Archivo por meses: junio 2009

La ciudad retrete

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La Habana se ha convertido en un retrete gigantesco. Esto, que a primera vista pudiera parecer una exageración, no es más que otro reflejo del declive total: la imagen mugrienta y pestilente de la desidia general. Cierto que en toda la ciudad apenas existen servicios sanitarios públicos, pero tampoco recuerdo que éstos hayan abundado alguna vez, al menos en los últimos cuarenta años, y nunca antes de ahora percibí tanta suciedad del entorno. No me salga ahora un puntilloso a mencionarme la falta de higiene de los barrios bajos de muchas capitales o de los agresivos olores que caracterizan ciertas ciudades tercermundistas: mal de muchos es consuelo de tontos. Estoy hablando de mi ciudad natal, que en tiempos pasados tenía la belleza y dignidad que le conferían su peculiar arquitectura, su higiene ambiental, su envidiable sistema de alcantarillado y el amor de sus habitantes.

Más allá del insuficiente (e ineficiente) sistema de recogida de desechos sólidos –lo que nos impone el permanente paisaje de colectores de basura repletos y hasta desbordados-; de las defectuosas redes de albañales cuyas frecuentes roturas han ido poblando de negros, insalubres y permanentes arroyos nuestras calles o de la carencia de suficiente personal de trabajos comunales –en este caso barrenderos- que mantengan la adecuada limpieza de calles y avenidas; también se ha enseñoreado en un amplio sector de la población, fundamentalmente del género masculino, la práctica de malos hábitos. Ahora es común ir caminando por la vía pública a plena luz del día y ver un sujeto arrimado a un poste o a una pared orinando con tanta comodidad y confianza cual si se encontrara ante el sanitario de su casa, con el “bienestar” adicional de no tener que descargar o subir y bajar la tapa del retrete. He sido testigo de esta escena muchas veces, la más reciente de las cuales fue hace apenas una semana, cerca del mediodía, en una cuadra de tanto tráfico humano como la de Árbol Seco entre Carlos III y Estrella, justo al costado del Mercado Carlos III, por donde circula una cantidad abrumadora de gente y de automóviles. Esta vez el sujeto en cuestión, después de cerrar tranquilamente la portañuela de su pantalón… ¡se subió a su carro, allí parqueado y se fue! Tenía apenas a unos pasos el baño público del Mercado, pero prefirió exhibir impúdicamente su propia desfachatez y su desprecio a los demás orinando en plena calle.

Los bajos de mi edificio, por ejemplo, se han convertido también en un baño público, sobre todo los fines de semana en que hay actividades “culturales” en la “Casa de la Incultura” de Centro Habana (antigua Casa Hornedo, en Carlos III esquina a Castillejo), cuando muchos de los asistentes salen borrachos y encuentran aquí el aliviadero para sus vejigas. Pero ocurre lo mismo en otros disímiles puntos de la ciudad: los portales de Carlos III y Oquendo; los de las calles Reina, Monte y Galiano; los del majestuoso Palacio Aldama (actual Instituto de Historia); los del cine Payret; los del antiguo Diario de la Marina (hoy Editora Abril); los del Centro Asturiano (hoy sede de las salas de arte universal del Palacio de Bellas Artes); toda la Manzana de Gómez; los Jardines del Capitolio; el Parque de la Fraternidad, y hasta la tierra donde crecen los árboles del Parque Central. Estos son solo algunos lugares por los que suelo transitar. La esencia amoniacal llena con sus efluvios irritantes casi cada lugar público por donde circulamos en nuestro ajetreo diario.

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Y este es solo un aspecto de la barbarie que nos ha invadido, existen otras manifestaciones quizás más aberrantes: ahora ya no solo tenemos vándalos que se dedican a romper los teléfonos públicos o a saquear sus alcancías; está también la acción de escupir dentro del depósito que devuelve las monedas, de manera que el incauto que va a recoger la suya después de una llamada que no se llevó a efecto, de pronto se encuentra con los esputos de alguien enredados entre sus dedos. Es como si la gente desatara su rencor y su impotencia contra la ciudad, en definitiva tan sufrida como sus habitantes.

