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Archivo para Miércoles, 22 de Julio de 2009

3. Ortiz, la poesía escrita y el teatro

Miércoles, 22 de Julio de 2009 José Antonio García Comments off

También la poesía fue objeto de atención por Fernando Ortiz. En esta selección de su correspondencia cruzada que comentamos, aparece una carta de José Sanjurjo (poeta cienfueguero) escrita el 25 de mayo de 1953, anunciándole a Ortiz el “envío de mis últimas publicaciones en verso: Un canto de Eternidad y Guateque a Alfonso Camín en Décimas de Batey, en el que me he permitido citarle como profundo conocedor de las raíces y las ramas de nuestro folklore.”  Le recuerda agradecido que Ortiz le había publicado en 1943 su décima Amor en el almanaque de El Iris [1], y por último le pide que le envíe su juicio sobre Guateque…, del que dice: “por tratarse de algo folklórico, puede usted si se digna, darme, mejor que nadie, un juicio, que yo apreciaré como el más autorizado, ya que me llegará de la crítica honrada y sabia.” La respuesta de Ortiz no se hace esperar:

“Me ha encantado su Guateque a Alfonso Camín, por las décimas, por el homenaje a Camín, que fue de los primeros que revivió en Cuba la versificación sobre temas folklóricos de nuestra gente de las orillas, y por el caudal de nombres, datos y giros populares que aquellas contienen, cuando se pone el escritor en contacto con el ánima popular, siempre, aunque él no quiera hace poesía. Le renuevo la expresión de mi agradecimiento y le deseo que siga con el mismo vigor cantando con guitarra, tiple y bongó.” (17 de junio de 1953.)

Juicio breve este –como todos los de Ortiz en sus cartas—pero envidiable para cualquier poeta. Le elogia las décimas por la riqueza de elementos populares legítimos que le brotan y por su intención de homenaje a Camín, con cuya poesía se identifica Sanjurjo. Y algo muy importante, Ortiz confirma su criterio de lo popular como fuente de poesía: “cuando se pone el escritor en contacto con el ánima popular, siempre, aunque él no quiera hace poesía.”

En cuanto a Alfonso Camín, debemos llamar la atención de los investigadores de la literatura cubana, y  en particular de la llamada “poesía afrocubana”. Camín fue un escritor asturiano que conoció bien algunos países de América, sobre todo Cuba y México. Aquí vivió intensamente algunos años juveniles y de madurez, en lapsos interrumpidos por regresos a España o estancias prolongadas en México. Su obra incluye novelas, libros de poesías, cuentos, relatos históricos y teatro; y en ella puede apreciarse particular identificación con lo popular, gracias a un acercamiento humano al paisaje tanto natural como social, propiciado a la vez por su indomable espíritu de aventuras. En 1913 se encuentra en Cuba y ya entonces aparece publicada en La Habana su colección de poemas Adelfas; pero lo más destacado para nuestro interés es que en 1925 escribe aquí los poemas Elogio a la negra, La negra Panchita y Damajasova, con los cuales –según su propia opinión—se inicia el tema “afrocubano” en nuestra poesía. Al respecto debe señalarse que el personaje popular del negro o la negra se acompaña en el conjunto de su obra literaria con otros también del mismo carácter, como el campesino, y en general el hombre pobre de pueblos y ciudades cubanos.

En la edición mexicana de su poemario Carey, correspondiente a 1945 (ilustrada a propósito con obras del pintor Fernando Tarazona, antes mencionado), Camín plantea en el prólogo la polémica acerca de su paternidad en cuanto a la denominada “poesía afrocubana”: “Desde ese momento (…) los poetas de Antillas, blancos y negros, todos a uno, primero en el periódico, después en el libro, comienzan a hacer versos de esa índole, con temas iguales o variados, haciendo baraja revuelta con muchas de mis palabras y no pocas imágenes.” (p. 10).  Más adelante agrega: “Mi empeño poético –sin otro antecedente que La negra Dominga de Rubén Darío, que no encontró eco en su tiempo y que era cosa fragmentaria y caricaturesca—no solamente sacudió todo el paisaje lírico antillano, si no que se extendió hasta las selvas cálidas del Brasil.  (…) No de otro modo comienza la poesía afro-cubana. O afro-antillana. O afro-interoceánica.” (p. 11)

Si tenemos en cuenta que los conocidos poemas Bailadora de rumba (1928), de Ramón Guirao, y La rumba (1928), de José Zacarías  Tallet, han sido hasta hoy considerados por prestigiosos críticos e historiadores de nuestra literatura [2]como iniciadores en Cuba de la llamada “poesía negra” o “poesía mulata”, entonces resulta evidente que la polémica aún está sin resolverse. He aquí otro asunto de especial significado que dejamos en manos de los estudiosos de hoy.[3]

