Archivo por meses: septiembre 2009

54.

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Cars o cacharros cariados. En todo tipo de cachivaches. Sorteando baches y cuchitriles. En buses y camiones para paliar la sed de movimiento a través del desierto. Molicie de una travesía de mil y un tropiezos. Modelos clásicos conservados de milagro. Modernos autos de use and discard. Ciudad con corazón de carro. De carroña.

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¡EL PROGRAMA DE RRRAMÓN…!

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Una de esas rarezas que comenzaron a explotar desde Radio Ciudad de La Habana, en pleno corazón sin coraza de El Vedado, a finales de una década que no podía ni predecir lo que serían en breve los años noventa. No venta. Crisis, crimen. Estancamiento, exhaustamiento, exilio, exordio de la coda cubana que no cupo en ninguna radioemisora. Humor del patio pútreo y pétreo. Lo cómico como mueca de lo agónico. Porque morir por la patria es mohín. Muesca de un gótico agotado. Cruento a cuentagotas. Mascadas de un tabaco terminal. Augurios de la nada que vino y que vendrá. Y se vengará. Los nuevos noventa en los años cero o dos mil. Ramalazo de escubamarga. Chucho de Ramón. Feria de Fernández. Verborrea de Larrea. Cuba today, Cuba te doy cuero, Cuba te dejé encuera. Ouija y güije de unos ochenta tardíos o tal vez demasiado tempraneros. No por mucho madrugar, habanece más temprano. La Rama Dorada Adolorida de la radio capitalina, todavía no capitalista. Graba ahí, Amón Ra, halcón de un sol solitario y socialipsista. Micrófonos afónicos favoritos de adolescentes que abuelescieron en pocos años. Daños públicos. Cuba electrolítica y radiemocrática. ¡El programa de la RRRamolución…!

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Ha muerto un hombre. / Miguel Iturria Savón.

 

 

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Es curioso el sentido de eternidad que tienen de si mismos los gobernantes de Cuba. El hecho de detentar el poder durante medio siglo parece haber anulado la percepción de transitoriedad que caracteriza a los seres humanos. ¿Se creerán dioses inmunizados por el tiempo? ¿Habrán consultado al espejo mientras les caen los años?

La respuesta parece un enigma mágico religioso. Quizás tantas décadas diciendo desde la tribuna lo que es bueno o malo para el pueblo. Tal vez la exclusión de los criterios contrapuestos o, misteriosas razones de Estado, no les permita detenerse en nimiedades existenciales. A lo mejor los aduladores de su entorno les hicieron creer en la eternidad de su obra.

Sin embargo, ya construyen mausoleos con nichos para jefes rodeados de fieles. Muy bien estructurados y alejados de los centros urbanos, como las pirámides de los faraones egipcios, quienes creían en la vida después de la muerte.

Pienso en estas cosas porque desde el sábado 12 de septiembre, cuando la muerte se llevó al Comandante Juan Almeida Bosque, quien el martes fue depositado en un nicho especial, entre palmeras, llama eterna y túmulos de pequeños héroes que lucharon bajo sus órdenes en el Tercer frente oriental, los cubanos estamos bajo una avalancha de loas que supera los epitafios del Libro de la muerte.

Almeida fue inicialmente un hombre humilde y sensible que se elevó poco a poco, junto a los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, con quienes participó en el asalto al cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Desde enero de 1959 ocupó cargos políticos y gubernamentales. Fue, además de un funcionario fiel y discreto –casi invisible-, compositor y amigo de músicos y cantantes.

Ahora es comparado con el “León de Oriente”, el general independentista José Maceo, hermano del “Titán de Bronce” (Antonio Maceo). La radio, la televisión y los periódicos del país exaltan su heroísmo, muestran fotos suyas, describen las acciones en las que intervino y citan frases escritas por él. La campaña mediática no vacila en calificarlo de egregio e inmortal.

No conocí al Comandante Almeida, pero me gustaban sus canciones, especialmente las interpretadas por Beatriz Márquez y Farah María, divas preferidas del héroe compositor, identificado por algunos como mecenas del arte y la cultura nacional.

