Archivo por días: enero 26, 2010

Mi amiga

Tengo una amiga muy especial, su nombre esbueno, no debo decirlo para evitarle problemas, aunque la conoce media ciudad.

Ella es alta, buena moza, inteligente, locuaz, universitaria por demás. Antes su pelo, como fuego, caía en cascada sobre sus hombros; ahora lo lleva corto, para economizar.

Mi amiga ha viajado medio mundo y, se ha relacionado y fotografiado con las luminarias del cine europeo y también con algunas de Hollywood. Es muy trabajadora, está muy capacitada y lo único que nunca ha hecho es descansar.

Mi amiga viste elegantemente, pues cualquier trapo que ella se tire por encima, automáticamente se convierte en un modelo exclusivo de boutique, sin embargo, cuando llega a su casa, se enfrenta a su realidad.

Después de haber rendido una jornada de ocho horas y enfrentarse a los avatares del transporte tiene que lidiar con su viejo ventilador a base de puñetazos, al inodoro, como también es anciano (el mismo que tenia el apartamento cuando fue inaugurado, hace ya medio siglo), hay que echarle cubos de agua para que descargue. Cuando enciende su televisor, aparecen las lloviznas y se aprecian fantasmas reinando por toda la pantalla, aún así mi amiga logra ver sus novelas. En su casa, casi nada funciona. A pesar de sus esfuerzos, sus estudios y su entrega al trabajo, mi amiga no tiene nada, perdón , tiene eso si, muchos amigos que la quieren, aunque sucede que cada vez son menos, pues como enfrentan situaciones similares, han decidido partir , unos para enfrente y otros para el más allá.

Mi amiga, una mujer muy bella e inteligente, que desde muy joven entró a trabajar en la misma institución de la que es fundadora, no tiene aire acondicionado, ni microondas ni Internet, ni tan siquiera una cuenta bancaria para su vejez. Solo tiene buenos y malos recuerdos y se siente frustrada y utilizada. Quizás un día le harán un reconocimiento y le otorguen una medalla post mortem. Ella, al igual que muchos creyó en el proyecto, por eso y por otras múltiples razones, estamos aquí, como decía mi abuela, para servirle a Dios y a usted.

Desgracia ajena, vergüenza ajena

Expresar lo que transmiten las imágenes luego del terremoto en Haití es imposible. He seguido los noticiarios cubanos, los únicos a los que tengo acceso, más la hora nocturna de Telesur, porque hasta Telesur está censurado en Cuba, y aunque no tengo otras fuentes de información, la experiencia de leer entre líneas me decía que algo faltaba en la noticiada invasión norteamericana a Haití. Se me hacía difícil hallar una lógica, ¿Qué interés representa un pobre país asolado para los poderosos Estados Unidos? Pero las tecnologías son tremendas y en una flash tuve acceso a una noticia que aquí ha sido cuidadosamente escamoteada: los acuerdos entre Obama y Preval para la reconstrucción de Haití. Cuando leí el documento comprendí la esencia de la “invasión”. Para garantizar que la cuantiosa ayuda llegue a donde tiene que llegar, en un país en que ha colapsado hasta la administración ¿Cómo organizar, cómo contener a la ansiosa y hambreada población, cómo evitar el pillaje, la delincuencia libre y desenfrenada luego del desplome de la cárcel de Puerto Príncipe? No se me ocurre otro modo que el ejército, además de que un ejército tiene las tecnologías para operar en condiciones irregulares; también supe que la dificultad que hubo para el aterrizaje de aeronaves con ayuda no respondió al capricho de los “invasores” sino a falta de seguridad por saturación del control aéreo. Colmó mi paciencia el comentarista de temas internacionales del noticiero de televisión que “dice, y no son mentiras suyas”, que algunos científicos han denunciado la posibilidad de que el terremoto en Haití haya sido uno más de los eventos metereológicos que el gobierno de EE.UU. puede desencadenar cuando las condiciones geopolíticas le son adversas. Que haya personas que sostengan ideas afines a la teoría de la conspiración en Internet no me extraña, pero de ahí a que nuestra prensa privilegie esa información…Es una vergüenza aprovechar la desgracia ajena para hablar mal del enemigo.

Cuba en 1958: datos y fotos

Los datos que a continuación podrán leer, me los envió una amiga residente en Estados Unidos, quien a su vez lo recibió de un cubano radicado en la Isla. Este cubano sacó los datos un anuario estadístico de la época comprado en la calle a un vendedor particular de libros. En la foto inicial, habaneros hacen cola para entrar a un banco. Fue hecha en abril de 1958 por Joseph Scherschel, de la revista Life. Las seis fotos al final, de La Habana de los 50, fueron tomadas de internet (Tania Quintero).

1) ¿Sabía usted que Cuba, por sus reservas de oro, dólares y valores convertibles en oro, era el tercer país de Latinoamérica con mayor solidez monetaria, detrás de Venezuela y Brasil?

2) ¿Sabía usted que Cuba tenía la inflación más baja de Latinoamérica, con 1.4 por ciento? La media la tenía México, con 7.8 por ciento, y la más alta era la de Bolivia, con el 63 por ciento.