De los años cincuenta también –17 de abril de 1958– es  una carta de Federico de Onís, cuando dicho célebre profesor y crítico literario español dirigía el Instituto de Estudios Hispánicos de la Universidad Central de Las Villas (Escuela de Filosofía y Letras) [4].  En ella se manifiestan su amistad con el maestro cubano y las estrechas relaciones de trabajo que sostenían entre sí. Onís se hallaba en aquel momento preparando un estudio sobre la “poesía mulata” del puertorriqueño Luis Palés Matos, y le agradece a Ortiz el envío del número de la Revista Bimestre Cubana donde este había publicado un ensayo en el que explicaba su concepto de “poesía mulata”, en contraposición al de “poesía afroantillana” que otros habían enunciado. Al parecer, Onís concordaba en que el término “mulata” tenía un significado más acorde con el concepto de transculturación, o sea –y dicho muy simplemente–: complejo intercambio de elementos culturales diferentes que da lugar poco a poco a la formación de una nueva personalidad cultural; a un producto diferente de sus elementos generadores: en este caso, ni africano, ni español, ni ninguna de las otras culturas claramente definibles que se fundieron en las tierras antillanas.

Esta y otras cartas demuestran la colaboración de Ortiz con intelectuales cubanos y extranjeros que realizaban una obra seria relacionada con la cultura popular, independientemente del pueblo del que se tratara. Puede considerarse que era una de las formas en que llevaba a cabo su enorme tarea de promoción y divulgación cultural.

En un próximo segmento continuaré el presente asunto, dedicado específicamente a los poetas cubanos de aquel momento.

[1] Nombre de la “Compañía de Seguros mutuos contra incendio”, de la cual era copropietario Fernando Ortiz.

[2]Ver de Max Henríquez Ureña: Panorama histórico de la literatura cubana; de Salvador Bueno: Historia de la literatura cubana; y de Cintio Vitier; Lo cubano en la poesía.

[3] A quienes se interesen en el asunto y consulten el libro Carey, les prevenimos lo siguiente: en el prólogo escrito por Camín, leemos su queja ante el silencio que mantenía Ortiz en aquella polémica. Hoy no tenemos noticia de que el maestro haya expresado su opinión sobre el asunto públicamente, antes o después, lo cual no significa –como hemos visto—que no reconociera en Camín “de los primeros que revivió en Cuba la versificación sobre temas folklóricos de nuestra gente de las orillas (…)”.  Curiosamente, tampoco se ha encontrado un juicio de Fernando Ortiz sobre un poeta tan señalado como Nicolás Guillén, en libro o artículo suyo alguno; pero como veremos adelante, ello no significa ausencia de criterio y de justa valoración acerca de él.

[4] Es curioso que este dato no aparezca registrado ni siquiera en la Nueva Enciclopedia Larousse en diez volúmenes editada en España en 1984; sin embargo, aquí sí menciona que en 1954 Onís dirigía el departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico. Tal vez este y el Instituto de Estudios Hispánicos que dirigía en nuestra universidad villareña fueran de alguna manera filiales del Instituto de las Españas que en 1922 Onís había fundado en la neoyorkina Universidad de Columbia. Estamos de nuevo ante asuntos pendientes para investigar, tanto este último como el relacionado con la permanencia de Onís en Cuba y su obra en la Universidad Central.

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WHO DARES ALMEDARES?

Miércoles, 22 de Julio de 2009 Orlando Luís Pardo Lazo Comments off

almendares

El agua de río va huyendo de sí misma:
Tiene miedo de su eternidad.
(LA FUGA INÚTIL de Dulce María Loynaz)

almendares1

…Su color, entre pálido y moreno:
color de mujeres tropicales.
Su rumbo entre ligero y lánguido:
rumbo de libre pájaro en el aire…
(de AL ALMENDARES de Dulce María Loynaz)

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Album y versos

Miércoles, 22 de Julio de 2009 Desde La Habana Comments off

Para que los versos de José Martí tengan el dulce acento que resonaba en su habitación cuando él los leía en voz alta para ajustar la música, es bueno que los diga Andy García, un artista cubano que conoce ese acento, la música y el amor con que se puede escribir «el arroyo de la sierra me complace más que el mar».

Por eso el actor y director acompaña a su compatriota la cantante y compositora Lucrecia en la aventura del Álbum de Cuba, selección de piezas clásicas de la Isla. García dice los versos de Martí en La Guantanamera y las cuartetas originales que escribió Joseíto Fernández para esa melodía.

El actor vuelve a estar junto a Lucrecia en una canción titulada La Cuba mía, donde se integra también Celia Cruz, la que se tuvo que ir sin cantar Bemba colorá en el Paseo del Prado: un estado de ánimo que empieza en un parque y termina en el mar. Un sitio en el que el poeta de los Versos sencillos quiso a una mujer y vio descender la noche.

Raúl Rivero

Video: www.rtve.es

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