Antes que Raúl Castro ordenara construir en una loma de Mayarí el Mausoleo del II Frente oriental, donde reposan Vilma Espín y el bailarín español Antonio Gades junto a los soldados de la tropa del actual Presidente de Cuba, existían en las calles de la isla cientos de tarjas que mitificaban a los caídos y panteones de las Fuerzas Armadas en casi todos los cementerios.

En otras palabras, el protagonismo político del grupo que envejeció en el poder está fundado en una idea de eternidad que parece engañosa. Creerse dioses es una cosa, pero veremos qué dice el tiempo cuando otras generaciones reescriban la historia.      

 

Es curioso el sentido de eternidad que tienen de si mismos los gobernantes de Cuba. El hecho de detentar el poder durante medio siglo parece haber anulado la percepción de transitoriedad que caracteriza a los seres humanos. ¿Se creerán dioses inmunizados por el tiempo? ¿Habrán consultado al espejo mientras les caen los años?

La respuesta parece un enigma mágico religioso. Quizás tantas décadas diciendo desde la tribuna lo que es bueno o malo para el pueblo. Tal vez la exclusión de los criterios contrapuestos o, misteriosas razones de Estado, no les permita detenerse en nimiedades existenciales. A lo mejor los aduladores de su entorno les hicieron creer en la eternidad de su obra.

Sin embargo, ya construyen mausoleos con nichos para jefes rodeados de fieles. Muy bien estructurados y alejados de los centros urbanos, como las pirámides de los faraones egipcios, quienes creían en la vida después de la muerte.

Pienso en estas cosas porque desde el sábado 12 de septiembre, cuando la muerte se llevó al Comandante Juan Almeida Bosque, quien el martes fue depositado en un nicho especial, entre palmeras, llama eterna y túmulos de pequeños héroes que lucharon bajo sus órdenes en el Tercer frente oriental, los cubanos estamos bajo una avalancha de loas que supera los epitafios del Libro de la muerte.

Almeida fue inicialmente un hombre humilde y sensible que se elevó poco a poco, junto a los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, con quienes participó en el asalto al cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Desde enero de 1959 ocupó cargos políticos y gubernamentales. Fue, además de un funcionario fiel y discreto –casi invisible-, compositor y amigo de músicos y cantantes.

Ahora es comparado con el “León de Oriente”, el general independentista José Maceo, hermano del “Titán de Bronce” (Antonio Maceo). La radio, la televisión y los periódicos del país exaltan su heroísmo, muestran fotos suyas, describen las acciones en las que intervino y citan frases escritas por él. La campaña mediática no vacila en calificarlo de egregio e inmortal.

No conocí al Comandante Almeida, pero me gustaban sus canciones, especialmente las interpretadas por Beatriz Márquez y Farah María, divas preferidas del héroe compositor, identificado por algunos como mecenas del arte y la cultura nacional.

Antes que Raúl Castro ordenara construir en una loma de Mayarí el Mausoleo del II Frente oriental, donde reposan Vilma Espín y el bailarín español Antonio Gades junto a los soldados de la tropa del actual Presidente de Cuba, existían en las calles de la isla cientos de tarjas que mitificaban a los caídos y panteones de las Fuerzas Armadas en casi todos los cementerios.

En otras palabras, el protagonismo político del grupo que envejeció en el poder está fundado en una idea de eternidad que parece engañosa. Creerse dioses es una cosa, pero veremos qué dice el tiempo cuando otras generaciones reescriban la historia.      

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Desastre

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El disidente Jorge Luis García Pérez, más conocido por Antúnez, en este video presenta el estado en que se encuentran algunas casas del Callejón de Jacinto, en Placetas, municipio villacareño de donde es natural el exprisionero político.

Foto: gniewosz, Flickr

MONKEY KING by PATRICIA CHAO

MONKEY KING

MONKEY KING

[...]

It’s the smell. I open my eyes to dark and there’s a change in the air, a new body in the room. The bed sagging gently as someone sits down.

In the faint light from the window I can see his outline: the long curving torso, the bulbous head set onto a thin neck, just like pictures in the book. There’s no tail, but I imagine it curled underneath like a worm.

