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Archivo para Miércoles, 28 de Octubre de 2009

Mecanismo ineficiente. / Miguel Iturria Savón.

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Ancla insular Comments off

casa

Llama la atención el caso de un vecino propietario de su casa, el cual se divorció de una mujer de armas tomar que se niega a abandonar el inmueble, por lo que en lugar de acudir a la violencia instó a la Dirección municipal de vivienda para que dictara el cese de convivencia.

Después de un proceso administrativo judicial de dos años, con sentencia del Tribunal Supremo a favor del apacible propietario, la conviviente indeseada sigue en casa, mientras el nuevo marido toca a la puerta o la espera en la acera.

Curiosamente, al promover la extracción a través de la Dirección de viviendas, le informaron al demandante que era él quien debía sacarla materialmente del inmueble en su condición de propietario, pues a la instancia municipal solo le corresponde imponerle un descuento de hasta el 50% del  salario, mientras ella se mantenga bajo el mismo techo.

Ante esta disyuntiva, muy generalizada, el vecino sacó tres conclusiones irónicas pero acertadas:

“Si tuve que acudir a la ley fue para evitar un enfrentamiento físico con consecuencias penales; ahora, después de dos años, solo gané el derecho a que una instancia estatal me ordene actuar por mi propia mano. El enfrentamiento es inevitable.”

“Como medida coercitiva la Dirección de vivienda le impuso un descuento salarial. Como ella gana 360 pesos y le descuentan 180, equivalente a 7 pesos convertibles, yo he perdido mi tiempo y dinero mientras ella ganó un gran alquiler, pues el menos costoso oscila entre 20 y 30 cuc al mes.”

“Lo peor de todo es que si uso la violencia habrá un proceso penal, donde lo más probable es que yo acuda como acusado y ella en calidad de victima. Soy un hombre pacífico, mejor me adapto a la idea de cargar con ella para siempre a pesar de las provocaciones.”

Si la ex mujer de mi vecino hubiera sido declarada ocupante ilegal de algún inmueble, la Dirección de vivienda la desalojaría a través de la policía. Como el caso no afecta al Estado pues clasifica como derecho individual o del ciudadano, la instancia burocrática apenas actúa.

El dilema de este hombre evidencia un derecho subjetivo convertido en letra muerta por la dificultad de hacerlo efectivo. ¿Qué sentido tiene que exista un procedimiento formal cuando en la práctica no hay ningún mecanismo para ejecutarlo?

La permanencia forzosa de esta “pareja” bajo el mismo techo ilustra la dificultad del propietario para determinar libremente qué personas residen en su casa y dar por terminada la convivencia cuando lo estime pertinente.   

  

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No es para reírse

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Reinaldo Escobar Comments off

maquinas_braille

En noviembre de 1979 (¡han pasado treinta años!), publiqué en la revista “Cuba Internacional” un reportaje, desplegado a dos páginas, bajo el título “Los que se rieron del bloqueo”. Por un asunto de higiene mental trabajé durante unos catorce años, pero recuerdo que el tema central era el trabajo de los innovadores y racionalizadores, los que con su ingenio lograban saltar las dificultades generadas por las restricciones comerciales impuestas a Cuba por los Estados Unidos. Aclaro que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

Era la época en la que se apostaba a que “a pesar del bloqueo” lograríamos todos nuestros propósitos. La esencia de esta tendencia radicaba en el deseo de mostrar que cuando se tomó la decisión de nacionalizar las propiedades de los estadounidenses –razón primera de la vengativa actitud norteamericana- se había hecho un buen cálculo de las consecuencias y que la sabiduría y visión política del Máximo Líder eran tales, que teníamos todas las condiciones para sortear los obstáculos que se derivaran de aquella medida, cuya justicia era indiscutible. Recuerdo que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

No cuento con los datos que me permitan sustentar la siguiente afirmación, pero estoy seguro que de todo aquello que se nacionalizó debe quedar muy poco funcionando, con la excepción de las hectáreas de tierra de la United Fruit Company que hoy no estén inundadas de marabú. Como se sabe, la mayoría de las fábricas de azúcar fueron renovadas con maquinarias soviéticas entre los años setenta y ochenta y luego cerca de la mitad de los centrales se desmantelaron. Algo similar pasó con las embotelladoras de refrescos, las minas de níquel, las fábricas y comercios que pasaron a manos del estado en los primeros años del proceso revolucionario. Lo que no desapareció porque era imposible mantenerlo, se convirtió en otra cosa en virtud de la transformación. Reafirmo que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

Tengo la impresión que en el cálculo político que se hizo en aquellos tiempos se fue demasiado benévolo al medir la duración que podía tener el rencor imperialista, o tal vez se fue excesivamente optimista sobre nuestras posibilidades de ripostar los golpes que inevitablemente sobrevendrían. ¿Quién podía imaginar que se desmoronaría el campo socialista? ¿Ya saben que no estoy de acuerdo con el bloqueo?

