Archivo por meses: abril 2009

Primero de mayo

Como año tras año, en este 2009 las más importantes plazas públicas del país serán el tradicional escenario de la celebración del primero de mayo. En un país donde a nadie le alcanza el salario para vivir, no habrá un solo cartel pidiendo aumentos de sueldo. Aquí donde es ilegal fundar sindicatos independientes, nadie reclamará la más universal conquista de los trabajadores: asociarse para reclamar sus derechos. Cientos de miles de hombres y mujeres desfilarán disciplinadamente en bloques, previamente organizados, para enarbolar las pancartas que les entregaran en el punto de encuentro.

A través de los altavoces, algún locutor profesional estará leyendo las consignas orientadas. Probablemente apunte en un momento que “una vez más los trabajadores cubanos ratifican, con su presencia en la plaza, su inquebrantable adhesión a la revolución, al partido, a Fidel y a Raúl”. Nada de lo que se diga a través de esos micrófonos será espontaneo o improvisado. Todo ha sido meticulosamente planificado en las oficinas del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Comité Central del Partido. Quizás por eso habrá que prestar especial atención a las alusiones antimperialistas, pues éstas serán un magnífico termómetro para medir la reacción oficial ante las ofertas de distensión hechas por la nueva administración norteamericana.

A las 9 de la noche de ese propio primero de mayo se ha convocado un “cacerolazo” para reclamar la eliminación de las restricciones migratorias impuestas por el gobierno cubano a sus ciudadanos, especialmente la eliminación del humillante permiso de salida y el requisito de una carta de invitación para viajar fuera de la isla. Personalmente, creo que el cacerolazo será un fracaso debido a la dosis de valor personal que se necesita para hacer ruido con una olla. Los tres o cuatro sonidos que se escuchen no podrán competir en unidad, disciplina y organización con el desfile de la mañana.

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Los exorcistas

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En la encuesta Relaciones entre Cuba y Estados –que concluimos el 5 de febrero pasado- vimos que las expectativas de la población con relación al presidente de los Estados Unidos eran elevadas. Dos meses después tenemos que Barak Obama actúa en correspondencia con lo que la mayoría del pueblo cubano esperaba de él, en lo concerniente al diferendo entre los dos países.

La esperanza popular con relación a las acciones del presidente de Cuba, si la administración norteamericana eliminaba las restricciones y favorecía las conversaciones, eran muy bajas. Dos meses después comprobamos que la percepción de la población era real. El presidente Raúl Castro afirma estar dispuesto a conversar, pero con la misma actitud intolerante y el lenguaje de confrontación hacia Estados Unidos, ignorando a la oposición pacífica y sin dar respuestas a las demandas populares. Los que habitamos el país estamos hartos del totalitarismo que ha convertido la Isla en una ciudad estado similar a la Edad Media. Ya no sólo la obsolescencia y depauperación de los medios de producción, sino el vertiginoso desarrollo tecnológico, la globalización y el despertar ciudadano reclaman los cambios económicos, políticos y sociales.

Con su característico desprecio y prepotencia Fidel Castro con su “rifle-xión” dispara desde la fosa donde convalece sobre todo lo que se mueva hacia el cambio. Su labor demonizadora ya no surte efecto. Los jóvenes saben que les robó el sueño a sus padres y por eso están dispuestos a realizar sus propios sueños. Para realizar sus anhelos buscan información, se agrupan entre sí y contactan con el exterior. Como el gobierno les niega los derechos ciudadanos los jóvenes se están abriendo al mundo para así poder exorcizar a los demonios de la intolerancia.

La agenda de discusiones

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Ahora que parece inminente que se produzca un diálogo entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, sale a relucir una de las aristas más espinosas del tema: que los norteamericanos reconozcan a los mandatarios cubanos como los legítimos gobernantes de la nación.

Desde enero de 1961, cuando USA rompió las relaciones, el tratamiento dado por los diferentes gobiernos de los Estados Unidos al de Cuba pudiera ser comparado al procedimiento que sigue un negociador cuando habla con un secuestrador que mantiene cautivos a sus rehenes. Quizás sea por eso que Raúl Castro exigió con tanto énfasis en la Cumbre del  ALBA que podría discutir de todo con los norteamericanos a condición de que fuera en igualdad de condiciones.

Hay que reconocer que la parte cubana nunca (excepto en discursos muy ideologizados) ha tratado a ningún gobierno norteamericano como un usurpador que toma o mantiene el poder en contra de la voluntad del pueblo. Para sustantivar esta abstracción, Fidel Castro nunca negó que Eisenhower, Kenedy, Johnson , Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush (padre), Clinton, Bush (hijo), hayan sido los legítimos presidentes del pueblo norteamericano. Sin embargo, todos ellos lo consideraron a él como un dictador.

Ahora, Obama afirma que está dispuesto a llevar las relaciones entre los dos países en una nueva dirección y que su administración podría discutir una amplia gama de asuntos, desde los derechos humanos a la libertad de expresión, las reformas democráticas, las drogas y los asuntos económicos. Por su parte, Raúl Castro, mientras gesticulaba como si estuviera declarando la guerra, anunció una agenda similar cuando dijo estar dispuesto a discutir sobre cualquier cosa, incluyendo los temas de los presos políticos, los derechos humanos y la libertad de prensa.

Mi impresión personal es que Raúl Castro ha elegido al señor Obama como un interlocutor válido para debatir temas que tendría que discutir con sus opositores, vivan estos en el exilio o en la isla. Para llevarlo más lejos, son los temas de política interna que tendrían que discutirse en el seno del Partido Comunista en su próximo congreso o entre los diputados en la próxima sesión del Parlamento. Entiendo que hay que hablar con los Estados Unidos sobre muchos temas, como son los asuntos migratorios, el control de las drogas en la región y asuntos más complicados como el de las propiedades confiscadas o la indemnización que reclama el gobierno cubano por los daños ocasionados con el bloqueo, pero no me imagino al presidente de mi país comprometiéndose con el jefe de una potencia extranjera a que va a soltar prisioneros, que va a permitir que los ciudadanos expresen libremente sus opiniones y los va a dejar salir de la isla cuando quieran. No lo entiendo. Esa es la agenda de los secuestradores cuando le van a pedir al mediador que les sitúe un avión con gasolina en el aeropuerto más cercano.

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Ancho y profundo

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La mayor parte de la población de Cuba ha nacido después de 1959. Esto hace que sólo quienes tengan más de setenta años hayan participado en elecciones pluripartidistas, puesto que para ejercer ese derecho era requisito ser mayor de edad, es decir, no menos de veintiún años.

El sistema cuenta con esto a su favor para perpetuarse indefinidamente, o al menos mantener el control económico del país en manos de los descendientes de la dinastía gobernante. Los menores de cincuenta años desconocen sus derechos y han visto a sus padres simular, mentir, acobardados y envilecidos frente al todopoderoso Estado. Ya los nacidos en la década del sesenta son abuelos, por lo que padres, hijos y nietos han sido formados en cautiverio. Las instituciones y enseñanzas están diseñadas para callar, aplaudir y soportar.

En fecha tan lejana como 1968, – por el aniversario del levantamiento del 10 de octubre de 1868- el poder omnímodo comenzó una campaña llamada: 100 años de lucha. Incluía -entre otras cosas infames- las directrices estatales y la consigna de “quemar las tradiciones”, que suprimió las festividades navideñas, así como otras costumbres ancestrales de carácter religiosos y sociales consideradas –según los patrones ideológicos comunistas- de corte “burgués”. En este contexto las manifestaciones de cortesía masculina al sexo opuesto fueron tildadas de “caballerosidad burguesa” y desviación ideológica, ya que la mujer era una compañera con las mismas obligaciones y derechos sociales. En su lugar, se habló de fomentar la “caballerosidad proletaria”, que sólo era retórica política. Posteriormente, se crearon centros de enseñanza media y media superior en el campo. La enseñanza media superior se estableció definitivamente en escuelas en el campo. Con ello los adolescentes quedaron a merced del adoctrinamiento del Estado, sin la orientación y supervisión de la familia en esa edad que tanto lo necesita.