3) ¿Sabía usted que por recibir los obreros y empleados cubanos el mayor porcentaje de la remuneración en relación con el ingreso nacional, Cuba ocupaba el cuarto lugar a nivel mundial?

1.- Gran Bretaña: 74 por ciento.

2.- Estados Unidos: 71 por ciento.

3.- Canadá: 68.5 por ciento.

4.- Cuba: 66 por ciento.

5.- Suiza: 64.4 por ciento.

4) ¿Sabía usted que en la distribución de las tierras, por el tamaño de las fincas, Cuba ocupaba el primer lugar en el continente americano?

1.- Cuba: 56.7 hectáreas.

2.- Estados Unidos: 78.5 hectáreas.

3.- México: 82 hectáreas.

4.- Venezuela: 335 hectáreas.

5) ¿Sabía usted que Cuba, con 0.86 cabezas de ganado vacuno por habitante, ocupaba el octavo lugar en Latinoamérica?

6) ¿Sabía usted que en producción de carnes (vacuna, porcina y caprina) por libras por habitante, Cuba ocupaba el tercer lugar en el continente, con 95 libras, superada solamente por la Argentina con 304 y Uruguay con 245?

7) ¿Sabía usted las posiciones que ocupaba Cuba en la producción de minerales en 1958?

En el mundo – En el continente americano

Cobalto: primera – primera

Níquel: segunda – segunda

Cromo: octava – segunda

Manganeso: octava – segunda

Cobre: undécima – sexta

8)   ¿Sabía usted que en el consumo de pescado fresco en el continente, Cuba ocupaba el primer lugar, con 5.6 libras, seguida de los Estados Unidos con 5.4? (no lo aclaran, se supone que la cantidad es mensual y per cápita).

9) ¿Sabía usted que en el consumo de calorías por persona en Latinoamérica, Cuba ocupaba el tercer lugar, con 2.682 calorías, superada solamente por Argentina con 3.106 y Uruguay con 2.991?

10) ¿Sabía usted que en el número de habitantes por teléfono, Cuba ocupaba el tercer lugar con 28, superada sólo por Argentina con 17 y Uruguay con 25? Brasil ocupaba el séptimo lugar, con 63 y México el noveno, con 75.

11) ¿Sabía usted que en el número de habitantes por automóvil, Cuba ocupaba el tercer lugar con 27.3, superada por Venezuela con 17.4 y Uruguay con 23.2? México se situaba en el octavo puesto, con 52.4 y Brasil en el 19, con 62.4.

12) ¿Sabía usted que en número de habitantes por radio-receptor, Cuba era el segundo país con 5.0, superada sólo por Uruguay, con 4.6?

13) ¿Sabía usted que en número de habitantes por televisor, Cuba ocupaba el primer lugar con 18, seguida de Venezuela con 32, Argentina con 60 y México con 70?

14) ¿Sabía usted que en número de radioemisoras, Cuba ocupaba el tercer lugar con 160, superada por Brasil con 593 y México con  417?

15) ¿Sabía usted que en número de estaciones transmisoras de televisión, Cuba ocupaba en 1958 el tercer lugar con 23? Brasil tenía 26 y México 23.

16) ¿Sabía usted la relación entre el número de salas de cine y el número de habitantes en los países de Latinoamérica?

1.- Argentina: 2.531-14.

2.- Cuba: 600-16

3.- Venezuela: 575-16

4.- México: 2.437-2 2

17) ¿Sabía usted la relación entre el número de periódicos y la relación de habitantes por ejemplar en Latinoamérica?

1.- Uruguay: 32-6.0

2.- Cuba: 58-8.0

5.- Argentina: 140-11.5

13.-México: 162-27

18) ¿Sabía usted que en materia de asistencia social en Cuba en 1958 habían 97 hospitales con 21.141 camas al servicio de la población?

19) ¿Sabía usted que ese año en Cuba habían 64.231 médicos ejerciendo su profesión y que en número de habitantes por médico, con 980, Cuba ocupaba el segundo lugar, superada solamente por Argentina con 840? México era el sexto con 2.200, y Brasil el séptimo, con 2.500.

20) ¿Sabía usted que en habitantes por dentista, en Cuba ocupaba el tercer lugar, con 2.978 superada solamente por Uruguay con 1.940 y Argentina con 2.000? Chile ocupaba el sexto puesto, con 4.650.

21) ¿Sabía usted que el índice de mortalidad infantil por millar de nacidos vivos en Latinoamérica Cuba ocupaba el primer lugar?

1.- Cuba: 37.6

4.- Argentina: 61.1

10.- México: 80.0

14.- Venezuela: 91.2

22) ¿Sabía usted que en el coeficiente de mortalidad por millar en el continente americano, en 1958, Cuba también ocupaba el primer lugar?

1.- Cuba: 5.8

5.- Argentina: 8.1

6.- Canadá: 8.1

11.- Estados Unidos: 9.4

15.- México:11.6

23) ¿Sabía usted que en coeficiente de mortalidad por millar en el mundo, Cuba ocupaba el tercer lugar con 5.8, junto con Israel, con la misma cifra?

24) ¿Sabía usted que en 1958 Cuba contaba con 13 universidades; 21 institutos de segunda enseñaza; 19 escuelas normales de maestros; 14 escuelas del hogar; 19 escuelas de comercio; 7 escuelas de artes plásticas; 22 escuelas técncas e industriales entre otras y 6 escuelas de periodismo y publicidad?

