Archivo por meses: agosto 2010

Similitudes

Dicen que las comparaciones nunca son buenas. Esto puede ser muy cierto, pues al comparar, casi siempre se pierde la noción de tiempo y espacio. Cada fenómeno debe ser visto, según el contexto en que se manifiesta el mismo. Pero existen las similitudes, esto tampoco se puede negar.

De nuevo conectada a la onda corta me entero de la triste noticia: muere, en un hospital militar de Caracas, tras meses de huelga de hambre, defendiendo sus tierras y sus derechos, el agricultor de 49 años de edad Franklin Brito.

Inmediatamente, sin proponérmelo, me viene a la mente Orlando Zapata Tamayo, muerto en circunstancias muy similares.

¿Cómo es posible que el gobierno de un país que se considera democrático, próspero y justo se encandile tanto con la política de mi planeta, y que trate de imitarlo en todo, a pesar de los visibles resultados? Ahora, para parecerse aún más, deja morir de hambre a un padre de familia que simplemente pedía se hiciera justicia.

Si estas no son similitudes, por favor, dígamelo usted.

La Iglesia Católica cubana y la oposición: un conflicto innecesario

Catedral de La Habana

Catedral de La Habana

El diálogo entre el gobierno del General Raúl Castro y la alta jerarquía de la Iglesia Católica sigue suscitando debates entre diferentes grupos opositores y sectores de la sociedad civil independiente. Era de esperarse que medio siglo de inmovilismo trajera como primera consecuencia el chirriar de todos los goznes oxidados al tratar de poner en marcha cualquier mecanismo de esta vieja maquinaria obsoleta, como también resulta lógico que, a fuerza de trabajar en reversa, ahora cueste mucho andar hacia adelante.

No es fácil buscar y encontrar consensos en un país huérfano de civismo y de libertades por tan prolongado período de tiempo. La mayoría de los cubanos de hoy no hemos participado jamás en auténticas elecciones, no hemos militado en un verdadero partido político, no contamos con espacios no oficiales de debate ciudadano, no tenemos libre acceso a la información y a las comunicaciones, ni hemos gozado de ninguno de los beneficios de la democracia, pero lo peor de todo es que no hemos sido libres. Cual esclavos temerosos e ignorantes, los hay que ni siquiera sabrían qué hacer con sus vidas llegado el día en que tengan libertad para disponer plenamente de ellas. Esa es la triste realidad de Cuba, heredada en gran medida de 50 años de dictadura, pero también consecuencia de 400 años de historia que demuestran cuán caras resultan a los pueblos la ligereza y la irresponsabilidad.

El momento que está viviendo la Isla tiene peculiares ribetes que marcan un antes y un después. Cada análisis puede tomar como pauta lo que considere un hito, ya sea la acumulación de elementos en la crisis socioeconómica y política generalizada, la lucha de la disidencia al interior del país, la muerte de Orlando Zapata Tamayo, la huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, la acción sostenida y valiente de las Damas de Blanco y la actividad creciente del periodismo alternativo en todas sus variantes, entre otros factores que puedan quedar involuntariamente omitidos aquí. Ese “antes y después” podría asumir como referencia cualquiera de estos factores aparentemente aislados; sin embargo, la polea que ha venido a unir algunas piezas y ha ayudado a iniciar el giro del mecanismo ha sido la Iglesia Católica. Es un hecho.

Tal como se presentan las circunstancias –o como están planteadas a partir de todos los factores que han influido en ello–, creo que es más realista sopesar ahora lo incuestionable: se están produciendo cambios y la mediación de la Iglesia Católica es un factor importante en esto. Es así que, lejos de apuntar soluciones idealistas, encaminadas a satisfacer la vanidad de algún que otro líder opositor, o sobrevalorar la importancia de sectores de la sociedad civil emergente (en la cual se inserta mi propio accionar como blogger), y a la vez sin negar la validez de todos los elementos en su propio desempeño, prefiero tomar en consideración cuánto de positivo puede y podría aportar el papel de la Iglesia en este proceso.

