Archivo por meses: febrero 2009

Dinosaurios en la montaña

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Vimos por allá por Mil Cumbres, unos bosques intensos y recónditos al este de La Palma, que rodean a la mayor altura de todo el tercio occidental cubano: el Pan de Guajaibón.

Desde mucho antes de llegar sentimos la solidaridad de gente de campo que, sabiendo de cuán lejos veníamos, nos brindaba su casa, por si nos fallaba la suerte. Pero fue camino a La Palma, el lugar que escogieron los dos últimos ciclones para salir al mar, donde nos encontramos con la noche encima, sin bañarnos y con unas barras de maní por toda compañía.

¿De dónde salió esa pareja de campesinos? Ni idea, no los vimos llegar, pero lo cierto es que esa noche dejamos el polvo del viaje en el riachuelo que pasaba junto a su casa de madera, comimos en una mesa de platos desbordados, y dormimos sobre un colchón de suavidad impecable. El alacrancito que amaneció enredado en mi pulóver no afectó la enorme gratitud por la hospitalidad de aquel matrimonio.

La región de Mil Cumbres pertenece a la Empresa de Flora y Fauna, y hay que traer autorización para entrar, pero sin caer en los extremos de quienes dirigen Guanahacabibes. En su centro se yerguen los casi 700 metros del Pan de Guajaibón, aisladísimo: Sagua, el caserío más cercano, está a dos horas de buen camino. Allí encontramos otra buena persona que cuidó todo el equipaje innecesario y nos explicó cómo llegar hasta la base de la montaña.

Atravesamos riachuelos y mausoleos de héroes antiguos por un camino desierto, que moría entre las ruinas de un puesto militar. No vimos un solo ser humano. El ascenso del Pan aún es seguro: una senda clara, que al final se torna un pasillo entre gigantescos helechos arborescentes, va zigzagueando hasta la punta. A la 1:30 de la tarde, bañados en sudor, con el agua precisa y los turrones de maní casi agotados, nos asomábamos desde la cima del Pan a la costa norte y al lomerío de la Sierra del Rosario; entre nosotros, estaban los fósiles.

Unas inmensas estructuras metálicas, achatarradas, yacen allá arriba. Son los últimos restos de cuando jugábamos a la guerra. Las auras vuelan en torno, burlándose del asta que ya no tiene bandera, de los letreros en ruso aún visibles y de las solitarias fortificaciones militares llenas de excrementos y de carteles irreverentes.

A las 7 estábamos de regreso en Sagua, físicamente deshechos. Nos bañamos en el río San Marcos, que bordea el pueblo. Esa noche, de nuevo, nos salvó de los mosquitos y del hambre la hospitalidad humilde de unos lugareños. Madrugamos. En la oscuridad, vimos un cartel: “Sendero Natural REGRESO AL JURÁSICO”.

Gracias, ya estuvimos. Los dinosaurios se extinguen, irremediablemente.

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Hell can wait

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LOS DIOSES RATAS
Orlando Luis Pardo Lazo

El velo del templo rajado. Telón de teatro que deja al desnudo la realidad cruda del camerino. Y de la camarilla. Y del crimen. La muerte de Dios en nombre de la ley o la libertad de la selva. Intensa intemperie de barrio. Y ciudad. Y país. Vidas añicos por una pedrada colectiva que acaso nadie tiró.

Los dioses rotos (2008), primer largometraje ICAIC de Ernesto Daranas, se resuelve como un reportaje en videoclip de dos o dos mil Habanas (desde la fashion hasta la albañal), todas igual de violentas a la par que estetizadas durante el proceso de filmación.