25) ¿Sabía usted con el 25 por ciento, Cuba ocupaba el cuarto lugar en porcentaje de analfabetos por habitante en la América Latina? Solamente superada por Argentina, 8 por ciento; Costa Rica, 21 por ciento y Chile, 24 por ciento. México ocupaba el noveno lugar, con el 38 por ciento y Venezuela el 17, con el 60 por ciento.

26) ¿Sabía usted que Cuba era el país que dedicaba mayor porcentaje del gasto público para la educación, con el 23 por ciento? Argentina ocupaba el tercer lugar, 19.6 por ciento; México el séptimo, con 14.7 por ciento.

27) ¿Sabía usted que, de acuerdo al número de habitantes por estudiante universitario, en 1958 Cuba ocupaba el quinto lugar en el continente americano?

1.- Estados Unidos: 61

2.- Argentina: 135

3.- Uruguay: 199

4.- Canadá: 210

5.- Cuba: 273

6.- México: 334

28) ¿Sabía usted que en el porcentaje de estudiantes del sexo femenino de acuerdo al número de  matriculados, Cuba ocupaba el primer lugar con el 45 por ciento? Panamá el segundo, con el 43.5 por ciento; Estados Unidos el tercero, con el 32.8 por ciento, y Argentina el cuarto, con el 30.3 por ciento.

29) ¿Sabía usted que en Cuba en 1958 había un kilómetro de vía férrea por cada 8.08 kilómetros cuadrados?

30) ¿Sabía usted que el salario promedio diario en el sector agrícola en 1958, calculado en dólares, a nivel mundial era el siguiente:

1.- Canadá: $7.18

2.- Estados Unidos: $6.80

3.- Nueva Zelanda: $6.72

4.- Australia: $6.61

5.- Suecia: $5.47

6.- Noruega: $4.38

7.- Cuba $3.00

8.- Alemania Federal: $2.57

31) ¿Sabía usted que el salario diario promedio en el sector industrial en 1958, calculado en dólares, era el siguiente:

1.- Estados Unidos: $16.80

2.- Canadá: $11.73

3.- Suecia: $ 8.10

4.- Suiza: $ 8.00

5.- Nueva Zelanda: $ 6.72

6.- Dinamarca: $ 6.46

7.- Noruega: $6.10

8.- Cuba: $6.00

32) ¿Sabía usted que el obrero cubano desde 1933 gozaba de una  jornada máxima de trabajo de 8 horas al día con 44 horas a la semana y le pagaban por 48 horas? Todos los trabajadores tenían un mes de descanso retribuido por cada once meses de trabajo. Además, por la Ley No. 5, de 1995, a los trabajadores de transporte público se les concedió una jornada de 6 horas de trabajo y pago por 8 horas.

33) ¿Sabía usted que durante los tres meses de verano (junio, julio y agosto) por ley, el comercio al por menor y al por mayor, cerraban sus puertas a la 1 de la tarde los martes y jueves, con el fin de que los trabajadores pudieran disfrutar de las playas, que entonces estaban a disposición de todo el pueblo?

34) ¿Sabía usted que Cuba tenía la ley de maternidad obrera más avanzada del mundo? Las trabajadoras cubanas tenían derecho a 6 meses de descanso en total, antes y después del parto; cobraban el cien por ciento de su salario, y podían solicitar 6 meses más, cobrando el 50 por ciento de su salario. Esto no lo pagaban los empresarios ni las grandes compañías. Era subvencionado por el 0.09 por ciento, impuesto que se le cobraba mensualmente a todos los trabajadores.

Seis fotos de La Habana de los 50


Desgracia ajena, vergüenza ajena

Expresar lo que transmiten las imágenes luego del terremoto en Haití es imposible. He seguido los noticiarios cubanos, los únicos a los que tengo acceso, más la hora nocturna de Telesur, porque hasta Telesur está censurado en Cuba, y aunque no tengo otras fuentes de información, la experiencia de leer entre líneas me decía que algo faltaba en la noticiada invasión norteamericana a Haití. Se me hacía difícil hallar una lógica, ¿Qué interés representa un pobre país asolado para los poderosos Estados Unidos? Pero las tecnologías son tremendas y en una flash tuve acceso a una noticia que aquí ha sido cuidadosamente escamoteada: los acuerdos entre Obama y Preval para la reconstrucción de Haití. Cuando leí el documento comprendí la esencia de la “invasión”. Para garantizar que la cuantiosa ayuda llegue a donde tiene que llegar, en un país en que ha colapsado hasta la administración ¿Cómo organizar, cómo contener a la ansiosa y hambreada población, cómo evitar el pillaje, la delincuencia libre y desenfrenada luego del desplome de la cárcel de Puerto Príncipe? No se me ocurre otro modo que el ejército, además de que un ejército tiene las tecnologías para operar en condiciones irregulares; también supe que la dificultad que hubo para el aterrizaje de aeronaves con ayuda no respondió al capricho de los “invasores” sino a falta de seguridad por saturación del control aéreo. Colmó mi paciencia el comentarista de temas internacionales del noticiero de televisión que “dice, y no son mentiras suyas”, que algunos científicos han denunciado la posibilidad de que el terremoto en Haití haya sido uno más de los eventos metereológicos que el gobierno de EE.UU. puede desencadenar cuando las condiciones geopolíticas le son adversas. Que haya personas que sostengan ideas afines a la teoría de la conspiración en Internet no me extraña, pero de ahí a que nuestra prensa privilegie esa información…Es una vergüenza aprovechar la desgracia ajena para hablar mal del enemigo.