Algunas personas critican la mediación en la figura del Cardenal Jaime Ortega, alegando que nunca ha apoyado a la oposición, que no visitó a los presos o que no se pronunció contra los desmanes de la dictadura, lo cual tampoco se ajusta por completo a la realidad (recordemos, por ejemplo, la famosa Carta Pastoral “El amor todo lo espera”, documento que tuvo gran resonancia en los 90 del pasado siglo). Por mi parte, no soy –ni mucho menos– una fanática o siquiera admiradora de Su Eminencia, pero tales descalificaciones se podrían aplicar también a la inmensa mayoría del pueblo cubano, acostumbrado a mirar temeroso hacia otra parte en presencia de un acto de valentía cívica o de la acción de las fuerzas represivas contra ciudadanos indefensos; sería interminable la lista de experiencias de los que pueden atestiguar sobre esto, tanto dentro como fuera de Cuba.

Por otra parte, los que hoy descalifican a la Iglesia como mediadora parecen olvidar cómo a lo largo de todos estos años, aun cuando la mayor parte de los cubanos aplaudían (mos) ante los discursos y las tribunas, cuando tener creencias religiosas era un imperdonable tabú, cuando los religiosos de cualquier tendencia eran excluidos y condenados y cuando la sociedad toda avanzaba galopante hacia la pérdida de valores morales y humanos, la Iglesia Católica fue un reducto de solidaridad entre cubanos de fe sincera, un espacio de conservación de los mejores valores, una verdadera colmena donde nunca se detuvo el trabajo por la familia, por la cultura cubana y por sostener sus principios de virtud en condiciones muy adversas. La Iglesia Católica cubana fue un foco de resistencia contra el totalitarismo comunista de esta dictadura desde el principio mismo, antes que cualquiera de los partidos opositores que hoy conocemos, y fue tolerante e inclusiva cuando en la sociedad cubana se imponían la intolerancia y la exclusión. Muchas parroquias han sido portadoras del discurso de resistencia que pocos se atrevían a escuchar y mucho menos a decir; y se han erigido promotoras de numerosos espacios de instrucción, de intercambios sociales y académicos y de formación de valores. La Iglesia Católica ha estado trabajando callada y pacientemente por la reconciliación de los cubanos mientras el régimen –y otros– se han dedicado a enemistarnos. Negar esto sería, no solo una iniquidad, sino también una falacia.

Está claro que la Iglesia tampoco es una institución perfecta y no nos representa a todos en todo,que también ha cometido errores y hasta injusticias; pero también ha ofrecido sus espacios como un refugio en medio de las tempestades. Que lo digan si no las Damas de Blanco que acuden cada domingo a la iglesia de Santa Rita; que lo digan los cubanos que han encontrado en la Iglesia el apoyo, la caridad y la solidaridad que les faltaba, que lo digan los miles que se están congregando espontáneamente en las iglesias de Cuba para recibir en su peregrinación por toda la Isla a la Santa Patrona, la Caridad del Cobre, capaz de reunir, por su única condición de cubanos, a creyentes y no creyentes en la simple advocación del amor a Cuba. ¿Qué otra institución en este país sería capaz de ello? Yo no soy una creyente en lo absoluto; apenas soy una agnóstica formada en el más cerrado ateísmo, que ha logrado superar la negación y pretende ser justa. Y como deseo lo mejor para Cuba y para los cubanos, apoyo todo lo que ayude a derribar el muro.

Es por eso que pido a aquellos que hoy se oponen a la mediación de la Iglesia ( hablo de la institución, no de sus jerarcas) y que, además, la acusan de “traidora al pueblo”, “oportunista” y otros epítetos por el estilo, que mencionen las razones en que basan sus acusaciones y que expongan a la opinión pública, objetivamente, quiénes son los actores sociales que consideran suficientemente consolidados en Cuba, con el prestigio y el arraigo necesario para representar a una gran parte del pueblo cubano y cuáles son los programas de cambio y las fases de la transición que dichos actores proponen. Que digan los que se oponen al diálogo Gobierno-Iglesia Católica si creen que este pueblo ahora mismo puede delegar con pleno conocimiento de causa en cualquiera de los partidos opositores y de los grupos de sociedad civil independiente, más allá de la simpatía que pueda despertar nuestra lucha por la democracia. Pero, sobre todo, seamos realistas: la crisis cubana no se va a resolver en un corto plazo; una transición es un proceso largo y complejo al que se van sumando actores en la medida en que vayan ganando influencia y prestigio en la vida pública nacional. En lugar de pugnar por un puesto o por un premio, es momento de aprovechar los espacios que se abran y apoyar las acciones positivas que propicien los cambios para poder potenciar el discurso de los actuales líderes de opinión y el surgimiento de los nuevos, el nacimiento de nuevas ideas, de fuerzas cívicas y de propuestas amplias donde participemos todos (incluyendo a los que hasta hoy no han participado). Nadie piense que va a ser fácil; así pues, tampoco lo hagamos más difícil.

