Archivo por meses: noviembre 2009

Juan Juan tampoco se quiere rendir

almeida-hijo

En los países normales, o como decimos comúnmente entre nosotros, “en los países”, la gente entra y sale a donde quiere y cuando lo desea, con las explicables  limitaciones referidas al precio de los pasajes y el otorgamiento de visa a la nación que se pretende visitar. Los cubanos, por el contrario, necesitamos pasar por la humillación de tener que pedirle una autorización al gobierno para cruzar hacia el exterior las definidas fronteras de la isla. Ese trámite se llama Permiso de Viaje y se expresa en un documento conocido como la tarjeta blanca.

Juan Juan Almeida fue durante mucho tiempo un favorecido porque gozaba en Cuba de un privilegio que en cualquier otro sitio es solamente un derecho: viajar por el mundo. Durante mucho tiempo ese asunto del permiso de salida era para él una diligencia a la que no se le prestaba atención, algo así como tener que pesar el equipaje en el aeropuerto. Cualquier análisis superficial que se hiciera de su excepcional situación terminaba concluyendo que ésta y otras prebendas que entonces disfrutaba, obedecían a que era el hijo de Juan Almeida Bosque un selecto miembro de la más alta aristocracia revolucionaria cubana, recientemente fallecido.

J.J. cayó en desgracia y un buen día le hicieron saber que ahora su nombre estaba en otra lista, en la de los excluidos. Por esa razón ahora no le permiten asistir a una consulta médica a un hospital de Europa, donde, según él mismo explica, tiene la oportunidad de tratarse una enfermedad que no encuentra solución en su país. Escribió un libro, respondió entrevistas, redactó cartas y el pasado viernes 27 de noviembre salió por segunda vez a la calle con un cartel donde, se dice,  pedía la renuncia del presidente de la República.

Por esos días, cincuenta y tres años antes, su padre navegaba en el yate Granma junto a Fidel y Raúl Castro para dar inicio a la lucha guerrillera en las montañas de la Sierra Maestra. Aquellos 82 hombres, en su mayoría jóvenes idealistas, pretendían dar por terminada la segunda dictadura de nuestra breve historia republicana. La libertad era entonces una palabra que se pronunciaba con respeto, con devota unción.

J.J. estuvo detenido cuatro días en los cuarteles de la Seguridad del Estado. Si hubiera permanecido allí hasta el cinco de diciembre sus captores se habrían sentido profundamente incómodos, porque ese día en medio del primer combate contra las tropas de la tiranía el guerrillero Juan Almeida logró que su voz entrara en la historia de Cuba. Para apagar el pánico de los que recibían el bautismo de fuego gritó: ¡Aquí no se rinde nadie, cojones!

Por aquello de los genes, o porque él es así, o porque simplemente así debiera ser siempre, Juan Juan tampoco se quiere rendir, no ya para reclamar los privilegios perdidos, sino para exigir su derecho, que es también de todos nosotros.

juan-almeida-bosque

Share/Save/Bookmark

Acuse de recibo

Con inefable regocijo, he recibido las proclamaciones que los alcaldes y las juntas de comisionados de las ciudades de Union City y West New York del condado de Hudson, en el estado de New Jersey de los Estados Unidos, me han honrado y les comunico que las he recibido, no tanto a título personal sino en nombre de todos y cada uno de mis hermanos de causa y de ideas  y luchas civilistas que nos pudrimos en vida en las ergástulas del régimen comunista cubano, así como también de todos los hombres y mujeres que en nuestra patria trabajan y luchan por el respeto irrestricto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que de manera muy contumaz el régimen totalitario castrista viola sistemática e institucionalmente.

Sepan que tales proclamaciones son un estímulo y acicate  para proseguir siempre adelante en nuestro empeño por alcanzar  una nueva Cuba que sea “de todos, con todos y por el bien de todos”, como magistralmente nos convocara nuestro apóstol de la independencia José Martí.

Muchas gracias a todos y que Dios los bendiga.

Pedro Argüelles  Morán. Grupo de los 75. Prisión Provincial de Canaleta. Ciego de Ávila.

Share/Save/Bookmark

Pase permanente. / Miguel Iturria Savón.