Desgracia ajena, vergüenza ajena

Expresar lo que transmiten las imágenes luego del terremoto en Haití es imposible. He seguido los noticiarios cubanos, los únicos a los que tengo acceso, más la hora nocturna de Telesur, porque hasta Telesur está censurado en Cuba, y aunque no tengo otras fuentes de información, la experiencia de leer entre líneas me decía que algo faltaba en la noticiada invasión norteamericana a Haití. Se me hacía difícil hallar una lógica, ¿Qué interés representa un pobre país asolado para los poderosos Estados Unidos? Pero las tecnologías son tremendas y en una flash tuve acceso a una noticia que aquí ha sido cuidadosamente escamoteada: los acuerdos entre Obama y Preval para la reconstrucción de Haití. Cuando leí el documento comprendí la esencia de la “invasión”. Para garantizar que la cuantiosa ayuda llegue a donde tiene que llegar, en un país en que ha colapsado hasta la administración ¿Cómo organizar, cómo contener a la ansiosa y hambreada población, cómo evitar el pillaje, la delincuencia libre y desenfrenada luego del desplome de la cárcel de Puerto Príncipe? No se me ocurre otro modo que el ejército, además de que un ejército tiene las tecnologías para operar en condiciones irregulares; también supe que la dificultad que hubo para el aterrizaje de aeronaves con ayuda no respondió al capricho de los “invasores” sino a falta de seguridad por saturación del control aéreo. Colmó mi paciencia el comentarista de temas internacionales del noticiero de televisión que “dice, y no son mentiras suyas”, que algunos científicos han denunciado la posibilidad de que el terremoto en Haití haya sido uno más de los eventos metereológicos que el gobierno de EE.UU. puede desencadenar cuando las condiciones geopolíticas le son adversas. Que haya personas que sostengan ideas afines a la teoría de la conspiración en Internet no me extraña, pero de ahí a que nuestra prensa privilegie esa información…Es una vergüenza aprovechar la desgracia ajena para hablar mal del enemigo.

El tema indígena en el cine cubano: ¿un vacío absoluto? (segunda parte).

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La intuición artística de los cineastas

En esta situación ignorancia total y explicable es cuando el arte vuelve a revelarnos su intrínseco poder como fuente de conocimientos. La sensibilidad artística de ciertos creadores –esta vez mediante la imagen visual y el sonido– capta por intuición esa realidad escamoteada en los textos de historia y por ello ignorada por muchos, pero que flota como niebla en el ambiente espiritual de nuestra sociedad, mediante recuerdos, costumbres, tradiciones e incluso expresiones de religiosidad cotidianas.

El poeta Nicolás Guillén, tratando de sintetizar la raíz de lo cubano en una frase nos decía: “Santa Bárbara de un lado / del otro lado Changó”, pero esta fórmula es muy simple, por no calificarla de simplista: blanco y negro… ¿y nada más? Hoy sabemos que la raíz de lo cubano tiene otro ingrediente originario, además del español y del africano; un ingrediente más remoto y más cercano a la vez, porque aún vive: el indígena. Eso sí: “todo mezclado”. En esto sí tenía razón el poeta Guillén.

Es cierto que el ingrediente indígena ha sido el componente ignorado de la identidad cultural cubana, aunque algunos ya hoy lo presienten. Saben que es una de las substancias esenciales que ha intervenido en la cocción de aquel “ajiaco” cultural que en su momento definió Ortiz, y que continúa constituyendo hoy nuestra personalidad criolla. Así lo habían intuido brillantemente algunos poetas en el siglo xix, denominados “siboneyistas”, quienes también percibieron la presencia indígena en el ambiente sociocultural del que alimentaban su inspiración creadora. Sobre todo los dos poetas cimeros de esa corriente literaria: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y José Fornaris.[1]

En Cuba, la obra cinematográfica de algunos realizadores nos revela de nuevo esa especial intuición que poseen los artistas para acercarse -y acercarnos– a la verdad histórica, social y cultural. El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) conserva en sus fondos algunos de los testimonios más valiosos y tempranos que podemos citar como ejemplos del tema indígena reflejado en el cine cubano. En orden cronológico, la primera obra realizada al respecto fue un breve y sencillo documental dirigido en 1963 por Bernabé Hernández, titulado Cultura aborigen (de 6 minutos de duración, en blanco y negro), el cual hace una presentación general para darnos a conocer, grosso modo, cómo eran los indocubanos. Le sigue al año siguiente una obra de mayor envergadura en propósitos y realización, esta vez a cargo del excelente dibujante Modesto García. Se trata del documental animado Los indocubanos (1964, 28 minutos, en blanco y negro), que se propone ilustrar cómo era la pacífica vida de los indocubanos en sus comunidades, y cómo se destruyó esa vida debido a la violencia impuesta por los conquistadores. Aunque, naturalmente, la versión histórica en que se basa es la tradicional, tiene, entre otros, el mérito de presentar un carácter didáctico, asequible para un público infantil o adulto heterogéneo. Con ello su autor traía al presente un asunto hasta entonces olvidado por la aún pobre cinematografía cubana. Sus imágenes se apartan por completo de la antigua visión idílica sobre los indígenas cubanos, mostrándonos detalles de notable realismo, creadas por la mirada de un artista que cuenta con una acertada información antropológica en cuanto al aspecto físico de aquellos personajes; su entorno material, sus costumbres y formas de vida, etcétera. Como resultado de tan excelente trabajo, Los indocubanos se convirtió en 1982 en libro (Editorial Gente Nueva), con texto acompañante del narrador Onelio Jorge Cardoso. Todavía hoy constituye uno de los libros mejor ilustrados con imágenes de ficción sobre indocubanos.

