¿Reformular la democracia? / Miguel Iturria Savón.

31 mayo 2014 às 21:26 por Ancla insular | Postado em: General
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Pablo Iglesias 1

Una semana después de las elecciones al Parlamento Europeo los medios informativos del continente reiteran los nombres del Primer ministro italiano Matteo Renzi, cuyo partido obtuvo el 40,8 % de los votos; de Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional Francés, premiado por el 25 % de los electores, y del novato español Pablo Iglesias, un melenudo profesor que sorprende desde Podemos, el partido emergente que ganó el 8 % de los sufragios –equivalente a 5 eurodiputados-, por debajo de los 16 del gobernante Partido Popular, de los 14 del Partido Socialista y un pelín menos que Unión Progreso y Libertad (6).

Aunque muchos políticos actúan como estrellas de cine y otros escenifican sus monólogos en los medios informativos, es difícil entender tantas convulsiones grupusculares en España. En los países democráticos las elecciones son un escenario que permite al público levantarse de su butaca y escoger a sus actores –representantes-. La algarabía es casi normal en Italia, donde solo en 1948 y 1958 un partido ha sobrepasado el 40 % de los votos. En Francia durante tres décadas los líderes de izquierda y derecha subestimaron el extremismo minoritario del viejo Jean Marien Le Pen, cuya hija Marine, con deseos de gobernar, no colocó su ideología fascista en el centro de su programa, sino un proyecto social y una concepción identitaria desaparecida de los discursos de la izquierda y la derecha.

El ascenso de la extrema derecha en Francia, condicionado en parte por la crisis económica, el desempleo y los escándalos de faldas del presidente socialista de la gran nación, no significa que la élite política en España deba asustarse por la impetuosa irrupción de Podemos, que rompe “el dogal de la pasividad social” con su discurso no convencional que canaliza expectativas y frustraciones ciudadanas acentuadas por la crisis, el paro y las denuncias contra funcionarios corruptos.

Podemos eleva el listón desde posiciones de izquierda, asusta a unos y pone en guardia a otros, sobre todo porque se convierte en la cuarta fuerza política en España de cara a Europa; expresan su euforia con tintes demagógicos, proclaman “cambiar lo viejo por lo nuevo”, desplazar al gobierno presidido por Mariano Rajoy y echar a un lado a “la casta política” que alterna el poder, a excepción de Izquierda Unida (comunista), su aliado natural y embrión de Pablo Iglesias y otros rostros amables y parlantes de Podemos, quienes se jactan de poseer a “unos miembros tan bien preparados”, lo cual “copia” la presunta superioridad moral e intelectual de la izquierda.

Podemos “no es una fuerza testimonial” pero disfruta sus minutos de gloria aunque ninguna formación política los ha invitado a negociar. El número uno invita a otros partidos de izquierda a unirse con ellos bajo la consigna de su admirado Julio Anguita –ex íder comunista-: “Programa, programa, programa…”. Alianza e ingresos para “reponer lo gastado en la campaña electoral” y crear el congreso constitutivo de este partido sin carnés y en construcción, que propone “reformular la democracia” y elogia “algunas políticas redistributivas de América Latina”, como si el chavismo venezolano y sus socios de Bolívar, Cuba o Ecuador no empobrecieran material y espiritualmente a sus naciones con la reformulación y la redistribución de la riqueza.

Pero no hay que anticiparse, una cosa es ser elegido y otra gobernar. Si el bipartidismo en España desemboca en cuatripartidismo, pues mejor, las naciones democráticas son difíciles de gobernar. Solo han de evitar el camino de servidumbre que imponen los déspotas totalitarios. El Estado y su red de instituciones no es un estadio de fútbol con ganadores y perdedores.

Ya Felipe González, ex presidente del Gobierno y líder histórico de los socialistas, al escuchar a los chicos de Podemos, afirmó que “Sería una catástrofe que prendieran alternativas bolivarianas” en España o Europa, influida por algunas “utopías regresivas” que conduce “a lo de siempre”, de manera que “se reparte igual, pero miseria, salvo la nomenclatura, que nunca se queda con miseria”.

González, enfocado por Pablo Iglesias como parte de “la casta”, asevera que “los más viejos del lugar” recuerdan que “ya hubo una reacción social similar en 1968, con una protesta global contra el sistema que aupó a sus impulsores, hasta que la ciudadanía descubrió su verdadera cara”.

Preocupa, pero no tanto, la reformulación de la democracia. Preocupa más el enlace de los nuevos huéspedes de la casa política con el crecimiento en Europa de “nacionalismos irredentos e insolidarios” que “son lo contrario de la solución” y que sólo contribuyen a “agravar seriamente el problema”.

El partido Podemos y su líder ha recibido otras críticas tras su triunfo en las elecciones europeas. Le han llamado “friki”, populista y parlanchín. Tal vez sea pronto y hasta exagerado. Habrá tiempo para ver cómo juegan en el tablero del poder. Ojalá sean esa novedosa alternativa que movilizó a su favor a un millón doscientos cuarenta mil   electores.

Pablo Iglesias 2

 

Libros sobre la Gran Guerra. / Miguel iturria Savón.

26 mayo 2014 às 23:07 por Ancla insular | Postado em: General
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1914-1918

Cien años después del inicio de la Gran guerra europea, los cañones del nefasto suceso resuenan en las páginas de ensayos y novelas que indagan o recrean las huellas del desastre, retomado asimismo por salas de teatros, productoras de cine y galerías de arte inspirados en hechos y testimonios de personajes que sufrieron o reportaron la masacre de aquellas trincheras de júbilo, angustias, horror y decepciones desatadas por generales resentidos y gobiernos oportunistas.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918), extendida por países de Europa a sus colonias de África y el Oriente Próximo, trascendió el traspatio del “continente más civilizado” y repercutió en la industria, el comercio y las relaciones políticas de naciones de América, Asia y Australia, contribuyendo al sucesivo ascenso ideológico del comunismo, el fascismo y el nazismo. No en vano es denominada Primera Guerra Mundial y precedió a conflictos que derivan en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Los intentos por mover las fronteras, los intereses en juego, la  manipulación patriótica, los bombardeos a ciudades, los fusilamientos de insumisos, la muerte de diez millones de soldados y los traumas y neurosis de combatientes y familiares inspiraron a historiadores, escritores y artistas que “certificaron” la catástrofe y ahora nos “invitan” a implicarnos desde la memoria.

