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Valor y pantalones (II y final)

Domingo, 8 de Noviembre de 2009 Desde La Habana

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“…Cuando Juanes habló de los presos políticos, por moral, la oposición tenía que haber sacado la pancarta o elevado su voz de Libertad para nuestros hermanos presos injustamente. No hubo acción porque la oposición se halla inoperante. De nada sirvieron los celulares ni las laptops ni los printers ni la ayuda que reciben de afuera. No pudo coordinar ni un gesto mínimo para hacerse notar ante la prensa internacional que cubría el acto en la Plaza…”

Lo anterior es la opinión de un lector que dejó un comentario en uno de mis blogs. Encarecidamente me pidió que escribiera al respecto, y así lo hago.

De paso, a todos los que piensan como él, les aclaro que los que vivimos en Cuba y públicamente disentimos, no somos marionetas de nadie.

Si desean acción y violencia, vengan y sean los protagonistas.

Si la televisión de Miami les resulta aburrida, vayan a la Pequeña Habana y hagan la noticia del día.

Si quieren sangre y enfrentamientos en las calles cubanas, vengan y derramen la suya.

Si quieren un corazón humano en el altar de los sacrificios, vengan y decapiten a un verdugo con sus propias manos.

Soy abogada, periodista independiente, bloguera y ama de casa. Tareas que responsable y pacíficamente asumo. No hago ni haré nada para satisfacer frustraciones y ansías ajenas.

Si la supuesta ayuda que brindan a la disidencia dentro de Cuba, que es la que en realidad corre los riesgos, es a condición de que nos “tiremos pa’ la calle”, ahora mismo dejen de enviarla.

Es cierto, la juventud cubana actual no tiene el ímpetu de la venezolana que combate a Hugo Chávez. Mas, ¿acaso los que hoy nos critican, cuando vivieron en Cuba lograron convocar y sacar de sus casas a la gente con palos y piedras o simples cazuelas?

Hace poco fui testigo de las miradas indiferentes de los transeúntes, mientras un grupo de opositores protestaba en la vías pública. Nadie se suma, observan como si los manifestantes fueran locos o delincuentes. A ese tipo de cubano es a quien primero se debía exigir conciencia. Porque su reacción es similar a la de la inmensa mayoría de la población.

Piensen lo que quieran e, incluso, digan que me falta patriotismo y que soy una mujer cobarde. ¿Quien dijo que no tengo miedo? No tanto por el daño que puedan hacerme a mí personalmente, si no a mi familia. Y eso no podrá resarcirlo nadie.

No creo que deba probar mi valentía, tampoco pretendo convertirme en heroína de la oposición ni del periodismo independiente. Haciendo lo que hago, cumplo mi deber como ciudadana. Pero mi condición de madre me hace meditar cada una de las consecuencias de mis acciones.

Por eso a los que pretenden que otros lleguen a la meta que ellos no tuvieron el coraje de llegar, les pido: basta ya de incitaciones y comparaciones!

Desde afuera las cosas se ven diferentes, con otros colores. Sobre todo cuando se vive sin presiones ni represiones. Tenemos suficiente con las manipulaciones del gobierno, para ahora también tener la de los cubanos que decidieron tirar la toalla e irse.

Alto y claro quiero decirlo: Cuba no necesita más presos políticos. Ni tampoco mártires. La libertad, la democracia y la reconciliación nacional se pueden alcanzar por vías pacíficas y racionales. Como hicieron los chilenos, los alemanes y los sudafricanos.

Laritza Diversent

Foto: El médico Oscar Elías Biscet, con su esposa Elsa Morejón, antes de ser condenado a 25 años de prisión en abril de 2003. El doctor Biscet es seguidor de la lucha no violenta proclamada por Mahatma Gandhi.

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