Archivo por meses: enero 2011

Periodismo

Lázaro Saavedra González es un artista cubano. Sus “intervenciones” por la red de correos electrónicos con las obras de su “Galería I-MEIL” suelen aportar en el debate una veloz trama de honestidad, coherencia y contundencia, para lo que el campo intelectual nacional casi siempre parece no estar preparado. Suyo es “Periodismo”, recibido en mi buzón de correos este 28 de enero, al cumplir José Martí 158 años.


Periodismo

Lázaro Saavedra González es un artista cubano. Sus “intervenciones” por la red de correos electrónicos con las obras de su “Galería I-MEIL” suelen aportar en el debate una veloz trama de honestidad, coherencia y contundencia, para lo que el campo intelectual nacional casi siempre parece no estar preparado. Suyo es “Periodismo”, recibido en mi buzón de correos este 28 de enero, al cumplir José Martí 158 años.


Cronos al servicio de la política

Todos los medios masivos han anunciado a bombo y platillo el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba que se celebrará en abril de 2011 y el «Proyecto de Lineamientos de la política económica y social» que “ya se está debatiendo” a nivel de base y que será analizado en ese cónclave. Cuando se publicita esa afirmación, nos cachetea la ironía de la propaganda y de la convocatoria lanzada por los “eternos del poder”. ¿Debatir qué? Si ya se redactaron los 291 artículos del programa, lo demás es un formalismo en aras de hacer lo que acostumbran y han practicado durante más de medio siglo: darle una tarea partidista o gubernamental a sus miembros para que se vuelquen hacia el pueblo y con la rutina de reuniones y discusiones huecas, les creen el consabido y ficticio escenario de un banquete teatral y participativo, cuando solo le están dando insinuaciones mímicas de una interpretación bufa.

Después, vendrá la otra parte, la de la implementación, que puede durar ¡quién sabe cuánto!, porque no suelen fijar plazos en ese sentido, quizás con el mismo ardid de dilatar los proyectos y dejar correr la oportunidad de propiciarle felicidad y mayor bienestar al pueblo. La esperanza de la ciudadanía puesta en su ruleta de la cronopolítica. Siempre rubricando la misma clave de hace años: ganar tiempo. El apetito de apertura en nuestra sociedad es cada vez mayor y más visible, por eso es imperativo un cambio de mentalidad en la alta dirección del país, aunque han demostrado y demuestran constantemente ser muy conservadores e inflexibles como para afrontar ese reto. Entonces nos están dejando única ecuación imaginativa: si el viejo mando no puede conducir con tino el carro del gobierno y las impostergables transformaciones que hacen falta introducir en nuestro país desde hace décadas —no solo en lo económico y social, sino también en lo político—, ¿qué nos queda y qué les queda por hacer a los tozudos e inmovilistas dirigentes del gobierno cubano?

En pelotas…

En Cuba tenemos el hábito de llamarle “puestos” a los pequeños comercios estatales donde hasta hace poco nos vendían los productos agrícolas por la mal llamada libreta de abastecimiento que de casi nada abastecía, pero que tenían precios subvencionados por el estado —como los que se mantienen en la actualidad con las menguadas dietas médicas— y eso contrarrestaba algo el impacto de los elevados costos de los artículos liberalizados. Hoy solo han quedado para despachar algunos vegetales orientados por las menguadas dietas alimenticias, que son recetadas por un facultativo en los casos de algunas enfermedades o padecimientos y, de vez en vez, otros agroartículos. Sin tener ningún conflicto interno armado durante más de cincuenta años —pero con el país sumido en una prolongada y progresiva crisis sistémica—, nadie entiende por qué continúa la dichosa libreta; aunque dada la falta de aprovisionamiento e indefensión en que está sumida la población cubana, la mayoría vota por su continuidad, ya que es mejor “algo, aunque poco y malo”, que nada. En el presente, se han ido liberalizando algunos renglones y cada vez son menos los productos que están respaldados por el socorro estatal. Los salarios permanecen siendo simbólicos en la Cuba actual y los precios de las tiendas que expenden de moneda dura y las de los productos “liberados” (que son vendidos sin libreta) continúan siendo prohibitivos para la mayoría.

Los referidos establecimientos, a menudo se ven «desnudos» de productos, y en los casos en que entra mercancía, el vendedor del lugar se ha creado una clientela de mayor solvencia económica, a quienes despacha en gran cantidad, a mejor precio y a la mayor brevedad, así le quedará tiempo para otros menesteres, ya que se sabe que los referidos centros, al carecer de mercancía que vender, muchos los cierran hasta el próximo suministro.