Quizás por el éxito de Los indocubanos en 1964, el tema del aborigen cubano fue tomado también en el siguiente año por el creador de dibujos animados Tulio Raggi, quien realizó Macrotí: un Noé cubano (1965, 10 minutos, en colores), breve documental cuya trama se desarrolla como una leyenda indocubana sobre un personaje mítico similar al bíblico Noé; una especie de Noé cubano. Once años después, aparece en la obra de este creador de animados un nuevo título, muy breve también: El pajarito prieto (1976, 6minutos, en colores), una simpática aventura en la que sus principales personajes son niños: la indígena Gibara y el negrito Cimarrón. Ellos viajan prisioneros en un barco negrero del que son rescatados por otro “negrito”. Ambas obras de Raggi (la primera basada en leyendas tradicionales, y la segunda en situaciones históricas) pueden considerarse una pequeña muestra de las amplias posibilidades que ofrece en tema indígena a la creación cinematográfica cubana.

En el mismo género del dibujo animado, Tabey (1965, 8 minutos, en colores) es el corto documental -de nombre acertadamente taíno– a cargo del famoso dibujante Juan Padrón, quien haciendo ficción de los hechos históricos creó este animado. En él la figura de un aborigen cubano protagoniza una acción heroica y patriótica al ayudar a un grupo de guerreros taínos para atacar un fortín de españoles, a quienes finalmente pone en fuga. De paso puede uno preguntarse: ¿no está acaso en estos personajes el antecedente de los célebres Elpidio Valdés y sus mambises?


[1]Al respecto, ver mi trabajo: “Presencia indígena en la poesía de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo”. Revista Santiago, número 65, julio de 1987, pp. 187-204.

(continuará en el siguiente post)

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El tema indígena en el cine cubano: ¿Un vacío absoluto? (primera parte)

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Volviendo al tema de la herencia indocubana en la cultura del cubano actual, es interesante hurgar qué ha sucedido al respecto en el ámbito del cine (incluyendo el vídeo) ya que, como se sabe, es una de las manifestaciones del arte moderno más importantes. Cuando lo hacemos parece ser que, efectivamente, uno de los vacíos más señalados dentro de la creación cinematográfica cubana es el relacionado con el tema indígena; tanto el tema indígena en general como el que se refiere a lo indígena cubano en particular. Sin embargo, a la vez que relativo e injustificado, es un vacío perfectamente explicable. Muchos dirán: “A fin de cuentas, ¿de cuáles indígenas podría tomarse referencia en Cuba, si siempre se ha sabido que ninguno de ellos rebasó en vida el siglo xvi?” O también podrían surgir las siguientes preguntas: ¿Cuáles hechos históricos comprobados, relacionados con los aborígenes cubanos, han pasado a las páginas de la historia más antigua de Cuba? ¿Cuáles leyendas populares pueden atribuirse a la tradición indocubana, que a la vez promuevan la creación de un guión fílmico o de una pieza literaria? Y, en todo caso, ¿qué interés podría tener la poca historia conocida de aquella etapa, cuando convivían indígenas y españoles en Cuba? ¿Qué atractivo podrían presentar hoy las escasas anécdotas o los relatos que la tradición oral ha trasladado al presente desde épocas tan remotas y desconocidas como los siglos xvi y xvii, que merezcan ser llevadas al cine o a la literatura?

Ojalá que muchos creadores de la imagen visual en Cuba hasta hace poco se hubieran formulado a sí mismos alguna vez las anteriores interrogantes; al menos estas. Cuando se revisa la producción cinematográfica cubana en sus diversos formatos a lo largo de años, surge la sospecha de que la mayor parte de ellos ni siquiera rozó -hasta hace una década- semejantes ideas. Las excepciones que mencionaremos adelante confirman esta severa certeza.

Antes de referirme a los pocos realizadores que, sólo en los últimos años, han dirigido su mirada al pasado indígena cubano -casi siempre para mostrarnos su trascendencia humana y cultural en el presente–, considero necesario adentrarnos en las razones que pueden ofrecernos una explicación acerca de por qué ese vacío temático de la cinematografía cubana que, como se verá, no se trata de un vacío absoluto.