En las Naciones Unidas se vota ahora de forma abrumadora una resolución que condena el bloqueo. Los argumentos fundamentales son que por culpa de esa cruel política no podemos desarrollarnos como quisiéramos ni podemos solucionar muchos problemas urgentes en el campo de la salud, la educación y la ciencia. ¡Haberlo sabido! Si hubiéramos podido prever que las consecuencias de aquellas nacionalizaciones de lo que ya no existe llegarían a ser tan graves y perdurables, tal vez no hubiéramos sido tan radicales. Que nadie dude que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

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Lo que nos prometieron

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Yoani Sánchez Comments off

bloqueo

Llevaba yo un uniforme blanco y rojo, tenía diez años y el tema del“bloqueo” apenas era mencionado en los ideologizados libros que me entregaban en la escuela. Eran los tiempos del optimismo y creíamos que  las vacas F1 darían suficiente leche para inundar todas las calles del país. El futuro tenía esos tintes dorados que no acababan de mostrarse en nuestra despintada realidad, pero éramos un tanto daltónicos como para notarlo. Creíamos haber encontrado la fórmula para estar entre los pueblos más prósperos del planeta, de manera que nuestros hijos habitarían un país con oportunidades para todos.

Desde la tribuna, un barbado líder levantaba su dedo desafiante hacia el Norte, pues contaba con la pértiga del subsidio del Kremlin para saltar cualquier obstáculo en la construcción del comunismo. “A pesar del bloqueo…” nos decía, con la misma convicción que años antes nos había hablado de diez millones de toneladas de azúcar, sembrados de café alrededor de las ciudades y una supuesta industrialización del país que nunca llegó. Tuvimos que recortar los sueños cuando la tubería de petróleo y rublos se secó abruptamente. Llegaron los años de comenzar a explicar el descalabro y de compararnos con las naciones más pobres de la zona, para sentirnos –sino felices- al menos conformes.

Al comenzar mi adolescencia, el tema de las limitaciones comerciales estaba en casi todas las vallas del país. En las marchas políticas ya no se gritaba “Cuba sí, yanquis no” sino una nueva consigna de difícil rima “Abajo el bloqueo”. Yo miraba el plato casi vacío y no podía concebir cómo habían logrado sitiarnos las malangas, el jugo de naranja, los plátanos y los limones. Me formé repudiando el bloqueo, no porque me tragara aquello del país que pudimos ser y nos lo habían impedido, sino porque todo lo que no funcionaba intentaban explicarlo señalando hacia él.

Si mis amigos se iban en masa del país, era por la política de hostigamiento de Estados Unidos; si en el hospital de maternidad las cucarachas caminaban por la pared la culpa partía de los norteamericanos; incluso si en una reunión expulsaban de la universidad a un colega crítico, nos explicaban que éste se había dejado influir ideológicamente por el enemigo. Hoy todo comienza y termina en el bloqueo. Nadie parece recordar aquellos tiempos en que nos prometieron el paraíso, en que nos dijeron que nada –ni siquiera las sanciones económicas- iba a impedir que dejáramos atrás el subdesarrollo.

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No es para reírse

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Reinaldo Escobar Comments off

maquinas_braille

En noviembre de 1979 (¡han pasado treinta años!), publiqué en la revista “Cuba Internacional” un reportaje, desplegado a dos páginas, bajo el título “Los que se rieron del bloqueo”. Por un asunto de higiene mental trabajé durante unos catorce años, pero recuerdo que el tema central era el trabajo de los innovadores y racionalizadores, los que con su ingenio lograban saltar las dificultades generadas por las restricciones comerciales impuestas a Cuba por los Estados Unidos. Aclaro que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

