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Entre la ira y la impotencia

Martes, 16 de Junio de 2009 Desde La Habana

Alberto es el seudónimo de un amigo que tiene la esperanza de que el futuro de su tierra cambie. Un cubano que está optimista porque existe la posibilidad que se restablezcan las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Hace unos días, Alberto me dejó una carta para que la divulgara en internet. Está molesto porque, en su opinión, Fidel Castro sabotea las posibilidades de un diálogo. La furia reprimida le ciega y el resultado fue un escrito agresivo, titulado ¿Por qué no te callas?

“No se malinterpretó, Fidel. Obama no se equivocó. Todos lo vimos y escuchamos. Perfectamente dijo que está dispuesto a conversar de todo… A diferencia suya, parece que siente por este pueblo… Gracias a Dios, hoy hay un interlocutor inteligente y digno, que no se deja manipular por usted ni por su verborrea”.

Así comienza la misiva que escribiera Alberto para el expresidente cubano, a quien califica de “señor egocéntrico y mentiroso” y acusa de desplegar “maniobras desestabilizadoras” para que las conversaciones entre ambos países no se materialicen.
Lo compara con Valeriano Weyler, Fulgencio Batista y Gerardo Machado y asegura que “para alimentar su ego traicionó los sentimientos de un pueblo que lo quiso como un padre y que le brindó lo más preciado del ser humano, su propia vida”. Por favor le pide que se calle y deje que al fin este pueblo recobre su destino.

Alberto desea que el mundo sepa que los cubanos “queremos restablecer relaciones de vecindad con el pueblo estadounidense. Queremos sentirnos ciudadanos con deberes, pero también con derechos. Sentirnos que somos normales, que podemos parecernos a otros pueblos, y dejar de ser unos bichos raros”.

En su carta, mi amigo no pudo evitar mezclar ira, odio y frustraciones. Sentimientos latentes en lo profundo del alma de muchos cubanos, impotentes por no poder influir en la política de su país, y por no contar con medios para libremente expresarse.
En Cuba hay muchos Alberto con deseos de cambios, pero molestos porque no pueden participar en ellos. Hombres y mujeres que son ignorados y se sienten culpables por tener que callar. Pero esperando la oportunidad para desatar su furia reprimida.

Laritza Diversent

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