la tragedia de combatientes y exiliados, espías y guerrilleros, muertos y sobrevivientes. Obras literarias sobre un conflicto, libros contra el olvido.

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¿Censura en revistas científicas? / Miguel Iturria Savón.

6 julio 2014 às 22:25 por Ancla insular | Postado em: General
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DSalud N73

El mundo no es una novela ni una sinfonía, hay realidades diversas, conflictos étnicos,  políticos y religiosos, precariedad social y desórdenes desatados por intereses contrapuestos que parten de mitos y crean espejismos que rebotan en las personas, atadas a su entorno y circunstancias.

Donde quiera hay problemas y pronósticos, ruidos y señales, críticas y crispación no solventados por la elevación de los índices económicos, la sobreabundancia de datos y la proliferación excesiva de blogs, twitters y teléfonos con Internet, Whatsapp y otros soportes que multiplican las redes sociales y empoderan a millones de ciudadanos frente a gobernantes y empresarios.

Pero a veces un comercial o un discurso desatan nuestra suspicacia y activa la sospecha ante la evidente reiteración del mensaje visual o auditivo. ¿Qué esconde la propaganda de tales productos alimenticios, de modas o farmacéuticos? O, si el país funciona de maravilla, ¿por qué no sale de la crisis y ofrece alternativas a las personas que naufragan en sus problemas cotidianos?

Pensando en los retos y frustraciones que agobian a gentes con rostros, recuerdo el correo electrónico que me envió el año pasado un científico cubano que investiga en un laboratorio universitario de Canadá. Mi amigo es doctor en ciencias, ha publicado  varios artículos en revistas especializadas y presentado ponencias en eventos científicos internacionales, pero enfrenta ahora el sutil rechazo de las mismas revistas que acogieron sus trabajos anteriores.

“Este es mi mejor trabajo pero sorprende que no ha tenido el mínimo logro comparado con otros. Sospecho que como aporta más y va más directo a problemas reales, algunas fuerzas mayores están haciendo lo posible porque no salga, pero eso es difícil de demostrar. No hay otro remedio que insistir pese a que ya se le ha bajado el valor y el impacto considerablemente”.

El dilema de mi amigo parece intrascendente si lo comparamos con la inmersión de millones de personas en la rutina y la desesperanza en medio mundo, mas lo colectivo se nutre de individualidades y en especial las ciencias cuyos resultados repercuten en esa mayoría. Quien ha padecido la censura sabe que para un intelectual con aportes el silencio o la desidia frena y lastra la creación.

Al responderle al abnegado investigador, uno de los más consultado en su especialidad a nivel mundial, le sugerí leer en la revista Discovery D Salud número 168 el artículo “Manipulación, falsificación y censuras en las revistas científicas de élites”, un texto que ofrece alternativas ante el predominio de ciertos medios académicos que difunden resultados beneficiosos para los laboratorios que financian investigaciones y en ocasiones aplican “la censura a discreción”, la “autoría fantasmal” y otras formas de corruptelas en un sector complejo y competitivo.

Aunque el articulista carga la mano contra los laboratorios farmacéuticos y los posibles conflictos de intereses que fluyen entre estos y “revistas de élite” –Nature, Science y Cell-, ejemplifica como los propios padres de las ciencias – Galileo, Pasteur, Gregor Mendel y el filósofo August Comte- manipularon los resultados de sus experimentos y crearon “encíclicas científicas” al estilo de la Biblia, las cuales, pese a ser superadas, se estudian aún como patrón innegable.

Cita el caso de Randy Schekman, Premio Nobel de Medicina 2013, quien anunció que “no volverá a publicar nada en Nature, Science y Cell –las tres más importantes- sumando así su nombre a la larga lista de investigadores que se revelan ante los grupos de poder que pretenden controlar los postulados científicos”.

Advierte acerca de “editores y autores de renombre que confirman anteriores denuncias de analistas independientes sobre la manipulación y falsificación de datos, la censura a través del Peer review, las perversiones metodológicas, las prioridades de investigación y publicaciones de las multinacionales farmacéuticas” como prácticas habituales en importantes revistas científicas.

Al leer el artículo de referencia nos alegra e inquieta la desmitificación –revistas por medio- de santos varones del ámbito académico, algunos convertidos en estrellas de las ciencias aunque no tan bien pagados como las celebridades de Hollywood, los míticos peloteros de las Grandes Ligas y los famosos chicos de los clubes de fútbol de España, Alemania, Holanda y otras naciones de Europa y América.

Nada debe asustarnos, la ética avanza más despacio que las ciencias y la tecnología. El hombre siempre pifia. La sobredimensión de unos afecta a muchos. Ninguna teoría ni descubrimiento debe ser convertida en dogma. Es lamentable “el filtrado de artículos a conveniencia…” para no frenar la comercialización de “productos probados”.

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Libros sobre viejas guerras. Miguel Iturria Savón.