El indocubano: personaje extirpado de la historia

La causa inicial del olvido parece ser que se ha padecido una ignorancia generalizada respecto de la verdadera historia de Cuba antes y durante los primeros siglos de vida colonial. De modo que estoy refiriéndome a razones históricas concretas: generaciones de cubanos, unas tras otras, han sido engañadas desde su niñez, al aprender en los primeros grados de la enseñanza escolar que los indígenas cubanos desaparecieron o fueronexterminados en fecha tan temprana como el siglo xvi. Vistas así las cosas, cabría preguntarse: ¿por qué interesarse por la vida de un pueblo totalmente desaparecido hace medio milenio? ¿Qué conexión podría tener ese pasado, tan remoto y olvidado, con el presente?

La tesis del “exterminio” de la población aborigen de Cuba (similar a la sostenida para la población indígena de Puerto Rico y de La Española, entre otras), tiene una larga y lamentable historia. Aunque hoy sabemos que la mayor parte de la población de los indocubanos (calculada en varios cientos de miles a comienzos del siglo xvi) no fue capturada ni esclavizada, sino que escapó de los conquistadores españoles y huyó hacia los montes tupidos, hacia las montañas, hacia las ciénagas y la extensa cayería que rodea a nuestra isla, a donde los escasos españoles de entonces no tuvieron acceso, no obstante, muy otra fue la interpretación que los primeros historiadores de Cuba le dieron a los reportes que sobre esta situación había redactado el fraile Bartolomé de Las Casas. Este le escribía al rey, alarmado y protestando a causa de los abusos físicos que los conquistadores cometían con los aborígenes a quienes lograban someter como esclavos. Y aunque se refirió en ocasiones a los muchos indígenas que escapaban del alcance de los españoles huyendo de su presencia, no era este el hecho más importante para denunciar al rey, sino los muchos otros que morían o eran mutilados por la violencia de aquellos primeros encontronazos. Finalmente, de la gran masa que logró salvarse nunca se supo nada. Nadie ha escrito aún su historia. Con el tiempo, aquellos indocubanos continuaron fundiéndose poco a poco con el resto de los demás componentes del etnos criollo en formación (fundamentalmente españoles y africanos), hasta diluirse en lo que somos hoy: un etnos nuevo, resultado de una mezcla maravillosa de tres pueblos originalmente diferentes entre sí, pero unidos al final por una misma historia a partir del siglo xvi.

Pero los argumentos de la hipótesis sobre el “exterminio” de los indocubanos, expuestos en el siglo xvi, crecieron, se desarrollaron y se enraizaron hasta llegar al presente, a contrapelo del más elemental razonamiento científico. Hicieron su aparición desde que los cronistas escribieron los primeros documentos, que sirvieron después como fuente para redactar los primeros textos sobre la historia de Cuba, en el siglo xviii. De igual modo, los censos de población tampoco pudieron expresar durante siglos la realidad respecto de la población indígena que había realmente en Cuba, pues sólo tenía en cuenta la menor parte de esta que se hallaba al alcance de los peninsulares. Así, la firme creencia en que la población indocubana había desaparecido en forma “total” durante las primeras décadas del siglo xvi, al igual que la variante igualmente difundida de la “extinción casi total”, o la denominada “paulatina desaparición de los indocubanos”, han constituido falacias que los historiadores se han copiado entre sí y han repetido irreflexivamente durante generaciones. Ahora debemos reconocer que en los últimos tiempos los estudios históricos, auxiliados por la antropología y por la arqueología, fundamentalmente, por fortuna han venido estableciendo las pautas para determinar un acercamiento mayor a la realidad de los hechos históricos, lejos de dogmas y prejuicios. Sin embargo, también debemos reconocer que el prejuicio del exterminio ha sido y es todavía la convicción más firme sostenida y enraizada en la conciencia social cubana (así también de otros pueblos), transmitida mecánicamente de generación en generación, víctima ciega de la herencia ideológica colonial que propiciara tal creencia de manera interesada, con el fin encubierto de restar importancia a las raíces primigenias del etnos criollo (o sea, de otra nacionalidad, no española), y construir sobre ellas una historia -supuestamente única y verdadera– en la cual la “raza ibérica” tenía primacía absoluta. De este modo, la historia de Cuba comenzaba -según el enfoque colonialista expuesto en los primeros textos sobre historia de Cuba– no con la vida de las comunidades aborígenes en nuestro archipiélago desde unos diez mil años antes de que llegara Cristóbal Colón, sino precisamente con el arribo de este a Cuba. En conclusión: el indocubano devino un personaje extirpado de la historia oficial, y por tanto, de la conciencia social entre los cubanos.

(continuará en el siguiente post)

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Un tal Iván

En octubre de 2009 comencé a escribir para el diario español El Mundo, un blog a dos manos, llamado 90 millas, con el periodista cubano radicado en Miami, Max Lesnik, así como algunas notas, artículos, crónicas e historias sobre la vida del cubano y mi percepción del gobierno de los Castro. No pasaron muchos días cuando varios amigos (otros no tanto) se me acercaron. Después de felicitarme, me dieron algunos consejillos.