Desde hace algunos años las manifestaciones públicas de la pérdida de valores en el comportamiento social crece exponencialmente. Posiblemente, como es habitual, desde el poder estén buscando la causa en algún factor externo. Nada tendría de extraño que se aludiera al calentamiento global, las explosiones solares o la contaminación de los océanos.

En todos los órdenes, el malogrado experimento socio-económico ha hecho que cobren una lapidaria actualidad los versos del poeta José María Heredia: “dulce Cuba en tu suelo se ve / en su lado más ancho y profundo / la belleza del físico mundo / los horrores del mundo moral”.

Rosa blanca

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Aquí les presento una publicación que hacemos varios jóvenes desde la provincia de Camagüey. Déjenme sus comentarios y críticas, que las necesitamos.

Rosa Blanca

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por Henry Constantín

Aquí les presento una publicación que hacemos varios jóvenes desde la provincia de Camagüey. Déjenme sus comentarios y críticas, que las necesitamos. (leer más)

¡Jaque Mate!

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En estos últimos días estoy de fiesta, me divierto porque la histeria ha tomado el poder que nos ha privado de nuestros derechos naturales. De pronto, la recomendación del viejo Nicolás Maquiavelo – “si tienes dificultades internas búscate un enemigo externo y échale la culpa” – amenaza con no poder ser utilizada.

El eterno “enemigo imperialista” les está desmontando la tramoya, la utilería y todo el atrezo del escenario en que han representado la comedia de David vs. Goliat. No por anunciado les resulta menos dramático. ¿Cómo mantener el poder opresor que se ha basado en la confrontación si no hay antagonista? Paradójicamente -por su diseño en correspondencia con la psicología del dominador- para el sistema la paz, la convivencia y las relaciones transparentes y civilizadas equivalen a un ¡Jaque Mate!

Girón en la memoria

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Por estos días fue lo de Playa Girón. A mí me faltaban tres meses para cumplir los catorce años. Dentro de cuatro meses mi hijo Teo cumplirá también los catorce. Durante mucho tiempo tuve la sensación de que mi biografía tenía un agujero imperdonable porque otros muchachos de mi edad salieron de la Escuela de Artillería a combatir en aquellas arenas sin memoria. Para compensar me inscribí en la Brigada Conrado Benítez, pero esa es otra historia.

Como todos los varones de su edad, Teo juega a la guerra. Gracias a los avances de la tecnología, puede ver en el play station, sin salpicarse de sangre, como vuelan las cabezas y las extremidades de sus adversarios, a los que siempre derrota. Recuerdo con mucha claridad la retórica de los partes  militares, el himno del Guerrillero con su belicoso ritmo incitando a la vanguardia. Por esos días, me asaltó la primera duda política (¡qué precocidad!). Vi a hombres con el uniforme de  miliciano pegar carteles en las puertas de las casas de ciertas familias camagüeyanas. “Aquí vive un enemigo de la Revolución”, proclamaban los letreros y yo me preguntaba cuándo y cómo los habían juzgado para sentenciarlos de esa forma. Casi todos se marcharon luego del país, pero esa es otra historia.

Las viudas y los huérfanos de ambos bandos lloraron las mismas lágrimas. El dolor de las madres de aquellos que venían a recuperar sus propiedades no fue menor que el de las madres de los que murieron para impedirlo. Hoy, que tengo otro tipo de dudas políticas, me encantaría conocer cuánto están produciendo aquellas tierras, aquellos centrales y fábricas, en qué estado se encontrarán los edificios de apartamentos, las tiendas que unos y otros se disputaron en Playa Girón.

