El dolor de cabeza de las cubanas

Nada se da fácil en Cuba. Hasta menstruar es un dolor de cabeza. Si lo dudan, pregúntenle a Marlene, 23 años, informática, lo que sufre cuando cada veintiocho días, le llega el período. En la isla, a las almohadillas sanitarias, se les conoce con el nombre de íntimas.
Están racionadas. Se venden en las farmacias, a mujeres previamente censadas en las edades comprendidas desde los 10 hasta los 55 años. A razón de un paquete de 10 almohadillas per cápita, una vez al mes, a 1.20 pesos.
-Son de pésima calidad, se rompen con facilidad y no alcanzan. Entonces tienes que comprarlas en el mercado negro o en divisas, explica Marlene enojada.
Por ‘debajo de la mesa’, el mismo paquete vendido en las farmacias, puede costar de 10 a 15 pesos (0.50 o 0.75 centavos de cuc). En las shoppings o tiendas por divisas, el surtido es más amplio y la calidad mejor. Pero por un paquete de almohadillas importadas tienes que pagar de 0.90 centavos a 1.30 de pesos cubanos convertibles (cuc). Traducido en pesos, la monedad nacional, serían entre 22 pesos y 30 pesos. 22 pesos es el salario de dos días de una obrera.
-Es como un castigo por ser mujer y sangrar todos los meses, dice indignada Raisa, 27 años, ama de casa, y quien a falta de íntimas, acude a trozos de ropa vieja, que hierve con agua caliente y pone a secar al sol, para desinfectarlos.
Según un reportaje del Noticiero Nacional de Televisión, en Cuba hay cerca de 4 millones de mujeres en edad fértil. Al ser entrevistada, Gladys Vázquez, funcionaria de Comercio Interior, ministerio que controla lo que se distribuye por la libreta de racionamiento, se fue por lo más fácil.
Lo típico. Lo manido. Culpar al “bloqueo yanqui” de la calamidad de la economía cubana. Todo vale. Lo mismo si usted no tiene agua potable, una vivienda decente, sus hijos no tienen juguetes o a las mujeres les faltan almohadillas sanitarias. La culpa es del “bloqueo”, como en Cuba llaman al embargo.
Jóvenes como Yailén, 17 años, estudiante de bachillerato, se preguntan por qué un producto de primera necesidad, como las íntimas, son vendidas por moneda dura. La periodista del noticiero no le hizo esa pregunta a la funcionaria -y de habérsela hecho, dudo que le hubiese respondido.
-Y en La Habana, están bien, aclara Suchitel, 32 años, empleada de almacén. En Santiago de Cuba, donde vivo, las almohadillas faltan durante varios meses. Si no tienes plata para comprarlas en divisas o en el mercado subterráneo, entonces las opciones son ponerte trapos, hojas de alguna planta o un tapón casero, confeccionado con la guata con la que se rellenan los colchones (el algodón también es un producto deficitario en el mercado nacional).
La propia Gladys Vázquez, funcionaria de Comercio Interior, reconoce que “ha habido incumplimientos en las entregas, debido a la falta de materias primas, que se compran en China o Francia”. Y por supuesto, repitió el slogan: la culpa la tiene el bloqueo.
Muchos en la isla están contra del embargo. Además de ineficiente, ha sido el pretexto de los hermanos Castro para justificar los desastres del país durante más de cuatro décadas.
Pocos creen que el día que no haya embargo, abundará el jamón y la carne de res. O que podamos comprar Tylenol en las farmacias. O que almohadillas de buena calidad, como los Kotex usados por las cubanas antes de 1959, los vendan por la libre en las tiendas. Sin embargo -o con embargo- al gobierno le falta algo. Dinero. Y a las mujeres, íntimas.
Iván García