“Be quiet”, says Monkey King.

Look, Marty, I want to say, but of course Monkey King is right, I am not allowed to talk. It would break the spell.

So I lie still, as still as if I were dead.

[...]

MONKEY KING

MONKEY KING

MONKEY KING

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Computadora sin papeles

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Tocaron a la puerta con una orden de registro que la madre de Aldo apenas pudo ver. Fueron directo al cuarto para ocupar la computadora donde se almacenan las letras de esas canciones que circulan por todo el país. No hubo manera de hacerle ver al policía que aquel hombre de cabello largo y tatuajes por todo el cuerpo no era un delincuente. A los uniformados, se les da mal el hip hop y un peludo pintoreteado es lo que más se les parece a un malhechor. No tuvieron en cuenta que a éste, sólo una semana antes, Juanes lo había evocado en la Plaza de la Revolución cuando mencionó al grupo Los Aldeanos. La noticia de la detención se regó y hasta el propio cantautor Silvio Rodríguez intercedió para que le devolvieran el ordenador y lo dejaran ir a casa.

Aldo y Bian ya han sido apartados de casi todo, menos de ese don para la música que la censura no ha logrado quitarles. Unos amigos distribuyeron hojas impresas para denunciar la exclusión contra el popular dúo y propusieron que “asumir a estos hombres como órganos vitales de la nación, es cuestión de honor”. Pero la nuestra es una sociedad ingresada en terapia intensiva, con partes trasplantadas y una máquina de diálisis conectada a esa zona donde debería funcionar una ciudadanía. Vivimos en una Isla donde se extirpa y se amputa porque unos pocos diagnostican que un miembro tiene gangrena, cuando en realidad es –simplemente– diferente.

Al llevarse al músico con su computadora –que carece de papeles de propiedad, como la gran mayoría que hay en Cuba– quizás estaban aplicándole una inyección de susto, la conocida medicación para aumentar el miedo. Pero ya no les funciona como antes. Ahora, la aprensión se trasmuta en canciones, en blogs, en discos que circulan de mano en mano, mientras que las confiscaciones y las detenciones sólo logran que lleguen más lejos.

Surrealismo cubano (6 y final)

No sólo a Iván el kerosene afectaba, a mí también: desde niña padecía de bronquitis asmática crónica. A menudo mis padres me llevaban al Hospital Infantil, en 27 y G, Vedado, mi pediatra era un hombre negro ya mayor, el Dr. Labordette. Tendría seis o siete años cuando me dio una tosferina de larga duración: varios meses con aquella tos perruna.

Como casi todas las mujeres de origen campesino, mi madre creía más en los remedios naturales que en los químicos. Mi tos se sentía a una cuadra, parecía un bóxer ladrando. Todas las noches mi mamá me empavesaba pecho, espalda y cuello con “vickvaporub”. En el pecho, además, me ponía un paño previamente calentado en una sartén de hierro y ya en la cama, tenía que hacer inhalaciones de agua hirviendo con hojas de eucalipto dentro.

Por las mañanas, en ayunas, me daba un par de cucharadas del “caldito” que soltaba la remolacha después de toda la noche en un platico con azúcar en el balcón, con su buena dosis de contaminación ambiental: el churre que me tomaba con el “caldito” a ella nunca le preocupó, a fin de cuentas, ella decía que lo mejor que había para curar las heridas era restregarse con jabón prieto, usado para lavar la ropa.

Teoría que mantenía en una época en que había toda clase de desodorantes, fabricados en la ya entonces desarrollada industria cubana de jabonería y perfumería, como Crusellas y Sabatés, o importados de Estados Unidos y Francia -igualmente decía que “el mejor desodorante era el bicarbonato”, algo que no soportaba, pues su uso continuado quemaba las axilas.

Para levantar las “defensas” y no coger anemia, todos los días tenía que tomarme un jarro de jugo de naranja con zanahoria; comerme una manzana (cerca de la casa vendían manzanas, peras, uvas y melocotones de California); tomarme un plato de caldo de vegetales (espinaca, zanahoria, remolacha, apio, berro, ajo porro, aji, cebolla, tomate) y un par de cucharadas de “bistí”, como ella llamaba al líquido que iba soltando un bistec que mi madre ponía sobre una parrilla encima del carbón y recogía en una cacharrita.