Decenas de textos vieron la luz antes de la firma del Armisticio a fines de 1918. La distancia es acortada por reediciones de clásicos y novísimos. Entre los primeros “regresan” best-sellers y obras maestras del pacifismo, cuyos autores testimoniaron la lucidez en medio de la brutalidad, se asoman al abismo desatado por la masacre, narran los espacios poblados de recuerdos y los desplazamientos de refugiados bajo el coro de las bombas y el tartamudeo del hambre y los fusiles.

Retornan dos creadores españoles que reportaron la contienda y escribieron libros memorables. Los cuatro jinetes del apocalipsis, novela del valenciano Vicente Blasco Ibáñez, fue publicado en 1916, traducido en Estados Unidos en 1918 y llevado al cine en 1921. Si Ibáñez narra la historia de dos familias relacionadas entre sí que luchan en bandos diferentes; Azorín compila sus crónicas parisinas en París bombardeado (1921), de enorme impacto psicológico y clamor antibélico.

De la misma década son El retorno del soldado (1918), de la inglesa Rebeca West, quien esboza el regreso a casa de un militar herido en el frente; Tempestades de acero (1920), relato autobiográfico del alemán Ernts Junger, que constituye la antítesis  de El miedo, de G. Chevalier, o Sin novedad en el frente, de Erich M. Remarque. Junger mezcla el heroísmo con la violencia desenfrenada y casi elogia la guerra. Mientras El buen soldado Svejk, del narrador checo Jaroslav Hasek, ficciona la guerra desde una mirada paródica que ridiculiza a las instituciones vistas por el  personaje central.

En tanto Los siete pilares de la sabiduría (1922), de T. E. Lawrence es una apasionante y excesiva crónica histórica y relato de viaje por los desiertos del Próximo Oriente, tras las tribus árabes con las que debió contactar. Les siguen en el tiempo real y editorial Adiós a todo esto, de Robert Graves, quien combatió en Somme y describe el desastre inglés de esa batalla en la que mueren veinte mil militares; Adiós a las armas, del mítico Ernest Hemingway; Iniciación de un hombre, de John Dos Passos; las tres publicadas en 1929; Johnny cogió su fusil (1931), del guionista y narrador Dalton Trumbo; Viaje al fin del mundo (1932), del complejo y polémico Louis Ferdinand Céline, que presenta las peripecias de un personaje cínico y descreído que va al frente sin ganas de jugarse la vida. La biografía El mundo de ayer, del judío austriaco Stefan Zweig (1942) y los ensayos Los cañones de agosto, de Bárbara Tuchman (1962) y Missing of the Somme, de Geoff Dyer (1958), miran al patético entorno europeo de entonces y reflexionan sobre los desaparecidos.

Nuevas ediciones proyectan las sombras de aquella contienda en ocasión del centenario. El ensayo 1914-1918, la historia de la Primera Guerra Mundial, del historiador británico David Stevenson, revalida “la capacidad y destreza para explicar situaciones y hechos complejos en una prosa atractiva”. En casi novecientas páginas el autor nivela el relato de los sucesos y enjuicia su impronta en el desenlace de la conflagración, desde las trincheras de Verdún o Somme hasta los desiertos de Asia Menor o las colonias de Inglaterra, Francia o Alemania en África. Es pues, “un exhaustivo análisis político, estratégico y militar de la contienda”.

En esa línea se inscriben los volúmenes Los sonámbulos, de Christopher Clark; 1914, el año de la catástrofe, de Max Hastings; o el exhaustivo 1914, de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan.

Hay libros para escoger, evocar y reflexionar sobre la barbarie desatada por los bárbaros civilizados de Occidente. Leer sobre la guerra y sus horrores suele ser un alegato de paz, un reto ante la tradición de la guerra y el mito de la paz. En hora buena.

Viaje al fin de la noche, de Louis F. Céline

 

Los Cuatro_Jinetes del apocalipsis

Adios a las armas

14ymedio.com / Miguel Iturria Savón.

23 mayo 2014 às 11:45 por Ancla insular | Postado em: General
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14ymedio.com 3

Acaba de ser colgado en Internet y fue bloqueado por los censores del gobierno cubano, quienes ejercen el monopolio informativo en la isla desde 1959. Como las páginas alternativas que le anteceden, 14ymedio.com no es bienvenido en el país donde la libertad de prensa constituye un delito, uno entre tantos, la norma es la prohibición en esa porción del Caribe.

Basta observar la estructura compositiva de la última página digital independiente para predecir la absurda decisión del Estado-Patrón, atrincherado en los dogmas que sustentan la arrogancia del poder absoluto. Actualidad, reportajes, entrevistas, opinión, debates, el tiempo y la cartelera cultural. Es demasiado aunque apenas difiere de otros diarios, pero discrepa del molde diseñado por el partido único para la prensa cubana, amordazada por la corruptela ideológica.

14ymedio.com nace desde dentro y hacia dentro, pero no podrá ser leído por los cubanos en la isla, como sucede con los blogs de la plataforma Vocescubanas.com, el Semanario digital Primavera, la Revista Convivencia y otros soportes que difunden los valores democráticos, como Cubanet y Diario de Cuba. Al parecer, el gobierno se enroca, se atrinchera y defiende la única verdad posible, la que excluye la mirada del otro e impone la suya.

Pero la intolerancia de estado cansa y es cuestionada en un Manifiesto de apoyo firmado por periodistas, escritores, artistas y personalidades políticas de Colombia, Francia, México, Ecuador, España, Estados Unidos, Nicaragua y Polonia. Junto al Manifiesto colgado en el primer número de 14ymedio.com figuran artículos de bienvenida en periódicos como BBC Mundo, La Razón, El País, Le Monde y Wall Street Journal.