 

090829-057

Zenaida, una habanera de 35 años, me habla con nostalgia de la capital mientras el cochero azota al caballo que cancanea en una calle de Guantánamo, donde los ómnibus urbanos han desaparecido y las bestias halan carromatos de diez personas, como a mediados del siglo XIX.

Ella creció en Prado entre Ánimas y Consulado, a solo unas cuadras del Malecón, a donde retorna durante sus vacaciones anuales, pues lleva una década viviendo en Caimanera en unión de su esposo, un oficial oriental que trabaja en la frontera. Ante mi sorpresa me enseña el Pase permanente, sin el cual no es posible entrar o salir de ese pueblo cautivo.

-         ¿Qué pasaría si eliminan el pase de quienes viven o trabajan en Caimanera?

-         Sería un desastre, un nuevo punto de salida del país, como Camarioca o el Mariel, tal vez peor porque hay zonas minadas en la cercanía a la Base naval de los Estados Unidos.

-         Pero hay gentes que se van.

-         Si, claro; llegan por Boquerón, esperan la noche y se tiran al mar. Algunos consiguen trabajo o se casan en Caimanera; meses después desaparecen y llaman por teléfono desde Miami o New York.

-         ¿Caimanera es un municipio especial?

-         Si, pero hay problemas como en todas partes. Yo, por ejemplo, trabajo en salud y no he podido hacerme una placa dental. Esta es la tercera vez que vengo a Guantánamo, donde los equipos están rotos; si hoy no resuelvo me voy para La Habana o me saco la pieza.

-         ¿Y por qué es especial Caimanera?

-         Porque han mejorado los servicios y el abastecimiento a la población, incluidos equipos electrodomésticos. Hay leche para todos cada día, venden pescado y media libra de carne de res por persona a la semana.

Antes de bajarme del coche hacia la Terminal de ómnibus Zenaida me pregunta algunos detalles sobre la capital. Confiesa sentirse bien en Caimanera, pero sabe que por amor dio un salto en garrocha hacia el pasado. Tiene casa, un hijo y comida segura, más le faltan otras cosas. Tal vez no se acostumbre a mostrar un carné para entrar o salir de un pueblo rodeado de militares. Le deseo suerte en su gestión de salud.

Si Guantánamo, cabecera provincial, carece de los equipos médicos elementales en sus clínicas y hospitales, ¿qué pasará en Caimanera, Maisí u otros pueblos rodeados por el mar, las montañas o los militares?

090829-012

 

Share/Save/Bookmark

Las víctimas no son culpables. Miguel Iturria Savón.

praga-europa

El martes 17 de noviembre Luis Hernández Serrano publicó en Juventud Rebelde “Tres acontecimientos y un solo culpable”, en el cual retoma hechos desatados en Europa en 1939 “que tuvieron en común las ambiciones hegemónicas de poder ilimitado, el militarismo y las pretensiones expansionistas de Adolfo Hitler”.

El cronista se refiere a la agresión a Polonia, a la resistencia de los jóvenes contra “la bota nazi que pisoteó la capital checoslovaca” y a la “Operación Bernard” montada por el gobierno alemán para falsificar billetes de Inglaterra.

Llama la atención que al refrescar estos hechos “aparentemente inconexos”, omita la complejidad de la invasión a Polonia, ocupada además por tropas de la Unión Soviética; mientras carga la mano en la sublevación de Praga del 17 de noviembre de 1939, cuyo heroísmo juvenil generó después celebraciones estudiantiles analizadas por el comunicador; quien sintetiza también la maestría de los falsificadores nazis, empeñados en minar el poderío financiero de los ingleses.

El cronista del Diario de la juventud cubana no se tira a fondo en algunos detalles de los hechos evocados. Es bueno censurar al nazismo alemán, el fascismo italiano, el falangismo español y otros ismos desastrosos. Sabemos que el militarista Adolfo Hitler (1889-1945), Fuhrer del III Reich, desató la Segunda guerra mundial al invadir a Polonia y otros territorios europeos, donde sus tropas cometieron crímenes insólitos.

El periodista obvia que tanto Polonia como la República Checa sufrieron la presencia militar rusa, cuyo gobierno comunista firmó un pacto previo con Hitler para repartirse el pastel europeo. Solo en Polonia los militares soviéticos masacraron a 22 mil oficiales del territorio conquistado. En 1945, como resultado de la contienda bélica, las tropas de la Unión Soviética impusieron gobiernos afines en parte de Alemania (Berlín), en Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Yugoslavia, Albania y Polonia. En 1956 sus tanques aplastaron a los húngaros que cuestionaron el socialismo y en 1968 abatieron en Praga a los reformistas del Partido comunista.

Tanto en los países ocupados por la Alemania de Hitler como en las naciones holladas por la Unión Soviética, hubo crímenes de todo tipo y una resistencia tenaz o solapada. El dominio alemán cesó en 1945. El de la Unión Soviética se extendió hasta 1991. ¿No es tiempo suficiente para que al abordar el pasado nuestros periodistas se olviden de la filiación cubana al desaparecido Bloque Socialista y sacudan toda la verdad?

Hasta el coronel Putin, ex Presidente y actual Primer Ministro de Rusia, habló en noviembre del 2008 de los millones de víctimas del régimen comunista de su país. Los investigadores de las naciones ocupadas han documentado el costo humano del experimento socialista. Tanto en la República Popular China como en Mongolia, Kampuchea y Corea del Norte se barajan las cifras de la barbarie. En Cuba todavía.

Vale recordar la barbarie propia y ajena. ¿Cuándo reportará la prensa insular la caída del Muro de Berlín, la Revolución de Terciopelo en Praga, la revelión contra Ceausescu en Rumania o las imágenes de los tanques chinos que sepultaron a miles de estudiantes en la Plaza de Tiananmen en 1989?

Al leer las verdades a medias de Luis Hernández Serrano creo que ya es tiempo de sacudir la censura, la autocensura y las filiaciones tardías. Sugiero a los colegas de la prensa oficial leer El Libro Negro del Comunismo, el cual ilustra una barbarie que supera a los millones de víctimas del nazi fascismo alemán y el militarismo japonés. 

plaza-de-tianamen-china           

Share/Save/Bookmark

Los cisnes de Ciro

El músico cubano Ciro Díaz, del grupo Porno para Ricardo, hizo una versión rock de El Lago de los Cisnes, del compositor ruso Chaikovsky (1840-1893). Por título le puso I hate swans (yo <del>comí</del> odio a los cisnes). Fue grabada en La Paja Records, estudio habanero underground. Los dibujos son de Charlie Bravo, quien se inspiró en el argumento del supuesto enfrentamiento entre cisnes y cocodrilos por el dominio de una laguna en la isla.

Cuando lo mejor se corrompe

miro-joan-la-melodie-acideImagen: “La melodía ácida”, de Joan Miró.

En el primer año de la Revolución el apoyo popular era casi total. Entonces, tenía yo diez años y recuerdo el júbilo de los primeros días. Había terminado la dictadura, el tirano había huido; todo era esperanza. En ese mismo año de 1959 se promulgó la Ley de Reforma Agraria (que terminó siendo la primera, pues luego vendría una segunda ley) y el apoyo caso unánime continúo.  Aquel pasó a ser el tema del momento en los medios y en el pueblo. La tierra iba a ser para el campesino. Por fin aquella gran aspiración de la nación cubana se iba a cumplir y el entusiasmo no decrecía.

Recuerdo que en mi pueblo, San Luis en Pinar del Río, la plaza que se forma entre la iglesia y el parque se llenó de arados, trilladoras y otros implementos agrícolas y algún tractor. Eran donaciones espontáneas de comerciantes y otras personas pudientes. Ya bien avanzado el año 59, comencé a escuchar las primeras voces de duda, muy tímidas al principio. Algún amigo de la familia se paraba a conversar y las discusiones de aquel momento eran más o menos en estos términos:

-          Oye, cómo tú vas a decir eso. ¿Cómo va a ser comunista Fidel Castro? ¿A quién se le ocurre eso si ese muchacho es hijo de una familia rica, educado por los curas y abogado?

-          Oye, mira que están poniendo a los comunistas en los puestos claves, decía el escéptico.

-          Pero si él mismo ha dicho que no lo es, replicaba el otro.

Ya para el año siguiente todos sabían que el “escéptico” tenía la razón y que el pueblo había sido engañado. Pero hasta ahí, casi todos habían mirado con simpatía la Revolución: la iglesia católica, los norteamericanos, los ricos y la prensa toda. Incluso ya se habían producido un buen número de fusilamientos espurios y si bien fueron denunciados fuera de Cuba, de una forma u otra el pueblo los había justificado. En el país, el criterio de la mayoría era que hacía falta una Revolución. El más importante motivo de disgusto entre la población era que los gobernantes y otros políticos se enriquecían con el dinero del erario público.

Con el apoyo inicial que tuvo la Revolución, si hubiera seguido el curso prometido de reinstaurar la democracia y eliminar la gran corrupción gubernamental, Cuba se hubiera podido convertir en un país muy próspero y –más importante aún– de una gran riqueza moral y humana que hubiera podido servir de ejemplo a todas las naciones hermanas de Iberoamérica. Todo esto bajo un gobierno legítimamente constituido por Fidel Castro, que de todas formas habría sido la gran figura nacional y habría gobernado casi sin oposición y sin tener que reprimir a nadie. Pero la Revolución de 1959 nació sobre esa gran mentira que lo empañó todo.

Mirando lo ocurrido desde la comodidad de la retrospectiva, creo que todas las malas decisiones de aquellos primeros años estuvieron signadas por ese pecado original. Desde el mismo momentos de los fusilamientos de los batistianos, que empezaron desde el primer día. No dudo que entre los fusilados haya habido asesinos y torturadores, pero por qué no concederles la oportunidad de un juicio justo (peores, sin dudas, habían sido los nazis en la Segunda Guerra Mundial y los juicios de Nüremberg estaban muy frescos en la memoria colectiva. Algunos de aquellos jerarcas nazis salieron incluso absueltos, otros condenados a prisión y otros más a la pena de muerte) máxime siendo abogado el líder de la triunfante Revolución. ¿Cómo no les concedió a sus antiguos enemigos un verdadero juicio? Incluso ante una corte internacional. ¡Qué ejemplo habría sido un proceso como ese para nuestro pueblo! ¡Cuánto habríamos ganado en civilidad! ¡Cuánto habría prestigiado a una Revolución que se declaraba humanista y cuya generosidad había sido proclamada desde la tribuna! ¡Cuántas figuras de lo mejor de la humanidad habrían salido en apoyo a tal decisión!

Sin embargo, pesó más en la mente de aquellos líderes jóvenes la opción de matar, estimo que para ir radicalizando la Revolución y además para ir sembrando el terror y eliminando posibles enemigos futuros. Incluso aquellas medidas iniciales que beneficiaron a amplios sectores, estuvieron marcadas por la prisa. Fidel Castro fue muy habilidoso en tomar medidas de amplio apoyo popular, mientras abarcaba estratégicas parcelas de poder y desplegaba una retórica inflamatoria.

Opino que todo pudo haberse hecho mejor, con más sosiego. Haber beneficiado a los más humildes de todas formas, pero sin enemistarse con nadie. Un acierto fue la campaña de alfabetización ¿quién se va  a oponer a que se alfabeticen a los iletrados? Pero ¿para qué había que ponerle a esa tarea el plazo de un año ni llevar a adolescentes alejados de sus familias a lugares que ya en 1961eran de peligro? Lo mismo pudo haberse logrado con mucha más calma y racionalidad. Claro que así se hubiera perdido un tanto el efecto propagandístico.

La traición llegó hasta la misma reforma agraria. Después de ésta, se promulgó una segunda ley que cambió el carácter de la primera. Ya los campesinos no iban a ser dueños de a tierra, sino asalariados de inmensa granjas estatales. El latifundio había cambiado de dueño. Años más tarde, siendo yo estudiante universitario (era obligatorio cursar y aprobar la asignatura de Marxismo-Leninismo) recuerdo que un día una profesora nos explicó la razón de aquel cambio. Como se trataba de una profesora de marxismo, que en aquellos tiempos era como decir el juicio inapelable de la sabiduría, asumo que esta sería la explicación oficial y no ninguna otra anterior. Ella nos dijo que entregarle la tierra a un campesino era convertirlo en un enemigo de clase. A mi mente vino un hombre de campo sin tierra, convertido en próspero campesino, haciendo producir una finca de su propiedad, con una buena casa y un auto. Pero ese sueño era convertir al pobre en un burgués, en un enemigo ideológico, en un “enemigo del pueblo”.