Un viejo zorro y experimentado reportero, en confianza y en tono apagado, me dijo: “Tira muchas curvas, enseña poco la recta, intenta hacer historias de color que no te traigan problemas, luego cobras y vive lo mejor posible, si andas con el AKM en ristre, el gobierno te va a pasar la cuenta”, me indicó el avezado periodista, vividor, oportunista y cínico como muchos en Cuba, que quieren tener un buen salario en moneda dura, sin tener grandes complicaciones con el status quo.

El viejo reportero conoce mi amor por el periodismo deportivo, y por ello usó la jerga beisbolera. “Dar curva” en la isla es narrar sobre la historia del malecón, el barrio chino o el Capitolio. Hablar de cosas curiosas o contar cómo un paquete de periódicos Granma tirado por una avioneta en las montañas orientales mató por la fuerza del golpe a una vaca. O sea, que escribiera “noticias” intrascendentes y dejara a un lado los artículos críticos.

Para escribir crónicas de color y tirar curvas, renuncio a escribir en El Mundo. Digo y cuento lo que pienso. Ustedes, los lectores, tienen la oportunidad de mostrar sus desacuerdos en los comentarios. Estoy muy lejos de creer que lo que escribo sean verdades absolutas. Quizás esté equivocado. Pero son mis opiniones sobre algún suceso, tema o personaje.

A estas alturas de mi vida, con casi 45 años, defiendo sin temor mis criterios. Tengo miedo de ir preso muchos años como prometen las leyes cubanas hacia todas aquellas personas que disienten públicamente. No tengo vocación de mártir. Pero no voy a cambiar mis ideas. Aunque vaya a parar a una celda tapiada de la seguridad del estado o una sucia galera de una prisión cubana.

Es sano el ejercicio de la discrepancia. Y también el debate de ideas y el diálogo con personas que piensen distinto. Pero cuando en Cuba un medio te critica o ataca, tiembla. Te están enviando un mensaje de ida y vuelta. Algo así como, cállate o te haremos talco.

Se sabe que el inicio de una ofensiva vigorosa por parte del aparato estatal, es el preludio de otras acciones. Desde actos de repudio hasta amenazas y humillaciones a tu familia. O en último caso, detenerte, sancionarte y mandarte a chirona.

Yo le preguntaría a un periodista de calibre como Max Lesnik o al abogado José Pertierra, si alguna vez han sentido sobre sus nucas el soplo paralizante de los servicios secretos de Estados Unidos o el abrazo de oso del gobierno gringo, por tener criterios discrepantes sobre el sistema norteño o manifestar admiración por la Revolución cubana.

Me temo que no. Cierto que en la Florida, en los años 70 u 80, un grupo de intolerantes cubanos, más terroristas que otra cosa, llegaron hasta el asesinato de personas que apoyaban a Castro. Pero en este siglo 21 algo debe haber cambiado en la Pequeña Habana. Y de más está decir que ninguna administración estadounidense instruye a sus medios oficiales, como la Voz de América, para intimidar a sus rivales políticos.

Estados Unidos es capaz de lo mejor y de lo peor. Cualquier loco que tenga un mal día, con una carabina al hombro y silbando una canción de Bruce Springsteen, liquida a una docena de personas como si estuviera practicando el tiro al blanco en una feria. Presiento que Lesnik o Pertierra y los compatriotas al otro lado del charco, tienen toda la libertad del mundo para escribir y decir lo que piensan.

En Cuba no. Y ese es el punto. Desde que nací, en 1965, nunca he conocido eso que se llama democracia. Y antes de morir, quisiera vivir en una sociedad plural, donde tu persona no le interese en lo más mínimo al Estado. Y si  los gobernantes no me aprecian, por ciertas leyes escritas en la Constitución, no se me encierre en una cárcel.

Me da igual quien esté en el poder. Sea comunista, liberal, verde, socialdemócrata, de derecha o de centro izquierda. Pero que haya ganado en unas elecciones. Me pregunto si esto es un sueño imposible. Creo que no. Por eso escribo lo que pienso.

Recuerdo que en una tarde fría y gris de febrero del 2003, el poeta y periodista cubano Raúl Rivero, con dos dedos en su máquina Olivetti Lettera-25 tecleaba: “Ningún mandato me puede impedir escribir en el país donde nací y nacieron mis abuelos. Soy un hombre que escribe”. Yo también.  Aunque tenga mucho que perder.

Con la paranoia típica de las personas hostigadas y con mis temores a cuestas, enviaré historias, artículos y crónicas sobre la realidad de mi país. Redactadas desde mi destartalado apartamento en la barriada de la Víbora, mi patria chica. No seguiré el consejo del avezado reportero. Escribiré muchas rectas, pocas curvas.

Iván García

Mis raíces haitianas

Mis ojos se humedecen cada vez que leo en la prensa y veo esas imágenes estremecedoras sobre la situación en Haití. Tal vez sea por sensibilidad. Quizás sea por mis raíces haitianas.

Mi padre fue el tercero de 12 hijos de un hombre, que a principios del siglo veinte emigró de Haití hacia Cuba. Vicente Diversent, mi abuelo, enseñó a sus hijos a hablar su lengua. Lástima que no tuvo tiempo de enseñársela a sus nietos.

No hablo creole y aunque los idiomas no son una barrera para trasmitir mensajes, en estos momentos desearía hablar la lengua materna de mi abuelo. Para poder decirle a los haitianos que también estoy sufriendo su dolor. El mismo dolor que mi abuelo sentiría si estuviera vivo.

