Ritual
De tan comunes, han dejado de ser noticia en un país contínuamente vigilado y controlado. Un ritual sin humo ni aguardiente para los santos. Con los mismos protagonistas: policías, ciudadanos de a pie -sobre todo jóvenes y negros- y conductores de vehículos privados o estatales. A cualquier hora y en cualquier sitio.

Tres muchachones esperan a la sombra mientras el policía verifica sus carnés de identidad.

El ómnibus se aleja y ellos continúan, tranquilos, esperando el resultado de la verificación. Si es positiva, podrán continuar su camino. Si no, en un patrullero serán conducidos a la unidad policial más cercana. Allí lo más probable es que, mientras se aclara su situación, sean llevados a un calabozo.

No muy lejos de un control, otro. Esta vez un patrullero ha ordenado parar al chofer de un vehículo estatal. En este caso, tendrá que esperar a que por la planta verifiquen si tiene antecedentes penales, y dejar que registren la camioneta, por si lleva mercancía prohibida o no pueda justificar su transportación.
Fotorreportaje de Laritza Diversent
