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Incestos. / Miguel Iturria Savón.
El año pasado la prensa internacional censuró las aberraciones de un austriaco que secuestró a su hija en el sótano de su residencia y mantuvo con ella una larga y traumática relación sexual. Los medios informaron escándalos similares en otros países de Europa y América.
En Cuba suceden cosas parecidas aunque no trascienden a la prensa. Somos una nación civilizada pero en el plano de las relaciones familiares hay casos de incesto que superan el guión de algunas telenovelas y revelan cuan cerca estamos de los animales, a pesar de las costumbres, las normas éticas y nuestra capacidad de reacción ante las trampas de la convivencia.
Es difícil juzgar con profundidad las relaciones sexuales entre familiares. Existen prácticas consentidas, enmascaradas por el silencio y la complicidad, y violaciones que bordean lo criminal. La mayoría de estos problemas no son denunciados, pero si trascienden enfrentan el rechazo de familiares, vecinos y amigos, quienes critican o se alejan de los infractores, despreciados incluso dentro de las cárceles, donde el recelo y los ajustes de cuenta revelan la percepción moral del problema.
Aunque el Código de Familia prohíbe el matrimonio entre hermanos y el Código Penal castiga a los ascendientes y descendientes que sostienen relaciones sexuales de mutuo acuerdo, parece que la vida rebasa las normas humanas y morales.
Supe de tres casos recientes que violan la convivencia entre parientes cercanos. El primero implica a un padre de 38 años y a su hija de 13, denunciado por violación ante un tribunal municipal de Ciudad Habana. El chanchullo comenzó cuando el novio de la muchacha le dijo a la madre que esta no era señorita. Ante la censura materna la chica confesó que cada vez que visitaba al padre se acostaba con él, pero que no dejaría de visitarlo.
El segundo parece tomado de una telenovela argentina o brasileña. Se trata de un ingeniero cincuentón, ejecutivo de una empresa capitalina, donde conquistó a una joven que resultó ser su hija. Ambos lo supieron al visitar a la madre de esta, quien había sido pareja del ingeniero y, al separarse, no le informó de su embarazo. Padre e hija siguieron la relación de forma clandestina. Se separaron por otra causa. Ante la insistencia de él por volver con ella acudieron a los tribunales, reconciliados como parientes y enemistados como amantes.
El tercer caso es el de un vecino denunciado por su esposa, la cual confirmó las sospechas que tenía sobre las relaciones de intimidad entre el marido y la hija de ambos. Al ventilar el asunto en el hogar el hombre se disculpó y decidió marcharse de la casa, pero la muchacha confesó el amor por su padre y exigió su permanencia.
Como el tema es complicado no vale la pena arriesgarse con juicios a priori sobre la intimidad entre primos, tíos y sobrinos u otros familiares. Son casos aislados que confirman la fragilidad humana y quiebran el equilibrio de algunas familias.
El Festival de cine La Habana. / Miguel Iturria Savón.
Ciento cuatro filmes de 17 países competirán en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, a realizarse entre el 3 y el 13 de diciembre en nuestra capital, según Iván Giroud, director del evento, quien hizo declaraciones a la prensa insular y extranjera en compañía de Alfredo Guevara, presidente y fundador.
Los directivos anunciaron que el Jurado de Admisión seleccionó 21 largometrajes de ficción, 21 ópera prima, 15 cortometrajes, 24 documentales e igual número de animados que disputarán los Premios Corales en cada categoría. Las naciones más representadas son Brasil (23), México y Argentina (21), Cuba, Chile, Uruguay y Perú.
La coproducción hispano argentina El secreto de tus ojos, del realizador rioplatense Juan José Campanella, inaugurará la 31 edición del Festival de La Habana, en cuya programación se incluyen Viaje redondo, del mexicano Gerardo Tort; Lisanka, del cubano Daniel Díaz Torres y El niño pez, de la argentina Lucia Puenzo.
Aunque Cuba competirá en todos los géneros su plato fuerte es Lisanka, una historia de amor ambientada en 1962 entre jóvenes de un imaginario pueblo de La Habana, en cuya cercanía los aliados soviéticos del gobierno revolucionario instalaron cohetes nucleares que apuntaban hacia los Estados Unidos, quienes exigieron su desmontaje, lo cual desató la crisis que puso al mundo al borde de la guerra.