Hay quienes opinan que esta es una forma de rebelión. Puede ser, pero en todo caso son acciones fallidas que solo consiguen dañarnos a nosotros mismos: es sabido que por estas calles no transitan los habitantes del Palacio de la Revolución, del Laguito o de otras zonas exclusivas de los poderosos, los máximos responsables de la miseria material y espiritual que nos corroe. No creo que quienes proceden ensuciando la ciudad porten algún ideal elevado o sientan responsabilidad alguna por sus actos. Tampoco regodearnos en la porquería es una solución a nuestros muchos males. La ciudad capital se ha llenado de manifestaciones delictivas y de otras muestras de indisciplina social que no hablan realmente de la tan cacareada rebeldía o dignidad de un pueblo, sino del atroz estado de retroceso moral que estamos viviendo; posiblemente una simple pero visible muestra del abismo en que nos ha sumido medio siglo de destrucción sistemática.

Imagen 1. La arboleda del Parque Central, frente a los Hoteles “Parque Central”, por la calle Neptuno e “Inglaterra” y “Telégrafo”, por la calle Prado, es uno de los urinarios gigantes, a espacio abierto, de la capital cubana

Imagen 2. La esquina de las calles Oquendo y Pocito, en Centro Habana, ofrece casi permanentemente esta imagen, ya habitual, de la higiene que caracteriza la ciudad. En la esquina opuesta se encuentra la cafetería “El Frisquito”, un centro de elaboración de alimentos para las escuelas secundarias y comedor obrero de los trabajadores de salud pública encargados de la “campaña antivectorial” en prevención contra las epidemias de Dengue

De gorilas y caudillos

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Nueve años han pasado desde que escribí las últimas líneas de una tesis sobre la figura del dictador en la literatura latinoamericana. Aunque mi estudio señalaba la existencia aún de varios caudillos que servían de magníficos referentes para escribir novelas, en el fondo yo creía que se trataba de seres en extinción. Poco tiempo después, comencé a dudar si los tiranos no estarían en incubación para volver a brotar sobre nuestras tierras americanas. De un tiempo a esta parte ya no me quedan dudas: los dictadores –o aspirantes a serlo- están aquí, aunque ahora visten jeans, guayaberas o camisas rojas.

Tampoco se extinguió el otro peligro: el militar que se toma la justicia por su mano; el uniformado que imponen su voluntad por las armas. A los brazos de unos y de otros nos seguimos lanzando, porque una tradición de personalismos y demagogos no se erradica tan fácilmente. En Honduras, ahora mismo, toda una nación puede arrojarse al espinoso abrigo de los soldados o hipnotizarse ante el regreso “triunfal” –al estilo de Chávez- de quien ha sido depuesto por la fuerza. De ese dilema, pocas veces salimos bien parados los ciudadanos.

No me gustan los golpes militares, ni los presidentes que intentan reelegirse infinitamente. Le tengo la misma desconfianza a quien baja de una montaña con las armas por delante, que al elegido en las urnas que administra su país como una hacienda; como si de la vieja finca de sus padres se tratara. De ahí que esté preocupada por Honduras. Tengo el temor que lo ocurrido prepare el camino para el surgimiento de otra figura investida de plenos poderes. ¡Cuidado! en la amplia gama que exhiben los sátrapas, la peor combinación es cuando convergen -en una misma persona- la figura del caudillo y del gorila armado.

Recortan tiempo de teléfono

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Imagen: La creación del mundo de Bosch

El pasado 8 de junio comenzó a regir un nuevo horario de teléfono para los reclusos de la prisión provincial de Canaleta, en Ciego de Ávila. El segundo jefe del penal Mayor Orlando Fernández, aseveró a este bloguero que se incrementarían las líneas telefónicas a los destacamentos 3 y 4, ya que sólo pueden llamar cada tres días, de 8 de la mañana a 5 de la tarde, incumpliendo los 120 minutos que el ex canciller Felipe Pérez Roque anunció en una conferencia de prensa en el año 2003.