El de la esquina de mi casa (Freyre de Andrade y Juan Delgado, en La Víbora) es una estampa más del deterioro seísta que sacude a la Cuba posterior a 1959. La esquina que como joven coqueta, aseada, maquillada y altiva (como de eterno domingo), distinguía el entorno, hoy —como casi todo lo que nos rodea que no constituye una prioridad en la vitrina propagandística que el estado cubano muestra al mundo— es un deprimente y ruinoso grabado eruptivo que ha inflamado de suciedad nuestro paisaje, sinonimizando el abandono con la falta de higiene, y lo peor es que lamentablemente nos hemos acostumbrado a ello.

Con relación al referido negocio, que como muestra la imagen está cerrado en horario y día laborales, algunas personas de la vecindad jocosamente aducen que, al ser “un puesto que no tiene nada puesto”, eso lo convierte en un «comercio pornográfico». La ironía popular no tiene parangón, pero si no fuera por esa actitud ante las adversidades…

Making of

Un nuevo día debía significar una nueva aventura, un enfoque nuevo a nuestros deberes y derechos, un constante crecimiento y un renacer, pero los estrechos marcos de una rutina instituida y supervisada por el estado no dejan espacio al pensamiento lógico racional. Salgo robotizada a la calle y descubro con pena que todos llevan un letrero-advertencia de “no se puede” en la frente. Miro a los ojos de los que, paralizados, deben cruzarse conmigo y no lo hacen, y noto que están mirando con pavor mi propia frente…

Golpeo levemente mi viejo reloj de muñeca, que es tan perezoso, que de mala gana deja correr los minutos, y verifico que una vez más se detuvo; pienso entonces que es probable que alguien haya puesto «en pause» la película cubana de mi vida…

Breve historia de sabiduría materna

Recuerdo cómo en los 70s, mi madre me instruía sexualmente por mi adolescencia: “abre bien los ojos y cierra bien las piernas”, era la sentencia. Una invitación machista surgida por mi crecimiento y por los prejuicios lastrados de conceptos de moral antiguos y diferentes heredados de otras culturas y de nuestra propia hispanidad. Por entonces, como venía sucediendo desde épocas remotas, el hombre —que a diferencia de la mujer, podía escoger pareja— debía recibir un premio por el casamiento. Hubo períodos en que incluso se les entregaba dotes por desposar a una doncella, lo que más que una discriminación, resultaba un agravio. Todavía en la década del 70, increíblemente, existía en Cuba el concepto de que a los hombres se les debía retribuir con la virginidad por la boda o el himeneo. —Se debe llegar virgen a la boda—, decían adultos y creyentes de esa etapa. Supuestamente la fémina adquiría el nombre y la representación de un esposo y el cónyuge, el himen y la inocencia de una consorte; sin contar las disímiles y múltiples funciones que desempeñaba en el hogar «la señora» —sin el apoyo del marido por el azote del machismo—, podemos reafirmar lo evidente que ya muchos han acusado: que el género masculino, con el matrimonio, siempre ganó mucho más que una compañera en la vida.

En mi temprana mocedad alcancé a escuchar expresiones como «se casó por detrás de la iglesia» para aludir a una persona que había tenido relaciones sexuales sin haber contraído nupcias; “cogió fia’o”, que graficaba lo mismo; o sea, que había “jugado de manos” o «hecho cositas» con su compromiso antes de “firmar el papel”. También alertas como: “después de lo cogido, nada de lo prometido”, para advertir sobre los hombres “que prometían villas y castillos”, con el único propósito de “limpiar el fusil”; en fin… que preocupada me preguntaba de qué tamaño sería “aquello” que lo llamaban fusil, y durante mucho tiempo me mantuve escondiéndome de todo el que se interesaba por mi: hasta que la biología y la fisiología se impusieron…

En 1989 integré con mi esposo las filas de la oposición y entonces la letanía materna era que “abriera bien los ojos y cerrara bien la boca”, porque si nos apresaban a Rafa y a mi, qué sería de nuestros hijos. Fue una perseverancia que se mantuvo recurrente hasta el año pasado, que fue de visita a Estados Unidos y se quedó. Aun así, desde La Yuma, a veces llama e insiste en por qué no me voy, y repite su añejo guión de ama de casa rechazada por el machismo instalado en la sociedad de su tiempo, que reforma, ajusta y aplica según las circunstancias. Toda mi vida perseguida por un conjunto de palabras que constituyen una frase hecha: “abre bien las piernas y cierra los ojos”, ¿o la boca?; ¿o cierro la boca y abro los ojos? ¡Qué más da!, de cualquier forma soy una mujer madura y justo ahora no voy a renunciar a lo que ha signado mi andar por la vida: hacer lo que me dicta mi conciencia cívica.

