Archivo por meses: agosto 2009

EN BRAILLE HTML

img src=”http://vocescubanas.com/boringhomeutopics/files/2009/09/POR-ESTA-VEZ-SIN-INFORMACIÓN-VISUAL.jpg” alt=”POR-ESTA-VEZ-SIN-INFORMACIÓN-VISUAL” width=”590″ height=”590″ class=”alignnone size-full wp-image-2009″

En este fichero-foto, como su título lo indica (POR-ESTA-VEZ-SIN-INFORMACIÓN-VISUAL.jpg), vemos un cuadrado negro con pespuntes muy negros, aparentemente sin perspectivas. Pero si se fijan bien, en el ángulo inferior de la derecha (sin connotaciones políticas, please), se nota un ligero velo o gradiente que se va veteando suavemente hasta ser un brillantísimo verdesperanza en el reborde superior de la imagen.

Si no notan este efecto efímero a la primera impresión, es natural. Yo tampoco reparé en él en un inicio. Es una consecuencia clínica de epoquitas tan epóxicas como la de la Cubactual, donde nuestra imaginación necesita aire FREEsco para detallar un poco más allá de lo que otros quieren obligarnos a mirar.

Esa veta de luz en un hueco negro de 590 x 590 píxeles, dentro de otro silencio llamado VOCES CUBANAS, es la promesa de que nuestro blog bloqueado BORING HOME UTOPICS va a seguir boqueando, vivito y posteando, como un pez jpg fuera de la aguada blogosfera cubana Made In Cuba. Y es que ya pertenecemos a una familia posnacional de escualos que no se quieren ni se pueden asfixiar.

2009 gracias a todos los lectores-autores de BHU por seguir ahí. El ciclo de yo prestarles a ustedes mis ojos para leer La Habana por el momento se ha invertido. Así que, por favor, sean ahora ustedes mis ojos para seguir leyendo este blog, incluso en Braille html, como el fichero POR-ESTA-VEZ-SIN-INFORMACIÓN-VISUAL.jpg que de todo corazón les regalo hoy desde una esquina cubista llamada Lawton.

Esta es sinceramente la foto más hermosa que podría compartir este martes mortal con ustedes.

Un Habanabrazo,
OLPL en http://www.flickr.com/photos/37676145@N03/3877182108/

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Causalidad policial

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Foto: Claudio Fuentes Madan

Acabo de llamar a un amigo y me entero boquiabierta de que ha dormido en la estación de policía. Mi amigo es pintor, tiene 24 años y es reconocido unánimemente como “lo más bueno que hay”. Como sé que es difícil que se meta en problemas descarto las posibilidades más comunes (las que hemos vivido casi todos los menores de 30 años y que no somos tan buenos): olvido del carnet de identidad, fajarse con alguien, gritar Abajo -el comunismo, Fidel, Raúl, La Seguridad del Estado- en una calle oscura o andar con un letrero “conflictivo” en el pullover.

Descartadas las más comunes me quedan las rebuscadas. Éstas raras veces tienen su colofón en la estación, a no ser que el policía de turno esté de MUY mal humor (lamentablemente los policías padecen de mal humor crónico): orinar en un lugar público, sentarse en la yerba de un parque o en un muro, conversar en una esquina con un grupo de amigos o no llevar puesto el pullover.

Lo que sucedió: el amigo de mi amigo no tenía puesto el pullover y el policía estaba de MUY mal humor. Estaban en una parada y desde la guagua el oficial le gritó que se vistiera, lo que él hizo sin chistar. Lo malo es que al tipo no le bastó y se bajó del ómnibus para pedirle el carnet de identidad. No sólo tenía su carnet, sino que como buen ciudadano y hombre caballeroso llevaba el de su novia, pero el destino que es siniestro quiso que se equivocara y le largara al policía un carnet “con nombre de mujer”.

Ser un oficial de la PNR implica en muchos casos creerse dueño del azar, es decir, vivir con la convicción de que todo aquello que sucede arbitrariamente está relacionado con uno o su cargo, o lo que es lo mismo: ser un acomplejado. Y el policía comprendió que no era el destino, sino el amigo de mi amigo el que le había dado un carnet falso para burlarse de él, femenino para colmo de la desfachatez y prueba irrefutable de “irrespeto a la autoridad” (recovecos incomprensibles del machismo policial).