30 junio 2014 às 22:58 por Ancla insular | Postado em: General
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Guerra de sucesion

A cien años del asesinato en Sarajevo del Archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía, acaecido el 28 de junio de 1914, ni el joven asesino bosnio ni su ilustre víctima –sucesor de la corona del Imperio Austrohúngaro- imaginarían que dos balazos desatarían la Primera Guerra Mundial que inundó de cadáveres a decenas de ciudades, barrió a cuatro imperios y favoreció el ascenso de sistemas totalitarios en pugna –comunista y fascista- que intentaron rediseñar las fronteras y condujeron a la II Guerra Mundial -1939 a 1945.

Aquellas guerras contemporáneas fueron destiladas en numerosos libros de ensayos, memorias, biografías y relatos. Cien años después diversas editoriales europeas y americanas “actualizan” otros aniversarios bélicos de repercusión internacional: el tricentenario de la Guerra de Sucesión Española -1700 a 1714- y el bicentenario de la derrota de Napoleón en Waterloo -18 de junio de 1814- que marcó el paso del Antiguo Régimen al nuevo modelo mundial y la liberación de España, ocupada por las tropas francesas desde 1808.

Con la toma de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 culminó la contienda que involucró a casi todas las naciones de Europa y a varios continentes por ocupar el trono de España entre Felipe V de Borbón, nombrado sucesor por Carlos II, y Carlos III el Archiduque, de la Casa de Austria. Esa disputa dinástica puso el Imperio español y sus dominios coloniales en mano de los Borbones e implicó una guerra civil entre el Reino de Castilla –fiel a Felipe V- y los territorios de la corona de Aragón –partidarios de Carlos III-, además de las acciones de ingleses, holandeses y franceses enrolados a favor o en contra de uno u otro bando hasta la firma de los tratados de Utrecht.

Los libros de historia resumen la complejidad del conflicto que inauguró el siglo XVIII, recreado en obras de mayor hondura humana y resonancia espiritual de posible adquisición en el verano del 2014. Veamos algunos títulos:

  • La Guerra de Sucesión de España (1700-1714), del catalán Joaquín Albareda Salvadó.
  • Victus, novela histórica de Albert Sánchez Peñol sobre la guerra y el sitio de Barcelona.
  • De Madrid a Versalles, obra epistolar con las cartas inéditas cruzadas en 1707 entre Luis XIV, Rey de Francia, y Felipe V.
  • Felipe V: el rey que reinó dos veces, de Henry Kamen.
  • Donde se alzan los tronos, de Ángeles Caso quien relata las conspiraciones y sucesos de esa época y el papel de la princesa de Ursinos.
  • Las guerras de Cataluña: el Teatro de Marte (1652-1714), de Antonio López Espino.
  • La resistencia de la monarquía hispánica, de Christpher Storrs.

Las editoriales ofrecen diversos volúmenes que evocan el fin de las guerras napoleónicas y el bicentenario de la independencia de España, algunos escritos por protagonistas excepcionales de pugnas y odiseas como el propio Napoleón Bonaparte, quien en la monótona isla de Santa Elena redacto Mi Testamento, exhaustivo y conmovedor reparto de su patrimonio.

Del mítico Joseph Fouché ha sido presentado Memorias de Fouché (1759-1820), interesante relato del ministro de policía francés y genio de la intriga; tal vez el personaje más astuto de su tiempo. De un colega y rival de Fouché, Charles Maurice Talleyrand, circula Memorias del Príncipe Talleyrand, crónica excepcional de las guerras napoleónicas y su final.

Otros ensayos, testimonios y ficciones retoman el bicentenario de la debacle del Gran Corso y su época:

  • La Primera Guerra total, de David Bell, quien desarrolla la tesis de que la “guerra total” nació entre 1792 y 1815.
  • España contra Napoleón, del historiador Charles J. Esdaile.
  • Independencia, de José Luis Corral, sobre el sitio de Zaragoza.
  • El rey Felón: de las cortes de Cádiz a Waterloo, del mismo autor.
  • Episodios Nacionales I, del célebre novelista español Benito Pérez Galdós.
  • Álava en Waterloo, de Idelfonso Arenas.
  • El coronel Chabert, del narrador francés Honoré de Balzac.
  • Un día de cólera, El Húsar y Cádiz, 1811, del prolífico Arturo Pérez Reverte.
  • Wellington, de Richard Holmes, sobre el duque Arthur Colley Wellesley y su actuación en Waterloo.

Son algunos libros sobre viejas guerras, relatos y memoriales, testimonios de hechos y protagonistas del horror que ayudan a entender las causas de conflictos trascendentes que devastaron la vida de millones de personas y aún figuran en los programas de estudios. La guerra ante nuestros ojos, siglos después, en papel y en soporte digital.

Episodios nacionales 1 de B. Perez Galdós

 

Ortega y Gasset, el Nietzsche civilizado. Miguel Iturria Savón.

24 junio 2014 às 17:06 por Ancla insular | Postado em: General
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Resuena otra vez en los medios culturales de España y algunos países de Latinoamérica el nombre del ensayista José Ortega y Gasset (madrid, 1883-1955), ícono de aquella generación literaria de 1914 contraída por los ecos de las guerras y por tres generaciones literarias ruidosas y pasionales: las de 1898, 1927 y 1936.

En la nómina espiritual del catorce reinó Ortega y Gasset junto a los ensayistas Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Eugenio de Ors y Gustavo Pittaluga; los narradores Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala, el célebre poeta Juan Ramón Jiménez y el inclasificable Ramón Gómez de la Serna.