Colombia competirá con los largometrajes de ficción Los viajes del viento, de Ciro Guerra, y Rabia, de Sebastián Cordero; la ópera prima El vuelco del cangrejo y el cortometraje Punto fijo.
El tema histórico llega al Festival a través de documentales cubanos y extranjeros que retoman hechos y figuras continentales como el mítico Ernesto Guevara, traído ahora por el cineasta argentino Tristán Bauer, que presentará su obra.
Las salas de La Habana exhibirán además un ciclo de cine experimental estadounidense, un seminario sobre las relaciones entre la cinematografía de esa nación y la de América Latina, exposiciones de fotos (incluida una selección de Tina Modotti), encuentro de críticos y panorámicas contemporáneas de Alemania, Bélgica España, Finlandia y Suecia. Todas fuera de competencia.
La programación incluye una rareza de 1930, el filme silente Drácula (1930), de George Milford, con música de Gary Lucas, y documentales recientes como Las manos al piano, producido por Gastón Pauls, y Calle 13 sin mapa, centrado en el dúo homónimo de Puerto Rico, ganadores de cinco Granmy de música latina.
Entre las figuras invitadas de España, Argentina, México, Brasil, Colombia, Ecuador y otros países confirmaron su presencia Gastón Pauls, Fito Páez, Ventura Pons y Susana Amaral, quienes departirán con críticos, cinéfilos y periodistas.
En la presente edición la filmografía cubana no ha anunciado todas sus cartas, lo cual disminuye las expectativas de los amantes del séptimo arte, acostumbrados a disfrutar durante el Festival de La Habana algunas tragedias y comedias de factura nacional que recrean historias contemporáneas.
El placer de la polémica
He dejado pasar varios días antes de comentar sobre el debate despertado entre los lectores a partir de mi post titulado “No nos dé lecciones”, asuntos de urgencia me han hecho priorizar otros textos, sin embargo, no dejaré pasar la ocasión de volver sobre aquel tema. Esperaba, por cierto, que fuera todo lo polémico que resultó, pero algunos comentarios me inspiran ciertas dudas que quiero dejar esclarecidas: nunca he mostrado ni sentido odio por Zapatero o me he cuestionado el derecho de los votantes españoles a elegirlo presidente, celebro que existan países donde la gente tenga la oportunidad de elegir democráticamente (una experiencia desconocida para millones de cubanos) y, encima, los ciudadanos se permitan enjuiciar el desempeño del gobernante electo. No obstante, por mi parte, me reservo el mínimo derecho de cuestionar la gestión de cualquier funcionario público, sea del país y gobierno que fuere, sobre todo si el mismo pregona intenciones que de facto no cumple. No recuerdo haber mencionado a Zapatero, pero pueden asegurar que si considerara necesario discrepar de su posición con algún asunto relacionado con Cuba -como fue el caso de Moratinos- lo haría, aunque lo hubiese elegido presidente la totalidad de los votantes españoles en pleno. No pienso pedir permiso para opinar.
En cuanto al hecho que, como blogger, yo haya tomado el comentario de un lector como referencia, no me parece tan extraordinario ni constituye un honor particular como han querido ver algunos, sino que es una consecuencia natural del debate que se persigue en esta bitácora, en la que no tengo la intención de imponer rangos o castas. Escribo con la misma voluntariedad con la que ustedes leen y comentan, y también me someto al juicio, crítica o cuestionamiento de mis lectores en cada post que subo, ofreciendo mi nombre, apellidos y rostro al público, así pues, ¿por qué no habría de discutir o comentar yo también sobre ciertos criterios de los lectores que me motiven una réplica?
Y como tampoco deseo que alguien pueda sugerir algún tono de xenofobia de mi parte, insisto en que mi calificación a las empresas españolas -entre otras- como “bandidas”, responde al conocimiento profundo que tengo de las condiciones de empleo y de los salarios que se pagan a los cubanos que en ellas laboran. No son bandidas porque sean españolas… pero bandidas sí lo son. Hasta donde conozco, TODAS las firmas extranjeras que invierten en Cuba o contratan personal cubano desde sus respectivos países, amparan y aplican las leoninas condiciones de los contratos a los nacionales, sabiendo que violan con ello importantes acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo. Y aquí quiero poner un parche previsor; que esto no ocurra solo en Cuba y otros países subdesarrollados sufran el mismo mal no cambia la esencia de mi denuncia. Sin embargo, esos inversores pasan por encima de tales “naderías” porque los cubanos trabajan bien y los contratistas –como el gobierno cubano- han obtenido pingües ganancias en esos negocios… Ganancias que ahora, irónicamente, están en parte secuestradas en las exangües bóvedas de los bancos cubanos.