Me siento como una espectadora ante una película de horror. Quisiera hacer más. Consolar a quienes han perdido a sus seres queridos. Ayudar a quienes buscan a los suyos bajo los escombros. Proteger a los miles de niños desamparados que perdieron a sus padres y por cuya suerte se ocupan ya la Unicef y numerosas organizaciones internacionales.

La realidad y el espacio físico no me lo permiten. Poco puedo hacer desde Cuba. A no ser cerrar los ojos, y pedir clemencia a Dios y a todos los santos. Y que le devuelva la esperanza a la tierra donde nació mi abuelo. No soy religiosa, pero la fe es lo único a  que podemos aferrarnos cuando sucede una catástrofe de esa magnitud.

A los hombres de buena voluntad, de cualquier país, pido tender sus manos a las haitianas y haitianos de todas las edades, que despavoridos tratan de huir del horror que han vivido y del desastre que hoy es su patria. Pido comprensión con los que pierden la calma ante el hambre y el desamparo.

Pero sobre todo pido que se callen aquéllos que por disputas personales e ideológicas, aprovechan esta terrible situación, para hablar de intervenciones militares en un país dominado por el caos y la desesperación. Y aprovechan la oportunidad para debatir acerca de los culpables históricos por la pobreza en Haití. Ayuden en lo que puedan, pero háganlo en silencio. Y si no pueden ayudar como quisieran, cállense.

Dudo que mi padre, a sus 71 años, pueda ya conocer a sus parientes en Puerto Príncipe. A mí, al menos, me queda el consuelo de escribir.  Y desde La Habana, desde este blog, en nombre de mi abuelo y de la familia cubana de apellido Diversent, descendientes de haitianos, envío un mensaje de amor y solidaridad hacia una tierra y una gente a la que nos une una misma raza y un tronco común.

Laritza Diversent

Foto: Mujer haitiana fotografiada por Swiatoslaw Wojkowiak, Flickr.

El día después

Donato, 67 años, un viejo de ropas raídas que suele vender periódicos por los alrededores de la Plaza Roja de La Víbora, está convencido de que Fidel Castro es cadáver hace rato. Piensa igual Abelardo, 54, ingeniero civil. Según él, “no se le ha informado al pueblo de su muerte, para que no sucedan disturbios”. En Cuba, cada persona tiene su propia versión de la enfermedad del comandante único.

A falta de información veraz, la gente inventa rumores. Carlos, 21, estudiante universitario, ante un grupo de jóvenes escépticos, jura por su madre que leyó una noticia por internet, donde decían que Fidel Castro había entrado en coma profundo. Así sucede en cualquier rincón o esquina de la isla.

Nunca la muerte de un hombre ha despertado tantas expectativas. Cuando en la otra orilla, es decir en la Florida, se desata un rumor, a prisa éste llega a las costas cubanas. Muchas personas tienen familiares en el estado del sol o de forma ilegal ven televisión por cable, y no pocas veces, incluso en plena madrugada, como le ocurrió a Jesús, un obrero de 34 años. Un amigo lo despertó a las 3 de la mañana para decirle, con emoción contenida, “se jodió Fidel, lo vi por el canal 41”.

Son tantas las veces que en Miami han matado a Castro, que en la isla se lo toman con calma. “El día que se muera de verdad no lo voy a creer”, dice Deborah, 29, maestra de primaria. Ya han pasado 3 años y casi 5 meses del 31 de julio de 2006, cuando el ex secretario personal de Castro, Carlos Valenciaga, con voz grave, por la televisión nacional anunció que el Comandante renunciaba al poder por enfermedad.

Desde entonces, los cubanos viven al filo de la navaja. No porque les interese particularmente la salud de su antiguo presidente. No. El punto clave para la mayoría es qué va a pasar cuando muera Castro. Algunos en Cuba dan por sentado que su hermano, el general  Raúl, no emprende reformas esperando la desaparición del patriarca.

No lo creo. Pienso que Raúl Castro no será el Gorbachov caribeño. Los hombres del cambio en Cuba están quizás en el poder, con las máscaras puestas, obedeciendo órdenes con la cabeza baja. Esperando su momento. O caminan de forma anónima por las calles del país. Soy escéptico y no considero que de la oposición cubana salga un líder de valía para el futuro. Casi todos hablan de democracia y aparentan ser demócratas, pero actúan como pequeños caudillos.

Y eso es lo que les preocupa a los cubanos de a pie. El día después de Fidel. Dan por descontado que Raúl es un presidente de transición. Por tanto, la salud y cercana muerte de Fidel Castro, no es un problema de odio personal. Es simplemente descubrir como será el futuro sin el anciano comandante.

Y hasta hay personas que hacen apuestas, como Amador, 43 años, desempleado. Dos años atrás,  junto a doce amigos hizo una porra: el que se acerque o acierte en la fecha de la muerte de Castro, se gana 1,200 pesos cubanos convertibles (unos mil dólares). Amador había predicho que Dios se  iba a llevar a Castro I el 31 de diciembre del 2009. Siente que falta poco. Muy serio, dice que no es nada personal contra Fidel. Es sólo una apuesta. Y él quiere ganar.

Iván García