Para ese entonces ya una patrulla que pasaba por la zona se había plantado en la “escena del crimen” y el oficial, fuera de sí, gritó: ¡Tú me estás faltando el respeto! y le sonó al de la novia senda galleta. El piquete de la parada no se dejó esperar y saltaron en defensa del abofeteado, sin calcular por supuesto que de la patrulla saldrían a toda velocidad más oficiales de MUY mal humor, con tonfas en la mano y sin haber pasado el curso no-se-utiliza-la-tonfa-para-golpear-a-civiles-indefensos.

El caótico resto de la historia es más o menos parecido a todas las demás donde los protagónicos son jóvenes de 25 años y policías sin registro de dirección de vivienda en La Habana. En algún momento los primeros fueron metidos a patadas en el tristemente célebre “carro jaula” y de ahí para la estación, donde comenzó el capítulo dos: la reconstrucción de los hechos.

Pero el poder es el poder y en la declaración que mis amigos se negaron a firmar los cargos eran: resistencia al arresto y desacato a la autoridad. Misteriosamente no se mencionó la galleta, y muchos menos el afeminado carnet que dio rienda suelta al imaginativo sentido de causalidad del oficial.

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Agentes Secretos

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Hace poco leí en cubaencuentro sobre una convocatoria para “agentes secretos”. Quizás sea un ejemplo de lo que pasa cuando todo el mundo está corrupto: hay déficit de personal. Ser un agente secreto no es necesariamente sinónimo de trabajar para la policía secreta, no creo que los servicios secretos estén tan mal como para sacar convocatorias masivas.

De lo que se trata esto es, como dice la gente, otra vez más de lo mismo: quién vende pollo, huevo, carne; quién tiene un negocio particular próspero; quién alquila películas; quién recibe dinero del extranjero. Al final esta triste nota no es más que un grito desesperado del gobierno que al parecer tiene menos chivatones de lo que nosotros podemos imaginar.

Así que yo me pregunto qué pasa con los CDR, con la FMC, con las organizaciones de masa que se estructuran a todos los niveles de la sociedad y que se supone que informen de todas esas cosas. “La dirección de La Revolución” lleva años tolerando que la gente viva de la ilegalidad, nunca han tenido intención de resolver el problema del salario y por ende le pasan la mano solapadamente a la corrupción. A estas alturas tener informantes no sería lo más complicado, lo ilusorio será encontrar informantes no viciados por el mercado negro.

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Estimulación. Miguel Iturria Savón.

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Días atrás tropecé con un amigo que es licenciado en cultura física y ejerció como metodólogo y subdirector de educación de un municipio de Ciudad Habana. El pedagogo llevaba un uniforme de Trasval, tiendas en divisas donde labora como custodio por un salario inferior, pero compensa la diferencia con “las búsquedas”, la merienda y con la caja de pollo y de refresco que le entregan cada mes a modo de estímulo.

Al verlo a la entrada de una tienda, controlando el trasiego de personas, me dijo que prefería ese puesto a “pastorear el ganado estudiantil”, pues “antes de dar el salto” dejó las orientaciones metodológicas por la dirección de un centro de profesores emergentes de la capital. “Aquello si es un desastre, esos muchachos ni saben ni estudian las tele clases que monitorean, ¿para qué perder el tiempo?”

El caso del amigo me hizo pensar en los millares de profesionales reciclados hacia empleos más lucrativos. No son emigrantes obligados a empezar de cero, sino expertos que tratan de compensar la economía familiar. Conozco a ingenieros que ejercen como barman y jardineros de hoteles, a médicos que cambiaron el consultorio por la cría y venta de cerdos, a economistas convertidos en cajeros, enfermeras en peluqueras.

Mientras el salario nominal recupera su valor real la movilidad laboral es indetenible. La búsqueda del estímulo es casi humillante. Además de bajar o subir de puesto hay que portarse bien para no perder la javita de aseo personal o recibir la divisa si la empresa cumple el plan del mes o el trimestre.

Hay centros de producción o servicios que imponen normas casi absurdas; miden la asistencia y la puntualidad, el cumplimiento del plan individual y colectivo y otros parámetros que condicionan la entrega a los intereses de la empresa.

Como el salario fijo en la devaluada moneda nacional trae consigo el desinterés laboral, el estímulo –mensual, trimestral, semestral o anual- es la única forma de acceso oficial y directo a la divisa, moneda imprescindible para adquirir mercancías básicas, salvo la ropa reciclada, los productos agropecuarios y la canasta familiar.

Si obviamos el “invento y las búsquedas” de los inescrupulosos, es fácil percatarse de la dependencia ciudadana; la mayoría ve el estímulo como medio de sobrevida. Más que exigir sus derechos a un salario justo, los empleados se quejan de quienes están mejores.