En el imaginario socioestético de tales creadores estuvo la idea de españolizar a Europa o europeizar a España –neutral en la Guerra de 1914 a 1918- difundida por Ortega y Unamuno, promotores del racionalismo y la sistematización frente al ruralismo tradicional, la ciudad y los valores urbanos, el activismo transformador, la controversial  “deshumanización del arte” y el esteticismo como puente de elevación –el minorismo de Juan Ramón- y la urgencia de modernizar a España, atada al catolicismo y sus mitos imperiales.

Ortega entró como un torbellino de ideas avasalladoras en 1914 con sus Meditaciones del Quijote y con la conferencia Nueva y vieja política, textos que elevan el listón y atraen la mirada de los medios académicos y literarios sobre el joven profesor de filosofía. Así empezó su ascenso a la cresta del oleaje, un oleaje “que propina descargas escritas y orales sin freno, sin Dios, sin miedo y sobre todo y contra todos…”como una “descarga de fusilería ideológica” según el historiador Jordi Gracia, autor de la biografía  José Ortega y Gasset, publicada en junio del 2014 en la editorial Taurus (Madrid).

En este libro de 687 páginas regresa Ortega cien años después. Es un retorno crítico sobre un archivo abierto, un repaso de la vida y la obra del mítico ensayista, de su contexto literario, social y político, casi una reconstrucción del personaje más  influyente del pensamiento hispanoamericano de la primera mitad del siglo XX. Al decir de Antonio Elorza, la “biografía sensacional, minuciosa y precisa…no se limita a sus escritos y actuaciones filosóficas y/o políticas, sino que precisa cuidadosamente la complejidad de su formación y relaciones intelectuales, sin olvidar la sensibilidad amorosa de este hombre bajito y cabezón…”

En un artículo previo a la biografía de Ortega, Jordi Gracia anota: “Cuando Ortega se olvida de sí mismo, cuando desiste de ser quien es, desatado y brioso, entonces es un ensayista arrebatado y arrebatador: el mejor antídoto contra el idealismo embaucador, el más sugestivo intérprete de sujetos en movimientos, el más apto para fabricar en silencio, rumiando, personas libres y contingentemente felices, como lo fue él mismo: un escritor del siglo XXI”.

Hemos de suponer que a pesar de la movilidad tecnológica, económica y social, algunas reflexiones de Ortega y Gasset –sobre la crisis orgánica generada por Gran Guerra y sus implicaciones políticas en la mentalidad del sujeto histórico expresado en La rebelión de las masas y ensayos posteriores- conservan valía al igual que su propuesta de articulación entre nación y trabajo.

No olvidemos que su legado no solo fue filosófico aunque se le asoció junto a Manuel Azaña –tras la Guerra Civil Española- como protagonista del fracaso modernizador de España. La biografía de Ortega escrita por Jordi Gracia no olvida esa “cuña de revolución cultural: la Revista de Occidente”, puesta en marcha por el pensador hispano para observar a Europa y chequear la actualidad intelectual mediante tertulias y ediciones que sacudieron el tradicionalismo católico peninsular, amedrentaron y hasta puso en guardia a sectores de la vida política que alimentaron rencores y desdén mientras crecían los discípulos del profesor “auténtico e hiperactivo de prosa vivaz y brillante comprometido y desprejuiciado…”

Ortega, “el Nietzsche civilizado sin tristeza ni amargura”, el pensador que erró “tras leer a Heidegger en 1928 y considerarlo un asteroide filosófico”, supo saltar “del contagio teológico” y ofrecer un cuerpo de ideas progresistas y renovadoras que aún resultan de interés al analizar aspectos esenciales de la convivencia social en España y otras naciones enredadas en sus mitos, tradiciones y problemas.

Cien años después del despegue de este genio nominado al Premio Nobel de Literatura algunos de sus libros despiertan interés -La rebelión de las masas, El hombre y la gente, En torno a Galileo, Ideas sobre el teatro y la novela, etc- pero solo los estudiosos del pensamiento orteguiano leen sus Obras completas, sugiero pues la reciente biografía de Jordi Gracia sobre el gran ensayista español de la generación literaria de 1914, asequible a quienes accedan a Internet y la soliciten en Taurus en formato electrónico o impreso.

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Norcorea, reino de locuras. Miguel Iturria Savón.

19 junio 2014 às 16:22 por Ancla insular | Postado em: General
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Desde hace setenta años el horror vestido de absurdo cotidiano acuña la vida de  millones de personas en un  país de Asia Central bordeado por el Mar Amarillo. Fue imperio antes de ser conquistado por tropas japonesas tras la guerra con los rusos de 1905. Desalojados los nipones en 1945 llegaron los militares rusos –entonces soviéticos- e impusieron en el poder a un coronel nativo que descartó las elecciones convocadas por la ONU en 1948, desató la Guerra de Corea -1950-1953- y creó una dinastía de nombre ostentoso: la RPDC.

Más que república popular y democrática Norcorea es una especie de sultanato anticuado y residual donde la vida de las personas apenas importa. Allí pensar es un delito, reír una quimera y dudar conduce a la exclusión o la muerte.