Pese a la exclusión comienza bien esta iniciativa de Yoani Sánchez, bloguer de Generación Y y creadora del portal Vocescubanas.com y la revista homónima. Ella y sus colaboradores dicen no al despotismo, un no heroico contra los insultos, la manipulación de la realidad y las falacias de Estado.

En época de ascenso colectivo, de miedo a no estar de moda y hasta del anonimato y las presiones tribales en Internet, hay que valorar el enorme esfuerzo ciudadano que realizan los opositores pacíficos en aquella isla del Caribe. Ellos dicen no a la unanimidad impuesta, a la astucia discreta de los prudentes, al ultraje político, al terror en nombre de una ideología. Dicen no e informan sobre el desastre cotidiano en páginas prohibidas. Son como una voz al viento, una voz de pasión sin insultos, una voz de esperanza y sueños más elevados.

Gracias Yoani Sánchez por 14ymedio.com, una página que discrepa y vibra con los anhelos de esa Cuba secreta que apura el futuro.

 

Evocación de Gastón Baquero en su centenario. / Miguel Iturria Savón.

16 mayo 2014 às 20:38 por Ancla insular | Postado em: General
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Gaston Baquero 1

En los albores del siglo XXI hubo un festín de ediciones, homenajes y evocaciones de escritores que honraron las letras cubanas y fecundaron la literatura escrita en castellano. Entre esas figuras trascendentes ya celebramos el Centenario del natalicio de los poetas Nicolás Guillén y Dulce María Loynaz, nacidos en julio y octubre de 1902; del novelista y musicólogo Alejo Carpentier (1904-1980), el narrador y periodista Lino Novás Calvo (1905-1980) y dos literatos de vasta producción e influencia estética: José Lezama Lima (1910-1976) y Virgilio Piñera (1912-1979). Corresponde ahora desplegar las campanas por otro monstruo sagrado del imaginario caribeño e hispanoamericano: Gastón Baquero Díaz, nacido en La Habana el cuatro de mayo de 1914 y fallecido en Madrid el día 15 del mismo mes pero de 1997.

El poeta y ensayista Gastón Baquero creció bajo los estruendos de la Primera Guerra Mundial y las tensiones sociales de una isla que se adentraba como república independiente en el escenario internacional. Su aprendizaje humano y cultural coincidió con los planos inclinados de los entresijos políticos y económicos que condicionaron los vaivenes de la nación caribeña . Al igual que Nicolás Guillén llegó a la poesía desde abajo, con esa fuerza añadida por el talento, la cultura y la pobreza que obliga a saltar prejuicios y vallas raciales -ambos eran mulatos-. Los dos brotaron de peldaños sumergidos pero atravesaron senderos diferentes en términos ideológicos. El autor de Motivos de son, Balada de los dos abuelos y Tengo, se afilió al Partido Comunista y escribió odas a Stalin y Fidel Castro; mientras Baquero, de raigambre católica y tendencia liberal, marchó al exilio al instaurarse la dictadura del proletariado, que designa a Guillén como Poeta Nacional y líder de los escritores y artistas orgánicos (UNEAC), la cual silencia el legado creativo de Baquero, Novás Calvo y decenas de “autores renegados”.

Y Gastón Baquero Díaz, como Gertrudis Gómez de Avellaneda en el siglo XIX, osciló entre Cuba y España, a donde marchó en marzo de 1959, cuando la revolución desmontaba la pirámide social e intelectual en la cual se impuso. A diferencia de Doña Gertrudis, quien triunfó en la península y después fue reconocida en la isla; Gastón era un orfebre de las letras y un personaje de la prensa al abandonar el trópico. Para ella, España fue el gran escenario; para él, la última estación creativa.

Gastón Baquero perteneció a la llamada Generación de Orígenes, nucleada en torno a José Lezama Lima, Elíseo Diego, Fina García Marruz, Cintio Vitier y otros literatos de obra memorable, unidos en la diversidad creativa y el arte como razón esencial. En la década del treinta comenzó su intensa labor cultural, pese a graduarse de ingeniero agrónomo. Escribió poesías, artículos, ensayos y tradujo a autores de lengua inglesa y francesa, como T. E. Eliot, P. Valery, H. Aldmgton y G. Santayana. Sus primeros versos aparecieron en periódicos y revistas de La Habana: Social, Verbum, Grafos, Espuela de Plata, Revista CubanaClavileño, Poeta, América y la célebre Orígenes. A partir de 1945 ejerció como Redactor Jefe del Diario de la Marina, donde escribió las secciones “Panorama” y “Aguja de Marear”.

Los poemas “Parque” y “Niña muerta” anuncian su precocidad, pero la trascendencia le llega con el conmovedor Palabras escritas en la arena por un inocente (1942), aunque había publicado “Federico García Lorca”, “Soneto de la muerte”, “Canción”, “Adán en el Paraíso” y los versos incluidos por Vitier en Diez poetas cubanos (1948), entre los que figuran “Preludio para una mascara”, “El Caballero, el Diablo y la Muerte” y el “Testamento del pez”, considerado por la critica como el testamento anticipado del creador.

Antes dio a conocer Poemas de otro tiempo (1937-1944), incluidos “Canta la alondra en la puerta del cielo” y “Casandra”; a los que siguieron creaciones luminosas que disminuirán con su entrega profesional al periodismo y las actividades públicas.

La etapa española de Gastón Baquero, marcada por el laborioso silencio y el ostracismo intelectual pese a trabajar en el Instituto de Cultura Hispánica y en Radio Exterior de España, fue prolífica en el periodismo y la literatura. A ese período corresponden Poemas escritos en España (1960), Memorial de un testigo (1966), Magias e inversiones (1984), Poemas invisibles (1991), Autoantologia (1992) y los ensayos Escritores hispanoamericanos de hoy (1961), La evolución del marxismo en Hispanoamérica (1966), Darío, Cernuda y otros temas poéticos (1969), Indios, blancos y negros en el caldero de América (1991), Acercamiento a Dulce Maria Loynaz (1993), La fuente inagotable (1995) y dos tomos de sus poesías y ensayos preparados por Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Pérez Alencart y editados por la Fundación Hispano.