Música de suspense y edición frenética. Stop-motion con transiciones trucadas desde el guión. Una suerte de CSI-Havana (pruebas de ADN incluidas) de tema tabú todavía no transmitible por nuestra taimada televisión. Cámara nerviosa de teleobjetivos acelerados por el tráfico de una ciudad en ruinas, ruina, fotografiada desde un ángulo demasiado hermoso para ser de verdad. (leer más)

Fidel: esta es tu casa

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por Claudia Cadelo

Nunca supe si las personas que ponían este cartel en la entrada de su casa estaban lo suficientemente claras como para saber que no era una metáfora. Sus casas eran de Fidel, y más aun, todas nuestras casas son de la revolución, porque todo lo que nos rodea pertenece a ese concepto abstracto. En Cuba hemos optado por la antigua filosofía griega, todas las cosas están hechas de una sustancia única y esta a su vez es el origen de todas las cosas: Todo es Revolución. La historia de occidente se divide en el año cero, antes y después de Cristo; la historia de Cuba se divide en el año 59, antes de la revolución nada, después de la revolución todo.
Me sorprende pensar que haya personas, incluso dentro de Cuba, que afirmen que es muy difícil desalojar a una familia de su vivienda. No voy a contar las historias de otros porque tuve la desgracia de lidiar con una brigadita de desalojo cuando tenía 20 años.
Mi padre vivía en casa de mi abuela materna, mi abuela decidió poner la casa a mi nombre en una especie de último acto de lucidez. Cuando mi padre murió vine para mi casa, como era lógico. Sin embargo, una persona cercana a mi padre y con un poco de poder consideró que no estaba bien, que lo correcto era que la casa fuera para ella. En ese mismo instante comenzó una batalla a ciegas para mí, donde el golpe ya no se sabía por dónde vendría: desde arrancar en mi ausencia el inodoro, el lavamanos, los cables de luz y la tubería de gas (para qué mencionar las otras cosas que habían dentro de la casa), pasando por una falsa acusación de haber firmado el proyecto Varela (no lo firmé porque no me llegó, que conste), la subsiguiente visita-mini-mitin-de-repudio de los miembros de la asociación de combatientes, la ausencia prolongada del registro de dirección, personas anotadas como residentes temporales en mi casa que yo nunca había puesto, denuncias por alquiler ilícito y de colofón los accionantes del terrible “desalojo”. (leer más)

Obama para todos los gustos

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por Iván García

Nunca un presidente de Estados Unidos ha levantado tantas expectativas como Barack Hussein Obama. Lincoln y Roosevelt fueron grandes, pero en la época de sus administraciones, Estados Unidos no era el ombligo del mundo como sucede ahora.

No existía internet y la televisión -en el caso del último mandato de Roosevelt antes de su muerte- estaba en pañales. Kennedy apuntaba alto, pero le segaron la vida en Dallas. Carter era ético, pero un poco tonto. Y Clinton fue un presidente decente, pero en una época postmuro de Berlín, sin grandes conflictos entre las potencias.

Ya se sabe que Bush hijo ha sido lo peor de los 43 gobiernos que ha tenido la Unión. Como castigo, debieran dejarlo sin pensión presidencial cuando regrese a su rancho de Texas. Lo bueno de Bush, es que allanó el camino para un hombre cosmopolita y moderno como Obama, para quien la palabra cambio es su primera premisa. Quizás por la propaganda y su buen discurso, Barack es el presidente que cualquier país del mundo quisiera tener.

Lo piden a gritos en Kenia, donde nació su padre; suspiran por él en media Europa, y los cubanos envidian que alguien como él no rija nuestros destinos. Si algún día el mundo decidiera que hubiese un gobernante planetario, Obama seria un buen candidato. (leer más)

El extraño caso del P4

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foto: Claudio Madam

por Claudia Cadelo

A las 7 y media de la mañana en el noticiero invitan a selectos personajes de los diferentes ministerios para que expongan criterios, expliquen situaciones, propongan soluciones etc. Esta mañana uno hablaba del transporte. La verdad es que empecé a verlo incrédula de sus palabras, pasé por la risa y por el enojo, saqué mis cuentas y acabé por apagar el televisor.

Ya hace tiempo que hablo sola con el televisor, se ha vuelto un hobby íntimo. Es mi forma de establecer una polémica verdadera con el estatus quo: ellos hablan y yo les respondo, es muy divertido. Con el único que no hablo es con Randy, porque sería caer demasiado bajo.