Era la época en la que se apostaba a que “a pesar del bloqueo” lograríamos todos nuestros propósitos. La esencia de esta tendencia radicaba en el deseo de mostrar que cuando se tomó la decisión de nacionalizar las propiedades de los estadounidenses –razón primera de la vengativa actitud norteamericana- se había hecho un buen cálculo de las consecuencias y que la sabiduría y visión política del Máximo Líder eran tales, que teníamos todas las condiciones para sortear los obstáculos que se derivaran de aquella medida, cuya justicia era indiscutible. Recuerdo que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

No cuento con los datos que me permitan sustentar la siguiente afirmación, pero estoy seguro que de todo aquello que se nacionalizó debe quedar muy poco funcionando, con la excepción de las hectáreas de tierra de la United Fruit Company que hoy no estén inundadas de marabú. Como se sabe, la mayoría de las fábricas de azúcar fueron renovadas con maquinarias soviéticas entre los años setenta y ochenta y luego cerca de la mitad de los centrales se desmantelaron. Algo similar pasó con las embotelladoras de refrescos, las minas de níquel, las fábricas y comercios que pasaron a manos del estado en los primeros años del proceso revolucionario. Lo que no desapareció porque era imposible mantenerlo, se convirtió en otra cosa en virtud de la transformación. Reafirmo que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

Tengo la impresión que en el cálculo político que se hizo en aquellos tiempos se fue demasiado benévolo al medir la duración que podía tener el rencor imperialista, o tal vez se fue excesivamente optimista sobre nuestras posibilidades de ripostar los golpes que inevitablemente sobrevendrían. ¿Quién podía imaginar que se desmoronaría el campo socialista? ¿Ya saben que no estoy de acuerdo con el bloqueo?

En las Naciones Unidas se vota ahora de forma abrumadora una resolución que condena el bloqueo. Los argumentos fundamentales son que por culpa de esa cruel política no podemos desarrollarnos como quisiéramos ni podemos solucionar muchos problemas urgentes en el campo de la salud, la educación y la ciencia. ¡Haberlo sabido! Si hubiéramos podido prever que las consecuencias de aquellas nacionalizaciones de lo que ya no existe llegarían a ser tan graves y perdurables, tal vez no hubiéramos sido tan radicales. Que nadie dude que no estoy de acuerdo con el bloqueo.

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Cifras luminosas. / Miguel Iturria Savón.

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Ancla insular Comments off

icono-de-salud-en-cuba                                                     

El martes 20 de octubre Julio Martínez Molina, corresponsal de Juventud Rebelde, publicó una crónica que exalta al sistema de salud cubano. En la misma comparte las cifras que escuchó en el reciente Pleno del Comité Nacional de la Juventud Comunista, donde “el tema fundamental de debate fue el de la Salud”.

Como el comunicador, bajo la emoción del cónclave juvenil, solo quiso ofrecerles a los lectores los datos que revelan el altruismo estatal al asumir el costo de los servicios sanitarios, no se complicó con el origen de las cifras, el estado real de los equipos y de las entidades hospitalarias, ni con las afectaciones desatadas por la ausencia de miles de médicos y enfermeras que “cumplen misiones” en más de 30 naciones, lo cual, según las propias autoridades, ha desestructurado al sistema sanitario insular.

Al revelar las bendiciones del “excelente sistema de salud, como pocos en el planeta”, Julito Martínez nos recuerda que “Cuba invierte cada año más de 200 millones de dólares en medicamentos, y que “El presupuesto de la Salud sobrepasa en la actualidad los 4 000 millones de pesos”, lo cual favorece “la vacunación gratuita contra 14 enfermedades” y el descenso de la mortalidad infantil a 4,7 por cada mil nacidos vivos.

Como el cronista no sospecha sobre la veracidad de las cifras que alguien le dictó, nos dice cuanto le cuesta a Papá Estado cada ciudadano que acude a sus clínicas para un ultrasonido, una consulta estomatológica, un eco cardiograma, la resonancia magnética, la prótesis de cadera o el trasplante de corazón, de hígado o el de córnea. Precisa, además, el costo de un paciente ingresado y los 16 601 pesos promedio que desembolsa el Gobierno para graduar a un médico, algo menos que los 350 000 dólares amortizados por los propios estudiantes de medicina en Estados Unidos.

Gracias al espacio de su columna el periodista se reserva muchas cifras que “atestigua la grandeza de la obra, en hechos, no en palabras”, a modo de “argumento para responder a esos desagradecidos que solo saben mirar las manchas del Sol”.