Tan vasta faena apenas es conocida en Cuba por razones extraliterarias. Su “renacer insular” comienza en 1999 cuando Efraín Rodríguez Santana, quien obtuvo la confianza del autor en Madrid, publicó la antología Gastón Baquero, la patria sonora de los frutos, que contiene gran parte de sus versos, la Bibliografía cubana del creador y un Apéndice sobre su vida y obra, con reseñas de Eugenio Florit, Emilio Ballagas, Lezama Lima, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Elíseo Diego, Francisco Brines, José Kozer, Pío E. Serrano y Felipe Lázaro.

El homenaje posmorten se inscribe en el esfuerzo por “rescatarle del olvido” y pasa por la apropiación simbólica desde el poder, pero favorece el reencuentro de jóvenes creadores con el gran lírico, calificado por Lezama Lima como un poeta sonoro “de vocación insobornable”, que vive en “la casa de la poesía”. Para Cintio Vitier, “el mulato con rostro de príncipe africano”, fue una “deslumbrante isla tras la niebla” que “oscila entre la vida y la imaginación, entre la emoción y la invención, entre la poesía y la persona”.

Ahora que los críticos y seguidores desatan las campanas por el fabuloso legado de Gastón Baquero, recordemos que ese clamor a destiempo obedece al viaje trascendente del juego poético con la historia y la ciudad entrevista, cuyas coordenadas universales desbrozó en sus versos y valoraciones literarias, convertidas en espejo de sus postulados filosóficos y estéticos, punteados por la elocuencia, los conjuros de la muerte, el catolicismo como vocación, la fabulación cultural y el poema como protagonista legitimo de la creación lírica.

Bienvenido Gastón Baquero en el centenario de su nacimiento. Feliz retorno al escenario editorial que te negaron los censores oficiales. Al fin vuelves a ser el “cubano risueño y locuaz que añora su tierra”. Ya canonizaron a Dulce María Loynaz, a Lezama Lima y Virgilio Piñera, aquellos fantasmas incómodos que se quedaron. Ahora te toca. Vale.

La época de los Van Van. / Miguel Iturria Savón.

9 mayo 2014 às 19:12 por Ancla insular | Postado em: General
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juan formell 1

La muerte del bajista y director de orquesta Juan Formell me recuerda un viejo chiste sobre Fidel Castro, quien al morir sube al infierno y tras un lustro de estancia junto al Mesere pide permiso para visitar la isla, que recorre en solitario sin que nada ni nadie evoque su larga estancia en el poder, salvo el director de la Biblioteca Nacional, el cual encuentra en un diccionario biográfico una ficha que dice: “Fidel Castro, dictador cubano de la época de los Van Van”.

La broma exagera pero refleja el deseo de millares de cubanos que frivolizaron los horrores de la tiranía mientras bailaban o escuchaban a Juan Formell y los Van Van, una banda que surge en 1969 y marca cuatro décadas de música popular. Formell cambió el formato de la charanga tradicional al estilo Aragón o Jorrín, difiere también de la estructura de los antiguos conjuntos musicales tipo Roberto Faz y Pacho Alonso, y  del formato jazz band adoptado por el gran Benny Moré, el más popular sonero después de Miguel Matamoros.

Al igual que el Benny, Juan Formel estuvo al tanto de la música estadounidense y supo mezclar e innovar sin separarse de las raíces cubanas. Lo nuevo en Van Van radica en el uso de los trombones, el piano desenfrenado, la personalización de los violines y la flauta, el bajo eléctrico, los sintetizadores y el montaje de las voces, condimentadas por la crónica social de una época llena de absurdos y contradicciones que favorecen la recreación musical de dichos y estribillos.  Fue popular y populista como casi todos los músicos de la isla, pero creó una máquina sonora de estilo inconfundible que trascendió lo cubano y lo caribeño, caló en algunos circuitos del world music y hasta obtuvo un Grammy en el año 2000.

Decenas de discos, miles de bailables, cientos de giras dentro y fuera de la isla y diversos reconocimientos coronan la carrera del orquestador y bajista. El sonido Van Van, surgido en medio de aquella orgía de consignas, zafras azucareras fallidas y otras medidas extremas, son un referente. Pero ¿cómo fue la década de los Van Van?

Pues coincidió con la época de esplendor, desarrollo y crisis de una tiranía que transitó del estalinismo al maoismo y de este al marxismo leninismo tropical. Décadas de locuras, desestructuración económica, nacionalización, colectivismo y multiplicación de las cárceles, las granjas de trabajo forzado, las escuelas en el campo y las intervenciones militares en Latinoamérica y África. Es una etapa de filiación incondicional a la antigua Unión Soviética y el bloque socialista de Europa del Este; de manuales de marxismo, petróleo y dinero ruso a granel mientras se instrumentó la gritería contra los Estados Unidos. En medio de tan insólito despropósito estatal triunfó Juan Formell y su tren musical. Hizo concesiones como casi todo artista cautivo, mas no fue doctrinario ni actuó contra creadores excluidos por el régimen.

Bastaría ver el título de sus letras o algunos estribillos pegajosos para ver cómo sobrevivió Formell a los dioses rotos anclados aún en Palacio. “El baile del buey cansado”, “Qué le den candela”, “Sandunguera”, “Ay, Dios, ampárame”; “Llegó Van Van”, “Ven, muévete”… ¿Les dice algo?

La banda de Juanito sigue en manos de su hijo Samuel y de otras orquestas desprendidas: la de Pedrito Calvo, Pupy y NG la Banda, de J.L Cortés, ex compañeros de aquel guitarrista que adoptó el bajo y la batuta. Adiós Formell, adiós Van Van, adiós Castrolandia.

 

 

 

 

 

 

Cecilia, de Larache a Cuba. / Miguel Iturria Savón.

3 mayo 2014 às 13:29 por Ancla insular | Postado em: General
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Larache y Sevilla, Cuba, Uruguay y España son temas recurrentes de los artículos y crónicas de la internauta Cecilia Molinero Flores, creadora de Laracheyalgomas, un blog que acuña el desenfado, la pasión, la constancia creativa y la diversidad de intereses espirituales de esta amiga que evade la tentación de la tribu y me honra con su intercambio de textos y opiniones desde hace un lustro.