Los trabajadores de Etecsa y los uniformados de los cuerpos de vigilancia y protección reciben la merienda como estimulación principal e inmediata; no por lo nutritivo, sino por la venta, que representa 25 pesos o un cuc (divisa equivalente al dólar). La merienda se comercializa como otro producto en las propias tiendas y en las entradas de varios centros. Quienes reciben dos y llevan una al hogar para los hijos.

Me cuenta un jurista que a los tribunales y fiscalías le subieron el salario y le dan como estímulo anual un crédito equivalente a 90 cuc. “Es un dinero virtual pues no pasa por las manos, un movimiento de cuentas entre empresas estatales; hay que consumirlo en una tienda determinada, el día y la hora fijados. La oferta es limitada, pero hacen rebajas. Si no vas ese día pierde la oportunidad”.

Las Fuerzas armadas y el Ministerio del interior también subieron los salarios y pagan estímulos para garantizar la permanencia del personal. Estos organismos disponen de otras prebendas, pero sufren el éxodo de los universitarios que pasan el servicio social en las unidades.

La estimulación salarial es risible pero menos simbólica en los centros científicos; algunos conceden entre 60 y 80 cuc dos veces al año, según el grado académico o el cargo administrativo. Los viajes de intercambio a Europa, Canadá o Brasil suelen ser otra fuente de ingresos, aunque están limitados por el permiso de salida y el éxodo de investigadores.

La anomalía salarial que lleva a muchos cubanos a buscar el estímulo en detrimento de su vocación profesional, pasa por circunstancias sociales que exigen un replanteo de la economía del país.

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SORRY

CREO QUE EL BLOG BORING HOME UTOPICS ACABA DE SER GENTILMENTE BLOQUEADO PARA EL INTERIOR DE CUBA, DONDE GENTILICIAMENTE ME ENCUENTRO, PUES SOLO ME ES POSIBLE ABRIRLO CON PROXY, LO QUE NO PERMITE SU ADMINISTRACION…

Orlando Luis Pardo Lazo.
Lunes 31 de agosto 2009
(”Qué poco dura la alegría en casa del blogger”, es un refrán que mi abuela siempre decía.)

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Vacaciones aburridas

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Cuando llegan julio y agosto, Israel Iznaga quisiera volar a la luna. Tiene 44 años, es ingeniero y todos los años, desde finales de julio suele salir un mes de vacaciones, que hace coincidir con las de su esposa Miriam Calvo, 39, profesora de informática.

El matrimonio tiene dos hijos de 19 y 16 años, quienes por esa fecha están un par de meses de asueto, hasta el comienzo del curso escolar en los primeros días de septiembre. “Siempre tratamos de planificar una serie de salidas a la playa, parques recreativos, cines y teatro”, señala Miriam. Pero la fuerte crisis global que afecta al planeta, ha perjudicado también el bolsillo de los parientes del matrimonio, que viven en la Pequeña Habana, en la ciudad de Miami.

En este verano de 2009, la familia recibió los dólares en pequeñas dosis. “El dinero a duras penas nos ha alcanzado para comer. Los muchachos han tenido que contentarse con charlar con los amigos y ver televisión, que, por cierto, estuvo pésima la cartelera veraniega, la mayoría de programas fueron retrasmisiones”, dice Israel sentado en el sofá tapizado de vinil de su hogar, en la barriada habanera de La Víbora.

Al menos los Iznaga reciben remesas familiares. Y aunque en estas vacaciones, han calentado los fondillos viendo la tele, son una pareja de profesionales. Cada uno devenga un salario de casi 500 pesos (20 pesos cubanos convertibles o cuc) y en el caso de Israel también recibe 25 cuc, pues trabaja en ETECSA, la única empresa de telecomunicaciones de Cuba. En otro país es poco para dos profesionales, pero en la isla tener esos salarios y, además, parientes en la Yuma (Estados Unidos), es una bendición.

En la misma cuadra, en un edificio destartalado y pintado con un color ocre que irrita la vista, vive una familia negra, compuesta por José Nolasco, 54 años, su esposa Hilda Pérez, 48 años y sus tres hijos de 22, 17 y 14. Él trabaja en una fundición de acero en las afueras de La Habana. Ella limpia pisos en un hospital todos los días, entre las 6 y 9 de la mañana.

Los Nolasco no conocen el color de los euros o los dólares. No tienen familiares en el extranjero, pero dan gracias a Dios porque ninguno de sus hijos ha visitado la cárcel. “Ellos son muy buenos, no tienen ropa ni zapatos de calidad y comen una vez al día, si se le puede llamar comer a un plato de arroz con potaje y de plato fuerte lo que aparezca, casi siempre huevo, frito, en revoltillo o salcochado” -expresa José, un negro delgado que tiene pasión por fumar tabacos baratos, jugar dominó y ver deportes.