Esa madre mía no aprendió cuando me salté el anglosaludo (hi) y fui directo al «meneo» desdeñando las etiquetas morales que, aunque en franca disminución, aún perduraban en mi juventud. No entendió, y parece que ya no entenderá nunca, que soy una transgresora ante lo que me parece injusto y no acaba de aceptarme como soy. Los prejuicios que he citado desaparecieron afortunadamente de la sociedad, y mi pobre madre llegó a la ancianidad remachada por la discriminación y humillación de siglos y encasquillada aún en el reborde del temor. A estas alturas de nuestras vidas ya no le refuto sus opiniones, solo le replico entre cáustica y bromista una versión de su vieja letanía: ¡Cerremos las puertas a toda manifestación de intolerancia y abramos los ojos al mundo, mami!, que nunca es tarde…

De oráculos y adivinos: Cuba, predicciones y realidades

Adivinaciones

Adivinaciones

Nota: Este trabajo fue escrito originalmente para la revista Voces y publicado en su número 5, correspondiente a enero de 2011.

Quiero iniciar con una declaración de principio absolutamente rigurosa y rigurosamente cierta: respeto los credos religiosos de todas las personas de cualquier parte del mundo. La segunda declaración que haré es tan vertical y sólida como la primera: me reservo el derecho de cuestionarme determinados aspectos de las prácticas mágicas o religiosas en tanto me provoquen dudas –ya sea motivadas por mi propia ignorancia o por la naturaleza, experiencias y consecuencias de dichas prácticas–, así como también me atribuyo el legítimo derecho que me asiste a exponer públicamente lo que pienso al respecto. Agnóstica por cuenta propia y antropóloga por formación, para mí lo más importante es el hombre mismo, más allá de los credos o las dudas. Establecidos estos precedentes, voy al tema.

A lo largo de la historia, la humanidad siempre ha sentido la tentación de descifrar el futuro, y cada cultura en su momento ha sucumbido a ella de una u otra manera. Desde los orígenes mismos, los primitivos cavernícolas consultaban los astros, las entrañas de los animales y hasta los árboles y las piedras; pintaban devotamente las paredes de sus rústicas cuevas con bellos dibujos y practicaban ritos propiciatorios para favorecer la llegada y permanencia de la prosperidad y los buenos tiempos. Supuestamente superada la “barbarie” y surgida la “civilización”, han transcurrido varios miles de años de dura marcha para la humanidad y nunca ha faltado la inspiración del oráculo. Predecir los acontecimientos para así preservarse, protegerse de ellos o tratar de conjurar las amenazas, hoy continúa siendo una práctica que atrae a millones de personas de los más disímiles credos y culturas en todo el planeta. Pretender que el desarrollo tecno científico alcanzado por la humanidad ha desplazado las prácticas mágicas de carácter oracular, no pasa de ser una pedantería de los más ilustrados: en el fondo el hombre sigue siendo tan supersticioso como cuando habitaba en las cavernas, y casi igual de ignorante, con perdón de los cavernícolas. De hecho, en nuestros días algunos oráculos se pueden consultar por Internet, en lo que podría parecer a simple vista la inversión de la ecuación: la tecnología al servicio de la superstición.

Es así que ninguna sociedad, por desarrollada o sofisticada que sea, ha abandonado esa tradición adivinatoria universal. Sin importar el vehículo utilizado para el ritual profético –sea el Tarot, el I-chin, el Horóscopo u otro cualquiera– la fascinación de atisbar un futuro sujeto a la incógnita de un Destino suprahumano predeterminado, parece desafiar a los tiempos. Y no es para menos. El hombre es el único ser vivo consciente del signo perecedero de la vida, de su carácter efímero y de su propia fragilidad, lo que convierte al Destino en uno de los misterios más tentadores de la existencia humana.

Sin embargo, desde cierto punto de vista, la preocupación por el futuro –pese a su romántico halo, mezcla de enigma, magia y embrujo–, no es más que una manifestación de profundo sentido práctico: conocer lo que ha de acontecer permite optimizar al máximo nuestra breve estancia en este mundo. Y, sin dudas, los hombres más prácticos de todos fueron y son, los adivinadores… los profetas; porque ellos, intérpretes ocasionales  de arcanos símbolos, no solo hacen creer a los demás que poseen dones superiores para penetrar los secretos del porvenir sino que, además, tienen realmente la capacidad de influir en la voluntad de amplios sectores de las sociedades humanas y obtener beneficio de ello.

