Archivo

Archivo para Domingo, 30 de Agosto de 2009

Vacaciones aburridas

Domingo, 30 de Agosto de 2009 Desde La Habana Comments off

2274480650_121c2ff8ec

Cuando llegan julio y agosto, Israel Iznaga quisiera volar a la luna. Tiene 44 años, es ingeniero y todos los años, desde finales de julio suele salir un mes de vacaciones, que hace coincidir con las de su esposa Miriam Calvo, 39, profesora de informática.

El matrimonio tiene dos hijos de 19 y 16 años, quienes por esa fecha están un par de meses de asueto, hasta el comienzo del curso escolar en los primeros días de septiembre. “Siempre tratamos de planificar una serie de salidas a la playa, parques recreativos, cines y teatro”, señala Miriam. Pero la fuerte crisis global que afecta al planeta, ha perjudicado también el bolsillo de los parientes del matrimonio, que viven en la Pequeña Habana, en la ciudad de Miami.

En este verano de 2009, la familia recibió los dólares en pequeñas dosis. “El dinero a duras penas nos ha alcanzado para comer. Los muchachos han tenido que contentarse con charlar con los amigos y ver televisión, que, por cierto, estuvo pésima la cartelera veraniega, la mayoría de programas fueron retrasmisiones”, dice Israel sentado en el sofá tapizado de vinil de su hogar, en la barriada habanera de La Víbora.

Al menos los Iznaga reciben remesas familiares. Y aunque en estas vacaciones, han calentado los fondillos viendo la tele, son una pareja de profesionales. Cada uno devenga un salario de casi 500 pesos (20 pesos cubanos convertibles o cuc) y en el caso de Israel también recibe 25 cuc, pues trabaja en ETECSA, la única empresa de telecomunicaciones de Cuba. En otro país es poco para dos profesionales, pero en la isla tener esos salarios y, además, parientes en la Yuma (Estados Unidos), es una bendición.

En la misma cuadra, en un edificio destartalado y pintado con un color ocre que irrita la vista, vive una familia negra, compuesta por José Nolasco, 54 años, su esposa Hilda Pérez, 48 años y sus tres hijos de 22, 17 y 14. Él trabaja en una fundición de acero en las afueras de La Habana. Ella limpia pisos en un hospital todos los días, entre las 6 y 9 de la mañana.

Los Nolasco no conocen el color de los euros o los dólares. No tienen familiares en el extranjero, pero dan gracias a Dios porque ninguno de sus hijos ha visitado la cárcel. “Ellos son muy buenos, no tienen ropa ni zapatos de calidad y comen una vez al día, si se le puede llamar comer a un plato de arroz con potaje y de plato fuerte lo que aparezca, casi siempre huevo, frito, en revoltillo o salcochado” -expresa José, un negro delgado que tiene pasión por fumar tabacos baratos, jugar dominó y ver deportes.

Eso precisamente es lo que hizo la familia en estas vacaciones de intenso calor. “Este año ni siquiera hubo carnavales”, aclara Hilda. Sus hijos pasaron las horas conversando en las esquinas, imaginando un futuro distinto. Sus padres sueñan que algún día ellos puedan tener una existencia distinta.

Aunque los Iznaga viven mucho mejor, saben que están lejos de ser felices. En las noches sofocantes y sin estrellas, Israel y José, junto a otros padres hastiados de sus vidas rutinarias y sin sorpresas, juegan dominó hasta bien entrada la noche.

Mientras, las esposas consumen altas dosis de culebrones y los hijos hablan de cosas que quisieran tener, como un par de tenis Nike, ser famosos como el futbolista Cristiano Ronaldo, o viajar por el mundo. Todo eso les está vedado. Sin embargo, creen que sus vidas serán diferentes a las de sus padres. Tienen esperanza. Algo que en Cuba últimamente también escasea.

Iván García

Foto: porporea*, Flickr

Categories: La carpeta de Ivan, bloggers Tags: