Un caso real

Puede parecer un cuento, pero no lo es. Es un personaje de la vida real. Lo que aquí expondré, pudo haberle sucedido a cualquier cubano de la isla. Ahora mismo, puede estar repitiéndose.
En los primeros días de 2009, Dennis Guerra fue detenido en estado de embriaguez por policías de la estación Aguilera, ubicada en el municipio 10 de Octubre, en la ciudad de La Habana. Cuando lo detuvieron, lo hicieron empleando el uso de la fuerza, y Dennis ofreció resistencia.
En el juicio oral, celebrado el 14 de agosto, fue sancionado a un total de 3 años y medio de privación de libertad: un año y seis meses de por el delito de atentado, y dos por desobediencia a la autoridad. Como sanción subsidiaria, el tribunal decidió aplicarle trabajo correccional con internamiento.
El proceso penal contra Guerra se inicio a mediados de abril. Le imputaron un delito más grave que el cometido. Se le acusó de atentado y lo que él hizo fue un acto de resistencia.
Dennis alega que los agentes lo acusaron de “atentado” para que pagara el mal rato que les hizo pasar. Debía aprender la lección: con los policías no se juega.
En el atentado, el móvil es el empleo de la violencia o intimidación contra una autoridad, funcionario, sus agentes o auxiliares, para impedirles realizar un acto propio de sus funciones, o exigirles que lo ejecuten, o por represalia por el ejercicio de éstas. La figura jurídica también protege al testigo y a los familiares de todos los sujetos implicados.
Comete un delito de resistencia, quien se resiste a una autoridad, funcionario público o sus agentes o auxiliares en el ejercicio de sus funciones. Bien diferente es si se resiste violentamente o intimida a un agente del orden, para impedirle ejecutar la detención.
Como puede verse, la línea entre el atentado y la resistencia es fina, mas no igual. Al momento de juzgar, el tribunal determina, según la intención del sujeto comisor, cuando se corporifica uno u otro delito. Sin embargo, en Cuba es frecuente encontrarnos con agentes de la autoridad que actúan impunemente contra los derechos de la ciudadanía.
Son cubanos que visten uniformes para ejercer el poder que éste le otorga. Personas inescrupulosas que actúan con despotismo, y a quienes el sistema le da la posibilidad de ser victimarios y también de convertirse en víctimas cuando por venganza mueven la maquinaría judicial contra un ciudadano. Como ocurrió en el caso de Dennis Guerra.
Laritza Diversent