El sentido crítico y la entrega diaria sorprende a los lectores de esta andaluza nacida en Larache, Marruecos, donde vivió su infancia y adolescencia entre sus parientes españoles y amigos franceses, árabes, hebreos e hindúes, cuya armónica convivencia la vacunó contra los virus etnocéntricos y los tópicos religiosos y culturales que lastran las relaciones interpersonales y fertilizan el racismo y la exclusión.

Graduada en Historia en la Universidad de Granada, Cecilia ejerció como profesora, traductora y guionista de cine, aunque muchos de sus guiones reposan en los armarios de la SGAE, entre ellos los largometrajes Kasbah, La noche cae sobre Berlín y El expreso de Hendaya, además de cortos y mediometrajes que recrean un vuelo a Uruguay, una historia en Tánger, las desventuras de un emigrante en Andalucía y ensueños basados en hechos y protagonistas de la vida en España y América.

En su último email precisa: “Todo lo relacionado con la isla me atrae”. Y le creo tras leer artículos suyos en Cubanet –“Que llega el lobo”-, Cuba Democracia y Vida –“Otto o Delfín…”, sobre las confesiones de un agente de Castro en la televisión hispana- y en su blog, ese espacio virtual personalizado donde caben y levitan sus inquietudes y obsesiones, viajes y lecturas y hasta el cotilleo sobre problemas y personajes que infieren la depravación del ámbito político y los enroques del poder, destilados, por supuesto, desde su mirada crítica, a veces escéptica, en ocasiones pasional, casi siempre lúcida y respetuosa.

Laracheyalgomas no privilegia las noticias ni se aferra a la añoranza por el pueblo marroquí y la costa mediterránea de Andalucía. Su autora se mudó de Sevilla a Alicante, una de las ciudades más bellas y cardinales del Levante español; pero desde la escritura recorre los avatares de la península ibérica, desanda las Islas Baleares y Canarias, se aventura por el Atlántico y “se instala en Cuba”, esa isla corcho sumergida en el muro de la vergüenza por la dictadura más longeva de América.

Nada de Cuba escapa a la curiosidad sensitiva de Doña Cecilia Molinero Flores. Cuba y sus muros, sus mandarines rojos, las marchas y desfiles, los burócratas kafkianos, la represión cotidiana, el miedo, el éxodo, las penurias y los recelos de la masa esclavizada que hoy aplaude y mañana emigra o enfrenta a los depredadores del poder. Para ella, Cuba y su noche es un barco a la deriva en el desierto de la curiosidad y el compromiso con los opositores de ese planeta caribeño.

Desde Sevilla o Alicante esta bloguera europea apuesta por ventilar los trapos sucios,  las tripas del régimen castrense y el desenfreno utópico de los señores que enmascaran sus negocios y privilegios con “trincheras de ideas” y supuestos enemigos imperiales. Cecilia revela en sus escritos –entre el asombro y el humor- las “odiseas” del difunto Ernesto Guevara y sus viajes a España durante el franquismo; las orgías de un tal Machado Ventura, las locuras de los Castro y otros primores de la dictadura enrocada al chavismo en Venezuela, esa orilla extendida…

A modo de contrapeso esta española nacida en Larache difunde en su página el quehacer ciudadano de opositores, periodistas independientes y exiliados que intentan revertir el status quo y aproximar la democracia al horizonte cubano. ¿Admirable verdad? Pues sí. Gracias Ceci por tu granito de arena en el oleaje de Cubalandia.

 

El Papa santifica a otros Papas. / Miguel Iturria Savón.

29 abril 2014 às 2:01 por Ancla insular | Postado em: General
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Canonización 1

Mientras los rusos avanzan sobre Crimea y Europa titubea ante la acción de su belicoso vecino, el Papa Francisco continúa con las ceremonias simbólicas propias de su agenda religiosa. Quizás para él, la historia apenas es un sueño de primavera, como dijera Jin Ping Mei, el “erudito de las carcajadas”. El último ritual del Pontífice de la Iglesia católica tuvo un despliegue mediático impresionante. Dos Papas en vez de uno – el jubilado Benedicto XVI y Don Francisco-, 150 cardenales, 700 obispos, cientos de clérigos, los reyes de España y ochocientos mil peregrinos por las plazas de Roma evocaron a dos Papas del pasado concediéndoles la condición de Santos.

San Juan XXIII, aquel “Papa aperturista” de los años sesenta, y San Pablo II, el “Papa viajero y conservador” que antecedió a Benedicto XVI, saltan sobre sus luces y sombras y ascienden a los altares, vitrales y calendarios, junto a casi tres mil santos de la prolífica Iglesia cristiana, cuya iconografía resulta tan atrayente como la música y la imaginería que nutre sus leyendas.

Según el Papa Francisco, cuyo nombre es Mario Bergoglio, los nuevos Santos fueron “dos hombres valerosos que no se dejaron abrumar por las tragedias del siglo XX”. Vivirán pues, el sueño de los “Papas justos”, y servirán de guía a los fieles, tanto a los simpatizantes del “izquierdista” San Juan XXIII como a los seguidores del “derechista” San Pablo II, quien santificó a casi 500 personajes de la Iglesia durante su mandato, muy por encima de sus antecesores -solo dos mil santos en veinte siglos de dominio espiritual-.

¿Se democratiza la Iglesia católica, apostólica y romana al conceder la máxima orden postmorten a millares de servidores? ¿Influirá la canonización en el rebaño de Dios? ¿Cesarán las guerras étnicas, tribales y religiosas al difundir el legado de tantos santos -y santas-  que sobrecumplieron los mandamientos divinos? ¿Se portarán bien los rusos que invaden a Ucrania y asustan a polacos, rumanos y búlgaros?

La respuesta no la saben Francisco, Benedicto, los difuntos Papas canonizados ni los cientos de cardenales, obispos y teólogos que asistieron a la última ceremonia pública en Roma, sede del Vaticano, el mini estado sin armas que influye en el mundo a través de sus catedrales y parroquias, cuyos sacerdotes difunden la Palabra de Dios, aunque carecen de poder para impedir las atrocidades de los hombres.