Es fácil suponer cual es el Sol del articulista y no resulta difícil entender que los “desagradecidos” son los millares de pacientes que padecen y se quejan de nuestro “eficaz sistema de salud”, cuya creciente virtualidad contradice las cifras apologéticas que le dictaron a Julio Martínez en el Pleno de la Juventud Comunista ¿Será el escribano hijo del humorista de igual nombre que abandonó el paraíso sanitario?

No le deseo al colega del Diario de la Juventud Cubana que ingrese o visite a algún familiar en La Benéfica, Hija de Galicia, la Balear u otro hospital de nuestra capital. Si lo hiciera comprendería de inmediato la diferencia entre los números y la realidad.

Sus dígitos coinciden con el intento de Papá Estado por sacudirse las “gratuidades innecesarias” y con la proliferación de enfermedades de gran impacto masivo, como el dengue, la conjuntivitis, la tuberculosis, el SIDA y la pandemia del H1N1, entre otras que crecen con los vertederos colectivos y los problemas alimenticios que aquejan a los trabajadores, cuyo salario promedio oscila entre 12 y 30 dólares al mes.   

                                      hospital-la-benefica1

 

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Alcohólico con nombre

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Desde La Habana Comments off

alcohol

Rufino Delgado, 38 años, en sus escasos momentos lúcidos, reconoce que su vida tocó fondo. Y mira impotente hacia el cielo, como buscando una respuesta a su drama con el alcohol. No siempre fue un tipo sucio y grosero. Seis años atrás, trabajaba en un almacén de una empresa tabacalera, y entre lo que robaba al Estado y el salario recibido, se permitía mantener con cierto desahogo a sus dos hijas y su esposa.

-Una caja de tabacos la ofrecía por 20 cuc. Había días que vendía siete u ocho. Como mi esposa recibe remesas, entonces el dinero que me sobraba me lo bebía.

Empezó como un bebedor social. Y terminó como un borracho consuetudinario, que vende lo poco que le queda para darse un trago. Al principio tomaba ron y cerveza de calidad. Ahora, Rufino toma el alcohol de los miserables, filtrado con miel de pulga, en serpentines improvisados, donde un litro cuesta 10 pesos. Ya no puede vivir sin beber. Su familia le puso un tratamiento médico. Pero nada. Rufino siempre volvía al alcohol.

Cuando estaba ebrio era un monstruo. Le pegaba a su esposa e hijas. Su mujer lo botó, como se botan las cosas viejas, cuando una noche de 2006 llegó a su pobre apartamento y lo vió desnudo entre vómitos, restos de comida y cucarachas que hacían una fiesta por todo su cuerpo.

Más nunca ha sabido de sus hijas ni de su mujer. Perdió el trabajo. Ahora vaga errante por los alrededores de La Víbora. Come, cuando come, de lo poco que la gente echa en las latas de basura. No tiene amigos. Sólo tipos tristes como él, que todos los días se agrupan en la esquina de la calle Carmen y 10 de Octubre, frente a la Plaza Roja, a tomar el trago de los olvidados.

Siempre terminan igual. Peleando entre ellos. En las trifulcas se golpean y arman un alboroto de mil demonios. Ya ni a la policía interesan. Si acaso los detienen un par de días, los bañan y les matan un poco el hambre en el calabozo de una unidad policial.

En sus breves períodos de lucidez, Rufino recuerda que fue un tipo que amaba a sus hijas y vestía con gusto. Le gustaba bañarse con agua tibia y comía caliente. Luego se sentaba junto a su esposa, a ver el culebrón de turno en la tele. Nunca pensó que su vida se convertiría en un infierno.

Cuando no está ebrio, los recuerdos lo llevan de nuevo al alcohol. Entre lágrimas y maldiciones, con los 10 pesos que consigue vendiendo algún artículo viejo o en pago por un favor, va donde siempre, a comprar alcohol destilado. Su existencia es un círculo vicioso. Y lo que le queda es entrar en la iglesia e implorarle a la Virgen, para que la muerte pase pronto a llevárselo. Con una sola petición: que antes, lo deje ver a su mujer y a sus dos hijas.

Iván García

Foto: Los borrachos, acrílico sobre tela de Heart Industry, Flickr.

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Boring Home Utopics 2009-10-28 09:10:38

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Orlando Luís Pardo Lazo Comments off
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Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Orlando Luís Pardo Lazo Comments off
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Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Orlando Luís Pardo Lazo Comments off
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Boring Home Utopics 2009-10-28 07:40:07

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 Orlando Luís Pardo Lazo Comments off
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