Ahora con esta nueva regulación muchos de los presos se ven imposibilitados de hablar con sus familiares, debido a que éstos trabajan en ese horario y en este penal están recluidos convictos de La Habana y otras provincias de Cuba.

Así mismo hay que destacar que en varias ocasiones el destacamento 3 presentó problemas con la línea telefónica, el más reciente fue el pasado lunes 8, cuando una de la secciones se vio privada desde las 2 de la tarde de este servicio y hoy, 15 de junio, aún no se ha restablecido.

Con la agravante de encontrarse desconectado el beneficio telefónico para el destacamento en general desde la última fecha citada, es bueno señalar que con esta situación, más que la población penal, se perjudica ETECSA (Empresa de telecomunicación), pues los reclusos sólo pueden hacer llamadas con las tarjetas prepagadas que vende dicha corporación.

Pablo Pacheco. Prisión de Canaleta.

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Dayron, hasta con gripe

Al césar, lo que es del césar. El cubano Dayron Robles, llegó al torneo de atletismo de Ostrava, República Checa, vio y venció. Todo fue fácil para el campeón olímpico de Beijing, nacido en 1986. Robles había despertado ciertas incertidumbres entre la fanaticada de la isla, pues al final de la temporada del 2008 sufrió una lesión y se desconocía la actual forma deportiva del vallista cubano.

Ya en Francia, el pasado 10 de junio, dio un aviso al mundo del campo y pista cuando ganó sin sudar apenas la carrera de 110 metros con vallas, con tiempo de 13 segundos 30 centésimas, discreto diría, para un fuera de serie como Dayron. Pero en Ostrava fue otra cosa.

La pista sintética de la ciudad checa se le da bien al oriundo de Guantánamo. Ya el año pasado Robles implantó el soberbio récord del planeta de 12,87 en su categoría. En la carrera del 17 de junio, Dayron llegó al país centroeuropeo con fiebre de 39 grados y un incómodo estado gripal, que gracias a dios no era la nueva influenza, convertida en pandemia, y que en este 2009 ha invadido medio mundo.

Tuvo una arrancada lenta y tardía, pero como si fuese un coche de petróleo, calentó motores y a la altura del metro 60 de carrera, Dayron sacaba a relucir su clase y potencia y a sus rivales no les quedó más remedio que bajar la cabeza. Marcó 13,04, el mejor crono del año.

Ya sus contrarios tiemblan. Cuando en agosto se efectué el campeonato mundial de atletismo en Berlín, Dayron llegará como un roble. Para esa fecha es probable que el récord de los 110 metros con valla, pase a mejor vida. El mensaje que Dayron envió en Ostrava así lo indica. Hasta con gripe, el guantanamero es imbatible.

Iván García

40.

2stars
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Rampa de lanzamientos suicidas. Aula o jaula disciplinariamente pixelada. Alturas en recuadros decrépitos de último modelo. Zincs sintéticos y pinturas de cal calcinada por la demasiada luz. Oasis o espejismo. Desierto o deserción. Decepcionante entusiasmo de nuestra diaria fotogenicidad. Fotogeniociudad.

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LETTER 30.

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You are invited to personalize my utopictures. Just @sk me a slice of Habana and I will publish it in this collective bluff. Let me know what you miss most, including Habana people, and I will cut this city in pieces of pics for you.

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Hola OLPL. Ahora se me antoja la Virgen del Camino, donde tantas veces estuve botada, sin guaguas, y la odié profundamente y ahora me muero por volverla a ver. Lo que haces de más está decirte lo que significa. Un beso grande, muchas gracias. Frans.

