Archivo por días: septiembre 26, 2010

¿Carnavales en septiembre?

Se acerca la festividad del 28 de septiembre, la fiesta de los Comités de defensa de la revolución. Empieza el carnaval.

Mi cuadra, el único que la limpia es Joseito, empleado de Aurora (organismo estatal para limpieza de calles), y algún que otro vecino el jardín y frente de sus casas, de vez en cuando. Pero hoy, en vísperas de tan esperada fiesta, los más combativos salen a la calle a limpiar lo que entre semana, sin pudor ninguno, sus hijos y nietos y hasta ellos mismos ensucian.

Los hay, porque los conozco, que no limpian ni las telarañas de la entrada de sus casas, tampoco el pedazo de escalera que les conduce a ella. Sin embargo hoy salen escoba en ristre a barrer la calle. Cortan los matorrales silvestres que, durante un año crecieron libremente, pintan con lechada aguada, los bordillos de blanco. Siempre son las mismas caras, algunas ya muy ajadas por la edad y por las frustraciones. También las simulaciones dejan huellas en el rostro. En fin, son aquellos, que en confianza y a lo cortico como aquí decimos, se quejan tímidamente de lo mala que está la situación y lo caro que está todo.

En sus casas, algunos colocan banderas del CDR y la abusada enseña nacional. Un vecino, el teacher, como le llamamos cariñosamente, ese día aprovecha para lavar y tender en el balcón de su casa su toalla de playa, cuyo diseño ostenta una bandera norteamericana, nadie le dice nada, porque creen que está loco. Cuando observo todo esto que está ocurriendo, en mi barrio y en todos los demás barrios, me doy cuenta por qué este régimen ha durado más de medio siglo. Entonces siento pena por mi país y vergüenza ajena por mis compatriotas.

Calle Obispo. / Miguel Iturria Savón.

La calle Obispo, una de las más antiguas de La Habana, comienza en el mar y culmina en Monserrate. Es atravesada por una decena de vías que oscilan entre la Avenida del Puerto y los barrios colindantes con el Casco Histórico, lo cual aumenta su ruidosa vitalidad y colorido sin disminuir el glamour que les otorgan sus centros comerciales, museos, librerías, hoteles, bancos, organismos oficiales y otras entidades que intenta restaurar la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Solo las Actas Capitulares, algunos periódicos y revistas y dos o tres libros de historia sobre la capital cubana refieren los nombres y la ubicación de los diversos centros que convirtieron a Obispo en “la calle de las calles”, seguida después por Galiano, San Rafael y Prado, y hasta comparada por su elegancia con la Rue de Paix (Paris), la San Fernando (Barcelona), La Sierpe (Sevilla), la Carrera de San Jerónimo (Madrid) y añejas callecitas de New York.

Casi nadie recuerda que hasta 1898 fue transitada cada mañana por una Compañía de Voluntarios españoles que marchaba bajo los acordes de una banda desde Prado hasta el mar, donde eran distribuidos para custodiar el Palacio de los Capitanes Generales, el Palacio del Segundo Cabo, el Castillo de la Fuerza, el Banco Español y otros baluartes civiles y militares del periodo colonial.

A pesar del tiempo, las expropiaciones de la década del sesenta del siglo XX y las circunstancias que marcaron la involución urbana, Obispo conserva su trazado original de calle estrecha y ruidosa, con comercios a ambos lados de las aceras y transeúnte que desaparecen en una esquina, entran a una boutique o avanzan al encuentro fijado.

Siglos después, Obispo oscila entre la atmósfera provinciana colonial y el sentido de modernidad que le imprimieron los comerciantes y personajes públicos durante la República. El adoquín sustituyó al asfalto y renacieron entidades y tiendas en ruinas, como la Casa del Padre Feliz Varela, reciclada en biblioteca escolar; el Hotel Florida, que tuvo entre sus huéspedes al filólogo hispano Ramón Menéndez Pidal en 1937; la óptica Almendrares y el Café Europa, escenario literario de narraciones de Carlos Loveira y Luís Bonafoux.

