Lo que el “viento” se llevó
Aquí en mi pequeño planeta, no ha sido precisamente el viento el que se lo ha llevado todo ó casi todo. Parece obra de un tornado loco. Y lo que ha quedado está, en tan malas condiciones, que casi no tiene salvación.
En el año 1897 el cine cubano, hacía sus primeros pininos. Junto con su aparición, nacieron los primeros carteles, entonces hechos a mano en pequeñas imprentas, también la fotografía se fue desarrollando, pues rápidamente comenzaron a parecer salas de cine, que nos recibían en sus umbrales con llamativos carteles o fotografías, donde nos daban una idea de lo que allá dentro se iba a proyectar. Era una clara invitación a entrar. La cinemanía fue apoderándose del gusto de la mayoría de nosotros.
En el año mil novecientos cincuenta y nueve, contábamos ya con más de ciento treinta salas de cine, muchas de ellas muy modernas y confortables, como el cine teatro Warner, que después se llamó Radiocentro hoy rebautizado como Yara, el América, también teatro, Acapulco, Riviera, Los Angeles, Payret, Miramar, La Rampa, etcétera, etcétera, etcétera todo esto, para disfrute de cerca de un millón de habitantes con que contaba la capital en esos momentos. También contábamos con tres modernos autocines. Los cinéfilos teníamos que correr para poder ver, los más de cuatro estrenos semanales que se proyectaban.
Medio siglo después, con casi dos millones de habitantes, solamente quedan funcionando una veintena de cines, la mayoría, en bastante estado de abandono. Fueron muchos lo que la desidia les hizo convertirse en ruinas, otros han devenido en albergues para varias familias. Cada vez son menos las opciones, pues exceptuando el mes del Festival, las películas proyectadas son viejas y muchas de ellas ya han sido vistas en televisión. Aún el viento puede llevarse lo poco que queda, si no se hace algo para detenerlo.



