Archivo por meses: julio 2010

Tarea

Llego a casa de una amiga y me la encuentro riendo a carcajadas delante de la tarea de su hijo. Me da una hoja de libreta y me invita a leer, no sin antes aclarar:
- Es muy sincero, se ve que sólo tiene siete años.

“Mi escuela”
“Toda mi escuela es bonita menos el baño, porque está bien pintada y no tiene nada roto, en cambio el baño está mal pintado, siempre hay caca y tiene peste a orine. En mi escuela hay muy buenos y graciosos amigos, también la maestra es muy buena y bastante graciosa. En el matutino la directora dice muchas cosas pero aveces no oigo. Yo casi siempre me quiero ir de la escuela y mucho más cuando voy a comer en ella, hoy comí harina y la profe me obligó.”

La verdad es que no me reí tanto, me acordé de cuando yo tenía esa edad y de lo que sucedió después. No le comenté nada a mi amiga, pero si nuestro país no cambia, dentro de tres o cuatro años las composiciones de su niño lejos criticar la peste o rememorar la alegría de jugar con sus compañeros, mencionarán héroes muertos en las guerras de siglos pasados y batallas de ideas desconocidas.

Ley del embudo

Mucho se habla últimamente del ahorro. Desde luego, ese verbo es para ser conjugado solamente por los súbditos de mi planeta, no para los nativos jerarcas.

Hace poco menos de año y medio, se terminó de construir una vivienda para dirigentes de Tecnoazúcar, aquí en el Nuevo Vedado, en 41 y Conill B. Como es lógico le hicieron un muro con una estrecha entradita (aquí las entradas son muy estrechas). Pues bien a dicho artefacto perimetral le pusieron tejitas coloniales (que nada tienen que ver con las líneas rectas del inmueble, pero están de moda).

Hoy temprano sentí fuertes golpes de mandarria. Miré hacia la dirección desde donde procedían, y me percaté que estaban derribando el muro de marras, pues al parecer, al que va a habitar la casa no le gustaba el anterior, y como seguramente a el no le cuesta, pues, qué más da.

Toda esta situación, que se repite constantemente a estos niveles, contrasta muy despiadadamente con la que confronta el ciudadano de a pie.

En la calle 2da. Entre Ayestarán y Ayuntamiento vive una mujer con su hijo, ambos con serios problemas de salud. Ellos tienen como hogar, un portalito de un antiguo comercio y un pequeño cuarto a modo de habitación. Con mucho sacrificio lograron comprar, como suele hacerse aquí, los materiales, y a duras penas construyeron en el techo del pequeño local otra habitación. A alguien un día le molestó y los denunciaron. Como es lógico no tenían papeles del cemento y demás áridos. Entonces decidieron demolérselo. Lo peor de todo, lo más doloroso es que parecía que había una fiesta del Comité, todas aquellas personas arremolinadas viendo lo que sucedía sin nadie hacer nada para impedirlo. Yo llego a casa de mi hermana, que vive cerca del lugar, en ese momento y me lo cuenta una amiga que quería salir corriendo a ver aquello.

Lo más triste de todo esto, es que en la misma cuadra, en la acera de enfrente, un dirigente al que le dieron una casa de alguien que se fue del país, estaba remodelándola, casi al mismo tiempo que esto sucedía, con el correspondiente uso y abuso de materiales de primera. Desde luego, a este señor nadie lo denunció.

Omar, la imagen primero, la palabra después.

foto/ Luis Felipe Rojas

Cuando supe de él ya estaba purgando una pena de 27 años en las prisiones cubanas. Era “el fotógrafo de la disidencia”, sus imágenes se encargaban de la parte descarnada de esa Cuba que han pretendido vendernos como un souvenir.
A Omar Rodríguez Saludes, hoy desterrado a España con su familia, la policía política cubana le arrebató las cámaras fotográficas, le confiscó las cartulinas donde había plasmado un país de verdad, con gentes que ríen y lloran, pero no pudieron arrancarle las ganas de atrapar la vida.
En una entrevista que concediera a Fernando J. Ruiz para el libro “Otra grieta en la pared”, dijo: “El objetivo mío es hacerle recordar al pueblo cubano y a todos los que vean estas imágenes, el tiempo que pasaron, los tiempos tan difíciles (…) porque las imágenes uno no las busca, sino que se le presentan a uno, es como una inspiración, por eso la cámara siempre debe estar conmigo y es el concepto que yo tengo”.
Un día de marzo los soldaditos que no son de plomo ni usan uniforme, se metieron en su casa y nos privaron de esa maravilla testimonial que Rodríguez Saludes tenía para cuando pasara la larga noche del suplicio.
Hoy, que está en un país donde se respira libertad, seguro está aliviándose los ojos y la memoria por el horror que vio en la celda donde lo metieron.
Mañana saldrá con un artefacto al pecho a fotografiar la libertad, se sentará a describir lo que sufrió y seguirá su paso por la vida. Tarde o temprano veremos sus fotografías, su visión del ahora y del futuro y eso será bastante.
Un hombre que regresa del infierno siempre trae noticias de la vida.