En Obispo surgió la Universidad de La Habana, ubicada entre 1728 y 1902 en el Convento de los Dominicos, sede también del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, cuyos estudiantes merendaban al frente, en la dulcería El Ángel o en la pastelería francesa de Brasy. Al demoler el Convento, a fines de los años 50, fue edificado el edificio de la Secretaria de Educación, que hace un lustro comparte espacio con oficinas inmobiliarias.

En el actual Ministerio de Financias y Precios estuvieron la perfumería Casa Wilson y el Banco Nacional edificado por el magnate Pote; ocupado después por la Tesorería General de la Republica y el Ministerio de Hacienda. A Pote se debe, además, la librería La Moderna Poesía, edificada en 1900 en Obispo y Bernaza, frente a la Librería de Ricoy, actual Cervantes, donde se reunían personalidades eminentes del ámbito cultural y político del país.

A estos les seguía el almacén de pianos de Anselmo López, la quincallera de hierro y la tienda El bosque de Boloña, reubicada después en la esquina de Compostela. Casi a la salida y cerca de la Plazoleta de Albear se hallaron la sombrereria El Casino y el café La Cebada, muy visitada por los cocheros hasta su venta y conversión en el Bar Floridita, refugio del escritor Ernest Hemingway, quien se hospedó en el hotel Ambos Mundos antes de adquirir la Vigía en San Francisco de Paula.

Historiadores y urbanistas aseguran que la calle Obispo, tan calurosa en verano como fría en invierno, debe su encanto a la posición geográfica y la red de comercios, bancos y entidades burocráticas, refinados por las ofertas de novedades del vestir y el flujo cultural desatado por la instalación de imprentas, periódicos, librerías, casas editoras, bufetes de abogados, droguerías y otras dependencias que atraían a diversos sectores sociales y la convierten en paradigma urbano.

Entre los centros financieros evoquemos el Banco Bances y Conde, el Banco Español, que quebró en 1921; el Banco de Fomento Comercial, el Trust Company de Cuba y el Banco Núñez, ubicados en 1957 entre los establecimientos más relevantes del mundo.

Instalaciones de incidencia cultural como la Casa de objetos de arte de Quintín Valdés, que promovió las obras de Valentín Sanz Carta, Chartran y Armando Menocal; el Taller de Madame Pucheau, famosa modista francesa que vestía a las féminas de ringorrango y a artistas de tránsito por la capital como la bailarina Ana Pavlova; el Bazar Turco, que vendía tapices, alfombras, ánforas, perfumes y jabones del Medio Oriente; el Semanario El Fígaro, instalado en la Galería Literaria hasta que creó su propia imprenta en Obispo entre Compostela y Aguacate; la imprenta Rambla y Bouza y establecimientos fastuosos como La Granada, Le Printemps, La Francia, La Villa de Paris o la peluquería Casa Duvic.

Obispo integra el patrimonio tangible y espiritual de La Habana. Muchos establecimientos han desaparecido pero se conservan las droguerías Jonson y Taquechel, la ópticas El Anteojo y se reparan viejas casonas para Museos (La Plata), bibliotecas y oficinas (Dirección de Vivienda y Registro de la Propiedad) y restaurantes y cafés para turistas.