Nota (6 de septiembre de 2010): Este post fue publicado originalmente con un error: el documento que se mencionaba (La Patria es de Todos) es de la autoría de Vladimiro Roca y otros opositores y se dio a conocer también en los 90. Ruego a los lectores me perdonen el desliz, causado por la premura y por no revisar el borrador con suficiente rigor. De cualquier manera apoyo ambos documentos en su esencia: la Patria es, en efecto, de todos, e igualmente coincido con la Carta Pastoral en el principio paulista del amor. Agradezco particularmente a mi amiga, Marta Cortizas, lectora inteligente y observadora, quien tuvo la gentileza de alertarme sobre la pifia que cometí y que solo hoy he podido subsanar.

Tomando nota

Hace unos días Fidel se reunió con los integrantes del programa televisivo Mesa Redonda y los animó a hacer las preguntas más difíciles, como un alumno bien preparado para un examen. Terminó la semana, y en el periódico Granma se dio una versión del encuentro, pero me quedé esperando la transmisión en el espacio de la Mesa Redonda. Las conjeturas son variadas; ha llamado la atención de los que se interesan por esas cosas que no hayan televisado el encuentro, hasta hay quien piensa que se ejerce la censura sobre él.

En sus últimos escritos, titulados Reflexiones por la costumbre, Fidel comparte las opiniones de un libro sobre el gobierno mundial, y con su ya habitual procedimiento de copiar y pegar nos entrega unas larguísimas citas del libro de marras de un autor llamado Daniel Estulin, por lo que me pregunto si no sería más sencillo publicar el libro para que nadie tenga que contárnoslo. Podría arreglarse si Fidel, que hasta ha invitado a Cuba al escritor, desviara una parte de los quinientos mil ejemplares de La victoria estratégica, el primero de sus libros dedicado a la lucha contra Batista, para hacer una tirada modesta de ese otro libro que tanto entusiasmo le ha despertado.

La cultura polaca en Cuba

 

Ya está en las bibliotecas e instituciones nacionales el número 58 de “Polonia de hoy”, un boletín redactado y editado por la Embajada de Polonia en La Habana. Estructurado en secciones fijas: actualidades, cultura, política, hombre y sociedad, economía, ciencia y cocina polaca. La edición es trimestral y ésta es la segunda entrega del año 2010.

 Por el ejemplar correspondiente a enero-marzo supimos del jubileo por el bicentenario del nacimiento de Federico Chopin (1810-1849), compositor y pianista polaco del movimiento romántico, considerado uno de los más grandes creadores de música para piano de todos los tiempos.

 Como parte de las festividades en homenaje al virtuoso músico, se efectuó en el Oratorio San Felipe de Neri el espectáculo “Esperando a Chopin”, por el Teatro Wielki-Opera Poznan. El mismo está inspirado en el deseo de visitar y presentar obras poco conocidas del compositor,  al que su deteriorada salud le impidió viajar a muchos países.

 También ese Oratorio acogió la exposición “Chopin en Cuba” con nueve retratos de Chopin, realizados por igual número de pintores contemporáneos cubanos. Ya la muestra se había presentado por primera vez en el Teatro Amadeo Roldán durante el concierto del maestro Frank Fernández que dejó inaugurado el Año Chopin en Cuba.

 Gracias al préstamo de la Casa de la Moneda de Polonia, el Museo Numismático pudo presentar la “Exposición numismática” con las monedas más interesantes emitidas por esa institución. Se pudieron apreciar monedas de Polonia y de Rusia, Armenia y Andorra. La muestra incluyó una de las menores monedas del mundo que pesa apenas un gramo y contiene el retrato de Federico Chopin. Otras novedades fueron las piezas con incrustaciones de ámbar u otras piedras preciosas y las que muestran reproducciones de cuadros famosos de pintores como Van Gogh o Leonardo da Vinci.

 Así mismo, por el boletín de abril-junio conocimos los proyectos para edificaciones de utilidad pública en Polonia, cuyos diseños tecnológicos de avanzada serán paradigmas de referencia en las ciudades donde se erigirán.