Museo de autos

auto_viejo

Hay un detalle de nuestra realidad que fascina a los turistas y sorprende a los coleccionistas de todo el mundo: la cantidad de autos antiguos que aún circulan por las calles del país. Ahora mismo, en alguna avenida de La Habana ronronea un Chevrolet de 1952 y un Cadillac –con más edad que el propio ministro de transporte- hace de taxi colectivo. Pasan por nuestro lado destartalados o recién pintados, a punto de colapsar o de ganar una competencia por su buen estado de conservación. Estos milagros rodantes forman parte ya de nuestro paisaje cotidiano, tal y como las largas colas, los ómnibus repletos y las vallas políticas.

En un primer momento, los visitantes muestran sorpresa y alegría al ver el parque temático del pasado que conforman estos vehículos. Se hacen fotos alrededor de ellos y pagan hasta el triple de un pasaje con tal de sentarse en sus amplios interiores. Después de preguntarle al chofer, los asombrados extranjeros descubren que la carrocería de aquel Ford -de principios del siglo XX- cubre un motor de Fiat de hace sólo una década y que le han adaptado las ruedas de un Lada. En la medida en que se ganan la confianza del propietario, éste les cuenta que el sistema de frenos se lo donó un amigo europeo y que las luces delanteras eran originalmente de una ambulancia.

Los veraneantes se maravillan ante el gusto de los cubanos por conservar tales reliquias del ayer, pero pocos saben que se trata más de una necesidad que de una predilección. No es posible ir a un concesionario y comprar un auto nuevo, aunque se cuente con el dinero para pagarlo al momento, de manera que nos vemos obligados a remendar los viejos. Sin esos artefactos del siglo pasado, nuestra ciudad sería menos pintoresca y cada día más inmóvil.

Compartir/Guardar

ALL ABOUT DAD

TODO SOBRE MI PADRE

Orlando Luis Pardo Lazo

Leyendo milagros en el blog de Mirta Suquet

Mi padre no pidió limosna, aunque dependió de un hermano y otro hijo en USA. Mi padre no tuvo que salir a la calle a vender un paquetico de nada, aunque dio clases de inglés a domicilio como un caballo. Mi padre vivió en casa hasta los 81, cuando prácticamente ya era sólo el padre de mi madre (se llevaban 17 años). Mi padre, el abuelo que nunca tuve de grande.

Cada día regreso de la calle con mi padre en la cámara Canon y la cabeza calcinada por tanto sol y tanta soledad. Casi no hice fotos de mi padre en vida. Y ahora pago el precio de ese descuido de adolescente (fui su hijo de la vejez).

Por eso me lo encuentro por las aceras y soportales cubanos. Boqueando, mal afeitado. Con ropa humildísima que olía siempre a cigarros Populares de 1.60 pesos (un aroma que extraño: todos los fumadores apestan, excepto él). Un tipo tan tierno, cuando yo me atrevía a decirle al menos media palabra. Tan torpe para las cosas prácticas, tan iluso para las letras inútiles. De mirada inmortal cuando mi psico-rigidez me permitía decirle de vez en cuando (de voz en cuando): papá

Murió en agosto, como todo muere en este mes mefítico de los Trópicos. De cáncer, como corresponde en un país sin diagnósticos de última generación. Ni terapia. De un tirón, por suerte. Sin dolor. Mi padre murió de una metástasis misericorde, amateur, entre un raro vómito llamado “borra de café” y las cantinelas de Radio Martí en un radio Selena de antes del Período Especial.

Desde entonces lo he visto muchas veces y todas lo he retratado. No le hablo jamás en la calle. Pero en la casa, sí. Siempre. ¡Papá, coño, si estás igualito…! Papá, ¿verdad que nunca te vas a volver a morir…?

Mi madre ignora todo este tráfico de emociones. Le pone agua y sus florecitas de cada día. Las decapita con puntualidad de verdugo. Mi madre es el terror manos-tijeras de nuestro jardín. Y de paso le reza a mi padre, con la timidez de quien se puso vieja y aún no sabe si tiene derecho a rezar (sirviente solícita en el capitalismo, obrera muda en el comunismo: mi madre sí supo lo que es resistir).