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Fabulous Frans: I give you back your hatred and beloved crossroad roundabout. My boring home is so close to La Virgen del Camino that in the deep of night I can hear the statue sobbing. I promise that every day I will put in her dead hands a little white flower in your name. I promise that I will whisper in her deaf ears the mourning melody of your name. I promise that sooner than later the statue will smile to me in your name. Orphic Orl.

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Decir que “no”

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Un  presentador de la televisión le ha dado nombre a un divertido adorno, en forma de perro, que se coloca en el interior de los autos. Asentir todo el tiempo le valió a ese conductor que lo compararan con los peluches que mueven la cabeza con cada salto de la carrocería, mientras simulan decir que “sí”. El referido señor siempre ratifica lo que dicen sus jefes, de ahí que el cuello se le vuelve un muelle cuando dirige uno de los programas con menos audiencia de la televisión cubana.

Una amiga mexicana me regaló está jicotea que dice “no”, la cual me hace recordar las negativas que los ciudadanos nunca hemos podido expresar en público. Al ritmo de este simpático quelonio, me gustaría subrayar todo aquello que desapruebo pero que no me permiten decidir con una boleta. Mover la cabeza hacia los lados cuando no se está de acuerdo implica una cuota mayor de valor que afirmar o consentir todo el tiempo. El deporte de decir que “sí” le ha costado demasiadas pérdidas a mi generación, que carga con las consecuencias de los asentimientos y compromisos que hicieron nuestros padres.

Podríamos empezar por decir que “no” al centralismo, la burocracia, el culto a la personalidad, las prohibiciones absurdas y la gerontocracia. Como un ventilador que gira de derecha a izquierda, así me movería si alguien me consulta sobre la gestión del actual gobierno. “No” es la primera palabra que brota cuando me preguntan si la Cuba de hoy se parece a lo que me prometieron siendo niña. Mi desaprobación no la trasmitirán en la tele, ni me valdrá las palmaditas complacientes de algún jefe, pero al menos no es automática como el “sí” del perrito plástico que asoma detrás del parabrisas.

Zona con parqueador

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Hace poco en “Deja que yo te cuente”, mi programa preferido de la televisión cubana, hablaron de los parqueadores. Me reí muchísimo con la descripción de las tarifas de parqueo, directamente proporcionales a la calidad del carro y a la nacionalidad del conductor, por supuesto.

Pero lo más increíble de todo es el respiro que siente un chofer cuando va a parquear y divisa a lo lejos al parqueador, si no hay el riesgo a correr es alto. ¿Existen los parqueos sin parqueadores en Cuba? Pues la verdad es que no lo creo, los espacios de parqueos han sido lentamente tomados por estos trabajadores. Lo gracioso es que ya no se pueda parquear sin ellos, pues entonces el carro corre el riesgo de sufrir amputaciones varias y crueles. Nada más normal que ver a choferes con sus reproductores en la mano caminado por la calle, a nadie se le ocurre dejar el reproductor de CD en el carro.

El otro día a mi vecino le trataron de robar el carro a las dos de la tarde. El parquea bastante lejos de la casa porque fue lo que “consiguió”, así que durante el día deja el carro en “zona desprotegida”: frente al edificio. Unos muchachos en un lada se detuvieron justo delante y uno de ellos se bajó para forcejear la puerta. En eso uno de los vecinos lo vio y le tomó la chapa, se fueron corriendo y no pudieron llevarse nada.

Resultó que la chapa era azul, lo que significa que pertenece a un ministerio o institución estatal, luego de ir a la policía se supo que pertenecía a la sede de la UJC. Mi vecino hizo varios intentos con la policía pero nada, en una de esas el investigador a cargo del caso le dijo:

-Mira compadre, yo te aconsejo que si quieres resolver esto, cojas un mes de vacaciones en el trabajo para que puedas ocuparte de las investigaciones y de las entrevistas.

Mi vecino, por supuesto, desistió de atrapar a los culpables…a fin de cuentas, no le llevaron nada.

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