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Una visita al socialismo profundo

El día que comenzaban las clases, mi hijo se apareció con la bomba de que no quería continuar becado en su escuela de deportes. Este es su último año de preuniversitario, por lo que lo aconsejé que no hiciera ningún traslado y pasara los seis meses de clases que se imparten en el 12º grado para luego iniciar la preparación para los exámenes de ingreso a la universidad. Como mi hijo se mantuvo en su decisión, el viernes me vi obligada a ir a buscar su expediente a la escuela, para los trámites de traslado a un pre recién abierto cerca de la casa. De regreso, ya con el expediente, mi hijo me sugirió ir a buscar el P-3, la ruta de guaguas que nos deja más cerca de la casa, a la primera parada, para lo cual llegamos a un lugar llamado Alberro. Alberro es una acumulación horrorosa y polvorienta de edificios de microbrigadas. A diferencia de Alamar, no tienen ni el consuelo de la costa. Me impresionó la cantidad de perros callejeros, tan a tono con el lugar. Mientras mi hijo se tomaba varios vasos de refresco de fresa en un chiringuito de mala muerte, miraba enfrente los balcones enrejados, cada cual según sus posibilidades, y a tramos una mancha de color en la grisura informe, de alguna familia que decidió alegrar su fachada por cuenta propia. Por cuenta propia también, vi varios letreros de cerrajero, electricista, y Mavys, peluquera, pero hasta aquellos letreros eran feos como el entorno.

Ya en la parada, muy buena de concreto, grande, con bancos y con peste a orine; despertó mi curiosidad un hombre con cuatro bombillos fluorescentes de 40 watts. He buscado esos bombillos por meses, pues son los que lleva la lámpara del cuarto de trabajo de mi marido, así que en voz alta y con asombro, le pregunté a aquel hombre dónde los había conseguido. El hombre se acercó con una sonrisa: -Señora, esa pregunta no se debe hacer en voz alta.

Así que con el tono adecuado, pues ya el hombre estaba al lado de nosotros, repetí la pregunta.

-¿Le interesan?

-¡Claro que me interesan!

-A cuarenta cada uno y son suyos

-¡ Pero yo no los voy a comprar sin probarlos!

-¿Vive lejos?

- Lejísimos. Casi al final del recorrido de la guagua.

- Ah, mire que bien. Yo tengo una reunión en el Vedado, y si usted quiere, me da su dirección y yo paso por su casa, lo prueba para que vea que está bien.

Le di la dirección ya apurada pues la guagua se acercaba. Me alegré de alejarme de aquel lugar con la firme intención de no volver. No es desprecio por las personas que allí viven, muchos habrán trabajado y muy duro en la construcción de sus apartamentos, ¿Pero por qué tan feo y mal hecho? El llamado movimiento de microbrigadas no hizo nada salvable. Esto es el socialismo, me dije.

Me demoré con los trámites de la escuela y cuando llegué a la casa, ya mi marido había instalada no uno, sino los dos bombillos que lleva la lámpara y que yo no recordaba desde cuando funcionaba con uno solo. Esto es el socialismo, le dije.

Palos de ciego.

foto/Luis Felipe Rojas

Con la detención y posible enjuiciamiento de seis altos directivos de la
Empresa de Níquel “René Ramos Latourt”, en Nicaro, Holguín, el gobierno cubano acaba de dar otro traspié más. Los funcionarios en cuestión sustituían cargas del cotizado metal por similares cantidades del producto
aún no terminado. El rejuego daba lugar a que en el momento de los auditores contar (y no pesar ya que cada Big Bag lleva 1Tonelada) producción diaria que debía llegar hasta 23 TM, daban el aprobado para que se les pagara la estimulación en divisas cada mes. Según fuentes consultadas, al cabo de los días cuando completaban las cuotas diarias volvían a sustituir la arenilla de cinc por los verdaderos bolsos de una tonelada de níquel y así todo quedaba en casa. Nunca se llegó a embarcar la carbonilla de cinc al exterior, aseguran algunos mineros.