En resumen, que con el triunfo revolucionario Fidel Castro tuvo en sus manos la oportunidad dorada de haber conducido a este pueblo por el camino de la paz y la democracia. Hacia una gran prosperidad bien repartida y una civilidad armoniosa, para que se hiciera realidad la fórmula martiana “CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS”. Prefirió en cambio irse por la ruta del enfrentamiento y el comunismo, una ideología ajena a nuestra historia y a nuestro entorno y esencialmente violatoria de los derechos humanos. Esta jugada le permitió gobernar con un poder totalitario. ¿Cuál ha sido el resultado? Aquella economía próspera terminó convertida en un país en ruinas, un pueblo muy unido como el cubano está hoy más dividido que nunca, no sólo por cuestión de opiniones sino también separado geográficamente y dispersas las esperanzas de los jóvenes.

Pudo haber sido un gran libertador y eligió convertirse en el mandamás de una tiranía de cincuenta años. Nada, que se cumplió para nosotros lo que ya sabían los antiguos romanos: cuando lo mejor se corrompe, resulta lo peor (CORRUPTIO OMNIMI, PESSIMA)

Adolfo Fernández Sainz, prisionero de conciencia, prisión de Canaleta, Ciego de Ávila,

(El autor cumple 61 años hoy 30 de noviembre)

Share/Save/Bookmark

Crónica con luna en cuarto creciente

silvio

Quizás no sea yo el más indicado para escribir esta crónica. O tal vez sí. Sé de colegas que conocieron personalmente a Silvio Rodríguez en esa primera etapa de la revolución, ingenua y difícil, cruda y contradictoria, donde los niños como por arte de magia se convertían en hombres.

Mas yo vengo a contar el hechizo que Silvio provocó en mi generación, por muchos considerada “perdida”. Todos los menores de 50 años encontramos una rara similitud en la forma de acceder a sus canciones.

Quizás en la escuela, en el tema interpretado para una aventura infantil o en la voz de un amigo, no recuerdo ahora con exactitud, pero cuando descubrí a Silvio hacía rato que él componía canciones y había sido uno de los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, junto a los imprescindibles Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú, entre otros, todos dirigidos por Leo Brouwer, que ya era un maestro.

Un año después, en 1973, se había creado el Movimiento de la Nueva Trova, del cual Silvio era parte principal. Los Beatles, con su mito tejido alrededor del mundo, se habían desintegrado en 1970 y para nadie fue un secreto que los genios de Liverpool, con sus baladas-rock habían dejado un irremediable vacío después de su disolución, a pesar de la psicosis que con ellos cogieron las autoridades culturales y políticas cubanas.

Entonces, pienso, los estrategas de la cultura vieron un filón de oro y por eso apoyaron al grupo aquel de desaliñados que cantaban cosas raras, pero que al fin y al cabo eran “revolucionarios”.

Se acordó una tregua. Los medios de difusión, poco a poco, se fueron poniendo al servicio de Silvio y la Nueva Trova. Con su reserva, claro. Al principio, para disgusto de los trovadores, sólo fueron escuchados en actos políticos, conmemoraciones patrióticas o días de duelo nacional.

La propaganda oficial hacía hincapié en que se conocieran temas de Silvio Rodríguez, como La era está pariendo un corazón, Fusil contra fusil, Canción al elegido y El Mayor, canciones que con su lenguaje metafórico y poético demostraban apoyo a la revolución. Silvio también le cantaba a lo cotidiano y al desamor pero, de momento, hasta que no demostrara su completa lealtad, esos textos navegaron en la semiclandestinidad.

El cantautor de San Antonio de los Baños era una especie de luna en cuarto menguante: sólo podíamos apreciar una parte de su rostro. Así, de esa forma, llegó a nuestra generación.

Tarareábamos las letras en los aniversarios patrios o en recordación a los mártires. Silvio fue creciendo con nosotros. Al arribar a la década de los 80 ya no se censuraba al probado compositor de Cuba va. Había sido un parto doloroso y traumático, pero ahí estaba este Rodríguez, en su justo lugar. Uno de los mejores compositores cubanos del siglo XX.

Las letras de Resumen de noticias y Ojalá dejaron de levantar sospechas. Por el contrario, era profeta en su tierra y también en América Latina y España. Muchos, al igual que yo, lo perseguimos y acosamos, de recital en recital. De memoria sabíamos casi todo su repertorio.