No hay consuelo para no ver a mi padre, supongo. Pero yo me invento uno cuando la tristeza socializada de Cuba no pare más. Entonces rebusco en mis fotos de caballeros callejeros caídos en las trincheras inciviles de La Habana, tanteando en la pantalla líquida o el papel cromado los ojos maravillosamente miopes de mi papá. Hasta que ¡wao! ahí están de nuevo, como nuevos, fotografiados como si no se hubieran muerto hace exactamente diez años. Los días sí volverán.

Y me alegro, como un escolar estúpido, de que mi padre nunca pidió nada a extraños ni en la crisis ni en el esplendor; aplaudo que sus negocitos fueran una calamidad sin ganancias porque no le hacían ninguna falta; me regocijo y envidio que a sus 81 casi no conociera a un médico, excepto al ingenuo o ignorante indígena que descubrió su cáncer sólo durante la autopsia (igual desde niño yo sabía que después del año cero o dos mil me quedaría huérfano hasta de Cuba).

Fue un domingo. Trece. En agosto. Con pioneritos en el televisor adelantando las primeras flores por el cumpleaños del hoy compañero Fidel (Elián González era todavía una pesadilla patria patética). Esa noche, la funeraria de Luyanó (localito mortecino con una tarja republicana del Partido Socialista Popular) estuvo más repleta que nunca de viejos dejados solos contra la rala realidad del siglo XXI insular (noche insulsa, jardines inverosímiles). Y ahí mismo comencé a sentir cierto orgullo necro de que mi padre no estuviera allí. No así.

Buenas noches de nuevo, falso papá con enfisema en estos píxeles de hoy. Que resucites en la próxima foto o respires pronto tu próxima flor (parece un título terrible de Manuel Cofiño, pero la vida de mi padre, de alguna manera antípoda, estilísticamente lo fue). Hasta mañana entonces, desmemoria de mi papá (es un privilegio escribir por fin sin complejos estas frasecitas flojas de escuela primaria). Sospecho que aquella gramática mía no volverá. Rev In Peace!

"Like Tears in Youtube"

Me ha encantado este artículo de OLPL (Orlando Luiz Pardo Lazo). Quiero reproducirlo aquí, porque me toca de cerca, y porque es un claro ejemplo de cuando un set de leyes intenta ser tan abarcador que empieza a funcionar mal, en contra de su propio propósito.

http://www.diariodecuba.net/cuba/81-cuba/2628-excluidos-de-youtube.html

MI OPINIÓN:

El cuerpo de restricciones que el gobierno estadounidense ha instaurado a Cuba, con el propósito de crear presión para catalizar el cambio de sistema político, persiste aún hoy en día, aunque en calidad de reliquia. Los puntos sobre las íes: El bloqueo sí crea presión, y no existe un solo gobierno en el mundo que no se mueva bajo presión, no importa cuán pequeño e imperceptible el movimiento. Aunque haya elementos que alivien esa presión que empuja hacia cambios, esos elementos vienen y van.

No todo el mundo está en contra, claro. A diferencia de lo que muchas personas creen, hay gente dentro de la misma isla sintiendo sus consecuencias (unidas a la vilmente mal conducida administración que hay en este país) que a pesar de todo sí que apoyan el bloqueo. Al menos, apoyan la idea, la premisa del mismo. Pero incluso esas personas me han reconocido que hoy en día el embargo es casi totalmente nominal. EE.UU es hoy el quinto socio comercial de Cuba y provee el 80% de todas las importaciones de alimentos, las que representan, a su vez, el 80% de todos los alimentos que consumen los cubanos. Así que el gobierno de los Estados Unidos no es nuestro opresor. Es nuestro mecenas y, por lo tanto, el mecenas de este duradero experimento social nuestro.

Yo no podría apoyar un recrudecimiento del embargo, pero no puedo dejar de entender la idea detrás del mismo. Aún así, sin un recrudecimiento a la vista, yo creo más en la postura de Obama: sí, es bueno usarlo como carta de cambio, pero también hay que saber que mientras más oportunidades económicas tenga el pueblo, menos dependerá del Estado. El Estado podrá enriquecerse, pero también habrá dinero para corromper. Y en esta isla, con estas leyes, a muchos niveles Corrupción significa Libertad.
Sea como sea, la idea del embargo no está funcionando. Necesita depuración. No sólo restringe los viajes y el comercio de bienes, sino además restringe la cultura y la expresión. Con el debate en el Congreso norteamericano sobre el levantamiento de restricciones migratorias y comerciales hacia Cuba, el artículo del enlace pretende ser un grito más entre muchos en la polémica sobre una situación estancada. Mi opinión: quiten o mantengan el bloqueo, tienen que reformarlo.