 En esa última edición también, para consternación del machismo caribeño, encontramos a un activista por los derechos masculinos. Esta persona tiene una forma singular de realizar sus reclamos. Con la barba crecida y un comportamiento de macho, sin ser homosexual ni travesti, se viste con saya y tacones altos, incluso dentro de su domicilio. Así dinamita el estereotipo del género masculino en la sociedad.

 La relación de Polonia con Cuba se remonta al siglo XIX. Recordemos que el polaco Carlos Roloff participó en nuestras gestas independentistas donde alcanzó el grado de general. Posteriormente, al fundarse la República se le confirió la nacionalidad cubana por nacimiento.

 Acorde con ese antecedente histórico, cada año Polonia organiza en Cuba una semana de cine, exposiciones, seminarios, talleres de teatro y otros eventos. Sus proyectos socio-culturales son un valioso aporte que contribuye a desarrollar y consolidar la sociedad civil en nuestro país.

Barrio adentro, corazón afuera

barrioadentroenrejado

Imagen tomada de: http://paulagiraud.blogspot.com/

¡Tienes que entregar tu pasaporte! le dijeron al llegar a Caracas, para evitar que alcanzara la frontera y desertara. En el mismo aeropuerto le leyeron la cartilla: “No puedes decir que eres cubano, no debes caminar por las calles con ropa de médico y es mejor evitar interactuar con los venezolanos”. Días después comprendió que la suya era una misión política, pues más que remediar las dolencias de algún corazón o la infección de unos pulmones, debía examinar conciencias, comprobar intenciones de voto.

En Venezuela conoció también la corrupción de algunos que dirigen el proyecto Barrio Adentro. Los “vivos” de aquí, convertidos en “malandros” allá, acaparando poder, influencias, dinero, e incluso presionando a doctoras y a enfermeras que viajan solas para que se conviertan en sus concubinas. Lo ubicaron junto a seis colegas en una apretada habitación y le advirtieron que si morían –víctimas de la violencia que hay afuera– serían dados como desertores. Pero no se deprimió. En fin de cuentas, él tiene sólo 28 años y es la primera vez que puede escapar de la protección paterna, la abulia de su barrio y las penurias del hospital donde trabaja.

Un mes después de arribar, le entregaron una cédula de identidad advirtiéndole que con ella ya puede votar en los próximos comicios. En una reunión relámpago alguien habló sobre el duro golpe que sería para Cuba la pérdida de tan importante aliado en Latinoamérica. “Ustedes son soldados de la patria” les gritaron al final y como tales “deben garantizar que la marea roja se imponga en las urnas”.

Ya pasó el tiempo en que creía que iba a salvar vidas o a aliviar el dolor. Sólo quiere volver, retornar a la protección de su familia, contarles a sus amigos la verdad, pero no puede por ahora. Antes, debe hacer la cola del colegio electoral, dejar su cuota de apoyo al PSUV, pegar en una pantalla el pulgar en señal de asentimiento. Cuenta los días hasta el último domingo de septiembre, cree que después de eso lo dejarán regresar.

Cuando un amigo se va

Pintura en seda, por Rebeca

¡Es muy triste, si señor! Te dejan un vació tremendo y sientes como que algo se te rompió por dentro.

En todas partes del mundo los amigos van y vienen, porque viajan. Se pierden por un tiempo y reaparecen, te llaman por el celular, le mandas mensajes, te responden. Pero, aquí en mi planeta, cuando un amigo se va, es como si se muriera algo dentro de ti. Sabes que en muchos años, quizá nunca lo vuelvas a ver. Tampoco dispones de celular para comunicarte con el ó ella. Ni qué decir de Internet, facebook, y todos esos maravillosos inventos que no están al alcance de la inmensa mayoría de nosotros.

A mí en particular, se me han ido casi todos los amigos, pero como soy muy obstinada, vuelvo a hacer nuevas amistades. No es cosa fácil, ante todo tienen que hablar tu mismo idioma (ya sabes), de lo contrario es muy difícil el diálogo.

Hace algunos años se me fue una de las amigas más queridas. Nos estuvimos escribiendo correos un tiempo, soñábamos con volvernos a tomar juntas un cafecito charlando aquí en casa, o en el Versalles, nos daba igual . Mi amiga murió y nunca pudimos cumplir ese sueño.

Ahora se nos acaba de ir un gran amigo. Estamos felices por él, pero ha dejado un vacío tremendo.