Todo eso fue en la década de 1940-50, antes de la revolución. Estoy hablando de una familia pobre, hija de un barbero ambulante y una ama de casa, que vivía con un peso al día. Y miren cómo a mí me alimentaban. Cocinábamos con carbón y no teníamos refrigerador ni televisor. En el hospital nos daban las medicinas gratis y jamás mi padre pagó un centavo por ninguno de los tratamientos que a mí me mandaron (y creo que si hubiera tenido que pagarlos, no me los hubiera dado). Ese hospital era público y fue el más importante pediátrico de La Habana y del país. Allá quien se crea que Fidel Castro fue el salvador de la patria. Fue el gran demoledor.

Tania Quintero

Foto: Bohemia del 25 de mayo
de 1952, tomada de Güije.com

El más Juan de todos los Almeida

En septiembre, por muy distintos motivos, el nombre Juan estuvo en boca de todos en La Habana. Un colombiano, conocido por su nombre en plural, el domingo 20 ofrecía un controvertido concierto en la Plaza de la Revolución, el santuario de Fidel Castro.

También en este mes falleció Juan Almeida Bosque, antiguo peón de albañilería que se enroló en la aventura de Fidel Castro en 1953, cuando junto a un centenar de jóvenes asaltaron un cuartel al amanecer del 26 de julio, en Santiago de Cuba.

Almeida vino junto a Castro en la expedición del yate Granma y al terminar la guerra contra el dictador Fulgencio Batista, bajó de la Sierra Maestra con el grado de Comandante. Fue uno de los íconos sagrados de la ya envejecida revolución de verde olivo.

Fue un tipo que prefirió estar tras bambalinas. Huyó del foco y los medios. Y entre canciones y algún que otro libro, cumplía lealmente su labor de escudero del régimen, sin dejar de ser fan de la vida bohemia y las mujeres.

Una de ellas, Púbila García, es la madre de Juan Juan Almeida, hijo del extinto guerrillero. Abogado de profesión, Juan Juan -en lo adelante J.J.- es un hombre discreto y callado. Perteneció a la contrainteligencia cubana, y como muchos otros hijos de líderes de la revolución, J.J. se parece más a su tiempo que a su padre.

Lo conocí allá por 1984, cuando cumplía el servicio militar obligatorio. No tuve trato directo con él. Entonces se preparaba para cursar estudios superiores en una academia de contrainteligencia de la antigua Unión Soviética.

Veinticindo años después, más viejos y con exceso de kilos, J.J. y yo nos reencontramos. Primero en el apartamento de la bloguera Yoani Sánchez, y después, durante la presentación de un cortometraje del escritor y guionista cubano Eduardo Del Llano.

Hablamos de muchas cosas. Del padre y del temor que de niño sentía, cuando Fidel Castro visitaba su casa. Aún recuerda, cómo no, la mano fría del comandante -que se le antojaba la de un muerto- al acariciarle la cabeza. Como nadie, J.J. creyó en Fidel y su revolución.

Ya no. Hace tiempo se licenció de la vida militar y es un crítico sin medias tintas de la gesta a la que su padre dedicó la vida. Tiene mucho que contar.

Y precisamente eso es lo que ha hecho el más Juan de todos los Almeida. Ha escrito un libro, que se lanzará en España dentro de poco. Penúltimos Días ya ha publicado como primicia algunos capítulos. Cuando reciba más ejemplares, J.J. me prometió regalarme uno. Después que lo lea, se los comentaré.

Iván García

41.

BHU28SEPT09

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Espirales de la espera. Un arte harto de la línea recta y uniforme, uniformada. Voluptuosidad de la voluta, tal vez también de la viruta. Bisutería de vuelo albañil. Sinuosidades asintóticas. Conceptos caracólicos que nuestra arquitectura ya no se atreve a concebir.

BHU28SEPT09

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