- Melkay -

Despliegue mediático

Todos lo hemos visto.  Con algo de la vitalidad de antaño, con algunas libras más, aunque con una corpulencia exagerada bajo la camisa de cuadros, o con la camisa verde olivo de mil batallas.   El intenso despliegue mediático de las cámaras de la tv desde la semana pasada hace pensar que todavía decide; que nunca ha dejado de decidir. Ha vuelto a ser El Comandante y no El Compañero.

Sus temas: la guerra y el medio ambiente.  Ni una sola palabra de la situación económica interna de la que es enteramente responsable.  Ni siquiera en el tema ecológico del que se ha vuelto un paladín, ha reflexionado sobre disparates medioambientales como el de la Brigada Invasora Ché Guevara, derribando valiosas especies frutales a su paso por Camagüey y Oriente para sembrar caña y hoy pasto del marabú; los pedraplenes, el Salto de Hanabanilla convertido en hidroeléctrica de la que nadie se acuerda ya, pero que nos privó del salto de agua más hermoso de Cuba.  Y afortunadamente no hubo recursos para el mega proyecto de desecar la Ciénaga de Zapata, el humedal más importante del Caribe.

El almanaque y una sucesión de enfermedades y procederes médicos se han cebado con su imagen.  No logro reconocer a aquel hombre apuesto e imponente de antaño.  Lo miro y me impresionan sus ojos hundidos, me impresionan los tics, me impresiona la boca, donde parecen bailar  los dientes de abajo; me impresiona la voz tropelosa y apagada, me impresiona verlo divagar y equivocarse.

Pero lo que más me impresiona es que ni él se dé cuenta ni nadie se lo diga.

La reina del bolero. / Miguel Iturria Savón.

Entre banderas cubanas, boleros famosos y claveles blancos, millares de exiliados y cientos de latinoamericanos despidieron el lunes 12 de julio a Olga Guillot, quien ingresó el viernes en el hospital Mount Sinai de Miami, donde residía y actuaba de forma ocasional desde la década del sesenta, aunque Venezuela y México fueron sus santuarios al salir de Cuba en 1961, cuando su voz colmaba las vitrolas del país.

A Olga Guillot le decían la Reina del Bolero, la Actriz que canta, la Diva de la escena latinoamericana y otros títulos avalados por sesenta años de carrera, medio centenar de discos -14 de oro y 10 de platino-, una docena de películas, numerosas giras por el mundo y sus nostálgicas declaraciones sobre la libertad de la isla natal, donde triunfó a los dieciséis años en la Corte suprema del Arte e integró agrupaciones vocales como el Cuarteto Siboney, hasta debutar como solista en 1945. Obtuvo su primer éxito internacional al grabar en 1954 Miénteme, del mexicano Chamaco Dominguez.

Olga Guillot, nacida en la calle Trocha de Santiago de Cuba, el 9 de octubre de 1922, llevó el bolero a la cima con sus geniales interpretaciones de temas clásicos, como Miénteme, Tú me acostumbraste, La gloria eres tú, Lágrimas negras, Soy tuya, La noche de anoche, Palabras calladas y Eso y más. Durante su trayectoria artística alternó el escenario con figuras como Rita Montaner, Benny Moré, Nat King Cole, Sara Montiel, Edith Piaf, Armando Manzanero y José José, el cual la calificó como su madrina artística.      

Como Celia Cruz, López Cachao y otras leyendas de la música popular cubana, la Guillot no pudo regresar a la isla, convertida en referente de sus éxitos y frustraciones. La nostalgia marcó su existencia humana y creativa, pero artistas como Malena Burke, Annia Linares, Vicky Roig, Emilio Estefan, Tito Puente Jr., Meme Solís y Roberto Lozano, evocan ahora su carisma y su solidaridad con los contemporáneos que siguieron creando en la orilla insular.

Pese a la trayectoria internacional de la gran artista su nombre y su música fueron borrados del pentagrama cubano. Fue tal la censura oficial que para tres generaciones la discografía de la Reina del Bolero se reduce a nostálgicas referencias de nuestros padres y abuelos.

Mientras en Miami despiden con flores y banderas a la primera artista latinoamericana que actuó en el Carnegie Hall de New York, en Cuba algunos amantes de la música empezamos a buscar los viejos acetatos de la Guillot y pedimos a los parientes del exilio las últimas grabaciones de esa Diva compartida, única e irrepetible como Rita Montaner, Benny Moré y Celia Cruz.

La muerte de la voz femenina del bolero pudiera servir de excusa para recuperar el legado discográfico y humano de Olguita Guillot y rendirle tributo en la otra orilla de esta isla dividida por pasiones ajenas al arte y la cultura nacional.

Share/Save/Bookmark