Hay que tener imaginación para vislumbrar el reino de los Kim –Kim Il Sung, el abuelo fundador; Kim Jong Il, el hijo y Kim Jong Un, el nieto-, únicos ciudadanos de primera entre veinte millones de seres humanos al servicio del “Querido Líder”; tan temido y revestido de poderes como desnudo en su estupidez.

Al imaginar lo increíble le echo mano a una reseña del periodista catalán Jordi Pérez Colomé quien publicó en World Wide Blog “Diez cosas locas de Corea del Norte según uno de sus poetas más famosos”, el “admitido” y excomulgado en fuga Jang Jin-Sung, autor de un poema épico acogido por el presidente Kim Jong-Il.

Solo desde recuerdos y escapadas, libros en el extranjero como Dear Leader (Querido Líder) del citado Jang Jing-Sung y otros testimonios de exiliados nos aproximamos a ese mundo alucinante de Partido Único, Presidentes eternos y Comandantes Supremos que hilvanan puzles a desenredar por quienes parten después de ser admitidos y aborrecidos.

Imaginemos, por ejemplo, que los poetas, prosistas y periodistas de Norcorea solo escriben plegarias de alabanzas que exaltan la Patria y mejoran la imagen exterior del país, revisados antes de ser publicados por el departamento de propaganda del Partido, el cual “inspira”, asigna y controla la expresión de “su verdad” hasta en la obra más intimista. Similar pero no tanto en Cuba y China, aliados naturales de los Kim.

Imaginemos estaciones de primera para ciudadanos de primera y sus servidores exclusivos; camuflados de verde para evitar la detección de los satélites aunque “a nivel de suelo los edificios no tienen carteles y están rodeados por altos muros” y custodiados por un cuerpo de élite que sobreviven por y para el Líder.

Imaginemos que si eres admitido y a veces recibido llegas y te vas custodiado, esperas durante horas al General, observas en silencio como le echan spray a la silla del Kim y te lavas las manos antes de saludarle, sin mirarle a los ojos sino al segundo botón de la camisa y en espera de sus órdenes, dispuesto a callar, llorar o sonreír en dependencia de su estado de ánimo.

Recuerda Jang que al ser recibido por primera vez escuchó a “una banda con una cantante que tocó en directo una canción tradicional rusa. Kim lloró de presunta emoción”. Y Jang vio de repente cómo los otros invitados también lloraban: “Tengo que llorar. Llevo una vida de lealtad al General. No una lealtad de pensamiento y obra, sino obediencia leal del alma. Debo llorar como mis camaradas…”

Relata, entre otras locuras, el tema de “las lucecitas y el cáliz”, tan gustadas en Oriente.  “Kim Jong-il les da un curioso uso cursi:

Cada vez que traen un plato, las luces de la sala cambian a un fantasmal nuevo color. Cuando sale el plato de verduras, las luces pasan de un verde césped vivo a un morado suave: con la carne, pasan de rosa a rojo fuerte. Es sorprendente descubrir que las luces pueden formar parte de la presentación de una comida. Con el pescado, la bandeja lleva una purpurina tan espectacular que no puedo probar la comida”.

Imaginemos, como él, a los misteriosos hombres que acompañan al Mandarín Supremo y a las chicas de la Sección cinco: “Las jóvenes vírgenes tienen su papel en Corea del Norte…”, seleccionadas desde niñas por su belleza en distritos y ciudades para la División de la Alegría, como el grupo de música del monarca rojo: “Tras la selección las chicas pasan revisiones médicas anuales para enfermedades y comprobar si son vírgenes aún. A los 16 años, se hace una selección entre todas. Las que quedan las enviamos a un curso de un año y luego a las casas de vacaciones o de caza que Kim tiene por todo el país. Reciben sus destinos a los 17 y terminan su servicio a los 24. La mayoría acaba en matrimonios preparados con guardias o con funcionarios con destinos en el extranjero. Otras llegan incluso a ser dirigentes”.

Imaginemos también al “otro grupo de hombres que hacían un trabajo raro para él” y “al Instituto de Ciencias Fundacional, el cuerpo académico dedicado al estudio de la salud del Querido Líder. Tres mil investigadores trabajan allí. Planean y preparan medicamentos y platos diseñados para alargar la longevidad de Kim… Para comprobar los efectos de los medicamentos y platos, tienen una unidad de pruebas hecha por hombres seleccionados en todo el país con quienes Kim comparte enfermedades y físico”.

Supone el poeta disidente que “Quizá tanta planificación puede tener algo que ver con el extendido uso de la marihuana entre las élites norcoreanas”.

Y habla de alta traición de quienes desobedecen “el cuadro tradicional de lealtad al régimen”, del acceso a libros prohibidos, de los libros numerados para evitar suspicacias y filtraje de literatura propia o foránea; de algunos autores extranjeros accesibles a los Admitidos en el entorno del Líder, a veces censurados con tinta negra.

Imaginemos los años de hambruna, las delaciones cotidianas a cambio de alimentos, “los edredones hechos de colillas de cigarros para soportar el invierno”, de las mujeres que junto a las estaciones vendían agua para lavarse la cara y la “brigada de los cadáveres” dirigida por funcionarios que iban por el parque para comprobar qué cuerpos que dormitaban estaban muertos”.

