El ALBA inalcanzable
A fin de intentar mantenerme al tanto de los planes macroeconómicos y sociales del gobierno cubano, he estado leyendo atentamente la Declaración Final de la VIII Cumbre del ALBA (Granma, martes 15 de diciembre de 2009). La releí, temiendo que en medio de tanta fanfarria en torno a “el avance incuestionable del ALBA” (¡¡¡¿ ?!!!), mi vista cansada hubiese pasado por alto lo más importante: aquellos acuerdos que, derivados del enjundioso análisis de tan ilustres estadistas, habrán de sacar a nuestras naciones de sus problemas económicos; en particular a Cuba, sumida en una profunda e irreversible crisis que nos atrapó, junto con la aún llamada “revolución cubana”, casi 51 años atrás… Entonces lo descubrí: allí estaba, modestamente colocado en el número 14, un acuerdo que encierra todo un mundo de especulaciones:
“Brindar el máximo apoyo al impulso del trabajo técnico en el plan de acción y los reglamentos que permitirán, en un tiempo breve, la implementación del Sistema Unitario de Compensación, SUCRE”.
Claro que el enunciado per se no dice nada. No se puede entender un texto en que no sabemos a qué “trabajo técnico” se refiere, ni cuál es el “plan de acción y los reglamentos”; es decir, que nos están informando lo mal informados que estamos acerca de lo que sugiere –ni más ni menos– la implementación de una nueva moneda regional. No por gusto la gente en la calle está especulando que pronto va a haber un cambio de moneda y que va a comenzar a circular una sola en lugar del peso corriente y el CUC. El sentimiento reinante es la incertidumbre: aquí todo cambio en las últimas décadas ha sido para peor. Por otra parte, a nadie le queda bien claro cómo es posible unificar la moneda en el momento más crítico de la economía cubana, cuando ya no se produce nada y, de hecho, no subsiste la mínima superestructura que desbaratar. Este es un país en ruinas.
Por tanto, si de cambio de moneda se trata, y teniendo en cuenta la condición misérrima de los países componentes de la flamante Alianza Bolivariana, serían los petrodólares chavistas la única carta de relativa garantía que respaldara la nueva moneda. El tan cacareado SUCRE sería, pues, el “sustituto” monetario, adversario del dólar norteamericano en la región. Y entonces, en mi infinita ignorancia en materia de economía, me pregunto: ¿En qué radica el beneficio con respecto a la muy reclamada “independencia” de Cuba? ¿Qué ventaja puede significar dejar de depender del dólar americano para quedar a merced del SUCRE Venezolano (porque sin dudas es de ese país)? Al cabo de 51 años, ¿podría considerarse un avance la soberanía económica con respecto a la primera potencia mundial para pasar a depender palmariamente de un país tercermundista? Tengo la angustiosa sensación de estarme perdiendo algo en todo este asunto; y ese “algo”, definitivamente, huele a chamusquina.
Por último, si en 10 años de componendas castrochavistas los cubanos de a pie no hemos percibido todavía los publicitados beneficios de los múltiples acuerdos firmados sino, al contrario, hemos visto deprimirse nuestros servicios médicos y colapsar la calidad de la enseñanza a todos los niveles, por solo citar los dos rubros más restregados en nuestras caras por el régimen, ¿cuántas décadas más faltarían por sufrir para asistir al tan anunciado amanecer? Lo digo porque ya he cumplido 50 años escuchando las mismas promesas de un futuro que ha resultado más resbaladizo que una anguila, pero ocurre que yo –al contrario del “Socialismo de Constitución” – no soy eterna.