Esta situación se nos viene dando continuamente desde hace medio siglo. ¡Demasiado tiempo! Es hora ya que los familiares y amigos, al despedirse, porque van a viajar, no nos tengan que dejar con ese sabor amargo en la boca y esa terrible sensación de dolor en el estómago.

EL HIP HOP DEL 2010 EN ALAMAR…!

Este jueves 2 de septiembre de 2010, a las 3 de la tarde irremediable
o envidiablemente, la Siberia de Alamar volverá a ser el sitio donde
OMNI ZONA FRANCA más 26 rappers cubanos lanzarán de manera
independiente un tema único de TODOS UNIDOS que sin duda será el Hip
Hop del Año (sin daño ni engaño). La crónica audiovisual será en
www.twitter.com/OLPL y en mi blog LUNES DE POST-REVOLUCIÓN
(www.orlandoluispardolazo.blogspot.com).

La novela que Leonardo Padura escribió por mí

Intro

Hace muchísimos años -hablo de la década del setenta- yo trabajaba en el Minint, pero la fachada de mi unidad militar era del Minfar y por tanto a todos los efectos externos  trabajaba en el ejército.  Una guagüita me recogía por la mañana y me dejaba por la tarde en la Playa de Marianao, y al costado de la pizzería Mare Aperto hacía la cola de la  79 y la  179 para regresar a casa.  Como desde que tengo memoria el transporte ha sido crítico, me armaba de paciencia y de un libro para esperar.  Una tarde en esa cola leía una biografía de Trotski y se me acercó un oficial; todavía no habían cambiado los grados para el equivalente de los de nuestra extinta hermana, así que les hablo de un capitán de los de antes, y con tono entre autoritario y condescendiente, me preguntó que cómo leía aquel libro.  Yo sabía por mis círculos de estudio del revisionista y traidor y quería saber más.  Esa razón le di al capitán que esperaba mi respuesta con mirada penetrante.  Por él supe que Trotski era lectura prohibida para los miembros de las Fuerzas Armadas; hasta donde yo sabía, esa medida no era aplicada en el Minint.  Un tiempo después me asusté en serio leyendo China, el otro comunismo, otro oficial, o el mismo, no sé, me preguntó hasta el número de mi unidad militar, preocupado sin duda por la pureza ideológica de los combatientes, allí donde tan mal se informaba del Index a los subalternos.  A  partir de aquel segundo incidente comencé a forrar los libros.

Hay más.  Por aquella época y hasta 1979 las guaguas transitaban por la 5ta. Avenida, y muchas veces desde la guagua me extasié con el porte regio de dos galgos rusos paseando el tramo entre la calle 42 y la calle70 por el amplio paseo central de 5ta, unas veces con una mujer, que indudablemente paseaba los perros como una obligación; otras con un hombre alto, que pudiera haberme pasado inadvertido de no ser por los borzhoi.  No fue hasta ahora que vine a saber que aquellos perros eran Ix y Dax, los mismos de mi novela, de la novela que Leonardo Padura escribió por mí.

Amor a los perros

El hombre que amaba los perros, a semejanza de su anterior La novela de mi vida, está narrada en tiempos diferentes y con personajes dispares que el narrador confabula con un denominador común: el amor a los perros.  La elección de los personajes históricos no pudo ser más fuerte: Trotski,  un nombre pronunciado entre susurros para hablar de sus escritos y en voz alta para denostarlo, visto en la novela como un hombre derrotado pero no vencido que algo me recordó al pescador Santiago de Hemingway. 

Mercader, el asesino, un hombre puesto incondicionalmente al servicio de una causa, juguete de una fuerza incapaz de comprender, pero a la que se entrega posponiendo (o anulando) las dudas.  Un engendro incómodo del que deben quedar registros secretos, no como el súper agente,  sino como el objetivo  de trabajo de los que vinieron después.  Moscú confía, pero verifica…  Sin embargo, terminé por sentir pena de ese hombre solitario e indeseado, potentísimo personaje,  y más potente, por menor, la madre, de esa raza que como no entiendo le tengo miedo: esas madres que lejos de proteger a sus hijos los exponen con peculiar sentido del deber.  Agradezco a la mano que escribió por mí los espléndidos retratos.