Es curioso. Esta sería una historia rediviva de Robin Hood al revés. Representantes del estado que al no estar de acuerdo con las altas metas impuestas por el Ministerio de la Industria Básica y la todopoderosa Unión del Níquel, intentaban paliar un poco las penurias de los desposeídos de la modernidad socialista. El bosque Sherwood en que se ha convertido Nicaro, otrora emporio del Níquel cubano, con una Lady Mariam recién defenestrada en la persona de la Ingeniera Yadira García Vera y un ejército de mineros
con la cara sucia todavía por la tierra roja de aquellos contornos, dan para la nueva telenovela, un culebrón que la televisión cubana no va a pasar ni con Rolando Alfonso Borges (ideólogo del Buró Político) muerto, a seis pies bajo tierra.
Los detenidos en estos momentos bajo prisión provisional en una
penitenciaría en Holguín son Andrés Medina Turro, director general y Rafael Rodríguez Rodríguez, ingeniero principal; Héctor Rodríguez Alvellana, director técnico; Rolando Pérez Rodríguez, director del Despacho; Idelfonso
Laurencio Rivera, tecnólogo y Nelson Almira Elias, jefe de la planta Sinter, en Mayarí, un anexo de la fábrica mencionada. Todos estuvieron encerrados 72 días en las celdas del tenebroso cuartel de Operaciones de la
Policía Política en el barrio de Pedernales, a las afueras de la ciudad. De ellos, Medina Turro presenta alteraciones en la presión arterial constantemente y según allegados al mismo hace rechazo a la vida y encierro que les han impuesto. Habrá que estar atentos, ya que el comentario entre los trabajadores de la mina es que intentarán con ellos un escarmiento y viene de la mano de Ramiro Valdés, algo que no es de extrañar si revisamos el récord de este “duro” del grupo más anquilosado de la nomenclatura cubana, ejemplo de que el ahogado aún patea… y de qué maneras.

En ninguna parte, pero en todas

Son las dos de la tarde en el Departamento de Inmigración y Extranjería (DIE) de la calle 17 entre J y K. Decenas de personas aguardan  por un permiso de salida del país, esa autorización de viaje que han dado en llamar “tarjeta blanca”, aunque mejor sería decirle “el salvoconducto”, “la carta de libertad” o “la orden de excarcelación”. Las paredes están descascaradas y un anuncio de “cuidado, peligro de derrumbe” se muestra a un costado de la enorme casona de El Vedado. Varias mujeres –que ya han olvidado sonreír y ser amables– visten sus uniformes militares y le advierten al público que debe esperar disciplinadamente. De vez en cuando gritan un nombre y el convocado regresa unos minutos después con el rostro jubiloso o con un puchero contenido.

Finalmente, me llaman para anunciarme la octava negativa de viaje en apenas tres años. Especialistas en despojarnos de lo que podríamos vivir, experimentar y conocer fuera de nuestras fronteras, los funcionarios del DIE me comunican que no estoy “autorizada a viajar por el momento”. Con ese breve no –dicho casi con deleite– he perdido la posibilidad de estar en el 60 aniversario del Instituto de Prensa International y en la presentación de Internet para el Nobel de la Paz en New York. Un cuño sobre mi expediente y me vi obligada a hablar vía telefónica  en las actividades de Torino Capital europea de los jóvenes, y a comunicarme con la editorial Brûlé para que lance Cuba Libre en Montreal sin  mi presencia. El absurdo migratoria se ha interpuesto entre mis ojos y los repletos estantes de la Feria del Libro de Frankfurt, entre mis manos y esa compilación de textos que verán la luz en el Festival de Literatura de no ficción en Polonia. Ya no llegaré a la Feria de Periodismo de Ferrara ni a la presentación del documental en Jequié, Brasil; mucho menos podré participar en el Congreso de Mujeres Liderando el Milenio, con sede en Valencia, y tampoco en Cuneo, durante el evento Scrittori in Citta. Mi voz no se escuchará en LASA, a donde sí han enviado una representación oficial y la aparición de mi libro Gestión y Desarrollo de Contenidos con WordPress tendré que disfrutarla en la distancia.

Todo eso y más me han arrebatado. Sin embargo, me dejan –como si se tratara de un castigo– junto a la materia prima fundamental de la que salen mis escritos, en contacto con esa realidad de la que no me perdonaría estar ausente.