No hay que desconfiar de los rituales y ceremonias, exigen paciencia mas tienen cierto misterio que seduce a millones de personas enfrentadas al temor y las incertidumbres diarias. Pero, ¿para qué tantos santos si los más devotos apenas memorizan a diez o veinte de ellos? ¿No será otra estrategia mediática del último Pontífice para atraer a nuevos fieles y “restaurar” la confianza en una institución golpeada por su propio pasado y por los retos de la modernidad?

Y se fue, por fin, el Gabo. / Miguel Iturria Savón.

22 abril 2014 às 8:38 por Ancla insular | Postado em: General
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García Márquez 2

Ha muerto, por fin, el narrador colombiano Gabriel García Márquez. La pelona lo sorprendió a los 87 años en México, donde vivía entre libros, placeres y viajes, además de Mercedes, su “cocodrilo sagrado”. Lo despidieron ayer a ritmo de ballenatos y flores amarillas en el Palacio de Bellas Artes, como antes a los escritores Carlos Fuentes y Octavio Paz, el actor Mario Moreno –Cantinflas- y la cantante Chavela Vargas.

En Colombia hoy le dicen adiós en la Catedral Primada de Bogotá. Adiós Gabo, que Dios te bendiga si despierta. Basta de tiranos y libertadores solitarios, selvas y guerrillas, ruinas y fusilamientos, amores primigenios y nonagenarios folladores. Vete tranquilo. Viviste para contar y ganaste mucha pasta con tus relatos y fanfarronadas literarias.

El Gabo se fue en la primavera del 2014. No nos veremos en agosto ni en diciembre, pero tus editores seguirán vendiendo tus agridulces novelas rosas – El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, Memorias de mis putas tristes-, y volverán a Macondo, resucitarán a Aureliano Buendía y le otorgarán la chequera a su alter ego, aquel pobre coronel que envejeció esperando su jubilación. Tranquilo hombre, hasta El otoño del Patriarca y El general en su laberinto serán reeditados.

Se fue el Gabo. Ya era hora. Había pasado de moda, pero seguía emborronando cuartillas como si tuviera algo nuevo que decir. ¿Acaso no conocíamos su recurrente utilería del trópico y la miseria; su pasión por los cuadros, los vinos carísimos, el caviar y los amigotes célebres –tiranos incluidos-?

Ya imagino a los críticos escrutando a los símbolos de este genio. A los profesores de literatura explicando las claves de Cien años de soledad, a los periodistas de Colombia, México y Cuba hablando de la “deuda de gratitud” contraída con el “creador del realismo mágico”, como si ese método no fuera esbozado siglos atrás por Homero y los cronistas de Indias, o en la década del treinta del siglo XX por la poetisa Dulce María Loynaz en su novela Jardín.

Si tuviera que releer algunas obras de García Márquez, el más sobredimensionado de los escritores mediáticos, escogería Crónica de una muerte anunciada y El coronel no tiene quien le escriba. Hay que tener tiempo y paciencia para aguantar hasta el final las cientos de páginas de su libraco más célebre –Cien años de soledad-, apropiado para el comic o el cine de aventuras para niños y adolescentes, como Harry Potter o los cuentos de Gulliver.

Si Gabo, perdona mi franqueza, fuiste bueno pero no tanto como Borges, Carpentier, Juan Rulfo –creó Comala antes que Macondo-, Cabrera Infante y otros escritores que murieron sin recibir el Premio Nobel. Tranquilo viejo. Descansa en paz en un rincón del panteón literario y desde allí, si el ego te lo permite, ábrele la puerta a los nóveles y viejos escritores colombianos apocados por la sombra de tu fama y por la manía de los editores de apostar por los elegidos y tirar a los demás.

La Guerra de Cuba. / Miguel Iturria Savón.

15 abril 2014 às 0:04 por Ancla insular | Postado em: General
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Amigos de Valencia, Zaragoza y San Sebastián me han preguntado sobre la guerra de Cuba y las pérdidas de España en esa contienda. Apenas he respondido pues casi todos mis anfitriones ibéricos repiten frases acuñadas por políticos, historiadores y literatos de épocas pasadas. Detrás de tanta pasión infiero el deseo por ajustar lo dicho a las ideas y apetencias de una época, es decir, a la narrativa del poder que justificó el envío de millares de jóvenes armados a defender en Cuba “hasta el último hombre y la última peseta”.

A un amigo de San Sebastián, nieto de un donostiarra enriquecido en la isla, le aseguré que  escribiría acerca del viejo diferendo hispano cubano, previa revisión de uno de mis libros inéditos en el que expuse estadísticas al respecto. Pero recuerdo que hay tanta atadura “a nuestros puntos de vistas” que apenas nos vemos con objetividad. Peor aún si el hecho nos implica de manera personal o si enrolló a grupos en pugnas, ejércitos y escenarios distantes, como la nostálgica “Guerra de Cuba” (1868-1878 y 1895 a 1898), en la que mis anfitriones perdieron tíos y abuelos; o la más cercana Guerra Civil Española (1936 a 1939), tan incivil que aún palpita en el imaginario político de generaciones que ven sus consecuencias como fardo del presente.

Es difícil analizar la participación de grupos étnicos en los avatares históricos de una nación de inmigrantes como la cubana, donde la ruptura comenzó medio siglo después que en el resto del continente, con el levanta­miento de la Damajagua, el 10 de octubre de 1868, a solo unos días del Grito de Lares, en Puerto Rico y de La Gloriosa en España, que depuso a la Monarquía y entregó el poder a un gabinete liberal, cuyos líderes estaban conectados con la realidad insular, aunque no compartían los anhelos de libertad de los criollos.

La primera y fallida guerra de Cuba obedeció al largo forcejeo económico y político que existía entre la Isla y la Península. La metrópoli frenaba el desarrollo capitalista de la colonia y explotaba las contra­dicciones esclavistas como recurso de sobrevida, pues la sacarocracia criolla seguía atada a la mano de obra esclava, lo cual le impedía ejercer la violencia. La contradicción colonia-metrópoli atravesaba el tejido de los patrones culturales que ponían en juego el sentido de patria, presente desde fines del XVIII en la obra de Arrate. Se palpaba un conflicto de identidad nacional sintetizado como oposición entre lo cubano y lo peninsular, el cual tenía su expresión doméstica y cotidiana entre el hijo criollo y el padre español. Se sumaba el an­tagonismo amo-esclavo y la barrera de prejuicios de un régimen que exaltaba las diferencias entre blancos y negros.