Pues el tipo fue muy claro, habló incluso a título personal. Casualmente, él coge la misma guagua que yo y a la misma hora que yo. Sin embargo, paradoja incomprensible, no tiene ningún problema para montarse, nunca se atrasa y viene medio vacía. Decidí que quizás la cogía en sentido opuesto al mío, pues de lo contrario, tendría que asumir que vivimos, él y yo, en mundos paralelos: en mi mundo el p4, si llega, viene repleto y a veces no lo puedo ni coger; en el de él, el trayecto Vedado-Playa es un placentero tour.

Pero eso no fue todo, después sacó unas cuentas muy raras, según parece el número de pasajeros que utilizan los transportes públicos ha aumentado en un 50% en toda Cuba gracias al aumento de carros (no sabemos qué por ciento representó el cálculo anterior, ni tampoco la fecha tomada para marcar la diferencia entre los dos). Luego que en Ciudad de La Habana el aumento fue de un 48%. No dijo cuánto había aumentado para el resto de Cuba, por lo que me quedé con la duda de lo que representaba ese 50 a nivel nacional si quitamos La Habana. (leer más)

Preguntas incómodas

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por Yoani Sánchez

Bordeo mi edificio, evitando pasar por debajo de los balcones, pues los niños lanzan preservativos llenos de orine para matar el aburrimiento. Un hombre con su hija lleva una bolsa que gotea una mezcla de grasa, agua y sangre. Vienen de la carnicería, donde la larga cola anuncia que algún producto racionado llegó en la mañana. Los dos suben felices las escaleras llevando el trofeo cárnico. Es probable que la madre ya esté cortando las cebollas, mientras suspira aliviada de que la proteína reaparezca, después de varios días de ausencia.

Voy detrás de ellos y alcanzo a oír como la niña pregunta: “Papi ¿Cuántos pollos tú te has comido en la vida?” Percibo la cara desconcertada del padre, que ha llegado al piso seis sudando por todos los poros. Su respuesta es un tanto brusca: “¿Cómo voy a saber eso? Yo no saco cuentas con la comida.” Pero la niña insiste. Evidentemente está aprendiendo a multiplicar y dividir, de ahí que quiera desmontar el mundo y explicarlo “totalmente” con puros números. “Papi, si tú tienes 53 años y cada mes recibes una libra de pollo por la carnicería, sólo tienes que saber cuántos meses has vivido. Cuando tengas ese número lo divides entre cuatro libras, que es más o menos lo que pesa un pollo normal”. (leer más)

Huellas vivas del indocubano

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Aquí les presento un libro que publiqué a partir de una investigación —diseñada y dirigida por mí— como fruto de los años dedicados al estudio del tema de la herencia cultural indígena. Sobre este tengo otros trabajos publicados, he ofrecido conferencias y cursos de posgrado La fase final de la investigación se desarrolló durante los años 1994 al 1996, con la incorporación de dos colaboradores: María Mercedes Garrido Mazorra, quien escribió el capítulo V, y la Dra. Daysi Fariñas, quien redactó el capítulo II. Además de organizar y dirigir la investigación, diseñé la estructura del libro, escribí los capítulos I, III y IV de los cinco en total, más la Introducción; participé además en la elaboración y redacción del capítulo V y en la revisión total de la obra.

Estructura y contenido:

Huellas vivas del indocubano ( 2da. Edición: Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007) consta de:

I..Agradecimientos.
II.. Índice.
III. Introducción.
IV. Capítulos del I al V.
V. Palabras finales.
VI. Anexos (en total son nueve y contemplan fotografías, mapas, dibujos, transcripciones musicales y otras informaciones adicionales).

Capítulo I: La hipótesis de trabajo. Pervivencia indígena en la cultura espiritual cubana.