O la realidad de eslóganes y bozales para acallar a los fusilados, algunos trágicos y curiosos a la vez:

  • ¡Instalemos mosquiteras para protegernos de los vientos del capitalismo!
    • ¡Instalemos ventanas con rejas!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quien desobedece las normas de tráfico!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes malgastan electricidad!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes diseminan culturas extranjeras!
    • ¡Muerte por fusilamiento a quienes cotillean!

En ese mundo de pesadilla nadie sabe quien cree o finge creer, “mejor callar, una duda puede ser fatal, un chivatazo puede ser definitivo…” Dios los proteja de los Kim o les permita llegar a China, Japón o Corea del Sur, la otra mitad del antiguo reino de Corea, más normal y soñada desde el encierro y la tragedia de cada día.

North Korean leader Kim Jong-un cries during a memorial service for his father and former leader Kim Jong-il in Pyongyang

 

Cuba duele. Miguel iturria Savón.

10 junio 2014 às 14:58 por Ancla insular | Postado em: General
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“Apenas leo sobre Cubalandia, no hay noticias de interés, solo represión, colas, hambre, promesas”… Es la respuesta de una amiga de Alicante que a veces comenta la realidad insular en su blog.

La amiga española casi coincide con un colega de La Habana que me escribe: “Ya no es fácil hacer periodismo en Cuba, aquí no sucede nada, las historias son de derrumbes, detenciones, dengue, éxodos. De nosotros, quien desee hacer un buen reportaje tendrá que mudarse para Ucrania o Venezuela…”

Acierta y exagera este comunicador independientes que lleva años reportando las miasmas hipnóticas desatadas por una dictadura sin límite ni proyecto de nación, aunque esgrime el nacionalismo como bandera y la grandilocuencia verbal para enmascarar el absurdo cotidiano.

Sí amigos, Cuba duele, hiede, cansa y asusta a quienes desean conocer esa realidad paralela entretejida desde el poder con pretensiones tendenciosas. Duele porque la vida no es aquello que narramos; la realidad no es la ficción que cada cual elige, ni el haz de historias que fluyen en nuestro entorno. La sociedad es más compleja que el relato de sesgo trágico, heroico, cómico o absurdo ofrecido por un partido, una ideología o un gobierno.

Es lógico el hastío de los reporteros de un país sumergido en la opresión mitificada por las banderías revolucionarias. Si hasta la belleza cansa, ¿cómo no van a estar cansados los cubanos que viven y escriben en un entorno abúlico?, encerrado por normativas estatales sobre la enseñanza, el comercio, la tierra, la ganadería y la vida doméstica de los ciudadanos.

Duele y cansa un Parlamento que no parla y vota por unanimidad las decisiones y propuestas del Gobierno; los tribunales que reciben órdenes secretas antes de dictar sentencias, los generales que se creen dioses, los policías corruptos. Hieden las calles llenas de basura, los hospitales que parecen bombardeados y las zanjas y desechos que adornan el paisaje urbano de la capital y otros pueblos de la isla, cuya “belleza física” contrasta con los “horrores del mundo moral” expresados por J. M. Heredia, el poeta desterrado de principios del siglo XIX.

Cansa la ineficacia del transporte público que impone caminatas bajo el sol y aglomeración diaria en las estaciones de ómnibus y trenes. Duele la espera sin esperanza. Aburren los telediarios que presentan los sucesos del mundo como una pesadilla y los problemas de Cuba como consecuencia de supuestas agresiones enemigas. Hieden la mendicidad planeada desde palacio, los locos y ancianos que hurgan en la basura, las calles rotas y los edificios en ruina.

Duele, cansa y asustan el culto a héroes venidos a menos y la obstinación utópica del grupito de ancianos aferrados a conceptos desfasados para perpetuar pesadillas y justificar el encierro de las voces críticas, ajenas a los espejismos de esa cotidianidad sin alternativas que estimula éxodos y fugas.

Si, Cuba duele y cansa tanto como la desmesura de sus mitos y el paternalismo voluntarista de aquellos jóvenes con uniforme que subieron al pedestal de los héroes y desataron la madeja del horror. Hay penas sin nombre, restricciones y decepciones que desatan llantos, gritos o indiferencia. Pero hay que seguir, nada es eterno. Allí también sale el Sol al amanecer y la Luna al anochecer.

 

 

 

Normandía, memoria menguante. Miguel Iturria Savón.

6 junio 2014 às 21:52 por Ancla insular | Postado em: General
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Observo las fotos del desembarco en las playas de Normandía. Cuanta energía y valor expresan las imágenes de aquel aullido bélico del 6 de junio de 1944, tal vez la única invasión anhelada en la historia de Europa. Miro el despliegue de millares de soldados y cañones que brotaron del mar en Juno, Omaha y otros arenales y acantilados donde hoy se bañan niños, jóvenes y ancianos desconectados de esa memoria menguante reseñada por periodistas e historiadores. ¿Quién recuerda el avance arrollador de las tropas de Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña contra los ocupantes alemanes?