Le correspondió al sector más radical de los terratenientes criollos desatar y sostener la contienda liberadora, utilizando expediciones procedentes de los Estados Unidos. Pronto se incorporaron las masas de esclavos, campesinos y artesanos. Tanto Céspedes, como Ignacio Agramonte, el Marqués de Santa Lucía y otros jefes independentistas poseían propiedades e influencias en la estructura colonial, pero antepusieron las tareas de la época a sus intereses personales.

Ante el enfrentamiento y la ruptura no cabía neutralidad de ningún tipo: o se compartía la causa cubana o se estaba contra ella al lado de España. La mayoría de los inmigrantes españoles se afiliaron, de hecho o de palabra, al bando del integrismo peninsular. No faltaron, por supuesto, quienes procuraron mantenerse al margen desde la rutina familiar y la lucha por la subsistencia. Y algo insólito, de los 36 generales extranjeros que lucharon por la independencia de Cuba, diez fueron españoles.

En la contienda les correspondió un papel predominante a oficiales y soldados de Asturias, Cataluña y Galicia, terri­torios desangrados por el embarque habitual de millares de jóvenes enganchados como «voluntarios» en las fuerzas que iban a enfrentar a los separatistas. Hubo, por supuesto, personajes vascos de gran protagonismo, como el Capitán General Francisco Lerzundi Ormaechea –nacido en Valencia-, y el General Blas de Villate, Conde de Balmaseda, natural de Sestao, y comerciantes enriquecidos: el alavés Julián Zulueta y Amondo y el vizcaíno Manuel Calvo y Aguirre.

Casi todos creían en el derecho de España a regir los destinos de Cuba y actuaron de acuerdo con las circunstancias y con las órdenes recibidas desde Madrid en una época de exaltación nacionalista y patriotera. Algunos se com­portaron como militares dignos y respetuosos del contrario. Muchos como bárbaros contra el movimiento insurreccionar, con la complicidad de las autoridades metropolitanas que les concedía ascensos y distinciones.

Hallamos, por otra parte, a los grandes comerciantes, hacendados y funcionarios locales involucrados en la contienda, quienes compartían intereses comunes con los círculos del poder colonial. Tales vínculos exigieron siempre un compromiso ideológico que implicó la defensa de la «integridad de la Patria», entendida esta como el dominio de España sobre la Isla.

Se ha dicho que durante la primera guerra independentista el conglomerado étnico cubano se transformó en nación, a pesar de España que situó en la Isla a 208.597 soldados, de los cuales se quedaron 80.686, junto a 163.176 civiles que arribaron en el período como inmigrantes. El sujeto étnico, cualquiera que fuera su procedencia, se vio enrolado en las acciones del bando integrista o separatista, quienes pactaron la paz en 1878 ante la imposibilidad de la victoria por una u otra parte.

Finalizada la guerra grande, Cuba siguió siendo una colonia de España, pero en condición de provincia, una provincia dividida en seis provincias en 1879, cuando se puso en prác­tica un sistema político que permitió la creación del Partido Unión Constitucional y el Partido Liberal Autonomista, ambos con programas, periódicos y una cuota de poder atados al Gobernador colonial.

En el orden social se abolió la esclavitud (1886) y se inició la lucha contra el estigma del color. El Gobierno colonial trató de ganarse al negro mediante medidas concretas: la eliminación de los obstáculos legales para el acceso a la enseñanza, el cese de la segregación en lugares públicos (trenes, cantinas, teatros, oficinas) y la prohibición de los libros de carácter racial en las iglesias y en el Registro Civil. Se quiso crear el Casino para españoles de color y hasta un Partido negro, a los cuales se opuso el sector más consciente de la propia población discriminada.

Estas medidas coincidieron con el incremento de la inmigración peninsular y canaria. Se intentó españolizar a toda costa a las principales ciudades del país como freno a los ideales separatistas de los cubanos. Los inmigrantes y soldados se sumergieron en la sociedad insular como empleados del comercio, el transporte y como obreros de la industria azucarera y tabacalera. Crearon numerosos centros regionales de carácter étnico y benéfico como recurso cultural de sobrevida. La propaganda independentista, sin embargo, no estuvo dirigida contra el español sino contra el Gobierno metropolitano y sus representantes en la Isla.

En el período de entreguerras se produjo el auge inusitado de la industria azucarera, que alcanzó un millón de toneladas al año a partir de 1880. En 1890, el 90% de la exportación de las zafras se dirigía al mercado norteamericano. La distancia y el atraso de España favorecieron los nexos con los Estados Unidos, a solo 180 kilómetros de distancia.

Al iniciarse la nueva guerra, organizada por José Martí en el exilio, el Gobierno español trasladó a la Isla entre 1895 y los primeros meses de 1898, unos 220.285 soldados. A esa cifra se sumaron millares de movilizados en el territorio insular. El enorme esfuerzo por aplastar la insurrección contrastaba con la táctica del modesto Ejército Libertador, que evitaba el encuentro frontal pues su objetivo era extender las acciones mediante pequeñas columnas de gran movilidad, que dividían y desgastaban a las bien equipadas tropas coloniales con maniobras de acosos y retiradas para mantenerlas en jaque. El clima y las enfermedades tropicales hacían estragos entre los bisoños soldados peninsulares, cuya edad promedio se aproximaba a los veintiún años.

Cataluña, Canarias y Galicia aportaron millares de soldados y recursos a las tropas españolas. La bur­guesía catalana tenía mayores intereses económicos en Cuba, aunque el sector liberal centralista y monárquico de Vizcaya llamó a los vizcaínos de la Isla a luchar contra los insurrectos.