El ser humano necesita mitos, líderes, elegidos… Y para nosotros, Silvio lo era. O, por lo menos, marcó a un por ciento valioso de la juventud cubana, aunque algunos después se han convertido en críticos de su obra y de su posición ideológica. Otros dicen que se estancó, se acomodó y se acobardó.

Mi posición política actual difiere bastante de la del Silvio Rodríguez que por estos días de noviembre cumple 63 años de edad. No por ello voy a dejar de admirar sus canciones: sería negar y traicionar una parte importante de mi vida.

Ahora, Silvio, te vemos claramente, despojado de aureolas cuyas luces suelen engañar. Y te agradecemos habernos enriquecido espiritualmente y apartado de la música superflúa e inútil. Miles de los de mi generación están lejos, en otras tierras, bajo el mar o han partido para siempre. No sé otros, pero yo quiero agradecerte por habernos propuesto, no impuesto. Por habernos transmitido buenos valores, gratuitamente. Eso importa más que cualquier militancia.

Iván García

Foto: Interiano Vinicio, Flickr

Cartilla de racionamiento: ¿EPD?

trabajando

A medida que declina el año y se acerca el 2010 se incrementa la incertidumbre popular en torno a un tópico que viene ocupando el centro de preocupación de  aquellos cubanos cuyas economías resultan más vulnerables a los acomodos  oficiales –hay quienes prefieren llamarles “reformas” – para tratar de paliar la crisis: la posible pronta desaparición de la cartilla de racionamiento.
Noviembre debutó golpeando la “canasta básica” de la dotación con la “liberación” de dos grandes protagonistas que por décadas han aliviado el hambre general: la papa y los chícharos, ahora a precios muy por encima de los llamados subsidios del siempre paternal Estado. Si cuando estos productos estaban normados por la cartilla el precio de la papa era de 40 centavos y el de los chícharos de 30 centavos  (por libra, en ambos casos), ahora se incrementaron a 1  y 3,50 pesos, respectivamente, por igual peso. La voz popular vaticina la gradual supresión de otros productos “encartillados” con el consecuente incremento de precios, como el imprescindible café y esos otros héroes populares, los huevos. Se especula que para el cercano año 2010 se eliminará por completo la cartilla de racionamiento –que aquí los más ingenuos prefieren llamar “libreta de abastecimientos”– y la elevación de los precios acentuará la inutilidad de los ingresos por concepto de salario y, por tanto, la obsolescencia y nulidad del trabajo asalariado estatal.
Otras disposiciones y rubros han venido afectando sensiblemente los magros bolsillos de la mayoría de los cubanos, como la supresión de los comedores obreros, que afecta directamente a los más humildes, quienes consumiendo por un precio módico el almuerzo del trabajo ahorraban los escasos víveres de la canasta familiar; e indirectamente a aquellos cuyas posibilidades de llevar su propio almuerzo desde el hogar también disminuyen ante la nueva avalancha alcista de los alimentos. Por otra parte, algunos especulan que la “liberación” de productos como la papa, el único del agro cuya producción y comercialización ha sido exclusivamente estatal, podría suponer una simultánea liberación del compromiso de producción por parte del Estado y una futura carencia del tubérculo en los mercados, acompañada de una nueva escalada en los precios: el círculo vicioso de la pobreza administrada desde el poder.
Es así que la eventual eliminación de la cartilla resulta, en definitiva, otro reflejo de lo absurdo de la economía cubana. Más allá de no ser un invento de este sistema, sino un recurso provisional creado en otros países para enfrentar economías de guerra y que fue suprimida tan pronto esos países remontaron las crisis en un período de tiempo relativamente corto; el caso de la cartilla cubana es todo lo contrario: lejos de tener carácter provisional, se ha mantenido por más de 47 años y su desaparición, en lugar de ser efecto de un despegue económico, significaría que ya la crisis es tan profunda y la infraestructura está tan arrasada que el Estado en bancarrota es incapaz de garantizar a la población siquiera los mínimos indispensables para la supervivencia. Cuba se ahoga en un océano de deudas al exterior y en una creciente y alarmante crisis económica y social al interior de la Isla, mientras el gobierno, que no ha declarado oficialmente el término definitivo de los llamados “subsidios”,  tantea astutamente la capacidad de aguante de este pueblo, tal vez temeroso de que –como la cartilla- tanta mansedumbre pudiera no ser eterna.