El despliegue de 156.000 soldados aliados en Normandía cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial tras cinco años de acciones en Europa, Asia y el norte de África.  Setenta años después vale recordar cifras que agitan el olvido instalado en la conciencia de millones de europeos adormecidos por la paz, el desarrollo tecnológico y el bienestar material. Recordemos que los ejércitos rusos distraían el empuje alemán en el este de Europa mientras los aliados avanzaban desde Normandía. Que antes del encuentro victorioso de americanos, ingleses y rusos en la orilla del Elba murieron 9.387 estadounidenses en junio del año 44, mientras en julio cayeron 54.000 alemanes, 20.000 anglocanadienses, 20.000 franceses y 24.000 militares de los Estados Unidos de América. Al listado se suma la masacre de millones de hebreos, polacos y de al menos diez millones de militares rusos.

Aquellos rusos –entonces soviéticos- jugaron un papel decisivo en la contención y derrota de los ejércitos alemanes que atropellaron a Europa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945. Las huestes de Stalin desalojaron primero a los nazis de su territorio y luego se unieron a ingleses, americanos –canadienses y estadounidenses- y a otros luchadores de Occidente que retaron la ocupación. Derrotada Alemania hicieron frente común contra los militaristas japoneses en Asia, principalmente en la Manchuria. Tras la ocupación de Berlín y la debacle germana, la bandera de la hoz y el martillo ondeó en parte del viejo continente, pero llegó para quedarse.

Las instantáneas del desembarco en Normandía no revelan los intereses secretos de las potencias victoriosas que rediseñaron el mapa de Europa. Tras la victoria llegaría la división en bloques y la Guerra Fría hasta 1991, con calientes operaciones de contención hasta nuestros días.

Aquellos héroes que liberaron a Europa apenas son recordados salvo un día como hoy. El general Dwight Eisenhower, Comandante en Jefe de las tropas aliadas y luego Presidente de los Estados Unidos, no quiso volver al lugar del desembarco. Solo los presidentes Reagan y Obama pisaron las arenas de Normandía para evocar a los caídos. Entre las fotos de hoy aparece el actual mandatario americano junto a Francoise Hollande, Presidente de Francia, ambos en son de paz, una paz amenazada por la anexión rusa de Crimea, territorio de Ucrania, la nación humillada por las pretensiones imperiales rusas. ¿Se repetirá la película de horror?

Obama en Normandia

¿Reformular la democracia? / Miguel Iturria Savón.

31 mayo 2014 às 21:26 por Ancla insular | Postado em: General
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Pablo Iglesias 1

Una semana después de las elecciones al Parlamento Europeo los medios informativos del continente reiteran los nombres del Primer ministro italiano Matteo Renzi, cuyo partido obtuvo el 40,8 % de los votos; de Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional Francés, premiado por el 25 % de los electores, y del novato español Pablo Iglesias, un melenudo profesor que sorprende desde Podemos, el partido emergente que ganó el 8 % de los sufragios –equivalente a 5 eurodiputados-, por debajo de los 16 del gobernante Partido Popular, de los 14 del Partido Socialista y un pelín menos que Unión Progreso y Libertad (6).

Aunque muchos políticos actúan como estrellas de cine y otros escenifican sus monólogos en los medios informativos, es difícil entender tantas convulsiones grupusculares en España. En los países democráticos las elecciones son un escenario que permite al público levantarse de su butaca y escoger a sus actores –representantes-. La algarabía es casi normal en Italia, donde solo en 1948 y 1958 un partido ha sobrepasado el 40 % de los votos. En Francia durante tres décadas los líderes de izquierda y derecha subestimaron el extremismo minoritario del viejo Jean Marien Le Pen, cuya hija Marine, con deseos de gobernar, no colocó su ideología fascista en el centro de su programa, sino un proyecto social y una concepción identitaria desaparecida de los discursos de la izquierda y la derecha.

El ascenso de la extrema derecha en Francia, condicionado en parte por la crisis económica, el desempleo y los escándalos de faldas del presidente socialista de la gran nación, no significa que la élite política en España deba asustarse por la impetuosa irrupción de Podemos, que rompe “el dogal de la pasividad social” con su discurso no convencional que canaliza expectativas y frustraciones ciudadanas acentuadas por la crisis, el paro y las denuncias contra funcionarios corruptos.

Podemos eleva el listón desde posiciones de izquierda, asusta a unos y pone en guardia a otros, sobre todo porque se convierte en la cuarta fuerza política en España de cara a Europa; expresan su euforia con tintes demagógicos, proclaman “cambiar lo viejo por lo nuevo”, desplazar al gobierno presidido por Mariano Rajoy y echar a un lado a “la casta política” que alterna el poder, a excepción de Izquierda Unida (comunista), su aliado natural y embrión de Pablo Iglesias y otros rostros amables y parlantes de Podemos, quienes se jactan de poseer a “unos miembros tan bien preparados”, lo cual “copia” la presunta superioridad moral e intelectual de la izquierda.