Ante la evidente perdida de control, el Gobierno español sustitu­yó al Capitán General Valeriano Weyler, antecesor de los nazis en la creación de centros de concentración. En octubre de 1898 España estableció el régimen autonómico, rechazado entonces por las fuerzas separatistas. A la precaria situación existente en la Isla se sumó la decisiva intervención militar de los Estados Unidos, en abril de 1898. Las maniobras conjuntas entre las fuerzas cubanas y norteamericanas obligaron a España a firmar el armisticio, el 12 de agosto de ese año, un mes después de la destrucción de la escuadra del Almirante Cervera y de la rendición de Santiago de Cuba. Los representantes del pueblo en armas fueron excluidos de las Negociaciones de paz (Tratado de París) y del reordenamiento institucional que sobrevino con la aplicación de sus cláusulas y del cese del dominio colonial de España sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Según el coronel Izquierdo Canosa, en los pueblos de la Isla se registraron las defunciones de unos 37.657 militares españoles. El autor revela en su Censo de defunciones de militares hispanos, que las provincias más afectadas por las muertes fueron León (2.290), Valencia (1.557), Zaragoza (1.298), La Coruña (1.298), Barcelona (1.090), Lugo (1.080), Málaga (1.018), Granada (980), Murcia (894), Sevilla (877), Alicante (835) y Burgos (815).

Por su parte, el Mayor General Carlos Roloff, en Índice alfabético y defunciones del Ejército Libertador de Cuba. Guerra de 1895-1898, publicado en La Habana en 1901, asegura que los muertos del Ejército Libertador ascendían a 69.782 combatientes a fines de 1898.

Hubo otras pérdidas y ganancias para España y Cuba relacionadas con la presencia de los Estados Unidos en la isla. Cientos de españoles murieron en la mar durante la travesía de regreso, asegurada por la flota naval americana, cuyo gobierno reconstruyó la isla en cuatro años y realizó decisivas inversiones en la salud pública, la enseñanza y el saneamiento de pueblos devastados. Los estadounidenses, denigrados por los gobernantes ibéricos, impusieron el respeto a las propiedades de los vencidos y reconocieron la independencia de Cuba, que nace como República el 20 de mayo de 1902. A esa república cordial llegaría casi un millón de inmigrantes peninsulares y canarios en solo tres décadas.

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El sueño de la razón… / Miguel Iturria Savón.

10 abril 2014 às 19:40 por Ancla insular | Postado em: General
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Se desplazan desde Nigeria, Senegal y otros países subsaharianos hacia las puertas de África con Europa: Mauritania, Túnez y Marruecos. Cual colonia de hormigas empujada por el hambre o el calor viajan sin nada, solo lo puesto. Atraviesan ríos y valles, cordilleras y desiertos, carreteras y fronteras, playas y muros. Muchos son atrapados en la franja terrorista de Mauritania, Mali y Níger, al sur de Argelia. Ya en zona, se adentran en las periferias urbanas de Marruecos, como zombies en fuga hacia el centro de sus obsesiones: Ceuta y Melilla, dos ciudades autónomas de España en ese país con costas al océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.

Ceuta, ubicada en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, solo mide 19 km cuadrados habitados por 84 mil habitantes. ¿No es suficiente? Pues no, en la región de Tánger y Tetuán casi todos miran a la añorada urbanización compartida por cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. El estatus de puerto franco y la pertenencia a España convierten a Ceuta -y a Melilla- en la frontera sur de Europa, aunque las vallas de contención las pone España. Los “muros de la vergüenza” según políticos y locutores al margen del dilema migratorio.

Melilla, la antigua Rusadir, sigue frente a las costas de Granada y Almería como en la época romana. Es pequeña -12,5 kilómetros cuadrados- y superhabitada -83,679-, pero atrae a los turistas por su modernista patrimonio cultural y a los inmigrantes que la acosan para entrar a España, puerta de la Unión Europea, centrada en sus crisis del sur y enfrentada a los rusos que avanzan sobre el este.

Estas ciudades enclaves, como las Islas Canarias en el Atlántico, son puntos de tensión. Muros frente a invasores con hambre que ascienden montes y peñones costeros, saltan sobre “vallas infranqueables”. No miran hacia adentro ni hacia atrás. Solo al futuro. Sueñan con el ruido de ecos escuchados en su aldea. Se juegan la vida por vivir en España, Grecia, Italia o Alemania. No han visto el mapa de España ni conocen sus costumbres y problemas, pero gritan Viva España al saltar el muro. Bailan en los campamentos de refugiados, sin saber que el Gobierno agiliza la posible expulsión hacia Marruecos, de donde regresarán a Ceuta o Melilla o pensarán cómo llegar a Islas Canarias.

Apenas piensan pero existen, sienten y padecen. Expulsados por el hambre, las guerras tribales, las amenazas terroristas y la inviabilidad de sus naciones de origen, sueñan con cambiar sus vidas en Europa. Un sueño tan difícil como el sueño americano de quienes atraviesan el estrecho de La Florida o llegan a México e intentan ingresar en los Estados Unidos. La vida soñada y la muerte como espejo de las vanas gesticulaciones humanas acompañan por igual a los inmigrantes subsaharianos, latinoamericanos y asiáticos.

Los caminos patriarcales del interior, lo premoderno frente a lo contemporáneo. El desarrollo y las oportunidades pregonadas. Los escándalos de los medios de prensa frente a los muros de la exclusión. Si “el sueño de la razón produce monstruos”, el miedo y el desarraigo crea éxodos y expectativas difíciles de conciliar. Basta observar a los subsaharianos por las calles de Barcelona, Madrid, Valencia o Zaragoza, verlos caminar con sus mochilas al hombro vendiendo baratijas para suponer cuán difícil es la “asimilación” en países muy estructurados y competitivos, donde hay exceso de casas y automóviles, alimentos y medicinas, colegios, parques y autopistas, pero el desempleo oscila como una ola que margina y enajena. A diferencia de los chinos -sumergidos en sus comercios y restaurantes-, los africanos deambulan por ferias y bares, estaciones y parques. No sonríen ni se quejan, caminan y a veces se reúnen y hablan en sus lenguas.

Tal vez no sea lo esperado después de tan larga travesía. Quizás sea el comienzo, solo el comienzo tras la fuga y el silencio.

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