Cuba, profecías de la supervivencia

El substrato mágico de las profecías está bien abonado en las religiones. En todas ellas hay augurios, anunciaciones, prodigios y hasta encantamientos que no preciso enumerar aquí. La mitología universal, en sentido genérico, con su fascinante carga poética, ha sembrado de imágenes, parábolas y tradiciones las culturas humanas. Cuba, país de un sincretismo religioso peculiar, no es una excepción. La mezcla dispar y nunca bien delimitada de la religión católica de herencia española, de credos animistas complejos de herencia africana y ciertas reminiscencias mágico-religiosas de las fenecidas culturas aborígenes, caracterizadas por el culto a los antepasados –como componentes fundamentales de ese sincretismo– parece marcar en una gran parte de la sociedad cubana una especie de predisposición natural a la religiosidad; predisposición  que ha crecido exponencialmente en los últimos años, signados por la agudización de las carencias, por la pérdida de valores y por la urgente búsqueda de salidas.

La sociología y la Historia nos demuestran que las prácticas religiosas –como los hombres que las profesan– se parecen a su época. El signo de “vale todo”  que caracteriza la permanencia en un estado de precaria  supervivencia se ha empoderado de la espiritualidad cubana hasta tal punto que mucha gente busca esperanza y asidero simultáneamente en todos los nichos de fe. Todos los credos valen a la hora de vislumbrar una salida personal a la crisis, por lo que no es difícil encontrar un mismo individuo en escenarios tan distintos como una misa en la Catedral, la consulta de una cartomántica o el tablero de Ifá. Rosarios, runas, cartas y caracoles pueden ser el parapeto que protege de los males que arremeten sus embates desde cualquier esquina.
En medio de tan caleidoscópico panorama mágico-religioso, las predicciones de la Letra del Año, tradición de remoto origen nigeriano, creencias muy disminuidas en África bajo el arrollador empuje protestante primero y musulmán después, paradójicamente ha venido ganando adeptos en Cuba, atraídos unos por el impulso de la fe sincera, otros por la necesidad de descubrir una luz de esperanza y todos por encontrar una señal del futuro que las circunstancias han ido tornando cada vez más incierto.

Sin embargo, como fenómeno propio de esta sociedad y de esta época, tampoco la Letra del Año puede sustraerse a las reglas no escritas que imponen la supervivencia y la incertidumbre. No son pocas las contradicciones que se ocultan tras una ceremonia ritual que –quizás sin proponérselo– refleja en parte los mismos vicios de origen que la sociedad de la que pretende hacer augurios. Para comenzar, cada año se revelan en Cuba dos letras: una  divulgada por el Consejo Cubano de Sacerdotes Mayores de Ifá, sociedad cuya sede es una amplia casona ubicada en Prado, frente al Parque de la India, en la capital, abiertamente aupada, reconocida y protegida por las autoridades cubanas para servicio de sus intereses políticos; y otra que se difunde por la Comisión Organizadora de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón”, declarada “independiente”, y que se hace pública desde una modesta casa templo del municipio 10 de Octubre, en La Habana, en la que cada año se reúnen numerosos babalawos que esta vez –según se declara en el documento impreso que publicaron– contaron con “el respaldo de los Sacerdotes de Ifá de todas las familias de Cuba y sus descendientes en el mundo”, lo cual por sí mismo se contradice con el hecho de que existan dos predicciones independientes en una misma religión.

Por otra parte, el carácter universal que los sacerdotes de Ifá declaran para su oráculo le imprime inconsistencias a su credibilidad al lanzar predicciones tan generales que resultan eventos previsibles para cualquiera sin necesidad de consultar el tablero de adivinaciones. Sobre este aspecto volveré brevemente más adelante.

Otros elementos a considerar son las predicciones propiamente dichas, tomando en cuenta las secuencias anuales, los acontecimientos de interés social que pronostican, las recomendaciones que se hacen, etc.; así como el cumplimiento o no de las Letras de años anteriores; lo ininteligible de sus refranes y lo ambiguo y vago de su lenguaje, entre otras cuestiones esenciales. Por la independencia que se atribuye a la Letra dictada por la Comisión Organizadora con sede en el municipio 10 de Octubre, es la que tomo aquí como referencia, evitando en lo posible el contaminante tufillo oficialista que pudiera dimanar de la otra.

Por ejemplo, las Letras publicadas en los años 2005 y 2007 son idénticas en muchos de sus contenidos. Los apartados que se dedican a las enfermedades de cuidado, los acontecimientos de interés social, los refranes del signo y casi todas las recomendaciones, fueron textualmente copiadas de la primera a la segunda. Dos años que, sin embargo, en muchos aspectos resultaron bastante diferentes entre sí y justo en medio de los que se produjo la trascendental proclama de Fidel Castro (2006) en la que delegaba el poder en su hermano y en una pequeña comisión de personalidades que ocupaban altos cargos gubernamentales que formaban, entre otros, tres de sus hoy defenestrados acólitos. Si algún mensaje sobre esto se enunció en la Letra de enero de 2006, debió ser muy críptico, porque nadie lo descubrió entre predicciones, recomendaciones y refranes.