Eso precisamente es lo que hizo la familia en estas vacaciones de intenso calor. “Este año ni siquiera hubo carnavales”, aclara Hilda. Sus hijos pasaron las horas conversando en las esquinas, imaginando un futuro distinto. Sus padres sueñan que algún día ellos puedan tener una existencia distinta.

Aunque los Iznaga viven mucho mejor, saben que están lejos de ser felices. En las noches sofocantes y sin estrellas, Israel y José, junto a otros padres hastiados de sus vidas rutinarias y sin sorpresas, juegan dominó hasta bien entrada la noche.

Mientras, las esposas consumen altas dosis de culebrones y los hijos hablan de cosas que quisieran tener, como un par de tenis Nike, ser famosos como el futbolista Cristiano Ronaldo, o viajar por el mundo. Todo eso les está vedado. Sin embargo, creen que sus vidas serán diferentes a las de sus padres. Tienen esperanza. Algo que en Cuba últimamente también escasea.

Iván García

Foto: porporea*, Flickr

Recordando a Annia

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Mi amiga Annia se fue de Cuba hace más de un año. Detrás tuvo que dejar un hijo adolescente al cuidado de un padre demasiado obtuso para darle la libertad; muy comprometido con este régimen como para soportar el castigo oficial que hubiese recibido de permitir el vuelo de sus jóvenes alas. Annia es una mujer todavía joven que después del fracaso de su primer matrimonio, del que nació Adrián, encontró un nuevo amor y reconstruyó su vida. Eddy, su nuevo esposo y un verdadero amigo para su hijo,  nunca le ocultó su intención de emigrar y años después, llegado el momento, partió, con la promesa de un pronto reencuentro.

Cada cierto tiempo Eddy se las arreglaba para entrar a la Isla por diferentes vías y vivía junto a Annia y su hijo varios días de felicidad idílica durante los cuales proyectaban la vida que querían para ellos fuera de Cuba: juntos en las buenas y en las malas, trabajando, soñando, amaneciendo cada mañana, a salvo de ideologías y de lemas, olvidados de discursos y de consignas; recién nacidos a un mundo no más fácil ni más piadoso, pero donde esperaban ser definitivamente libres. Los tres estaban resueltos a defender, más allá de lo posible, el futuro que habían concebido.

No sería un empeño sencillo. Casi una decena de veces Annia intentó salir ilegalmente en compañía de su hijo y siempre fracasó. Eddy sufragó cada una de aquellas angustiosas tentativas fallidas que se llevaron a efecto desde diversos puntos de la Isla. Detenida ella en cada ocasión, frustradas las salidas, tratada como una delincuente cualquiera, fue todo un milagro que el padre del niño no supiese nunca de tales intenciones: la demostración tácita de que ni siquiera la represión es una maquinaria perfecta. Finalmente,  Annia decidió no volver a arriesgar a Adrián en tan peligrosa aventura y concibió una variante a la que se avino su hijo: ella se iría legalmente –o al menos “normalmente”- sentada en un avión, con pasaporte visado previa carta de invitación. Su hijo adolescente quedaría al cuidado del padre hasta la mayoría de edad, cuando pudiera reunirse nuevamente con su madre. Así lo planearon en secreto, así lo hicieron y –finalmente- Annia se fue.

Algunos “jueces” populares, de esos que tanto abundan, han pretendido juzgarla por lo que llaman el “abandono” de su hijo. Yo sé cuánto le costó a Annia tomar su decisión, sé cuánto le dolió separarse del hijo y adivino cuánto sufre cada día la ausencia del que fue –pese a su juventud- depositario de tanta confianza y amistad de su parte. Ella quiso defender su derecho a la felicidad sin seguir exponiendo al hijo amado: no lo condenó, se alejó temporalmente de él. Quizás esa no hubiese sido mi decisión, pero tampoco son mis circunstancias. Yo sé también que ella no descansará hasta tenerlo consigo; pongo toda mi fe y mis buenos deseos porque lo consiga.

El drama de Annia no es una invención sino un caso (uno más de tantos) de la vida real, alguien que yo conozco personalmente. Aquí utilizo nombres falsos porque no tengo la autorización de los actores para revelar sus verdaderas identidades; llegará el día en que eso sea posible para todas las Annias de esta Isla, cuando no sea necesario para ser felices y libres separarse de alguno de los seres queridos. Digan lo que digan jueces, verdugos y abogados, la emigración es la fractura mayor de los cubanos, por ella se han quebrantado muchos afectos y han sido extorsionados los sentimientos familiares; como también de ella se han nutrido y se nutren los poderes, convirtiéndonos,  de paso, tanto en rehenes como en sustento de su política.