En este capítulo se argumenta mediante pruebas documentales la pervivencia de los indígenas y sus descendientes en Cuba a lo largo de la historia, hasta el presente. De igual forma, se explica el origen de la ceremonia folclórica actual (denominada “espiritismo de cordón” desde el siglo xx), a partir de los “areítos” indígenas, así como los procesos de mestizaje entre el español y el aborigen, y entre este y el africano.

Capítulo II: Una religión de tal complejidad y coherencia no se pudo esfumar:

Aquí se hace una pormenorizada explicación de las prácticas religiosas de nuestros antepasados aborígenes, de su mitología, de sus ritos, etcétera, todo basado en evidencias arqueológicas cubanas, en reportes de los cronistas del siglo xvi, así como en los criterios más avanzados de antropólogos y etnólogos modernos. Igualmente se establecen los posibles vínculos con otras expresiones de religiosidad popular cubanas: las de procedencia africana y la proveniente del catolicismo popular. El contenido de este rico capítulo prepara al lector para establecer las debidas conexiones con ciertas creencias detectadas en muestras de población cubana, las cuales fueron objeto de estudio, y que aparecen en el capítulo siguiente.

Capítulo III: Tradiciones orales y otras expresiones folclóricas de origen indígena que perviven en el pueblo cubano.

Aquí se describe y se explica cada una de las expresiones de la cultura intangible de procedencia indígena detectadas durante la investigación de campo. Su persistencia fue detectada aún en la cultura popular de la población que fue objeto de estudio. A partir de un minucioso estudio sobre el complejo mundo de creencias indígenas que se conoce, se elaboró previamente un cuestionario para entrevistas, cuya aplicación —que constituye el contenido del capítulo— reveló muchas de las huellas indígenas que subsisten en la conciencia y el proceder de amplios sectores de la población cubana contemporánea. Otras huellas fueron descubiertas mediante la observación directa de formas de vida y costumbres en general (tareas domésticas, técnicas de trabajo, acciones para curar enfermedades, etcétera).

Capítulo IV: Del areíto indocubano al cordón actual.

Contiene una detallada descripción y explicación de los areítos que frecuentemente efectuaban los indígenas cubanos, y a la vez establece un paralelo entre los contenidos de estos y los que se aprecian en la actual ceremonia del cordón, logrando así demostrar que la notable similitud entre una ceremonia y la otra es producto incuestionable de la pervivencia de dicha tradición a lo largo de los siglos.

Capítulo V: La danza y el canto en la ceremonia del cordón.

Es un exhaustivo estudio de la ceremonia del cordón, donde se analiza el significado y el contenido de cada una de sus partes, los diferentes personajes que participan en ella, las variaciones de su danza y sus diferentes pasos, el significado mágico de la ceremonia, su música, sus cantos, etcétera.

-Los Anexos: son pequeñas secciones de información, que contienen los mapas de las regiones estudiadas, las fotografías de las ceremonias y de los lugares donde se hizo la investigación, las muestras de música transcritas en pentagrama, etcétera.

Entre el suspenso y la sorpresa

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Quizás el detalle más llamativo de lo que ocurrirá en unas horas, en la periferia de la fortaleza de la Cabaña, es la incertidumbre compartida tanto por los que insistían en realizar de forma alternativa el libro Boring Home, de Luís Orlando Pardo, como por los que intentan impedirlo.

Hasta las tres de la tarde de este lunes no se sabrá si finalmente se pudo hacer la presentación.

Es un perfomance a lo Hitchcock, lleno de suspenso. La otra pregunta es dónde fueron colocados los ejemplares para el juego de “Tesoro escondido”. Curiosamente, casi nadie se extraña de que en un país que ha purgado casi públicamente las atrocidades del llamado quinquenio gris, se repitan las mismas torpezas.

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El pueblo más sincero de Cuba

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A Guane llegamos por la tarde, huyendo de los mosquitos de Guanahacabibes. En la misma terminal nos bajamos, con tan buena suerte que a los quince minutos apareció un carro con logotipo de Los Portales SA, a recoger pasajeros, y nos montamos, pues para el Salto de Los Portales íbamos.