Podemos “no es una fuerza testimonial” pero disfruta sus minutos de gloria aunque ninguna formación política los ha invitado a negociar. El número uno invita a otros partidos de izquierda a unirse con ellos bajo la consigna de su admirado Julio Anguita –ex íder comunista-: “Programa, programa, programa…”. Alianza e ingresos para “reponer lo gastado en la campaña electoral” y crear el congreso constitutivo de este partido sin carnés y en construcción, que propone “reformular la democracia” y elogia “algunas políticas redistributivas de América Latina”, como si el chavismo venezolano y sus socios de Bolívar, Cuba o Ecuador no empobrecieran material y espiritualmente a sus naciones con la reformulación y la redistribución de la riqueza.

Pero no hay que anticiparse, una cosa es ser elegido y otra gobernar. Si el bipartidismo en España desemboca en cuatripartidismo, pues mejor, las naciones democráticas son difíciles de gobernar. Solo han de evitar el camino de servidumbre que imponen los déspotas totalitarios. El Estado y su red de instituciones no es un estadio de fútbol con ganadores y perdedores.

Ya Felipe González, ex presidente del Gobierno y líder histórico de los socialistas, al escuchar a los chicos de Podemos, afirmó que “Sería una catástrofe que prendieran alternativas bolivarianas” en España o Europa, influida por algunas “utopías regresivas” que conduce “a lo de siempre”, de manera que “se reparte igual, pero miseria, salvo la nomenclatura, que nunca se queda con miseria”.

González, enfocado por Pablo Iglesias como parte de “la casta”, asevera que “los más viejos del lugar” recuerdan que “ya hubo una reacción social similar en 1968, con una protesta global contra el sistema que aupó a sus impulsores, hasta que la ciudadanía descubrió su verdadera cara”.

Preocupa, pero no tanto, la reformulación de la democracia. Preocupa más el enlace de los nuevos huéspedes de la casa política con el crecimiento en Europa de “nacionalismos irredentos e insolidarios” que “son lo contrario de la solución” y que sólo contribuyen a “agravar seriamente el problema”.

El partido Podemos y su líder ha recibido otras críticas tras su triunfo en las elecciones europeas. Le han llamado “friki”, populista y parlanchín. Tal vez sea pronto y hasta exagerado. Habrá tiempo para ver cómo juegan en el tablero del poder. Ojalá sean esa novedosa alternativa que movilizó a su favor a un millón doscientos cuarenta mil   electores.

Pablo Iglesias 2

 

Libros sobre la Gran Guerra. / Miguel iturria Savón.

26 mayo 2014 às 23:07 por Ancla insular | Postado em: General
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1914-1918

Cien años después del inicio de la Gran guerra europea, los cañones del nefasto suceso resuenan en las páginas de ensayos y novelas que indagan o recrean las huellas del desastre, retomado asimismo por salas de teatros, productoras de cine y galerías de arte inspirados en hechos y testimonios de personajes que sufrieron o reportaron la masacre de aquellas trincheras de júbilo, angustias, horror y decepciones desatadas por generales resentidos y gobiernos oportunistas.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918), extendida por países de Europa a sus colonias de África y el Oriente Próximo, trascendió el traspatio del “continente más civilizado” y repercutió en la industria, el comercio y las relaciones políticas de naciones de América, Asia y Australia, contribuyendo al sucesivo ascenso ideológico del comunismo, el fascismo y el nazismo. No en vano es denominada Primera Guerra Mundial y precedió a conflictos que derivan en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Los intentos por mover las fronteras, los intereses en juego, la  manipulación patriótica, los bombardeos a ciudades, los fusilamientos de insumisos, la muerte de diez millones de soldados y los traumas y neurosis de combatientes y familiares inspiraron a historiadores, escritores y artistas que “certificaron” la catástrofe y ahora nos “invitan” a implicarnos desde la memoria.

Decenas de textos vieron la luz antes de la firma del Armisticio a fines de 1918. La distancia es acortada por reediciones de clásicos y novísimos. Entre los primeros “regresan” best-sellers y obras maestras del pacifismo, cuyos autores testimoniaron la lucidez en medio de la brutalidad, se asoman al abismo desatado por la masacre, narran los espacios poblados de recuerdos y los desplazamientos de refugiados bajo el coro de las bombas y el tartamudeo del hambre y los fusiles.

Retornan dos creadores españoles que reportaron la contienda y escribieron libros memorables. Los cuatro jinetes del apocalipsis, novela del valenciano Vicente Blasco Ibáñez, fue publicado en 1916, traducido en Estados Unidos en 1918 y llevado al cine en 1921. Si Ibáñez narra la historia de dos familias relacionadas entre sí que luchan en bandos diferentes; Azorín compila sus crónicas parisinas en París bombardeado (1921), de enorme impacto psicológico y clamor antibélico.

De la misma década son El retorno del soldado (1918), de la inglesa Rebeca West, quien esboza el regreso a casa de un militar herido en el frente; Tempestades de acero (1920), relato autobiográfico del alemán Ernts Junger, que constituye la antítesis  de El miedo, de G. Chevalier, o Sin novedad en el frente, de Erich M. Remarque. Junger mezcla el heroísmo con la violencia desenfrenada y casi elogia la guerra. Mientras El buen soldado Svejk, del narrador checo Jaroslav Hasek, ficciona la guerra desde una mirada paródica que ridiculiza a las instituciones vistas por el  personaje central.