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La ciudad de las calles locuaces, pero sin luces. Columnas sin vértebras. Filamentos sin incandescencia. Cablerío en candela. Puntadas de un paisajismo en remojo, a punto de cataplún.

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Concierto sin armonía. / Miguel Iturria Savón.

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Al saber que Juanes anunció su Concierto “Paz sin frontera” para el 20 de septiembre en La Habana, imaginé las salvas publicitarias que la decisión provocaría entre artistas y líderes de opinión del exilio cubano, cuya indignación fue expresada por Zoe Valdés en París, Raúl Rivero en Madrid, Willy Chirino y Paquito de Rivera en Miami y periodistas como Joe Cardona, Antonio Martínez y la blogger Yoani Sánchez, vecina del “lugar gris, de concreto y mármol” donde actuará el colombiano en compañía del español Miguel Bosé y los cubanos Amaury Pérez y Silvio Rodríguez.

Creo que todos tienen razón en lo que dicen, pero no hay que darle tantas campanadas al asunto. El multipremiado Juanes sabe lo que hace. Un escenario tan multitudinario y conflictivo como la Plaza de la Revolución, más la compañía de ruiseñores de la Corte insular corren el velo de las diferencias para afilar la publicidad y vender más discos en el mercado regional.

Juanes no es Pavarotti ni Plácido Domingo. No vive en Europa ni desconoce que en Cuba reina una dictadura de medio siglo. Si pone su pequeña voz en el espacio que simboliza la sumisión de nuestro pueblo demuestra su forma de entender la “Paz sin fronteras”. Si canta en La Habana porque “es tiempo de cambiar las mentes”, no hay mucho que decir, salvo desearle éxitos.

Recuerdo un concierto de Pablo Milanés organizado en 1989 por Rafael Gutiérrez, subdirector de Cultura de Ciudad Habana. Antes de actuar en cada municipio capitalino el artista era agasajado por funcionarios del Gobierno y el Partido Comunista. Todo estaba minuciosamente programado, desde el menú del convite hasta las notas de la prensa radial y escrita. Pablo, conmovido, elogiaba a la revolución y el socialismo.

Así son aún los conciertos de Silvio Rodríguez en las plazas provinciales del país. ¿Será por eso que el trovador aceptó el puesto de diputado a la Asamblea Nacional y logró el montaje de su estudio de grabación?

Juanes no sabe estas cosas, pero con Silvio como guía le sacará lasca a su actuación en la Plaza que “recuerda la megalomanía fascista”. Ya la televisión cubana promueve su figura y la radio repite algunas canciones suyas.

Al cantar en La Habana, el autor de La vida es un ratico, La camisa negra y A dios le pido, no podrá invitar al concierto a los músicos y cantantes de la diáspora cubana. Tampoco vendrán Carlos Vives, Alejandro Sanz, Ricardo Montaner y otras luminarias que lo acompañaron en marzo del 2008 en la frontera de Colombia y Venezuela. Silvio y Amaury deben explicarle cómo es el ritual.

La ideologización de la cultura es un lastre del régimen insular, cuya hambre de aplausos es infinita. A los extranjeros que actúan aquí se les pide declaraciones favorables. Los “acercamientos culturales” de 1979 y 1999 con figuras de los Estados Unidos; la presencia en enero del 2009 del “solidario” guitarrista japonés T. Kowa, quien grabó un disco por el 50 aniversario de la revolución, o el premio concedido días atrás al actor Benicio del Toro por reencarnar al Che Guevara confirman la regla. Juanes no será una excepción.

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“Lo principal es la conciencia… no la ciencia”

A mis manos ha venido a parar este breve video de Juan Vela, anterior ministro de Educación Superior. Una reunión con algunos de sus subordinados en la provincia de Ciego de Ávila, fue el marco para esta declaración sobre el orden de prioridades en las universidades cubanas. Estoy segura que estas palabras, autoritarias y simplistas que dijo ante las cámaras, no le costaron el puesto.

Quizás fue todo lo contrario lo que motivó que fuera sustituido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Quién sabe si el exministro, a la hora de aplicar su apotegma de que “lo principal aquí es la conciencia, es la Revolución… no la ciencia”, no lo hizo con la verticalidad que se esperaba de un miembro del Partido Comunista. Va y ahora, libre de esas responsabilidades, puede finalmente realizar su viejo sueño de ser cardiólogo.

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