(Por cierto, en Guane algún funcionario innovador dispuso que todos los automóviles estatales debían pasar por la terminal, con lo cual el viajero no tiene que escoger entre ambas fatídicas opciones. Parece que hay funcionarios con imaginación, después de todo).

La famosa agua embotellada Los Portales se obtiene del río homónimo, afluente del Cuyaguateje, que baja de la leve Sierra de Guane, y en cuya orilla está el campismo. En esta zona el río tiene enormes y solitarios remansos verdes, que exhalan una incontenible tentación de arrojarse, a riesgo de rozarle la nuca a algún güije dormido.

Esa noche comimos y dormimos en el campismo, lo cual nos alivió un poco las billeteras, de por sí ligeras, y a las cuatro de la mañana estábamos desandando un par de kilómetros a oscuras, rumbo a Viñales. Por supuesto, como buenos excursionistas, nos perdimos en aquellos caminos ignotos.

A las cinco abordamos un ómnibus apacible que tardó casi dos horas en recorrer unos cuarenta kilómetros, hasta excretarnos, metamorfoseado ya en una molotera tipo Hidra de Lerna (por cada uno que bajaba subían nueve), en Cabezas, un puente de hierro y madera sobre el Cuyaguateje.

Allí mordisqueamos las últimas galletas que nos quedaban, tragando con susto por si el “amarillo” paraba algún carro que nos pudiera adelantar. Sobre las nueve de la mañana, atiborrados de hambre y de los paisajes impecables de la Sierra de Viñales, entrábamos por el sur, en un camión descubierto, a Minas de Matahambre.

Y fue verdad. Enfrente del modesto parquecito central descubrimos una cafetería estatal, milagrosamente surtida de panes con morcilla, queso-crema, mayonesa y mortadella, y con precios de los que no provocan demasiada desazón en el bolsillo. No sé dónde estarían las Minas, pero por lo menos ya estábamos en Matahambre. El nombre del pueblo decía la verdad.

Y seguimos.

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Invocación al pie de la montaña

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Frente a la tumba de Frank País, en la esquina donde se dice “Aquí cayó Otto Parellada”, mirando las tarjas que dejan constancia de que “en este lugar…” se juntaron los insurrectos, se reunieron los conspiradores, se imprimieron las proclamas, es decir, en cualquier sitio de Santiago de Cuba, me hice la misma pregunta: ¿Será la rebeldía cosa del pasado?, ¿Será posible que el miedo a perder el empleo o la carrera universitaria sea más fuerte que el miedo a perder la vida?, ¿Será acaso más fácil y menos riesgoso tomar las armas que expresar nuestras ideas?

Hablé con jóvenes y viejos, hombres y mujeres; protestantes, católicos y ateos; obreros, intelectuales y estudiantes. No encontré una sola persona que me dijera sentirse a gusto con su situación actual ni con las condiciones en que vive el país, pero tampoco encontré a nadie (realmente hallé uno solo) que haya tenido la ocurrencia de expresar públicamente su inconformidad, sus desacuerdos, aunque sea una mínima divergencia.

Yo, que sólo soy camagüeyano, no me atrevo ni siquiera a sugerir que la gente de la indómita provincia se haya vuelto cobarde. Pienso que lo que quizás esté sucediendo sea que allá la desinformación está más extendida y que tantos años oyendo decir que Santiago es la cuna de la revolución, les haya infundido una especie de culpabilidad con lo que ocurre.

Santiagueros, la culpa la tenemos todos. Los cubanos estamos pagando el precio de nuestra inocencia, pero los que se tienen que arrepentir son los que abusaron de ella. Ojalá que nunca más sea necesario fundir una placa de bronce para indicar dónde se inmoló un joven, dónde fue asesinado un inconforme. La nueva valentía que reclama la Patria no se despierta con los clarines exaltados de la batalla, sino con la serena convicción de que tenemos una responsabilidad cívica y la obligación ciudadana de reclamar civilizadamente los derechos que nos pertenecen.

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