No hay que decir que algunos otros elementos de la Letra del Año son pura hojarasca. El anuncio de “la muerte de personas de edad avanzada y de personalidades públicas de la cultura y de la política” que ha asomado en alguna de las últimas Letras es realmente obsoleto, pese a que los más fanáticos insisten en que el deceso de varios ancianos históricos en Cuba estaba anunciado por el tablero de Ifá y sus intérpretes, los babalawos. Predecir la posibilidad de muerte de ancianos o “personalidades públicas de la cultura y la política” que rondan o traspasan el umbral de los 80 años –especialmente cuando es conocido que muchos funcionarios que ocupan altos cargos son ancianos comprometidos con la nomenklatura–, no solo es un facilismo pueril, sino que constituye una burla a la inteligencia popular.  También parece un acomodo dramatúrgico el anuncio de “pugnas por el poder” después del retiro forzoso del senil comandante. No hay que agitar caracoles para “adivinar” que los intereses acumulados por la clase en el poder a lo largo de medio siglo conducirían inexorablemente a enconadas pugnas entre las diferentes tendencias que por fuerza existen en la cúpula gobernante en cuanto el aglutinador histórico de esas fuerzas saliera de la poltrona presidencial. Las numerosas purgas ocurridas en los últimos años son el reflejo de un reacomodo de las fuerzas que emergen de esos conflictos, que, a la larga, posiblemente irán delineando el panorama político que servirá de escenario a los tan esperados cambios transicionales.

El lenguaje siempre ambiguo utilizado por los intérpretes de Ifá permite que básicamente cada quien acomode el discurso a su manera e interprete lo que mejor entienda de su enrevesada y deficiente sintaxis, sobre todo cuando se le atribuye un alcance universal a los efectos pronosticados. Que habrá lluvias, penetraciones del mar, sequías, enfermedades epidémicas, guerras, ocupaciones militares, terremotos, huracanes o naufragios, son augurios que pierden autenticidad cuando se aplican en general a todo el planeta, porque es obvio que éstos son sucesos que invariablemente se repiten cada año en una u otra región de la Tierra. ¿No debería ser Ifá más específico para hacer su ayuda más efectiva? ¿O acaso son los sacerdotes quienes no interpretan a cabalidad sus augurios? En mi opinión, estas limitaciones se producen por el empeño de aplicar a religiones de tipo local, y propias de estadios de desarrollo inferiores, una relevancia universal.

La más reciente, la Letra del Año 2011, repite el signo regente de 2010, tiene como divinidad regente a Oggún (patrón de los herreros y los militares), lo que algunos cubanos han entendido como una complaciente aquiescencia o quizás un simpático guiño cómplice al General Raúl Castro. Este año se mantiene la muy socorrida amenaza de guerras, confrontaciones e “intervenciones militares”, un discurso demasiado parecido al ya desgastado y repetido hasta el cansancio desde el gobierno cubano con el objetivo de mantener la sujeción “del pueblo” en torno a un imaginario ataque enemigo. ¿No debería ser Ifá más creativo? No, probablemente dirán los sacerdotes que la Letra se refiere a acontecimientos que se producirán en otros países del mundo.

También debe ser una curiosa coincidencia que, a tenor con la llamada “renovación del modelo” propugnada por el General Castro que comenzó hace algún tiempo con medidas como la entrega de tierras en usufructo a los campesinos, la Letra del Año 2011 aprovecha para incluir en sus recomendaciones “restaurar o eliminar, rotundamente, viejos esquemas políticos para disfrutar de un nuevo orden social”. Y de un golpe se queda bien con Dios y con el Diablo: cambios es el clamor popular desde hace años y es también, desde hace poco tiempo, la necesidad urgente del régimen para retener el poder por un plazo de gracia. Diríase que, en lugar de proponernos profecías para conducirnos adecuadamente por la vida, las propuestas de Ifá a través de sus sacerdotes nos mantienen sujetos al ritmo del modelo oficial, a la supervivencia y a los vaivenes del sistema.

Sin embargo, los creyentes se esfuerzan por encontrar entre las ambigüedades y rodeos de los patakíes del año un asidero que corrobore su fe y su esperanza en mejorar la vida. Es por eso que, en contraposición con el supuesto universalismo del oráculo de Ifá, los cubanos procuran encontrar aunque sea el menor signo de avance para Cuba… Y quien busca siempre encuentra. En esto influye, no solo la crítica situación socioeconómica en que hemos estado sumidos desde hace mucho tiempo, sino también la desinformación crónica que sufre la inmensa mayoría de los cubanos, dependientes de la magra comunicación que les llega de los medios masivos, estrictamente controlados por el gobierno.