La vida de estos dos hombres me recuerda, como sólo el arte lo logra, cómo desde fecha muy prematura la revolución rusa y el movimiento comunista en general, se contaminaron con las miserias humanas, y el concepto revolucionario llega hasta nosotros adulterado y envilecido, maridado con el inmovilismo, la complacencia y el culto a la personalidad.  Ya sabemos lo que puede engendrar el sueño de la razón.

Y si mi desazón no fuera suficiente, se arroja luz sobre un capítulo desconocido para mí sobre las relaciones de los servicios especiales de la Unión Soviética y la República Española, una página infamante más sobre la que en Cuba prefiere guardarse silencio bajo la cómoda filosofía de evitar la destrucción de la historia.

El tercero de los personajes, Iván, el ahistórico, el antihéroe, el miedoso, el pusilánime.  Quizás demasiados reveses para un solo hombre, pero Iván es una época, una generación, un país.  Su historia personal es la historia de un fracaso colectivo.  Y podrá parecer desmesurado en su desgracia, pero, ¡tan real!  Y con economía de personajes, las pinceladas necesarias para que un lector desprevenido, o un lector del porvenir, entrevea las sombras de la Revolución Cubana.  Iván se fue haciendo entrañable, familiar,  hasta volverse uno conmigo.  Llevo a Iván en mi ADN. En una simbiosis intensa puso en palabras todo mi desencanto, el sentimiento de estafa, la sensación de pérdida de pureza, ese vacío que deja la confirmación de que los Reyes no existen.

La trama va en un crescendo a la manera de las tragedias, los personajes signados por el fatum, condenados al desastre y abocados y vocados para ese desastre.

Hace muchos años que no apuraba un libro con la avidez que en mi juventud motivaban (u obligaban) aquellos best sellers, los primeros que conocí: Papillón, Chacal.  El libro que ahora me mantuvo en vilo –y en vela- no sé si clasificaría para superventas, pero es un libro que todos los cubanos de entresiglos deberíamos leer.

Y no es un libro perfecto, la trama del personaje cubano, la que por cercana más me impresionó, aunque para mí es la menos lograda, me dejó una congoja incontrolable.  Pero cuando uno le dedica a un libro hasta sus horas de sueño por llegar al final, no importan las imperfecciones. Ya lo dije: leí mi libro.  Por eso mismo no puedo evitar mi disgusto con Padura cuando me engaña con una tirada sólo aceptable en un Félix B. Caignet: sentía que reventaría si no exprimía de una buena vez el pus que se me había enquistado en el grano del miedo.  Es una frase impostada en el personaje e insólita en el narrador que se ha caracterizado por una prosa limpia  que tanto debe a su oficio de periodista.

La edición, prestada y devuelta con gran pesar, es de Tusquets.  Creo que los libros españoles de Leonardo Padura siempre han visto su edición cubana.  Con esta novela, no sé, muchos lectores por acá van a mirar por encima de las páginas del libro y van a preguntarse si valió la pena, así como yo, que no puedo evitar, como en las tragedias clásicas, la catarsis mientras se me hace borroso esto que escribo. 

                                                                                     Nuevo Vedado-Mantilla verano de 2010

Sacrificio

Foto: Orlando Luis Pardo Lazo

Agarró la misión por varias razones: le pondrían 50 cuc mensuales en un banco en Cuba, podría adquirir los equipos electrodomésticos que tanto había necesitado durante toda su vida, le compraría a sus hijos ropa y además, saldría del maldito policlínico ese que le estaba acabando la existencia.

Sabía que Venezuela era un país bastante violento e inestable políticamente, pero la delegación cubana de seguro estaría bien protegida, supuestamente eran prioridad. Los ubicaron en las afueras, una zona pobre y con mucha delincuencia. Nadie le advirtió que nada más llegar le sería retirado el pasaporte y se quedaría indocumentada. Trabajó mucho, descubrió que los venezolanos en su mayoría sienten lo mismo que los cubanos: la política les ha partido en dos la sociedad.

Sufrió los odios de un pueblo que, al igual que el suyo, perdió las riendas de su futuro. Descubrió que la paranoia no tiene fronteras y que el miedo también viaja en los aviones. Un compañero suyo murió en una reyerta entre bandas del barrio. Pidió regresar a Cuba pero el compromiso era imperecedero –como el partido comunista- y eso de estar deprimida no es consecuente con la solidaridad entre los pueblos. Todavía no puede regresar y para consolarse se da terapia cada mañana frente al espejo: 50 cuc , 50 cuc, 50 cuc.