Igualmente, las empresas extranjeras a veces imponen jornadas laborales abusivas, porque saben que el cubano contratado, sin amparo sindical alguno, estará obligado a aceptarlas so pena que ir a la calle, mientras decenas de otros cubanos guardan fila esperando ser contratados en su lugar, para percibir al menos un mínimo de divisas con qué acceder a bienes de consumo imprescindibles. No es mera sensiblería, es la cruda realidad. Es así que las llamadas “firmas” extranjeras han venido contribuyendo también al “daño antropológico” que definiera una vez el reconocido intelectual cubano Dagoberto Valdés, director de la revista digital Convivencia.
Tengo motivos para conocer de estos manejos, y créanme que comulgar con ellos porque supuestamente constituyan una fuente de oportunidades para los cubanos, casi equivale a justificar la pornografía infantil: “total, si esos niños se estaban muriendo del hambre y sus propios padres los vendieron”. Sí, califico responsablemente a esas empresas españolas y también a las demás como “bandidos”, y lo sostengo.
Finalmente, apoyo y animo la participación de personas de todas las nacionalidades en este modesto foro, pero no aceptaré que se conceptúe como una excepción u honor especial mi respuesta o referencia a algún comentario; tampoco de lisonja ni de ataque personal se trata. Me siento lo suficientemente cerca de los lectores como para considerarme una de ellos; suelo leer cuidadosamente cada entrada y siempre que mi limitado acceso a Internet lo permite, respondo los mensajes de correo que recibo. Muchos lectores pueden dar fe de ello. Por último, nunca pretendí que alguien se sintiera incómodo por traerlo al ruedo –mis sinceras disculpas al lector que así lo haya digerido–, a fin de cuentas soy yo quien se coloca permanentemente bajo la exigente lupa de los lectores… y eso no me arredra. Tampoco puedo comprometerme a no volver a hacerlo: evito hacer promesas que, de antemano, sé no podría cumplir. ¡Vamos, amigos, que en esta bitácora no estamos entre bandidos!
El año de Kendry Morales

Y se hizo la luz. Después de tres temporadas en las cuales apenas jugaba, llegó la hora del beisbolista cubano Kendry Morales, 26 años. Super Kendry tuvo números de ensueños. En la finalizada campaña de Grandes Ligas, Morales estuvo con el madero caliente en su equipo, los Angelinos de Anaheim.
Bateó para 306 de average, conectó 43 dobles y 34 jonrones. Trajo para el plato 108 carreras y su sluggin fue de .569. Kendry estuvo entre los diez primeros por departamentos ofensivos en la Liga Americana. Su labor fue un factor fundamental para que su novena llegara a los play offs de otoño.
Luego, en los partidos de post-temporada, demostró nervios de acero. Conectó un par de vuelacercas e impulsó carreras decisivas para su novena. Puede que la actuación de Morales haya sido una agradable sorpresa para muchos entendidos.
Para mí no. Sigo los pasos de este portento desde que tenía 15 años. Recuerdo una tarde gris de enero de 1998, en el terreno numero 1 de la Ciudad Deportiva de La Habana.
Era un juego de preparación que realizaba el equipo categoría 15-16 años, frente a una novena de edad juvenil, y donde Kendry, se eliminaba para integrar la selección cubana a un evento internacional. Vino a lanzar de relevo en un momento álgido del partido, frente a muchachos que lo superaban en edad y experiencia.
Después de tirar una bola, como si fuese una máquina, lanzó doce strikes consecutivos, para propinar un escón salvador de ponches. Usaba en su chamarreta el número 74, era alto, fuerte y dueño de una recta que caminaba a 92 millas y rompimientos de nivel.
Dejó con la boca abierta a los pocos fanáticos sentados en las gradas de cemento que presenciábamos el juego. Cuando le tocó su turno al bate, pegó un batazo gigantesco por la pradera derecha. La pelota voló como si tuviese alas. Cayó a más de 430 pies, en la avenida Primelles, que bordea el estadio.