Podría alegarse en contra de lo que aquí debato que la Regla de Oşa, el Ifismo, o cualquier aspecto relacionado con las tradiciones y principios de esta religión no responden a un carácter político; de hecho, así lo alegan muchos sacerdotes; pero esto no se ajustaría por completo a la verdad. Las religiones de origen africano han sido tan perseguidas por parte de este régimen como todas, o más aún, habida cuenta de que sus prácticas fueron largamente demonizadas, sus ritos debieron ser ocultos y sus fieles pertenecían a las capas más pobres y marginadas de la sociedad. Estas circunstancias y el hecho de existir bajo un gobierno totalitario imprimen un ribete político a todo elemento de la vida social en Cuba al que no escapan las religiones.

De las opiniones de un sacerdote

El propio Víctor Betancourt, babalawo que participa habitualmente en el ritual de la Comisión Organizadora de la Letra del Año, ha respondido recientemente a las preguntas que le dirigieron varios lectores del Diario de Cuba, y reconoce lo que yo definiría como falta de compromiso con las predicciones y sus efectos. Según Betancout, en respuesta a si se cumplieron o no las profecías de la Letra del año anterior, Le es muy difícil precisar la veracidad de las predicciones a quien no tiene a su alcance una fuente de datos, efemérides anuales, datos estadísticos anuales, etc.(…) Por ende, no puedo aseverar si se cumplieron o no. En el propio marco, Betancourt pide ayuda a los periodistas para verificar dicho cumplimiento, ya que ellos están más informados que él (y añado yo, que el propio Ifá) sobre lo que acontece en el mundo. Con esto, Betancourt atribuye a las predicciones y a sus efectos un carácter meramente mediático.

En respuesta a otro lector, que se interesa sobre el destino final de Fidel Castro, este sacerdote de Ifá sostiene que Castro (Fidel) “acata las recomendaciones de Ifá”, y por eso no ha muerto. Yo recuerdo, sin embargo, que Víctor Betancourt dedicó un ritual religioso a salvaguardar la vida del egregio comandante cuando en 2006 se vio al borde de la muerte. No parece reconocer influencia alguna de sus rogativas ante Ifá en aquella ocasión, o posiblemente no quiere desempolvar ese capítulo de su carrera religiosa. De cualquier manera, para ser un sacerdote, opino que le falta una pizca de fe.

No obstante, debemos pensar que su rogativa por el dictador más longevo de este Hemisferio no tiene carácter político, o que su lamento es sincero cuando dice que “Las preguntas de muchos periodistas siempre van dirigidas a la política del gobierno revolucionario y a la salud del mandatario. Siempre creímos que si decíamos públicamente, como ahora, que las enfermedades que van a aumentar su índice son las pulmonares, le estábamos enviando un mensaje directo a los Ministros de Salud de todos los países, así como a las personas de la salud de esa especialidad, las cuales, tienen todos los recursos y financiamientos para reforzar ese sector, creímos que era más plausible, antes de hacerle llegar el vaticinio al asmático, al tuberculoso, etc.” Por lo que a mí respecta, no me imagino a los Ministros de Salud del Reino Unido, Canadá o Suecia esperando la salida de la Letra del Año y las recomendaciones de los sacerdotes de Ifá para asignar el presupuesto correspondiente y trazar las estrategias del caso.

Después de las predicciones, las realidades

Debo confesar que en los últimos años me he interesado en la Letra del Año como fenómeno que reúne a un número significativo de individuos. Me despierta curiosidad entender los móviles de la espiritualidad humana. Creyentes o no, “por si acaso”, casi todo el mundo pregunta a principios de enero “¿Qué sacó la Letra esta vez, quién salió, qué anuncia?”; sin acabar de comprender que ellos mismos son los que deben encontrar las respuestas a las crisis de su existencia. Es un evento que, sin embargo, no se contagia demasiado en medio de esta sociedad crispada y en espera: no ofrece suficientes esperanzas como para despertar expectativas movilizadoras, no tiene fuerzas aptas para despertar la chispa. Por eso es astutamente tolerado por las autoridades.
Pero más allá de supercherías, de credos o de incredulidades, no es precisamente en el tablero de Ifá donde se juegan los destinos de Cuba. A mí no me sirve Oggún, guerrero de leyenda, como tampoco Raúl Castro, mito del guerrero que nunca fue. Los cubanos necesitamos paz después de guerrear medio siglo contra nosotros mismos. Ya fue suficiente.

Con todo respeto, sin el tablero de Ifá, puedo predecir que los tiempos de dictadura están llegando a su fin; que habrá cambios, quizás más de los que imaginamos; que tendremos finalmente una democracia imperfecta que habrá que pulir por muchos años más; que los niños de mañana no tendrán que jurar que serán como el Che… es más, que no serán pioneros; que habrá multipartidismo; que tendremos derechos; que los restos del totalitarismo serán barridos por los jóvenes y las venideras generaciones; que el camino será largo y difícil; que habrá que seguir desenmascarando caudillos, oportunistas y corruptos. Ese augurio no lo harán posible los orishas, lo haremos nosotros. Si los orishas finalmente se deciden a ayudarnos, mejor. Y en cuanto a mí, no me den caracoles mágicos… Denme Internet.