No creo que una historia como esa pueda repetirse en Cuba. Nadie desembarcará armado de un fusil a recuperar las ruinas de lo que fue de sus padres y abuelos, ya los himnos no inflaman los corazones juveniles. Mi hijo no sufrirá terror por ver a unos hombres pegando un cartel en la puerta de su casa.

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Agua y ajo

 

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En 1959 la recién estrenada revolución lanzó una consigna: “conozca a Cuba primero y al extranjero después”. La exhortación se dirigía al importante sector de la sociedad que salía a vacacionar al exterior. Con esto se pretendía que el dinero se gastara dentro de la nación para beneficiar su desarrollo. Cincuenta años después los habitantes del país no tenemos la posibilidad legal de salir libremente del territorio nacional, aun si contáramos con los medios económicos necesarios. Esa barrera sólo se puede traspasar cuando el Ministerio del Interior otorga un permiso de salida. De modo que el gobierno nos tiene confinados dentro de la Isla.

El Estado controlador prefiere el inmovilismo. Es por eso que viajar dentro tampoco resulta fácil. Al ser incorporados en el año 2007 los ómnibus Yutong, fabricados en China, el precio del pasaje se multiplicó entre el trescientos y cuatrocientos por ciento. Aún así las ofertas están por debajo de las demandas, hay que hacer reservaciones con antelación e invertir muchas horas en la actividad. En cuanto a los trenes con frecuencia se suspende la salida. Esto hace que la mayoría tenga que moverse en transportes más rudimentarios como camiones y rastras, con incomodidades y riesgos para la vida.

El discurso oficial se caracteriza por el triunfalismo, el llamado a la firmeza y la resistencia a medida que se suprimían los derechos ciudadanos, se deterioró la calidad de la vida y perdía la esperanza. Estas arengas del poder, cada vez que da una vuelta más al cepo que nos estrangula, se denominan popularmente: agua y ajo. Lo que quiere decir aguantar y a joderse. Se sobrevive parapetados en el último baluarte que le queda a la desesperación: el sentido del humor a costa de sí mismo.

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El derecho a la libertad de información

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En fila para comprar el periódico

En 1999 el entonces presidente Fidel Castro inició lo que denominó “La Batalla de Ideas”. Pero, ¿contra quien era? y ¿se trataba realmente de una batalla? Es contra nosotros los habitantes del país, contra nuestra psiquis. Como todos sabemos, una batalla requiere, al menos, dos contendientes y en esta sólo la brutal, enajenante y despiadada maquinaria propagandística del Estado dispara continuamente a mansalva. El sistema, por su esencia, mantiene permanentemente una intensa propaganda ideológica. La batalla de marras alcanzó, por momentos, tal punto de saturación que producía el efecto contrario en la población. Al ocurrir esto bajan la intensidad, sustituyen el tema a difundir y de nuevo fuego inmisericorde. No es una batalla, es una masacre. Ninguna otra nación de la región se ha visto sometida durante tan prolongado tiempo, forma sistemática y totalitaria, a esta modalidad de daño antropológico.

 

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Es, en este contexto, cuando comienzan a germinar las semillas de la emergente sociedad civil. La saturación produjo primero el malestar interior, el susurro después y posteriormente a formas más o menos abiertas de rechazo. De modo espontáneo se crean organizaciones informales por las que circulan documentales, películas y literatura de todo tipo que les han dado a sus miembros la coraza para no quedar idiotizados. Además del gratificante sentimiento de pertenecer, sin condicionamientos, a una organización con gustos e intereses compartidos. Libres, en ese nicho, de los tentáculos gubernamentales.

De ahí que comandos, con medios combinados, estén en búsqueda de las antenas parabólicas por las que se reciben los canales del sur de la Florida. Cada poseedor de uno de estos receptores es el eslabón interior, necesario y suficiente, que le pasa a decenas de compatriotas, por cable o en DVD y memorias USB, información. La que recorre una prolongada e indetectable vía que vulnera el monopolio mediático del sistema. Gracias a la tecnología podemos ejercer nuestro derecho a la libertad de información.