Kendry sólo tenía 15 años. Ya era uno de los grandes talentos del béisbol en la isla. Cuando estuvo en las categorías juveniles, también brilló. Era el cuarto bate del equipo Cuba y su primer pitcher. En un Panamericano Juvenil, efectuado en la provincia de Camagüey, a casi 600 kilómetros de La Habana, fue nominado el jugador más valioso.
En el encuentro por la medalla de oro ante un lanzador zurdo de Estados Unidos, que tiraba rectas de humo a 94 millas y una bola de rompimiento endiablada, Morales fue el héroe al pegar doble y un jonrón de línea por el jardín derecho.
Kendry, un bateador ambidiestro que jugaba varias posiciones en el campo, llegó a las series nacionales en enero del 2002. Tenía 18 años y el manager del equipo Industriales, Rey Vicente Anglada, lo puso a jugar tercera base. En el primer partido de esa temporada, bateó de 4-1, su hit fue una línea sólida al bosque izquierdo frente al estelar lanzador de Santiago de Cuba, Norge Luis Vera.
Fue su primer hit en el Clásico cubano. Al día siguiente, conectó su primer jonrón. Fue frente a Heriberto Collazo, pichert zurdo del equipo Metropolitanos. Ese año, Super Kendry se cansó de batear. Implantó seis récords absolutos para un novato: en jonrones, carreras impulsadas, anotadas, hit, dobles, fly de sacrificio y sluggin. Es uno de los pocos peloteros que en su primer año integró la Selección Nacional.
Tras once intentos de salida ilegal y después de haber permanecido 72 horas detenido en Cuba, el 12 de octubre de 2004 llegó a los cayos de la Florida, junto con 18 cubanos más. En estos cinco años, logró reunirse con su madre, se casó y formó una familia. El 23 de mayo de 2006 debutó con los Angelinos, y en sus tres primeras temporadas, al no ser jugador regular, no pudo demostrar toda su valía.
Pero llegó 2009, el año mágico de Kendry Morales. Desde el inicio de la campaña, fue un pelotero clave para su equipo. Mi pronóstico: Morales se convertirá en el mejor jugador cubano de todos los tiempos en las Grandes Ligas.
A los fans del pelotero, nacido en el municipio de Fomento, provincia de Sancti Spíritus, a unos 400 kilómetros de La Habana, les puedo decir que su historia aún está por escribir. Para las próximas temporadas, Morales sonará el madero de lo lindo.
Esperen buenas noticias de Super Kendry.
Iván García
Desconcierto: violencia sin fronteras
Imagen: Les Humarbes, de Roberto Matta
Lo ocurrido el pasado veinte de noviembre en la céntrica zona del Vedado, en la capital cubana, a Reinaldo Escobar el esposo de Yoani Sánchez, quien fue víctima de un oprobioso acto de repudio castrista, bochornoso y bárbaro acto de violencia institucional y sistemática, demuestra una vez más muy fielmente la verdadera esencia y naturaleza del régimen totalitario cubano. De manera audiovisual, el mundo tuvo la certeza de lo que realmente sucede en Cuba desde el año 1959 hasta la fecha.
El castrismo. al igual que el estalinismo, el maoísmo, el nazismo, el fascismo, el polpoísmo, el talibanismo, el macartismo, el etarrismo, el alcaedismo, el apartdheismo, el franquismo, el somozismo, el pinochetismo, el trujillismo, el batistianismo, el duvalierismo, el chavismo y toda una retahíla de aberraciones ideológicas pertenecientes a la misma familia, debieran tener muy presente una máxima del gran escritor ruso León Tolstoi “todos piensan cambiar a la humanidad y nadie en cambiarse a sí mismo”. También los invito a leer, estudiar y reflexionar el interesante libro titulado “El factor humano: Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación.” Del autor inglés John Carlin. Toda una sensata lección de los valores humanos, la sabiduría política y por sobre todas las cosas una real lección de una auténtica reconciliación nacional que desterró los odios, los rencores y las funestas venganzas y dio paso a una genuina sociedad “de todos, con todos y para el bien de todos” como magistralmente nos convoca nuestro apóstol de la independencia José Martí. Amén.
Pedro Argüelles Morán, prisionero de conciencia, prisión de Canaleta, Ciego de Ávila.