Hablemos de Martí en su 158 aniversario

(Publicado en el Diario de Cuba, www.ddcuba.com, el 28 de enero de 2011)

2-marti-p-centralLos aniversarios de figuras que marcaron nuestra historia en épocas pasadas y que hoy conservan su vigencia, constituyen una excelente oportunidad para volver sobre sus ideas. Ese es el caso del 158 aniversario del natalicio de José Martí, que en esta oportunidad coincide con el inicio de los cambios que el gobierno está introduciendo en la economía, pero que tendrán que ser generalizados a todas las esferas sociales.

José Julián Martí Pérez, hijo de una familia de limitada instrucción, gracias a su sensibilidad e inteligencia, al amor de la madre y la rectitud del padre, y a sus relaciones con el director de la Escuela de Varones de La Habana, Rafael María de Mendive, devino historiador, poeta, literato, orador, maestro, periodista y el político cubano de más alta talla.

Sin embargo, a pesar de la cantidad de páginas que sobre él se han escrito, sus ideas esenciales apenas se divulgan. El haberle atribuido la autoría intelectual del Asalto al cuartel Moncada y situarlo junto al marxismo como fundamento del proceso que condujo a un sistema totalitario, ha provocado que algunos cubanos, especialmente los más jóvenes, manifiesten rechazo a esa desnaturalización de su figura. De ahí la importancia de llamar la atención sobre aspectos sencillos, pero raigales de su obra, que resultan válidos para el presente cubano. Con ese fin, adelanto ocho de esos aspectos.

- Su humanismo, al colocar al hombre como principio y fin de su obra libertaria; al soñar con que la primera Ley de la República fuera la dignidad plena del hombre, la cual es imposible sin las libertades que le sirven de sustento. Un humanismo expresado en el amor al prójimo que, como Jesús, incluía a sus propios enemigos y cuya mejor prueba consiste en que, a pesar del trato inhumano recibido en el Presidio Político, nunca expresó odio a España, o que a la vez que era enemigo del expansionismo norteamericano, era un ferviente admirador de la cultura de ese país y de su pueblo. De ese humanismo emana su ética, que en su accionar político constituyó un elemento distintivo expresado en su dimensión humana y en la correspondencia entre pensamiento y acción.

- Su profunda capacidad de análisis, gracias a la cual realizó un estudio crítico de los errores cometidos en la Guerra de los Diez Años y demostró que aquella contienda no la ganó España sino que la perdió Cuba. De ese estudio derivó un sistema de principios que incluye: la revolución como forma de la evolución, el papel de la política y su carácter democrático y participativo, la inclusión de todos los componentes en el análisis de los fenómenos sociales, la unión de los diversos factores, y el tiempo en la política. En ese sistema están los cimientos de una teoría de la revolución que incluye la función de la guerra necesaria y el papel del Partido.

- Su férrea oposición al caudillismo, que lo llevó a negar su participación en el Plan Gómez-Maceo en 1884, de lo cual dejó constancia en carta al Generalísimo: “Un pueblo no se funda General, como se manda un campamento”; una idea tan sencilla como esencial, cuya consecuencia  se manifestó a lo largo de la Guerra Grande y quedó recogida en su Diario de Campaña, 14 días antes de su muerte: “…Maceo tiene otro pensamiento de gobierno, una junta de los generales con mando, por sus representantes, –y una Secretaría General: –la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaría del ejército”. Idea que había repetido una y otra vez, como en abril de 1894, cuando expresó: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia”1. Ideas que deben incorporarse a los actuales textos de enseñanza.

- Su concepción del Partido Revolucionario Cubano (PRC), como institución organizadora, controladora y creadora de conciencia para dirigir la guerra que habría de traer la República; no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes después del triunfo, no para trabajar por el predominio, actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en la Isla y en el extranjero2. Para, como quedó recogido en las Bases del PRC, fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud3. E insistía que era una idea lo que hay que llevar a Cuba, no una persona4. Pensamientos totalmente ajenos al sistema de partido único implantado en Cuba.

- Su concepción de la República, concebida como forma y estación de destino, a diferencia de la Guerra y del Partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. Una república como estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre.

- Su ideario de Patria, a la que concebía como “comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”. Una aspiración condensada en las siguientes palabras escritas en Maestros ambulantes: “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz” y “La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos”.

- Su enemistad con la violencia, a pesar de haberla sufrido en carne propia. En mayo de 1883 escribió: “… Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz”.