En tanto Los siete pilares de la sabiduría (1922), de T. E. Lawrence es una apasionante y excesiva crónica histórica y relato de viaje por los desiertos del Próximo Oriente, tras las tribus árabes con las que debió contactar. Les siguen en el tiempo real y editorial Adiós a todo esto, de Robert Graves, quien combatió en Somme y describe el desastre inglés de esa batalla en la que mueren veinte mil militares; Adiós a las armas, del mítico Ernest Hemingway; Iniciación de un hombre, de John Dos Passos; las tres publicadas en 1929; Johnny cogió su fusil (1931), del guionista y narrador Dalton Trumbo; Viaje al fin del mundo (1932), del complejo y polémico Louis Ferdinand Céline, que presenta las peripecias de un personaje cínico y descreído que va al frente sin ganas de jugarse la vida. La biografía El mundo de ayer, del judío austriaco Stefan Zweig (1942) y los ensayos Los cañones de agosto, de Bárbara Tuchman (1962) y Missing of the Somme, de Geoff Dyer (1958), miran al patético entorno europeo de entonces y reflexionan sobre los desaparecidos.

Nuevas ediciones proyectan las sombras de aquella contienda en ocasión del centenario. El ensayo 1914-1918, la historia de la Primera Guerra Mundial, del historiador británico David Stevenson, revalida “la capacidad y destreza para explicar situaciones y hechos complejos en una prosa atractiva”. En casi novecientas páginas el autor nivela el relato de los sucesos y enjuicia su impronta en el desenlace de la conflagración, desde las trincheras de Verdún o Somme hasta los desiertos de Asia Menor o las colonias de Inglaterra, Francia o Alemania en África. Es pues, “un exhaustivo análisis político, estratégico y militar de la contienda”.

En esa línea se inscriben los volúmenes Los sonámbulos, de Christopher Clark; 1914, el año de la catástrofe, de Max Hastings; o el exhaustivo 1914, de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan.

Hay libros para escoger, evocar y reflexionar sobre la barbarie desatada por los bárbaros civilizados de Occidente. Leer sobre la guerra y sus horrores suele ser un alegato de paz, un reto ante la tradición de la guerra y el mito de la paz. En hora buena.

Viaje al fin de la noche, de Louis F. Céline

 

Los Cuatro_Jinetes del apocalipsis

Adios a las armas

14ymedio.com / Miguel Iturria Savón.

23 mayo 2014 às 11:45 por Ancla insular | Postado em: General
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14ymedio.com 3

Acaba de ser colgado en Internet y fue bloqueado por los censores del gobierno cubano, quienes ejercen el monopolio informativo en la isla desde 1959. Como las páginas alternativas que le anteceden, 14ymedio.com no es bienvenido en el país donde la libertad de prensa constituye un delito, uno entre tantos, la norma es la prohibición en esa porción del Caribe.

Basta observar la estructura compositiva de la última página digital independiente para predecir la absurda decisión del Estado-Patrón, atrincherado en los dogmas que sustentan la arrogancia del poder absoluto. Actualidad, reportajes, entrevistas, opinión, debates, el tiempo y la cartelera cultural. Es demasiado aunque apenas difiere de otros diarios, pero discrepa del molde diseñado por el partido único para la prensa cubana, amordazada por la corruptela ideológica.

14ymedio.com nace desde dentro y hacia dentro, pero no podrá ser leído por los cubanos en la isla, como sucede con los blogs de la plataforma Vocescubanas.com, el Semanario digital Primavera, la Revista Convivencia y otros soportes que difunden los valores democráticos, como Cubanet y Diario de Cuba. Al parecer, el gobierno se enroca, se atrinchera y defiende la única verdad posible, la que excluye la mirada del otro e impone la suya.

Pero la intolerancia de estado cansa y es cuestionada en un Manifiesto de apoyo firmado por periodistas, escritores, artistas y personalidades políticas de Colombia, Francia, México, Ecuador, España, Estados Unidos, Nicaragua y Polonia. Junto al Manifiesto colgado en el primer número de 14ymedio.com figuran artículos de bienvenida en periódicos como BBC Mundo, La Razón, El País, Le Monde y Wall Street Journal.

Pese a la exclusión comienza bien esta iniciativa de Yoani Sánchez, bloguer de Generación Y y creadora del portal Vocescubanas.com y la revista homónima. Ella y sus colaboradores dicen no al despotismo, un no heroico contra los insultos, la manipulación de la realidad y las falacias de Estado.

En época de ascenso colectivo, de miedo a no estar de moda y hasta del anonimato y las presiones tribales en Internet, hay que valorar el enorme esfuerzo ciudadano que realizan los opositores pacíficos en aquella isla del Caribe. Ellos dicen no a la unanimidad impuesta, a la astucia discreta de los prudentes, al ultraje político, al terror en nombre de una ideología. Dicen no e informan sobre el desastre cotidiano en páginas prohibidas. Son como una voz al viento, una voz de pasión sin insultos, una voz de esperanza y sueños más elevados.

Gracias Yoani Sánchez por 14ymedio.com, una página que discrepa y vibra con los anhelos de esa Cuba secreta que apura el futuro.

 

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