- Su rechazo al socialismo de Estado, del cual dejó constancia en La futura esclavitud, donde planteó que “los pobres que se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia”; que “al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera”; que “como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio.” Y que “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”5

Como los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado y Cuba en materia política ha regresado al siglo XIX, tenemos que convenir que el pensamiento político martiano continúa vigente, pues estamos detenidos en el tiempo en que a él le tocó vivir. La república con todos y para el bien de todos es materia pendiente. Una vez fracasado el modelo de socialismo totalitario, excluyente por naturaleza, el pensamiento martiano, síntesis de amor, virtud y civismo, constituye un legado que no podemos despreciar.
La Habana, 25 de enero de 2011

1 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.359
2 Resoluciones tomadas por la emigración cubana de Tampa y Cayo Hueso en noviembre de 1891. MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.23.
3 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 26
4 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.192
5 MARTÍ, JOSÉ. Obras Completas. T 15, pp.388-392.

Unanimidad

andamio

Carraspeó antes de explicar por qué estaban allí reunidos, en el sobrio teatro que apenas se usa ya. Entre sus manos llevaba, como pauta, el folleto azul con los lineamientos para el VI congreso del Partido Comunista y tras de sí la mesa la presidencia incluía funcionarios municipales y provinciales. Antes de dar la palabra a alguien, recalcó que debían atenerse a lo escrito en aquellas páginas y sólo se discutirían temas económicos. Deletreó está última palabra con énfasis, para que no fueran a exigir su derecho a la “libre asociación” o a reclamar  que les permitieran “entrar y salir libremente del país”. E-CO-NÓ-MI-COS volvió a silabear, abriendo los ojos y levantando las cejas con énfasis, mientras miraba a los empleados más conflictivos.

Con semejante introducción, la reunión se convirtió en un trámite aburrido, en una tarea añadida a la jornada laboral. Mecánicamente decenas de brazos se alzaron ante la pregunta de si estaban de acuerdo con cada punto. Silencio incómodo después de las frases “¿Quiénes están en contra?” y algo de fatiga al escuchar “¿Quiénes se abstienen?”. Sólo un joven cuestionó la prohibición vigente en el país de comprar autos y casas, pero inmediatamente un militante tomó la palabra para leer un largo encomio a la figura del Máximo Líder. Así, siempre que alguien apuntaba un problema, salía otro recalcando las conquistas del proceso. Los apologistas estaban ubicados en puntos equidistantes dentro del auditorio y reaccionaban como ante un guión estudiado o una coreografía ensayada. La sensación de estar en una asamblea preparada competía en intensidad con el deseo de irse –cuanto antes– a casa.

Al otro día, el centro de trabajo había vuelto a su rutina. Un mecánico que estuvo sentado muy cerca de la presidencia, ya no recordaba ni uno sólo de los lineamientos. La muchacha del almacén le resumió a sus amigas las discusiones de la tarde anterior con un simple “Ah… lo mismo de siempre” y el chófer del administrador encogió los hombros escéptico cuando un colega le preguntó por lo ocurrido. Muchos habían vivido aquella jornada como el anticipo de lo que sucederá dentro del Palacio de las Convenciones el próximo abril, un avance a pequeña escala del congreso del PCC cubano. Sólo que en unos meses lo verán en la pantalla de la tele, pero por esta vez han sido ellos los que levantaron la mano, los que votaron por unanimidad ante la mirada severa del director.

Mazorra y el secretismo

Un escándalo tan bochornoso, un hecho que en cualquier país hubiera hecho rodar la cabeza del ministro del ramo, aquí ha sido resuelto con un juicio a puertas cerradas, con una escueta información en la prensa donde no ha aparecido ni un solo nombre. Nadie que haya visto el archivo con las fotos de Medicina Legal (filtradas a internet, ni en sueños la prensa cubana publicaría una sola de esas fotos que recuerdan demasiado al Mazorra de 1959) puede permanecer insensible, esas fotos evidencian un abandono de mucho, pero mucho tiempo. Como sociedad hemos perdido la capacidad de articular una protesta, y la prensa, que debía funcionar como la medicina preventiva, como guardiana de los intereses colectivos, publica una lacónica información. Pena debía darles que el escándalo haya sido dado a conocer por la prensa extranjera acreditada en Cuba y divulgada en los medios alternativos. Para mí todos esos periodistas que ahora hablan diligentes de productividad, de perfeccionamiento del modelo económico y se ponen a tono con los nuevos lineamientos, deberían ser los primeros en ser “redimensionados”, son como los gatos caseros que de acostumbrarse al plato de comida puntual, olvidaron cómo cazar. Ya ni recibiendo luz verde para ser críticos podrían serlo, ¿Pero de qué hablo?